Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días, amigos. Como dice el maestro Tomás Guasch, tomémoslo a coña. Nos queda eso o la cicuta. Como madridistas que indisimuladamente somos, deberíamos  estar contentos porque el equipo cliente de Negreira se dejó dos puntos en Vallecas, y sin embargo solo podemos estar indignados, tal y como dice As que están en dicho barrio madrileño.

A estas horas, todos habréis visto el penalti merced al cual el equipo azulgrana consiguió adelantarse en el marcador y a la postre salvar un punto. Ese penalti es un atentado al fútbol, una aberración, un fraude absoluto. Una pantomima que sigue a otras muchas desde hace décadas. Y tuvo lugar precisamente cuando el VAR optó por irse de vacaciones justo cuando los comunes mortales regresamos de las mismas.

Que sí, que sí, que habéis leído bien. Que el VAR no funcionó ayer en Vallecas. ¿Cómo puedo jugarse el partido sin VAR, cuando el resto de los partidos se juegan con VAR? ¿Dónde quedan ahí la equidad y la justicia? Nuestro colaborador Jacinto Fernández se hace exactamente la misma pregunta en esta estupenda columna, en la que por cierto muestra también su profunda decepción por la caída en el averno de Busquets Ferrer, un árbitro joven, presuntamente no contaminado de negreirismo, que hasta ayer era la última gran esperanza del sistema arbitral español.

Hasta ayer. Ya es uno de tantos. Ya es negreirismo profundo y ominoso. Ya es un Sánchez Martínez, un De Burgos B, un Soto Grado. No sabemos si alguien ahí sigue cobrando del club azulgrana, no sabemos si hay un Negreira II, o si simplemente les mueve el odio al Real Madrid (y la consiguiente adoración por todo lo blaugrana) por ser el Madrid el único club que se enfrenta frontalmente a sus cacicadas. El caso es que el negreirismo sigue. El negreirismo es una corriente que se inicia con toda probabilidad a inicios de la última década del siglo pasado, que prosigue ininterrumpidamente hasta hoy, y que deja un reguero de pistas en forma de torpes facturas entre 2001 y 2018.

Y ayer se cae el VAR, para mayor gloria y honor y rechifla y putrefacción de la pestilente liga de Tebas, que solo saca a relucir su fácil gatillo para el tuit desabrido cuando le conviene. ¿Tiene ahora algo que decir?

El negreirismo es una corriente que se inicia con toda probabilidad a inicios de la última década del siglo pasado, que prosigue ininterrumpidamente hasta hoy, y que deja un reguero de pistas en forma de torpes facturas entre 2001 y 2018

Quien sí tuvo algo que decir fue el exárbitro Estrada Fernández, quien se apresuró a indicar que no hay problema técnico del VAR que no pueda ser solventado con la aplicación del siguiente protocolo. Lo que pasa es que no se quiso aplicar. Es decir, SE ELIGIÓ JUGAR SIN VAR.

¿Cómo os quedáis?

 

Todo esto sucedió bajo la mirada de Joan Laporta y Fran Soto, CEO del Comité Técnico de Árbitros, quien como por lo visto aquí ya no vale la pena tratar de ocultar nada se presentó en el estadio del Rayo de la manita de Laporta, y vieron el partido hombro con hombro entre sonrisas de amor y satisfacción. El estado actual de las cosas queda reflejado en este post desesperanzado y hastiado de nuestro amigo y colaborador Paul Tenorio.

Pensaréis que en los medios se ha liado una gorda con el ridículo, vergonzoso penalti señalado a Lamine. O no lo pensaréis, porque si lo pensáis no conocéis el cotarro y /o no leéis La Galerna. Ni ante el protagonista de la jugada, Lamine Yamal, ni ante Hansi Flick hubo un solo medio que indagara sobre la opinión de los interesados a cuenta de la jugada. Lo resaltaba, exasperado, Vicente Ruiz en X.

Y así seguimos, amigos. Marca se hace cargo del oprobio y apunta al escándalo de la falta de VAR en Vallecas, rehusando acogerse a la fórmula acomodaticia “penalti polémico” (como hace As) y optando directamente por tildarlo de “inexistente”, que es lo que ve cualquier persona que tenga dos ojos en la cara y no se llame Iturralde González o cosas así.

 

Os estaréis preguntando si la prensa cataculé hará al menos alguna mención a la jugada, si le aplicará el ya comentado y muy frío calificativo de “polémica” al menos, si dará como mínimo acuse de recibo tangencial de la auténtica razón (más allá de la gran actuación de Joan García) por la que salvaron los muebles en Vallecas.

Ingenuos, ¿nacisteis ayer? Ni una palabra.

Y así están las cosas. El madridismo no aguanta más. Y eso que solo llevamos tres jornadas de liga.

Pasad un buen día.

Busquets Ferrer ha arbitrado el Rayo Vallecano–Barcelona. Punto. Y en mitad de la nada, sin que nadie lo esperase ni lo pidiese, sin que ni el propio Joan Gaspart en su palco imaginario hubiera tenido la desfachatez de reclamarlo, se ha inventado un penalti a favor de  ese equipo del que usted me habla. Punto.

Ese penalti invisible —porque no lo vio nadie, ni siquiera los cámaras, ni los recogepelotas, ni el VAR, que no existía hoy, ni los gafotas de la grada— ha sido la piedra filosofal de la jornada junto al atraco a mano armada de ayer en Chamartín con los 3 goles 3 anulados al Real Madrid. El fútbol español lleva meses predicando que Busquets Ferrer era el elegido, el árbitro limpio, el rostro juvenil de la regeneración arbitral, el chico que venía a demostrar que la etapa de Negreira era cosa del pasado. “Este no tiene nada que ver con aquello”, repetían como papagayos los altavoces mediáticos del Régimen. Y efectivamente: no tenía nada que ver, porque lo de hoy es peor.

¿Hubiese pitado Busquets si el partido hubiera ido en serio?

La regeneración, ya se sabe, es un concepto muy nuestro. España se regenera cada dos días, lo dicen los políticos, lo repiten los jueces, lo aplauden los tertulianos, y al final consiste en que el mismo perro sigue ladrando, aunque esta vez lo hace con un collar distinto y un lazo fluorescente. El arbitraje español se ha regenerado con Busquets Ferrer, que ha sido capaz de inventarse un penalti más imaginativo que todos los que Negreira y su troupe cobraron en veinte años. Porque no se trató de un “penaltito”, ni de una jugada interpretable, ni de un contacto de esos que la cámara lenta convierte en magnicidio. No: fue la nada. El vacío. El penalti cuántico. El penalti que, si lo buscas en el acta, está ahí, pero si lo buscas en el césped, jamás existió.

Y así, con un gesto que pretendía ser de naturalidad, Busquets Ferrer apuntó al punto fatídico como quien se pide otro cortado en la barra. Con una tranquilidad pasmosa, como si toda su carrera arbitral hubiese desembocado en ese momento: el de regalarle al cliente de Negreira lo que el mismo nunca ha dejado de recibir.

Se suponía que era distinto. Se suponía que Busquets Ferrer venía sin mochila, sin herencia genética del arbitraje podrido, sin la sombra de Negreira, sin facturas con IVA pendiente de investigar. Era, decían, la nueva cara, el aire fresco, la regeneración, la flor de azahar en el estercolero. Pero no. Resultó que es uno más de la organización criminal.

La competición, por tanto, queda adulterada. Así de sencillo. En unos partidos hay VAR y en otros no, y casualmente en los que no hay VAR es cuando aparece el atraco de manual a favor del mismo de siempre

Sí, digo organización criminal, y no es un exceso literario. Cuando durante décadas un club paga millones al vicepresidente del CTA para asegurarse favores arbitrales, y cuando esos favores siguen produciéndose aun después del escándalo, ¿cómo llamarlo? Mafia arbitral, crimen organizado, servicio de suscripciones premium, como quieran. Lo de Busquets Ferrer hoy no ha sido un error humano ni una apreciación subjetiva: ha sido el peaje de entrada en el sistema. “Si quieres triunfar aquí, chaval, ya sabes lo que toca: penalti al que tú ya sabes”. Y el chico obedeció.

La prensa, por supuesto, saldrá a decir que “hay contacto”, que “es interpretable”, que “no hay imágenes concluyentes”. Y uno piensa: ¿cómo van a ser concluyentes si no hay nada que concluir? ¿Cómo van a existir imágenes si el penalti no existió? La manipulación llega al punto de que hasta Joan Gaspart, que todo lo ve blaugrana, se habría sonrojado con semejante invención. Ni él, con su entusiasmo patológico, se habría atrevido a pedir semejante disparate.

Y aquí llega la traca final: en Vallecas, justo hoy, el VAR se estropeó. Sí, se apagó, se fundió, se desconectó, se fue de vacaciones. El VAR, que está para frenar abusos, decidió dejar de funcionar justo en el partido en el que más se necesitaba. El resto de la jornada, VAR funcionando como un reloj suizo. En Vallecas, misterio. Milagro tecnológico. Casualidad de manual. De repente descubrimos que sin VAR, el club del estadio infinito es más atracador todavía que con VAR. Porque con VAR, al menos, existe la mínima posibilidad de que a algún técnico despistado le tiemble el dedo y rectifique el disparate. Sin VAR, el club de los pagos a Negreira vuelve a su estado natural: campo libre, pistola desenfundada, manos arriba y la caja registradora sonando.

La competición, por tanto, queda adulterada. Así de sencillo. En unos partidos hay VAR y en otros no, y casualmente en los que no hay VAR es cuando aparece el atraco de manual a favor del mismo de siempre. ¿Qué clase de Liga puede presumir de igualdad cuando los equipos modestos juegan sin red y el club del Régimen se beneficia de esa ausencia como un trilero en la Plaza Mayor?

Lo de hoy es esperpento puro. Valle-Inclán resucitado en Vallecas, con el VAR roto como gag final de un sainete. El Rayo Vallecano, modesto, peleón, de barrio, se encontró luchando contra once jugadores y un árbitro que llevaba bajo la camiseta el manual de instrucciones del Camp Nou, sin posibilidad de recurso tecnológico. Y a partir de ahí, ¿qué competir, qué justicia, qué regeneración?

El fútbol español sigue siendo rehén de la organización  que lleva décadas condicionando resultados, ligas y prestigios. Busquets Ferrer se ha estrenado como estrella mediática de la regeneración

No hay regeneración posible cuando el sistema sigue funcionando con las mismas claves: miedo, obediencia y prebenda. Lo de hoy demuestra que no hay árbitro “nuevo” ni “limpio” ni “regenerado”: todos, al final, pasan por el aro. El que no pita penalti inexistente en Vallecas, no sube. Y el que lo pita, asciende. Y si además ese día el VAR está convenientemente estropeado, el negocio redondo.

El fútbol español, por tanto, sigue siendo rehén de la organización  que lleva décadas condicionando resultados, ligas y prestigios. Busquets Ferrer se ha estrenado como estrella mediática de la regeneración, pero ya ha demostrado que su verdadero papel es otro: ser un eslabón más de la cadena. Y lo peor es que el próximo en llegar hará exactamente lo mismo, porque así funciona esta maquinaria podrida.

Regeneración, dicen. Y yo me río. Lo de Busquets Ferrer ha sido la confirmación de que no hay regeneración que valga: solo hay continuidad, descaro y sumisión al Régimen culé. Con o sin VAR, pero sobre todo sin él, la Liga española sigue siendo lo que siempre ha sido: un atraco a mano armada con el árbitro de cómplice.

Me despido como siempre, con la indignación de siempre, con la pesadumbre de que todo esto va a ser inútil porque después de dos años NO HA PASADO NADA, pero con la frase de nuestro Javi. Ser  Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. Hala Madrid.

 

Getty Images

La polivalencia es una virtud. Según la RAE, alguien polivalente es aquel que vale para muchas cosas. Sin embargo, esto no significa que el sujeto al que se le atribuye esta característica sea igual de bueno desempeñando diferentes tareas, aunque sea capaz de realizarlas.

Llevado al fútbol, un jugador puede cumplir en otras posiciones que no sean la suya. Pero esto no tiene por qué venir acompañado de que rinda igual de bien de lo que lo haría si jugara en su posición original.

Son pocos los casos en los que un jugador es capaz de rayar a un nivel similar en diferentes posiciones y que su nivel sea, como mínimo, de notable. Y lo más curioso del asunto es que, en el Real Madrid, tenemos dos ejemplos muy recientes: Federico Valverde y Eduardo Camavinga.

La posición idónea de estos dos jugadores es la de interior y pivote, respectivamente. No obstante, los hemos visto jugar a gran nivel como laterales derecho e izquierdo, respectivamente. De hecho, con Valverde surge siempre el chascarrillo de que solo le queda ganar una Champions como lateral, dado que ya ha ganado una jugando como falso extremo, y otra formando un doble pivote con Kroos.

Un concepto que deriva de la polivalencia es la reconversión, que consiste en cambiar la posición original de un jugador para intentar desarrollar su máximo potencial en otra, y que juegue en esta nueva posición de manera habitual. A lo largo de la historia del fútbol han existido reconversiones que cambian carreras, como la de Sergio Ramos del lateral derecho al central, o la de Andrea Pirlo,de mediapunta a organizador.

La polivalencia es una virtud. Según la RAE, alguien polivalente es aquel que vale para muchas cosas. Sin embargo, esto no significa que el sujeto al que se le atribuye esta característica sea igual de bueno desempeñando diferentes tareas

Sin embargo, en la plantilla actual del Real Madrid no hay ninguna reconversión posible a corto plazo. A pesar de ello, en los últimos días he leído bastantes peticiones de probar a Huijsen en otras posiciones por su gran calidad con el balón en los pies. Y me gustaría comentar algo al respecto.

Dean Huijsen es central. Puede parecer una obviedad, pero para algunos no lo es. Durante estos días, ha aflorado un debate en redes sociales sobre si Xabi Alonso debe utilizarle como pivote por su gran capacidad de sacar el balón jugado, a fin de intentar ganar mayor fluidez en el centro del campo. Esto es algo que me parecería un craso error. Huijsen no es pivote. Lo que hace especial a Dean es precisamente esa pulcritud a la hora de jugar el balón siendo central. No es habitual ver un defensor con tanta destreza a la hora de distribuir el juego.

Es lo que me gusta denominar como "jugador trampa". En este caso, hablamos de un central que, además de ser un privilegiado en todo aquello que se le pide a un defensa, cuenta con atributos y virtudes que se le presuponen a un centrocampista.

Tenemos varios ejemplos parecidos en la historia reciente del Real Madrid. Una de las teorías más escuchadas en los últimos años era la que planteaba a Marcelo como extremo. Todos recordamos a Marcelo como un jugador muy creativo, capaz de inventarse jugadas propias del típico extremo brasileño “gambetero”. Y eso es precisamente lo que hacía tan diferencial a Marcelo. Que siendo lateral tenía virtudes que se le atribuyen a un extremo.

Pero era el propio Marcelo el que resaltaba esta evidencia. Él mismo, en una entrevista, aseguraba que era lateral y que, si le probaban en posiciones más adelantadas, su fútbol se vería muy resentido porque se sentiría perdido en el campo.

Huijsen no es pivote. Lo que hace especial a Dean es precisamente esa pulcritud a la hora de jugar el balón siendo central. No es habitual ver un defensor con tanta destreza a la hora de distribuir el juego

Otro ejemplo es el de Benzema como mediapunta  por detrás de un nueve. Lo que hacía especial a Karim, aparte de facturar siempre muy buenas cifras como si fuera un delantero centro, salvo un par de temporadas, era su sobrenatural entendimiento del juego y su inigualable capacidad para asociarse con cualquier compañero. Se decía siempre que era “un 9 con alma de 10”. Y eso era, efectivamente. Benzema tenía que partir de la posición del nueve para generar incertidumbre en los centrales y de esa manera poder bajar a zonas en las que combinaba con los centrocampistas. Era un verso libre, pero partiendo siempre desde la punta del ataque.

Algo parecido ocurre con Huijsen. En sus primeros partidos hemos visto situaciones en las que conduce prácticamente hasta la frontal del área rival, o en las que se sitúa muy cerca de los centrocampistas para servir de apoyo. Todo eso es posible porque lo hace partiendo desde la posición de central. Pero no es algo que se pueda forzar intentando que inicie como pivote. Es un añadido más a su juego que sirve para desconcertar a los rivales y generar superioridades.

Al jugador no hay que pedirle algo que no es. Simplemente, hay que dejar que su talento y sus propios automatismos se amolden al equipo para intentar sumar y generar ventajas.

 

Getty Images

Buenos días, amigos. El título de nuestro portanálisis de hoy no es ningún plagio del de una película de Eric Rohmer ni constituye una categoría de premio en el Festival de Cannes.

Es menos intelectual y menos francés de lo que suena, pues de hecho son palabras de un señor canario, Juan Luis Pulido Santana, a la sazón árbitro de VAR que ayer, durante el partido Real Madrid-Mallorca, tras producirse el tercer gol blanco, que habría constituido el 3-1, llamó al colegiado de campo Sánchez Martinez para recomendarle “una revisión de una potencial mano PARA PODER anular el gol”.

De todo esto, en lo que ahora abundaremos, apenas dan cuenta las portadas de As y Marca, las cuales se centran en remarcar, con toda justicia, el notable logro de Xabi Alonso y su equipo. 9 de 9 puntos cuando realmente aún estamos en pretemporada es toda una hazaña, y nos permite irnos al malhadado parón con la satisfacción del deber cumplido. Aquí podéis leer la crónica de Genaro Desailly, las notas a nuestros jugadores de Athos Dumas y (precisamente) la valoración arbitral a cargo de Alberto Cosín.

“Tres goles blancos anulados por el VAR, uno de ellos por una mano, interpretable”, dice Marca en letra pequeña. Aparte de que la redacción de la frase no es la mejor, de interpretable nada. El reglamento dice que el gol se anulará si la mano del atacante, sea voluntaria o involuntaria (la de Güler es involuntaria), es “inmediata” al gol. La de Güler no lo es, por cuanto medía un rechace del portero entre la mano y el remate final.

Pero el sistema no podía dejar que el Madrid llegara tranquilo al final del partido. Por eso Pulido Santana llamó a Sánchez Martínez, a fin (insistimos) de que evaluara “una potencial mano PARA PODER anular el gol”. La cláusula de finalidad no tiene precio.

Este diálogo lo conocemos merced a la publicación del audio de la conversación entre ambos trencillas, y lo peor no es lo de “para poder anular el gol”, sino que Pulido Santana le indica a su compañero que él aprecia “una cierta inmediatez” en la mano. Una cosa que no solo suena científica de cojones con perdón (“una CIERTA inmediatez”), sino que además solo sirve justamente como argumento falaz PARA PODER anular el gol, por cuanto no hay inmediatez alguna como ha sido explicado.

Diálogo de esta mañana en el chat de La Galerna.

-¿Cómo se mide la inmediatez?

-Por el color de la camiseta.

A todo esto, los dos goles anulados a Mbappé por fuera de juego, especialmente el primero, son por una uña pulcramente cortada, y las repeticiones nos llegan con increíble retraso y escasísima fiabilidad, como siempre. Tan científico todo como apuntar a “una cierta inmediatez” en la mano involuntaria de Güler en el tercer tanto, también anulado.

Y así están las cosas. Este es el sistema putrefacto en el que estamos instalados. El Bernabéu cantó “Negreira, Negreira”. Lógico. Alguien aquí ha minusvalorado la tolerancia del madridismo ante la continuidad de la corrupción. Al madridismo se le está exigiendo que trague no solo con la impunidad del caso Negreira, sino con el evidente continuismo de todo lo negro y negreiro. El madridismo, en definitiva, experimenta “una cierta inmediatez” entre todo esto y la altura de sus gónadas.

Os dejamos con la prensa cataculé, que esta a vueltas con Fermín en los últimos estertores del mercado.

Pasad un buen día.

PD: Prodigioso Atleti, que logró su segundo punto en la competición merced a un gol en fuera de juego.

Courtois: Aprobado. Vendido en el espaldazo de Muriqi.

Trent: Notable. Con su pie derecho de seda creó mucho peligro, y salvó cruzándose un gol cantado. Su mejor partido por ahora.

Militao: Aprobado. Algo impreciso en el primer tiempo, luego fue mejorando.

Huijsen: Aprobado. Clave su asistencia de cabeza a Güler para lograr el empate. Estuvo menos preciso que de costumbre.

Carreras: Notabla alto. Fue el mejor, incansable atacando y un valladar defendiendo. Evitó el empate a 2 en un despeje formidable debajo del arco.

Valvrede: Aprobado. Siempre cumple, aunque últimamente se le echa de menos en ataque.

Tchouaméni: Notable. Por su territorio no pasa nadie. Impecable en el pase.

Güler: Notable. De menos a más. Tras empezar fallando un par de pases, fue de los mejores. Goleó dos veces, aunque Sánchez le birló su segundo gol que daba la tranquilidad.

Mastantuono: Aprobado.Como Güler, empezó nervioso. Luego fue mejorando, la pide siempre. Magnífico su detalle en el gol anulado a Arda.

Mbappé: Aprobado Alto. El árbitro le sacó del partido al anularle dos goles, del primero aún estamos esperando una repetición decente.

Vinicius: Notable. Marcó el gol decisivo tras una jugada estelar. Va mejorando y pareciéndose al Vini que todos adoramos.

Brahim: Aprobado. Lo intentó todo.

Ceballos: Aprobado. Dio temple en los minutos finales, con el marcador en el aire.

Carvajal: Aprobado. No mejoró a Trent.

Rodrygo: Aprobado. Sin tiempo, aunque caracoleó con su clase acostumbrada.

Gonzalo: sin calificar.

Xabi Alonso: Aprobado Alto. Cambió oportunamente a medio equipo, que estaba acusando el cansancio y la falta de pretemporada.

 

Getty Images

Arbitró José María Sánchez Martínez del colegio murciano. En el VAR estuvo Pulido Santana.

Cuando viene el trencilla de Lorca al Bernabéu hay que echarse a temblar y esta vez no fue menos. Barra libre del Mallorca para hacer faltas sin ser advertidos y amonestados y tres goles anulados a los blancos.

Los dos primeros goles anulados fueron en fuera de juego de Mbappé. El primero en el antiguo testamento era jugada en línea. Ahora, con una centésima del frame, puede ser fuera de juego por un pelo como indicaron las imágenes. No hay fe para creer. El segundo del francés sí pareció más claro con medio cuerpo por delante del último defensor.

Los dos amonestados del choque fueron los dos centrales madridistas. Ambas cartulinas justas; una a Huijsen por agarrar a Darder y otra a Militao por derribar a Virgili cuando se marchaba. Pero en los visitantes también la merecieron hombres como Morlanes y Darder que se fueron exentos.

También estuvo desatinado en algunas faltas claras no señaladas, y en un tiro de Mastantuono que era córner, pero no lo señaló.

La gran jugada polémica del partido fue el tercer gol. A Arda le toca el balón en la mano tras un despeje de Raíllo, pero no acaba en gol sino en parada de Román cuyo esférico le vuelve al turco que esta vez sí anota. Tras charlar con el VAR y verlo en el monitor pitó mano inmediata, algo tremendamente debatible, y no subió al marcador. Es una norma que aparece en la circular que se publica antes de cada temporada y que es otra acción del nuevo testamento bastante inexplicable. Y, como me recordó mi amigo Manuel Matamoros, necesita una revisión de la RAE porque en todo caso sería con la acepción mediata.

Sánchez Martínez, DESESPERANTE y PARA OLVIDAR.

En un encuentro mayormente plúmbeo, resuelto en dos minutos de arrebato en el primer tiempo y marcado por los tres goles anulados a los blancos, el Madrid se fue al parón de selecciones con 9 de 9. Meritorio teniendo en cuenta que el equipo de Xabi, hasta el momento, ha estado básicamente de pretemporada. Normalmente no se ganan partidos oficiales en pretemporada, pero con Tebas todo es posible.

El partido se presentaba como la reválida ante los ojos del Bernabéu de las buenas sensaciones transmitidas por el Madrid en Oviedo, y para aprobarla presentó Xabi una alineación que se parecía más a la de dicho partido que a la Osasuna, aunque con Militao y Vinicius de inicio. Repetía Mastantuono, en quien tenemos depositadas tantas esperanzas (pese a lo que a la postre sería hoy un mal partido suyo).

El partido comenzó con el dominio previsto por parte de los blancos y la presión alta ya ensayada. Al filo del minuto de Juanito, Trent metió un balón de ensueño a Mbappé, que controló como solo él sabe y batió a Leo Román. Sánchez Martínez pitó fuera de juego por el blanco de la uña del pie pequeño de Kylian, y ya no se vio una repetición buena hasta mucho más allá de que el cronista cerrara este párrafo. Cuando decimos buena, no decimos convincente. Ya conocemos la canción del verano: “pongo frame, quito frame”.

Las buenas sensaciones, en todo caso, proseguían en los primeros compases, pero la gran organización defensiva de los mallorquines impedía la creación de ocasiones y hacía que se apagaran gradualmente. Güler y Mastantuono estaban imprecisos y el Mallorca trataba de dormir el partido. En un córner que tardaron una vida en sacar, Muriqi remató con el hombro a gol. Imposible sacarle más rédito a un saque de esquina y a 19 minutos de partido. Primer gol encajado por el Madrid en el campeonato.

Los siguientes minutos acrecentaron la sensación de que el partido iba a costar un mundo. El Madrid ni se acercaba con peligro, pese a un voluntarioso Vinicius. De pronto, estábamos ante un Madrid maniatado y nervioso, precipitado y trémulo. Nadie se atrevía y la imprecisión reinaba. Todo el peligro venía de Vini pese a no estar muy lúcido. Un tiro lejano de Tchouaméni se le escapó a Leo Román y casi se va para adentro, y fue la metáfora perfecta: a la llegada de la pausa de hidratación, reinaba la sensación de que solo un accidente afortunado podía encarrilar el partido. Román, por cierto, tardaba en sacar de puerta una eternidad. El mundo del fútbol espera ansioso que un árbitro saque una tarjeta por esta causa en un momento significativo del encuentro.

El Madrid se había volatilizado, pero todo cambió en dos minutos.

Un córner a favor pasó de Mastantuono a Trent y de este a Carreras, cuyo excelente centro fue tocado por Huijsen en el segundo palo para que Güler remachase de cabeza sobre la línea. Un empate de Güler con la testa, tal como estaba el partido, sonaba hasta bien.

Pero mejor aún sonaría lo siguiente, porque fue una aplicación directa de las enseñanzas de Xabi en la presión. Robaron entre Carreras y Valverde y Vini se guisó y se comió el contragolpe, regateando en la frontal y marcando con la izquierda.

El repentino 2-1 activó a los blancos, que por poco amplían la diferencia. Trent lanzó un gran disparo que rozó el poste y, tras una gran acción entre Vini y Güler, a Mbappé le faltó instinto para marcar. Sí lo hizo a renglón seguido tras otro gran robo de balón de Vini, pero anotó en fuera de juego según el árbitro. Lo estaba.

Todos se habían reactivado, hasta hacer pensar que el descanso iba a llegar en mal momento. Una gran incursión de Güler la repelió el portero mallorquinista. Era otro Madrid. Pena, porque el descanso llegó.

El descanso llegó y, en efecto, fue anticlimático. El Madrid volvió al campo laxo y con cierta sensación de holgazanería. Como el Mallorca tampoco cambiaba su planteamiento (muy defensivo, pero claro, estaba a un gol de empatar y podía confiar en una jugada aislada), se dieron cita minutos de gran sosería. Una acción en el 55 nos sacó del eventual sopor. La primera gran maniobra de Mastantuono en el partido acabó, tras un doble rechace, en gol de Güler, pero como en el primer rechace tocó en su mano en un movimiento reflejo, Sánchez Martínez lo anuló a instancias del VAR. Tercer gol anulado a los madridistas. ¿Bien o mal anulado? Solo sabemos que al club cliente de Negreira se lo habrían concedido.

Este incidente enrareció el ambiente, y pudo enrarecerse más aún si Trent no se hubiera cruzado providencialmente en una buena jugada del Mallorca con el balón rozando el gol. El partido estaba incómodo y al Madrid le faltaba ya el fuelle. Muy poco después, tuvo que ser Carreras quien se pusiera el traje de superhéroe, sacando el balón de la línea cuando ya se colaba. Era evidente que el Madrid a duras penas aguantaba sus propias piernas y hacía falta frescura. A tal efecto introdujo Xabi a Brahim en lugar de un desacertado Mastantuono, y luego metió a Ceballos, Carvajal y Rodrygo por Vini, Güler y Trent. Cambios de quien busca aguantar un marcador favorable. Brahim chutó bien en su primera intervención y Carvajal mostró su brío legendario.

Llegó la segunda pausa de hidratación con la esperanza de que sirviera de punto de inflexión, como la primera. No fue así pese a la pujanza de Brahim. El Madrid navegaba entre la idea de buscar el tercero con algo más de ahínco y dormir el partido con el sopor de Ceballos. Rodrygo lo intentaba y mostraba su clase. Había tensión en el ambiente, sobre todo por lo ajustado del marcador. De manera ingenua, Huijsen cedió un córner que trajo malos presagios, pero no pasó nada en la jugada.

De hecho, no pasó nada más, salvo la sustitución de Mbappé por Gonzalo.

 

Getty Images

El Madrid siempre vuelve y con él vuelve el fútbol, la alegría más sencilla y más universal de mi casa. Espero el fin de semana, espero la jornada de Champions (que ya se asoma al doblar la esquina) y mi vida —que a despecho de los pesimistas profesionales de esta oscura era que vivimos, me sigue pareciendo una maravilla— adquiere el matiz más blanco, noble y profundo de cuantos puedan percibirse con esos ojos que decía Saint-Exupéry tiene el corazón de los hombres. El Bernabéu se enciende y late. La atención del mundo tiene de nuevo un foco en dónde posarse y es por ello por lo que nosotros también volvemos, dispuestos a mirar el drama sin final de la gloria jugada en el albur de los once locos del balón. Volvemos también a padecer el agobio de una eterna injusticia, porque nunca se nos ha de olvidar que la malignidad opera contra todo lo que es bueno y brilla. Jugamos un juego de reglas corrompidas, de jueces venales y de una muchedumbre de anencefálicos (propios y ajenos) recomida por el rencor y la más llana estupidez. No importa. Siempre ha sido así. No hay odios nuevos frente al héroe eterno.

Por el momento nada se puede hacer sino apelar a la nobleza, al poder de la voluntad, al apetito del triunfo legítimo y a la esperanza de que la insolvencia moral de nuestros adversarios algún día reciba el repudio popular y el escarmiento merecido en los tribunales.

Ahora mismo, al escribir estas palabras ya se han cumplido dos jornadas de la pringosa liga Negreira. Los que saben o creen que saben afirman que el equipo es otro, que muestra intenciones de juego inexistentes la temporada pasada, que hay un estratega al mando y que en Valdebebas se ha instalado, después de un periodo de afables grisuras, la ley de eso que han dado en llamar “fútbol moderno”. Espero que sea así si esto ayuda a ganar partidos y títulos; si al final del camino, por bellas que sean las cabriolas y sofisticadas que sean las ideas, no hay una corona con el nombre del Real Madrid escrito en ella, no me interesa absolutamente nada el asunto. Siguen por ahí los mentecatos que suponen que la estética puntúa los domingos. Se equivocan, lo que se premia en el deporte es la eficacia, se sabe. Pero esto apenas comienza y queda mucho por jugar. Me exijo a mí mismo el rigor de la “ardiente paciencia” nerudiana. Es menester atestiguar el devenir natural de los acontecimientos para juzgar con prudencia, como siempre deseo hacerlo (aunque a veces se me adelanten los hígados), el desempeño de nuestro equipo en esta liga 2025-2026. Ya lo veremos en su momento y su lugar precisos.

nada se puede hacer sino apelar a la esperanza de que la insolvencia moral de nuestros adversarios algún día reciba el repudio popular y el escarmiento merecido en los tribunales

Mientras tanto baste afirmar que yo no soy profeta, no sé qué va a pasar, pero sé bien lo que deseo que suceda. Espero que el equipo tenga clara la convicción de triunfo, la serenidad para enfrentar las crisis (que siempre llegan), el carácter para resistir en la trinchera cuando toque hacerse fuerte ante adversarios poderosos. Esto a mí me basta, sea cual sea el resultado. El fútbol me apasiona porque acaso sea el espejo más preciso de la vida: abunda la injusticia, la tragedia, la sorpresa que nadie había anticipado, los finales tristes y también (que tampoco somos masoquistas) las alegrías, que en el caso del Madrid son más dulces y continuadas que en ningún otro lugar. Incluso hay algunos casos de generosidad y magnanimidad, hay que decirlo. Yo, que por formación, decisión y convicción tengo una lectura tecnocrática de la realidad, me despojo de todo antojo cuantitativo ante el rectángulo verde y me dejo tomar por el sopor de las pasiones. En esto, como en tantas cosas de la vida, no soy nada original.

Real Madrid

Para concluir, les cuento algo liberador. Este curso he decidido prescindir de toda influencia virtual en lo que tiene que ver con el Real Madrid: me desconecto casi por entero. Seguiré, por supuesto, leyendo La Galerna, donde se confirma día tras día que el texto escrito es ahora mismo el último reducto de la racionalidad y la prudencia, con mi pluma como la excepción que confirma la regla y cuya inclusión solo puede entenderse gracias a la generosidad de don Jesús Bengoechea. Me desenchufo, pues, de toda influencia de “creadores de contenido” y de los medios tradicionales, que asesinaron antes que nadie al periodismo. He decidido desconectar la máquina de hacer ruido. Que la selva de gritos y locura siga a lo suyo, pero lejos de mí. Yo solo veré los partidos, que es lo único que me importa. El imperio de la absurdidad mediática me resulta ya completamente irrespirable, además de que es totalmente accesorio, innecesario. Me voy haciendo viejo y cada día de vida se me ha vuelto más precioso, así que no pienso entregárselos. Para escuchar simplezas, amigo mío, me sobran y me bastan mis propias cavilaciones.

Nota Bene: Si ellos siguen, yo también. El acoso a Vinicius Jr., jugador nuestro, aunque a muchos esto parece importarles poco, continúa viento en popa a toda vela. El brasileño es la víctima de un ejercicio de escarnio sistemático y permanente que solo puede ser cultivado por gente miserable, gente sin alma. Esta campaña de machacamiento refleja a las claras el nivel de sociopatía imperante en una edad oscurecida como la nuestra, un tiempo infame en donde grandes sectores de la población se solazan en la práctica sostenida y pública de la crueldad; no se abochornan porque hemos perdido la brújula moral: la culpa y el remordimiento son ahora mismo piezas de un imaginario museo de la ética. No me importa, moriré con la mía. A los canallas hay que señalarlos; las injusticias deben ser mencionadas un día detrás del otro, aunque este mundo nuestro –enloquecido y putrefacto– sea hoy completamente ciego ante ellas. Los medios iniciaron una campaña de persecución infame sin otro incentivo que el de siempre, el dinero. Nunca es complicado conseguir algunas monedas a costillas del Madrid si quien las busca no tiene escrúpulos, ¿verdad? Su maquinaria de lucro indecente se alimenta del combustible más atroz: la carne humana. Ellos también volverán y aquí estaremos también nosotros, hasta el final de los tiempos, para mirarlos fijamente a la cara.

 

Getty Images

Preferiría hablar de gestas de futbolistas. De Bordalás y de sus exhibiciones como estratega, capaces de esconder los defectos de su equipo como nadie y de maximizar sus virtudes. De fichajes que ilusionan a los aficionados en lugar de las ventas para cuadrar el fair play, las deudas, las penurias económicas. Preferiría hablar de fútbol. Del fútbol en el que me alisté de niño y que me ilusionaba cuando terminaban los veranos de la infancia, cuando mi mayor preocupación era rellenar los espacios del álbum de cromos de la liga antes de que empezara el colegio.

Álbum cromos Real Madrid

Lo odio, pero tengo que hablar de Tebas. De su afán por manipular la competición desde cualquier vértice geodésico al que pueda acceder. De su omnipresencia en cada escándalo, en cada decisión incompatible con la lógica; de su incompetencia como gestor, incapaz de generar valor desde el monopolio del activo más valioso de la industria del deporte; de sus caducas estrategias de marketing; de su bochornosa compra de voluntades de periodistas y políticos.

Oiga, juez: ¿cuándo juega el Madrid?

Hay que hablar de él y de la caterva de chatarreros con duros, venidos a más, que aún le sostienen por el miedo de perder la limosna con la que van tirando. No hay una persona menos adecuada para su puesto que Tebas, con más cicatrices profesionales y menos miedo al ridículo. Pero no se irá hasta que deje de ser útil para ese club del que usted me habla y sus grotescas terminales, como Miguel Galán, “querellator”, pequeño trasunto de un Laporta-persona irreconocible, ya disuelto en el Laporta-personaje.

Y tengo que hablar de Rafael Louzán, sucesor de una saga de individuos que cumplieron con la condición sine qua non de ser corruptos para ostentar la presidencia de la Federación en los últimos casi cuarenta (¡cuarenta!) años. Louzan prometió la paz en el fútbol y no se le ocurrió mejor idea para conseguirla que aceptar la autoproclamación de Tebas como vicepresidente de la RFEF, encarnación del absolutismo del Vladimir Harkkonen del fútbol español. Prometió regenerar el CTA mencionando una conversación privada con Florentino Pérez, lo que convirtió la petición del presidente del Real Madrid en una prueba de favoritismo equivalente a diecisiete años de pagos a un dirigente arbitral para la España fea. Empate.

Y tengo que hablar de porqué está mal visto que el Bernabéu no pueda corear, ni de cachondeo, el nombre de pila de Mastantuono, en una España enferma de odio. Una España preocupadísima por la inscripción del futbolista en el filial del Real Madrid e ignorante voluntaria de actos de racismo en el deporte, de la persecución a Vinicius por la más baja ralea de compañeros de profesión y de la provocación a los jugadores de nuestro equipo por los árbitros supervivientes del negreirato, prevaricadores certificados por AENOR.

Anatomía de un negreirato: Capítulo 10- Árbitros en activo (II)

Odio tener que hablar de la permanente  indulgencia con el mismo club mentiroso, que sabe que no tendrá un estadio hasta 2027 y que se cree legitimado para decidir dónde y en qué orden juega sus partidos, a conveniencia, ante la pasividad, cuando no celebración, del resto de clubes menos uno, y con la tolerancia activa de los putrefactos organismos del fútbol. El abuso es constante, insoportable. Cuando se les recuerdan las reglas, se victimizan y sacan la artillería de tópicos de su manual de supervivencia: Franco, las lamas del Bernabéu, RMTV, Florentino…

Y les tengo que hablar de que el Ayuntamiento de Barcelona lleva meses recibiendo presiones políticas para abrir un Camp Nou en obras, sin las condiciones mínimas para garantizar la seguridad de decenas de miles de personas en un evento. Lo afirmó Helena Condis, periodista de la COPE, en el programa deportivo nocturno desde el que cuenta la actualidad del Barcelona. El acto esperpéntico de Laporta anunciando desde el césped que el trofeo Joan Gamper se jugaría en el estadio, no fue más que el último intento de conseguir una licencia express por presión política. Información de fuentes del propio club. Afortunadamente, los técnicos del ayuntamiento de Barcelona tienen más luces que este Laporta crepuscular, y harán su trabajo diligentemente para evitar dar con sus huesos en la cárcel por una grave negligencia.

Pedrerol risas

Y tengo que hablar, desgraciadamente, de "El Chiringuito de Jugones", que acoge a una recua de los personajes que más daño le han hecho al fútbol en España. El programa abusa de un formato agotado, como en su día lo fue "Tómbola", la telebasura ("que te calles, Karmele") que cautivó a una sociedad que empezaba a despreocuparse de llegar a fin de mes, pero consumía pienso de baja calidad. La persecución de algunos de los colaboradores del programa, los insultos y el abuso mediático, imperdonable, sobre un joven Vinicius, están en el origen de lo que estamos viendo hoy. De lo que vimos en el Carlos Tartiere. De la burla al odio y del odio a la deshumanización. Entonces un chaval de 18 años, hoy un hombre de 24. Les recomiendo una lectura lenta y reflexiva de este post de Guillem Balagué, un periodista de verdad, muy culé para más señas:

 

"Estuve escuchando los (desde mi punto de vista, erróneos) debates en tele y radio sobre Vinicius y tengo que añadir varias cosas. LaLiga ha abierto una investigación por los insultos racistas contra Vinícius en el estadio Carlos Tartiere. El propio Real Oviedo ha prometido llegar hasta el final. Sin embargo, mientras las instituciones se mueven, el DEBATE MEDIÁTICO en España vuelve a quedarse en el mismo punto: se reconoce la causa del enfado del brasileño —los insultos racistas—, pero se le reprocha el resto de su comportamiento. Se repite una letanía: “sí, le insultan, pero debería comportarse mejor”. Como si se pudiera SEPARARSE UNA COSA DE LA OTRA. Como si no formaran parte de un mismo proceso. Cuando Vinícius se encara con la grada o gesticula que el rival descenderá a Segunda, se interpreta como una actitud arrogante, fuera de lugar. Pero esa reacción NACE DEL MISMO LUGAR que sus protestas contra el racismo: una lucha constante contra un entorno hostil. El sociólogo W.E.B. Du Bois lo describió hace más de un siglo con el concepto de doble conciencia: “Siempre se siente esta doble identidad: ser un mismo y, al mismo tiempo, verse a través de la mirada de los otros”. Eso vive Vinícius: es él mismo, alegre, desafiante, competitivo; pero constantemente percibido desde una mirada blanca que le exige calma, docilidad y sonrisa permanente. El problema no es sólo lo que se dice, sino quién lo dice. En la radio y la televisión deportivas en España las voces son, en su inmensa mayoría, de hombres blancos. Muy pocas mujeres, y apenas periodistas negros. Esto no implica racismo explícito, pero sí una falta de diversidad que empobrece el análisis. Stuart Hall lo advirtió: “Los medios no sólo transmiten información, construyen significados”. Si todos los que construyen esos significados parten de experiencias semejantes, las conclusiones serán limitadas. No se trata de mala fe, sino de un marco cultural homogéneo que no alcanza a comprender lo que implica sufrir racismo en el día a día. Frantz Fanon, en ‘Piel negra, máscaras blancas’, lo expresó con claridad: “El hombre negro tiene que luchar dos veces más para ser aceptado como hombre. Esa sobrecarga se traduce en rabia, en tensión, en gestos que desde fuera parecen excesivos. Pero vistos desde dentro son pura supervivencia. Cuando la prensa española reclama que Vinícius se limite a “jugar y callar”, reproduce lo que el sociólogo Eduardo Bonilla-Silva llama “racismo sin racistas”: marcos culturales que no insultan directamente, pero que culpan al propio afectado de su reacción. Yo mismo soy hombre blanco, y sé que nunca comprenderé del todo lo que significa vivir el racismo. Pero en el Reino Unido aprendí a escuchar voces diversas y a reconocer que la riqueza del debate sólo surge cuando se incorporan experiencias distintas: de raza, de género, de clase, de orientación sexual. La teórica Sara Ahmed lo resume bien: “La diversidad no es un adorno institucional, sino una práctica de transformación. Sin voces diversas, las instituciones repiten el mismo discurso de siempre”. No acuso a la prensa española de ser racista. Pero sí de no hacer lo suficiente para variar el discurso. En el caso de VinIcius, eso tiene consecuencias claras: se acepta que sufre racismo, pero se le reprende cuando responde con su carácter. Para mí, AMBAS COSAS SON LO MISMO: resistencia frente a un mundo que le quiere encajado en un molde ajeno. El día que la prensa entienda que sus gestos, sus protestas y su manera de jugar son inseparables de su experiencia, el análisis será más justo. Y, sobre todo, más humano".

Tebas, pelopincho y un pelirrojo
Y tengo que hablar del sempiterno Carlos Martínez, que nos tortura desde la tele cada fin de semana, de su falsa ecuanimidad, de su ausencia de escrúpulos, de su irritante permanencia en el lado oscuro del fútbol. Un agente secreto del sistema, colaborador necesario y casi suficiente para blanquear lo negro y ennegrecer lo blanco. Dejemos al margen sus colores, que obviamente no son los nuestros: no está ahí por afición, ni por vocación. Eso lo olvidó hace décadas. Está por dinero. Por el mismo dinero con el que Tebas dosifica la ruina de los clubes y se va de vacaciones, con el que sufraga Roures el independentismo catalán; con el que Benet oculta que Mediapro sigue manejando el fútbol.

Y les tengo que hablar de Isaac Fouto, agente químico de toxicidad extrema y arranques de locura incontrolables cuando le chisporrotean los cables. Ha encontrado en la COPE un refugio donde le pagan por ser otro muñeco inanimado del ventrílocuo Tebas. Fouto es un propagandista, un trovador de la corte, un esbirro de LaLiga, que no consiguió un carguito en la RFEF por la breve interinidad de Rocha. Fouto seguirá en la COPE mientras sea valioso para su verdadero jefe, que no es el bueno de Xuancar.

Y les tengo que hablar de Marca, cabecera cuyo prestigio no ha disminuido con el tiempo, sino que ha desaparecido (crédito para Les Luthiers y para los encantos de la condesa de Geschwitz, aunque no todos pillarán la referencia). Lo pueden constatar en los portanálisis de La Galerna de los últimos días. Qué titulares, galernautas. Indignidad y vergüenza a partes iguales. Y qué decir de las crónicas de Fernando Carnerero, redactor jefe que arrastra la pluma por cuatro duros, entre los candelabros de bronce y las gárgolas de la redacción. Sería un poco más caro comprar talento, pero mucho más rentable, Javier. Todo es cutre y miserable en el fútbol español.

Y podría hablar de otros medios que cada día sepultan más profundamente su prestigio: AS, la SER. No hablaré del prestigio de Mundo Deportivo o de Sport, porque nunca lo tuvieron. Yo sólo quiero hablar de fútbol. De ese fútbol de mi infancia. De partidos memorables. De las leyendas que nos trae Alberto Cosín a La Galerna. Del talento de Di Stéfano, del madridismo de Juanito, de la velocidad de Cruyff y de si Arteche era más sucio que Goicoetxea o Martagón. Podemos hablar horas de Fernando Redondo o de Riquelme, de Mágico González o de Quini. Historias de fútbol. Yo no quiero saber quién arbitra un partido, ni quién dirige el fútbol, ni leer tuits escritos desde el odio, la estulticia, el fanatismo ovino creado por la atmósfera corrosiva de las redes sociales.

Tebas en caída libre: apocalipsis zombi en el fútbol

Pero no sucederá hasta que Tebas y toda la troupe de este circo sin gracia desaparezca de la escena. Espectáculo decadente de leones desdentados, lamparones de comida en la chaqueta del payaso listo y viejas trapecistas con las medias rotas. Necesitamos que se vaya y que se lleve con él a sus títeres, sus carteristas y sus carromatos. Le seguiremos señalando hasta que no sepamos y no nos importen ni el nombre ni los apellidos de los árbitros. Hasta que olvidemos lo que significaban las siglas CTA. Hasta que el Barça reciba su castigo. Hasta que regrese la deontología profesional al periodismo. Todos sois culpables. Os habéis cargado el fútbol, pero lo vais a pagar y estaremos aquí para contarlo.

 

Getty Images

Hay días en los que uno abre el periódico y piensa: “Esto tiene que ser una broma”. Y luego resulta que no, que no es una inocentada, que el sorteo de la Copa de Europa  ha sido de verdad y que al Real Madrid le han caído encima más cocos que a Robinson Crusoe.

Nuestro amigo Ceferin, en su obsesión con no volver a entregar la orejona a un capitán del Real Madrid con esa carita de póker de la que nos reímos tanto en 2022 y 2024, se inventó un nuevo formato de competición, injusto a todas luces porque no hay equidad en los enfrentamientos y el sorteo, como ya sabemos, lo hace un algoritmo que no habría firmado ni el propio Negreira en sus mejores tiempos.

Negreira ya sale sin calentar

El bombo de la UEFA, ese bingo suizo que huele a naftalina y a puro resentimiento hacia el Real Madrid, ha decidido que juguemos contra el Manchester City, el Liverpool, la Juventus, el Benfica, el Olympique de Marsella, el Olympiacos, el Mónaco y, como viaje exótico para rematar el turismo, el Kairat Almaty de Kazajistán. Que nadie se engañe: no es un grupo, es un Erasmus forzado. Si uno repasa la lista,parece más un circuito de Fórmula 1 que un calendario de Champions. Solo falta quenos manden a correr las 24 Horas de Le Mans.

Nosotros pedíamos un sorteo equilibrado, algo humano, y nos han servido un menú de gladiadores. A otros equipos les han caído rivales simpáticos, comparsas de medio pelo, clubes diseñados para engordar estadísticas. Al Real Madrid, en cambio, le han puesto un “menú degustación” de traumas futbolísticos. Nada más y nada menos, tenemos que enfrentarnos al Manchester City de Guardiola una vez más (no aprenden), el proyecto infinito de Abu Dabi; al Liverpool; a la sempiterna Juventus, que tiene ya más resurrecciones que Lázaro; al Benfica, que siempre se la juega con la fe de los que han vendido a todos menos a la Virgen de Fátima pero que no me preocupa, porque ahí está la maldición de Bela Gutmann para sacarnos de algún apuro que se pueda producir; al renacido Olympique de Marsella, ese club que convierte cada partido en una manifestación de bengalas; al Olympiacos del Pireo, donde el estadio parece diseñado por Vulcano, dios del fuego; al Mónaco, donde nació nuestro Mbappé; y, la guinda final, el remate, al Kairat Almaty, equipo europeo que se encuentra a 500 km.de la China capuchina mandarín, chin, chin…

Que nadie se engañe: no es un grupo, es un Erasmus forzado. Si uno repasa la lista,parece más un circuito de Fórmula 1 que un calendario de Champions. Solo falta quenos manden a correr las 24 Horas de Le Mans

Pero no nos engañemos, Ceferin está triste, porque no ha consumado su proeza como hubiera querido, no se ha fraguado el sorteo de la forma soñada, no nos ha deparado enfrentamientos suficientemente duros como para tranquilizar al esloveno, para asegurarse de que este año tampoco vamos a alzarnos con nuestro trofeo.

Porque lo que de verdad quería el presidente de la UEFA era vernos jugar contra La Selección de Brasil de 1970, con Pelé, Tostao y Jairzinho bailando samba hasta que a Courtois le dé un ataque de ansiedad.

Amancio y Pelé

Contra el Ajax de Cruyff, con su fútbol total, camisetas ajustadas, y el holandés explicándole a Bellingham cómo se juega al ajedrez sobre césped.

Contra el Bayern de Beckenbauer, Maier y Müller, aquel monstruo bávaro que barría el campo con más elegancia que un mayordomo inglés .

Contra la Argentina de Maradona en 1986, con el Diego en estado de gracia, dejando a medioequipo blanco tirados como conos y metiendo goles con la mano, como debe ser.

Contra el PSG catarí en modo gasto obsceno, con Mbappé, Neymar y Messi firmando nóminas más largas que las alineaciones.

Contra el Manchester City en su apogeo absoluto, jugando como si fueran once drones teledirigidos por Guardiola desde un iPad.

Contra el Milan de Sacchi, que presionaba con más disciplina que una patrulla de marines.

Ese hubiera sido el sueño húmedo de Ceferin: juntar a todos los fantasmas históricos para ver si, de una vez por todas, el Real Madrid sucumbe, pero ni así lo lograría.

De todos los destinos, el que más cariño me inspira es el Kairat Almaty. No porque sea asequible, sino porque será la primera vez en la historia que un seguidor del Real Madrid necesite visado, Sputnik V de repuesto, pastillas contra el jet lag y curso acelerado de kazajo para ver un partido de fase de grupos. Imaginemos el titular:“El Real Madrid juega en Almaty, retransmitido en horario de la Mongolia Interior”. Se acabó el debate sobre las 21:00: este partido se verá a las tres de la mañana, mientras media España busca ansiolíticos.

levantemos la copa, brindemos por este grupo suicida, por la risa amarga que provoca, por los viajes imposibles

Habrá quien diga que el Real Madrid no debería quejarse, que somos el club de las 15 Copas de Europa y que estas cosas nos vienen bien. Claro, lo dicen los mismos que celebran grupos donde el rival más fuerte es un club patrocinado por una empresa de yogures. Al Real Madrid siempre le toca el bombo de la muerte, qué casualidad. Pero todos sabemos que no lo es, que realmente Ceferin aprieta un botón y, como por arte de magia, aparecen Klopp, Guardiola o un charter a Kazajistán. La UEFA no sortea: laUEFA planifica emboscadas.

No obstante y bromas aparte, si queremos ser una vez más campeones de Europa, si queremos levantar la 16ª, hay que ganar a todos, aunque sea viajando al fin del mundo para goce de los ceferines de turno. Así que, queridos lectores, levantemos la copa, brindemos por este grupo suicida, por la risa amarga que provoca, por los viajes imposibles y por la convicción de que, aunque nuestro esloveno de cabecera quisiera enfrentarnos al Brasil del 70 y al Santos de Pelé en la misma tarde, el Real Madrid seguiría apareciendo en el minuto 93 para arruinarles la fiesta.

Me despido como siempre, con la frase de mi amigo Javi, que va a tener que pasar otra vez por la sala de máquinas en unos meses… Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

 

Getty Images

closecaret-rightspotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram