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El reto de los capitanes

El reto de los capitanes

Escrito por: Ramón Álvarez de Mon17 junio, 2015
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No hay duda del enorme mérito que tiene un jugador que logra triunfar en el Real Madrid. La terrible exigencia que tiene el club blanco hace que permanecer en el mismo durante bastantes años sea toda una muestra de supervivencia. De manera proporcional a la dificultad del desafío, crece la ascendencia en el club de aquellos jugadores que lo consiguen y quienes, finalmente por antigüedad, acaban alcanzando la condición de capitanes. Esta inexorable consecuencia dota a los jugadores de un poder que no todos saben emplear conjuntamente en beneficio propio y del club. La antigüedad, además de darles galones dentro del club, les permite la posibilidad de tejer una serie de relaciones simbióticas con la prensa que normalmente tienen un interés ajeno al club.

Se trata ya de un problema estructural que además tiene una difícil solución. Este problema se circunscribe fundamentalmente a la última década, puesto que la implantación de los medios de comunicación ha crecido de manera exponencial con la aparición de nuevos canales de comunicación de carácter tecnológico. Cuando en los años sesenta Don Alfredo D´Stéfano planteó un órdago al club motivado por su suplencia, Santiago Bernabéu no encontró excesiva oposición mediática a su decisión de traspasar al astro argentino. Esa misma resolución hubiera sido mucho más difícil de acometer en esta nueva era de la tecnología, puesto que el jugador habría contado con la inestimable ayuda de unos medios de comunicación que habrían hecho de megáfonos para que el mensaje del argentino llegase a la opinión pública a través de múltiples canales.
Los últimos capitanes que dejaron el Real Madrid fueron Raul, Guti y Hierro. Pese a que la salida de ninguno de los tres fue idílica, mi sensación es que ninguno de los tres empleó los medios de comunicación como portavoces de su mensaje al exterior. Bien es cierto que Raúl contó con una importante campaña mediática a favor, pero no parecía haber por su parte una contraprestación hacia la prensa en forma de compadreo. Si se podía definir de algún modo la relación de estos tres jugadores con la prensa, probablemente el adjetivo más adecuado sería el de cordial pero distante. Mi opinión es que esto no ocurre con los actuales capitanes: Casillas y Ramos.

hormiguero sergio ramos

Sobre Casillas no me extenderé. Se trata de un tema sobre el que se ha escrito y hablado mucho. En mi opinión, el mostoleño ha tenido una carrera impresionante en el Real Madrid, pero desde hace tres años su declive físico es evidente. Su nivel actual no justifica ni su permanencia en la titularidad, ni la defensa mediática de la que resulta beneficiario. Probablemente, esa defensa no sólo se sustenta en lo que fue en el terreno de juego, sino también en lo que sigue siendo fuera del mismo. Con esto no quiero elucubrar sobre las sospechas que se ciernen sobre él en relación a que es un topo, ya que no tengo ninguna información fehaciente al respecto que me lo garantice al completo, pero sí sobre su evidente compadreo con los medios y el fundamental papel que desempeña como capitán de la Selección que se alinea perfectamente con la línea editorial de la prensa que tanto perjudica al club. Así lo escribí la semana pasada en La Galerna.

El caso de Ramos es sensiblemente diferente. A pesar de que la temporada del camero ha sido bastante mediocre para el alcance de sus posibilidades, a sus veintinueve años cabe presumir que Ramos volverá a alcanzar el nivel de antaño que le acredita indiscutiblemente como uno de los mejores centrales del mundo. Descartado el problema de nivel, que sí afecta a Casillas, en Ramos lo que subyace es un intento excesivo en tratar de influir en las decisiones más importantes del club. En mi opinión fue tan ponderable su defensa de Ancelotti mientras permaneció en su cargo como inconveniente su mensaje público al club una vez el italiano fue destituido. En su momento, el diario Marca sacó en portada su órdago conjunto con Casillas, en el que exigía al club la destitución de Mourinho. El último de sus retos al club es el que está ayudando a llenar las tertulias televisivas y radiofónicas de los últimos días. Su hermano René, en su condición de representante, no ha dudado en deslizar la idea de lo provisional que puede ser la continuidad de Ramos en el Real Madrid.

Estas declaraciones serían totalmente lógicas si el camero estuviese en el último año de contrato, pero restando todavía dos es difícil entender tanta urgencia. No entraré a juzgar las pretensiones económicas que se están filtrando, puesto que tampoco sé si se ajustan a la realidad, pero lo cierto es que el segundo capitán del Madrid piensa muy poco en el club cuando, a través de su representante, abre un debate mediático que debería circunscribirse a un despacho en el Bernabéu.

Esta conversión de un tema privado en público por parte de Ramos no es baladí ni inocente. El jugador conoce perfectamente la presión que los medios pueden ejercer para crear un estado de opinión que le genere al club la obligación de acceder a los deseos del segundo capitán del Madrid. Todo esto pone en jaque la legítima libertad del club para tomar sus decisiones y medir sus tiempos. Más allá de eso, además en este caso son lógicas las cautelas del Madrid. Cuando termine su actual contrato Ramos tendrá treinta y un años. Una extensión lógica del mismo le llevaría, como mínimo, hasta la edad de los treinta y cuatro años. Con el precedente  de Casillas y otros que ha habido anteriormente, se ha hecho evidente el peligro de sobrepagar a jugadores que ya no están al nivel de antaño, cuando devengaron su derecho a renovar. En un club como el Madrid es muy difícil retirarse, ya que cuando uno alcanza esa situación es porque ya lleva un tiempo sin estar al nivel competitivo que exige el equipo y, por otro lado, si uno está al nivel de jugar en el Madrid, es muy difícil que llegue al convencimiento de que toca colgar las botas.

Con todo esto no quiero decir que sea un error renovar a Ramos. Creo que su trayectoria en el Madrid y el potencial de su rendimiento a futuro aconsejan una renovación que, eso sí, debe ser hecha con cautela económica y al ritmo que el club, y solo el club, decida más beneficioso para sus intereses presentes y futuros.