Tras las derrotas en Albacete y Lisboa, el aficionado ha tenido a bien expresarse con pitadas para demostrar su disgusto con el desempeño del equipo. El que escribe considera incluso un deber como madridista el manifestarse, y si es con silbidos, que sea, bien para oídos de directiva, dirección técnica o plantilla. Ahora bien: si manifestarse es obligatorio, será para lo malo y para lo bueno, y sería fantástico que cuando tocase alentar no se escuchase solamente a la grada de animación, tan criticada estas semanas por cometer el mayor de los pecados: apoyar a su equipo cuando más lo necesita.
Históricamente, el Bernabéu ha pitado, no por perder, sino porque entiende que los once que están en el verde y representan a la entidad madridista no lo están dando todo. La derrota es parte del éxito y, por supuesto, el club más exitoso de la historia tiene que perder de vez en cuando (menos de lo que les gustaría a muchos, ya lo sentimos). Esto, el aficionado lo ha entendido siempre, y cuando ha demostrado su desagrado es porque perdona la derrota, mas no la indolencia.
Pero todos los tropiezos de esta temporada, con distintos entrenadores, ¿han sido causa de esta supuesta dejadez? ¿Se han perdido partidos porque los jugadores se ahorran esfuerzos, o porque el extremo no controla el balón como la afición quiere? ¿Se han dejado puntos porque la plantilla está pensando en dónde salir esta noche, o porque el mediocampo no es el de cuatro Copas de Europa en cinco años? ¿Hay que jugar dieciseisavos de Champions otro año más porque estos futbolistas se creen dioses, o porque estos futbolistas no son los dioses que nosotros esperamos que sean?
El seguidor debe pitar si encuentra rasgos de desidia en los futbolistas, pero es ingenuo pensar que un silbido va a conseguir que den un pase al hueco. Es probable que la afición no esté aceptando que la actual plantilla aún no puede dar lo que ellos desean, que no es apatía sino precocidad, y que toca esperar en el club que nunca espera.
El seguidor debe pitar si encuentra rasgos de desidia en los futbolistas, pero es ingenuo pensar que un silbido va a conseguir que den un pase al hueco
Otra cuestión es el acierto en la pitada: los silbidos sirven para mostrar desacuerdo, por lo que pitar antes del encuentro, al descanso o después, sirve para que directiva y plantilla se cercioren de que la afición no está contenta. Hacerlo mientras se juega, propicia que los jugadores puedan desconcentrarse y es contraproducente. El futbolista ya sabe que el que silba no está contento, por tanto, cuando tenga que demostrar su desempeño, necesitará apoyo, no pitadas que le puedan poner nervioso.
Se está entrando en un peligroso bucle de tener un partido malo; el público pita en el siguiente; se gana; y eso reafirma al aficionado, creyendo tener razón y que el buen resultado del equipo se debe a la orquesta de viento. Y vuelta a empezar. Tal suceso solo conllevará que cada vez el desempeño en el terreno de juego sea peor y, por consiguiente, mayor el enfado del público. Y entonces, cuando el Bernabéu silbe, a los jugadores les importará un pito.
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El Real Madrid ganó 2-1 al Rayo Vallecano en el Santiago Bernabéu. Lo escribo así, de forma fría y objetiva, porque es la única manera de que el resultado no engañe a nadie. El marcador dice victoria, pero el partido, especialmente la segunda mitad, fue horrible, aburrido y espeso, uno de esos encuentros que parecen durar el doble de lo que marca el reloj y que, cuando terminan, dejan la incómoda sensación de haber perdido algo mucho más valioso que puntos: el tiempo y la ilusión.
El problema es que este partido no es una excepción ni un accidente. Llega apenas unos días después del 4-2 encajado contra el Benfica el miércoles, otro partido malísimo, otro ejercicio de desorden, desconexión y fragilidad emocional. Dos encuentros consecutivos que no hacen más que confirmar una realidad que llevamos meses viendo, porque, salvo contadas excepciones, esta ha sido la tónica general de toda la temporada.
Estamos viviendo un Real Madrid que juega mal incluso cuando gana, que pierde sin competir, y que rara vez transmite la sensación de estar construyendo algo. Por eso, quizás por primera vez en mucho tiempo, he llegado a una conclusión que no me duele tanto como pensaba: este año el Real Madrid no va a ganar ningún título, será un año en blanco. Y no pasa nada, de verdad. No lo digo desde el enfado, sino desde una especie de aceptación serena. Los títulos van y vienen, forman parte del ciclo natural de cualquier club, incluso de uno tan acostumbrado a ganar como este. El problema no es no ganar, el problema es no sentir nada por el camino.
A estas alturas, mi exigencia como aficionado se ha reducido a algo muy básico, solo quiero que el Real Madrid me divierta, quiero disfrutar viendo sus partidos y quiero que, gane o pierda, al menos tenga la sensación de haber visto a un equipo vivo, con intención, con alma. Y en estos momentos, eso es precisamente lo que no tengo. Este Madrid transmite una imagen desoladora, la de un equipo sin latidos, sin ganas, sin una idea reconocible.
mi exigencia como aficionado se ha reducido a algo muy básico, solo quiero que el Real Madrid me divierta, quiero disfrutar viendo sus partidos y quiero que, gane o pierda, al menos tenga la sensación de haber visto a un equipo con alma
Da la sensación de que los jugadores saltan al campo por inercia, porque el calendario lo marca, no porque exista una convicción colectiva o una ambición compartida. No hay intensidad sostenida, no hay presión coordinada, no hay mecanismos claros ni en ataque ni en defensa. Todo parece improvisado, desconectado y frágil. El balón circula sin ritmo ni propósito. Los ataques se diluyen antes de generar peligro real y la defensa vive permanentemente al límite, como si cualquier balón dividido pudiera convertirse en una ocasión en contra.
No hay sensación de control en ningún momento del partido, ni siquiera cuando el resultado es favorable. El Madrid no domina, sobrevive, y eso, para un club de su dimensión, es profundamente preocupante. Más allá de lo táctico, lo que más llama la atención es el lenguaje corporal. Los jugadores no se buscan, no se corrigen, tampoco se animan cuando encajan un gol. Cada uno parece encerrado en su propio partido, en su propio problema. Falta conexión entre ellos, pero también falta conexión con la grada.
El Santiago Bernabéu, que tantas veces ha sido un actor protagonista, hoy es un espectador cansado que observa, murmura, protesta de forma aislada y, en muchos tramos, se limita a esperar que el partido termine. No es una afición caprichosa ni injusta. Es una afición que ha visto mucho fútbol, que ha vivido muchas noches grandes y que sabe reconocer si su equipo le está dando algo o no.
Ahora mismo, el Real Madrid no le da nada: ni le da emoción, ni orgullo, ni la impresión de estar ante un equipo que cree en lo que hace. En ese contexto, yo mismo llegué a pensar que el discurso inicial de Álvaro Arbeloa, tan cercano y tan protector con sus jugadores, estaba dando algo de luz y de esperanza. Durante un tiempo pareció que esa forma de respaldar al vestuario, de quitar presión hacia fuera, se reflejaba en el césped con un equipo algo más suelto, algo más reconocible. Hoy empiezo a pensar que aquella luz no fue más que un breve destello, una ilusión pasajera que se apagó tan rápido como apareció. Porque ahora la figura del entrenador tampoco ayuda a cambiar el clima.
Más allá de los resultados, lo que este equipo está perdiendo es su capacidad de emocionar, y eso, para muchos, es más grave que terminar el año sin nada en las vitrinas
No se trata solo de esquemas o de decisiones puntuales, sino de liderazgo y discurso. Arbeloa no habla de una forma que encienda a la afición ni que sacuda al vestuario. Sus comparecencias son planas, previsibles, casi burocráticas, sin mensajes que transmitan urgencia, ambición o inconformismo. No parece especialmente molesto cuando el equipo juega mal ni especialmente ilusionado cuando gana.
Todo queda envuelto en una normalidad que resulta chocante para cualquiera que vea los partidos. Esa falta de energía desde el banquillo, esas manos que nunca salen de sus bolsillos, todo termina reflejándose en el césped, porque un entrenador no solo prepara partidos, también marca el tono emocional del grupo, y este Madrid tiene un tono bajo, apagado, casi indiferente.
Lo más frustrante de todo es que este equipo tiene argumentos de sobra para ser, como mínimo, entretenido. No hablamos de una plantilla pobre, quizás sí limitada. Pero hay talento, juventud, calidad individual y futbolistas capaces de romper partidos, de generar desequilibrio, de ofrecer algo distinto. Hay motivos suficientes para pensar que este Madrid podría, al menos, intentar jugar con valentía. Y, sin embargo, no lo hace. O lo hace muy poco. El resultado es un equipo previsible, inofensivo durante demasiados minutos, incapaz de imponer su ritmo o su personalidad. Incluso cuando va por delante en el marcador transmite inseguridad y, cuando tiene el balón, parece no saber muy bien qué hacer con él.
Hay equipos que caen, pero lo hacen compitiendo, arriesgando y dejando sensaciones que invitan al optimismo futuro. Este Madrid ni gana con brillo ni pierde con dignidad futbolística. Simplemente transita por los partidos, como si la temporada fuese una sucesión de compromisos que hay que cumplir hasta que todo termine. El mayor peligro ahora mismo no es acabar el año sin títulos, el Real Madrid ha sobrevivido a temporadas en blanco antes y lo volverá a hacer. El verdadero riesgo es algo mucho más silencioso y dañino: la apatía, la normalización del aburrimiento, la aceptación de que ver un partido del Madrid sea una experiencia tediosa. Cuando el aficionado deja de enfadarse y empieza a resignarse, algo se ha roto.
Esa es la sensación que deja este equipo: la de haber renunciado a emocionar. Por eso hoy no pido títulos, no pido milagros ni gestas. Pido sentarme a ver un partido del Real Madrid y disfrutarlo, levantarme del sofá con la sensación de haber visto algo vivo, algo interesante, algo que merezca la pena. Pido un equipo con alma, con carácter y con una idea clara, aunque no siempre funcione. Pido once jugadores que se miren, que se entiendan y que se equivoquen intentando algo, no esperando a que otro lo haga por ellos. Pido un entrenador que crea, que contagie y que incomode cuando haga falta. Más allá de los resultados, lo que este equipo está perdiendo es su capacidad de emocionar, y eso, para muchos, es más grave que terminar el año sin nada en las vitrinas.
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No pude ver en directo el partido contra el Rayo. Estuve recibiendo inputs negativos todo el día y me esperaba ver otro aquelarre como el de Lisboa. Pues no. Visto el partido en diferido, un día después, en silencio y en soledad, he de decir que la negatividad ambiental del madridismo empieza a desconcertarme. No me ha parecido ni remotamente el desastre que dicen las crónicas. He oído criticar el arreón final porque "el Rayo no es el Bayern", como si el partido no mereciera el esfuerzo que el equipo nos ofreció. Todo mal, hasta el desorden del final por las ganas de ganar. ¿Se fijaron en las caras de los jugadores en los últimos diez minutos? Ahí empieza a haber algo bueno. Mbappé ejerciendo de capitán sin brazalete…
Silbidos. Eso sí. A Bellingham por lesionarse. A Vinícius porque sí. Minuto 15: dos tarjetas perdonadas a Gumbau por dos feas entradas a Güler. Y llega la pelota a Vini en el pico del área, se limpia a tres defensores y la coloca en la escuadra. Golazo. Sólo he visto unas cincuenta veces la jugada repetida. Cuando la vea bien les trato de convencer de que un jugador capaz de hacer semejante gol tiene que jugar siempre en el Real Madrid. Acto seguido besa el escudo y pide a la grada (traducción libre): “dejad ya de silbarme y animad al equipo, ¿no veis que me da igual?”. Vini es una roca. Ya hemos visto lo que nos puede dar a cambio de un poco de afecto. Ustedes mismos.
Buena primera parte. Incluso sin Bellingham. Brahim y Vini perdonaron dos goles al filo del descanso por exceso de generosidad. Los dos buscaron a Mbappé en lugar de probar al portero. El partido habría dejado otro sabor con un 2-0 al descanso. Pitos en la grada.
En la reanudación, penalti escandaloso en el 47’ sobre Mbappé. Curioso: la grada pide la falta, pero no insiste en la reclamación al árbitro ni corea “corrupción en la Federación”. Nada. La ira endogámica nos satisface más. El fuego amigo. Tenemos más enemigos dentro que fuera. No dentro del club. Dentro de nuestras propias cabezas. Total, que volvieron los silbidos tras el gol del Rayo en el minuto 49. Es realmente difícil interpretar a qué silba cada persona en el Bernabéu.
La victoria contra el Rayo No me ha parecido ni remotamente el desastre que dicen las crónicas
A todo esto, nos ponen los muñecos del FDJ semi automático manipulado manualmente, para mostrarnos la línea del fuera de juego en el codo de Valverde en el gol del Rayo. ¡En el codo! Si bien en directo no se ve nada irregular, la edición de Óscar Lago no hace más que alimentar las sospechas de manipulación. Ni una toma de la salida del balón. Todo es grotesco, zafio, cutre en la pobre España de 2026. El fútbol no se iba a librar
Alberto Cosín le da un aprobado al árbitro. Muy en desacuerdo. Amarilla anaranjada por entrada de LeJeune a Vinícius, en la banda, sin balón. Jueguen. Pisotón de Isi a Ceballos, naranja también. Esta vez amarilla para el hipócrita de Murcia: cuando le atracan contra el Barça dice que ya se sabe, que el Madrid y tal... Amarilla a Ceballos por rebañar limpiamente un balón con 1-1. LeJeune debió ser amonestado cuatro veces… Gumbau debió ser expulsado en la primera parte. No nos acostumbremos a ignorar que pagaban por neutralidad, por favor.
El Madrid jugó una primera parte digna. No acepto la crítica feroz a Huijsen. Es blando atrás todavía, pero si no le estropeamos la carrera nos va a dar una salida de balón que no hemos tenido nunca. Para los silbadores: exceptuando a Courtois, la edad media de nuestro once de ayer fue de 21,4 años. Tal vez les quieran exigir que sean Modric o Kroos cuando alcanzaron su prime hacia los 30. Llevo días pensando que tal vez no necesitemos un mediocentro, sino aguantar dos años más, que tendremos que capear como podamos. La falta de jerarquía no la arregla cualquier fichaje para ninguna posición. El equipo es inmaduro. Sabíamos que iba a ocurrir cuando se nos fue el arquitecto de Greifswald y cuando le enseñamos la puerta al pequeño gigante de Zadar.
Respecto a los silbadores, tengo algunas reflexiones. Distingo tres grupos por sensibilidades:
Los oficialistas, veteranos y nostálgicos, hacemos un pack con los subvencionados de la grada fans, a quienes no nos sale o a quienes no pueden silbar a jugadores propios por contrato. Profesamos lealtad incondicional a quien se siente en el banquillo o se enfunde la camiseta, respetamos las canas y no olvidamos de dónde venimos.
En segundo lugar podríamos poner a los piperos. Críticos pero no muy ruidosos en la grada. Su lealtad es condicional. Silban los errores pero les puede la comodidad del asiento y de la memoria. Han visto mucho, han disfrutado y lo valoran. Aguantarían un lustro viendo cómo se va forjando un equipo ganador. Mascullando improperios, sí, pero aguantarían para ver cómo Güler pierde los dientes de leche. Cómo Mastantuono se suelta los grilletes. Cómo Huijsen adquiere un 50% de la furia de Asencio y se blinda de confianza en la salida de balón.
Los terceros son los capaces de pitar noventa minutos a su propio equipo o cebarse con Vinícius y Bellingham. Es el neomadridismo que tengo acuñado pero que aún no he definido. Se trata de un colectivo nuevo, no constituido por afinidad. Lo que les une es actuar fuera de la racionalidad, intoxicados, entregados a unos medios corrompidos por el sistema.
estoy dispuesto a discutir de fútbol con cualquiera que crea que el domingo fuimos un desastre. Aquí les espero con el vídeo del partido. Les recomiendo que lo vean sin sonido, solos y desprovistos de prejuicios. Después me cuentan
Ningún madridista sano puede querer hacer daño a la institución, a la plantilla, humillar a sus propios futbolistas, la autodestrucción. Manifiestan su descontento proyectando los impactos continuos que reciben de medios e influencers de ética discutible. Lo llamo “neo” porque nunca hemos visto semejante esperpento en el Bernabéu. Un espectáculo bochornoso, basado en señalamientos desde prensa y desde las redes y en la falta de respeto por quienes nos han hecho felices desde 2014 a pesar de la ciénaga en la que vive el fútbol.
Díganme sólo un programa deportivo en la radio o algún periódico que sea indulgente con el presidente, con Arbeloa o con los presuntos pecados de los futbolistas. Uno solo. Preséntenme un solo madridista capaz de insultar a Florentino en junio de 2024, con la 15 aún buscando sitio en la vitrina y con Kylian recién fichado. El neomadridismo celebró un título grande hace un año y medio. Si hubiéramos tenido redes sociales y un periodismo corrompido por las instituciones del fútbol entre 1966 y 1998, nos habríamos matado entre madridistas a la salida del estadio tras un mal partido.
Ya termino: estoy dispuesto a discutir de fútbol con cualquiera que crea que el domingo fuimos un desastre. Aquí les espero con el vídeo del partido. Les recomiendo que lo vean sin sonido, solos y desprovistos de prejuicios. Después me cuentan.
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Buenos días, amigos. En nuestro portanálisis de ayer loamos a Rosa Villacastín como merece, pues es justa y lo ve todo. Ambas cualidades son indiscutibles; encaja sus tuits de manera milimétrica, a ras, entre la omnisciencia y la estulticia.
Afortunadamente no es la única, ya que la risa es una necesidad antropológica de primer grado. Los ejemplos de pensadores, pensadoras y pensadoros elegidos por la divinidad para saciar esta pulsión del humorismo son numerosos y colman nuestro ecosistema con abundantes especímenes. Proliferan principalmente en el ámbito de la opinión y/o información.
Empecemos por este último campo. Gracias a un tuit de Gió (@GiorgiaVat) dirigido a nuestro editor Jesús Bengoechea, nos enteramos de que el FC Barcelona le había pedido algo realmente extraño a uno de sus mejores futbolistas: Raphinha.
Comunicado médico ❗
, presenta una sobrecarga en el aductor de la pierna derecha.
Será baja por precaución para el partido contra el Albacete y el período de recuperación será de una semana. pic.twitter.com/Rx7ant4g4F
— FC Barcelona (@FCBarcelona_es) February 2, 2026
«Raphinha, presenta una sobrecarga en el aductor de la pierna derecha». Del mismo modo que el dequeísmo de hace tan solo unos años ha tornado en un queísmo atroz que completa el panorama, quizá estemos ante un escenario donde la anemia crónica de coma del vocativo se convierta en sobreutilización de la misma, toque o no.
Imaginamos la casa de los Raphinha en el momento de la recepción del comunicado culé:
—Señorito Raphinha, le ha llegado un comunicado del señorito Laporta. Aquí lo tiene.
—Gracias, Ambrosio. Dáselo a Bengoecheão, mi asistente de lectura, para que me cante qué dice.
Instantes después, aparece Bengoecheão con la sempiterna foto enmarcada suya frente a una ermita con la dedicatoria: «Para mi Jesusinho, de tu Alfredinho».
—Querido señorito, veo que ha recibido un comunicado. Grandioso. Procedo a leérselo: «Raphinha, presenta una sobrecarga en el aductor de la pierna derecha».
—¿Cómor?
—Me he quedado tan epatado como usted. Sí, el señorito Laporta le está exigiendo que presente una sobrecarga en el aductor de la pierna derecha.
—Pero eso es absurdo. Llama Cosinho.
A few moments later…
—Dígame, en qué puedo ayudarle, señorito Raphinha.
—El club me ha exigido que le presente una sobrecarga en el aductor de la pierna derecha. Algo absurdo, verdad.
—Ciertamente. Hace dos meses que no tenemos stock de sobrecargas en el aductor de la pierna derecha, es una carencia del mercado que conoce cualquier aficionado.
—Eso pensaba, solo quería confirmarlo contigo, eres el mayor aglutinador de conocimientos del mundo. El hombre que se permitió corregir a Noé cuando le dijo que había incluido un déficit de mamuts en el Arca. El tiempo te dio la razón, Noé fue negligente, los paquidermos comenzaron a lesionarse, no pudieron reproducirse lo suficiente y acabaron extinguiéndose.
—Así es, señorito Raphinha. ¿Le han comunicado si puede usted presentar otra cosa? Si presentamos un cruzado de la rodilla derecha, nos quedan dos, supondrían más de cuatro meses de baja y Laporta podría inscribir a alguien. Ya sabe que cada operación lleva su comisión y…
—No, no, porque entonces no jugaría yo y hay Mundial. A ver qué le podríamos enviar al Barça… ¿Nos quedan hígados, Cosinho?
Encajamos por aquí un par de portaditas que no sabíamos dónde meter.
Quizá penséis que hemos llevado al paroxismo esta representación, pero quizá el día a día del FC Barcelona esté plagado de momentos absurdos.
Decíamos antes que estas mentes preclaras proliferan principalmente en el ámbito de la opinión y/o información. Una vez cubierto este último, tratamos el campo de la opinión. En él hay un hacha que destaca sobremanera, pues no solo es justo y lo ve todo, como Rosa Villacastín, sino que lo prevé, lo vaticina.
El autor de megabulos como el de la relación histórica entre el Real Madrid y el CTA, no hace mucho se convirtió también en un oráculo de tal magnitud que Delfos y la orácula de Matrix palidecen a su lado. Recordemos su predicción:
️ Rubén Uría : “ Las noticias que yo tengo es que la NFL no quedó para nada satisfecha con el Bernabéu. Yo creo que si vuelve a España, la NFL sabe que esto se puede organizar mejor en el Metropolitano “
Las ⛲️ del anti madridismopic.twitter.com/A7BiG4B8Sk https://t.co/DcIR9PUzVA
— (fan) LOCOS REAL MADRID (@LocosRealMadrid) February 2, 2026
Rappel Uría aseguró que la NFL no quedó nada satisfecha con lo que vio en el Bernabéu y profetizó que, en caso de volver a Madrid, probablemente lo haría al Metropolitano, no repetiría otro año en el estadio blanco.
En parte acertó, pues la NFL no retornará al Bernabéu un año, sino —al menos— dos. Menudo fiera.
Megaacuerdo entre la NFL y el Bernabéu: habrá partidos en el estadio del Madrid en 2026 y 2027 https://t.co/ThKr0ZBrLF
— EL MUNDO (@elmundoes) February 2, 2026
Nos gustaría haber visto la expresión de Uría al conocer la noticia. Probablemente habrá quedase boquiabierto y cariacontecido.
Cerramos con Sport, diario que lleva en portada una mala noticia: la lesión de Ter Stegen, a quien deseamos una pronta y satisfactoria recuperación. Como ahora defiende la camiseta del Girona, entendemos que nadie del Barça le había pedido que presentase una lesión en el isquiotibial izquierdo.
Amigos, pasad un buen día.
A veces el azar ofrece soluciones a los problemas más enquistados. Le ha pasado a Arbeloa con la lesión de Bellingham. Más que el jugador inglés en sí, el problema es la evidente intocabilidad de los tres espadas mayores, Jude, Mbappé y Vinícius. Ya vimos el otro día a Güler, en Lisboa, salir por la banda relatando al ser sustituido cuando no era el peor ni de su equipo ni del centro del campo. Una cosa es la necesaria jerarquía dentro de un vestuario y otra que se haga patente para todos la situación de privilegio de quienes no demuestran merecerlo. Cuando esto llega a los mismos futbolistas, se corre un riesgo grave…
Como el 5 se ha roto para dos meses, por lo menos, se abre una perspectiva nueva. El entrenador tiene ante sí posibilidades insospechadas de componer algo parecido a un centro del campo funcional justo en las semanas en que se va a decidir el futuro del Madrid en la Copa de Europa. Que es como decirlo todo.
Es verdad que ni en la vida ni en el fútbol existe la meritocracia. Pero las cosas, para mantener un equilibrio, deben guardar una forma o apariencia. Bellingham, como Vinícius, lleva una temporada larga mostrando un nivel muy inferior al que llegó a exhibir un día con la camiseta blanca. Lo de Vinícius es peor porque fue el mejor futbolista del mundo durante dos largas temporadas brillantes en las que su progresión no parecía tener techo. El Bellingham carismático y providencial de aquellos primeros cinco meses se ha disuelto en un agonismo tribunero que recuerda las postrimerías de la carrera de Raúl González Blanco.
La gran diferencia con el Madrid de Cristiano Ronaldo, Benzema o Ramos era que aquellos, incluso en las crisis, que las hubo y gordas, hacían prevalecer además de su monstruoso talento una ética de trabajo nunca vista antes en Chamartín. Quizá fuera cosa en exclusiva de Ronaldo, que era un enfermo del entrenamiento, la encarnación máxima del altius, citius, fortius. Por lo que fuera con Los Jerarcas se estableció una cultura del esfuerzo que ayudó notablemente a que aquel equipo plagado de talentos históricos alcanzase cotas de éxito de auténtica leyenda.
Arbeloa tiene ante sí posibilidades insospechadas de componer algo parecido a un centro del campo funcional justo en las semanas en que se va a decidir el futuro del Madrid en la Copa de Europa
En el Madrid actual talento hay, aunque mucho menos del que se pregona y del que creíamos. Liderazgo, muy poquito. Y lo del esfuerzo…
La lesión de Jude Bellingham al poco de empezar el engendro perpetrado contra el Rayo en el Bernabéu nos dejó ver un buen rato de Ceballos. Fue lo mejor del equipo. Considerando que los centrocampistas más útiles y polivalentes que tiene esta plantilla se ven obligados a jugar de lateral o central por el estado catatónico de la defensa, hoy día Ceballos se antoja imprescindible. No sólo es alguien que da un sentido a la espantosa salida de balón del equipo, sino el único a disposición de Arbeloa que puede asegurar la posesión en campo contrario, uno de los pilares, en el fútbol contemporáneo, del éxito. Quien lo dude debería revisar los grandes partidos en Europa del Madrid del threepeat, por ejemplo.
A todo esto, últimamente está el debate madridista en redes agitado por la cuestión de si hay dinero para fichar o no hay. Pienso en Alaba y en que dicen que cobra treinta millones netos al año. ¿Quién se encarga de fijar las nóminas en el Madrid? Los fichajes que vienen gratis esconden más trampas que un decreto ómnibus del Gobierno.
Sin Bellingham, el Madrid podría ordenarse otra vez con más armonía en torno a un triángulo en el centro que incluyera a Tchouaméni, Camavinga y Ceballos. Eso permitiría que Güler, abierto sobre el costado derecho, pudiera quitarse por fin el precinto y sirviera balones sin cuento a Vinícius y a Mbappé. Hasta ahora de lo mejorcito de esta temporada ha sido eso: el turco filtrando, en tres cuartos de campo contrario, pelotas de oro a los dos de arriba, especialmente a Mbappé. Desde luego que la ausencia del inglés le deja en bandeja a Güler la ocasión de que sepamos, de una vez, de qué madera está hecho. Y si vale o no vale para el Madrid.
Esa es una cuestión de fondo que, imagino, la dirección deportiva del club tendrá que afrontar este verano. Tomar decisiones es lo que ha marcado la presidencia de Florentino y me refiero, aquí, exclusivamente a lo deportivo: desde 2009 se ha prescindido de grandes jugadores porque, o bien no cabían en su momento y era necesario hacer caja, o bien se determinó que su momento había pasado. Aquel mantra de nadie por encima del club hizo que salieran Robben, Sneijder, Higuaín, Di María, Özil, Cristiano, Ramos…y el Madrid siguió ganando.
De todos modos, montado como está otra vez el Madrid en la montaña rusa del lol, habrá que acogerse a una resignación cholista e ir partido a partido. Que ya es bastante.
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En el fútbol y en 'la política' pasa parecido. Al fútbol va cualquiera y en ‘la política’ vota cualquiera que se atreve a cumplir los 18. Higiénicamente, no debería.
No se pide el certificado de penales para ir al Bernabéu. Ni el bachillerato. Claro que, para ser ministro, tampoco. Y si un tío, tía o cosa parecida se presenta en un colegio electoral le pedirán el DNI y una papeleta a ser posible no pintarrajeada. ¡Votó! Oh.
Por ahí empiezan muchos males del Madrid y la Humanidad democrática: opina y elige cualquiera. Estaría magnífico un filtro. Se opina de todo, además. El mismo tío, tía y tal que entiende de Vinicius, sabe de ferrocarriles, vacunas, gallinas, nubes, trasplantes, tierras raras, portaviones. Es muy pavoroso.
Lo más cercano. Si para entrar en el Bernabéu se exigieran unos mínimos, el certificado de Sentido Común sería un gran invento, nos evitaríamos según que espectáculos. No, oigan, no veto a nadie, Dios me libre. Simplemente estoy por el cribado y, además, pito al que pita. Admito la reciprocidad, por supuesto.
¿Qué los hay con dos licenciaturas y un doctorado? Seguro. Hay cámaras. Los localizaría y mandaría a reeducación. Lo dicho: si Fulano pita yo puedo pitarle así, por escrito. ¡Piiiiiiiii, vamos!
Tengo un vídeo definitivo de cuando Mbappé va a tirar el penalti ayer. Se le ve a él y al gran cuentista-portero Batalla. Hay más silencio que otra cosa en el audio. Los que no han pitado al equipo callan, los que sí pitaban también.
En estas arranca Kilyan, dispara y marca: el rugido del pueblo es inmediato, liberador. ¡Goooooool! ¿Por qué los tíos, tías y similares pitones lo celebran? ¿Porque son madridistas?
No, oigan, no veto a nadie, Dios me libre. Simplemente estoy por el cribado y, además, pito al que pita. Admito la reciprocidad, por supuesto
Ya. ¿No les favorecería más que el 10 lo mandara al marcador? ¡Veis, veis, unos mataos todos, a pitar! Sería el grito racial que empalmaría con el definitivo ¡Florentino, dimisión!
Ese sector del madridismo volvió a perder una magnífica oportunidad de dar una lección al equipo y al mundo: mirad, muchachos, vosotros pasaréis, nosotros seguiremos aquí. Como dice la canción, apoyando al Real Madrid.
Y podrían decir incluso que Paco Gento, Modric, Carvajal, Nacho, Kroos, todos esos tienen 6 copas de Europa, nosotros 15 y tendremos 30. Sería una machada tolerable.
El mensaje sería magnífico, sí. Estáis para correros a gorrazos, cada partido vuestro es una otitis severa combinada con lumbago y un ataque de gota. Pero, como en casa me enseñaron a querer lo nuestro, me trago las ganas de cagarme (con perdón) en vuestras muelas y guardo un respetuoso y doliente silencio por y para mi equipo y mi club.
Siempre recordaré al Padre Justo, que en la Gloria con mayúscula está, contarnos la parábola del hijo descarriado, lo que es este Madrid. Un equipo descarriado con mayoría de jugadores lo mismo. Tenían una magnifica herencia, algunos hicieron mucho por ella además, y la están dilapidando.
Seguro que cada día de partido llegan al estadio con las tripas revueltas. Van al potro del tormento, no están nada finos y, como dice Arbeloa, el rival acude a jugar el partido de su vida.
como en casa me enseñaron a querer lo nuestro, me trago las ganas de cagarme (con perdón) en vuestras muelas y guardo un respetuoso y doliente silencio por y para mi equipo y mi club
Lo que no critico, ¿eh? Contra el Madrid la mayoría juega dos veces al año y portadas históricas las da el ganarle. Lo que sí critico es a la gente del Rayo que se quejó de la expulsión de Ciss, que la admitió 'urbi et orbe' en cuanto la vio, y el penalti de Mendy, tan indiscutible. Los mismos rayistas que perdieron contra el Barcelona con un gol de Yamal con el VAR roto y salieron con que son cosas del fútbol. OK.
También se criticó que el alargue de ayer fuera de 9 minutos. Por las redes corre un Barça-Rayo que tuvo 11, toma casualidad. La diferencia graciosa fue que los vallecanos ganaron 0-1. Un poquito de por favor.
Lo de ayer fue otra astracanada resuelta de milagro. Me recuerda aquel episodio entre el gran Carlos Sáinz y Luis Moya. El ¡trata se arrancarlo, por Dios! del copiloto a Carlos a 500 metros mal contados de la meta del rally de Gran Bretaña, noviembre de 1998. No arrancó. 1998, el año de La Séptima por cierto. ¡Pedja Mijatovic lará, lará, lará!
Pues eso. Que Arbeloa, como antes Xabi, trata de que el Madrid arranque… y no hay manera. Es un sí pero no, un querer y no poder. Lisboa, ayer...
Cinco goles de Benfica y Rayo, cuatro del Madrid, tres del mismo tío. Cinco goles encajados calculo que en doce/quince llegadas del rival. Estos o cualquiera.
Pues eso. Que los que van al estadio no meterán un gol en su vida, luego no molesten. Que no, que el pueblo no siempre tiene razón. Que esto pasará. Segurísimo. Ahora toca lo que toca. Tragar y ganar ese otro partido, el del respeto al escudo, a la camiseta.
Bien entradito mayo, cuando todo acabe, podrán explayarse si es menester los nerviosos, los casi, incluso los tranquilos. Ahora, no procede.
El domingo Mestalla puede ser más amable con el Madrid que ciertos sectores del Bernabéu estas últimas veces. Mestalla. Es tremendo.
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Todo esto es muy extraño, decían los Hombres G, y el Madrid, 22 años después, se está esforzando en replicarlo desde dentro, pero también en su entorno más cercano.
Hay una foto muy elocuente y reveladora. En ella aparece un jugador del Rayo Vallecano topando sus ilusiones de gol frente a un muro llamado Courtois mientras un madridista no llega al cruce por un instante. No es Asencio ni Huijsen, tampoco Tchouaméni o Valverde. Se trata de Gonzalo, ariete transformado en chico de los recados, que no dudó en perseguir al fugado hasta sus últimas consecuencias.
Y es que nada de lo que acontece en Chamartín parece asentarse en la lógica últimamente. No es normal condenar a un delantero al exilio de una banda, como tampoco lo es acudir a ver a tu equipo con el único plan de malgastar todas las entradas de insultos del diccionario durante noventa minutos.
En el gol de Vinícius ante los vallecanos parte de la grada comenzó su aserto de improperios contra el brasileño desde que recibió la pelota. Un ruido que fue in crescendo conforme avanzaba en su búsqueda de la portería hasta que, oh, sorpresa, las ofensas se transformaron en aplausos puestos en pie cuando al siete le dio por clavarla en la escuadra. Y todo sin el más mínimo resquicio de pudor o vergüenza. “Atacan al jugador, pero celebran el gol del equipo”, explica alguno, en lo que resulta una contorsión justificativa digna de un espectáculo de variedades. Todo esto es muy extraño.
También ajeno a la normalidad parece amanecer la defensa con dos volantes de nacimiento, Camavinga y Federico Valverde, como laterales a la fuerza. Sin embargo, en este caso, como el madridismo sospecho que ya está ponderando y los implicados quizá también, la rareza puede derivar en acierto.
Por sus características, físico, versatilidad, esfuerzo sostenido y capacidad para la sorpresa, el francés y uruguayo, sin desearlo a primera vista, seguramente sean los carrileros más solventes a día de hoy de la plantilla blanca. Pero, si todavía no están convencidos, sería bueno hacerles saber que lo que les sucede no es nada nuevo. ¿Recuerdan la exitosa reconversión de Raúl en la primera etapa de Capello?
Después de seducir a Valdano en la 94/95 y sostener al Madrid durante la siguiente campaña, el madrileño, habituado a jugar como delantero o mediapunta como puesto más alejado del área, se encontró con una dificultad sobrevenida: el club había fichado a Suker y Mijatovic. Poca broma. Así que el técnico italiano, listo como pocos, resolvió la encrucijada con una decisión que a la postre se convirtió en la maduración definitiva de Raúl. Lo situó de interior izquierdo, un puesto que abría la autopista a Roberto Carlos, al tiempo que potenciaba una de las fortalezas del futuro capitán, su inteligencia táctica y capacidad de llegada. Los números no engañan: terminó el año con más minutos que nadie (3.622) y una cifra goleadora más que respetable: 21 tantos, sólo por detrás del punta croata.
Todo esto es muy extraño, así que al aficionado sólo le queda confiar en que el camino por el abismo conduzca al sorpresivo lugar de un título a final de la temporada. Porque el Madrid nunca espera, y la grada —la real y la impostada— no perdona dos años blancos como la camiseta. O como Gandalf.
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Buenos días, amigos. En un/otro partido realmente deprimente, resuelto con un penalti en el último minuto, el Real Madrid venció al Rayo Vallecano en un Bernabéu que sigue de uñas con el equipo. Podéis leer la crónica de Paco Sánchez Palomares y las notas de Genaro Desailly por si no pudisteis ver el partido, o por si lo visteis pero os queréis regodear en un triunfo agónico.
Decimos que el Bernabéu sigue de uñas con el equipo, y querríamos añadir detalles a esta aseveración. El primero es que, por el juego del equipo, está en su perfecto derecho. El segundo, que debería haber algunos límites a esta actitud, y que uno de ellos debería ser no abuchear a un jugador propio cuando se retira lesionado. Debería ser una línea roja. La lesión de Bellingham fue la peor noticia (se perderá un mes de competición, lo que incluye la eliminatoria de Champions contra el Benfica), seguida por la actitud del público cuando el inglés se retiró cojeando. Las redes (y, con ellas, el estadio) están perladas de expertos que dicen conocer al dedillo la vida personal de Jude y concluyen sin lugar a dudas que la lesión es culpa de su presunta vida disoluta. Ni aunque fuera el caso (nadie ha demostrado que lo sea) parece razonable abuchear a un jugador en el trance de una lesión.
Decíamos que el encuentro se ganó agónicamente con un penalti en el descuento, pero el penalti fue tan innegable como la corrupción intrínseca al FC Barcelona, por hablar de algo diáfano.
El Rayo, por cierto, acabó con nueve, por la sencilla y única razón de que se lo ganó a pulso. En esta jornada, por tanto, y como decía ayer Jesús Alcaide en RMTV, no ha habido más polémica arbitral que el penalti de Cubarsí y el gol dudoso de Rashford en Elche. Pero hay gente empeñada en que la polémica estuvo en el Bernabéu, empezando por uno de los expulsados rayistas, un hombre llamado Chavarría.
Ya veis, amigos. “Dios es justo y lo ve todo”. Sí uno es creyente, firmará debajo de esa frase, y si uno es medianamente avispado detectará que quien no lo ve todo (sino solo lo que le apetece) es el propio Chavarría, tan presto a señalar supuestos escándalos cuando juega contra el Madrid, y sin embargo tan remiso a poner el grito en el cielo por atracos reales cuando los sufre a manos del club cliente de Negreira. Fue al propio Chavarría a quien le pitaron aquel inexistente penalti sobre Lamine, con el VAR estropeado, en Vallecas. Aquel día, en cambio, no hubo reclamaciones de respeto ni altisonantes declaraciones de “contra todo y contra todos”.
Curioso, ¿verdad? ¿Será acaso que quejarse contra el Madrid da réditos, mientras hacerlo contra el equipo del sistema (sí, el mismo que pagó a Negreira durante un mínimo de 17 años) comporta posibles y adicionales represalias arbitrales? ¿Será que todo el mundo sabe que es así?
De manera harto ridícula (el penalti es meridiano), se sucedieron las quejas, incluso del lado barcelonista. Vivimos en una distopía en la cual un sujeto que formó parte de la directiva que cuadriplicó el suelo de Negreira se permite opinar sobre la jugada. Nos referimos al inefable Toni Freixa, que espera la llamada de la justicia mientras suelta sinvergonzadas varias en X. Esta gente ha refinado hasta el paroxismo el arte de la desfachatez. Es incluso admirable, sobre todo cuando está exhibición de arte se lleva a cabo en la hermosa lengua de Josep Pla.
A Toni Freixa le pasa un poco como a Dios versión Chavarría, o sea, que es justo y lo ve todo, pero no es el único, cuidado. El atropello de los derechos del pobre (el Rayo) a zarpas del malhadado Real Madrid (o sea, el rico) solivianta incluso a un izquierdismo ajeno al fútbol y ducho en cambio en asuntos del cuore. Nos faltaba en este patio de monipodio el dictamen de Rosa Villacastín, nada menos, cronista de la prensa rosa que no quería quedarse sin decir alguna cosa respecto a la presunta atrocidad cometida ayer por el colegiado Díaz de Mera. Como dice nuestro amigo Luis Montero Manglano, escuchemos la voz de los expertos.
Queda claro que aquí, si hay alguien justo que lo ve todo, ese alguien es Rosa Villacastín. A Rosa no le importa si el penalti fue penalti o no. Se conoce más bien que el hecho mismo de que le piten un penalti al Rayo contra el Real Madrid constituye, per se, una injusticia que debe ser denunciada, con independencia de que la decisión arbitral sea justa con arreglo al reglamento. “Qué vergüenza, penalti a favor del Madrid cuando iba empatado con el Rayo!” No dice nada de si el reglamento ampara o no la decisión de Díaz de Mera porque eso (un penalti a favor del Madrid cuando va empatado con el Rayo) es algo que está mal por sí mismo, va contra la igualdad, atenta contra la democracia que nos hemos dado todos, desmorona la equidad social y probablemente sea fascista, por mucho que Mendy, defensor rayista, le haya reventado a Brahim, de una patada, la caja torácica dentro del área.
A nosotros nos parece bien que paladines de los más desfavorecidos como Rosa Villacastín y la mujer de Isi Palazón, que también se quejó en redes, dejen ya claro que, en su opinión, el Madrid no merece justicia arbitral. El reglamento puede decir misa (el reglamento, a diferencia de Dios y de Rosa Villacastín, a veces es injusto y no ve nada), porque pitar un penalti a favor del Madrid cuando empata contra el Rayo, por mucho que el penalti sea penalti, es por definición una cacicada (¡en el último minuto, encima!), una afrenta al estado del bienestar por parte de los poderes fácticos y, probablemente, una conculcación de los derechos básicos de una digna barriada madrileña, lo que nos sitúa peligrosamente cerca del concepto mismo de genocidio, cultural o no. El reglamento del balompié, en ocasiones, es un mero esbirro al servicio del capital. ¡Muerte al reglamento!
Os dejamos con las portadas del día, cuyo argumento principal es el glorioso triunfo de Carlos Alcaraz en Australia, lo que le convierte en el tenista más joven en ganar todos los torneos del Grand Slam. ¡Bravo por Carlos!
Pasad un buen día.
Arbitró Isidro Díaz de Mera Escuderos del comité castellanomanchego. En el VAR estuvo González Páez.
La primera parte fue tranquila y prácticamente sin incidencias que reseñar. Para compensar, la segunda fue un torbellino y muy accidentada.
El Real Madrid reclamó al menos cuatro penaltis en el área rayista y el colegiado solo señaló el último. El otro que pudo pitar fue el primero, en un empujón a dos manos de Ratiu a Mbappé en el 47'. Las otras caídas de Vinícius y Mbappé por partida doble en la misma jugada, y otra del brasileño no eran para nada punibles. El penalti pitado de Mendy en el 98' fue catedralicio. Una patada al aire que impactó en el estómago de Brahim. Poco se podía protestar en la acción.
En lo disciplinario, las tarjetas se multiplicaron con el paso de los minutos. Por los blancos las vieron Ceballos por pisar a Álvaro en el 69' y Vinícius en el 83' por una tangana con Ilyas que también fue amonestado. Además del marroquí, el cuadro visitante se fue con dos rojas y media docena de amarillas. Gumbau en el 53' por derribo a Ceballos fue el primero, le siguieron Chavarría por cortar un avance de Valverde en el 56', Isi por pisar a Ceballos en el 64', Óscar Valentín por una barrida a Vini en el 71', el guardameta Batalla por perder tiempo en el 81' y Espino por protestar en el 99'. La roja directa a Ciss fue justa porque su entrada con los tacos a Ceballos en el minuto 80 fue terrorífica y peligrosa. Ni protestó. Al final del choque se le unió Chavarría por doble amonestación tras empujar a Rodrygo fuera del campo y sin el balón en juego.
El añadido de 9 minutos no gustó en el equipo de la franja, pero entre las pérdidas de tiempo, los cambios y algún parón mientras se revisaban jugadas en la sala VOR se esperaba un descuento largo.
Díaz de Mera, CORRECTO.
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-Courtois: SOBRESALIENTE. Su acción en ese uno contra uno vale un mínimo de dos puntos. Quién sabe si una liga.
-Valverde: NOTABLE. Incansable. No se entiende su renuencia a jugar de lateral. Hizo varios repliegues épicos.
-Asencio: APROBADO. Cumplió hasta ser sustituido en el descanso. Preocupa su tibia.
-Huijsen: SUSPENSO. Amagó con mostrar brotes verdes en su primer tiempo, cuando batió líneas en conducción o con pases verticales con criterio. Sin embargo, acabó siendo el mismo manojo de nervios falto de oficio de siempre. Solo resta tenerle paciencia.
-Camavinga: APROBADO. Alterna acciones de mérito con idas de olla extrañas. Remató de cabeza al palo.
-Tchouaméni: SUSPENSO. Estuvo lentísimo en la acción del gol rayista.
-Güler: NOTABLE. Incomprensible su cambio. Ahora mismo es el único que tiene clarividencia en los últimos metros. Es mejor cuanto más cerca esté del área, lo que no supone una buena noticia porque lo necesitamos como centrocampista.
-Bellingham: sin calificar. Se lesionó muy pronto y se retiró entre los silbidos de su propia afición, algo nunca visto e incalificable por parte de esos aficionados.
-Mastantuono: SUSPENSO. Una absoluta nulidad.
-Vinícius: NOTABLE. Golazo. Omnipresencia. No siempre acertó, pero sembró su banda de peligros incontables.
-Mbappé: APROBADO. Su sangre fría en la transformación del penalti final también vale puntos, aunque no jugó un buen partido. La tiró al larguero con todo a favor.
-Brahim: APROBADO. Muy lejos del área. No puede jugar ahí. Como Güler, mejora cerca de la meta rival.
-Ceballos: APROBADO ALTO. Empezó nervioso tras salir del banquillo, pero se terminó tranquilizando y aportó. El equipo agradece un centrocampista puro.
-Gonzalo: APROBADO. Peleón, pero sin ocasión de lucimiento.
-Rodrygo: APROBADO ALTO. Se generó más peligro con su presencia, aunque estuvo ingenuo en el área.
-Alaba: sin calificar.
-Arbeloa: APROBADO. Nadie entendió la sustitución de Güler pero, al haberle salido bien, solo resta envainársela al cronista. Tiene mucho trabajo por delante.
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