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Sí, se está trabajando

Sí, se está trabajando

Escrito por: Roberto Albáizar Pérez18 febrero, 2026
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Hace apenas tres semanas, el Real Madrid salió del mismo Estadio da Luz en Lisboa con una sensación de desnudez competitiva difícil de digerir. El Benfica le pasó por encima con un 4-2 que incluso pudo ser más amplio si se atiende a la superioridad que se vio sobre el césped. Aquel día, el equipo fue un conjunto deshilachado, sin sincronía en las presiones, con las líneas separadas y sin respuestas desde el banquillo. No había estructura ni ayudas, ni había lectura colectiva de los momentos del partido. Tres semanas después, en el mismo escenario y ante el mismo rival, la imagen ha sido radicalmente distinta. El partido de ayer mostró un trabajo táctico visible respecto a aquel encuentro de enero.

La primera gran diferencia se percibió en la pareja de centrales. Antonio Rüdiger y Dean Huijsen ofrecieron una lección de lo que significa interpretar el juego desde la base. La virtud más importante en una dupla de centrales no es solo la contundencia o la velocidad, sino la toma de decisiones compartida: cuándo saltar a la presión y cuándo mantener la posición. Saltar sin red deja al compañero vendido; esperar sin coordinación concede metros y tiempo al rival. Ayer ambos supieron leer cada acción con una sincronización admirable. Lo más llamativo es que, incluso en las ocasiones en las que uno salía sin una cobertura explícita del otro, la jugada terminaba igualmente en recuperación. Eso no es azar, es concentración absoluta. Cada vez que decidían anticipar, se llevaban el balón. Cada vez que optaban por sostener, cerraban líneas de pase. El Benfica, que tres semanas atrás había encontrado autopistas entre líneas, se topó esta vez con un muro que sabía cuándo convertirse en trampa.

Tres semanas después, en el mismo escenario y ante el mismo rival, la imagen ha sido radicalmente distinta. El partido de ayer mostró un trabajo táctico visible respecto a aquel encuentro de enero

Esa seguridad atrás permitió que el sistema diseñado por Álvaro Arbeloa adquiriera sentido. El técnico apostó por un 4-4-2 que muta en rombo en fase ofensiva, con Arda Güler actuando como mediapunta, Federico Valverde y Eduardo Camavinga como interiores, y Aurélien Tchouaméni como base del centro del campo. En defensa, el dibujo se ordenó en un bloque medio muy compacto, con una idea clara: ayudas permanentes de los interiores a los laterales. Valverde vivió pendiente de la banda derecha, respaldando cada subida de Trent Alexander-Arnold; Camavinga hizo lo propio en el costado izquierdo, protegiendo a Carreras. Esa red de apoyos permitió que los laterales pudieran interiorizar su posición en determinados momentos o proyectarse sin miedo a dejar al equipo expuesto. La riqueza táctica que se generó entre esos cuatro futbolistas fue, probablemente, lo más interesante del encuentro. No eran movimientos rígidos, sino intercambios constantes, compensaciones automáticas y una lectura compartida del espacio.

Hablemos del lateral derecho. La mera presencia de Trent modifica el ecosistema ofensivo del equipo. Con el inglés sobre el césped, el Real Madrid ataca un 55% de las veces por el perfil izquierdo y un 45% por el derecho. Sin él, el desequilibrio es casi extremo: 78% por la izquierda y apenas 22% por la derecha. No puede ser casualidad. Su figura equilibra el mapa de ataque y obliga al rival a repartir esfuerzos. Los compañeros confían en esa banda porque saben que allí hay un futbolista capaz de tomar la decisión correcta en décimas de segundo. Su pie derecho es exquisito, pero lo que realmente marca diferencias es la velocidad con la que arma el golpeo.

Sin apenas preparación, es capaz de enviar un pase de 35 metros que rompe la primera línea de presión y libera al equipo. Incluso Vinícius Júnior, tradicional faro del juego ofensivo, se permitió ayer gestos pidiendo cambios de orientación hacia el costado opuesto, como si reconociera que el equipo necesitaba respirar a través de esa vía. Todavía no estamos viendo la mejor versión del lateral, pero ya en los partidos previos a su lesión —basta revisar lo ocurrido en San Mamés— y en los minutos que acumula tras su recuperación, se percibe que el colectivo fluye mejor cuando él participa.

La mera presencia de Trent modifica el ecosistema ofensivo del equipo. Su figura equilibra el mapa de ataque y obliga al rival a repartir esfuerzos

Ahora bien, si hay un nombre que resume la superioridad en Lisboa es el de Tchouaméni. No se veía una exhibición en esa posición desde el mejor Casemiro. Más allá del reconocimiento como MVP del encuentro por parte de la UEFA, su actuación fue una lección de colocación y anticipación. El Benfica intentó correr, pero siempre se encontró con una sombra que parecía multiplicarse. Daba la sensación de que hubiera cuatro sobre el césped, apareciendo en cada intento de transición para segar la jugada y sembrar la duda en el adversario. No se trató solo de robar balones, sino de robarlos en el lugar exacto, en el momento justo para iniciar la siguiente fase.

Arbeloa dejó una frase que explica mucho de lo que se vio: “Estamos consiguiendo que Tchouaméni pase más tiempo dentro de la estructura del rival”. Os invito a que volváis a leerla, porque esa idea es la clave. Cuando el mediocentro se instala en el entramado contrario y entiende cómo posicionarse dentro del sistema que tiene enfrente, no se limita a destruir desde fuera; dinamita desde dentro. Su influencia no es solo defensiva, es estructural.

El rombo ofensivo encontró en Arda Güler una bisagra entre líneas, si el turco hubiese estado al nivel que nos acostumbra, se hubiesen dado ocasiones claras constantemente. Lo que destacó en la noche de ayer fue la ocupación racional de los espacios. Cada vértice del rombo estaba en su zona idónea para potenciar cualidades. Valverde aportaba despliegue y llegada, Camavinga conducción y agresividad en la presión tras pérdida, y Aurélien equilibrio. La salida de balón, además, se enriquecía con la posibilidad de que Trent se cerrara hacia dentro tras recuperación, formando casi un doble pivote circunstancial que facilitaba superar la primera presión. El equipo no dependía de una única ruta para progresar; tenía variantes.

Otro de los logros visibles del técnico ha sido recuperar la mejor versión de Vinícius. El brasileño volvió a mostrar esa mezcla de desparpajo y determinación que le convierte en diferencial. Se le vio más suelto, más implicado, con la confianza suficiente para probar disparos lejanos y asumir responsabilidades. La comparación entre lo sucedido el 28 de enero y lo visto ahora no admite matices. Entonces el equipo estaba perdido, las líneas desordenadas y la reacción inexistente.

La sensación final no es la de una victoria aislada, sino la de un proceso en marcha. Se corrigieron errores evidentes, se ajustaron distancias entre líneas y se potenciaron perfiles que aportan equilibrio

Hoy se aprecia una identidad clara: 4-4-2 en bloque medio para defender, con ayudas constantes a los laterales, y 4-4-2 en rombo para atacar, con cada pieza encajada en su lugar natural. Hay coordinación en las basculaciones, equilibrio en las transiciones y convicción en las decisiones. No todo será perfecto ni permanente; el fútbol convive con lesiones, sanciones y fatiga que impiden repetir el mismo esquema con los mismos jugadores siempre. Pero si la estructura está trabajada, las ausencias se notarán menos.

La sensación final no es la de una victoria aislada, sino la de un proceso en marcha. Se corrigieron errores evidentes, se ajustaron distancias entre líneas y se potenciaron perfiles que aportan equilibrio. La concentración defensiva de los centrales, la red de apoyos en bandas, el peso específico de Trent en la circulación, la omnipresencia de Tchouaméni, y la recuperación anímica de Vinícius, dibujan un panorama coherente. Tres semanas pueden parecer poco tiempo en el calendario, pero en el trabajo táctico bien orientado son suficientes para transformar un equipo desorientado en un bloque reconocible. La realidad es que el Real Madrid todavía no ha conseguido nada, por no conseguir, no ha logrado ni certificar el pase a los octavos de final de la competición, pero hay algo que le debemos reconocer: sí, se está trabajando.

 

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Roberto
Construyendo mi Torre de Babel. Escribo cuando estoy inspirado, casi siempre, sobre fútbol.

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3 comentarios en: Sí, se está trabajando

  1. En Pamplona veremos si se le da continuidad a este once que está consolidandose, o vemos rotación con Trent o Rudiger que acaban de volver de sus lesiones. La estructura del equipo parece que está clara y se trabaja con ella, ahora hay que saber gestionar el jugar cada tres o cuatro días.

  2. Y si me lee, Sra Claudia, no fue mi intención molestarla, simplemente quería invitarla a una taza de té matcha y me gustaría saber si podríamos tener una bonita amistad y un posible futuro como pareja. Soy un hombre soltero y empatico con una conversación fluida y amena, entiendo que puede que no responda sexualmente porque mi pene no responde a estímulos manuales o penetraciones, pero soy muy cariñoso y cuento chistes.

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