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Certezas e indicios en Da Luz

Certezas e indicios en Da Luz

Escrito por: Miguel Ángel Uriondo21 febrero, 2026
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No necesito más pruebas para tener una opinión sobre lo sucedido el otro día en el Estádio da Luz.

Mi convicción es absoluta: creo que Vinícius Jr. dice la verdad y que el jugador del Benfica le insultó con epítetos racistas, tal y como denunció el futbolista madridista.

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Es una certeza que parte de algo bastante natural en mí: la tendencia a creer a la víctima en este tipo de situaciones. Aunque no existan pruebas absolutas, más allá de las testificales que puedan surgir de la investigación, sí hay indicios que apuntan a que Vinícius ni se confunde ni miente cuando realiza sus declaraciones.

El primer indicio es difícilmente discutible: el gesto de taparse la boca con la camiseta en el momento del insulto. Digan lo que digan quienes intentan minimizar lo sucedido o restarle importancia, taparse la boca para llamar “hermano” a otro jugador mientras te abalanzas sobre él y el resto del público hace sonidos y gestos indignantes resulta, sencillamente, absurdo. Es un gesto que no tiene sentido en un contexto humano normal y, precisamente por eso, forma parte de la acusación.

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En segundo lugar, la denuncia se produce en un momento en el que Vinícius no tiene nada que ganar. Acababa de marcar un gol y lo estaba celebrando con alegría. No parece el instante lógico para realizar una acusación falsa contra un rival. No hay un beneficio evidente para el Real Madrid; de hecho, durante varios minutos el equipo pareció incluso dispuesto a abandonar el terreno de juego. Esta ausencia de motivación estratégica refuerza la sensación de autenticidad de la denuncia.

El tercer indicio tiene que ver con algo más complejo y delicado: la rapidez con la que tanto el Benfica como su entrenador salieron a negar lo ocurrido y a situar el foco sobre el propio Vinicius, respectivamente. Entramos aquí en un terreno delicado.

José Mourinho —un técnico que ha demostrado sobradamente tanto su competitividad como su capacidad para llevar a sus equipos al límite— también ha sido, a lo largo de los años, una figura controvertida. Muchos madridistas recuerdan esa mezcla de recuperación del gen competitivo y, al mismo tiempo, la sensación incómoda de que la línea entre la competitividad y la polémica se difuminaba con frecuencia. Ser caballero del honor no significaba gran cosa en comparación con la victoria a cualquier precio. A cualquiera.

En los últimos tiempos, se venía ganando algo más de cuartelillo cuando se probó que había un porqué para su "¿Por qué?". "Uno de noi", llegó a decir Arbeloa. Cuando Mou sólo ha demostrado, con los años, ser "uno de Mou". En el partido anterior contra el Benfica, Mou convirtió esa simpatía en relajación. Fue una victoria muy bien pensada.

la denuncia se produce en un momento en el que Vinícius no tiene nada que ganar. Acababa de marcar un gol y lo estaba celebrando con alegría. No parece el instante lógico para realizar una acusación falsa contra un rival

Insisto: resulta llamativo que un club como el Benfica y un entrenador con la experiencia de Mourinho reaccionen con tanta contundencia y rapidez en un tema tan polémico. Podría incluso dar la sensación de que el jugador implicado se sentia respaldado de antemano. ¿Por qué alguien se sentiría lo suficientemente cómodo como para proferir un insulto de ese calibre a un colega? ¿No es tan madridista su entrenador? Ésa es, para mí, la cuestión central.

Tengo la impresión de que el futbolista actúa convencido de que no habrá consecuencias o de que podrá salir indemne. Y eso inevitablemente conduce a una pregunta incómoda: ¿qué clima, qué mensajes o qué contexto previo pueden llevar a un jugador a sentirse así antes de saltar al campo?

Todo el mundo sabe que Vinícius es un jugador emocional, intenso, que se ve afectado cuando se siente agredido. Normal. Así, no me resulta imposible imaginar que alguien, consciente de esa sensibilidad, considerase útil tensar dicha cuerda. No afirmo que haya sucedido ni señalo a nadie en concreto; simplemente digo que no sería una hipótesis tan sorprendente u original. En cierto modo, ayudaría a explicar la impunidad radical con la que se produjeron los hechos.

También es relevante observar las reacciones posteriores. El apoyo global recibido por Vinícius —tanto explícito como implícito— ha sido significativo. En este caso, los silencios han pesado tanto como las palabras. Ambos han resultado elocuentes.

La experiencia nos demuestra que quienes protagonizan episodios de este tipo rara vez anticipan el impacto social que pueden llegar a tener. El caso de Jenni Hermoso y Luis Rubiales es un recordatorio de cómo una acción que en otras circunstancias pudo saldarse sin consecuencias puede llegar a desencadenar consecuencias profundas y alterar vidas y narrativas. Una maldad puntual y estratégica puede ser denunciada y percibida como una maldad estructural. Porque puede ser, al mismo tiempo, todas esas cosas. Pero maldad, en suma.

Como ya he dicho, no puedo acusar a nadie de nada. No tengo evidencias. Pero tengo convicciones y tengo indicios.

Y, en ese terreno incómodo entre lo demostrable y lo evidente, me quedo con una tesis que no me atrevería a decir en voz alta. Porque no tengo pruebas, pero tampoco dudas.

 

Getty Images

Miguel Ángel Uriondo es un experiodista y comunicador que vive en Madrid, se crio en Móstoles y sueña con jubilarse en Avilés. Se gana las lentejas como director de Comunicación y Asuntos Públicos. Es friki, madridista, padre de familia, y ha escrito 'Cómo evitar que tus hijos estudien periodismo' y 'La Píldora Serrahima'.

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2 comentarios en: Certezas e indicios en Da Luz

  1. Está claro, lo hizo para picarle y que reaccionase mal y ser expulsado, del resto no comparemos con el caso Jenni y Rubi, Rubi le preguntó "un piquito?" y Jenni dijo "pues vale", la narrativa woke y las bochornosas manifestaciones por eso ya hicieron el resto.

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