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Los dioses dan la espalda al Madrid

Los dioses dan la espalda al Madrid

Escrito por: José Luis Llorente Gento20 junio, 2019
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El Madrid tuvo la liga en su mano, pero la fortuna, el destino, el desatino o la incertidumbre personal en forma de nervios, vaya usted a saber, frustraron la celebración. En las postreras oportunidades, Llull se topó con el cuerpo macizo de Claver, que cerró su intento de bandeja. En la última jugada, tras el resbalón de Campazzo en su penetración, el balón cayó franco en las manos de Thompkins, el hombre que en circunstancias similares obtuvo la canasta decisiva de la Euroliga del año pasado. Cuando un servidor estaba en el aire celebrando el título, el brillante jugador norteamericano erró su tiro más sencillo del partido, con lo que aterricé maldiciendo en arameo por la oportunidad perdida.

Antes, el partido había sido dominado por los blancos con la comodidad relativa que supone enfrentarse al Barcelona de Pesic. Consiguieron conectar con la esencia de su juego en numerosas ocasiones, sacando a relucir el talento de sus jugadores y la atracción de su juego ofensivo. En contra, los azulgranas sudaban sangre para conseguir cada canasta, a excepción de Heurtel, empeñado en seguir bailando la defensa madridista. Sin embargo, el baloncesto no mide el estilo ni la armonía, sólo los puntos conseguidos, que pueden serlo con finura, como ayer el Madrid, o con coraje, como ayer el Barça. Además, como estamos viendo en esta serie y de forma continua en el baloncesto moderno, las diferencias se diluyen con facilidad, en especial si se construyen en mitad del partido. Las razones tienen que ver con el tipo de juego que predomina hoy en día en ataque -triple va y triple viene- y en defensa- pasa por aquí que te suelto un mamporro. Tantos hay, que, a los árbitros, por mor de esta dinámica, se les escapan varias personales en cada jugada y, a veces, como en el segundo partido de esta serie, en cada acción. Así que, siempre tienen cuentas pendientes con uno u otro equipo, lo que les conduce a señalar las faltas a rachas, de forma absolutamente instintiva, con el fin de que su actuación se acerque en lo posible a lo justo. En fin, que del 36-49 se pasó al 50-49 en un santiamén. De ahí al final, el festival de triples madridista -15 frente a 8 de los rivales- lo compensaron los azulgranas con la captura de rebotes -35 los culés y 21 los merengues. Por ahí se desangró el Madrid, y porque en los últimos dos minutos la búsqueda de la solución por la vía rápida de los tres puntos se le atragantó hasta el punto de que no lograron anotar en ese período, extraviados entre las malas decisiones y el coraje del contrario, justo es reconocerlo. Y qué cruel puede ser el deporte que los mejores hombres hasta entonces, Campazzo y Thompkins, fueron los protagonistas del último y fallido lance.

En realidad, el choque se pareció mucho a cualquiera de los que hemos visto esta temporada entre ambos, incluso al segundo de esta serie cambiando los papeles del vencedor y el vencido. Bien es cierto que comienza a percibirse el desgaste de los minutos, pues al esfuerzo del partido se suma la falta de descanso: la adrenalina que activa el cuerpo para el esfuerzo, y el cerebro dando vueltas a lo sucedido, ganes o pierdas, impiden la llegada de los inductores del sueño. A uno se le antoja que son demasiados partidos para tan pocos descansos y sigue sin entender por qué los responsables de este asunto no nos dejan ni paladear lo sucedido, ya que hoy, mientras escribo esta opinión, ya estoy pensando en lo que pasará mañana. Ojalá el Madrid sea capaz de equilibrar un poco más su juego para que no se le escape en pequeños errores lo que consigue con grandes demostraciones de talento.

José Luis Llorente Gento
Escritor. Conferenciante. Columnista. Exjugador del Real Madrid y la Selección Española de Baloncesto. Se pasa la vida remontando.

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