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La culpa difusa

La culpa difusa

Escrito por: Antonio Escohotado11 enero, 2018
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Resuelto sin pena ni gloria el trámite, cabe hablar de aspectos sin espacio cuando ocurre lo contrario, y en concreto de por qué conceder tanta atención a las impresiones de los jugadores, cuando la experiencia les revela tan afectados de afasia como quienes padecen ese mal por traumatismo o defecto congénito. Los datos sobre esta entidad clínica se dispararon tras la Gran Guerra, cuando balas y metralla mermaron la elocuencia de millones al dañar tales o cuales áreas del cerebro, y personas acostumbradas a servirse de quinientas o mil palabras pasaron a elegir entre una o dos decenas.

Por supuesto, el jugador de fútbol no es afásico –y quizá resulte muy fluido de expresión cuando no se le acerca un micrófono al terminar un partido-, aunque entonces sus respuestas cumplan el diagnóstico. Esta noche el excelente Vallejo, por ejemplo, declaró que es preciso seguir trabajando y los resultados llegarán, una expresión que a fuer de repetida se torna indiscernible del silencio. Jugadores argentinos suelen comenzar sus frases con “la verdad es que …”, y tanto ellos como los demás contestan muy serios a las felicitaciones por tal o cual cosa con un “lo importante es el equipo”, o “vamos partido a partido”, como si el teorema de Shannon no hubiese mostrado hace la tira de tiempo que cualquier manejo de una señal reduce su contenido de información, hasta convertirla en puro ruido.

¿Qué análisis o concepto obtenemos de preguntar a sucesivos protagonistas balompédicos sobre lo recién ocurrido? Otro día me atreveré a inquirir lo mismo sobre la plática edificante pedida a cada director deportivo -si la irrelevancia del encuentro lo permitiese-, aunque algo toca decir hasta del de anoche, empezando por eximir al entrenador de toda culpa. Otra vez tuvieron su oportunidad los menos habituales, y otra vez el balón fue sobado y resobado, cuando no se intentaron combinaciones infructuosas, porque abrir espacios, y llegar a ellos con ventaja, depende de una precisión en el pase que brilla tanto por su ausencia como abunda el disparo al graderío.

Son los muchachos quienes se enmendarán, o no, antes de que el próximo verano lleguen las rebajas, y los refuerzos sugeridos por la experiencia. Una desconfianza criada al amparo de la desmotivación podría estar en la raíz de todo, y mientras tanto sigamos disfrutando con las virguerías deparadas minuto a minuto por el juego, presididas anoche por el cabezazo de Guillermo, un chaval que promete.

Escritor de una veintena de obras de referencia, como Historia General de las Drogas, Caos y Orden o Los Enemigos del Comercio. Su hijo Jorge administra sus RRSS. @aescohotado