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Florentino: FLOR AND TINO

Florentino: FLOR AND TINO

Escrito por: Federico Garcia "Lurker"21 agosto, 2019
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Si limitamos nuestra atención a los últimos meses, tendremos la impresión de que el Real Madrid es una ruina, que sus planes fracasan uno tras otro y que por aquí no se va a ninguna parte. El resultado es una mezcla entre la melancolía, el desencanto y la depresión, junto con ganas de mandarlo todo a la mierda.

Pero acaso convenga evitar la miopía, alzar la vista del plazo corto y utilizar el telescopio en lugar del microscopio para tener una perspectiva más amplia y quizá más justa de las cosas. De esta forma, no sólo disfrutaremos de una imagen más cabal, sino que nuestro ánimo saldrá ganando al sustituir la tristeza y el abatimiento por la alegría, la satisfacción y un cierto orgullo.

Visto en conjunto, no se puede negar que el Real Madrid es una empresa que ha logrado destacar en su ámbito, alcanzando un éxito del que pocas compañías pueden presumir. El propósito de este trabajo es analizar las razones que hay detrás de ello. Si es que hay tales razones y el éxito no es más que un fruto caprichoso del azar, como sostienen algunos (respirando por la herida de su envidia).

Para comprender a qué se debe la marcha brillante del club, hay que empezar por precisar cuál es exactamente su actividad, a qué se dedica el Real Madrid. Parece que la respuesta es evidente: al fútbol y al baloncesto; y sin embargo, esa contestación es errónea, y nos llevaría a un diagnóstico equivocado y a una inadecuada explicación del éxito madridista. En realidad, el Real Madrid se dedica a la producción de felicidad.

Compartimos nicho comercial no con Barcelona, Bayern München y Manchester United (o no sólo con ellos) sino con Spielberg, el Circo del Sol y Les Luthiers. Naturalmente, no todas las campañas se cierra el balance de la producción de felicidad en positivo, ni hay empresa que lo consiga (y las fechas actuales lo ponen dolorosamente de relieve), pero el resultado global es enormemente satisfactorio, hasta el punto de que no hay compañía del ramo que se acerque siquiera a los números que arroja el Real Madrid.

Nosotros, los consumidores habituales del producto, sabemos bien que hay oscilaciones notables en la calidad del mismo: llevamos largos meses de dolorosa insatisfacción, que no puede llevarnos a rechazar al proveedor (y quien lo desee tiene a su disposición alternativas bien cercanas, como Barcelona, Atlético de Madrid o PSG; allá cada cual con sus decisiones). En este caso, como en el matrimonio, la felicidad no consiste en estar siempre en el séptimo cielo (con el consiguiente riesgo de sufrir la muerte por hiperglucemia), sino en una trayectoria de años fructíferos.

Siendo la producción de felicidad el objeto principal de la compañía que conocemos como Real Madrid, no es el único; asociado a ella vienen unos subproductos de amplia distribución: la bilis, la frustración y la rabia que afectan a millones de consumidores.

Identificado el campo de actividad del Real Madrid, y ubicado en el sector de la producción de felicidad junto con los residuos tóxicos de bilis y frustración, en lo que es sin duda el número uno mundial, procedamos a descubrir las claves de su éxito. En mi opinión son dos, que detallo por separado:

En primer lugar, hay un elemento que se suele denominar “flor” y que no es otra cosa que elegir bien, y dedicarse a la tarea con constancia y entusiasmo, día tras día y año tras año. Luego sucede que algunos dicen ¡qué suerte ha tenido!; llamando suerte a lo que es trabajo bien hecho. En el caso del Real Madrid lo llaman flor quienes mayormente son unos capullos que nunca llegarán a convertirse en flores ni a dar fruto (aunque algunos sean unos grandísimos hijos de fruta).

Insisto, la flor consiste en tener un buen plan estratégico: fichar talento ya cuajado (Zidane, Modric, Cristiano, Carrol, Randolph) o en ciernes (Vinicius, Rodrygo, Kubo, Campazzo), sembrar y cuidar la cantera e ir adaptando el plan a las circunstancias de cada temporada.

Pero no basta con la “flor” para que el plan funcione y la empresa tenga éxito; es esencial un segundo ingrediente de la fórmula magistral, al que llamaré “tino”. Atinar vale por acertar, por dar con lo que se busca o se necesita, de modo que el término “tino” alude al buen criterio en el desarrollo del plan estratégico, que si bien no garantiza el acierto siempre, sí optimiza las probabilidades de culminar la tarea satisfactoriamente.

Tino es sujetar con firmeza el timón cuando se sufre un golpe de viento o cuando se atraviesan turbulencias. Tino es mantener el rumbo cuando dejan de verse las estrellas y la brújula se ve perturbada por una tormenta magnética.

Con esos dos ingredientes, el tino y la flor, no se puede asegurar el buen resultado del proyecto, pero sí se está en la mejor disposición para alcanzarlo; si no podemos certificar que nos tocará el gordo de la lotería, al menos llevamos participaciones en muchos números.

En el puente de mando de la nave madridista tenemos, al parecer, un capitán que reúne las dos condiciones: Flor and tino. Ojalá mantengamos el rumbo muchas temporadas. Es curioso que se emplee en náutica el término “derrota” para indicar el rumbo que lleva un navío; en el caso del RM, el rumbo consiste precisamente en la derrota de los rivales.

El principal galáctico no es Cristiano, Zidane, Bale ni Hazard. El personaje clave de un barco es el capitán que lo gobierna, responsable del buen fin de la navegación. Los marineros de la Argo no son nada sin Jasón, como el Nautilus sin Nemo o la Victoria sin Magallanes y Elcano; la Santa María tenía una magnífica tripulación, pero es Colón el principal responsable de que arribara a América.

Nuestro barco no es el Pequod, dirigido por un Ahab obsesionado, ni la perla negra o el holandés errante, corsarios y filibusteros, ni mucho menos un Titanic (como quisieran muchos), sino un Real Madrid que por ahora está siendo gobernado con acierto, con buen tino.

Quiera Dios que dure muchos años.

Federico Garcia "Lurker"
Yo en el siglo me llamaba Dionisio, como todo el mundo. Fue al abrazar la fe madridist