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El blanco verano

El blanco verano

Escrito por: Mario De Las Heras27 noviembre, 2015
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Yo no sirvo para enfadarme con estos chavales. No con todos. Uno cada vez es más viejo y los jugadores más jóvenes y ya no puede regañar a los niños. Debe de ser cosa de la edad. Tengo una suerte de síndrome de Chanquete por el que me ganan con poco, o con mucho, según se mire. Después de la trastada del sábado, si hubiera visto el partido de ayer me hubiesen bastado unos cuantos de esos minutos primorosos en Ucrania para perdonarles todo. No digamos ya después de ver el abrazo de amor pleno entre Cristiano y Bale. O la sonrisa de Luka o la tamborrada de Carvajal. ¿Cómo puede un madridista no venirse abajo ante eso?

La prensa enemiga, la de la campaña (eterna, por cierto, patológica, como el catalanismo), no tiene sentimientos. Su crueldad no encuentra parangón. Yo camino por la playa con mi gorra de capitán, y veo a Tito y a Piraña y me ablando. Otra cosa son las travesuras feas de los del verano azulgrana, como lo de Getafe, más propias de niños consentidos capaces de reírse de la pobre Desi, que era hija de padres separados, ¡en 1980!

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Yo vivo en un verano blanco (casi bello como el de Pavese) inacabable desde que tengo conciencia. Qué le voy a hacer. Me he enfadado con todos: con Juanito, con Butragueño, con Raúl, con Cristiano (es curioso, pero nunca podría enfadarme con Modric como nunca me enfadé con Redondo)..., y al final siempre vuelvo a Nerja con la ilusión de siempre.

En realidad vivo allí, en la Dorada, que es el barco de Chanquete del que no me moverán ni aunque yo mismo quiera. Yo me puedo enfadar por un momento: acaso lo que tarde en escribirlo. Puedo sentirme decepcionado y hasta moderadamente abatido después de un cero a cuatro ante el máximo rival, pero no puedo resistir el volver a emocionarme en el siguiente partido.

Con una derrota como esa, cuando era niño, no quería ni que me hablasen. Recuerdo que una vez alguien lo hizo y le llamé gilipuertas, que era el insulto que me admitían en la época, y desde entonces ya todos supieron que había que tener cuidado conmigo. Ahora ya soy mayor y siento deseos de ser autoritario, un hombre hecho y derecho, incluso un hombre malo como todos esos entrenadores, presidentes y gestores de Twitter ávidos de sangre, de sangre blanca (como energúmenos se ponen algunos, oye), pero no puedo.

Yo en mi madridismo casi soy tan viejo como Chanquete, que disfrutaba como un niño con esa pandilla que no sólo ya no va a crecer sino que cada vez serán más pequeños. Criticar me hace daño si lo extiendo en el tiempo (mucho más si es a los míos), y si yo les consiento ahora, imagínense lo que haré cuando puedan ser mis nietos: hasta llorar desde mi cubierta (mientras Julia toca su guitarra) al ver un abrazo igual que el de Gareth y Cristiano como si estuviera contemplando el atardecer.

Mario De Las Heras
Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

2 comentarios en: El blanco verano

  1. Me gusta este artículo porque me veo bastante identificado. Todavía tengo en el recuerdo las dos Ligas de Tenerife y el tremendo disgusto que me llevé. Fue lo más parecido a perder una Final de Champions contra el Barça. Además supuso ese punto en el que perdí la "inocencia". No porque se perdieran las dos Ligas, que también, tras años de dominio de la competición doméstica sino porque me podía creer que te pudieran "birlar" dos títulos de manera poco honesta. Como los dos "atracos" fueron perpetrados contra el Madrid, estas dos Ligas han pasado a la Historia como dos debacles blancas y como dos Ligas ganadas justamente por el Barça.
    Estos dos episodios me dolieron tanto que como en una especie de shock post-traumático dejé de ver fútbol. No dejé de practicarlo pero sí de verlo. Afortunadamente (o no), me recuperé rápido del trauma y volví a aficionarme. Me hice socio y abonado del Madrid y pude disfrutar de la época dorada de las tres Champions de la generación R. Carlos. Ahí era un "pipero" más. Acudía al estadio y me enfadaba con los jugadores, con el entrenador, con el presidente y escuchaba las Homilías de De la Morena o los análisis de Robison.
    Poco a poco me fui desenganchando de estos "sesudos" y nada partidistas o manipuladores (modo ironía on) periodistas (espero que esto no lo consideréis insultos). Cada vez me daba más asco ir al Bernabeu. Los pitos y broncas de los socios a nuestros jugadores me dejaban estupefacto. Las críticas hasta cuando ganábamos eran para que nos hicieran pasar por el diván del siquiatra. Comprar los periódicos era un suplicio. Dejé de ser socio, no sólo por esto, pero al menos gané en paz emocional. Desde fuera seguía observando esta gota malaya que calaba en la opinión pública. Yo me preguntaba si era verdad que habíamos ganado tres Champions en seis años porque desde los medios y los aficionados parecía que habíamos bajado a Segunda
    Cuando apareció el Nuevo Mesías, Guardiola, la situación fue ya inaguantable. Era para pedir asilo en cualquier dictadura de las que hay por el Mundo y comprobar si viviría peor. En esos momentos yo ya terminé mi conversión a ser un aficionado más tranquilo. Me enfadaba en las debacles pero tras los partidos intentaba hacer lecturas no siempre positivas pero sí comprensivas. Comprensivas en la acepción de comprender lo que había pasado. Sobretodo lo que dejé de hacer es aceptar los análisis de los juntaletras and cía. Ya antes era escéptico pero me volví un incrédulo total.
    Ahora, tras el paso y cacería de Mou, de CR, de Pepe, de tantos y tantos, sólo creo en lo que veo. Soy más mayor y me tomo las cosas con más calma. Intento ser positivo y, hasta en derrotas como la del sábado, defiendo al Club y a su plantilla y entrenador. Tal es así que, hasta mis amigos, en su mayoría madridistas (eso dicen), se enfadan conmigo por esta razón.