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1-2: El Madrid triunfa en MendiZORROza

1-2: El Madrid triunfa en MendiZORROza

Escrito por: Mario De Las Heras30 noviembre, 2019
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De Militao se comenta que le gusta salir de picos pardos, quizá por eso me inclino a pensar que Zidane lo había sacado de la cama esta mañana lluviosa y neblinosa de frío otoño vitoriano a pesar de la indisponibilidad de Varane. Otro que estaba, aunque ya va estando, es Isco, con aspecto creciente de Super Ratón (incluso parecía hablar, y escuchársele, con acento mejicano) asimilándose al bloque antiterremotos que se está construyendo, y no diferenciándose, dándole su toque natural.

Es el Madrid el que le da el toque natural a Isco, y eso parece que funciona. Parecía el Madrid mi hijo Guillermo (un año va a cumplir ya casi el adolescente) cuando coge las pinturas de su hermana y se pone a rayar, como si empuñara un cuchillo, la mesita blanca de madera del salón como si fuera un grafitero enfadado.

Rayas y rayas, la madre horrorizada y así el Alavés que no acababa de enterarse, descolocado entre tan mareantes cambios de dirección. El único peligro (no baladí) alavesista venía de los renuncios de la defensa del Madrid, ante los que permanecía en guardia, ¡qué remedio!, como el zorro ante la madriguera mientras por detrás se sucedían las diagonales fallidas del visitante, incluido un pase de Benzema que, encarando a Pacheco, decidió retrasar la pelota varios kilómetros como si hiciera una rebolera para que rematara Isco como un Miura en solitario y en carrera.

Daba gusto la colocación de los madridistas, la vitalidad de su juego. Tan vivo y concentrado que además cada uno de ellos era capaz de tomar la decisión correcta en cada caso. Yo me imaginaba al madridismo en ese momento como a las comadres abanicándose entre sofocos y asintiendo encantadas a las acertadas palabras del pretendiente en la petición de mano de la niña. Jugaba el Alavés encima del árbitro, que hacía caso a las quejas exageradas y consentía sus marrullerías de campo pequeño, de MendiZORROza.

La lluvia abundantísima saludó a la segunda parte. Parecía una película de amor. Alguien iba a besarse bajo el agua, empapados, mientras sonaban los Righteous Brothers. Fue Ramos Gable quien remató de maravilla con el bigote a pase perfekt de Kroos. A partir de ahí se removió ya el Alavés. Acelerando como en el cine mudo. Interactuando con la grada encendida por el tremendismo de los actores, que interpretaban manos y faltas y penaltis casi entre llantos.

Fueron las lágrimas (el que la sigue la consigue) las que terminaron de certificar un penalti por codazo de Ramos. Una ramosiana que significó el empate. El gol del Madrid nos trajo a Burke, un escocés en su salsa; y el gol del Alavés nos trajo a Rodrygo (un brasileño bajo el temporal, como un jamaicano haciendo bobsleigh) en sustitución de Bale.

No cambió el Madrid y en una carambola marcó Carvajal en la boca de gol tras un remate de Isco rechazado por Pacheco y luego por el palo. El Madrid empezó a controlar más la situación. Se puso serio, menos alegre. Más profesional. Este Madrid es capaz de bailar y de contemporizar solemnemente, tratando de contener el carácter iracundo (obligado) del Alavés. El diluvio lo condicionaba todo. Resistió el Madrid los últimos minutos, y también los últimos ocho minutos del impresionante descuento. Victoria dura. Gran victoria. Lo decía Marcelo con capucha a pie de campo: “En estos partidos se gana la Liga”.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

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