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Benzema y los valores universales

Benzema y los valores universales

Escrito por: Sergio Arellano2 noviembre, 2019
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Los valores, en cualesquiera de las relaciones sociales, son fundamentales en la medida que afectan de manera directa al modo de comportamiento de un ser determinado. Son los pilares sobre los que se construye una identidad, sirven de guía para orientar y regir nuestra conducta y, en última instancia, son la base fundamental sobre la que se cimienta una comunidad. Ya lo sostenía Platón en sus diálogos: “Los valores son patrones morales universales que definen el ideal de sociedad humana, tanto para el individuo como para la sociedad”.

Al compás de lo anterior, podríamos establecer que la relación que se constituye entre unos principios y una institución, ya sea ésta de naturaleza política, religiosa o deportiva, ha de estar reglada conforme a la consecución de unos objetivos específicos, impuestos por la propia institución, y que es responsabilidad irrenunciable de los miembros de la misma preservar estos valores. De este modo, y a pesar de que la sociedad de la información haya modulado, contaminado y extendido el significado de estos valores en pro de sus objetivos, es evidente que el Real Madrid, como la institución deportiva más influyente del mundo, no puede ser ajeno a todo este compendio teórico-práctico de valores y principios, sino que ha de fomentarlos y promoverlos a través de sus miembros, que deben, -o deberían-, obrar conforme a ellos. Así, la solidaridad, el altruismo, el compañerismo, la humildad, el esfuerzo, el trabajo en silencio y la nobleza (tanto dentro como fuera del terreno de juego) son solo un puñado de condiciones que deben aglutinar todos y cada uno de estos integrantes para hacer que el grupo prospere. La exigencia de mantener incólumes estos principios es una máxima para todos aquellos que representan una marca como el Real Madrid, cuya magnitud y dimensión global alcanza cotas inimaginables que traspasan los límites puramente futbolísticos. Pero qué lástima, hablando en términos más ajustados a la práctica real, que todo esto suene a puro formalismo utópico y no a una férrea convicción de aquellos que han de seguirlos.

Benzema aplaude al público del Bernabéu

A colación de lo anterior, no se me ocurre un integrante de la plantilla blanca que encarne mejor estos valores que Karim Benzema, que para muchos, entre los que me incluyo, es ya el capitán sin brazalete del equipo blanco. Y es que el genio de Lyon, poseedor por otra parte de unas excelsas cualidades técnicas, se ha ganado el corazón de hasta los más escépticos detractores que renegaban de su valía hasta hace no mucho. Su calidad futbolística está fuera de toda duda: desprende clase y elegancia por los cuatro costados, mejora a los que tiene a su alrededor y despliega un fútbol al alcance de solo un puñado de futbolistas. Si no te gusta Karim Benzema no te gusta este deporte. Pero lo que aquí nos incumbe, no obstante, es la salvaguarda de un código de valores. Y es que Karim, que en árabe significa generoso, es el paradigma de todo este entramado. Él es el jugador que con más empeño coadyuva a la integración de los más jóvenes para su óptimo desarrollo; el que antepone, dada su peculiar y loable manera de entender el fútbol, el grupo y el bloque a sus intereses individuales y goleadores; el que nunca dedica malos gestos al respetable que le ha repudiado injustamente durante largos años; el que no ejerce pulsos a la Directiva;  el que no vende titulares amarillistas y sensacionalistas; ése individuo que renunció someterse a una operación la temporada pasada para defender los intereses del equipo, jugando con un dedo roto y con una férula a toda luces incómoda, que no hace más que simbolizar alegóricamente la grandeza de un futbolista único que será más recordado y valorado en la memoria que en el presente por razón de su egregio y honorable particularismo. Un futbolista que, la temporada pasada, logró mantener vivas las aspiraciones de un plantel al que lideró sin titubear mientras la mayoría de sus miembros daban muestras de una apatía que desconcertaba a toda una afición. Por si fuera poco, el peso y la influencia del lionés en el actual Real Madrid tiene una importancia clave en términos cualitativos (personifica y aglutina casi la totalidad del tejido creativo del equipo) y cuantitativos (está a un paso de superar a Puskas como quinto máximo goleador histórico del Real Madrid)

En una época en la que cada vez van ganando más terreno propiedades perniciosas como el egoísmo, la indiferencia, la prevalencia del interés personal, la deslealtad y la ingratitud, es muy reconfortante encontrar una figura que aúne y personifique una serie de cualidades antagónicas a las anteriormente descritas. Un club no solo entiende de títulos e insignias, sino también del reconocimiento de unos valores y principios intransmisibles que han de regir su trayectoria. Y Karim Benzema, genio incomprendido donde los haya, los dignifica, y en consonancia, los encarama y enaltece de una manera inmejorable. Y cómo me alegro de que, al fin, después de diez temporadas, tenga el reconocimiento que se merece.