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Reivindicación de Santiago Bernabéu (3/3)

Reivindicación de Santiago Bernabéu (3/3)

Escrito por: Manuel Matamoros5 febrero, 2016
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Séptima entrega: Donde se contrastan dos formas de hacer las cosas: en serio y en broma

XIII. Un estudio de opinión sobre la remodelación del estadio

Como uno de los elementos del proceso de formación de la posición de la asociación, en febrero de 2014, Primavera Blanca encuestó a sus socios sobre el proyecto de remodelación del estadio Santiago Bernabéu, impulsado por la junta directiva del Madrid.

Las respuestas, es obvio, sólo representan a ese colectivo de madridistas. Tienen el sesgo de la población encuestada. Formada por los miembros —entonces poco más de 1.800, hoy más de 3.000— de este colectivo de madridistas de todos los países enfocado a defender la independencia del Madrid. Su leitmotiv es impedir la intromisión de los medios de comunicación en el proceso de formación de las decisiones del club. Combaten la creación de estados de opinión pública al servicio de intereses ajenos, y muchas veces antagónicos, a los propios del club. Constituyen, así, un segmento cohesionado por su posición crítica —incluso hostil— a determinados mensajes de los medios deportivos de masas. Por eso mismo no es homologable al conjunto del madridismo, pues, probablemente, esos mensajes suponen una referencia importante para la mayoría tanto de la masa social como de la afición madridista.

No pretendo deducir, en consecuencia, de los resultados de ese estudio ninguna conclusión de carácter general. Pero no conozco otro estudio de opinión, ni más amplio ni menos, en relación con un proyecto que por su inversión económica, su trascendencia simbólica y la importancia de los recursos que se espera obtener de su explotación tiene carácter estratégico. Si no se ignoran las advertencias que preceden, las respuestas que siguen tienen un doble valor de referencia: En primer término, la de un método sensato de formación del criterio de los colectivos de madridistas en temas complejos, por oposición a las formas simplistas, tributarias de los comportamientos mesiánicos; en segundo término, atendiendo ya a los propios resultados, la de la relativización de los elementos puramente alegóricos como consecuencia misma del método de planteamiento de las cuestiones en debate.

A efectos de valoración de las respuestas, conviene advertir que el 26% de ellas proviene de socios del Real Madrid, el 89% de ellos residentes en la Comunidad de Madrid. Ese porcentaje de residentes se reduce al 46% en el caso de los no socios. El 46% del total de las respuestas son de menores de 30 años; 41% tiene entre 31 y 45; 13% son mayores de 45 años. 23% tiene euroabono; 3% abono de Liga; 13% abono de grada de animación; 10% compra entradas para más de 5 partidos por temporada; 39% para cinco o menos; 12% no va al estadio. El estudio aborda más de cincuenta cuestiones. Solo me referiré a las que guardan mayor relación con este reportaje.

Respecto de las alternativas estratégicas, el 62% se manifiesta de acuerdo con el proyecto de la junta directiva. El 19% está a favor de la construcción de un estadio nuevo en Valdebebas. Este porcentaje se reduce al 14% en el subconjunto de los que, además, somos socios del Madrid, y asciende al 21% entre los no socios. Entre los socios del Madrid el 11% opina que la mejor estrategia es mantener el estadio como está, opinión que cae al 3% entre los no socios. El mismo porcentaje de socios y no socios (13%) declaran que les falta información para valorar las tres alternativas estratégicas planteadas.

Fueron preguntados por 14 aspectos relativos al proyecto de remodelación. Los mejor valorados fueron el nuevo diseño (90% bueno/muy bueno) y el aumento del nivel sonoro (83% bueno/muy bueno). El peor valorado, el eventual cambio de nombre del estadio (40% malo, 38% indiferente). La valoración general del proyecto de la junta directiva mereció la aprobación (bueno/muy bueno) del 78% de los socios y del 87% de los no socios. El 43% de los encuestados consideraba adecuada la relación coste/beneficio, aunque el 36% no tenía opinión al respecto.

Se propusieron diez aspectos, más uno libre, para que indicaran las facetas del proyecto que más les preocupaban. El cambio de nombre del estadio ocupa el quinto lugar en orden decreciente en el nivel de preocupación. Sólo el 11% se manifiesta preocupado por este aspecto (el 7% en el subconjunto de socios, en el que desciende hasta el séptimo lugar en el orden de las preocupaciones). Por debajo de la financiación (17%); los precios de las entradas (16%); los costes (16%); el aforo (13%), cuya ampliación en 7.500 localidades le parece insuficiente al 57%; y además, en el subconjunto de los socios, de los cambios de localidades (11%) y de las incomodidades por las obras (10%).

Lo sucinto de esta exposición parcial de los resultados, no impide distinguir a la legua entre la voluntad de aproximación racional a los problemas del Madrid y a sus estrategias de crecimiento, y la voluntad demagógica de los promotores del referéndum, dirigida a torpedear el cambio mediante el recurso a elementos exclusivamente emocionales. No por casualidad, se trata de los mismos que disfrazados de amarillo explotan el mal desempeño deportivo del equipo para intentar generar —de momento con menos éxito que ganas— la mayor inestabilidad societaria posible. Una conducta que descubre su estrategia populista de combate: Excitar la irracionalidad de las masas para torpedear —sin visos de plantear una alternativa verosímil— cualquier proyecto de la junta directiva. De esa misma estrategia participa el promover un referéndum sobre el nombre del estadio.

XIV. Desmontando el referéndum

Por otra parte, la peregrina iniciativa de exigir un referéndum sobre el cambio de denominación del estadio, que —que se sepa— no ha planteado formalmente la junta directiva, no resiste el mínimo análisis, lo que da buena cuenta de la falta de rigor de quienes la promueven.

El primer derecho de los socios es que se respeten los estatutos sociales. Aunque para la demagogia y el populismo no valgan los argumentos formales, nadie puede pretender incinerar los derechos de los socios en su pira ultramontana. Ya se lean del derecho o del revés, en parte alguna los estatutos reservan al referéndum la adopción de acuerdos sociales, salvo el de fusión, transformación o disolución del club. Cualquiera al que el asunto le interesara de verdad, y no como un mero instrumento de agitación y propaganda dirigido a torpedear proyectos estratégicos de la directiva, habría comenzado por hacer las cosas bien.

Con respeto al ordenamiento jurídico, que es garantía de los derechos de todos, habría promovido —y conseguiría que aprobara la Asamblea— la modificación estatutaria imprescindible para que las decisiones de los órganos de representación y gobierno del club pudieran ser condicionadas mediante referéndum, en las circunstancias, con los requisitos y las garantías que los estatutos establecieran, a partir de ese acuerdo. Mientras sus promotores no empiecen la casa por los cimientos, con la reivindicación del referéndum imposible no sólo estarán revelando la demagogia de fondo de sus planteamientos, sino, sobre todo, dando pistas de la enorme frivolidad y temeridad, del infantilismo en suma, con que abordan las cuestiones que plantean.

La denominación del estadio se estableció por acuerdo de la Asamblea de socios compromisarios de 1955. Jurídicamente corresponde a ese mismo órgano de representación social la eventual modificación de su propio acuerdo. Políticamente hablando, también: La Asamblea de socios compromisarios es el foro adecuado para un debate riguroso —es decir, antagónico por naturaleza al que condiciona el marco que determinan los 140 caracteres de un tuit— sobre las ventajas e inconvenientes de cualquier eventual cambio.

Hay aspectos sustanciales de la cuestión que sólo pueden ser debatidos en profundidad y en su consecuencia decididos en esa clase de foros. Así, el que los promotores del referéndum eluden a propósito —porque su pretensión en realidad no es otra que dejar sin resolver la cuestión del estadio—en su campaña demagógica: Los costes que los socios están dispuestos a soportar sobre su cuota o el precio de su abono para resolver las necesidades objetivas de crecimiento del club renunciando a una determinada fuente de ingresos. También el de las posibles medidas de restauración en el ámbito de lo simbólico de la utilización de esa fuente de ingresos. Así pues, revelada la inviabilidad de su pretensión, no caeré en la trampa de los ultramontanos dedicando a su insólita reivindicación el espacio y la atención que merecen las cuestiones de fondo que ellos cuidadosamente eluden.