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Thibaut Courtois, anatomía de un instante

Thibaut Courtois, anatomía de un instante

Escrito por: Israel G. Montejo18 enero, 2020
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En 2009, Javier Cercas publicó una novela/ensayo: ‘Anatomía de un Instante’. En sus páginas, entraba al detalle de un suceso que conmocionó a la opinión pública nacional e internacional y que pudo cambiar la historia inmediata de España, el golpe de Estado de Tejero acaecido el 23 de febrero de 1981.

Cercas ponía el foco en tres hombres valientes: el general Gutiérrez Mellado, el presidente Adolfo Suárez y Santiago Carrillo, figura histórica del PCE. Los tres permanecieron en sus asientos sin agacharse cuando Tejero disparó al techo del Congreso de los Diputados. Ese ‘instante’ diseccionado por Cercas con maestría, marcó un antes y después y se convirtió en un icono de lo que pudo ser y finalmente no fue.

Courtois tuvo también su particular ‘instante’. Su periplo en el Real Madrid transcurría cuesta abajo y sin frenos. La afición la había tomado la matrícula y sus números distaban mucho de los que suponen a un arquero de su categoría. El debate se había trasladado a un terreno muy peligroso: ¿Sería capaz de parar el primer remate que le hicieran y salvar puntos?

En una posición endeble, sin contar con la confianza de gran parte de la grada, con la siempre poco favorable prensa al Real Madrid acechándole y con Areola asomándose a la titularidad, su ‘instante’ llegó.

Fue en el Ali Sami Yen, un estadio considerado como el ‘Infierno de Estambul’, ante un equipo de guerreros que toman su nombre de antiguas tribus celtas como es el Galatasary y con el Real Madrid y Zinedine Zidane con el agua al cuello. Una derrota en la puerta de Asia dejaba a los blancos con un pie y medio fuera de la Champions League y a ‘Zizou’ con su futuro en entredicho en el Club. Durante esa semana, no habían sido pocas las tertulias y noticias en las que ya se buscaba sustituto para el francés. La situación, por tanto, era límite.

El Madrid tenía que ganar o ganar. No le valía otro resultado y Courtois aparecía una vez más en la alineación con el estigma de no ganar partidos, de no dar puntos, de ‘comerse’ el primer disparo y, a partir de ese momento, obligar al equipo a remar cuesta arriba.

Con el viento soplando en contra con fuerza y la grada del Ali Sami Yen rugiendo, en el minuto 9 del partido, un pase filtrado le llegó en posición inmejorable al rumano Florín Andone, ex futbolista del Deportivo de A Coruña y Córdoba, perfecto conocedor del fútbol español y de las virtudes y carencias del guardameta belga. El peor rival posible. Andone encaró, se perfiló y con su pierna derecha soltó un remate cruzado que, como diría un clásico, llevaba ‘marchamo de gol’. Pero, cuando la grada turca ya se venía abajo, apareció el guante imposible de un portero con ganas de reivindicarse, de volver a ser el mismo de la selección belga o el Chelsea.

Fue una especia de epifanía. Courtois envío el balón lejos de la portería; se levantó y cerró los puños. Fue el ‘instante’ que cambió su devenir en el Real Madrid. Un minuto después, volvió a sacar otro balón de gol ante Andone y al poco fue Kroos el que marcó. El Madrid ganó 0-1; Zidane salió reforzado, el equipo encadenó una racha de resultados que le han llevado a competir con todo por la Liga, pasar sin apuros a octavos de Champions y ganar la Supercopa de España disputada en Arabia Saudi.

¿Y Courtois? Courtois desde ese momento es otro. Ha desterrado las dudas de la grada, ha comenzado a parar, a salvar puntos, a ser decisivo y ha blindado su portería. Tanto, que compite con Oblak por el Zamora, algo que no sucede en el Madrid desde los tiempos de Paco Buyo. Las cifras son espectaculares este año: 12 goles en Liga en la previa con el Sevilla. 17 en 23 partidos en todas las competiciones. Su ‘instante’ fue el minuto 9 del Ali Sami Yen. Ahí cambió todo.