Las mejores firmas madridistas del planeta

Hola a todos, amigos. Os juramos que hoy teníamos pensado hablar solo de fútbol, pues las portadas se prestan además a ello, con Mourinho, con Di María, tipos que están en la historia del Real Madrid. Y la historia del Real Madrid es fútbol (y baloncesto).

Pero esta mañana, en medio del inicio de nuestra tarea y de manera harto disruptiva, se ha colado en nuestro timeline de la red social anteriormente conocida como Twitter el periodista colchonero Rubén Uría. Y a continuación se ha colado también una información que complementa a las mil maravillas la perorata del opinador.

Uría es conocido por sus amenazas nunca concretadas de revelar presuntos chanchullos supuestamente muy feos relativos nada menos que al fichaje de Militao por el Real Madrid. Mientras no cumple su promesa, Militao se dedica a ganar Copas de Europa en el club blanco. Al tiempo, Uría realiza muy untuosas entrevistas a Messi, se desmarca de opinar sobre el escándalo Negreira y besa allá donde pisa el inefable Jan Laporta. Sabemos de la existencia de la pinza culecolchonera (ríete tú de la judeomasónica), pero hoy llega a nuestras manos la más gloriosa loa que un indio haya hecho jamás de un hermano blaugrana. Hoy llega a nuestras manos la mayor apología del sinvergüenza que hemos visto en mucho tiempo.

Impresionante. Uría, conocido como “el hacha”, se deshace en elogios a Laporta, en un “el fin justifica los medios” de manual. Laporta “no para de ganar cosas” y poco importa cómo lo haga, pagando al vicepresidente de los árbitros, aprovechando la permisividad de las autoridades con la descomunal deuda de su club o inscribiendo fraudulentamente jugadores gracias al favor gubernamental. Esto último, de hecho, lo pondera un extasiado Uría de manera específica: “Sigue fichando a inscribiendo lo que quiere”. ¡Admirable!

No se puede decir que esto de Uría sea ajeno a la dinámica de los tiempos que vivimos. La apología del sinvergüenza está a la orden del día. Laporta es un personaje del hampa que cuadriplicó el sueldo de Negreira, pero chico, le va muy bien, de manera que cantemos sus logros, máxime cuando es un personaje que cae mal al madridismo y por tanto a mí, colchonero, me cae bien por definición.

Este, amigos, es el personaje que cae bien por definición a Rubén Uría.

No estamos en condiciones de confirmar ni refutar esta información, según la cual Jan habría cargado a las arcas del club que preside un aquelarre erótico con unas amables brujitas, pero ¿verdad que a nadie le extrañaría lo más mínimo? El héroe de Uría es un bon vivant, lo que no significa que nadie sepa de ningún oficio o beneficio que justifique su tren de vida. En una de las últimas asambleas del FC Barcelona, un soci curioso preguntó a Laporta de qué vivía. Su respuesta fue el proverbial tumbleweed girando por el desierto.

Nada que extrañe, amigos. Esta es la  sociedad que vivimos, y el fútbol es uno de sus más fieles reflejos. Ya sea por pura camaradería indioculé, o por otras razones más alimenticias, Uría y otros filoindios besan en las huellas rellenas de detritus que va dejando por doquier, ensuciando todas las alformbras que pisa, el hombre que preside el club que ha emputecido el balompié patrio comprándose el estamento arbitral, entre otras muchas cosas.

Ahora sí, con el ánimo henchido de amor ante estos hermosos contubernios, cual si estuviésemos en Brujas, vayamos brevemente con las portadas.

Marca se adelanta al que sin duda será el encuentro más esperado en mucho tiempo, el de Mourinho con el Real Madrid, que es además el de Arbeloa con su mentor. Todo esto nos parece muy bien, pero es anecdótico en relación a lo que se juega el club de Chamartín: entrar en el Top 8 que te permite esquivar la ronda previa para seguir adelante en la Champions. Eso es lo crucial. El resto es legítimo sentimentalismo.

Y por el sentimentalismo, por la nostalgia, apuesta también As, en este caso en torno a la figura de Ángel Di María, uno de los héroes de aquella final histórica, la de la Décima, que disputamos en el mismo estadio donde mañana nos veremos la cara con el Benfica, club donde también jugó el argentino.

Son interesantes, aunque discutibles, las cosas que dice en la entrevista. “Mou es el número uno, como entrenador y como persona”, recalca Ángel. Digamos que Mou es sin duda uno de los entrenadores más importantes de la historia del fútbol y del Real Madrid, club en el que sentó las bases de un ciclo portentoso. “No quise irme, pero llegó James…”, rememora, no sin alguna incorrección: la llegada de James no tuvo nada que ver con su salida del Madrid, sí lo tuvieron en cambio sus elevadas pretensiones económicas. No importa, Fideo. Te queremos igual.

Valiéndose de composiciones estéticamente discutibles, la prensa cataculé del día eleva a los altares a Lamine, que marcó de chilena un gol que valió el triunfo en una final de Champions, como Gareth Bale.

Es broma, solo marcó de media chilena al Oviedo pero, si estamos en el día de enfatizar los logros de amigos de las fiestas extravagantes, ¿por qué no exagerar un poco los méritos de la estrella de la selección que nos une a todos (los antimadristas)? El caso, amigos, es amplificar todo lo que se pueda todo aquello que hagan los enemigos del Real Madrid, sean cuales sean los fundamentos éticos y estéticos de dichos enemigos del club blanco.

Pasad un buen día.

Los dos últimos partidos del Madrid, dos buenas victorias ante equipos a priori complicados, han tenido en Franco Mastantuono un protagonista destacado. El argentino ha regresado, después de perderse por mor de una pubalgia el dantesco show con que se liquidó el «proyecto Xabi Alonso», teñido de rubio platino. Su porte, hechuras y su posición en el campo recuerdan a aquel postrer David Beckham cuya imagen fue emblema de la liga de las remontadas, que va a cumplir pronto nada menos que veinte años.

¡Cómo pasa el tiempo!

Como ahora, hace diecinueve años el Madrid de, entonces, Fabio Capello, empezó el mes de enero haciendo un buen ridículo: perdiendo en La Coruña frente a un Deportivo que hacía tiempo ya que no era super (en el último partido de Ronaldo Nazario con la camiseta del Madrid, el mismo día que debutó Marcelo) y eliminado de la Copa del Rey por un Betis de circunstancias, con un triste empate a uno en el desangelado Bernabéu de aquellos años del post-galacticismo.

El rubio platino es contracultural; da un toque callejero, kitsch, al fútbol, y el fútbol de Franco tiene algo del desenfado sudamericano

Capello parecía gagá, y la presidencia de Ramón Calderón ya daba señales de ser el vodevil siniestro en que terminó convertida. Helguera y Beckham habían sido apartados del primer equipo por la dirección deportiva, cada uno por un motivo distinto, y el desastre del final del primer florentinismo daba la impresión de continuar al menos otra temporada más, por mucho que ese verano hubieran llegado al vestuario ilustres refuerzos como Van Nistelrooy, Emerson o Cannavaro, así como jóvenes promesas sudamericanas y gente curtida en Europa como Diarra. Aunque en apariencia abocado sin remisión al abismo, todos guardamos un magnífico recuerdo de aquel estrambote de equipo por la increíble conquista del campeonato nacional de liga. Que llevó a cabo en una recta final de temporada indescriptible, una serie de partidos que pasaron a formar parte, por derecho propio, de la cultura popular.

Pues bien, el Beckham rapado y teñido de rubio platino fue el icono warholiano de aquel Madrid salvaje, y Franco Mastantuono lo ha resucitado en un momento crítico semejante al que fue aquel. Franco (hay que ver la manera en que se la coge con papel de fumar todo el mundo con el nombre de pila de este chico, empezando por los locutores de televisión, lo cual resulta curioso cuando, por ejemplo, Iniesta fue siempre llamado Andrés, como si fuera habitual que los periodistas lo vieran a diario en su casa a la hora de comer) ha recuperado para la imaginería madridista un tinte cuyas implicaciones semánticas le vienen al pelo, nunca mejor dicho, al empeño de Arbeloa por resucitar al Madrid. Que tras lo de Arabia parecía muerto: juventud sin complejos, ferocidad, desparpajo, un puntito macarra de chulería y de rebelión a lo James Dean y la refrescante sensación de que, con este equipo, todavía pueden «pasar cosas».

¡Cómo lo echábamos de menos!

Ya sólo por esto hay que agradecer a Arbeloa. Ha conseguido que de un día para otro una cosa que parecía imposible, y es que el Madrid presione con criterio y eficacia la salida de balón del contrario. En Villarreal y ante un adversario muy solvente, no en vano el tercer clasificado de la liga, el Madrid recuperó una cantidad asombrosa de balones en los tres cuartos del campo local. La mayoría de ellos los robó Mastantuono. Su energía y su dinamismo por el carril derecho del equipo fueron dignos de ver y de tenerse en cuenta, así en La Cerámica como en Chamartín un par de días antes, contra el Mónaco.

Su presencia por ese costado no sólo equilibra la composición del equipo tanto en defensa como en ataque, sino que da lugar a una, de momento, incipiente pero prometedora sociedad con Valverde y Güler que habrá que ver cómo evoluciona cuando el 8 vuelva al centro del campo y al lateral derecho regresen Carvajal o Trent. Por ahora es un fructífero triángulo que ayuda al balance y la presión del Madrid tanto como en el llamado «repliegue tras pérdida», una de esas situaciones que siempre nos despiertan angustiosos déjà vu a los madridistas que vamos cumpliendo unos años.

El MastanTest

De modo que en dos partidos el equipo sólo ha recibido un gol y dado síntomas de fortalecimiento atrás. Aunque es un hecho que la zaga sigue cogida con pinzas, en los cuatro partidos inmediatamente anteriores el Madrid recibió nueve goles, por ejemplo, siendo dos de los rivales el Talavera y el Albacete. Lo cual no deja de hablar de una mejoría.

Todo tiene un aire de improvisación y de fragilidad en este Madrid de Arbeloa pero también, hay que decirlo, de seriedad. Parece que hay «algo», que estamos ante «algo» que puede funcionar. Algo fluye en el equipo que antes no lo hacía, y esa es una realidad. Mastantuono ha relegado a Rodrygo y el equipo ha vuelto a una simetría posicional que se nota en la distribución de los esfuerzos.

El rubio platino es pop art en la historia del Madrid. Beckham lo vinculó con el éxito y el rock´nroll en un momento de gran incertidumbre. El rubio platino es contracultural; da un toque callejero, kitsch, al fútbol, y el fútbol de Franco tiene algo del desenfado sudamericano. El rubio es el color del equipo que remonta, del underdog, rol que al Madrid siempre le ha ido de maravilla; es el color del deshauciado que de repente se llena los pulmones de oxígeno y está listo para comerse el mundo. Es un color de esperanza. Franco Mastantuono representa ese clavo ardiendo al que el aficionado, cuando todo parecía perdido, puede agarrarse. Como le gritaban a Curro Romero los partidarios irreductibles incluso en sus tardes malas, muy malas: ¡ya llegará el verano, Curro! El Franco Mastantuono rapado al uno como un marine y teñido de rubio platino también es, para los madridistas, la posibilidad de un verano en medio de los días más fríos del invierno.

 

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Franco Mastantuono llegó al Real Madrid como llegan casi todos los chicos de 18 años que aterrizan en el Bernabéu: con talento en la mochila, respeto en la mirada y una cautela lógica en cada primer toque. No vino a romper la puerta desde el principio, vino a tocarla. Y, sin embargo, durante sus primeros diez partidos dejó algo muy claro: quería estar ahí. Quería el balón, no se ahorraba en ningún momento el esfuerzo y buscaba aprender rápido.

Coincidía entonces con un detalle aparentemente menor, casi anecdótico, pero que acabaría convirtiéndose en símbolo: el pelo platino. Una imagen atrevida para un futbolista que, en el campo, todavía medía cada riesgo. Mastantuono no encaraba con descaro constante, daba una de cal y otra de arena en ese aspecto, no se sentía aún dueño de los partidos ni pedía galones de estrella, pero presionaba como el que más. Corría, mordía, achicaba espacios y pedía la pelota incluso cuando no era la mejor opción. Había algo fundamental en su juego: intención. Y en el fútbol, la intención es siempre el primer paso para formar una fuerte personalidad.

Ese primer Mastantuono era imperfecto, claro. Le faltaba lectura, a veces le sobraba precipitación, y su toma de decisiones no siempre era la ideal. Pero había una virtud que compensaba casi todo: no se escondía. Para un chico recién llegado al Real Madrid, eso no es poca cosa. Entendía que el contexto exigía atrevimiento, aunque aún no tuviera el cuerpo ni la cabeza totalmente preparados para sostenerlo.

Quizás dentro de unos años nos riamos de todo esto. Quizás el pelo no tenga ninguna importancia y solo sea una coincidencia simpática, o quizás no, eso ya lo veremos. De momento, parece que Franco necesita verse diferente para jugar distinto

Luego llegó la pubalgia. Y con ella, el paréntesis. Un paréntesis físico, sí, pero también futbolístico y mental. Porque las lesiones no solo afectan al cuerpo: afectan al ritmo, a la confianza y, muchas veces, a la forma en la que un jugador se interpreta a sí mismo dentro del equipo. Mastantuono salió del once, perdió continuidad y su proceso quedó congelado justo cuando empezaba a tomar temperatura.

Cuando volvió, lo hizo cambiado. El pelo ya no era platino, sino negro. Pero el cambio importante no estaba en la cabeza, sino en los pies. El Franco que reapareció era un jugador plano, casi irreconocible respecto al chico que había despertado ilusión en el inicio. Recibía, amagaba y retrocedía. Una y otra vez. Su fútbol se convirtió en una secuencia repetitiva y previsible: pase fácil, apoyo corto, circulación sin daño.

Es aquí donde empieza la parte incómoda del análisis. Porque la pubalgia explica muchas cosas, pero no todas. El problema no era que fallara, ni que perdiera balones, ni siquiera que estuviera fuera de forma, que también. El problema era que no pasaba nada cuando él tenía el balón. Y eso, para un futbolista de su perfil, es casi una traición a su propia naturaleza.

El argentino entonces fue cuando dejó de encarar, de conducir con intención y de aparecer en zonas donde se deciden los partidos. Jugaba correcto, pero previsible. Y el Real Madrid no ficha talento joven para que juegue correcto: lo ficha para que se equivoque intentando cosas grandes, acordaos de los comienzos de Vinicius JR. Se le ficha para que rompa líneas, incomode, y se encargue de ser una carga para sus oponentes, que le obligue al rival a defender más atrás de lo que le gustaría.

Sin que nadie se lo esperase, como si el fútbol necesitara guiños poéticos para recordarnos que no todo es racional, volvió el platino. En la previa del partido de Champions League frente al Mónaco, Mastantuono reapareció en aquel entrenamiento con el chándal representativo de la competición europea y con el pelo mucho más corto y teñido de nuevo. Un gesto mínimo, irrelevante en teoría, pero en el campo ocurrió algo radicalmente distinto, Franco volvió a ser Franco. O, mejor dicho, empezó a ser el Franco que puede llegar a ser.

El MastanTest

Encara más, conduce rápido, decide antes, pero, sobre todo, decide mejor. Busca el gol en cada partido, no como obsesión, sino como consecuencia natural de pisar zonas peligrosas. Ya no recibe para esconder la pelota, sino para provocar y obligar al rival a decidir. Su objetivo principal vuelve a ser el de generar ventaja en cada control orientado.

Tras la victoria frente al club monegasco, inevitablemente, la pregunta apareció en la entrevista postpartido. ¿Tenía algo que ver el cambio de look con su mejor versión? Mastantuono sonrió y respondió con naturalidad: “El pelo, ¿no? Me sentía un poco más lento… Era hora de un cambio. (Ríe). No, estoy bromeando. Me gusta experimentar.”

La respuesta, ligera y casi despreocupada, sirve para desmontar cualquier lectura supersticiosa literal. Pero también revela algo importante: Mastantuono se siente cómodo probando, moviéndose, rompiendo inercias. Y eso, en un futbolista joven, es una magnífica noticia. Porque el problema no era el color del pelo, el problema era la rigidez. Y el platino, casualidad o no, coincide con la ruptura de ese aburrimiento que parecía haberse instalado en su juego.

El partido ante el Mónaco no fue perfecto, pero sí revelador. Fue el mejor Mastantuono hasta la fecha. Y no porque firmara cifras deslumbrantes, sino porque su juego tuvo sentido. Porque cada intervención tenía una intención clara. Porque, por primera vez desde la lesión, volvió a ser un jugador que incomoda al rival y genera preguntas en la defensa contraria. Frente al Villarreal, volvimos a ver una serie de conducciones para romper las dos líneas de cuatro del conjunto de Marcelino que le dieron la vida tanto a él para su confianza, como al equipo para construir el juego ofensivo.

mientras el argentino siga encarando, presionando, buscando el gol y recordándonos el motivo por el que llegó, solo queda decir una cosa: larga vida al platino, Mastan

Ahora bien, la crítica sigue siendo necesaria. No se puede vivir de simbolismos ni de noches aisladas. Mastantuono aún debe demostrar continuidad, personalidad en escenarios adversos y capacidad para querer ser una figura importante cuando el equipo no fluye. El Madrid no espera promesas eternas; espera respuestas. Y él todavía está en fase de construcción. Pero lo que ha quedado claro es que, cuando se libera mentalmente, su fútbol aparece. Y que, casualidad o no, el platino coincide con esa liberación. Con ese permiso interno para ser protagonista, para asumir que equivocarse también forma parte del proceso de crecer en el club más exigente del mundo.

Quizás dentro de unos años nos riamos de todo esto. Quizás el pelo no tenga ninguna importancia y solo sea una coincidencia simpática, o quizás no, eso ya lo veremos. De momento, parece que Franco necesita verse diferente para jugar distinto, y si ese gesto le conecta con su mejor versión, bienvenida sea la experimentación. Porque el Real Madrid no necesita jugadores grises, lo que le hace falta son futbolistas que se atrevan a brillar. En el juego, en la personalidad y en las decisiones.

Así que, mientras el argentino siga encarando, presionando, buscando el gol y recordándonos el motivo por el que llegó, solo queda decir una cosa: larga vida al platino, Mastan.

Pues resulta que el Manchester United está mutando para bien y ayer puso patas arriba al Arsenal en Arsenal, o sea, en Londres. Le ganó 2-3 y apretó la Premier.

Me recuerda este United a este Madrid. Rápido, luego vuelvo: los dos se han puesto en manos de gente de la casa tras prescindir de dos entrenadores esperanza. El caso es que siempre tuvieron mucho que ver el Madrid y el Manchester.

El Manchester, sí. Para mi generación y alrededores no existía el United, Manchester sólo había uno, él. El otro no era ná. Faltaba mucho para que a los jeques les entrara la fiebre. El primer equipo inglés en hacerse famoso por aquí fue el MU en su condición de primer gran rival de Alfredo y compañía: el segundo mejor equipo de Europa, allá por los 50. La fatalidad nos hurtó una lucha feroz en aquellos tiempos de arranque de la Copa de Europa. El accidente de Múnich -el 6 de febrero se cumplirán 68 años- se llevó por delante al equipo del fenómeno Duncan Edwards.

El Madrid jugó un amistoso de homenaje al golpeadísimo rival en Old Trafford, y se estableció así una sólida relación entre ambos clubes. Por su parte, el encargado de repetir que el Madrid es lo más grande fue sir Bobby Charlton, uno de los supervivientes de la tragedia.

Y ahora resulta que uno se ha puesto en manos de Michael Carrick, un estupendo ex con escasa experiencia en el banquillo, y el otro en Arbeloa. Álvaro, Castilla y Valdebebas. Carrick, ayudante del primer entrenador, Mourinho y Solskjaer, pase rapidito por el primer equipo, tres años en el Middlesbroug y vuelta a casa.

Más curiosidad: Carrick llegó tras el despido de Amorim que lo estaba bordando en el Sporting de Portugal y se lo trajeron hasta Old Trafford  a la brava. Pagando. Muy parecido a lo de Xabi Alonso/Leverkusen.

Amorim y Xabi era los dos técnicos jóvenes que más sonaban, y sus llegadas a United y Real se recibieron como dos aciertos, los entrenadores ideales para acabar uno con la malísima racha del campeón inglés; el otro, el perfecto para reordenar al Madrid que se disponía a cerrar la segunda etapa más gloriosa en la historia del club. El caso es que ninguno se salió con la suya.

Álvaro I de Castilla

Y es ahora tiempo de Carrick y Arbeloa. Aquel lleva dos partidos y le ha ganado a City y Arsenal, los dos primeros. Uno en casa, al City, 2-0, no le hizo 5 porque Dios no quiso, y al otro de visitante: primera derrota de Arteta y cía en su estadio. Y lo de meterle tres goles… En fin, que no se puede empezar mejor.

Y sobre Arbeloa, pues lo sabido. Seis al Mónaco y el triunfo en La Cerámica, lo último. La gansada de Albacete, la bronca en el Bernabéu: heridas suturadas. Ante el Villarreal vimos un buen Madrid; en cuanto a ganas, atención y demás, sobresaliente.

¿Si lo hubiera hecho otras veces? Pues sería líder de la Liga con 5/6 puntos de ventaja. No pasó, no lloremos por la leche derramada. Arbeloa ha enseñado la patita, sabe lo que quiere y cómo hacerlo. Como un Carrick de la vida. Oigan: esto es fútbol, entre los dos cuántos años de eso sumarán…

Es fútbol desde el banquillo. No, ahí no se puede sentar cualquiera, pero tampoco se trata de inventar un cohete submarino. Se trata sobre todo de tener claro esto: el juego es de los futbolistas. Entrenador, favorécelo. ¿OK? OK.

A quien necesita el Barça es a Mourinho

Superado el primer envite de la Champions, el Madrid se dispone a viajar a Lisboa: debe tomárselo como una final. Si gana el miércoles tendrá 3 días de enero, 28 de febrero y al menos hasta el 10 de marzo con el calendario más despejado en siglos: 41 días. Ese 10M es el primer día fijado para los octavos de Europa.

Sólo jugará Liga el Real, sí. Rayo (casa), Valencia, Real Sociedad (casa), Osasuna, Getafe (casa) y Celta. Seis partidos en 41 días, uno por semana. El calendario soñado por los entrenadores, la oportunidad de entrenar como Dios manda.

Una cuarentena muy seria: la clave de lo que el Madrid pueda acabar siendo o no esta temporada. Clave puede también en el futuro del entrenador.

Vuelve el Madrid a Da Luz, Lisboa linda y querida. A otra final. A aquella llegó con 9, salió con 10, está en15. El sueño de la 16 pasa por allí. Para entendernos: hagan lo del sábado.

Hola, amigos. La ola de frío que sacude España, y Europa, y el hemisferio norte en su conjunto, está alcanzando cotas tan alarmantes que no podemos ya hacer como si nada. Como decían en una película de Woody Allen, a veces la vida tiene vida propia, incluida la vida atmosférica, y es así como no solo las bajísimas temperaturas sino también el temporal de agua y nieve que nos circunda entorpece incluso el normal desarrollo del deporte balompédico de élite.

Lo de “de élite” es un decir, por otra parte. Los clubes de élite tienen instalaciones de élite que les permiten afrontar inclemencias meteorológicas como las que estamos pasando sin demasiadas o sin ninguna consecuencia (qué graciosas suenan ahora aquellas viejas chanzas sobre la cubierta retráctil del Bernabéu), mientras los que se suponen que son de élite pero están en la más absoluta B desde lo financiero, desde lo institucional y (sobre todo) desde lo ético pasan por trances tan tragicómicos como lo sucedido ayer en el Camp Nou Spotify, plataforma donde soñaron uno tras otro clásicos como Have You Ever Seen the Rain, Rain Must Fall, Come Rain or Come Shine, Stormy Weather o Raindrops Are Falling on My Head, Riders on the Storm o Let It Rain.

 

Como comentan nuestros ingeniosos amigos del CD Ciudad de Zamora, el estadio azulgrana convirtióse mágicamente, tal vez por iniciativa de Donald Trump, a quien ya sabemos cómo gustan estas cosas, en un mastodóntico spa donde proliferaron los chorros terapéuticos y cañones de agua para hidromasajes capaces de satisfacer al más exigente usuario de balnearios y demás recintos para el cultivo de la vida sana. Es lo que tiene haber hecho una reforma de estadio tan falsa como el palmarés del club catalán durante los 17 años durante los que sobornó al vicepresidente de los árbitros españoles.

Hace no tanto, un youtuber de la órbita culé presumía ufano de que las nuevas posiciones de comentaristas, tras la falsa reforma llevada a cabo por un ingeniero o sexador de pollos turco, ¡tenían enchufes! Esperemos que ayer, con el improvisado Niágara en el cual mutó el fabuloso nuevo templo blaugrana, cuyos agujeros en el techo propiciaron la inundación, no se dieran más cortocircuitos de los estrictamente necesarios.

Spotify Camp Nou Gruyere Spa & Health Center.

 

Cuantísima gloria, amigos. Además del espectáculo del Camp Nou inundado, que suscitaría la indignación contra su propia gerencia de cualquier afición no aborregada, en dicho estadio hubo también fútbol. Nos lo recuerda el diario con la más clara encomienda de canonización de la figura de Lamine Yamal, que no es Sport ni Mundo Deportivo, como de entrada podríais haber pensado, sino sorpresivamente Marca, medio que la gente aún relaciona con la llamada (e inexistente) Central Lechera. Ningún medio catalán está siempre tan presto y dispuesto a deshacerse en loas a Lamine como lo está Marca. Ayer marcó un buen gol, se sentó en una valla publicitaria, en homenaje a Cristiano que habrá sentado mal en esos lares, y ahí sigue, recibiendo los vítores de la prensa que se le supone hostil al club que le paga (a él y a Negreira). Lo cierto es que el Barça jugó muy mal, pero a quién le importa ponderar eso.

A nadie.

Marca, en estos tiempos, ejerce fundamentalmente de mosca cojonera y tebiana del madridismo, de ahí lo de dar portadas a Lamine y moscas (valga la redundancia) a lo bien que le marcha a Endrick en el Olympique de Lyon. Es imposible no preguntarse qué hace tan lejos semejante proyecto de crack, si bien al final quizá haya que dar por bueno este fogueo en tierras extranjeras para que el Madrid recupere al futbolista no bien acabe esta campaña.

Marca no habla en cambio del ridículo de los goterones noucampianos, como también obvia las dos jugadas inenarrables (una por significativa, otra por escandalosa) que decantaron, qué raro, el encuentro hacia el lado negreiril.

Esta es la pintoresca/ significativa.

Martínez Munuera se inventa, con arreglo a la norma 17.8.4 emanante de sus muy morenos dídimos, que el portero del Oviedo agarra el balón fuera del área con las manos. Hay que estar muy seguro para pitar eso. Seguro de que te interesa pitarlo, queremos decir.

Y esta es la grave, la gravísima. La trascendental.

Jordi García agarra del tobillo al jugador ovetense Reina, cometiendo penalti. Sigan, sigan. Obsérvese cómo el CM de Sport, excusatio non petita, atribuye la acción exclusivamente a lo “rapidísimo” que se emplea Jordi García. Para “rapidísimo” el propio CM, justificando lo injustificable aun antes de que nadie le pregunte. Por si acaso. Preventivamente.

Ya con más calma, el resto de componentes del equipo de opinión sincronizada negreiril han negado asimismo la existencia del claro penalti. Lo que cabía esperar. No es ni siquiera gente que tenga un sesgo que condicione sus opiniones. Es gente que de manera pública opina lo que no cree en realidad, por sistema y para seguir bendiciendo un sistema arbitral tan nefasto y corrupto que ni un solo árbitro español es escogido para ninguna gran competición, UEFA incluida.

En fin. Los rotativos cataculés, por su parte, siguen la estela de quien se ha convertido en su líder intelectual, o sea, Marca, optando incluso por las mismas fotos. Ya no es que Marca sea el caballo de Troya del cuerpo de doctrina culé en la capital. Es al revés. El dedo de Marca les señala el camino y ellos siguen la estela encantados. En las astutas, taimadas, aviesas manos tebianas encomiendan todos ellos sus espíritus. Y no les va nada mal.

As es el único diario que, en este día de sensaciones térmicas bajo mínimos, nos recuerda que existe el Real Madrid. “Arbeloa ha dado con la tecla”, asegura el medio dirigido por José Félix Díaz. Amén, y es una tecla anímica que tiene que ver con la gratitud, como explicaba Jesús Bengoechea en su artículo de ayer, y con el debido entendimiento de la responsabilidad que apareja el escudo. Tan sencillo y tan inexorable como eso. Eso + claridad táctica + mejoría física. Pero sobre todo es fe en el plan.

La misma con la que os deseamos un día muy feliz, sobre todo a aquellos que nos leáis desde el hemisferio sur. Qué suerte.

 

 

 

 

 

El FC Barcelona venció (2-0) al Real Madrid femenino en la final de la Supercopa de España disputada en el estadio de Castalia. Las azulgrana se adelantaron mediante un tanto de Esmee Brugts y, aunque el Real mantuvo el duelo a un palmo de distancia, no consiguieron la igualada para llevar la disputada del primer título de la temporada a los penaltis. Ya en el descuento, Alexia Putellas anotó el definitivo 2-0 desde el punto de penalti.

En el cuento de nunca acabar que es el duelo desigual entre Real Madrid y FC Barcelona en el contexto del fútbol femenino, la final de la Supercopa de España volvió a dejar el tipo de escenas que, por reiteración, pueden verse aun con los ojos cerrados. Si el Real iguala el partido en lo colectivo, será un balón parado, un error individual o una jugada inconexa y desafortunada lo que desequilibre el choque en favor azulgrana; si el Madrid bordea el peligro y amaga con devolver la igualada, el balón se estrellará en el larguero o la árbitra olvidará el silbato cuando frenan un contraataque peligroso de Linda Caicedo. Y si un aficionado primerizo enciende la televisión, encontrará siempre los paupérrimos comentarios de la dupla Alicia Arévalo - Marta Corredera, de quienes es mejor ni hablar.

La victoria azulgrana, pues, viene a ser la conclusión lógica a la típica cadena de acontecimientos descritos. María Méndez y Maëlle Lakrar pueden ganar durante 45 minutos duelos en velocidad complejísimos frente a Ewa Pajor, pero de poco sirve el esfuerzo defensivo si basta un córner al primer palo para encajar gol. Es el sino de un Madrid que mejora cada año, y que con esfuerzo consigue igualar o, al menos, contener al Barça con el balón en juego, y sin embargo naufraga al perder un duelo individual esporádico o en un balón aéreo centrado al área.

Así sucedió durante la primera media hora de final en el estadio de Castalia. Sin disparos a portería y con ritmo calmado, el Madrid aguantó el esfuerzo mental de correr durante muchos minutos sin dominio de la posesión. Cuando llegó la primera intentona peligrosa, un disparo de Vicky López dede la frontal, Misa Rodríguez despejó a córner con una gran parada: nada que rechistar, hasta que en el saque de esquina posterior la lateral Esmee Brugts simplemente necesitó poner la cabeza para celebrar el 1-0. Mientras tanto, en el otro extremo del campo, cada córner del Real se quedó corto.

Es el sino de un Madrid que mejora cada año, y que con esfuerzo consigue igualar o, al menos, contener al Barça con el balón en juego, y sin embargo naufraga al perder un duelo individual esporádico o en un balón aéreo centrado al área

Al gol del Barça siguieron dos acciones llamativas por diferentes motivos. Primero, en un balón colgado sobre el área de Misa, Irene Paredes saltó al bulto cometiendo una falta clarísima sobre la portera. Aún así la defensa culé, ni corta ni perezosa, se atrevió a recriminar la acción a la árbitra en una evidente muestra de creer estar por encima del bien y del mal. Minutos después, en un contraataque muy prometedor de Linda Caicedo, Caroline Graham Hansen frenó a la colombiana desde atrás cuando se acercaba al borde del área, una amarilla de libro, sin que siquiera se señalara falta. Ninguna de esas acciones condicionó el partido, pero son detalles que dirigen la marea en una dirección concreta.

Al descanso se llegó tras un disparo al larguero de Sara Däbritz y, tras la pausa, el juego se abrió en ambas mitades del campo. Al Madrid le sentó bien, pues por primera vez consiguió enhebrar un par de jugadas de combinación cerca del área rival, pero el reverso de la moneda fue evidente: Misa Rodríguez acabó convertida en la futbolista más determinante sobre el césped al ver cómo las atacantes azulgranas probaban fortuna una y otra vez frente a sus dominios. La canaria creció tras cada atajada, llegando a salvar dos ocasiones a bocajarro de Ewa Pajor. Sus intervenciones permitieron al Madrid plantarse en los últimos quince minutos de final con el empate a un mero tanto de distancia… y Linda Caicedo tuvo en sus botas el gol tras un gran pase filtrado de Athenea del Castillo. Cuando llegó el turno de chutar con la zurda, eso sí, Ona Batlle metió el pie para bloquear la que debería haber sido la acción que mandase el partido a la tanda de penaltis.

Perdida la ocasión crucial, el Real Madrid supo que volvería a morir en la orilla. Que Alexia Putellas doblara la ventaja desde el punto de penalti ya en el descuento fue intrascendente: por entonces, todos sabíamos de memoria el final de la película. ¿Volverá a repetirse el guion en el próximo duelo frente a frente de Copa de la Reina?

 

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Buenos días, amigos. Dado que ha triunfado la cursilada esa de “dormir líderes”, podemos extender el lugar común a lo largo de las primeras horas del día siguiente, al menos hasta que juegue quien tiene la potestad de recuperar el liderato. De manera que a estas horas de la mañana el Madrid, todavía, “desayuna líder”, “saca a pasear el perro líder”,  “toma de aperitivo un vermut y unas gildas” líder y “se pone una película de Netflix” líder antes de “echarse la siesta” (el equipo cliente de Negreira juega a las 16:15, le da tiempo) líder también.

Lo más importante, con todo, son las sensaciones absolutamente tonificantes que arroja la victoria en la Cerámica, que es una victoria de prestigio, una candidatura al campeonato que refrenda las excelentes perspectivas que trajo consigo la portentosa goleada ante el Mónaco. No conviene lanzar las campanas al vuelo, pero estaremos de acuerdo en que este es otro Madrid. Uno ambicioso que no cesa de presionar y que lo hace con sentido. Uno atento, concentrado, solidario y espectacular en las acciones de sus hombres de ataque, un Mbappé al que siguen cayéndosele los goles (eso no ha cambiado) acompañado por un Vinicius que facturó en Villarreal un segundo tiempo de fábula.

Marca destaca precisamente los dos goles del francés (“Mbappé… y a volar”, sueltan, como si fuera tan fácil), pero el partido tuvo mucho más que eso. Tuvo en Valverde y Carreras dos laterales casi centrocampistas que nos hacen implorar, en particular, que el uruguayo no abandone el puesto que dice rehusar pero que le sienta como un guante. Tuvo un Asencio imperial y un Huijsen mejorado. Tuvo un Camavinga que sufrió sustituyendo a Tchouaméni, como no podía ser de otro modo pues Aurélien es vital en el esquema, pero que estuvo maravillosamente auxiliado por un Güler y un Bellingham abnegados, sabios y dominantes. Tuvo a un Mastantuono que ha agarrado por los cuernos el puesto más disputado del equipo a punta de trabajo y talento. Tuvo incluso la gozosa reaparición  de Brahim después de su traumática final de la Copa de África.

Fue un Madrid que invita a soñar. Como lo fue el del Mónaco. Lo que invita a soñar, precisamente, es esa continuidad.

“Esto marcha”, titula As, y no podemos estar más de acuerdo. Es el nuestro, no obstante, un acuerdo con cautela. “Esto marcha” es frase que también dijimos tras breves rachas triunfales del Madrid de Xabi. Necesitamos que la continuidad a la que antes aludíamos se sostenga en el tiempo.

“Un Madrid sólido y solidario gana en la Cerámica y se acuesta líder”. Como ya adelantamos antes, tenemos el gusto de actualizaros la información: no solo se acostó líder sino que se ha levantando líder también. Que sí: desayunó líder, se duchó lider, llamó por teléfono a su madre líder, se sonó los mocos líder y sacó a pasear el perro líder, si bien esta última operación duró poco porque hace un frío como no recordamos hace tiempo y el perro enfiló enseguida el camino de vuelta a casa.

Así sí, amigos. Así sí se puede confiar en este equipo.

La otra cara de la moneda en este domingo predominantemente feliz es el equipo femenino, que volvió a palmar contra el Barça, una vez más, esta vez en la final de la Supercopa. La prensa cataculé lo goza a modo, como veis, y no se lo podemos reprochar. Parece que seguimos a años luz del equipo de mujeres azulgrana y que nuestra gerencia no parece dispuesta a intentar poner remedio a esta situación sacando la chequera. En situaciones así se suelen desatar las tesis sobre lo que debería hacerse con la sección, tesis entre las que no faltan soluciones muy taxativas. En La Galerna abogamos por el mantenimiento de la sección, aunque admitimos que no es fácil asimilar el que un equipo que lleva nuestro escudo (sea de hombres, mujeres, cetáceos o grullas) acepte como costumbre el perder sin solución contra el máximo rival, por costumbre ya.

Pasad un buen día.

La mejor noticia de la fundamental victoria del Real Madrid en Villarreal es que, dejando a un lado la sensacional exhibición de Vinicius en el segundo tiempo y el nuevo doblete de Mbappé, resulta muy difícil elegir a los jugadores más destacados. Básicamente, todo el mundo estuvo entre bien y muy bien, que es otra forma de describir la importancia de la palabra clave: equipo. Fue un triunfo eminentemente coral que solo puede mover a concluir, como rezaba la crónica de Athos Dumas, que este Madrid va en serio. Es oficial, como se decía antes: hay un nuevo paradigma y los jugadores se lo creen.

La individualidad al servicio del colectivo era una de las ideas centrales de la cultura espartana, que por razones obvias lleva algunas semanas siendo revisitada por cronistas varios de la cosa vikinga. Lo vikingo y lo espartano suenan juntos a tormenta perfecta de la testosterona, pero es que eso mismo, bien entendido, es lo que bien propone y bien le está saliendo a Arbeloa, con determinadas variantes de la idea que convergen en un mismo estilo de juego. Ambición. Solidaridad. Firmeza. Agresividad. Denuedo. Determinación. Confianza.

“El único responsable soy yo”. fue esa frase, y no los 90 minutos de pitada impía, lo que les puso las pilas. Lo que les puso las pilas es la gratitud

Son sustantivos y los sustantivos no se conjugan, pero el verbo (que sí lo hace) se ha hecho carne en quien llama(¿ban?) títere, marioneta, palangana, bobo y pedante (pedante es mi insulto favorito, me lo dicen mucho y siempre lo disfruto: no es pedante quien quiere sino quien puede). Todas estas cosas le dicen/¿decían? a Arbeloa, pero resulta que con sus piedras hace él su pared, como las amantes lésbicas de la canción de Mecano. “Miguelito, ya sé por dónde vas” es frase característica de profesor en el aula, pero dicha con esa sonrisa y ese aplomo, en rueda de prensa, suena casi a lo contrario, es decir, al más listo de la clase, que no al pelota. El de “pelota” es otro de los denuestos que le han aplicado al espartano los infelices a los que ahora no solo se ve desconcertados, sino directamente enfadados, pidiendo a la realidad el libro de reclamaciones por no hacer coincidir los acontecimientos con las líneas maestras de su sectarismo.

Ya he usado alguna vez ese viejo aserto: un buen jefe es el que utiliza la propia polla (con perdón) para apartar las ortigas del camino de sus subordinados. Por desgracia (Albacete, pierde y vete), no pasó mucho tiempo antes de que los jugadores comprobaran que se encontraban precisamente ante ese tipo de jefe (“El único responsable soy yo”). La derrota fue tan vergonzosa como providencial: así se aprende de buenas a primeras la materia de que está hecha la gente. Al instante (“Insisto: el único responsable soy yo”) supieron que lo darían todo por ese tipo, en riguroso quid pro quo. Es esa frase, y no los 90 minutos de pitada impía, lo que les puso las pilas. Lo que les puso las pilas es la gratitud.

Así que no, no son exactamente unos vagos que solo corren cuando quieren, aunque la frase no esté exenta de un componente de verdad. Tampoco son del todo los damnificados por una pizarra inflexible que ahora vuelan libres de automatismos panenkitas castrantes. Son —y esto dice cosas malas y buenas del grupo— veintitantos jugadores que andaban en busca de autor, parafraseando a Pirandello, presa todos ellos de la confusión más que de la desidia, aunque también hubiera algo de eso último. A partir de ahora pasará cualquier cosa, pero podéis contar con una certeza: lo que acontezca tendrá sustancia, y no descartéis que a lo literario se una el frescor revitalizante del metal.

 

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Courtois: Aprobado alto. Apenas tuvo trabajo, aunque estuvo muy atento en varias salidas fuera del área que atajó a lo Manuel Neuer.

Valverde: Aprobado. Solvente en el lateral y aportando mucho esfuerzo.

Asencio: Sobresaliente. Atajó todo, despejó todo y aún tuvo tiempo para enviar varios pases medidos de 60 metros a sus delanteros.

Huijsen: Aprobado. Va mejorando. Cuando se ve en dificultades ya no se complica la vida.

Carreras: Aprobado alto. Parece que vuelve el lateral de principios de la temporada.

Camavinga: Aprobado. Muy impreciso en el primer tiempo, fue mejorando con el paso de los minutos. Evitó una contra muy peligrosa en los últimos minutos.

Güler: Notable. Muy buen primer tiempo, siempre preciso y también punzante. Acabó siendo sustituido, agotado por el esfuerzo.

Mastantuono; Aprobado. Buen partido, especialmente por su gran trabajo defensivo. Va para arriba.

Bellingham: Notable. Con su esfuerzo incansable, como siempre, estuvo en todas partes con un despliegue de sus mejores tiempos.

Mbappé: Notable alto. Tras un primer tiempo gris, resolvió nada más salir del vestuario. Y culminó forzando un penalti y marcándolo como un fuera de serie.

Vinícius: Notable. No paró de intentarlo, pese a las constantes faltas que recibió. Al menos la mitad del primer gol es suyo. Con la flecha hacia arriba.

Gonzalo: Aprobado alto. Enorme su trabajo de recuperación en las contras del equipo local.

Brahim: sin tiempo, pero qué bueno tenerlo de vuelta.

Arbeloa: Sobresaliente. Ha cambiado el equipo en apenas 10 días.

 

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Se trataba de un partido incómodo, colocado entre dos partidos de Champions, la competición que de verdad nos interesa a los madridistas. Además, fuera de casa, ante un Villarreal desahuciado desde hace semanas en Europa (con unos números lamentables), pero muy bien clasificado en La Liga, discutiendo con argumentos sólidos el tercer puesto con el Atlético de Madrid.

Empezó todo con una tremenda igualdad, con ambos centros del campo muy poblados y arriesgando poco en ataque. Quince minutos en los que no pasó prácticamente nada sobre el césped. Por parte blanca, se acumulaban pérdidas de balón en pases sencillos de Camavinga, Mastantuono y Güler. Pero fue precisamente el turco quien probó las manoplas de Luiz Junior tras una bella jugada individual por la derecha, con regate incluido.

Poco después, la mala noticia de la noche, con una grave lesión de Foyth, posiblemente con el tendón de Aquiles afectado. En esos momentos del partido, el Villarreal creó cierto peligro por su banda izquierda, con jugadas de Gerard y de Moleiro, culminada con centros envenenados de Pedraza que no encontraban rematador.

Mbappé probó de nuevo al meta amarillo con un remate muy centrado. Destacaba el buen trabajo en la medular, tanto de Güler como de Bellingham, así como una actuación impecable de Asencio en defensa. El primer tiempo acabó con sendos remates peligrosos, uno por equipo, que acabaron fuera: Vinícius tras una buena acción por la izquierda, y Pape Gueye, rematando desde la frontal.

El inicio del segundo tiempo fue inmejorable, gracias al tesón de Vinícius por su banda, uno de cuyos ataques culminó Mbappé batiendo al arquero rival por debajo de sus piernas. A partir de ahí, el encuentro quedó totalmente controlado por los merengues, con un carrusel de entradas que sufrió Vinícius: cinco faltas seguidas. El único peligro llegó a balón parado, tras una falta botada por Parejo que Gerard Moreno, en posición ideal, envió muy por encima del travesaño.

Poco a poco se dormía el partido, con ambos equipos agotados tras el esfuerzo europeo del pasado martes, lo que provocó imprecisiones en ambos conjuntos. Un par de ligeras ocasiones de Jude y de Mbappé, con poco peligro, dieron paso a un verdadero ejercicio de control de partido por parte del Madrid, que mostró su lado más solidario en defensa, sin conceder oportunidades al Villarreal. Hay que destacar que los amarillos apenas tiraron una vez a puerta, ya pasado el minuto 70, con un flojo tiro de Moleiro.

El partido estaba ya por terminar, por agotamiento de los contendientes, cuando surgió de nuevo Kylian Mbappé, que buscó y forzó un penalti a Pedraza, y que él mismo anotó en el minuto 93 con un panenka de mucha calidad: 0-2 y tres puntos en un estadio complicado.

Y el Madrid, como dicen los más cursis -muy tipico de los diarios de Barcelona-, se acuesta líder. Pero más que eso, se acuesta tras haber brindado un ejercicio muy serio, con gran trabajo defensivo y con una solidaridad que se echaba de menos en algunos partidos de la primera vuelta. Todo ello contando, además, con dos estiletes únicos en el mundo, como son Mbappé y Vinícius Junior. Parece que el efecto Arbeloa, tras el patinazo albaceteño, está comenzando a dar sus frutos

Ahora se trata de culminar en Lisboa una buena fase de previa de Champions.

 

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