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El Madrid y los siete pecados capitales

El Madrid y los siete pecados capitales

Escrito por: Federico Garcia "Lurker"18 noviembre, 2019
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Algo estaremos haciendo mal cuando no hay club más injustamente atacado, peor tratado y más calumniado que el Real Madrid. Debemos haber cometido algún pecado que purgamos dura y amargamente. Para tratar de comprender las razones de ese desafuero y hallar la raíz de nuestro infortunio, conviene acudir a las fuentes del mal y analizar detenidamente dónde hemos podido fallar, a ver si así se encuentra el remedio.

Siete son, según la santa madre Iglesia y salvo mejor opinión del padre Suances, los pecados fundamentales o capitales que llevan al hombre a su perdición, de modo que los repasaremos uno por uno (como hiciera hace años don Fernando Díaz-Plaja, aplicándolos a otro club de fútbol).

 

El primero, soberbia. Seguramente, la acusación más formulada contra el Real Madrid sea ésta, la de pecar de soberbia. Y no cabe duda de que el Madrid es un club soberbio, pero sólo si lo entendemos en el sentido que recoge la RAE en su tercera acepción: “grandioso, magnífico”. En cambio, entendida como “amor excesivo de la propia excelencia”, que es el sentido que le da el catecismo (y el que se emplea para atacar al Real Madrid), o como dice san Isidoro “querer aparentar más de lo que se es”, nuestro club está libre de este pecado, pues ¿cómo podría aparentar más de lo que es siendo lo más grande que hay? ¿qué exceso podría cometer el club más importante del siglo XX (no según propia declaración, sino en autorizada opinión ajena)? El Madrid no tiene complejo de superioridad, sino consciencia de superioridad: cuando decimos que somos el número uno no hacemos más que formular una evidencia, sin pecar de soberbia en modo alguno. ¿O acaso pecarían de soberbia Cary Grant o Frank Sinatra si alardearan de estilo, Charlize Teron o Sofía Loren si presumieran de belleza, o Federer o Nadal si sostuviesen que son magníficos deportistas? Pues eso.

El Madrid no tiene complejo de superioridad, sino consciencia de superioridad: cuando decimos que somos el número uno no hacemos más que formular una evidencia

El segundo, avaricia. Una ojeada a la sala de trofeos puede dar la impresión de que el club acapara tesoros y los almacena como el avaro acumula riqueza por el afán de poseerla. Y sin embargo, ¡qué lejos del madridismo esa avidez! Para nosotros, los trofeos ganados son a la vez la satisfacción por los éxitos alcanzados, el estímulo para conseguir otros y la confianza de que en su momento llegarán si hacemos bien las cosas. Sí se apunta un atisbo de avaricia en la actitud acaparadora de algunos aficionados que sostienen que el Real Madrid tiene la obligación de ganarlo todo siempre, y que esa exigencia está en la entraña misma del club; en esos aficionados incapaces de disfrutar de lo logrado por la angustia de lo que hay que conseguir de inmediato sí que se descubre al avaro que no goza de su riqueza por el ansia febril de aumentarla constantemente y el agobio de no ser capaz de hacerlo, pero sería excesivo achacar al Real Madrid un pecado del que sólo es culpable una parte de sus seguidores.

El tercero, lujuria. No hay caso. No se me ocurre ninguna circunstancia que diera pie a una acusación de lujuria contra el Madrid, club casto donde los haya. ¡Si hasta el blanco del uniforme pregona nuestra pureza! Nada, nada, de este pecado estamos limpios.

El cuarto, ira. No se consigue la excelencia en el deporte sin una buena dosis de agresividad, de exigencia, de pundonor y de esfuerzo. Y no es extraño que esas cualidades puedan dar lugar a estallidos de ira. Vale, ¿quién no se ha pasado de frenada alguna vez? El que esté libre de pecado, ya sabe, a tirar piedras. Acuden a la memoria varias imágenes, entre otras la de Juanito pisando a Matthäus. Que sí, que es imperdonable, de acuerdo. Pero como dijo Horacio “Ira furor brevis est” (confieso que yo no he leído a Horacio, si conozco la cita es gracias a Astérix), y Juanito lamentó su acción, por la que fue duramente sancionado (con razón). Esa ira, esos prontos más bien, no están reñidos con la nobleza, como muestra el caso del propio Juan Gómez, uno de los jugadores que mejor ha conectado con la afición madridista, que lo recuerda con cariño y admiración en el minuto siete de cada partido, pese a que ese mismo número lo hayan llevado también otros jugadores más destacados (sin remontar muchos años, Cristiano y Raúl) pero no más añorados. En suma, no parece que se pueda condenar por ira al Real Madrid, más allá de algunos estallidos coléricos.

El quinto, gula. O sea, apetito desordenado de comer y beber. Hombre, es cierto que el Madrid se ha merendado a muchos rivales, grandes y chicos, pero no lo es que se trate de un apetito desordenado, sino de una elemental necesidad fisiológica. A menudo se trata de comer o ser comido, y nosotros no hemos hecho más que lo natural: engullir a quien hubiera hecho otro tanto con nosotros si hubiera podido. Que otros pasen hambre y no consigan llevarse a la boca un buen menú europeo en básquet ni en balompié no quiere decir que el Real Madrid peque de gula, sino que ellos adolecen de incapacidad para hacerse con la presa.

El sexto, envidia. Éste sí, de este pecado nos confesamos culpables. Pero no de cometerlo, sino de provocarlo. Una envidia verde, biliosa, espesa envenena los días y las noches de millones de antimadridistas. La envidia quita el sabor dulce a una liga azulgrana, amarga tras una victoria nuestra (otra más) en la copa de Europa. La envidia hace que el objetivo de muchos colchoneros no sea tanto ganar como evitar que lo haga el Real Madrid. Nos confesamos culpables de haber ganado más que nadie en España y en Europa, en fútbol y en baloncesto, y añadimos a la confesión la intención decidida de seguir en ello mientras podamos. Sí, somos reos del pecado de envidia: de causarla; que rabien.

Y el séptimo, pereza. No podemos negarlo, nos puede. En el césped y en la moqueta (no tanto en el parquet). No es raro que salten los nuestros al campo de fútbol sin haberse quitado las legañas, y en el duermevela un equipo menor nos clave un par de goles (la justificación ya está estandarizada: “hemos salío relajaos”), como si pensasen nuestros futbolistas que aquila non capit muscas, y que han de reservar el esfuerzo para rivales de más enjundia. Huelga decir que esta dejadez nos cuesta múltiples disgustos, de suerte que este pecado sí lo estamos purgando severamente. Y en el terreno de los despachos, es proverbial la flojedad con que se denuncian las mil injusticias que padecemos, reflejo acaso de un señorío decimonónico que considera que no debemos quejarnos ni mancharnos las manos de barro, lo que también nos ha costado numerosos atropellos con pérdida de campeonatos; de nuevo, pagamos caro nuestro pecado capital, como manda la ley divina. El catecismo prescribe el remedio (o lo prescribía, que ya no sé si el catecismo sigue vigente o ha prescrito, a su vez): “contra pereza, diligencia”, lo que traducido a esas dos situaciones consiste en no descuidarse en el campo y actuar con discreción en los despachos (no hay por qué ensuciarse las manos, pero alguien podría encontrar una cabeza de caballo entre las sábanas y que “pareciera un accidente”); si así lo hacemos, dejaremos de ser castigados, que donde no hay falta no hay pena.

Huelga decir que esta dejadez nos cuesta múltiples disgustos, de suerte que este pecado sí lo estamos purgando severamente

En resumen, cierta culpa tenemos por caer en alguno de los pecados capitales, en particular en el séptimo, pero somos inocentes de la mayoría. Con tal diagnóstico, conviene corregir los fallos y trabajar con diligencia, que suena a John Ford y por ende a madridismo.

 

Federico Garcia "Lurker"
Yo en el siglo me llamaba Dionisio, como todo el mundo. Fue al abrazar la fe madridista y profesar en la orden de los hermanos galernautas, cuando adopté el nombre de Federico García Lurker. Me gusta ver el fútbol en el bar. Sobre todo, los días de partido.

4 comentarios en: El Madrid y los siete pecados capitales

  1. Yo quitaria 5 pecados y me quedaria con dos en algun caso pereza en algunos momentos. pero lo que nos tienen es envidia con mayusculas.por que somos el madrid. y todos quieren destruirnos pero no lo conseguiran por que somos mas fuertes que ellos. prensa, federaciones arbitros comites y aficiones .y seguiremos asi

  2. Envidia, envidia y envidia, así hasta 70 veces 7. La envidia de los antis perfectamente definida en ese párrafo. Siento lástima por esos tipos incapaces de disfrutar un título si el Madrid gana otro aún mayor, o no digamos ya por esos capaces de dejarse derrotar 0-6 ante los suyos, aunque eso les suponga quedarse fuera de la UEFA si con eso perjudican al Madrid. No pido que acaben como el "envidioso" John Doe de "Seven", pero a veces...

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