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El Real Madrid en el mercado: estrategia y táctica

El Real Madrid en el mercado: estrategia y táctica

Escrito por: Jesús Bengoechea28 agosto, 2019
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El previsible fichaje de Neymar por el Barcelona (y no por el Real Madrid, como se había especulado) ha anticipado un aluvión de críticas de madridistas en las redes sociales. Vuelve a decirse que la planificación deportiva es desastrosa y errática. Decimos que las críticas se han anticipado porque twitter es como los mercados, que descuentan los efectos negativos del Brexit, por ejemplo, antes de que haya sucedido. Está feo que un liberal moderado como yo regañe a los mercados, y se me disculpará también el oficialismo de solicitar que esperemos a que se cierren los plazos para hacer las oportunas valoraciones. La prudencia es incómoda y oficialista.

La planificación deportiva del pasado verano y la de este podrán gustar o no gustar (como tantos, me planteo la idoneidad de muchas decisiones), pero a mí no me parece en ningún modo errática.  La apuesta es clara y se mantiene con una coherencia que es precisamente la que enfurece a ese madridismo tuitero. Las dos premisas que se han mantenido a sangre y fuego son las siguientes:

A) Fichamos las mejores promesas del mercado mundial para asegurar un buen futuro.
B) Jamás nos volvemos locos por muy loco que el mercado esté.

La gestión táctica de estas dos premisas estratégicas podrá estar disgustando a muchos, pero no se puede negar la fidelidad granítica a estos dos postulados. El exceso de conservadurismo y la renuencia a fichar estrellas consagradas a precios desorbitados podrán irritar, como podrá hacerlo la política de cesiones que se está llevando a cabo con los jóvenes recientemente incorporados y a los que en su mayoría aún no se considera “hechos” para el primer equipo. Pero no solamente no puede decirse que no haya plan, sino que difícilmente puede un plan proclamar a gritos más audibles su presencia. Otra cosa es que nos guste la gestión del plan o el plan mismo, aspectos ambos que (como casi todo en la vida) pueden estar abiertos a debate.

Si la plantilla se cierra tal cual está hoy, a 28 de agosto, será una plantilla superior a la del año pasado, a mi juicio. Se ha incorporado una gran estrella mundial como Hazard gracias a que su situación contractual ha facilitado esta excepción en la regla de no contratar estrellas, y junto a él han llegado varios jugadores sin la vitola de titulares indiscutibles pero indudablemente prometedores y (la mayoría) con una buena trayectoria en el fútbol europeo. Dicho esto, el Madrid no se ha reforzado (de momento, pues no ha cerrado el mercado) tanto ni tan bien como Barcelona o Atlético, que ya el año pasado nos superaron en el torneo de la regularidad. ¿Se aventará el Madrid a paliar esta desventaja en los últimos días de plazo? Apuesto en lo personal por ello, quiero que se haga, pero no le podré negar consistencia al plan si se opta por lo contrario. Fichar a Pogba por 200 millones (o a un Neymar que ahora mismo no es el que fue por un precio similar) serían acciones que en buena lid podría considerarse que violan el postulado B. A mí tampoco me agrada vivir con el postulado B, pero no por ello voy a aplaudir a quienes se lo pasan por el arco del triunfo en una huida hacia adelante que financieramente no puede sostenerse, por más que ningún medio se lo afee.

Podrían (sí) ficharse jugadores que sin ser grandes estrellas refuercen áreas que presentan debilidad, como el medio campo. Esto no traicionaría el postulado B, y es lo que no me resisto a solicitar al club que lleve a cabo antes de que sea demasiado tarde. Eriksen y Van de Beek (o ambos) pueden hacerle más falta al equipo que Neymar, y son futbolistas a quienes les sentaría de maravilla nuestra camiseta.

Pedir, con todo, es fácil, y yo mismo caigo aquí en la trampa de obviar una variable capaz por sí misma de arruinar táctica y casi hasta estrategia: la resistencia a salir por parte de muchos jugadores de la plantilla. La posibilidad de que vengan Van de Beek o Eriksen está sujeta, por cuestiones numéricas y burocráticas, a la posibilidad de que salgan hombres con contrato en vigor que quieren hacer valer dicho contrato de manera legítima. Y también, por cierto, está sujeta a la necesidad de que el entrenador dé su visto bueno a dichas llegadas. Se adivinan en este terreno fricciones que no hacen sino reforzar la idea de la coherencia antes destacada, coherencia con un tercer principio no citado con anterioridad: no se hace nada que el entrenador no quiera, y al entrenador se le intenta dar todo lo que pida (con la circunstancia de que a veces a lo mejor es imposible sin violentar de nuevo el precepto B).

El precepto A es el que admite más enmiendas en su desarrollo táctico, porque hay quien asegura, y puede no faltarle razón, que a Odegaard o Kubo les sentaría la camiseta del Madrid tan bien (o mejor) como a Van de Beek o Eriksen, y que les sentaría así de bien desde ya. Les habría sentado, queremos decir. Probable aunque discutible, y aspecto este último donde la obediencia al parecer del entrenador está también muy presente.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea