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Morata, Mirotic y Maroto

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Morata, Mirotic y Maroto

Escrito por: La Galerna14 noviembre, 2019
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Buenos días. Si hoy comenzamos esta bendita sección con las portadas de As y Mundo Deportivo no es porque queramos comentar en profundidad la jubilación de David Villa (a quien desde aquí, con admiración, deseamos lo mejor en su vida lejos de los terrenos de juego), ni porque deseemos glosar el amistoso que el Barça jugó en beneficio de las víctimas de la gota fría en Cartagena (loable iniciativa por su parte), sino porque en ambas instancias el baloncesto viene a las primeras planas de ambos rotativos, bien es cierto que en diminuto, y hoy el baloncesto tiene un protagonista indudable por lo que es y por lo que representa. Se llama Mirotic y esta noche juega en el Wizink Centre madrileño ante la que fue su afición, pero vistiendo la camiseta del eterno rival.

Sí, amigos. Mirotic vuelve a casa, no precisamente por Navidad aunque no andemos lejos de esas fechas señaladas, sino porque así lo ha dispuesto el calendario de la competición, y el morbo está servido después de su sorprendente fichaje por el Barça este verano y las (varias y muy estúpidas) declaraciones al respecto que desde entonces hemos tenido que escucharle o leerle, siempre meneando la cabeza después como se hace ante las almas perdidas que además insisten en embadurnarse de estulticia.

Nos ha dicho Mirotic que andamos jodidos (nosotros, los madridistas, y el término es literal) por verle con su nueva camiseta, y nunca podremos agradecerle lo suficiente que nos psicoanalice de manera tan risible. No sabemos por qué será que quienes abandonan el Real Madrid para recalar después (directamente o tras estancia en algún punto intermedio) en el enemigo (léase Barça o Atleti) parecen manifestar la necesidad de justificarse a sí mismos convirtiéndose en los más antimadridistas y prodigándose en declaraciones públicas de aborrecimiento al club banco o faltando al respeto a la entidad y/o la afición. Suelen querer ganarse a su nueva hinchada con manifestaciones de torpe tribunerismo, como esta de Mirotic o esa otra (curiosa coincidencia) que ayer mismo Morata descerrajaba desde la concentración de la Selección española.

Morata y Mirotic. Como Hernández y Fernández (yo aún diría más: como Hernández y Fernández), pero sin necesidad de ser gemelos ni llevar bombín para hacer muchísima gracia. Morata y Mirotic (dumb and dumber) hablan contra el Madrid después de haber lucido la blanca porque por algún lado tiene que romper la íntima consciencia de la propia sinrazón de haber sido blanco para acabar en un rival, haciendo como si ese blanco no imprimiera carácter. En vano intento de que no lo imprima, estos simpáticos tontorrones y otros que les precedieron (Luis Enrique diciendo que se ve raro en las viejas fotos de blanco y dando a entender que se arrepiente, Juanfran exponiendo sus contradicciones afirmando sin sonrojarse que ahora siente “indiferencia” por el Madrid) viven en permanente huida hacia delante, tratando de justificar su pasado a base de ser ahora más antis que el más furibundo boixo noi o el más belicoso miembro del Frente Atlético. Pobrecitos, la verdad.

Morata sugirió ayer, en relación a su última expulsión liguera, que esta no habría tenido lugar de haber lucido aún la camiseta del club donde se crió futbolísticamente. La boutade se desmonta con una simple mirada a la realidad objetiva de la historia reciente: en los últimos quince años, el Atleti ha dado unas siete mil patadas más que el Madrid pero ha sufrido, inconcebiblemente, menos expulsiones que nosotros. Con todo, lo que Morata (como su gemelo Mirotic, como Juanfran o Luis Enrique) necesita no es que le desmonten o les reafirmen sus boutades, sino una buena sesión de psicoanálisis que les enfrente a sus propios arrepentimientos, a sus oscuros complejos, a sus turbios ajustes de cuentas consigo mismos.

No ocurre solo con los deportistas. En el ámbito periodístico, tenemos también los casos de aquellos plumillas que formaron parte del organigrama del club blanco, en su departamento de comunicación, y después se volvieron taimados adversarios desde sus nuevos púlpitos. El caso que nos ha permitido titular este portanálisis con una perfecta cacofonía a tres bandas es bastante representativo.

El Real Madrid, queridos amigos, es demasiado grande como para no tratar de aparentar que lo odias cuando terminas fichando por un rival más o menos encarnizado. Es la única respuesta que un alma en zozobra puede darle a su propio sinsentido. El odio no es otra cosa, por supuesto, que la cara mediocre del amor, sobre todo cuando fuiste tú quien denodadamente emprendió (sin éxito, por desgracia para ti) la imposible senda de dejar de amar.

Os dejamos con el resto de portadas porque querréis verlas.

Pasad un gran día.