Las mejores firmas madridistas del planeta

El Real Madrid femenino derrotó (3-1) al Atlético de Madrid en la semifinal de la Supercopa de España, y ya espera a Barcelona o Athletic Club en la final del sábado. Los goles tempraneros de Athenea del Castillo, Caroline Weir y Linda Caicedo mantuvieron a las blancas a una amplia distancia de diferencia frente a un rival de la capital que solo recortó distancias por medio de Luany en la segunda parte.

A falta de orden, concierto y criterio, bajo la lluvia en el estadio de Castalia, el derbi madrileño de la semifinal de la Supercopa de España femenina regaló al puñado de valientes que asistió al campo una oda al fútbol caótico, al correcalles total donde sólo existen las áreas. Y en el toma y daca, a pesar de la fragilidad que todavía arrastra el equipo de un Pau Quesada ausente a última hora por motivos personales, el Real Madrid no tardó en destrozar a un Atlético de Madrid de patio de colegio.

Las blancas, sólidas por dentro con el cuadrado de seguridad formado por María Méndez - Maëlle Lakrar y Filippa Angeldahl - Sara Däbritz, aceptaron de buena gana el campo abierto ofrecido por su rival, donde Athenea del Castillo y Linda Caicedo desequilibraron el marcador en un abrir y cerrar de ojos con la inestimable ayuda de las jugadoras colchoneras. En el 6, tras una buena presión adelantada de María Méndez, que provocó la pérdida de posesión rival, Athenea se lanzó al área y no dudó en chutar raso para superar a Lola Gallardo. No mucho después, llegado el cuarto de hora, la pifia del Atleti fue total: un saque de banda sin peligro desembocó en un mal pase hacia atrás de la lateral Alexia, dejando vendida a la central Silvia Lloris, para que Caroline Weir controlase el balón en 3/4 de campo. En cuanto levantó la vista, la portera estaba fuera del área, en tierra de nadie, y a la escocesa le bastó con dirigir el balón entre los tres palos para celebrar el dos a cero.

Apenas se habían dado pases horizontales en el centro del campo, pero nada invitaba a hacerlo puesto que el Atlético intentó llegar al área de Misa Rodríguez cuanto antes sin mirar atrás. Inevitablemente, con Caicedo en el campo, el plan fue un suicidio. Tres minutos después del gol de Weir, la colombiana recibió un balón en campo propio aunque con todo el horizonte libre para correr y correr. Unos instantes después estaba ya plantada en la frontal del área rival ante el recule de la zaga y, llegados a ese punto, disparó duro y colocado al palo derecho de Lola, a donde la guardameta no pudo llegar.

A partir de ese momento, con el contundente 3-0 condicionando el escenario, el balón empezó a rondar con insistencia el área madridista. Si bien con poco criterio, el Atleti empujaba con Luany como principal foco de peligro, y su gol no estuvo demasiado lejos. El Madrid, con el paso de los minutos, comenzó a transmitir una peligrosa sensación de relajación. En nada ayudaron las pérdidas de balón propias o la falta de templanza para bajar el ritmo del choque, hasta el punto de agradecer la llegada del descanso de cara a evitar ver reducida su ventaja.

Salvo sorpresa mayúscula el Barça acudirá a la disputa de la final y allí, si el Madrid quiere dar el primer campanazo, mucho tendrá que mejorarse en lo relativo al juego y al dominio de los tiempos

En cualquier caso, poco cambió tras la pausa. El partido siguió con su ritmo desconcertante y temerario para los intereses del Real. La inconsistencia general del Atleti pudo conducir al cuarto y quinto gol del Madrid –tanto Linda Caicedo como Sheila estrellaron en el palo ocasiones clarísimas–, pero la falta de inteligencia futbolística de las blancas dio a su rival todas las facilidades para volver a meterse en el partido. Tanto fue así que, en el 72, un extraño disparo con la zurda de Luany despistó a Misa Rodríguez y, tras muchos intentos fallidos, hizo que llegara el tres a uno. Por el camino pudieron señalarse penaltis en cada área, con revisiones de VAR surrealistas de por medio, e incluso Naomie Feller bordeó la tarjeta roja por doble amarilla.

Casi nada tenía sentido; sólo el pitido final llegó con lógica tras el tiempo añadido, e incluso ello ocurrió una vez transcurridos diez minutos de alargue. Salvo sorpresa mayúscula el Barça acudirá a la disputa de la final y allí, si el Madrid quiere dar el primer campanazo, mucho tendrá que mejorarse en lo relativo al juego y al dominio de los tiempos.

Gran partido de Champions ayer en el Bernabéu, amigos. Por fin.Sin embargo, no me parecen justas la notas de la crónica de Atenea Johansson. Poner a Valverde, Güler, Mastantuono y Bellingham al mismo nivel que a Vini le sitúa en el grupo de los primeros de la clase, pero Vini es otra cosa. Vini es el Albert Einstein de su clase de secundaria, escuchando a lo lejos a su profesor de matemáticas llamarle "perro perezoso" mientras él pensaba en el espacio, el tiempo y la gravedad.

Vini mereció sobradamente una Matrícula de Honor. Después de volver a ser el centro de las iras de la mayoría de aficiones en todos los estadios de España, de los grandes medios deportivos escritos, radios y televisiones, de la antipatía visceral de columnistas, opinadores e influencers antimadridistas, la guinda fue soportar noventa minutos de animadversión en tu propio estadio hace tres días. Pues bien, el tío se casca un partido como el de anoche, gol y tres asistencias, una de ellas sin Kehrer (enorme, Paquito). Vimos un Vini concentrado, maduro (está aprendiendo a no encarar siempre), letal. Me alegro por él como si fuera de mi familia.
6-1: Brutal exhibición para los escépticos
Mbappé tiene un talento sobrehumano. Otra Matrícula de Honor. No necesita nada. Cuando no hay más remedio se fabrica él solo las oportunidades. Si ya la pelota le llega en condiciones, él se encarga de ir al espacio, de la posición del cuerpo, del ángulo de la pierna, la rodilla, el tobillo. La velocidad neuronal para hacer todo como en la Playstation es por lo que mereció la pena esperarle. Reconozcámoslo de una vez.
Valverde, Bellingham, Camavinga, por fin hicieron kilómetros con sentido. Güler pareció querer la batuta esta vez, puso un par de balones de muchos quilates; Huijsen mostró todavía algunas dudas, pero pudimos advertir que alguien le ha convencido de que debe repetir todas las veces que quiera esa zancada en la salida del balón y plantarse en el centro del campo con la cabeza siempre arriba. Mastantuono era mi apuesta personal. No sé, tenía el pálpito de que sería su día. Gran partido de Franco. No hablaré de Tchouameni. No hace falta. Siempre sobrio y regular en un equipo muy necesitado de referencias. Asencio, tocado, cumplió. Para Courtois fue un día más en la oficina, con intervenciones de mucho mérito.
Arbeloa, Esparta y Juanito
Más buenas noticias de ayer: no se les había olvidado jugar ni buscaron un mediocentro desorientados, lo único que les faltaba era actitud, motivación, ambición. Difícil de entender, pero yo tampoco puedo ponerme en el lugar de uno de estos chavales. Nadie puede. Pedíamos ganas, orden, juego, a gritos, y probablemente ellos nos miraban como las vacas miran el horizonte. Nadie se explica qué faltaba. Va a resultar que el sargento de Mourinho es más empático y domina más las soft skills que el alumno de Guardiola... El fútbol es un misterio. Siempre se dijo que en el Real Madrid sólo funcionan los entrenadores de guante blanco. Los de la saga de Luis Molowny: "salgan ahí y jueguen". Ni Xabi ni Arbeloa parecían de esos. Un inteligente estratega y un espartano. No conozco a ninguno de los dos para hablar de su personalidad, pero ya es un hecho constatable que Arbeloa ha conectado con el vestuario en una semana y que Xabi no lo consiguió en seis meses.
Esta plantilla tal vez no necesite pizarra, ni vídeos, ni charlas tácticas, ni orden. Tal vez sólo necesite darle el balón a Vini, que Asencio mande pelotazos, que Huijsen tire para adelante cuando recupere la pelota, decirle a Mbappé que la espere en donde quiera y al resto que corran detrás del rival que lleve el balón. Ceballos ha recuperado hoy dos pelotas que diez segundos después yacían en la portería rival. Creo que nunca será un equipo de autor ni necesitará un estilo. Hay tal acumulación de talento que cuando los jugadores estén sanos y tengan ganas de jugar, serán imparables. Hoy podrían habernos puesto delante al todopoderoso Barcelona de Flick, al City de Pep, a la Alemania de Beckenbauer o a la Holanda de Cruyff. Sinceramente, pienso que habríamos arrollado a cualquiera. La motivación, tal vez la rebeldía. Ojalá hayan despertado del larguísimo y deprimente letargo.

Las notas del Real Madrid - Mónaco

La indolencia, la apatía, la pasividad que nos ha tenido mascullando improperios (a mí también) y rumiando sobre ventas desde hace un año largo, puede diluirse como un azucarillo para darle otra vez la razón a la inoperante, errática, nefasta, enloquecida dirección deportiva del club, en manos de José Ángel Sánchez, según dicen asesorado por Juni Calafat y por el propio Florentino, a quien nunca le gustaron los defensas ni los entrenadores. Él sólo cree en el talento. No nos ha ido tan mal durante los últimos veinte años, sólo hemos sufrido los dos últimos, en medio de un violento cambio generacional.
Después de tanta crítica, de ríos de tinta y horas de radio, televisión, vídeos... no es sensato pensar que una plantilla cogida con pinzas, que un once hipertrofiado, con dos centrocampistas jugando de laterales, sin centrales sanos, con mediapuntas jugando de mediocentros y con los dos mejores extremos izquierdos del mundo "estorbándose" en el once, pueda llegar lejos. Pero tenemos que creer a nuestros propios ojos. La sensatez y el Real Madrid a veces no caben en la misma frase.
También les digo que la suerte, como la victoria, es una mujer bellísima que se va siempre con el más guapo, con el más canalla o con el que más confía en salir con ella de la mano: los delanteros rivales fueron madres. Nuestra defensa, circense por momentos. Nos pudieron caer dos o tres goles y no habría sido injusto. Pero la pegada... ay, la pegada... Cuando tienes a Mike Tyson enfrente de nada te sirve correr o taparte, no hay dónde esconderse en el cuadrilátero, te irás a la lona pensando que no pudiste hacer más que caer con todos los dientes dentro de la boca.
Ganar. Necesitamos encadenar dos o tres victorias más. Mantener el fuego, la rabia, lo que fuera que faltase los últimos meses, que por cierto no era Pintus, ni que Bellingham dejara de cerrar bares. Corrieron como perros y Jude celebró su gol con media botella de Moet Chandon sobre el césped, a la salud de sus haters y a la nuestra. Bravo, Jude.

Buenos días. Anoche, en la competición más importante del planeta, el equipo más catastrófico que se ha visto jamás brindó a los ojos de un mundo incrédulo un espectáculo de puro fútbol, sazonado con orgullo y pasión. 6-1 al Mónaco, en una sinfonía de destrezas y ambición como no se había visto en mucho tiempo. A pesar del crudo escepticismo, sazonado por vergonzosos insultos a nuestro entrenador y jugadores por parte de opinadores del más diverso pelaje, pero por desgracia con muchos seguidores, la realidad se impuso: el Madrid es un equipo descomunal que había dejado de serlo, pero que logrará grandes cosas si exhibe una continuidad en la excelencia de ayer.

A lo mejor, sencillamente, es que se puede creer en este equipo. A lo mejor, simplemente, es que Álvaro Arbeloa merece una oportunidad seria, justamente la que le han querido negar calificándole preventivamente con epítetos denigrantes, y ello tanto de parte del antimadridismo tradicional como del madridismo destroyer de las redes.

Ahora toca cautela, pero una cautela esperanzada. Se pueden hacer grandes cosas. No hagamos como si fueran imposibles, porque anoche se vio que no lo son. Crean en este equipo.

Dice Marca que “así los quiere el Bernabéu”. Evidentemente. Un Bernabéu que anoche fue el de las grandes ocasiones europeas, esto es, el público que acompaña al equipo en lugar de poner palos en las ruedas con la interminable y contraproducente música de viento del día del Levante. Arbeloa ha insuflado aires nuevos a este equipo. Resulta que no era tan mala idea inyectar madridismo al Real Madrid.

“Vinícius marca y abraza a Arbeloa”, dice en letra más pequeña la portada marquista, y remata citando las palabras del entrenador en su impecable rueda de prensa del pospartido. “Más que a mí, ha abrazado al Bernabéu”. Qué afortunada frase, propia de un excelente comunicador como Arbeloa. Si el espartano improvisó esa respuesta, hay que bendecir los reflejos de las musas.

En sí mismo, el abrazo es el signo que anuncia no buenos tiempos (seamos cautos), pero sí la posibilidad de los mismos. Autoconvirtiéndose en símbolo de todo el madridismo (“más que a mí, ha abrazado al Bernabéu”), Álvaro resuelve el conflicto entre Vini y su propia afición. Ficticiamente, claro, porque se trata de una metonimia (la parte por el todo), pero no será la primera vez que un recurso estilístico endereza el rumbo de una entidad de magnitud planetaria.

Fue una gran noche madridista, reflejada también en el baloncesto y en la sección femenina, como refleja Marca en sus bajos.

As lo centra todo en Vini, MVP del partido para alegría del propio Vini, claro, pero también de su supuesta némesis, o sea, de Mbappé. El francés daba saltos de euforia y abrazaba al brasileño, presa de un júbilo enorme, ante la distinción a su compañero. Estamos ante un caso único en la historia, probablemente. Mbappé y Vinicius no dejan de echarse mutuamente flores, y la combinación de admiración y afecto es palpable entre ambos. Sin embargo, en las redes sociales hay verdadero odio entre los vinilovers y los mbappistas. La pregunta cae por su propio peso: ¿por qué no se dan cuando menos una tregua, constatando que sus respectivos héroes no solo no se llevan mal, sino que sienten devoción por el otro?

En todo caso, y aunque las cosas de Vini siempre llaman la atención, es injusto centrarlo todo en él, porque todo el equipo rozó la perfección. Hay que pedir a los pájaros de mal agüero que nos dejen al menos soñar, con cautela, pero soñar. La situación lo merece. Courtois estuvo enorme cuando fue requerido (el Mónaco jugó mejor de lo que dicta el marcador); Valverde y Camavinga rindieron como los dos mejores laterales que no son laterales de la historia; Tchouaméni deslumbró una vez más, tanto en el puesto de mediocentro como en el de defensa central; Güler puso en juego toda su clarividencia y virtuosismo; Kylian aportó los goles y un compromiso defensivo emocionante (esa carrera en repliegue hacia el final); Jude se exhibió como el megajugador completo (presionar, robar, jugar, llegar, marcar) que todos esperamos ver siempre, y tuvo una simpática celebración de gol acordándose jovialmente de los difamadores; Mastantuono merece punto y aparte.

Mastantuono rozó la perfección, por juego, por ritmo y por entrega. Hizo un partido soberbio, el mejor desde que ha recalado en  Chamartín. A lo mejor no es el bluf que quieren hacer creer los de siempre. Mantengamos con él la misma cautela que antes preconizábamos para el equipo, pero consintámonos soñar para él una gran carrera en el mejor club del mundo. Tiene los mimbres técnicos y, sobre todo, la personalidad para ello. Rezuma el carácter sin el cual no se triunfa en Concha Espina.

Os dejamos con la prensa cataculé. Hoy juega su equipo su equipo en Praga. Lo tienen infinitamente más difícil que nosotros para entrar en ese Top8 que te exime de una ronda de Champions. Nos parece raro, sobre todo cuando ellos son el mejor equipo del mundo mundial y nosotros somos la antepenúltima excrecencia que desalojó Pilatos. Cosas inescrutables del balompié.

Como veis, ambos rotativos cataculés, Sport y Mundo Deportivo, minimizan (literalmente, o sea, lo ponen en muy pequeñito) la gran victoria blanca de anoche, y la cuentan en términos despectivos, restándole méritos. Es una de las señales más inequívocas de su miedo. “¿Y si…?”, se preguntan.

¿Y si…?, concluimos nosotros.

Pasad un buen día, madridistas. Y creed en este equipo.

Courtois: notable alto. Siempre se le nota, aunque solo sea por lo grande que es. En todos los sentidos.

Valverde: sobresaliente. Gran partido del capitán. En defensa, en ataque, en actitud. A pesar de su empeño en jugar de centrocampista, tal vez sea mejor lateral derecho.

Asencio: notable. Está de dulce. Jugó solo la primera mitad porque se resintió de, al parecer, problemas en la tibia.

Huijsen: bien. Con más presencia de ánimo y de cuerpo que otros encuentros.

Camavinga: notable. A pesar de su empeño en jugar de centrocampista, tal vez sea mejor lateral izquierdo.

Güler: sobresaliente. Con y sin balón. Pese a no concretar alguna ocasión que tuvo, lubricó la maquinaria de Concha Espina.

Tchouaméni: notable. Ya le da igual en el medio o atrás o en ambos sitios a la vez.

Bellingham: sobresaliente. Se sacudió las críticas, mejoró y se bebió hasta la última gota del partido con un gran sexto gol, que dedicó a quienes se exceden en la crítica.

Mastantuono: sobresaliente. Rompió el argentino. Tremendo encuentro y buen tanto, a pesar de sus veleidades capilares.

Vinícius: sobresaliente. Asistió dos veces, provocó un gol en propia meta y anotó un golazo por la escuadra.

Mbappé: sobresaliente. Es una mala bestia. Meterla dos veces en Europa no es sencillo. De hecho, simplemente meterla no es fácil.

Gonzalo: bien. Intentó meter su golito, pero sin suerte.

Ceballos: aprobado. Cometió un error grosero que propició el gol del Mónaco.

Carvajal: sin tiempo.

Fran García: sin tiempo.

Mesonero: sin tiempo.

Arbeloa: sobresaliente. Le ha dado una vuelta —para bien— al equipo. Mejor actitud, físico y juego.

 

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Arbitró el noruego Espen Eskås. En el VAR estuvo el neerlandés Van Boekel.

Algo errático en el listón de las faltas y en ciertas apreciaciones.

En el minuto 2 no pitó una clara obstrucción sobre Vinícius y poco después tampoco vio un córner en un disparo del brasileño. En el 17', volvió a obviar una falta de Akliouche justo fuera del área sobre el Vini.

Las dos únicas amarillas llegaron al final de la primera parte. Zakaria derribó a Mastantuono cuando se marchaba en el 32', y Bellingham agarró a Akliouche en el 44'. En la segunda mitad debió unirse Vanderson por cortar una internada peligrosa de Vinícius.

No hubo jugadas polémicas en el área porque un disparo que repelió Tchouaméni le dio en el costado con los brazos pegados al cuerpo.

Eskås, CORRECTO.

 

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Noche fresca de Champions en el Santiago Bernabéu. Después del profundo y sonoro desencanto mostrado por parte de la afición contra el Levante, los de Arbeloa recibían al Mónaco con la esperanza de asegurar una posición cómoda en la Copa de Europa y de reconciliarse con los escépticos. No solo se reconciliaron con ellos, sino que les ofrecieron una brutal exhibición goleando al equipo del Principado por seis goles a uno.

Álvaro alineó un once con Camavinga en lugar del no disponible Carreras, Fede de lateral y la pareja Huijsen-Asencio completando la zaga. En la sala de máquinas, Tchouaméni, Güler y Bellingham. Arriba, Mastantuono, Vini y Mbappé.

El conjunto monegasco contaba con la inopinada baja del príncipe Alberto. Problemas coronarios. Y las ausencias en el mediocampo y la delantera, respectivamente, de Rainiero y Grace Kelly. Ambos por causas biológicas. Por su parte, Pocognoli, técnico rival, se presentó en el Bernabéu disfrazado de Simeone —gracias, Nanook—, pero más hirsuto.

El recibimiento de las gradas fue mejor que el del sábado. Antes del comienzo se guardó un minuto de silencio en memoria de las víctimas del horrible accidente ferroviario en Adamuz.

Los monegascos comenzaron poseyendo el balón el primer minuto del choque. El Madrid recuperó pronto la pelota y la primera vez que acercó, la coló. Güler inició la jugada, Fede le dio magia, Mastantuono avanzó y Valverde, de nuevo, se la cedió a Mbappé para que golpeara a la bola con su taco de billar y la enviara a la tronera del Mónaco. 1-0 a los cinco minutos.

El Madrid corriendo es feliz, igual que los niños y los recién divorciados, y sin solución de continuidad Franco y Vini armaron un ataque que concluyó con disparo cruzado raso del brasileño que Khön envió a córner. El colegiado señaló saque de puerta.

Huijsen, más que subir, se abalanzaba con el balón sobre el rival en cuanto tenía ocasión. Jude se llevaba para adentro a la defensa. Mastantuono —muy reconocible porque desde arriba parecía un kiwi amarillo— estaba enchufado y gozó de otra ocasión antes de los diez minutos. Combinó con Fede y el disparo del argentino no cogió efecto ni puerta.

Ni la actitud, ni el juego ni las sensaciones ni el público ni el partido en general tenían nada que ver con las condiciones que se dieron frente al Levante.

Antes de llegar al 20', falta no pitada a Vini que concluyó con una oportunidad casi inmejorable para Ansu Fati. El exculé la mandó fuera cuando era más fácil meterla. La respuesta blanca, ocasión aérea de Aurélien, aunque finalmente cabeceó otro individuo azul de los que pululaban por el césped. Pero el balón lo amarró el meta.

En el minuto 25, el Madrid hilvanó una jugada de alta costura. Detalle de clase de Camavinga, pase mágico de Güler, asistencia de Vini y gol de Mbappé. Maravilloso. 2-0. El francés lleva ya 32 dianas y el mismo número de goles.

Vini pudo anotar el tercero, pero un defensor desvió lo justo para enviar el balón a córner. El Mónaco devolvió el golpe. Golpazo, más bien. Teze reventó el balón  —por suerte— contra la zona del larguero que linda con la escuadra. El rival, no le quedaba otra, dio un pasito pa'lante. Los madridistas rezábamos porque los nuestros no hicieran el Ricky Martin y dieran un pasito pa'trás.

Courtois se estrenó, guardametamente hablando, en el minuto 35. Despejó de puños, quizá demasiado aparatosamente, un disparo de los rivales, que seguían con la idea de marcar gol, pese a haber recibido ya dos y que al Madrid no le viniera nada bien que anotasen. Esto lo tienen muy hablado los blancos.

Aun así, el Mónaco seguía atacando y Balogun exigió más a Thibaut que en la ocasión anterior.

Con 2-0 y la casa medio barrida, se llegó al descanso. Buena primera parte de los chicos de Arbeloa.

El Madrid No solo se reconcilió con los escépticos, sino que les ofreció una exhibición goleando al equipo del Principado por seis goles a uno

La segunda parte comenzó con Ceballos en el campo. Como no se puede jugar con doce, salvo que vistas de azulgrana, hubo de quedarse en el banco Asencio. Esperemos que solo por precaución.

El Madrid reinició de manera fenomenal. A los seis de la segunda mitad, Vini recibió al borde del área, se regateó a sí mismo, y dio su segunda asistencia. Esta vez a Mastantuono, quien, francamente, juega mejor con el pelo de pollito.

Sin tiempo ni para estornudar, nueva jugada de Vini que acabó en gol en propia meta. Marcó sin Kehrer. El brasileño, decisivo en tres de los cuatro goles. Si no es para pitarlo, ya me diréis.

A todo esto, Courtois detenía todo lo que llegaba y el Madrid seguía volcado sobre la portería de los ilustres vecinos de la Costa Azul. Jude no marcó el quinto porque un señor se empeñó en evitarlo cuando la pelota se colaba. El partido era gozoso como una tarde en los recreativos con un kilo de monedas de cinco duros.

Entonces Vini corrió como un poseso contra la meta rival, recortó y la reventó. Golazo por la escuadra. Se lo merece, como Míchel ante los coreanos. Muchos atribuirán el mérito a sus pitos en lugar de a los bemoles del brasileño.

Pero no todo iba a ser perfecto, Ceballos erró gravemente en el área y le regaló un gol al Mónaco. Lo marcó Teze.

Camavinga y Güler dejaron su puesto a dos laterales: Carvajal y Fran García.

Pese a un pequeño periodo de relajación tras el gol monegasco, Fede filtró magistralmente al área, Huijsen asistió sin tocar la pelota, simplemente con la sombra de las suyas, y Bellingham dribló y embocó el sexto. «No cometerás adulterio», pero los blancos no respetaron el mandamiento y fueron tremendamente infieles con lo que habían sido ellos mismos hasta hoy.

Arbeloa retiró a Fede y sacó a Meso, canterano que de haber sido de la Masía habríase llamado Mesi. Entre tanto, Jude no marcó el séptimo de milagro y Kylian el octavo, no, perdón, el séptimo también, por poco. Ídem, Vini.

Así se llegó al final. Los de Arbeloa se exhibieron no solo ante los escépticos, también ante los cínicos, los estoicos, los sofistas y un señor de Matalascañas que estaba muy enfadado.

Hoy el Madrid ganó 6-1, jugó muy bien y le echó un par.

 

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En este artículo recogemos, de forma resumida, las declaraciones de los testigos.

Previamente, quiero precisar —porque en el anterior artículo no lo hice— que José María Enríquez Negreira, en calidad de investigado, se acogió a su derecho a no declarar.

Además, José María Enríquez Negreira sufre demencia leve, diagnosticada como un principio de Alzheimer, con afectación de memoria y lenguaje, aunque se considera que no está incapacitado para afrontar un proceso judicial. Su defensa presentó informes médicos que certificaban la enfermedad para alegar su incapacidad, pero los jueces determinaron que es imputable y puede declarar, aunque la patología esté presente.

Conviene aclarar que, con su dolencia, puede olvidar cosas, porque le afecta a la memoria, pero no inventar hechos ni relatar sucesos que no han ocurrido, como algún culé trata de hacernos creer.

Por otro lado, aunque en mi último artículo señalé que no había constancia de las declaraciones de Óscar Grau —director ejecutivo del F.C. Barcelona entre el 12 de septiembre de 2016 y el 28 de abril de 2021—, investigado en el caso, estas han salido posteriormente a la luz. Mientras escribía este artículo, Ramón Álvarez de Mon ha publicado, en exclusiva, el vídeo de su declaración en el juzgado:

No hay nada reseñable. Contesta a su abogado y evita responder, como todos. Declara que los informes eran de Javier Enríquez y que dejaron de realizarse porque suponían un gasto elevado para el club y había que hacer recortes debido a la situación económica del Barça.

Declara también que el expediente que abre la AEAT no lo firma él, ya que abandona el club en abril de 2021 y este se cierra en julio de ese mismo año, cuando ya no forma parte del F.C. Barcelona. Aunque, en las primeras comunicaciones entre la AEAT y el Barça —dato que no menciona en el vídeo—, también figura como CEO. Es decir, por parte del club intervienen Óscar Grau y Albert Soler.

A continuación, muestro las declaraciones de los testigos que han declarado hasta ahora, de forma cronológica.

 

Testigos

 

Luis Enrique Martínez y Ernesto Valverde

 

Dada la brevedad de ambas declaraciones, realizadas además de forma telemática, las agrupo, ya que dijeron prácticamente lo mismo. Ambos fueron entrenadores del primer equipo del F.C. Barcelona: Luis Enrique, de 2014 a 2017, y Valverde, de 2017 a 2020.

Han declarado, ratificando lo que ya hicieron ante la Guardia Civil, que jamás vieron un informe arbitral durante su etapa en el club y que ni siquiera conocían la existencia de estos.

 

Joan Laporta

 

Es el actual presidente del F.C. Barcelona desde el 17 de marzo de 2021 y lo fue también entre el 15 de junio de 2003 y el 30 de junio de 2010. Tal y como ya he explicado en un artículo previo, los presuntos delitos que se le atribuirían, correspondientes a su primer mandato, han prescrito y, aunque el juez Aguirre dejó claro en su auto que considera que actuó de forma idéntica a Rosell y Bartomeu, no puede ser investigado por esta prescripción.

En su día, el entorno culé vendió que habían ganado el caso, que el juez retiraba los cargos al Barça y que no había nada en el caso Negreira, al que calificaban de invención del Madrid y sus medios. En realidad, se referían únicamente a que Laporta dejaba de estar investigado por la prescripción de los presuntos delitos. Nada más.

Conviene recordar que Laporta también ocupó el cargo de vocal de la Junta Directiva de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), posición a la que accedió como presidente del F.C. Barcelona en marzo de 2021 y a la que renunció en noviembre de 2023. En junio de 2021, aproximadamente un mes antes de que prescribiera el delito de corrupción por los pagos a Negreira según la Ley del Deporte, votaron a favor —entre otros— Rubiales, Pedro Rocha y el propio Laporta para eliminar del código ético de la RFEF las sanciones por casos de corrupción, ganando dicha votación.

Laporta comenzó su declaración respondiendo al fiscal que no conoce personalmente ni ha visto nunca a José María Enríquez Negreira ni a su hijo, Javier Enríquez Romero.

Afirma que los informes los realizaba Javier Enríquez Romero, que él no sabía quién era su padre ni que fuera vicepresidente del CTA, y que lo único que conocía era que los informes los hacía el hijo de un exárbitro. Señala que, cuando llega a la presidencia en 2003, le informan de que esos informes se realizan, que el área deportiva se encarga del asunto y que deciden continuar con ello, ya que no puede estar al detalle de todas las cuestiones y cada área gestiona sus competencias.

Declara que se pagaba por informes técnicos arbitrales, no por influencia ni por ningún otro motivo.

Preguntado por si esos informes los realizaba el hijo también durante su etapa en Turquía, en el Fenerbahçe, en la temporada 2008-2009 con Luis Aragonés, responde que lo desconoce y que se lo pregunten al propio Javier Enríquez.

Se le pregunta también por el primer encargo “documentado”, que responde a una factura por la compra de varios “packs de aloe vera”. Laporta afirma que desconoce ese tipo de cuestiones.

Sobre el incremento del precio de los servicios prestados, sostiene que se debe a que se disputan más partidos por temporada. Añade que también se realiza seguimiento en la Copa América y en el Mundial, lo que incrementa el número de encuentros a analizar. KPMG sí advirtió en 2010 de un aumento del 102 % en los pagos a Negreira, pero Laporta justificó la continuidad del servicio por considerarlo valioso para el club y no ilegal.

Declaró asimismo que encargó informes forenses para investigar presuntas irregularidades en la gestión de la junta anterior, especialmente bajo la presidencia de Sandro Rosell, con el objetivo de justificar acciones legales y limpiar la imagen del club tras el caso Negreira. Uno de los más destacados fue el realizado por el despacho PWC (PricewaterhouseCoopers), centrado en las cuentas y contratos sospechosos, además de otros encargos a firmas como Cuatrecasas y KPMG, todos orientados a aclarar las finanzas y prácticas de la etapa anterior.

También declaró que los informes arbitrales, por política interna del club, se destruyen cada cinco años; que los que conservaban fueron recuperados “de casualidad” en el fondo de un armario y que eran muy elaborados. Estos se encontraban en un armario del despacho del delegado del F.C. Barcelona, Carlos Naval, durante una investigación interna, cuando el Compliance Officer del club, Sergi Atienza, junto con otros abogados, halló cientos de informes y CD.

Afirmó igualmente que era falso que el Barça hubiera aceptado ante la Agencia Tributaria que los pagos a las empresas de Negreira fueran una mera liberalidad. Explicó que, en julio de 2021, el club cerró un acuerdo “global” con el fisco para poner fin a todas las inspecciones abiertas, incluida la relativa a los pagos a agentes de futbolistas, uno de los puntos que, según reconoció, mayor impacto económico tenía para la entidad en ese momento.

El juez considera que Laporta actuó de forma idéntica a Rosell y Bartomeu, pero no puede investigarlo por prescripción

Se le pregunta finalmente por el hecho de que actualmente el club tenga en plantilla a un exárbitro encargado de elaborar este tipo de informes, percibiendo un salario muy inferior al que se pagaba entonces. Laporta responde que se están comparando cosas distintas, que los informes que realizaba Javier Enríquez iban mucho más allá de un mero informe arbitral y que, por tanto, no son comparables en contenido ni en precio. No concreta, sin embargo, a qué se refiere exactamente.

Cabe señalar que las preguntas fueron formuladas por el fiscal, el abogado del Real Madrid y el abogado de Xavier Estrada. El abogado de LaLiga solo realizó una pregunta, relativa a si el hijo de Enríquez Negreira acompañaba a los árbitros al Camp Nou, a lo que Laporta respondió que lo desconocía. El abogado de la RFEF no formuló ninguna pregunta.

No hay más declaraciones que recabar, pero quiero añadir algo que no incluí en el primer artículo de esta serie, cuando abordé el burofax de Negreira al F.C. Barcelona, ya que me centré en uno concreto cuando, en realidad, se enviaron tres.

El primero, fechado el 3 de diciembre de 2018, lo remite el abogado de Negreira, reclamando incluso 267.047 euros supuestamente adeudados en virtud de su contrato, y afirmando que trabajaba directamente por indicación de los presidentes Laporta, Rosell y Bartomeu:

Hice referencia, dentro de las pruebas indiciarias, al segundo de ellos, de febrero de 2019, en el que amenaza con destapar determinadas irregularidades:

El tercero se envía en septiembre de 2020, después de que el Real Madrid ganara una Liga, momento en el que el Barça activa su maquinaria para sostener que el título se debió al VAR. En este burofax, Negreira, que repentinamente deja de amenazar al club y adopta un tono mucho más conciliador, les informa de que puede ayudar con el VAR:

Conviene tener en cuenta los tres burofaxes.

En un próximo artículo analizaré las contradicciones en las declaraciones de investigados y testigos, las mentiras flagrantes que se han vertido y las consecuencias inmediatas que ya han tenido.

 

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Entregas anteriores:

 

Actualización Caso Barcelona-Negreira. Parte I

Actualización Caso Barcelona-Negreira. Parte II

Buenos días, amigos. Hoy juega el Real Madrid partido de Champions contra el Mónaco en el Bernabéu, y lo que más nos importa a los madridistas es ganarlo. Para saber qué rival nos encontraremos enfrente, lo mejor es leer este análisis de Alberto Cosín.

Ayer, el protagonista fue Mbappé, quien ofreció una rueda de prensa fetén. Kylian estuvo de 10, como reza su camiseta. El francés asumió los pitos del Bernabéu y entiende que deben trabajar para mejorar y revertir la situación.

En cambio, no le gustó que no fueran para todos y se personalizaran en ciertos futbolistas, sobre todo en Vinícius, puesto que la responsabilidad es de la plantilla al completo.

Kylian dio la cara por Vini, lo defendió, dijo que nunca iba a estar solo en el Madrid y que tanto él como sus compañeros deben protegerlo. Así dará su mejor versión, la de uno de los más grandes del mundo.

En modo jefe, Mbappé defendió la labor realizada por Xabi y mostró su apoyo innegociable ahora a Arbeloa.

Incluso Marca destaca en su portada la gran faena del francés.

Pero claro, Marca es Marca. Y Marca es, sobre todo, quienes están detrás. Por tanto, si osan ensalzar cualquier aspecto del Real Madrid, deben contrarrestar con alguna maldad.

En este caso, la tergiversación la firma Sergio Rodríguez.

Ya veis el titular de la pieza: «¿Xabi? No voy a hacer el tonto, claro que han pasado cosas». El autor de la misma ha recolectado palabras de aquí y de allá, las ha juntado a su antojo y ha logrado aquello que buscaba el diario de Gallardo: enrarecer, fastidiar, atacar al Real Madrid. Recordad que Marca es especialista en mentir y en poner en el foco, además de exhibir notables habilidades ante la parrilla y la pista de pádel.

Realmente, a Mbappé le comentaron que parecía que no le gustaba cuando le preguntaban si hubo problemas con Xabi con parte de la plantilla. Kylian, tras una breve introducción, aclaró que en el Madrid sucede lo mismo que en cualquier gran club y que: «Hay muchas cosas que se dicen que no son verdad, ¿sabes? Hay cosas que a veces son verdad, hay cosas que son falsas, cosas que la gente dice 10% e inventa 90%. Y yo pienso que eso no está bien, pero nuestro trabajo es no decir nada y aceptar, pero cuando tengo la oportunidad de decirlo lo digo».

Antes, había puesto en su lugar a Miguel Ángel Díaz de la COPE. El preguntador soltó que había habido enfrentamientos de Xabi con jugadores. Mbappé torció el gesto como quien escucha una bobada pero sin el «como» y le cuestionó: «¿Problema del entrenador con los jugadores? ¿De dónde sabes eso tú?». Miguelito, con voz ya más temblorosa, se excusó argumentando que eso se había comentado. Kylian insistió desafiante: «¿Sí? ¿Quién?». Miguelito: «Muchos medios de comunicación». Mbappé: «¿Ah, sí?». Miguel Ángel Díaz sufrió una instantánea descomposición intestinal y no tuvo la valentía de reconocer que él fue uno de los que lo afirmaron, no tuvo los bemoles para defender su «información».

El club está en guerra contra la corrupción, y la actitud necesaria es la mostrada tanto por Mbappé como por Arbeloa en sendas ruedas de prensa.

El Real Madrid ha entendido que, además de ganar partidos, hay que disputar otro encuentro menos visible, pero igual de decisivo.

Ayer, Kylian ejerció esta función de manera sobresaliente. Más que un «Líder de la paz», como titula As, Mbappé es un guerrero contra el relato.

Nos centramos ahora en la prensa del FC Barcelona.

Sport dice que hay acuerdo entre clubes para que Ter Stegen se incorpore al Girona y, abajo a la derecha, destaca que adjuntan un poster de la plantilla del Barça 2025-2026. Se ve pequeñito, pero no atisbamos ni a Óscar Lago ni a Carlitos Martínez ni a Negreira & son ni a Tebas ni a Louzán ni a nadie de la empresa encargada de suministrar imágenes al VAR, etc. Quizá tuviesen cosas que hacer, como dedicarse al cultivo del aloe vera.

Mundo Deportivo tiene las santas narices de afirmar que el Barça tiene la sensación de luchar contra todo, pero, como dijo Fermín, «no podrán con nosotros». Entendemos que en ese «contra todo» se incluyen los ausentes de la foto mencionados en el párrafo anterior.

El Barça se comporta como si un gobierno que tiene a su disposición todos los poderes del Estado se quejase de luchar en solitario e indefenso contra una asociación de vecinos cuyas principales armas son el pastelero y la ferretera del barrio.

Ayer se ganó en la rueda de prensa, hoy hay que hacerlo en el césped. ¡Hala Madrid!

Pasad un buen día.

El Real Madrid no suele morir de hambre, muere de éxito. Es una peculiaridad histórica que nos ha acompañado desde siempre: cuando el club gana demasiado, deja de escuchar al fútbol y empieza a escucharse a sí mismo. Le pasó tras la Séptima, le pasó tras la Novena, y le ha vueltoa pasar —con una precisión casi académica— después de la 15ª Copa de Europa.

La caída no ha sido inmediata, nunca lo es. El Real Madrid no se despeña: se desliza, convencido de que la pendiente no existe porque el escudo siempre frena. Hasta que no frena.

Y entonces aparece Albacete.

3-2: El Alba anocheció al Madrid

Conviene recordar —porque la memoria es selectiva y el madridismo tiende a romantizar sus propias tragedias— que algo muy parecido ocurrió hace veinte años. No con el Albacete, sino con el Mónaco, con el Zaragoza, con la Juventus, con el Arsenal. Cambian los nombres, no el patrón. Entre 2003 y 2006 el Real Madrid pasó de ser campeón de Europa a un club sin pulso competitivo, atrapado en una rueda de entrenadores y con un vestuario que se gobernaba solo. Aquello acabó con la dimisión de Florentino Pérez. Esto, de momento, acaba con una eliminación copera sonrojante. El proceso, sin embargo, es inquietantemente familiar.

La 15ª Copa de Europa fue una obra maestra de gestión, oficio y competitividad. Aquel Real Madrid no brillaba siempre, pero sabía exactamente cuándo y cómo competir. Era un equipo incómodo, resiliente, con hambre intermitente pero letal. Carlo Ancelotti había conseguido lo más difícil: que el vestuario aceptara el esfuerzo como parte del contrato emocional con el escudo.

Y ahí empezó el problema.

La nostra fine

Porque el éxito no solo valida lo bueno; blanquea lo malo. La Champions legitima decisiones que quizá solo funcionaron porque el contexto fue excepcional. Se confundió madurez con inmunidad, experiencia con compromiso eterno, jerarquía con derecho adquirido. El discurso se deslizó, casi sin darnos cuenta, hacia esa peligrosa zona en la que el Real Madrid cree que competir es algo que se activa por decreto histórico.

El verano posterior a la 15ª fue tranquilo, casi demasiado. No hubo revoluciones porque “no hacían falta”. No hubo tensión porque “ya se sabía ganar”. Y el vestuario —ese organismo vivo que detecta antes que nadie cuándo puede aflojar— tomó nota.

La temporada siguiente arrancó con resultados aceptables y sensaciones mediocres. El equipo ganaba, pero ya no mordía. Controlaba partidos, pero no los dominaba. Aparecieron las desconexiones, los minutos de siesta, las fases largas de fútbol plano. Y lo más grave: todo se normalizó.

Los Galácticos 2.0 son igual de peligrosos. No son mediáticos, no viven de portadas, no posan para perfumes. Son jugadores excelentes, campeones de Europa por duplicado, con prestigio ganado y una sensación interna de propiedad sobre el vestuario. les basta con acomodarse

Es el síntoma inequívoco de la decadencia blanca. El día que el Real Madrid empieza a decirse a sí mismo “ya reaccionaremos”, ha dejado de ser el Real Madrid competitivo para convertirse en una caricatura confiada de su pasado. Eso mismo ocurrió en 2003/04, cuando el equipo de los Galácticos se permitió llegar a marzo sin piernas ni recambios porque “con este talento basta”. No bastó.

Entonces se había vendido a Makelele, el único que sostenía el edificio, porque no era glamur. Hoy no hay ventas traumáticas, salvo la marcha de Modric y la retirada de Kroos  sin repuesto firme en el centro del campo, pero sí abandonos silenciosos: del rigor diario, del cuidado personal, de la tensión profesional. No se deja de entrenar; se entrena peor. No se deja de competir; se compite menos. El deterioro no sale en las fotos.

En los Galácticos 1.0, el problema fue evidente: un vestuario con demasiadas estrellas y muy poca jerarquía deportiva real. El entrenador era decorativo, la plantilla se gobernaba sola y el club miraba para otro lado porque el negocio funcionaba.

Los Galácticos 2.0 son distintos, pero igual de peligrosos. No son mediáticos, no viven de portadas, no posan para perfumes. Son jugadores excelentes, campeones de Europa por duplicado, con prestigio ganado y una sensación interna de propiedad sobre el vestuario. No necesitan rebelarse: les basta con acomodarse.

Cuando un grupo así se relaja, el entrenador deja de mandar sin que nadie se lo discuta abiertamente. Ancelotti —magnífico gestor de egos, probablemente el mejor— funciona mientras el vestuario quiere ser gestionado. Cuando el grupo decide que ya sabe lo que tiene que hacer, el técnico pasa a ser un notario del proceso.

Esto no es una acusación personal. Es una constatación histórica. Le pasó a Del Bosque, le pasó a Queiroz, le pasó a Luxemburgo, a García Remón, a López Caro. Le pasó a Ancelotti y ha acabado con Xabi Alonso en la calle. El problema no es el entrenador: es el ciclo.

Y entonces llega la Copa. Ese torneo al que el Real Madrid suele despreciar hasta que le humilla. La eliminación ante el Albacete no es grave por el resultado; es grave por el lenguaje corporal. Ritmo bajo, cero urgencia, ninguna sensación de “esto no puede pasar”. El Madrid cayó como quien pierde un amistoso inoportuno. Sin rabia. Sin vergüenza deportiva. Sin alma.

Eso es exactamente lo que ocurrió en la primavera de 2004, cuando el equipo fue eliminado por el Mónaco tras ganar 4-2 en la ida y perder la vuelta como si la eliminatoria no existiera. El denominador común no es el rival: es la desactivación competitiva.

Albacete no es una mancha aislada. Es el espejo. Como lo fue Zaragoza en Copa, como lo fue el Arsenal sin marcar un gol, como lo fue aquella Juventus que parecía invencible porque el Madrid ya no creía del todo en sí mismo.

Aquí está la trampa conceptual: pensar que los Galácticos fueron solo marketing. No. Fueron, sobre todo, jugadores que ganaron demasiado pronto y dejaron de sufrir lo necesario. Hoy no hay Beckham ni portadas, pero hay algo igual de letal: campeones consolidados que creen que el cuerpo aguanta solo, que el fútbol perdona, que el escudo compensa.

No lo hace. Nunca lo ha hecho.

El Real Madrid siempre ha sido un club que necesita tensión interna para sobrevivir. Cuando esa tensión desaparece, se convierte en un equipo vulnerable, incluso ridículo. Da igual que tenga menos ego o más disciplina aparente. Sin hambre, el Madrid es un gigante con sueño.

Entre 2003 y 2006 el club tardó tres años en aceptar que el modelo había muerto. Hoy aún estamos a tiempo. Pero el paralelismo es demasiado claro como para ignorarlo. La historia no se repite, pero rima con mala leche.

Estamos en una era de Galácticos 2.0: no mediáticos, no glamourizados, pero igual de peligrosos. Grandes jugadores, campeones, acomodados, dueños del vestuario y convencidos de que el pasado compite por ellos.

No compite.

El problema de los tres cuerpos

Y si el Real Madrid no lo entiende pronto, Albacete no será el final del relato. Será solo la primera nota a pie de página de otra decadencia anunciada.

El sábado se jugó en el Bernabéu, el día del cumpleaños de Arbeloa, contra el Levante, el penúltimo de la liga, un partido que, a priori, debía ser plácido, tranquilo, de goleada. Pues no, el Real Madrid ha sufrido la bronca monumental del estadio, que es el más sabio del planeta, ha hecho un primer tiempo deplorable y, afortunadamente, lo ha arreglado de una forma digna en la segunda mitad con dos goles, obra de Mbappé, que llega a los 30 esta temporada, y de Raúl Asencio, que tendrá sus carencias, pero que siente el escudo y se mata por él todos los partidos como el que más. Al final, los pitos se han tornado en aplausos y el público se ha ido con la sensación de que estos jugadores, si quieren, pueden. Y por eso pitan, porque saben que depende de ellos, de su actitud en cada partido, de su trabajo y de su esfuerzo, porque calidad, calidad, les sobra a borbotones.

Me despido, no obstante y ahora más que nunca, como siempre: Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida… ¡Hala Madrid!

Nota: Jacinto sigue vivo. A veces escribe de fútbol, a veces de uno mismo. A veces de ambas cosas a la vez. Por si alguien quiere asomarse a ese otro desastre organizado, aquí sigue el proyecto… https://vkm.is/jacintoelgilipollas

La supuesta “crisis” del Real Madrid admite una exégesis sencilla: el fútbol sigue siendo un juego de asociación e inventiva, y el balón sigue corriendo más que los jugadores. Por eso Modrić, con 40 años, continúa impartiendo magisterio. Y digo “crisis” entrecomillada porque el peor Madrid de la década, ese que sus propios madridistas se empeñan en afear con saña autodestructiva, está apenas a un punto del eterno rival que, al parecer, sigue reinventando el fútbol, aunque no le basta para despegarse. El desastre se llevó por delante al bueno de Xabi Alonso, pero el Real Madrid sigue al acecho en la penumbra.

La transición entre la estirpe de los Jerarcas y el nuevo Madrid de músculo y físico está colapsando, principalmente porque los segundos parecen adolecer de esa mística del escudo y los colores y, además, ganaron relevancia en el universo fútbol aupados por los primeros, aunque se arrogan esa gloria como un derecho de nacimiento. No hay que matizarlo. Fue una estrategia coherente en su momento, pero el fútbol no ha ido por esos derroteros.

Para más inri, no hay en el día a día del equipo un componente telúrico de canteranos exitosos que marque la pauta en ese sentido. Urge en ese vestuario alguien capaz de leerles la cartilla del respeto al escudo del Real Madrid a las estrellas. Asencio y Gonzalo encarnan ese perfil, pero acaban de llegar y, aunque son de los pocos que muestran la actitud necesaria, su voz no es todavía lo suficientemente atronadora. Se echa en falta un Nacho o un Lucas de la vida porque, desde su lesión, Carvajal entra y sale de la dinámica sin el ascendente jerárquico necesario.

Y el fútbol no ayuda. Hay problemas evidentes en las posiciones, en la arquitectura de la plantilla, en la profesionalidad y en el comportamiento de ciertos jugadores, pero lo más grave es la indigencia cultural en torno a los valores madridistas. Al penúltimo de la competición local no se le disparó a puerta en 45 minutos y tuvo que salir Arda Güler a poner el pundonor que otros reservan para sus redes sociales para encarrilar un partido que, a priori, era accesible. Y los pitos no cesaron. Con algo de justicia, pero con demasiada bilis.

La transición entre la estirpe de los Jerarcas y el nuevo Madrid de músculo y físico está colapsando, principalmente porque los segundos parecen adolecer de esa mística del escudo y los colores

Ese vacío cultural, maridado con una generación de neonatos del éxito —pero no del talento superlativo que ellos mismos se autoatribuyen—, desemboca en un cóctel horroroso y hace que el cambio generacional se antoje más complejo de lo esperado. Xabi, que tenía el perfil ideal para acometerlo, combinando táctica, trabajo y actitud, no fue suficiente. Álvaro Arbeloa, por muy hombre de club que sea, ya ha deslizado en rueda de prensa que estará del lado de esos mismos jóvenes, alineado a defenderlos. Con razón, pero en cuanto empiece a incomodarlos, quizá no baste.

Y así es difícil, porque pesa más la voluntad caprichosa que el esfuerzo sincero y corajudo, algo que, vistos los aplausos que se llevó el goleador Asencio frente al Levante, es hoy capital. Ante la anemia cultural, espíritu y nervio. Es lo que hay.

El panorama es tan sombrío y aventuro que, salvo desastre al otro lado del puente aéreo y solo con una alineación planetaria en la Copa de Europa —tras haber sido penosamente apeados de la Copa del Rey—, tendremos un año más sin tocar metal.

Lo siguiente me resulta pavoroso decirlo como madridista: quizá sea conveniente. Imaginen el nivel de autocomplacencia de estos jugadores si levantan otra Orejona con este comportamiento indolente.

Nos quedan, pues, varios meses de angustia y rabia, bien frente al televisor, bien desde el graderío del Santiago Bernabéu. Quiera Dios que la situación límite y los pitos sirvan de impulso para reconducir una nave que avanza en deriva peligrosa. Desde el palco. Con firmeza en la cirugía necesaria.

En cuanto a los pitos, cada cual es libre de exigir como crea conveniente, pero conviene recordar que la grandeza de este club no radica en hostigar a los propios jugadores ni en hacerlos sentir visitantes en casa. Lo que ha hecho grande al Real Madrid es el madridismo y la pasión, no la desafección de la grada. Muchos jugadores merecen una reprimenda, sí, pero cuando visten nuestra camiseta y nuestro escudo se convierten automáticamente en nuestros consanguíneos. La reprimenda paterna es mejor que el dejar hacer, pero la autofagia de la propia carne no tiene sentido.

La reprimenda paterna es mejor que el dejar hacer, pero la autofagia de la propia carne no tiene sentido

Y lo digo claro: no quiero la "manchesterunitedficación" de mi Madrid.

Cierro con una nota sobre el balompié que parece avecinarse con Arbeloa. El primer tiempo ante el Levante demuestra que los pitos son tóxicos; el segundo, que hay certezas desde las que construir. Aprovechar la sociedad Güler–Mbappé debe ser una constante. El dúo Camavinga–Tchouaméni no puede serlo. Con una defensa cogida con pinzas, Valverde es el mejor lateral disponible, aunque Jiménez sea un buen escudero. Dani Ceballos debe tener más minutos y, si Gonzalo va a estar en el verde, debe ser nuestro ariete. Courtois es una isla de paz.

Esta plantilla no es tan errática como parece. Ojalá Arbeloa sepa manejarla. Estamos a solo un punto de los inventores del fútbol y entre los ocho mejores de Europa. Aún hay esperanza de epopeya.

 

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