NPI. Ni pastelera idea, estimado galernauta. Pese al tesón y el empeño que denotan cuarenta años de asistencia con una regularidad cuasi religiosa al Santiago Bernabéu, no he aprendido nada. Ocurre algo parecido a una escena de El Padrino III. En ella, Pacino, es decir, Michael Corleone, conversa con un sacerdote. Este le cuenta que hay personas que son como una piedra sobre la que ha goteado agua durante milenios. El líquido elemento puede haber erosionado su exterior o no, mojarlo con una paciencia que sólo las magnitudes temporales geológicas pueden explicar, pero por dentro la roca está seca como siempre ha estado. Nada ha calado. Estoy en condiciones de confirmar que no soy Michael Corleone, no así la piedra. Debe haber algo porfídico, metamórfico o magmático en mí, porque me identifico muchísimo con el guijarro en cuestión.
Cuarenta años no han servido para hacerme cejar en el empeño de intentar comprender lo que ocurre en nuestro estadio en muchas noches europeas. Asistí al partido del miércoles con un espíritu que combinaba vinagrismo con el de cualquier res entrando al matadero. Mis amigos pueden constatar que mis metáforas, tan soeces como hiperbólicas, reflejaban tal actitud. De hecho, los primeros minutos de partido me hicieron indignarme, pues pensaba que el Real Madrid encaraba el encuentro contra el City como lo haría el Palamós de Puche II, eximio goleador. Francisco Javier Sánchez Palomares, enorme amigo, Marqués de la Galerna, Duque de Concha Espina y Conde de los Sagrados Corazones, me sacó de mi error. El Madrid simplemente estaba compitiendo.
El Real Madrid solamente sabe hacer una cosa, y es competir. Cuando se compite, se puede ganar, pero la victoria sin competir es imposible
La sencillez es la madre de la genialidad. Vivo tan embebido en las múltiples señales negativas emitidas por nuestro equipo, tan ofuscado por el ruido externo de cronistas, opinadores, insiders y sesudos analistas, que olvidé que el Real Madrid solamente sabe hacer una cosa, y es competir. Cuando se compite, se puede ganar, pero la victoria sin competir es imposible. Por eso el Real Madrid es el equipo más ganador de la Historia, porque es lo único que sabe hacer, y lo hace más y mejor que nadie. Se desconecta, sí. Tiene carencias, también. Es más, puede sostener esas desconexiones durante periodos prolongados de tiempo, pero algo hay en el aire europeo de primavera que restaura cuerpos y mentes, especialmente si delante hay un morlaco de entidad.
Debo estar cayendo de nuevo en el error de intentar intelectualizar o racionalizar lo ocurrido anoche. Si es que no aprendo. Igualito que la piedra. Ni puñetera idea, oigan. NPI.
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Me identifico con el articulista
Así es mi vida,
piedra,
como tú. Como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una lonja,
ni piedra de una audiencia,
ni piedra de un palacio,
ni piedra de una iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que tal vez estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera...
Preciosa composición. Enhorabuena.
Preciosa composición de León Felipe. Que, en 1970 musicó Paco Ibáñez.
Que tiene este equipo que año tras año nos da una cachetada a los incrédulos
La Fe de Valverde
Cada semifinal en el Bernabéu que he presenciado fue para mí como una experiencia mística o como una cirugía con anestesia general. Apenas recuerdo nada del partido. Recuerdo las jugadas de haberlas visto después por la tele, pero en el estadio me sentía poseído por algo que solo sucede allí: un torrente de energía que se puede sentir. Te das cuenta de que los rivales lo acusan y de que los nuestros lo utilizan como combustible. Quien lo ha vivido lo sabe.