El Real Madrid encara el mes de febrero con la necesidad intacta de puntuar de tres en tres. Este sábado 14 recibimos en el Santiago Bernabéu a la Real Sociedad y no nos vale más que ganar. El líder está a un punto y nosotros venimos con el cuchillo entre los dientes. Si bien es cierto que la Real Sociedad está atravesando un momento bueno, no es menos cierto que nosotros no tenemos amigos y no perdonamos la vida deportiva de ningún club, por muy simpático que nos caiga. Bueno, ¿realmente queda algún club amigo en España?
La semana pasada ya comenté que el partido frente al Valencia no iba a ser coser y cantar. Todos sabemos que jugar en Mestalla es ir al dentista. Es un campo donde el Madrid siempre tiene dificultades y es de valorar la victoria. Fue una victoria algo rácana, sí. Pero también podemos subrayar que el equipo hizo un partido serio y que el rival no nos hizo ninguna ocasión de peligro. Algo es algo.
Tras la victoria en Valencia, el Madrid continúa por el sendero luminoso de la reconstrucción. Deportivamente, los colectivos necesitan crecer mientras sacan adelante sus compromisos. A mayor o menor escala, todos los equipos aspiran a cumplir el expediente cuando arrecia la tormenta. Y en nuestro caso, en la más absoluta cima del fútbol, cumplir el expediente es ganar en La Liga. Esto es el mínimo exigible para el Real Madrid. Tener al Fútbol Club Barcelona a un punto es asumible. Y más cuando el equipo está pasando las de Caín.
establecer la convivencia pacífica entre los madridistas será misión prácticamente imposible. El cese de la violencia en redes sociales parece lejano. Supongo que muchos de los que vociferan a través de las aplicaciones o en el campo necesitan esa vía de escape para desfogarse
Sin embargo, buena parte de la afición sigue abandonada en el desánimo más infecundo. Es más, buena parte de la afición se dedica a insultar a la propia afición. En redes muchos madridistas atizan a otros por el simple hecho de que no están contentos con el equipo. Se produce una situación tan dantesca como que algunos merengues desearían que su club fuera derrotado para poder hacer así una limpieza desde el utillero hasta el presidente. Hay gente para toda clase de parafilias.
El clima enrarecido hace que uno no se encuentre cómodo en sus zapatos. Como aficionado, evito los bares para ver los partidos del Madrid. Los exaltados pululan con orgullo vociferando consignas que han aprendido en televisión o en radio. Los hay que incluso manejan un rosario de muletillas oídas aquí o allá. Y para sorpresa ya de nadie, cada vez más autoproclamados madridistas que se expresan tan hostiles como los antimadridistas, pues su youtuber favorito así les ha enseñado.
Me sorprende la gente. En todos los órdenes de la vida observamos cómo las personas andan a la gresca. Si bien es cierto que los que manejan el cotarro fomentan el enfrentamiento, los ciudadanos tampoco ponen de su parte para echar agua al fuego. El fútbol no es menos violento, al revés. Y a estas alturas no sé si hemos vivido una futbolización de la política o una politización del fútbol. Tanto monta, monta tanto.
Y es que nos encontramos en una semana especial para mostrarnos cariñosos y el personal únicamente se expresa de forma violenta. Se acerca San Valentín y no tenemos ningún regalo para nuestro amor. ¿Qué es San Valentín sin una mísera caja de bombones y un gran ramo de rosas? Y así las cosas, regateamos a nuestro amor el más mínimo gesto afectivo por un enfado infantil. ¡Qué incorrección! Ese amor de tantos años que nos ha colmado de todo en tantos capítulos de nuestra convivencia. Bueno, así va el mundo.
En los últimos días he caído en la cuenta de que restablecer la convivencia pacífica entre los madridistas será misión prácticamente imposible. El cese de la violencia en redes sociales parece lejano. Supongo que muchos de los que vociferan a través de las aplicaciones o en el campo necesitan esa vía de escape para desfogarse. La vida es muy dura y algunos ven en el fútbol una excusa para exudar sus demonios.
El último campo de batalla se está jugando sobre la figura de nuestro capitán. Dani Carvajal está monopolizando el debate de la prensa especializada. Digamos que tratan de secuestrar el legado de Carvajal para sus intereses oscuros. Que si no juega, que si el míster lo mira mal. Entonces se afianzan las historias para no dormir en las tertulias e incluso rulan teorías de la conspiración por las redes. Al parecer nos quieren hacer creer que estamos ante un nuevo caso Íker Casillas, Mourinho y La Roja. ¡Cómo no! Año de Mundial, año de dimes y diretes. El caso es que no tenemos una semana en paz.
Claro está, ¿qué culpa tiene el aficionado disfrutón del permanente mosqueo del follonero? Pues ninguna. ¿Se podría maquillar la herida o simplemente dejarla restañar? Supongo que cada cual se lame la herida o la deja suturar. Pasará el mal tiempo, dejará de llover sobre mojado y volverá a salir el sol. Y entonces, la primavera llegará al Santiago Bernabéu y las mocitas madrileñas irán alegres y risueñas a ver a su Madrid. Es el ciclo de la vida y es ciclo del Real Madrid. Somos la felicidad y el camino hacia la dicha perpetua.
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El fútbol pero sobre todo el aficionado del fútbol cada vez es más irascible, más fullero en cuanto a que defiende gestos de su equipo que luego reprueba de los rivales. Yo esta semana estoy disfrutando del torneo 6 naciones de rugby, que comenzó el jueves y tuvo continuación el sábado, y aunque no soy forofo del rugby me encanta ver cómo compiten, con que nobleza se entregan en el campo pero de la misma manera en las gradas los aficionados. Ni insultos, ni pitidos, ni acorralar al árbitro, es otra cosa. De verdad que cuando ves a estos deportistas y aficionados y ves en lo que se ha transformado el fútbol y los que le rodean, te vas alejando.
El rugby es un deporte de bestias jugado por caballeros y el fútbol es un deporte de caballeros jugado por bestias