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El TAD y Baltasar Gracián

El TAD y Baltasar Gracián

Escrito por: Jesús Bengoechea30 diciembre, 2015
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El derecho es a veces abstruso y complejo para ocultar su propia sencillez. El TAD, frente a lo que pueda pensarse ante la mareante contemplación (y no digamos lectura) de las veintidós páginas de su resolución, que ha dejado definitivamente al Real Madrid fuera de la Copa del Rey, lo tenía facilísimo: su tarea consistía simplemente en determinar si existía o no una prueba concluyente de que al Real Madrid y/o a Cheryshev se les había notificado correctamente la sanción de este último, sanción que le impedía ser alineado en el encuentro copero frente al Cádiz. La negrita se usa para las palabras clave, sí. Porque pruebas de notificaciones incorrectas o insuficientes de dicha sanción ya teníamos. Por ejemplo, las diseccionadas por Jorgeneo en su artículo galernario del pasado día 6. De la resolución final del TAD se derivan dos cosas: que seguimos sin saber si hay pruebas de una notificación correcta –lo que a estas alturas de la película se parece muchísimo a la asunción del hecho de que no las hay- y que eso al TAD, en el fondo, se la trae completa y sorprendentemente floja.

En el artículo al que aludimos, Jorge apuntaba cómo la única notificación directa (para el derecho administrativo no cuentan las publicaciones en webs o tablones) de la cual se tiene noticia está fechada el 27 de julio y dirigida (aunque esto presuntamente trató de ocultarse con typex o photoshop en el momento de la filtración del documento) a la Federación Valenciana, que presumiblemente se la haría llegar al Villarreal… club en el cual, a 27 de julio, ya no militaba Cheryshev. En el artículo, Jorge dejaba caer hasta qué punto le extrañaba el que, existiendo alguna notificación correcta, no se hubiera ya filtrado “por tierra, mar y aire”, pero no descartaba la opción de que la prueba de una notificación correcta existiera de hecho y que dicha prueba terminara condenando definitivamente al Madrid. Lo cierto es que se ha condenado definitivamente al Madrid (en el ámbito de los tribunales deportivos), y que la prueba sigue sin conocerse, y lo decimos en el más amplio sentido. No es que no se haya filtrado. Es que el propio TAD ha emitido veintidós páginas que consisten en un fútil ejercicio de embellecimiento de la admisión de que no la tiene.

Cuando el TAD denegó la cautelar al Madrid, el pasado día 11, agregó también que aún no podía resolver sobre el fondo de la cuestión. Le faltaban datos que esperaba recabar “del órgano sancionador”, es decir, de la RFEF, en los días siguientes.

derecho

En la nota de prensa previa a la publicación de la resolución final del día de los inocentes el TAD adelantó, junto a la desestimación del recurso del Madrid, que su decisión se había basado en el informe finalmente entregado por la Federación. “Ya está”, me dije, asumiendo lo que finalmente habría habido que considerar una justa derrota. “En el informe de la Federación, que por fin obra en poder del TAD, está la prueba de la correcta notificación al Madrid y/o a Cheryshev”.

Resulta que no. Resulta que Jorge tenía muy buenas razones para pensar que si esa prueba no se había filtrado ya “por tierra, mar y aire” (con lo que gusta filtrar cosas que jodan al Real Madrid, cuánto más si cuentan con el inesperado atractivo de lo auténtico) era sencillamente porque no existía. Y resulta también que al TAD le resulta radicalmente indiferente si hay pruebas o no de una correcta notificación, que es como decir que le resultan radicalmente indiferentes el artículo 41 del Código Disciplinario de la RFEF, el artículo 59 de la Ley de Procedimiento Administrativo Cómún y (de paso) el artículo 24 de la Constitución que consagra el derecho a una tutela judicial efectiva, todo ello en el mismo golpe de martillo y a precio de ganga, señora.

La maravilla llega cuando, tras cientos y cientos de tecnicismos puramente cosméticos, la resolución explicita torpemente lo que la propia cosmética intenta ocultar. “La inexistencia del documento no conlleva necesariamente la inexistencia de la comunicación, sino que es posible tanto que haya existido como que no”, dice la sentencia con una mezcla curiosísima de desinterés y ramplonería, a lo que cabe agregar -de acuerdo con el espíritu general de la misma-: “lo cual nos da completamente igual”.

Señores, ¿no podíamos haber empezado por ahí? Se ve que no. Se ve que lo de “Lo bueno si breve, dos veces bueno” es lema cuya validez circunscriben los señores del TAD a Baltasar Gracián y a los eyaculadores precoces. ¿No podíamos haber comenzado por especificar que no tenemos interés por saber si hay o no pruebas que efectivamente condenan al Madrid? Claro que la falta de brevedad de la resolución es el menor de sus problemas a la luz de la máxima de Gracián, para cuya aplicación en el caso que nos ocupa habríamos precisado inicialmente de una sentencia buena.

Toda esta historia se resume de forma simple. El Madrid ha cometido una negligencia que no debe volver a suceder jamás, para garantizar lo cual el club debe tomar taxativas medidas internas. Pero esta negligencia ha permitido además descubrir en todo el ámbito de la justicia deportiva (desde el bochornoso Juez Único de Competición al TAD, pasando por Apelación) que no hace falta la menor exhibición de rigor para condenar durísimamente al Real Madrid.

 

 

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea