Buenos días. El Real Madrid no se puede explicar. Enfurruñarse al máximo contra él es legítimo, siempre y cuando uno esté predispuesto a abrir de par en par las escotillas del asombro y la admiración cuando corresponda. A veces corresponde muy a última hora y uno no sabe muy bien qué hacer con ello, salvo eso: admirarse y recordar súbitamente no solo lo feliz que nos ha hecho, sino lo feliz que está en disposición de seguir haciéndonos.
Parece ser que la de ayer en Champions es la remontada más fulgurante de la historia de la competición. Nadie antes había ido perdiendo por dos goles a falta de 8 minutos y 45 segundos para acabar ganando. Ya proliferan en las redes sociales videos de youtubers culés tratando de digerir una decepción tan mayúscula y de tan última hora. La explicación está en que los cánticos se instalan por algo en el inconsciente colectivo, no de una forma aleatoria. “Hasta el final, vamos, Real” es algo más que un slogan. Y Marca atina hoy en su portada.
En efecto: no es milagro, es orgullo. Aunque también es milagro. La Biblia y los Proclaimers cantan que el amor puede mover montañas, pero ¿cuánto puede mover el orgullo? ¿Cuánto puede mover un escudo, una leyenda? ¿Hasta dónde podría desplazarse una cordillera si quien la impulsa es el legado de (casi) 125 años de proezas?
Leed la espléndida crónica del partido por parte de Paco Sánchez Palomares. El Madrid era un completo desastre cuando Mou empezó a mover las piezas para obrar la maravilla. Entraron Güler, Espí y Endrick, y los mares se abrieron de par en par. El turco se confirmó como un lujo que no debería quedar casi nunca en el banquillo, aunque solo fuera por su destreza en el balón parado (los tres goles de la remontada acontecieron a consecuencia de tres córners lanzados por él). El levantino no faltó a su pasmosa cita con el gol, a la que acude con tanta puntualidad como independencia de los minutos que le otorgues.
Y luego, sobre todo, está lo de Endrick, MVP del partido. Desde el primer balón que tocó, exudó ambición, fútbol y fe en una remontada imposible. Marcó el gol del empate y propició el de Espí en el rechace. Su media hora fue antológica, y no es de extrañar que Mou recalcara que no tiene pensada una cesión del brasileño en el mes de enero.
As tilda al Madrid de “inmortal”, y no exagera. Muchos se han ido de este mundo y se están perdiendo estas hazañas impensables, de igual modo que nosotros nos iremos para perdernos otras hazañas blancas en el porvenir. Eso, que nos trasciende, tiene que ser algo muy parecido a la inmortalidad.
Mundo Deportivo, además de celebrar no-rabonas de Lamine Yamal (que Cristiano Ronaldo ya hizo mil veces antes) como si fueran un punto y aparte en la historia de este deporte, dedica su frontispicio a tratar de enjugar el disgusto de la remontada blanca con su gran alegría del día, a saber, la aberrante sanción de cuatro partidos que le han caído a Vinícius por el tirón de pelos que le costó la expulsión ante el Villarreal. Hasta tipos tan poco sospechosos de madridismo como Iturralde han denunciado lo demencial y desmedido del castigo, que el rotativo cataculé celebra, por cuanto dejará al brasileño fuera del mal llamado clásico.
Mourinho se despachó a gusto contra la sanción y, muy especialmente, contra la hora a la cual fue hecha pública: dos horas antes del partido. Sugiere el portugués que el anuncio se hizo a una hora estratégica para desmoralizar a Vini antes del partido ante la Roma. Quillo Barrios, en su canal, demostraba hace un rato lo absolutamente anómalo de comunicar las sanciones a las 7 de la tarde, cuando siempre se hace en torno a la una del mediodía. Esta situación, unida a la injusticia intrínseca a la propia sanción, ha movido a Mourinho, en otra rueda de prensa que engrosará su brillante palmarés en ese área, a denunciar la desfachatez del entramado institucional de Tebas.
“En portugués tenemos un dicho: el gato está escondido pero asoma la cola. En el caso del fútbol español, no hace falta que la asome, porque el gato ni siquiera se esconde”.
A fin de afianzar su metáfora gatuna, aludió también a los delirantes horarios de la jornada previa al próximo parón de selecciones, en la cual, de manera absolutamente discrecional, el Madrid va a jugar frente al Valencia con casi 48 horas de descanso menos de las que disfrutarán el Atleti y el equipo cliente de Negreira. Porque sí. Porque Tebas lo vale. Porque Tebas no se esconde. Como el gato de Mourinho.
Esta portentosa foto circulaba ayer por X tras las palabras de Mourinho. Lamentamos no ser capaces ya de citar al autor, que se nos perdió en el proceso. El caso es que el gato va con el descaro por bandera en su afán por hacer la vida imposible al Real Madrid. Mou ha tomado la antorcha de la batalla cultural, como de manera a nuestro juicio emocionante expuso ante la prensa.
No es por nada, pero podría ser el lema de La Galerna también.
En efecto. El gato no se esconde. Pero el Madrid tampoco. Ni en el campo ni fuera.
Os dejamos con el orgasmo mañanero de Sport ante el intento fallido de rabona de Lamine Yamal.
Pasad un buen día.

















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2 comentarios en: El gato no se esconde (pero el Madrid tampoco)
¿Pero Mundo Vomit y Spork no son periodicuchos diferentes? Yo pensaba que sí
La infecta campaña para que el niñato gane el balón del moro se les volverá en contra. Los demás jugadores estarán hasta las gónadas de ver cómo se elogia a quien menos aportó en los triunfos de los que presume.