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Cuestión de fe

Cuestión de fe

Escrito por: John Falstaff2 mayo, 2018
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Os he visto temblar como cervatillos asustados, la mirada trémula y la mandíbula desencajada. Os he visto cloquear como gallinas mientras dabais saltitos en todas direcciones y agitabais torpemente las alas, incapaces de despegar del suelo. Os he visto y os he oído gimotear y renegar y maldecir y acusar. Os he visto -¡a vosotros!- contaminados del pesimismo más atroz, con el virus de la duda inoculado en vuestras venas, abandonados a la crítica más negra, alimentando en vuestro vientre la hidra del derrotismo. ¡Vosotros, hermanos madridistas, unos derrotistas! Teníais frente a vosotros al Real Madrid en toda su grandeza y os parecía pequeño, insignificante, débil, quebradizo. Os asomabais a las páginas de la Historia y os parecía estar contemplando el fin de los tiempos. Habéis olvidado -¡vosotros, precisamente vosotros!- que no hay grandeza sin adversidad, que la gloria no espera al fanfarrón que se cree invencible sino a los hombres que, sabiéndose vulnerables, se niegan a caer. Habéis ignorado los innumerables ejemplos que trufan nuestra sagrada historia, incluso los más recientes, esos que muestran una vez y otra que el sufrimiento es la antesala del triunfo.

¿Qué temíais? ¿Qué turbaba vuestro vacilante corazón? ¿Acaso vuestra tribulación os impedía ver la figura enhiesta de Zidane en la banda, imperturbable, sereno como una noche de verano, dando instrucciones sin levantar la voz? ¿No advertíais en sus ojos el brillo inconfundible de la inteligencia, en su erguida postura la firmeza indestructible de la convicción, en su elegancia la estela que dejan la nobleza y el valor? ¿Os pareció por ventura que sus piernas temblaban, que sus dientes rechinaban, que su fe se tambaleaba? ¿Es que habéis visto alguna vez un madridismo más emocionante que la serenidad de Zidane sujetando firme el timón en mitad de la tempestad, sin alterar el gesto, sin atender a otra cosa que a la certeza del triunfo? ¿No era la contemplación de esa imagen alivio suficiente de vuestros males, no alejaba vuestros temores, no confortaba vuestra naturaleza pusilánime, no bastaba para apagar la quemazón mortificante de la duda en vuestros espíritus?

¿Habéis olvidado, hermanos madridistas, que el madridismo está hecho ante todo de una fe inquebrantable en la victoria frente a toda razón y frente a toda lógica? Pues si lo habéis olvidado, queridos hermanos madridistas, volved los ojos a Zidane y seguid su ejemplo. Fijad en él vuestra mirada y observad que es su fe, su fe inamovible en la victoria, lo que le convierte en la expresión más acabada del madridismo. Es esa fe la que enciende a sus hombres, nuestros hombres, y les hace aferrarse a la tierra cuando más fuerte sopla el viento. Es esa fe la que ordena a las montañas, llámense PSG, Juventus o Bayern, que se retiren y se arrojen al mar. Es esa fe, esa fe sencilla pero irreductible, la que nos hace invencibles. Nuestros enemigos ya lo saben. Sabedlo también vosotros.

En el prosaico mundo real me llaman Eduardo Ruiz, pero comprenderán ustedes que con ese nombre no se va a ninguna parte, así que sigan llamándome Falstaff si tienen a bien. Por lo demás, soy un hombre recto, cabal y circunspecto. O sea, un coñazo. Y ahora, si me disculpan, tengo otras cosas que hacer.

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