Las mejores firmas madridistas del planeta

Arbitró Víctor García Verdura, del colegio catalán. En el VAR estuvo Caparrós Hernández.

Partido sin demasiados problemas ni jugadas polémicas.

En la primera mitad puso alto el listón de las faltas y las tarjetas porque dejó sin señalar una obstrucción sobre Arda y Cestero se libró de una amarilla. Eso, durante el periodo de la niebla que dejó ver poco el desarrollo del juego.

El empate a uno del Real Madrid llegó en un córner al filo del descanso, pero por escaso margen de un par de segundos estaba dentro de tiempo.

Las dos amarillas del choque llegaron en la segunda parte. Ambas para los centrales merengues. Primero para Huijsen por agarrar a Riki en el 64' y la segunda para Asencio por derribar a Jefté.

García Verdura, CORRECTO.

Debutaba Arbeloa por enésima vez con el Real Madrid, esta vez como técnico del primer equipo. Los blancos, hoy azules, visitaban a otros blancos, los de Albacete, lugar que no visitaban desde tiempo ha. Había ilusión y expectativas por ver cómo manejaba este primer partido Álvaro, pero la cosa acabó en descalabro de consideración.

Una de las demandas de la afición es que Arbeloa recurra más a la cantera, porque además la conoce al dedillo. Incluyó a Cestero en el medio del campo y a Jiménez en el lateral diestro, hecho que probablemente solazara a Valverde, autor del primer disparo —muy desviado— a puerta del partido. Antes había botado Güler un córner muy cerrado que obligó a intervenir a Lizoain.

Al menos eso nos pareció, pues una humareda densa se había posado sobre el césped del Carlos Belmonte —un campo situado en una hondonada, la grada superior está a ras de calle— y no se veía prácticamente nada. La humareda resultó ser lo más probable: niebla. Aunque posteriormente se confirmó que Unamuno no había tenido nada que ver. Con la niebla «londicetense», ver el partido era similar a bucear en una piscina de leche con los ojos abiertos.

En el chat de La Galerna, Manuel Matamoros comentaba con acierto que los balones naranjas los tenían reservados para cuando se esfumase la niebla.

Se alcanzaba el primer tercio de la primera mitad y el partido estaba reñido. Pacheco y Asencio se dieron un buen coscorrón en una pugna aérea. Ambos necesitaron ser atendidos, los golpes en la cabeza son cosa seria. Afortunadamente, continuaron sin problemas aparentes más allá del dolor.

La niebla empezó a levantarse pero lentamente, como una erección de Matusalén, y se apreció cómo 22 jóvenes pugnaban por introducir una pelota en la portería rival. De momento, sin éxito.

Fede volvió a probar desde lejos, ahora con la derecha y entre los tres palos. El meta rival acunó el balón sin dificultad. El Alba también probó, pero dispararon a la estratosfera. Poco después, Bernabéu chutó raso y menos desviado.

La primera media hora no había sido fluida y las ocasiones, poco claras.

Ya con visibilidad total, el Madrid comenzó a asediar, principalmente con centros al área, al Alba. Una incursión de Vini por la izquierda concluyó con un centro bajo y peligroso que interceptó Lizoain.

Rozando el 40', Lazo botó una falta lateral muy cerrada que obligó a Lunin a despejar de puños. El conato de asedio madridista se había transformado en una mejoría del Alba y un golazo de Javier Villar —la ley del ex— de cabeza ante un Mastantuono que se había mostrado igual de efectivo defendiendo que atacando.

Pero como el futuro es imprevisible, precisamente Mastantuono remachó a gol un despeje espectacular del meta rival a un remate no menos fabuloso de Huijsen, otro de los menos destacados del encuentro.

1-1 y descanso. Primera mitad densa y espesa. Pero la pesadilla no había hecho sino comenzar.

A los cinco minutos de la reanudación, el Madrid pensó que debía mostrar más actitud y puso en dificultades al Albacete, pero por medio de ataques que eran más melés de rugby con multitud de rechaces que ocasiones limpias. También se produjo un penalti nada nebuloso sobre Huijsen, pero a Verdura le importó un pimiento y no pitó nada.

Calentaban Alaba y Carvajal. Qué ilusionante. Después se sumó Camavinga.

En esas andábamos cuando Fran García interceptó un pase muy peligroso de los manchegos; Lorenzo se quedaba solo ante Lunin.

La siguiente ocasión, o eso parecía, fue para el Madrid. Falta peligrosa al borde del área. Lanzó Franco a media altura contra la barrera.

Huijsen, que acaba de ganarse una amarilla, dejó su lugar a Alaba. Fran García hizo lo propio con Camavinga, que retornó al lateral.

Gonzalo lo intentó de cabeza rematando el enésimo centro delicioso de Arda. El testarazo se fue alto.

Había ilusión y expectativas por ver cómo manejaba este primer partido Arbeloa, pero la cosa acabó en descalabro de consideración

A todo esto, minuto 75 y la casa sin barrer. El Madrid no era capaz de imponerse frente al Alba. Arbeloa puso en liza a Palacios y Carvajal por Mastantuono y Jiménez.

El encuentro era divertido como acudir a la boda de tu ex. Y la prórroga se antojaba como un castigo innecesario para los telespectadores. El Alba pensaba lo mismo y aprovechó un error de Cestero para fabricar una doble ocasión clarísima desbaratada por Lunin y Alaba.

A la siguiente no hubo tanta suerte. Un despeje tenebroso de Asencio se la puso botando a Jefté para que encañonara a Lunin. El ucraniano la rozó pero no evitó el 2-1.

El Madrid lo intentaba con mucho desacierto, como es habitual últimamente, pero cada vez quedaba menos tiempo (también es habitual).

El nuevo técnico blanco retiró a Cestero e introdujo a Manuel Ángel. Los hoy azules seguían tratando de anotar con la precisión y el peligro de un bisturí de mantequilla.

Un trallazo lejano de Fede que acabó en córner terminó en golazo de Gonzalo de cabeza cuando ya se había rebasado el 91.

Poco después, nueva acción absurda de Asencio: falta fuerte e innecesaria que brindaba al Alba la oportunidad de ponerse de nuevo por delante.

Y cuando parecía que la prórroga era inevitable, una jugada en la que Lunin decidió no salir, acabó con golazo de Jefté. El Alba anocheció al Madrid. Encuentro nefasto en todos los aspectos del equipo.

Se consumó el Albacetazo en el debut de Arbeloa. Hay mucho trabajo por hacer en todos los ámbitos. Que esta derrota sirva, al menos, para realizarlo sin remilgos.

 

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Xabi Alonso ha dejado de ser entrenador del Real Madrid y nos despedimos de él con este cuestionario realizado por los amigos de fcQuiz.

¿Puedes acertar las ocho preguntas?

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Perder una final contra ese equipo del que usted me habla no es agradable, pero tampoco es traumático. El madridista adulto lo sabe. Se cabrea lo justo, masculla dos o tres improperios de confianza, detecta dónde estuvo el fallo —que casi nunca coincide con el relato oficial del día siguiente— y sigue con su vida. No porque le dé igual perder, sino porque sabe algo esencial: las derrotas existen y fingir que no existen suele empeorarlo todo.

El domingo, en la final de la Supercopa, el Real Madrid perdió 2-3 contra el club cliente de Negreira. Punto. No pasó nada extraordinario. No hubo apocalipsis, ni revelaciones místicas, ni necesidad de inventar un universo alternativo donde “en realidad” ganamos. El marcador fue el que fue. Y esa aceptación, tan sencilla en el fútbol, es curiosamente una habilidad rarísima en casi todo lo demás.

Porque el madridismo —cuando no se confunde con la autoayuda de grada— es una escuela muy seria de desengaño. Te enseña que creer no basta, que insistir no garantiza nada y que hay noches en las que, por mucho que hagas las cosas medianamente bien, pierdes. Y no pasa nada. Se asume, se analiza, se continúa.

Lo interesante es que esa lucidez quirúrgica que el madridista aplica al fútbol suele evaporarse en cuanto entra en el terreno sentimental. Ahí, donde no hay árbitro ni VAR que sirva de coartada, nos volvemos peligrosamente creativos. Justificamos lo injustificable, confundimos aguantar con ser leales y llamamos “lucha” a lo que es, en realidad, incapacidad para aceptar el resultado.

El madridista sabe perfectamente cuándo un partido está torcido. Sabe identificar el minuto exacto en el que la cosa empezó a oler mal. Sabe distinguir entre una remontada posible y una fe suicida. Pero luego llega a casa, se enamora, y pierde todas esas competencias cognitivas adquiridas durante décadas de sufrimiento bien administrado.

El Madridista sabe distinguir entre una remontada posible y una fe suicida. Pero luego llega a casa, se enamora, y pierde todas esas competencias cognitivas adquiridas durante décadas de sufrimiento bien administrado

Ahí aparece Jacinto.

Jacinto, el que bien conocen ustedes porque me suplió una temporada aquí, es ese tipo que jamás justificaría una mala alineación… pero justificaría durante años una mala relación. El que no toleraría que un entrenador insistiera una y otra vez en un sistema fallido, pero aceptaría encantado vivir en un bucle sentimental donde siempre hay una explicación nueva para el mismo desastre antiguo. Jacinto no es ingenuo: es optimista mal educado.

El madridismo, bien entendido, no es épica: es disciplina emocional. Te enseña que no todo depende de ti, que el mundo no te debe finales felices y que seguir insistiendo cuando ya no hay partido no es valentía, sino ceguera. Por eso el madridista pierde mejor que casi nadie. Porque no necesita mentirse para seguir adelante.

En cambio, en el amor nos han vendido justo lo contrario: que rendirse es de cobardes, que insistir siempre tiene premio y que aceptar la derrota equivale a fracasar como persona. Resultado: generaciones enteras jugando prórrogas sentimentales absurdas en campos donde ya no queda ni el utillero.

La derrota del domingo no enseñó nada nuevo en lo futbolístico. Pero volvió a recordarnos algo útil: perder también forma parte del camino, y aprender a hacerlo a tiempo ahorra mucho sufrimiento innecesario. El madridismo lo sabe. Jacinto no. Todavía.

Y por eso alguien tuvo que escribir su historia por él.

Me despido como siempre: Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida… ¡Hala Madrid!

 

Nota: Esta columna dialoga sobre una novela de ficción titulada Jacinto el gilipollas, donde, narrando la vida y milagros de mi amigo, llevo estas ideas al terreno sentimental con menos piedad y más ironía.

El libro está actualmente en campaña de crowdfunding aquí:  https://vkm.is/jacintoelgilipollas

Jacinto el gilipollas

 

Imágenes: Getty y Gemini

En la mañana de ayer Arbeloa fue presentado como nuevo técnico a la plantilla del primer equipo del Real Madrid. Alonso (¡maldita sea!) ya es historia.

La bestia necesita un jinete que domine la sonrisa más sincera, que te convenza de lo que te conviene aunque tú, tu agente, tus amigos, tus padres y tu novia penséis lo contrario; el jinete tiene que ser capaz de abrazarte con el amor de una abuela y adivinar cuándo te hace falta. Además tiene que conseguir que le entregues tu alma al escudo dorado incondicionalmente, sobre todo cuando no te apetezca correr. La bestia es la bestia y consume carne humana a cambio de traernos polvo de estrellas en forma de plateadas ánforas romanas cuando se alinean los astros. Así es la vida, y el que aspira a cabalgar la bestia, lo sabe.

La inteligencia y los modales no fueron blindaje suficiente para Alonso. La sonrisa, el talante y el abrazo no le bastaron a Ancelotti. El equipo se dejó llevar hasta conseguir la gloria con el italiano. Después, sólo ofreció entrega y furia por goteo. Una plantilla profesional de futbolistas de élite no es necesariamente un equipo capacitado para jugar bien al fútbol. La química sucede cuando no falta nada importante. No tiene que ser una máquina perfecta, pero sí funcional. Por eso hay equipos de todos los niveles que lo consiguen. Y por eso hay constelaciones de estrellas que no.

En el día a día el trabajo suele ser monótono. Son jóvenes, nacieron para esto y les divierte jugar, se gustan en los entrenamientos y disfrutan de los cuidados premium, sin prestar mucha atención a lo cotidiano. Por un lado, conocen la guerra abierta del club contra las instituciones corruptas del fútbol español; poco se puede hacer. Por otro, la mayoría ya levantó títulos y sabe que lo bueno de verdad llega en primavera. La rutina de lo doméstico les aburre.

En el Real Madrid nunca funcionó la pizarra. El triunfo siempre llegó por imperativo del destino, por insistencia, por tenacidad, por la urgencia de la victoria

Alonso se va con alivio. Cabreado, pero con la conciencia tranquila. Ha hecho lo que ha podido y ha aguantado más de lo exigible. ¿Se acuerdan de Camacho? ¿De la carta de despedida de Zidane? ¡Zidane! Esta película ya la hemos visto. Al presidente no le gustan los entrenadores y adora a los chicos. Sólo fue feliz con personajes literarios en el banquillo: un general que solo tenía que mirarte a los ojos para que matases por él, un viejo sabio que quería a los jugadores como a sus hijos y un mago que arropó al equipo con su capa de invencibilidad.

En el Real Madrid nunca funcionó la pizarra. El triunfo siempre llegó por imperativo del destino, por insistencia, por tenacidad, por la urgencia de la victoria. Hemos visto anomalías sobre el césped, jugadores dispuestos casi por azar en situaciones extremas: un central abriendo el balón a la banda desde la frontal para que el otro, que no tenía que estar allí, le pusiera un pelotazo heterodoxo a un delantero centro suplente para hacer un gol definitivo. Burlarse del destino a base de fe no se entrena ni tampoco se enseña en vídeo.

El partido de Copa de esta noche llega con toda la casa revuelta y la familia discutiendo. El Albacete nos espera con la ilusión de encontrar un equipo melancólico tras perder el primer título de la temporada, en otra derrota insufrible contra los corruptos y (quiero pensar) afectado por la injusticia del cese de un buen entrenador. Se cumple más de un año y medio de mal juego, de apatía, de desconexión. Como en las misiones de la Delta Force, Arbeloa tiene que elegir un once en 24 horas que sea capaz de cambiarlo todo: ilusionar a la afición, agitar el amor propio de los futbolistas, recuperar el colectivo, neutralizar el gafe que nos persigue desde la despedida de Toni Kroos y encontrar la fórmula para jugar un fútbol decente.

Tengo la intuición de que el bueno de Álvaro dispondrá un equipo de inicio más para medir la temperatura del enfermo que para amarrar una victoria funcionarial e insatisfactoria. Un examen final. Jugarán todos los titulares sanos, cada uno en su sitio, para que no haya excusas. Querrá ver con sus propios ojos y a ras de césped de qué estamos hablando. Sacaremos conclusiones. Pongamos que se juega con solvencia, motivación y se gana con autoridad. No nos quedará duda de por qué salió Alonso. Si el partido se tuerce y seguimos sin pulso, la cosa se pondrá fea, pero esta vez el entrenador viene muy avisado. Tiene la confianza y el respaldo para pisar fuerte. Ante amenaza de derrumbe, los cambios dirán más que las palabras. La convocatoria para el Bernabéu del próximo sábado, también.

 

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“Demasiado bonito para ser verdad”. Esa es la sensación que abunda entre el madridismo, donde llegaba en verano un entrenador que parecía ser la fórmula perfecta para los problemas que arrastraba el equipo desde la temporada pasada en cuanto a nivel de juego y, aparentemente, entrega por parte de los jugadores. Aparecía un sargento táctico que, ya en su etapa de jugador, fue amado por la afición por su compromiso dentro y fuera del campo y se vislumbraba que podía contagiar esa virtud a la plantilla.

Nada más lejos de la realidad. Para los que buscaban un cambio en el desempeño futbolístico, fue un espejismo en el calor desértico del Mundial de Clubes estival: tras el torneo, el equipo mostró las mismas luces y sombras de la temporada anterior, sin ser visible apenas rastro de las ideas del entrenador. Por otro lado, los que ansiaban que Xabi fuese un agitador del vestuario y afición, se quedaron con las ganas, y con bastante sueño, ya que sus ruedas de prensa fueron más homilía que repartición de hostias.

Muchos madridistas veían en Xabi una reencarnación de Mourinho, pero no va a venir otro Mourinho, porque ya ni Mourinho es Mourinho. El fenómeno que se vivió a principio de la pasada década con el portugués fue un conjunto de variables que ahora no se repiten: auge de un Barcelona que parecía invencible, un entrenador que consiguió hacerles sangrar y salir campeón de Europa llega al club, Florentino acababa de conseguir la presidencia por segunda vez… Era todo un nuevo proyecto donde se dieron muchas circunstancias que propiciaron el mourinhismo. Ahora, con un club que ya ha establecido sus modos de operar y solo tiene que reforzarlos, ¿es imaginable pensar en que llegue José, Xabi o Álvaro y diga que el director deportivo no, que ya lo hacen ellos? O, por ejemplo, ¿es creíble que comuniquen que el preparador físico no hace las cosas como ellos gustan, y demanden que lo cambien? Mourinho ya no es Mourinho, pero es que el Madrid tampoco es ya ese Madrid.

Muchos madridistas veían en Xabi una reencarnación de Mourinho, pero no va a venir otro Mourinho, porque ya ni Mourinho es Mourinho

Este Madrid ha dado en el segundo mandato de Florentino con una serie de claves con las que ha alcanzado el éxito y no quiere salirse del camino: inversión en jóvenes, preparador físico del club independiente al cuerpo técnico, entrenadores que conozcan la casa, fichajes de jugadores en último año o sin contrato... Y el que viene como director de la plantilla tiene ya poco que decir. Por eso no puede venir ni otro Mourinho, ni el original, porque no existe ya el contexto para que eso ocurra. Pero sí se le puede dar herramientas para explotar todo en lo que el club acierta, y para arreglar en lo que la entidad falla.

Y, quizás, eso es en lo que ha errado el club: si Xabi tiene los mismos problemas que tenía el anterior, el problema no es del entrenador, y ahí el club tiene que ser consciente de que hay que reforzar al técnico, no hacerle sentir que peligra su puesto con cualquier empate de una mugrienta Liga Negreira que carece de algún tipo de valor. Así es como se pasa de tener al míster que más promete de Europa a, potencialmente, quemar dos personas amadas por el madridismo en un solo año, ya que Xabi está fuera y Álvaro lleva solamente 7 meses en el fútbol profesional.

En el debe del vasco queda el parecer haber sido demasiado tibio en todo: blando con los árbitros, permisivo con los jugadores, suave con la prensa. Como si quisiese que todo a su alrededor estuviese en calma para que su idea de fútbol se impregnase bien en la plantilla, que fue su discurso de apertura en la presentación, y concediendo con todo porque había llegado al puesto de sus sueños y no quería quemar ningún puente. Quizás le ha faltado esa ‘xabiduría’ que otorga la experiencia para buscar un enemigo común con la plantilla o la afición para afianzar su lugar. Para los más negativos ha sido otro Benítez o Lopetegui. Para los más optimistas, el entrenador adecuado en el momento equivocado. Humilde servidor opina que sus días de gloria blanca llegarán, eso sí, esperemos que dentro de mucho tiempo, porque eso significará que el Madrid de Arbeloa está en el buen camino.

 

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A lo largo de la historia varios jugadores llegaron al Real Madrid procedentes del Albacete. El caso más conocido y célebre es el de Juan Antonio Camacho. También hicieron el mismo trayecto Roberto García Ochoa y Juan Ignacio Rodríguez ‘Juanito’. Pero el primero de ellos fue José Mercader, apodado Porro (porque de chiquillo era gordo y bajo), que en el año 1944 firmó por los merengues cuando el club albaceteño apenas contaba con un lustro de vida.

Porro en el Albacete

Porro en el Albacete

Nacido en Albacete el 23 de mayo de 1924, se desempeñaba como extremo izquierdo y es una leyenda del ‘Alba’, uno de los mejores que ha tenido el club en su posición y máximo goleador histórico de la entidad con 115 tantos. Porro tenía desequilibrio y un regate fácil, corría la banda como una bala, disponía de un buen remate y se posicionaba muy bien en el segundo poste para marcar goles. Comenzó jugando en un equipo que se llamaba Yumbo. Después, pasó a Los Boinicas y de ahí al C.D.J. Su siguiente destino fue el Albacete, al que llegó por recomendación de su hermano Ángel, también futbolista, y de Tabernero, entrenador y delantero del conjunto albacetista. Así contaba en el diario ‘La Tribuna’ su llegada al Real Madrid en 1944: “Firmé por la amistad de Antonio Lozano Matarredona (presidente del Albacete) con Santiago Bernabéu. Yo tenía que hacer la “mili” en Madrid y aproveché para una prueba que fue satisfactoria. Juré bandera y allí terminé el servicio militar”.

El partido de prueba fue el día de San Isidro de 1944 contra el CD Málaga en Chamartín. Porro venía de jugar en Tercera División y de disputar la Copa con el Albacete, disputando ocho encuentros y marcando cuatro goles frente al Cieza, Eldense, Imperial e Imperio de Madrid. El equipo manchego alcanzó la sexta ronda previa hasta que cayó contra el RCD Córdoba. El choque entre el Real Madrid y el cuadro malacitano el 15 de mayo se lo llevaron los andaluces por 2-3. El extremo fue titular, jugó los 90 minutos y compartió once con nombres relevantes como Corona, Huete y Alday. Al igual que Porro, aquella tarde también tuvo una prueba madridista el medio Cortés, que trajo Gaspar Rubio desde La Línea. La crítica en Marca a la actuación del extremo fue buena: “Porro toca la pelota bien, y sus centros medidos al marco son promesa de poder cuajar en jugador”.

En el cuadro blanco fue más conocido por su apellido Mercader que por su sobrenombre porque en la entidad no querían apodos. En la capital, según explicó años después en una entrevista, se encontró un “club muy bien organizado, con mucho orden, que pagaba religiosamente, que se interesaba por la vida de cada jugador. Era un club por el que se podía firmar en blanco. No recuerdo el salario, lo que sí es que viví muy bien, muy desahogadamente durante las dos temporadas por las que firmé, como profesional, la 1944-45 y la 1945-46. En Madrid estuve hospedado en la casa de un matrimonio albacetense que me cobraba 700 pesetas mensuales”. Por entonces, el club blanco lo presidía un joven Santiago Bernabéu que había accedido un año antes al cargo. Porro explicó que “lo traté con mucha frecuencia. Tenía una gran personalidad; fue un hombre de bien. Aparentaba un carácter brusco, pero era cordial, abierto, con un alto sentido de la rectitud”.

El extremo se incorporó a la disciplina blanca de manera definitiva en el mes de julio, cuando comenzaron los entrenamientos de cara al nuevo curso futbolístico. En el banquillo continuaba como entrenador madridista el gallego Moncho Encinas, aunque por estar ausente el que entrenó los primeros días fue el capitán Ipiña. Porro tenía una gran competencia en su posición con futbolistas como Elices y Pablo Vidal, que apenas le dejaron minutos en encuentros oficiales. En pretemporada, antes del inicio liguero, jugó dos partidos, uno completo ante la Gimnástica Segoviana y la primera mitad de otro frente al Levante.

Las primeras jornadas en Liga fueron pasando sin que tuviera ninguna oportunidad y fue frecuente verle jugar en la Copa Ramón Triana en un equipo de reservas. Actuó contra el Club Colonia Deportiva en el campo del Gas, ante el CD Barbieri, frente al Cultural Leonés y el RSD Alcalá. Su gran momento llegó en la octava jornada liguera cuando el Barça visitó Chamartín el 12 de noviembre. La ausencia de Elices por un derrame sinovial abrió un hueco, le ganó la partida en los entrenamientos previos a Vidal y debutó en partido oficial con los blancos. Los blaugranas llegaban en segunda posición y los madridistas ocupaban la sexta. El Real Madrid ganó por la mínima e igualó en la tabla a los catalanes. Moleiro fue el autor del gol en la primera mitad y Porro tuvo distintas críticas.

Para el Suplemento Gráfico de los Martes de Marca “bien está la juventud rematadora del Madrid; pero no tanta como la de este jugador, que apenas si tiene fuerzas para levantar el balón”. En el Mundo Deportivo lo calificaron de “flojo. Y así, bien merece un compás de espera para juzgarle, pues no es lo mismo Albacete que Madrid… recibiendo al Barcelona”. Por último, en el diario Arriba, el cronista Flecha Dorada escribió que “con cosas que promete, fue lento por los vicios clásicos que se traen de las divisiones inferiores. Creemos, no obstante, que puede mejorar, sobre todo, en velocidad y en presteza en la entrega del balón”.

Debut de Porro contra el Barcelona

Debut de Porro contra el Barcelona

Tras su fugaz estreno, el extremo regresó a disputar la competición Ramón Triana. Se le pudo ver en choques ante el Plus Ultra, el CD Fuyma, el CD Barbieri, la CD Leonesa, al que marcó un tanto, y el Tranvías CF. También tuvo minutos en un amistoso contra el Hércules, el 8 de diciembre, en un partido organizado para presentar al nuevo fichaje madridista, el mexicano José Luis Borbolla.

Con la llegada del nuevo año tuvo una nueva presencia en un duelo oficial. Antes, el día 3 de enero, fue titular formando ataque con Cuca, Muñoz, Pruden y Borbolla en el encuentro amistoso contra el RCD Mallorca que se llevaron los baleares por 2-4. El día 21, debutó en la Copa en el choque de vuelta de dieciseisavos de final ante el Ceuta. En la ida, los blancos habían dejado sentenciada la eliminatoria ganando por 0-4. En la vuelta volvieron a golear por 5-1. Porro ocupó la banda izquierda y marcó su primer y único tanto oficial con la zamarra blanca. El albaceteño abrió el marcador a los 25 minutos cuando, tras varios disparos y rechaces del portero Comas, el extremo envió de cabeza el balón a las mallas. En la segunda mitad también asistiría con un medido centro a Vidal, que hizo el cuarto de la tarde. Hecefe, en Marca, alabó el choque de Porro, siendo uno de los destacados y apuntó que “triunfó en toda la línea, y será quien primeramente sustituya al extremo titular”.

Contra el Ceuta en Copa

Contra el Ceuta en Copa

Sin embargo, el resto del curso solo se le siguió viendo en partidos amistosos. En dos de ellos tuvo un buen papel y volvió a ver puerta. Uno contra la Gimnástica Segoviana en el mes de marzo, logrando un doblete en el triunfo madridista por 1-4, y el otro en abril en el primer choque contra el Racing de Ferrol, marcando una diana en la victoria por 3-4. Su último partido de la campaña fue el 24 de junio, cuando el Real Madrid concertó un amistoso en Archena ante el conjunto local. La temporada no fue feliz para los blancos, pese a que disputaron hasta el final la Liga ante el Barça, que levantó el título por un punto de diferencia. Mientras que en la Copa solo avanzaron una ronda más después de jugar contra el Ceuta. En octavos, y con un desempate de por medio en Mestalla, el Sevilla apeó a los madridistas de la competición.

En el verano de 1945 hubo relevo en el banquillo madridista y aterrizó la leyenda Jacinto Quincoces, que regresaba al club como técnico. Pero este hecho no hizo cambiar la situación de Porro en el equipo, que se circunscribió a choques amistosos. Su primera actuación fue prometedora, porque en la Copa José Luis Valle contra el Atlético Aviación marcó un tanto y el Real Madrid se acabó llevando el trofeo. El partido se celebró el 16 de septiembre en Chamartín, con un resultado de 2-1 para los blancos. El extremo anotó al recoger un balón suelto que dejó el portero Pérez tras un disparo de Barinaga.

El día del Atleti, Copa José Luis Valle

El día del Atleti, Copa José Luis Valle

En Marca, para el cronista Ramón Melcón, estuvo “voluntarioso, pero falto de decisión en algunos momentos”. Luego, tuvo minutos en encuentros ante el Salamanca en Chamartín, un Combinado Alcarreño en Guadalajara, dos partidos ante el Córdoba, uno en Madrid y otro en la ciudad andaluza o el RCD Mallorca, entre otros. También jugó en los dos últimos partidos del equipo antes de las vacaciones veraniegas de 1946. El Real Madrid viajó al sur y organizó dos amistosos en Algeciras. En el primero se enfrentó al equipo de la localidad y al día siguiente se midió a un combinado gibraltareño con refuerzos del Algeciras. El cuadro blanco estaba de fiesta y celebración porque una semana antes había conquistado la Copa en Montjuic tras vencer al Valencia.

Contra el Atlético con Aparicio

Contra el Atlético con Aparicio

Porro terminaba contrato y tras no gozar de las oportunidades deseadas emprendió camino al Levante, que militaba en Segunda División. Tras medio curso con los granotas retornó a casa y fichó de nuevo por el Albacete. Los manchegos militaban en Tercera y querían ascender, por lo que buscaron incorporaciones de calidad. El equipo completó un gran año futbolístico 1948-49, logrando el objetivo y subiendo de categoría. Porro jugó dos campañas en la categoría de plata con el ‘Alba’, la primera de ellas marcando 11 tantos, y a principios de los cincuenta se retiró del fútbol porque ya estaba castigado por las lesiones.

Porro

No se planteó ser entrenador porque, según declaró, “me faltaba carácter”, y en su vida posterior al fútbol abrió un negocio de gasolineras. Siempre tuvo al ‘Alba’ y al Real Madrid en sus preferencias: “El equipo blanco me despierta las mayores simpatías por el espíritu con que lucha. Aún sin querer se hace uno del Real Madrid, pero yo donde realmente me siento complacido es con el Albacete Balompié, que es el representativo de mi tierra, y en el que he puesto mi granito de arena, en más de diez temporadas”.

Porro gasolinera

Falleció en Gandía, donde se encontraba de vacaciones, el 7 de julio de 1996 a los 72 años de edad.

 

Fotografías: archivo de Alberto Cosín

Buenos días, amigos. El Madrid es como la vida: nunca para. Ocurra lo que ocurra. Ya tenemos trabajando al nuevo entrenador, Arbeloa, y pudimos asistir a una presentación y rueda de prensa que, siendo honestos, nos puso cachondos.

Álvaro tomó la alternativa como primer espada ante los medios domando a los periodistas, dejando las cosas claras. Se los conoce a todos, se dirige a ellos por su nombre de pila y se interesa por ellos. Con excepciones, claro, porque si la pregunta proviene de algún impresentable manipulavídeos omite su nombre. Detalle importante.

Defendió tanto a sus jugadores: «Tengo una gran plantilla, con gente que ha ganado seis Copas de Europa, y parece que eso se olvida muy pronto», como a su equipo: «Pintus tiene cinco Champions a sus espaldas y es un preparador físico excepcional». La prensa fue a por lana y salió esquilada. Un entrenador, de puertas afuera, ha de dar imagen de grupo compacto. Las correcciones y las mejoras, en privado.

«Tengo la inmensa suerte de contar con Vini, uno de los mejores del mundo». Y tú, uno di noi, Álvaro.

Vinicius bailará o no. El equipo ganará o perderá. Pero hay una sentencia —pronunciada en esta entrevista en La Galerna— que explica mejor que ninguna otra por qué Arbeloa está donde está: Me hace gracia cuando oigo a exfutbolistas quejarse: “Con todo lo que hemos hecho por el Madrid y ahora tal”. Perdona. Es el Madrid el que ha hecho mucho por ti. Por mucho que tú hayas hecho por el club, es siempre superior lo que el club ha hecho por ti. Entenderlo no garantiza el éxito, por supuesto. Ignorarlo, en cambio, casi siempre asegura el fracaso.

Álvaro lleva años, desde que triunfó en el Real Madrid, siendo el objetivo de las críticas del sector de la sociedad más resentido y frustrado, ese que se siente poco identificado con el trabajo y se alinea más con la honestidad y el comportamiento adulto de, por ejemplo, Piqué (aka Geri).

Arbeloa siempre ha respetado su integridad moral. En aquella selección de los títulos mantuvo la dignidad y prefirió no plegarse para alargar su estancia en ella un cuarto de hora más.

Nunca ha callado ante las injusticias y ha defendido en todas las ocasiones primero al Real Madrid: en el campo, en rueda de prensa e incluso en las barbacoas que no comparte con directores de medios.

Este comportamiento le ha granjeado el odio preventivo de todos aquellos a los que les parece —por interés— que el fútbol español es poco menos un pastel de ambrosía y no una ciénaga infectada e infestada de parásitos y carroñeros.

Mundo Deportivo ya tenía la portada antes de la rueda de prensa, por tal motivo titula «El nuevo Mou» cuando Arbeloa dijo: «Si quisiera ser Mou, fracasaría estrepitosamente».

Nada desquicia tanto al antimadridismo como la idea de que el Madrid vaya a convertirse, otra vez, en el Madrid.

No queremos decir que lo haya dejado de ser, pero ya sabéis de sobra por dónde van los tiros. O las lanzas.

Mundo deportivo resalta la vuelta de Cancelo como principal noticia. A este paso, el Madrid podría plantearse repescar a Cicinho.

Tras este paréntesis para hablar de la prensa culé, continuamos con lo que nos interesa.

A la capacidad ofensiva de Arbeloa —no nos referimos a nada táctico, que también podría ser— contra los enemigos del Madrid hay que sumar una virtud muy útil con la que no todos han sido adornados: Álvaro es una diana que atrae hacia sí gran parte de las balas lanzadas contra el equipo. Sirve, por tanto, de escudo para la plantilla, al modo de técnicos como Mourinho o Luis Aragonés, por no mentar solo a entrenadores blancos.

Es una cuestión casi matemática. Si hay un número de antimadridistas que en cada momento constante y cada uno cuenta con una caja de munición, al aumentar los objetivos sobre los cuales dispara y emerger uno grande que no se esconde y pone el pecho, por fuerza les llegan menos balas a los futbolistas.

Esta capacidad auguramos que le vendrá de perlas a dianas recurrentes de antis y propios, como Vini y Bellingham, pero se beneficiarán todos.

Esta noche, debut contra el Albacete en Copa. Su experiencia con la cantera le será de mucha utilidad. Al equipo también.

La mejor frase que nos regaló Arbeloa fue: «En el Real Madrid, que lleva 123 años de historia, es difícil que le reconozcan alguna vez que ha jugado bien. Aquí ha habido entrenadores que han ganado tres Champions y era porque cuando terminaban de entrenar se iban a su casa a regar el jardín».

Si los antis quieren echar mierda, a buen seguro que Arbeloa la convertirá en abono para su jardín y, tal vez, les dé en las narices con la dichosa flor.

Pasad un buen día.

Dicen que en nuestro aprendizaje debemos pasar por dos amores antes de encontrar el definitivo en el tercero. El primero es el amor más virgen, pues es el que nos lleva a explorar un mundo nuevo de ilusiones. En él todo es perfecto: el primer afecto correspondido, la perfección de los cuerpos, la creación de un idioma común. El segundo suele llegar tras una ruptura inevitable pero dolorosa, pues la vida tiende a apurar etapas arrasando con todo. Ese segundo suele ser comparado todo el rato con el primero y siempre pierde por goleada. El segundo deja traumas pero pasa como pasan los años.

Y cuando ya estás de vuelta de todo, o eso crees, cuando los muros de tu patria has levantado con tesón, cuando tu privacidad te ha secuestrado, sólo entonces llega un amor con el que no contabas ni de broma. Este amor se impone como se imponen las cosas buenas y de pronto todo el universo conspira a tu favor. Y formáis una pareja dorada como Oliver Atton y Tom Baker en el New Team y levantáis todos los títulos. El verdadero amor llega como Gandalf, justo cuando el destino se lo propone.

Un hombre de su honestidad y amor hacia el club merece cumplir sus sueños. Arbeloa ha trabajado duro para llegar hasta aquí, nadie le ha regalado nada. Se ha fogueado en las categorías inferiores y siempre ha dado lo mejor de él

Siento esto con la llegada de Álvaro Arbeloa. En nuestro destino manifiesto estaba escrito que algún día el gran capitán de los espartanos ocupara el banquillo del Real Madrid. Un hombre de su honestidad y amor hacia el club merece cumplir sus sueños. Arbeloa ha trabajado duro para llegar hasta aquí, nadie le ha regalado nada. Se ha fogueado en las categorías inferiores y siempre ha dado lo mejor de él. Y lo que es más complicado, ese trabajo ha dado sus frutos. Ahí están sus credenciales, sus logros son apreciables.

Y además, Arbeloa es un hombre bueno. En un mundo tan vanidoso como es el del fútbol, Arbeloa tiene un perfil distinto. Si bien tiene bastante de hombre común que logra proezas en su profesión, también es un ser de lejanías. Algo hay en esa mirada y en esa sonrisa que nos dice que existe más sabiduría de lo que aparentemente muestra en una rueda de prensa o sobre el césped.

Tanto sus jugadores en la cantera como los directivos del club hablan maravillas de él como persona y profesional. Ahondando en esto, recuerdo perfectamente un directo de Javier Alberdi en su mítico canal Pepe Kollins en el que narraba sus encuentros con Arbeloa en citas como las galas que organiza La Galerna. Alberdi describe a un tío cojonudo, cariñoso, sencillo y madridista a más no poder.

Por supuesto, el trabajo de Arbeloa no será sencillo, pues la empresa que acomete es de una envergadura sin igual. Arbeloa llega al banquillo más difícil del mundo del fútbol, pero eso él lo sabe mejor que nadie. Conoce cada recoveco de la casa, tiene Valdebebas y el Santiago Bernabéu en cada rincón de su memoria. En definitiva, los madridistas debemos respirar aliviados con su llegada pues estaba profetizada.

Tras dirigir el martes su primer entrenamiento, Arbeloa se estrenará esta noche en partido oficial. El azar ha querido que debute hoy día 14 de enero en la Copa de Su Majestad el Rey frente al Albacete Balompié. Guarden la fecha y el lugar: el Carlos Belmonte será testigo, porque dentro de unos años estoy seguro de que será pregunta del Trivial Pursuit. Una efeméride para la Historia.

desde el lunes por la tarde estoy en el barco de Álvaro Arbeloa. Capitán, pase lo que pase, me tendrás contigo en las Termópilas. Porque sé de lo que eres capaz

La vida tiene caramelos reservados cuando más sedientos y hambrientos estamos. Yo, como tantos otros, he pasado por etapas sombrías y, cuando ya había entregado las llaves de mis naves, el destino quiso guiñarme un ojo y mostrarme un nuevo sendero por el que adentrarme. Sinceramente, resulta más reconfortante recobrar las esperanzas cuando has atravesado una travesía por el desierto. Así estoy hoy, con el pecho inquieto y alegre porque Arbeloa es nuestro entrenador.

De corazón, os digo que confío en la nueva dirección deportiva que capitanea Arbeloa. Con Pintus detrás como fiel escudero, estoy convencido de que el nuevo staff técnico insuflará de energía a una plantilla mustia. Estos jugadores merecen mi confianza porque en el pasado reciente han demostrado su calidad y entrega por un escudo al que defienden y representan con solvencia.

Sé que escribir esto me traerá comentarios negativos por parte de buena parte de la afición, pero lo digo igual. Expreso mi opinión libremente y el lector también es libre de criticarme. Es lo bonito de vivir en un país libre y ser aficionados de un club tan grande y magnánimo como el Real Madrid.

Así pues, desde el lunes por la tarde estoy en el barco de Álvaro Arbeloa. Capitán, pase lo que pase, me tendrás contigo en las Termópilas. Porque parafraseando al poeta, cuando estalle la guerra estaré en la trinchera contigo. Porque confío en ti en la claridad de mis días y en la oscuridad de mis noches. Porque sé de lo que eres capaz. Porque vuelvo a tener ganas de sentarme a ver fútbol. Porque cuento las horas para que llegue esta noche y juegue mi Madrid. Contigo al mando vuelvo a sonreír de corazón. Buena suerte, Álvaro.

 

Getty Images

Nota: una variación de este texto de Jesús Bengoechea ha aparecido hoy en El Español

 

“¿Cómo se puede ser madridista cuando el Real Madrid ha dejado de serlo?”, suelta consternado en un grupo de WhatsApp alguien a quien ha escandalizado la precipitación de los acontecimientos. Me extraña, porque es un madridista veterano. Las últimas horas estarán bien o mal, serán fructíferas o un error histórico, pero nadie puede negar que son puro Real Madrid.

Hay poca coherencia en los críticos. Los que acusaban a Florentino de estar demasiado centrado en estadios y superligas censuran también una decisión que solo el tiempo revelará como acertada o contraproducente, pero que es cualquier cosa menos conformista con la situación deportiva. Pocas decisiones del mandatario blanco han acarreado más riesgo. Sin embargo, ha obrado desde una preocupación que a su vez es deudora de su pasión por el equipo, esa que muchas consideraban enterrada bajo paladas y paladas de guerras institucionales y cuestiones de hormigón.

El detonante es la baja forma física del plantel y su contrapartida más siniestra: las lesiones que han lastrado al colectivo de manera insoportable. El club planteó a Xabi la vuelta del preparador Pintus y el tolosarra, en postura de lealtad a los suyos que le honra, dijo que no. Hasta aquí llega, en el Madrid, la trayectoria de un técnico metódico y brillante que no era necesariamente, o al menos no aquí ni ahora, el técnico que necesita el mejor club del mundo. Son dos profesiones distintas.

Con Pintus llega Arbeloa (plantearlo así es tan legítimo como viceversa), un hombre de la máxima confianza presidencial, con  experiencia que se ciñe a la cantera si nos referimos a entrenar en sentido estricto. No obstante, el salmantino fue un componente no menor en el arranque de la época dorada contemporánea del club, y se ha labrado una justa imagen de guardián de las esencias. En un momento en que varios jugadores de la plantilla parecen haber olvidado el significado del escudo que portan en el pecho, a la par que otros no lo han descubierto aún, Álvaro Arbeloa se antoja la descarga eléctrica adecuada.

Arbeloa juvenil

He aquí algunos extractos de la entrevista que me concedió en 2016, en su último año como jugador del Real Madrid. Esta entrevista es un pequeño clásico. Yo no tuve ningún mérito, porque es el mejor entrevistado del mundo. Es sincero, franco, elocuente y se expresa como quiere, respaldando sus ideas con explicaciones articuladas, sensatas y tan promenorizadas como haga falta.

"El madridismo echa en falta a alguien que sepa decir ciertas cosas que no están bien vistas. José (Mourinho) denunció todo lo que le parecía injusto. Podía tener razón o no, pero denunciaba todo aquello que consideraba injusto con el club. Eso a él, personalmente, le acarreaba muchas críticas, pero abrió los ojos a buena parte del madridismo. Les hizo ver muchas cosas que antes ni se planteaban. Esa denuncia de lo injusto es un legado que la gente ha sabido reconocerle".

"Al Real Madrid es muy fácil atacarle y exigirle más que a los demás. Me refiero concretamente al famoso señorío. Yo digo: ¿qué pasa? ¿El resto de equipos no tiene que tener señorío? ¿Sólo el Madrid? Los demás, que hagan lo que quieran y no pasa nada, ¿verdad? Es un arma que se usa sólo para atacar al Real Madrid".

"Podríamos hacer más para tener una unidad todavía mayor, de tal forma que todos saltáramos en la defensa de este escudo cuando correspondiera. El no hacerlo en mayor medida ha podido influir en que sólo llevemos una liga en muchos años". 

"El ADN del Madrid no ha sido tanto siempre el juego bonito como la garra, el empuje, el coraje, el esfuerzo".

"Ojalá algún día todos sepan que lo más importante es el Real Madrid y que lo que digan de ti da un poco igual. Lo importante es dejarte la vida por este club que nos ha dado tanto. Los futbolistas estamos siempre en deuda con el Madrid. Me hace gracia cuando oigo a exfutbolistas quejarse: “Con todo lo que hemos hecho por el Madrid y ahora tal”. Perdona. Es el Madrid el que ha hecho mucho por ti. Por mucho que tú hayas hecho por el club, es siempre superior lo que el club ha hecho por ti. Eso seguro". 

Al margen de sus gustos técnicos y tácticos (que está por ver si podrá trasladar a la primera plantilla, al tratarse este de un universo diferente), Arbeloa es una transfusión de madridismo en vena, es decir, de exigencia controlada, para jugadores en aparente necesidad de glóbulos blancos. Sí esto no fuera más que una metáfora, el propio Álvaro se ocuparía de la extracción de su hemoglobina, traería los tubos y el portasuero, sentaría jugador por jugador en la camilla y aplicaría el catéter hasta reanimar las lánguidas arterias del millonariado vikingo. Es un hombre con una aproximación práctica y pormenorizada a la grandeza.

Eso, de puertas para adentro. De puertas para afuera, el madridismo combativo de Arbeloa promete conectar con una masa social hastiada de la actitud de las instituciones contra el club. Durante su carrera como jugador, ejerció una resistencia numantina contra la narrativa oficial, orquestada por el lobby blaugrana, que le costó su puesto en la selección. No se calla jamás, ni compromete la verdad con palos calientes, asumiendo el coste de esta gallardía. Este carácter insobornable  no sirve por sí mismo para ganar, pero tal vez sí para encandilar a una afición harta del CTA, la alargada sombra de Negreira, Tebas y la doble vara de medir de la prensa deportiva. Su amor a la institución es del estilo kamikaze, y las ruedas de prensa prometen.

Hace justo diez años, por estas fechas, un golpe de timón similar por parte de Florentino desembocó en el inicio de un recorrido mítico. Arbeloa no tiene sobre los jugadores la ascendencia resplandeciente que entonces adornaba a Zidane, pero sí la fuerza de la convicción y el atractivo desmesurado de quien no se casa con nadie y lo subordina todo al bien del colectivo. Nos conformamos con la mitad de lo que logró Zizou.

Buena suerte. La va a necesitar.

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