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Disparemos a los faisanes

Disparemos a los faisanes

Escrito por: Mario De Las Heras19 julio, 2015
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Uno imagina a Benítez en el avión como a Bob, "el Inglés" (porque Benítez es inglés), en 'Sin perdón' soltándole a su biógrafo una colección de glorias noveladas, tal debe de ser su contento. A Rafa se le ve ilusionado y no para de sonreír como si, absorto, tampoco hubiera visto el cartel a la entrada de Big Whiskey donde se prohíben las armas de fuego; igual que si no supiera que el sheriff del lugar es Little Bill en forma de prensa española dispuesta a zurrarle bien como aviso para futuros asesinos a sueldo. No tiene pinta Rafa de matón aunque tampoco la tenía ya William Munny antes de que le sacaran de sus casillas.

Hacía frío en Australia, también tierra de forajidos como Ned Kelly, y el Madrid probaba a sacudírselo como se sacude el sueño mi niña Candela al despertar completamente retorcida en su cuna sin abrir los ojos. Uno cree que el Madrid jugó sin abrir los ojos, como una molestia entre biberón y biberón, por el modo en que comenzaban los ataques con un Ramos capitán dentro del área contraria poniéndose nervioso igual que si en vez de un balón le hubiera puesto Modric en los pies una patata hirviendo.

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Se notaba que Jesé ha estado cuidando la forma en vacaciones porque sigue teniendo ese desempeño tan propio de bola de pin ball a la que sólo le falta pasar algo de tiempo allá arriba sumando puntos entre rebotes. En el otro polo Navas se instalaba en su portal vistiendo una camiseta muy amplia. A uno en un principio le dio por pensar que le habían dado la de De Gea, o incluso la de Casilla, hasta que casi inmediatamente comprendió que lo suyo era más de comodidad y hasta de moda Retro (quién después saldría a jugar en las filas de la Roma), homenajeando el jersey de Privata de su adolescencia que se complementaba con los vaqueros pesqueros, los calcetines de rombos y los zapatos castellanos. A tanto no se atrevió Keylor.

Resulta que uno conocía en persona a Rudy García. Hace dos años caminaba por Vía Margutta buscando la casa de Gregory Peck y se topó con él sin saber quién era en medio de un alboroto de fotógrafos. Al parecer eran los tiempos en que su equipo no había perdido ni un solo partido desde su llegada, y al reconocerle hoy en la banda del Cricket Ground se ha llevado una alegría; más que eso una vanidad también novelada de los tiempos en que Rudy y uno, un suponer, alternaban juntos delante de un Spritz en la calle más elegante de Roma. Aunque para elegante Totti, que además es como el caballero al que se le vencía la espada al empuñarla y que guardaba el Santo Grial de una generación (la de uno) en la última cruzada de Indiana Jones. A Francesco, admirador confeso de Raúl, no parece aún vencerle nada.

El Madrid defendía con un esquema de bandada en migración que sólo era capaz de descomponer Gervinho con ese aspecto de Samuel L. Jackson en Pulp Fiction recitando su pasaje de la Biblia. Y en medio de todo ese despertar se iban viendo antiguos y bienvenidos gestos como las maneras de fútbol total de Modric. Decían (tanto decir, tanto decir) que Bale jugaría por la izquierda: pues ni por la izquierda ni por la derecha sino bajo tierra, declarado el galés en una especie de suave rebeldía con el pelo largo y las barbas de los Beatles tocando en el tejado.

Al contrario, Ronaldo aparecía con un peinado limpio y sobrio, aseado, como limpia y sobria fue su actuación si se exceptúa un juego de paredes con Marcelo (Paredes también jugaba con el rival) que produjo una ovación del estadio similar a las de los juegos malabares de los Glober Trotters. Aquello no era un campeonato sino una exhibición en toda regla (no se jugaba con pelota sino con un Chupa Chups de nata y fresa) con la media vuelta en movimiento de "Jesí", como le llamaba el locutor árabe de la televisión por la que se vio el partido, que también decía a menudo ¡Oh La la!, o con los ensayos de regates repetidos de Paul Bale McCartney.

Keylor le decía al mundo que hay portero sacando un balón peligroso de Totti en medio de un bosque de contrarios (Luka correteaba alegre por allí igual que un bandido de Sherwood) e incluso una mano para asentir como las ancianas de Corleone en la petición de mano de Apollonia en un despeje fallido de Illarramendi, quien se presentó con una intensidad tan alta como su nuevo tupé.

Entre detalles y peinados no se veía apenas nada. Hubo amagos de contraataques lanzados pero rápidamente frustrados como si en mitad de la carrera, de pronto, en lugar de un futbolista se hubiese plantado un hombre sándwich que bien podría haber sido el niño Odegor, del que uno constantemente se preguntaba si le habían llevado al oculista del mismo modo que se preguntaba si Marcelo había vuelto gordo o no.

Tras esas dudas existenciales comenzaba una segunda parte con la casa ventilada y hasta las alfombras sacudidas. Benítez tarareaba La Zarzamora con un mandil de flores en el pecho e Isco ("Franchisco Isco" decía el locutor árabe) conectaba con un Gareth también contento como un joven potro poniéndose a dos patas y moviendo las crines al viento. Uno teme que de tanta alegría y adorno haya iniciado la transición de pura sangre a caballo de rejoneo.

Estaba Cheryshev, que es casi un niño pero parece el viejo pescador de Hemingway luchando con su pez cada pretemporada. Y Kroos, Benzema, Pepe y Arbeloa. Debutaba Lucas Vázquez junto al otro Lucas al que muchos están como locos por decirle hasta luego. Pero es que no todos pueden ser poetas como Karim, hombre. Silva es un marine fuerte y entrenado con algunas virtudes que alguien debería sacar más allá de las urgencias en la batalla, aunque para eso, a lo mejor, se ha rescatado a Casemiro.

No salían las combinaciones entre el artista y el soldado, entre la belleza y la marcialidad, y menos con el duende Puck que todo lo arregla fuera del campo, el campo de tiro de Bob, "el Inglés", quien antes de llegar a Big Whiskey apostaba a disparar desde el tren a los faisanes. Había mantas en los banquillos como en los cines de verano y la yerba parecía un albero de oportunidades con todos esos no habituales jugándosela a porta gayola. No así Danilo, que parece largo y templado, del estilo de Vieira. Habrá que verlo.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

2 comentarios en: Disparemos a los faisanes

  1. Piso disculpas, pido perdon, como explicar que este articulo tan sobresaliente se me escapara, que no lo haya visto hasta ahora. Soy el peor seguidor de la Galerna DE LAAAARGO.
    Mis felicitaciones al sr. De Las Heras, muchas.

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