El 26 de octubre, cinco semanas atrás, el Bernabéu se fue vaciando entre sonrisas y dulces lamentos: su equipo había dejado en 2-1 una goleada al Barcelona. Cinco semanas, ayer, o sea.
La impresión era que el Madrid por fin había cogido el hilo. Afrontaba un buen examen y lo superó. Y abrió una brecha de cinco puntos en la tabla. Llegó después el Valencia, 4-0. Partidazo. El mejor de esta etapa. Quedaba tarea, pero la cosa empezaba a funcionar. Parecía.
Y se paró. Desde Liverpool a ayer, una lágrima. Mejor mil. En Anfield no hubo goleada al revés de milagro. Ellos, desde aquella noche no le ganaron a nadie. El 0-2 de ayer al West Ham les debe saber a gloria. El Madrid siguió con tres salidas, Rayo-Elche-Girona. Resultado final: tres puntos. Excepto en Vallecas, donde no se movió el marcador, nunca estuvo por delante. Elche y Girona. Casi 200 minutos de juego si contamos los alargues. En Elche estuvo por debajo dos veces.
No, ya no se puede disimular. El Madrid juega mal, no avanza. Y a esto se juega bien o mal y no hay manera de verle en lo primero. Si jugara bien tendría seis puntos más, sin la menor duda. Un Madrid que jugara bien había vuelto ganador de esas tres salidas. De 1.000 veces, 999,9.
No hay misterio en esto. Estos rivales, y otros, tienen su mérito si se enfrentan al Madrid y puntúan. No les discutiré yo el premio a su esfuerzo, dedicación, ese imponer que se juegue mayormente a lo que les conviene. Pero sin la complicidad de este Madrid errático, impotente, perdido, sería imposible que se salieran con la suya. No juega bien en lo colectivo en ninguna zona del campo y, en lo individual, la mayoría está lejísimos de lo que puede ser. Jugadores, técnicos: mal.
No, ya no se puede disimular. No es esta una crisis de resultados, que lo es. Es sobre todo una crisis gorda de identidad, de fútbol
Y sí: los agarrones frente al Rayo y el derribo a Rodrygo anoche cuentan. Claro que cuentan. Pero eso también está en el programa. Pasó, pasa y pasará. Razón de más para saber que cada desplazamiento tiene muchas trampas y aplicarse en consecuencia.
Pues no. Nada. Al Madrid le falta poco para ser eso, nada, y es inevitable formularse una pregunta que no estaba en el guion: ¿esto tiene arreglo? El club insiste en que no habrá cambio de entrenador, claro. ¿A quién traemos? ¿A Zidane? ¿El viejo truco Zidane-Ancelotti-Ancelotti-Zidane? Barrunto que esta no es la gran duda del madridismo. Al menos la primera. Xabi no es un piernas en el banquillo. Pero sí es lícito preguntarse si esto va a mejorar y cómo. Esa es la duda.
No es de recibo que el equipo visite a un equipo en zona de descenso, con dos victorias en lo que va de Liga, y su gente se siente ante la tele temblando por la suerte que correrán él y su equipo. Con la seguridad de que cualquiera, y meto también al Olympiacos, se le va a hacer una bola… y ya veremos qué pasa.
No es para nada normal porque las cartas están boca arriba: ninguno de los últimos rivales pueden afrontar un partido con el Madrid y pensar que, si están atentos, si no se equivocan gravemente, tendrán muchísimas posibilidades de no perder el partido. Esa es su victoria. Que no estará muy lejos de plasmarla en el marcador, además. En los tres casos, eso, la victoria local, no estuvo lo que se dice muy lejos. Vivir para ver.
No, ya no se puede disimular. No es esta una crisis de resultados, que lo es. Es sobre todo una crisis gorda de identidad, de fútbol. Hoy entra diciembre. Por fin tienen razón los que llevan años y años gritando que el Madrid no juega nada. ¡Mientras mamaban copas de Europa, eh! Ahora tienen razón. El Madrid no juega. ¿Tiene arreglo? El camino está empinadísimo. Tanto que no se puede creer. No, ya no se puede disimular. Esto está que arde.
-Courtois: NOTABLE. Sacó su mano providencial en un par de ocasiones cruciales. A lo mejor hay que agradecerle el empate.
-Trent: APROBADO ALTO. En mejoría, dejando constancia del guante que tiene en la derecha. Le haría bien coincidir sobre el campo, algún rato, con un rematador nato.
-Fran García: APROBADO. No se le puede acusar de dejadez. Su problema es de falta de calidad. No para ser lateral izquierdo. Para ser lateral izquierdo del Real Madrid.
-Militao: SOBRESALIENTE. El mejor del partido. Más que un defensa.
-Rüdiger. NOTABLE. The madman across the water is back.
-Tchouaméni: APROBADO. Partido muy ramplón.
-Güler: SUSPENSO. Extremadamente difuminado. Sustituido al descanso.
-Valverde: APROBADO. Debe dar mucho más, siendo como es uno de los líderes del equipo.
-Bellingham: APROBADO. Buenos minutos al comienzo y al final. En medio, largos ratos de vana porfía y pérdida de orientación.
-Vinícius: APROBADO. Creció en el segundo tiempo, pero el primero fue impresentable.
-Mbappé: NOTABLE. El más amenazante en ataque.
-Camavinga: APROBADO. Mejoró bastante las prestaciones de Güler.
-Rodrygo: APROBADO. Le hicieron un penalti.
-Gonzalo, Carreras: sin calificar.
-Xabi Alonso: SUSPENSO. El epítome del desastre es evidenciarse que a Trent le vendría muy bien un delantero centro para acabar sacando a Gonzalo… y quitando a Trent.
Arbitró Ricardo de Burgos Bengoetxea del comité vasco. En el VAR estuvo Pulido Santana.
Desafortunado por ser suaves. Que tampoco es casualidad cuando pita al Madrid.
Su fallo más grave fue un penalti a Rodrygo de Joel Roca a falta de diez minutos. Una jugada de árbitro de campo porque el VAR no entra en ese tipo de acciones. Al limbo. En la segunda parte hubo un cabezazo de Militao que pudo tocar en la mano de un jugador gironí, pero no hubo ni repeticiones.
El trencilla vasco también falló en un par de córners claros para los madridistas que dejó pasar y en el descuento de la segunda mitad, ya que los cuatro minutos señalados eran muy escasos. Además, el gol anulado a Mbappé al filo del descanso lo tuvo que ver Pulido Santana desde el VAR.
En cuanto a las amarillas ,solo hubo para los locales. Una a Gazzaniga por protestar en el 42', otra a Ounahi por agarrar a Tchouaméni en el 58' y la última a Vanat en el 73' por una patada a Bellingham.
Acertó en el penalti sobre Vini de Rincón, que pisa al brasileño.
Por último, se anuló un gol a Vinicius por fuera de juego claro en el 61'.
De Burgos Bengoetxea, MAL.
Tras una actuación nefasta, el Real Madrid volvió a dejarse dos puntos (y el liderato) ante un rival muy modesto. Si nos atenemos a lo visto hasta el momento, esta temporada puede ser la muerte a pellizcos.
El Madrid salía con un once bastante canónico, con la salvedad de Fran García en el lateral izquierdo y el retorno de la pareja de centrales teóricamente titular en los tiempos preHuijsen, o sea, Militao-Rüdiger (ambos serían los mejores del equipo). Las primeras sensaciones indicaban que, en la ya clásica dicotomía Jude por detrás-Güler más adelante o viceversa, que el turbo se situaba más adelantado y por la derecha.
Los primeros compases fueron prometedores, con un Bellingham muy implicado en el robo y la creación de juego y una interesante presión alta. También se veía a un Trent muy activo. Güler chutó fuera a pase de Mbappé. La actitud parecía la adecuada y el juego casi se circunscribía al campo local. Como muestra de la buena presión blanca, Mbappé lanzó fuera tras robar astutamente un balón cerca del área rival, donde veíamos al mismísimo Militao robando también. Los minutos confirmaban que Jude jugaba de centrocampista-centrocampista, Borussia-style. A los de Xabi, con todo, les faltaba profundidad y amenaza.
A los 21 minutos, un gran balón largo de Militao se tradujo en una jugada espectacular por la derecha. El gran centro de Trent no encontró rematador, lo que vuelve a sugerir cuánto más podría el Madrid aprovechar a este jugador con un nueve nato. A todo esto, el público local la tomaba con Vini en virtud de quién sabe qué antiguas e irrestañables afrentas.
Curiosamente, las jugadas más peligrosas, sin embargo, cayeron del lado local, con disparos inquietantes de Tsygankov y Ounahi que hacían presagiar la entrada en modo pájara de los visitantes. No fue del todo así y el Madrid recuperó la posesión, si bien en la misma tónica general de no crear apenas peligro, como con frecuencia les pasa ante los bloques bajos. El Girona competía bien, y los de Xabi solo amenazaban a través de pases largos de Trent.
En el minuto 37, un gran centro de Mbappé lo remató de cabeza Militao, forzando el paradón de Gazzaniga. Fue el preámbulo del gol blanco… anulado por mano de Kylian. “Coitus interruptus”, soltó Falstaff en el chat de La Galerna. Honestamente, acertó el VAR.
Al Madrid estas cosas le suelen descomponer, y así fue. Propende el Madrid a desconcentrarse, sobre todo en defensa, y Ounahi lo refrendó con un gran remate.
1-0, y con esta preocupación al descanso.
Xabi sentó a un Güler nefasto, en beneficio de Camavinga. No había sido el único jugador inoperante. Vinícius también había estado funesto. Los primeros minutos de la segunda mitad apuntaban al mismo darse de bruces contra la pared. Podíamos estar así un año y medio y no solo sin marcar, sino sin crear ocasiones reseñables también.
Militao se multiplicaba. Defensa y delantero. Remató un buen centro de Tchouaméni, pero lo paró Gazzaniga sin gran esfuerzo. Pudo haber mano del defensa que le obstaculizaba. La tragedia se mascó en un contragolpe de los locales que obligó a Courtois a hacer la parada de la noche. Truculento comienzo de la segunda mitad, en línea con el final de la primera. Mbappé estaba voluntarioso, pero al final la cosa se fiaba a las incursiones y los centros de Fran García, también voluntarioso, pero en su caso solo voluntarioso. Si el plan eran esos centros laterales, al menos podríamos jugar con Gonzalo. Con Endrick. Con Santillana. Con quien fuera. El Madrid se puso a apretar, pero Gazzaniga decidió tirarse al suelo a interrumpir ese estado de cosas. Y lo consiguió, claro.
En el minuto 64, una incursión de Vini (lo único que había hecho hasta el momento) forzó el penalti de Rincón. Mbappé convirtió.
1-1.
El Madrid se pudo a presionar en serio. Militao robaba el balón por todos. De Burgos Bengoetxea se oponía a los brotes verdes, señalando una falta inexistente (y tarjeta) de Camavinga que por poco se traduce en el 2-1 por el inexistente marcaje defensivo de los de Xabi, que metió a Rodrygo en lugar de Tchouaméni, reconstruyendo el equipo. Mbappé pecó de exceso de generosidad tras un gran pase de Bellingham. Quiso, precisamente, dejar el gol a Rodrygo, que le acompañaba.
Camavinga había mejorado las prestaciones de Güler, aunque fuera por presencia, y el equipo amagaba con carburar, sin conseguirlo del todo. Un contragolpe magistral, tejido por Mbappé y Vini, acabó con un tiro del brasileño rozando la escuadra. Antes, pudo haber penalti a Rodrygo.
El Madrid encerraba atrás a los catalanes. Quedaban diez minutos. Presionaban al máximo los de Xabi. De Burgos tomaba decisiones bochornosas, como una falta de Bellingham por un presunto manotazo del inglés. Al borde del descuento, entraron Gonzalo y Carreras, por Fran… y Trent, el único que puede meter centros a Gonzalo. Este cronista golpeó la mesa al mejor estilo RAC1. Pero ni comparación con la que pegó cuando Mbappé echó la última fuera.
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Hoy quiero abordar si esta plantilla, en líneas generales, es la adecuada para el Real Madrid. Ya particularizaré en las líneas del equipo, el juego defensivo y el de ataque del conjunto otro día.
Para entender la magnitud del problema que tenemos actualmente en cuanto a juego, debemos primero entender algo muy importante: venimos de la mejor época de nuestra historia, del mejor equipo de todos los tiempos, por encima del propio Madrid de Di Stefano. Deja que el antimadridismo siga hablando del Dream Team, del Barça de Pep, de Messi y mil tonterías más: en 1o años el Madrid ganó 6 Champions. Los títulos a nivel nacional no acompañaron como debían y todos sabemos el motivo: el Barça se compró al estamento arbitral, la mayor estafa que hemos vivido en el mundo del fútbol.
Digamos, pues, que estamos acostumbrados a caviar iraní y este se ha acabado. Hemos tenido en nuestras filas a jugadores que son inigualables en este periodo: Ramos, Carvajal, Pepe, Xabi Alonso, Marcelo, Kroos, Modric, Casemiro, Cristiano Ronaldo, Karim Benzema, Bale, Courtois… Jugadores que han ido marchándose paulatinamente, aunque hasta la última Champions ganada hemos tenido a tope a Kroos, Modric y Carvajal. Sólo nos queda Dani, con bastantes años y después de una lesión grave, así como Thibaut.
Con estos futbolistas, te podías permitir el lujo hasta de no tener que hacer excesivo hincapié en el físico: una genialidad de uno de ellos, en combinación con una genialidad de otro, se resolvía con gol. La prueba más evidente fue la decimocuarta Champions, jugando contra los mejores equipos y remontando siempre al límite.
Muchas de nuestras actuales estrellas nacieron entre ellos y, de hecho, muchas de esas remontadas se hicieron con los jerarcas en el banquillo (el día del City en el Bernabéu) y los jóvenes en el césped. ¿Qué ha pasado? Tenemos grandes jugadores, de los mejores del mundo en muchos puestos, pero, al no disponer de esos jerarcas de antaño, los partidos no se vencen sin luchar desde el primer al último jugador, sin dejarse la piel en el césped.
Güler debe ser enganche con los de arriba, y Jude con los de abajo. Teniendo el plantel que tenemos, no queda más remedio que el inglés asuma ese rol, tal y como hacía en el Borussia
Está claro que tenemos un problema en el centro del campo, porque el equipo no está jugando: ni sacamos limpiamente el balón desde atrás ni lo movemos como corresponde en ataque. El principal problema llegó cuando se incorporó Jude Bellingham esta temporada, no ha habido forma de ubicarlo. ¿Por qué? Porque, desde que probó el veneno del gol en la primera temporada, él quiere jugar de media punta, cerca del área para poder anotar.
Bajo mi punto de vista, Güler debe ser enganche con los de arriba, y Jude con los de abajo. Teniendo el plantel que tenemos, no queda más remedio que el inglés asuma ese rol, tal y como hacía en el Borussia. Xabi no ha conseguido cuadrar esto y el resultado es que empezamos con cierta disciplina, pero sin juego atractivo, y ahora no hay ni disciplina ni juego.
Cuando Xabi tuvo el primer contacto con el Real Madrid, dijo que quería a Zubimendi porque, según él, veía un jugador que le recordaba a él mismo. Le dijeron que el club había apostado por Tchouaméni y Camavinga, y no iba a cambiar de parecer. Xabi lo aceptó.
Yo pensaba que Zubimendi en la Real podía ser muy bueno, pero en el Madrid es otro cantar. Después de ver en lo que va de temporada su rendimiento en el Arsenal y en la selección, creo que en el Real Madrid nos vendría de perlas y que yo me equivoqué, aunque creo que el Real Madrid hizo lo que debía también.
Otro que nos vendría bien, visto lo que está haciendo en el Como italiano, es Nico Paz. Tendríamos que vender jugadores para ello, algunos que nos parecen indispensables, y sería doloroso, pero no queda más remedio.
Ejemplo práctico: un mediocampo con Zubimendi, Nico Paz y Jude Bellingham, o de cuatro, metiendo a Güler también, sería potente. Hay equipos que juegan sin medio defensivo, como el Bayern o el PSG, y no es necesario. Si no fuese Zubimendi, podría ser Vitinha, Stiller, o perfiles de ese estilo. ¿Qué hacemos con Tchouaméni? De central o libre, siendo una gran baza para subir cuando sea necesario. ¿Y Valverde? Lateral derecho con Trent y a ganarse el puesto. ¿Y Camavinga? A sacar dinero por él, y conste que es un jugador que me encanta, pero no puedes tenerlo todo, el francés no termina de centrarse y causa baja en numerosos encuentros.
Opino que no tenemos la plantilla necesaria para lo que deseamos, pero podemos llegar a tenerla, necesitamos tiempo. Aun así, es necesario fichar ya veteranía para la medular, no esperar. En el mercado de invierno, si fuera necesario. Parece que quieren traer a Nico Paz, pero hay muchas habladurías en torno al Real Madrid.
*Mario Cortegana ha escrito un artículo en The Athletic —que pertenece al grupo The New York Times y exige que todas sus noticias tengan siempre tres fuentes diferentes de información para publicarse— que Vinícius Jr habló con Florentino a finales de octubre y le hizo ver que si Xabi Alonso continuaba con la situación tensa que mantiene con él no renovaría y buscaría otro equipo. Me parece fiable la información, y Ramón Álvarez de Mon ha confirmado que lleva desde agosto con noticias del vestuario que no le gustan y no ha dicho para no desestabilizar.*
Aunque me falta contexto sobre todo lo hablado entre Florentino y Vini, expresaré mi opinión de forma inequívoca: ningún jugador está por encima del Real Madrid, el club siempre debe prevalecer. Está claro que el brasileño es un grandísimo jugador, que es uno de los activos más importantes del club (lo volvió a refrendar ante el Olympiacos), y que Xabi puede ser efímero. Pero no se trata de cómo pueda ser de bueno uno o de efímero el otro: se trata de disciplina, de respeto, de nuestra historia.
Si a mí un futbolista me diese un ultimátum como el que afirma Cortegana, lo vendería, sin importar quién fuese. Y lo pondría de ejemplo a quienes pusiese pegas porque el entrenador les pone muchos vídeos o no les gustan sus normas. Sobre todo después de una temporada en la que no mostraron el debido respeto a Carlo Ancelotti, que no fue capaz de dominar la situación.
He visto en un vídeo de Kollins imágenes del partido en Vallecas en las que se ve hasta en seis jugadas distintas a Mbappé yéndose solo hacia puerta, un metro por detrás de la defensa con vía libre y pases muy fáciles de quien lleva el balón, que no le da ni un solo pase en dichas jugadas. Siempre es el mismo: Jude Bellingham. A mi Jude me apasiona, es un Di Stefano moderno, descomunal, pero el hecho es que en la foto sale él las seis veces y es preocupante. Su ambición desmedida por el gol está perjudicando al colectivo, y nadie discute que es buenísimo y se deja la piel. Pero está fallando al equipo. Las fotos no mienten, por más que me duela.
Hay una contra del Elche en la que el árbitro adelanta a Valverde en mediocampo. Es la jugada del segundo gol ilicitano. Es difícil decir nada en contra del pajarito, pero me ha decepcionado varias veces este año, y parece que es otro de los “rebeldes”.
Obviamente, si hubiera una rebelión de muchos futbolistas, sería inviable desprenderse de todos, si la revolución fuese pequeña, el club debería actuar. Es difícil poder vender a nadie en el mercado de invierno, pero puede intentar Florentino hablar con el City, con quien mantiene buenas relaciones, y decirles: Haaland está como loco por jugar en el Madrid y Vinícius Jr quiere irse, ¿qué tal un cambio de cromos? Difícil en invierno, posible en verano. Y golpe en la mesa al resto.
Pero, sobre todo, debe bajar al vestuario y hablar y apoyar incondicionalmente al entrenador. Y sé que es muy difícil manejar estas situaciones, porque quieres solucionar las cosas, y a veces lo correcto no te lleva donde quieres, pero hay que actuar. De hecho, parece que se hizo en Grecia, que Florentino se expresó en estos o parecidos términos. Si es así, es muy buena noticia.
Y si Jude y Valverde realmente están siendo problemáticos y aún no han ido al presidente, les doy la opción de redimirse con el ejemplo y ver si aprenden. Pero a Vinícius no lo perdonaría por su osadía. Por cierto, para los que duden: he defendido a Vini contra viento y marea hasta hoy mismo, es uno de mis jugadores favoritos, pero soy del Real Madrid: ni de Vinícius, ni de Mbappé, ni de Bellingham, ni de Modric, del Real Madrid. Y si el siete hubiera dicho lo que se rumorea, sobra en el Real Madrid y puede servir de ejemplo. Además, el Real Madrid le ofreció en verano 20 millones limpios, y sus representantes pidieron 30. ¿Se merece eso viendo su juego (incluso después de su gran partido en el Pireo)?
De Mbappé diré solo que es un jugador descomunal y me río de los que dicen que es el problema.
Conclusión: el Real Madrid no tiene la plantilla necesaria ahora mismo y hay que hacer ajustes dolorosos. Hay que enseñarles que la entidad es muy grande y que las reglas las pone el club, no ellos.
Podemos ganar LaLiga, si el CTA lo permite, y arreglar lo que tenemos dentro de casa. La Champions la veo complicada.
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Dormir en la misma cama de la misma casa rural donde Escohotado pasó los últimos meses de su vida es casi una garantía de que no vas a soñar con él. El sueño siempre sortea lo excesivamente obvio.
Ya soñé con él otras veces, sin necesidad de acostarme en la cama donde él durmió. Soñé que Jorge me llamaba. Su voz portaba la emoción de una sorpresa dichosa pero inconcebible. Me instaba a ir a su casa. Yo obedecía y, al entrar por la puerta, me lo encontraba allí, sentado, fumando.
—Pues nada, que me dicen que estuve muerto. Yo no me acuerdo de nada.
La sorpresa se tornaba, por supuesto, en cólera justificada.
—Era una broma, ¿no? Pues como broma no tuvo ni puta gracia, Antonio.
—Que no. Créeme. De broma nada. Debí morirme de verdad, qué sé yo.
—Yo te vi muerto. Lo fingiste muy bien. ¿No te da vergüenza?
En el sueño, yo abandonaba la casa enojadísimo, con un portazo destemplado. Antonio quedaba detrás, visiblemente aturdido, con confusión que no podía ser impostada. Pero quién entendía aquello.
Aunque estoy escribiendo en la misma habitación donde le vi por última vez, aunque me preparo para acostarme en la misma cama de la misma habitación de la misma casa rural donde mi amigo pasó muchas de las últimas noches de su vida, qué cosa más poco escohotadiana sería sucumbir a la tentación de escribir esto dirigiéndome a él, en segunda persona. Antonio me regañaría por ese exabrupto de grosera emotividad. Consciente como era de que el éxito de la legítima emoción en el receptor reside en la contención por parte del emisor, puedo escucharle reclamándome pudor. “Sin mariconadas, Bengo”, me parece oírle. El escenario es abrumador, pero cómo no tratar de estar a la altura con el hombre que convirtió una elegía en una enumeración casi aséptica (y por eso doliente con decoro) de la vida de su propio hijo fallecido https://laemboscadura.com/homenaje-a-roman-escohotado-un-hombre-de-paz-con-punos-de-hierro/
Bien, pero necesito tiempo. Me ducho, reservo una mesa en un restaurante desconocido, pido un Uber, huyo. Pido un vino, pido un entrecot, pido fuerzas. Este párrafo podría ser un simple artificio literario y yo seguir en Can Partit. Pero el artificio podría ser Can Partit mismo, o sea, podría ser una ficción lo de la noche en la habitación donde vi por última vez a mi amigo, en la habitación donde él se vio a sí mismo las penúltimas noches. Bastará si declaro que Colmenero me ha ordenado que me encierre allí y abra las escotillas. De acuerdo, pero primero el entrecot, el vino, escribir estas mismas palabras en las notas del móvil, armarme no de valor, sino de palabras. Y también de valor, qué carajo. También de valor.
El corazón extraña más una mente que otro corazón. Eso es lo que hasta el momento aprendí de la muerte. Es una enseñanza gélida, pasmosa y profundamente inútil, pero es la mía. Perder en tu entorno una mente privilegiada es más oneroso que perder amor. Lo pienso mientras espero al entrecot y me pregunto si este recuento en tiempo real será un exorcismo, una catarsis o solo un disculpable ejercicio literario.
Hay curvas en el camino de vuelta. Patricia, Álex y el resto de amigos lo amenizan a través del grupo de WhatsApp con fotos de la comida, del cementerio. Nos hemos reunido en Ibiza con ocasión de los cuatro años del adiós de Clint (yo le llamaba Clint). Pero cómo que cuatro años. ¿Cuatro años de preguntarme cada día qué diría hoy Clint sobre esto o lo otro? Si, como decía Borges, somos los que se fueron, entonces gestionar una visita al cementerio no es mucho más excepcional que entrar en casa un martes por la tarde.
¿Será incluso la misma colcha de entonces? Antes, un viento perverso zarandea mi marcha por el jardín de Can Partit. Pero ahora ya sí. Ahora ya estamos a solas la pared rústica, el escritorio monacal, la cama doble y yo. Y la colcha. Fuera, el huracán arrecia, casi para añadir otro jocoso elemento de película de terror a la noche de espiritismos. Ya estaba escuálido y frágil cuando se sentó en esta misma silla para que lo entrevistara. Fue la última entrevista que dio, o la última cara a cara, tras la que sería la última fiesta de cumpleaños, aquí, en Can Partit. Se sentó en esta misma silla y yo me senté enfrente, en esta otra, mientras Raúl grababa.
Hablamos de fútbol, o sea, de lo que hablábamos siempre. El amor al juego. Sus primeras patadas al balón en Copacabana. Su padre llevándolo al estadio para ver a Rial y Gento tejer esa combinación inverosímil. Me llevé parte del lado más ligero del hombre más profundo, o acaso es solo que nada de lo ligero es ajeno a lo profundo. (No sé si viceversa también, no está aquí Clint para aclararlo, aunque casi está al ser lo único que falta en la escena: el alféizar ciego junto al lecho, el cabecero pálido, idéntico juego de almohadas engalanando el catre. Parte de lo que falta para completar la escena de entonces está en un nicho a pocos metros, lo que acrecienta la ironía de que sigamos sin completar el cuadro de entonces, la entrevista, el cigarrillo orgulloso, la coquetería de abrocharse los botones de la camisa. “Empezamos”, dice la voz en off de Raúl).
Es el mismo lugar, pero ¿qué significa eso? Las psicofonías no existen, aunque todo invite a dejar el móvil grabando el silencio la noche entera para descubrir si realmente es silencio, si no habrá una brecha en la cordura y de pronto, en medio de la grabación, para susto mayúsculo, se escuche la garganta mundstockiana de Antonio improvisando otra vez en otra canción de Calamaro, o mejor: improvisando otra cosa en la misma canción. O volviendo a decir que Ronaldo Nazário le recuerda a sí mismo por su resistencia al dolor, las rótulas malheridas, el párkinson rampante. O solazándose de nuevo en el recuerdo de la visita de Florentino y JAS. O pidiendo otra birra, o riendo animado ante la perspectiva de los próximos polvos de la madre Clementina. “Esta risa de viejo que se me ha quedado”. Las piernas tiesas, la macilenta piel de las pantorrillas, la cabeza agrandada coronando el cuerpecín. Fue aquí mismo pero, como ya no es, nunca fue. Seguro que en desmentir esta última frase, o en matizarla, o en embellecerla, habría dedicado sus mejores esfuerzos, es decir, los que dedicaba a cada frase, a cada pensamiento, a “exprimir el limón”.
Sucediera o no sucediera, sucedió o no sucedió aquí mismo, en el propio habitáculo recio y espartano que contiene mi lento paso de las horas. La noche va transcurriendo y no hay pesar. El viento aúlla ahí fuera. Solo tengo encendida la luz de un foco adherido a la pared, sobre el cabecero de la cama. La alternativa es una fría luz de techo despiadado. Caigo ahora en la cuenta de que la relación de ratos que pasamos juntos en esos cinco años principia y se acaba con sendas entrevistas, la primera a finales de 2017, la última (la última mía y de cualquier otro) en el último verano de Antonio, que por fuerza ha de ser el último de la Ibiza que Antonio conoció. Entonces él durmió donde yo duermo hoy, y yo lo hice en algún otro cuarto del piso de arriba.
Después de la entrevista, me preparé para mi viaje de vuelta a Madrid y bajé a despedirme. Puede que yo supiera que podía tratarse de una despedida literal. Lo sospechaba, desde luego. Seguro que él también. Abrazarlo fue como abrazar a un jilguero. Estaba tumbado en esta misma cama sobre la que yo me acostaré ahora, como un bello esqueleto con el esternón apenas cubierto de papiro y dignidad. (Epi y dermis. ¿Cuál de las dos cosas dijo conservar en esa coraza fina, seca y tensa?) Tenía un portátil encima del regazo. El cerebro más acreditado de España, el pensador más prestigioso que ha dado esta tierra en un largo periodo de su historia, estaba viendo en Netflix un producto de escapismo y ciencia ficción. No me opongo a que fuera otro momento de suprema ligereza del filósofo en mis manos, al revés. Solo me opongo a que fuera el último. Me río al pensarlo, frente al silencio de la misma pared: la penúltima o antepenúltima frase que me dijo frente a frente (hablaríamos más veces por teléfono) pudo muy bien haber sido “A este ahora lo mandan al futuro con el rayo ese” o algo así. Me río en voz alta, o tal vez este sea otro artificio literario y me quede callado.
Casi podría replicar mis últimos movimientos en la habitación aquella tarde. Podría abrazar ahora mismo a nadie sobre la cama. Rodearla con el ordenador colgando del hombro. Llegar al umbral de la puerta, coger el asidero de la pequeña maleta con ruedas y ensayar un último gesto de adiós bajo el marco, ya con medio cuerpo casi fuera. Y volver a dudar si decir adiós o hasta pronto o qué coño.
En lugar de eso, me estiro sobre la silla ascética y me planteo cerrar el ordenador. Más allá de la puerta el viento gime. Bécquer y el maldito monte de las ánimas. Nunca le pregunté por Bécquer. Nunca le preguntaré por Bécquer. Ha llegado el momento de acostarse. Sí, fue aquí. ¿Y qué?
Cierro el ordenador. Quito la colcha. La luz desapacible emite tolerancia cero hacia la vida. Solo resta ponerme en manos del sueño, pero antes adoptaré el dulce desquite de la segunda persona y la coma vocativa. ¿Cómo que desquite por qué? Por morirte, cabrón. Por morirte.
Me meto bajo la colcha y apago la luz. Se escucha el viento ahí fuera. Buenas noches, Clint. Hasta mañana.
(Primera entrevista a Escohotado: Antonio Escohotado: "La Final de Cardiff fue el mejor partido de la historia" - La Galerna
(Última entrevista a Escohotado: Cuando Jesús Bengoechea realizó sin saberlo la última entrevista a Antonio Escohotado
Buenos días, amigos. Anoche, el equipo cliente de Negreira hizo eso tan hortera que se suele llamar “dormir líder”. Simplemente, no nos gusta la expresión, ni siquiera cuando quien “duerme líder” es el Madrid. Los líderes tras cada jornada liguera quedan establecidos cuando la jornada termina y todo el mundo ha disputado sus partidos, no cuando Joan Laporta se pone el pijama y se mete en la cama. Cabe la posibilidad de que en realidad Joan Laporta imite a Marilyn Monroe y para dormir se limite a adornarse con unas gotitas de Chanel número 5, pero comprendemos que estáis desayunando .
“Reacción de líder”, titula Sport. Lo dicho: han “dormido líderes”. Reciban nuestra más cordial enhorabuena. El equipo cliente de Negreira derrotó por 3-1 al Alavés, con goles de Dani Olmo y Lamine Yamal, y como veis la prensa cataculé goza el hecho indisimuladamente. Lo que no gozan tanto (aunque Sport, de manera harto ridícula, lo omita en portada, haciendo gala de su condición de hoja parroquial laportista) es del escándalo que se dio a la entrada al Camp Nou, donde un problema informático afectó a más de 7.000 socis que de pronto no podían entrar al estadio.
A lo mejor lo que sucede es que os miembros de la cúpula blaugrana están tan avergonzados después de haberse gastado 1500 millones de euros en dejar el estadio poco más o menos como estaba antes, excepto algunas “peoras” arquitectonicas, que al menos quieren privar a un porcentaje significativo de los abonados de tener que presenciarlo desde dentro. Os recordamos que de momento, como las obras van de aquella manera, solo han podido abrir la grada a aproximadamente la mitad del aforo. Como a esta mitad le quites lo correspondiente a los que luego no les funciona el ticket para poder pasar, al final van a quedar ahí dentro Laporta, un acomodador de Esplugues de Llobregat y el aficionado aquel que llamó macaco a Vinícius y al que por lo visto el club catalán no ha podido identificar aún.
Seguimos, por lo demás, conociendo detalles sobre el nuevo (?) Camp Nou. El siguiente abogado y comunicador, que no es precisamente madridista, nos hizo saber ayer tarde, vía redes sociales, que el bar del nuevo Camp Nou más bien recuerda a los que improvisan con cuatro baldas de hierro en las fiestas patronales de ciertos pueblos de Castilla, generalmente en el mes de septiembre.
Entre esto, las luces LED propias de think tanks de Ábalos y los cuatro enchufes para los portátiles de la prensa, les está quedando un estadio de lo más apañao. La verdad, hasta topar con este club pensábamos que la corrupción, en principio, no era divertida. Pero es que con estos tíos te partes el esternón de risa. Son un club corrupto, pero es que también son un meme. Son como esos malos torpes de película a los que se les estropeaba el autogiro y se estrellaban contra el granero, aunque Dios nos libre de equiparar a un sujeto como Laporta con villanos de comedia gloriosos como aquel Jack Lemmon de La Gran Carrera, de Blake Edwards. Allí había una gracia y una dignidad que aquí brillan por su ausencia.
Aparte de lo deportivo, fijaos cómo la portada de Mundo Deportivo sí tiene al menos la decencia de referir, en una banda inferior, el incidente de la descarga de entradas. Por lo demás, Raphinha se abraza en esta primera plana a Olmo, en imagen de exultante alegría que contrasta fuertemente con la que se vivió en el banquillo culé, protagonizada por el propio Raphinha y el técnico Flick.
La imagen es chocante y devastadora. ¿Por qué llora Flick? ¿Se está dando cuenta ahora de dónde se ha metido, es decir, en un club que, no contento con cosas como comprarse el sistema arbitral o inscribir fraudulentamente, resulta que además se cae a cachos, como la casa de aquella película de Tom Hanks?
Dicen que no. Que es por el juego de su equipo, aunque ayer ganara de manera bastante mediocre. Que Raphinha le estaba prometiendo que jugarían mejor. Si eso es así, la imagen es de un patetismo que ha de resultar desalentador para cualquier culé. Un entrenador que llora delante de sus subordinados porque estos no jueguen bien lo tiene todo perdido.
(Nota: si hay un trastorno de salud mental en Flick, lo cual no sería raro en su profesión, hágase caso omiso del párrafo anterior, con nuestras disculpas).
En el contexto blaugrana hoy corresponde decir algo sobre Joan Gaspart, un anciano no precisamente venerable a quien parece que nadie en la vida le ha dicho las cosa sobre sí mismo que merecería oír. Le han preguntado por el reciente cruce de declaraciones entre Florentino y Laporta y se ha descolgado con una auténtica revelación.
Caramba. Esto sí que no lo vimos venir. En lo que sería una emocionante escena de una nueva entrega de Mission: Impossible, Florentino se quita la careta de acojonante realismo y el que está detrás es Negreira, ni más ni menos. Son cosas divertidísimas, ocurrencias disparadas que tiene el tramposo más cínico y desvergonzado que ha dado el fútbol español en su historia. Solo una cosa, Joan: cuídate la sialorrea. Hazte ver por un esoecislista. Cuídate, así, en general. Aprovecha que vas a pasar tus días últimos días en paz y no entre rejas, como merecerías.
Por otra parte, el Real Madrid juega esta noche en Girona. Ganemos para recuperar el liderato de las manos de quienes “han dormido” con él, y también para que lo sufran los dos joanes, Laporta y Gaspart. Ya que no van a conocer la cárcel donde deberían dar con sus huesos, que padezcan algún sinsabor en vida.
Pasad un buen día.
Decimocuarta jornada de Liga y el Real Madrid visita Montilivi. El Girona empieza a asomar un poco la cabeza después de un muy mal inicio en el que estuvo muy discutido Míchel. Siguen en posiciones de descenso, pero han abandonado el farolillo rojo en el que estuvieron instalados varias jornadas. Los refuerzos se han ido asentando y alguno está en un buen momento. Un equipo que parece que va para arriba y querrá demostrarlo ante los blancos.
La lista de bajas es extensa, con David López, Van de Beek, Portu, Artero, Juan Carlos y Krapyvtsov. Además, son dudas hasta última hora Blind y Lemar. Míchel ha dejado de lado su famoso sistema con tres centrales y ahora utiliza más un 1-4-3-3. Un once probable frente al Real Madrid sería el formado por Gazzaniga; Rincón, Reis, Arnau, Alex Moreno; Witsel, Martín, Ounahi; Bryan Gil, Tsygankov y Vanat.
En función del rival y del escenario, el entrenador madrileño utiliza dos sistemas de presión. En casa aprietan arriba con gran entusiasmo y energía. Para eso lanza a los centrocampistas muy arriba, quienes junto al punta y a los jugadores de banda son media docena los futbolistas que ejercen la zona press de forma muy intensa y muchas veces eficaz. A domicilio son algo más prudentes y prefieren esperar al rival replegado, juntos y con líneas muy compactas. Por tanto, es de esperar que el técnico Míchel decida presionar alto en Montilivi, lo que tantos réditos le ha dado las pasadas temporadas.
Luego, en momentos determinados, plantará un bloque medio-bajo si el Real Madrid aprieta y achucha metiéndolos en su campo. En el medio acumulan lectura, robo con Witsel y buen pie y habilidad con Iván Martín y Ounahi. La defensa juega adelantada y no tiene miedo en dejar metros a su espalda con el riesgo ante jugadores rápidos que ello supone.
Es un apartado en el que Míchel hace hincapié porque le gusta una salida aseada y limpia desde atrás, pero también es consciente de que en Primera y ante equipos tan poderosos una pérdida te puede costar un gol. Asume el riesgo sean cuales sean los resultados. Una de las premisas es no perder balones en salida en las inmediaciones de su área, porque eso conlleva la opción de recibir ocasiones de manera muy sencilla y con el equipo estirado y descolocado al jugar con cuatro defensas, los dos laterales bastante abiertos y cerca de la cal. Por abajo, busca conectar con los medios, que disponen de un notable toque en corto, buen desplazamiento de balón en largo y logran saltar con eficiencia las líneas de presión rivales.
Sin Blind y David López, bajan enteros en la salida y esta tarea le corresponde ahora al brasileño Reis. En todo caso, si se ven muy apurados no existen inconvenientes para buscar de forma directa y ágil a Vanat por arriba, para que sea él la persona encargada de pelear con los centrales y bajar los balones.
El aspecto defensivo se ha visto mermado y es el gran talón de Aquiles del equipo catalán. Es el conjunto más goleado del campeonato con 25 tantos encajados. La manta de Tim, lo que siempre generan arriba con facilidad les cuesta espacios atrás. Las bajas en defensa, la readaptación ahí para Arnau y la irregularidad mostrada por Reis han pasado factura. También los laterales, bastante ofensivos. No se ha mostrado como un equipo defensivamente sólido, fuerte, firme y robusto hasta la fecha y, si no lo consiguen, serán candidatos claros al descenso.
En el medio, Míchel ha intentado fortificar la zona con Solís y Witsel, y es el belga el que parece haberse hecho con el puesto. Tienen problemas para cerrar y no son tan solidarios como en pasadas temporadas. Si el Real Madrid tiene el día, puede hacer daño tanto por los costados como por el carril central. Por arriba, el equipo también ha perdido centímetros respecto a otras campañas.
Se han ido debilitando en la parte ofensiva con las salidas en los últimos veranos, aunque en las últimas semanas están mejorando en eficacia con un tridente cada vez más consolidado. Los catalanes cuentan con jugadores habilidosos y de talento arriba, que suelen ser más vistosos que efectivos. El Girona practica un estilo de mucho ritmo y velocidad. Por banda, tienen rapidez con Gil, despliegue con Tsygankov y regate con ambos jugadores. Además, cuentan con laterales ofensivos y profundos. En el medio, gozan de visión, capacidad asociativa y pase en Iván Martín, y mucha calidad técnica, habilidad y regate con el marroquí Ounahi. Un futbolista muy atractivo para ver y que levanta al espectador con distintas filigranas. Un jugador a vigilar por los centrocampistas merengues. Mientras que en la punta el ucraniano Vanat garantiza batalla, atracción a los defensas rivales y un gran disparo.
El Girona es un equipo valiente sin miedo a llegar mucho arriba, con dinamismo y valentía. Las bandas son el principal caudal de peligro. Desde ahí, buscan superioridades con la subida y profundidad de los laterales, y así suministrar y abastecer de envíos por bajo o centros al delantero.
Equipo ofensivo, con gusto por la pelota y que trata de manejar los partidos. Es uno de los puntos que aparece en rojo en el libreto de Míchel, aunque esta campaña le está costando más que nunca. Pero es apuesta e identidad y le lleva buscarlo e intentarlo siempre. En defensa, no son resolutivos y han hecho aguas en muchos encuentros. Con pelota en ataque es un equipo bonito de ver y atractivo para el espectador. El Girona siempre quiere combinar, y llegar mucho y bien al área rival.
Todavía faltan automatismos que Míchel consiguió otras campañas y que están en proceso de lograr. Entre las estadísticas actuales de Primera están en el top 3 de goles encajados, disparos recibidos, regates con éxito, más pases en campo propio o porcentaje de disparos que van a puerta.
El ucraniano Vanat ha sido una de las grandes incorporaciones del Girona esta temporada. Su fichaje costó porque el Dinamo de Kiev se puso duro en la negociación, pero los catalanes tenían claro que era su objetivo para el nueve. Buscan otro ucraniano que triunfe como hizo Dovbyk hace un par de cursos. Vanat es un punta ambidiestro, aunque se declara zurdo, con un perfil asociativo, fino técnicamente, bueno en las descargas y que tira desmarques muy inteligentes. Le falta algo de fuerza y agresividad, pero en las inmediaciones del área ha demostrado poseer un magnífico disparo. Es el máximo realizador gironí (empatado con el incombustible Stuani) con tres dianas en Liga y una en Copa.
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"Durante siete millones y medio de años, el gran Pensamiento Profundo había calculado la Pregunta Definitiva a la Vida, el Universo y Todo lo Demás, y finalmente la respuesta es... [pausa dramática]... Cuarenta y dos."
Douglas Adams. “Guía del Autoestopista Galáctico”.
Decía Baldassare Castiglione que en cada uno de nosotros hay una simiente de locura la cual, si se granjea, puede multiplicarse en infinito.
Siempre pensé que Castiglione se refería a la afición del Atleti, pero de un tiempo a esta parte me he dado cuenta de que pensaba en realidad en ese sector de aficionados madridistas que usted y yo sabemos. Se trata de un sector de lo más curioso y desconcertante, hay quien lo llama “Twitter Real Madrid”, como si fuera una suerte de vinagrismo 2.0 con acceso a redes sociales, aunque su hábitat natural no se reduce al manicomio de Elon Musk, pues también son visibles en canales de YouTube y sucedáneos.
El ideario de este seguidor merengue es una especie de aberración socrática en negativo y podría resumirse en la máxima: “yo solo sé que lo sé todo”; porque este madridista presume de un conocimiento infalible en todo lo que se refiere al club, al equipo, sus jugadores, su directiva, el fútbol, la vida, el universo y todo lo demás. Es la respuesta a todas las incógnitas. Es el madridista Pensamiento Profundo. El Madridista 42 (si no pilla la referencia, no se preocupe: proceda a leer la “Guía del Autoestopista Galáctico” de Douglas Adams, que además se divertirá muchísimo).
El ideario del Madridista 42 es una especie de aberración socrática en negativo y podría resumirse en la máxima: “yo solo sé que lo sé todo”; porque este madridista presume de un conocimiento infalible en todo lo que se refiere al club, al equipo, sus jugadores, su directiva, el fútbol, la vida, el universo y todo lo demás
El Madridista 42 es sentencioso. Nunca opina, solo dogmatiza. Su mundo está compuesto de certezas inamovibles y es muy de tomarle ojeriza a determinados jugadores por el motivo que sea: Vinícius es un impresentable, Mbappé es un sinvergüenza, Güler es un fraude y aseveraciones similares son la evolución lógica de aquel Madridista 42 que, una década atrás, te decía que Benzema jugaba por decreto, que Bale era un jeta y que a Kroos había que regalarlo. El Madridista 42 volcaba estas sentencias en un tono que parecía que en su mente las viera talladas en mármol y con un coro angélico haciendo sonar trompetas de fondo.
Otro rasgo de este peculiar madridismo es que se crece en el infortunio. Es patológicamente incapaz de manifestar algo remotamente parecido a un pensamiento positivo. La esperanza no está entre sus planes inmediatos. Todo lo ve mal. Todo le parece un error. Una victoria sufrida es solo síntoma de un futuro descalabro, un empate es motivo para echar a media plantilla y una derrota lo es para fusilar a la mitad que queda.
Las soluciones del Madridista 42 tienden a lo expeditivo. Nunca contempla una solución quirúrgica sino el uso indiscriminado de la motosierra: si el Madrid empata en Getafe, hay que despedir a Vinícius, Militao, Rodrygo, Endrick, Valverde y al jerbo de Dani Ceballos para comprar a (yo qué sé) Cucurella, Estevao y una Air Fryer. Al Madridista 42 le encantan las soluciones espectaculares y con derramamiento de sangre.
El Madridista 42 suele justificar su tremendismo en la “autoexigencia”. Insulta mucho a cuerpo técnico y jugadores porque se cree, con total sinceridad, que en eso consiste el ADN del Real Madrid: en machacar a tu equipo cuando pierde. Vive con un terror perpetuo a ser tomado por un aficionado blando o permisivo, lo cual quizá tenga algo que ver con algún tipo de compensación de la virilidad, no tengo ni idea; pero la relación entre el nivel de ira y aspavientos con que se insulta a Vinícius, Xabi o Mbappé y la falta de envergadura genital del insultador tal vez deba estudiarse con más profundidad por los expertos del ramo de la psicología.
Las siempre peculiares e inalterables convicciones del Madridista 42 pueden resultar chocantes, pero raras veces son originales: casi siempre son un mero eco de las tonterías que repiten los periodistas deportivos de toda la vida. El Madridista 42 cuando se transmuta en lo que se conoce como “insider” no es más que una simple cámara de resonancia de los rumores descabellados de la prensa generalista sobre las supuestas interioridades del vestuario del Real Madrid. Es decir: cuando el tuitero de turno asevera que los jugadores le están “haciendo la cama” a Xabi Alonso o que Bellingham cierra los bares de Ibiza todas las noches, carece por completo de pruebas en que apoyarse, es solo que se lo ha oído mencionar a Manolo Lama o a algún risueño tertuliano de El Chiringuito. Esas son sus fuentes.
Otro rasgo de este peculiar madridismo es que se crece en el infortunio. Es patológicamente incapaz de manifestar algo remotamente parecido a un pensamiento positivo. La esperanza no está entre sus planes inmediatos. Todo lo ve mal. Todo le parece un error
Jesús Bengoechea, el fundador de esta santa casa, La Galerna, lo ha expresado con mucho acierto recientemente usando estas palabras:
Ya lo he entendido todo. Los madridistas de las redes estábamos hartos de un periodismo que, hablando de nuestro equipo, no aportaba más que negatividad y sesgo odiador. Durante años me alegré viendo cómo los íbamos desplazando, ocupando su lugar. Ahora me doy cuenta, cuando básicamente lo hemos logrado, de que queríamos ocupar ese lugar para ser exactamente igual que ellos.
Exactamente, querido Jesús, esa es la clave del Madridista 42, se ha convertido en lo que siempre dijo odiar: un periodista deportivo. Tampoco debería extrañarnos del todo. La mala praxis periodística referida al Real Madrid es como una suerte de herejía que se resiste a desaparecer, tan solo evoluciona con el tiempo. Es como el gnosticismo del universo fútbol hispano.
Cualquiera que tenga algo de conocimiento sobre la historia de la heterodoxia cristiana sabrá que el gnosticismo es la más antigua herejía del cristianismo, la cual nunca ha desaparecido del todo en 2000 años porque tiene la capacidad de adaptarse a los tiempos. Podría trazarse una línea recta entre los textos de Valentín de Alejandría, los cátaros, la New Age de Jane Fonda y la serie “Misa de Medianoche” de Mike Flanagan en Netflix (que es una serie tontísima); de igual modo que, en lo que a pseudoperiodismo madridista se refiere, podría establecerse una conexión directa entre Antón Meana y su “no cambio a Modric por De las Cuevas” y la obsesión de Iñaki Angulo con Mbappé.
Y conste que no dudo del madridismo sincero de Iñaki Angulo (como tampoco dudo del madridismo de Valentín de Alejandría) ni siento ninguna antipatía personal hacia él. Al contrario. En cierto modo, me resulta incluso entrañable: es como ese amigo que en los botellones se te acercaba con aire intenso, vaso de Martini con limón en la mano, te pasaba un brazo por el hombro y te daba consejos para ligarte a la chica que te gustaba porque te apreciaba de veras y quería verte triunfar. Lo malo era que sus consejos no solo eran disparatados, sino que a menudo rozaban la ilegalidad. Pero, qué diantre, lo hacía por tu bien.
El Madridista 42 suele justificar su tremendismo en la “autoexigencia”. Insulta mucho a cuerpo técnico y jugadores porque se cree que en eso consiste el ADN del Real Madrid: en machacar a tu equipo cuando pierde. Vive con un terror perpetuo a ser tomado por un aficionado blando o permisivo, lo cual quizá tenga algo que ver con algún tipo de compensación de la virilidad, no tengo ni idea
A Iñaki Angulo le pasa como al común de los Madridistas 42, que son sinceramente merengues y, a su extraña manera, solo desean lo mejor para el Real Madrid. Eso no se les puede negar. De hecho, puede que sean incluso más madridistas que usted y que yo. Tal vez incluso sean los únicos verdaderos madridistas que existen, quién sabe. Pero una cosa tengo muy clara: prefiero que no me toque sentarme al lado de uno la próxima vez que vaya al Bernabéu.
Cabe la posibilidad de que el tremendismo del Madridista 42 sea la forma correcta de sentir los colores del club, que, en efecto, ese sea el verdadero ADN de la afición del Real Madrid: agarrarse un cabreo inmenso cuando el equipo palma en Vallecas, cuando empata en Getafe o cuando gana en Atenas. No lo niego, pero el caso es que a mí no me sale esa rabia furibunda del Madridista 42 cuando al Real Madrid no le salen las cosas como me gustaría.
Demándenme. Soy un mal madridista porque no me enfado lo suficiente, y encima creo que el equipo de Xabi Alonso jugará muy bien en el futuro y nos dará muchas alegrías. Qué le vamos a hacer. Citando de nuevo la “Guía del Autoestopista Galáctico” de Douglas Adams: “prefiero ser feliz antes que tener razón.”
Pues para eso me hice del Madrid al fin y al cabo. Para ser feliz.
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Buenos días. En La Galerna somos feministas, feministos, sostenibles, sosteniblos, ecológicos, ecoabsurdos, inclusivos e, inclusive, coherentes. Por tal motivo, aquello que no nos despierta interés, en este caso el fútbol de selecciones, nos resulta indiferente que sea masculino, femenino o mediopensionista. De modo que os mostramos ahora las portadas de As y Marca y continuamos.
Los también regados diarios culés dedican sin embargo sus primeras planas al juglar alfa del Barça, a Joan Laporta i Estruch, presidente que multiplicó el sueldo a Negreira, número dos en aquel entonces de los árbitros españoles.
El discurso de uno viene dado por la confluencia de múltiples factores, entre otros: capacidades innatas, formación, cultura y hábitos que potencien o mermen todo lo anterior. Aplica también a Laporta, en tanto en cuanto es un ser humano.
«El Madrid tiene barcelonitis», dice el presidente que los culés han elegido más de una vez para dirigir su club. Abrimos inciso para recordar que lo que vota una sociedad la define. Cerramos inciso.
Dice que el Madrid tiene barcelonitis el mamífero protagonista de aquel cartel patético con el cual se metió en el bolsillo a los forofos (más) infantilizados del club que dirige.
Jan es un claro caso de lo que en psicología se llama proyección y, una vez más, atribuye a otro los rasgos, intenciones o defectos que él mismo posee, padece y ejerce. Esa ha sido su reacción al vapuleo recibido por Florentino en la última Asamblea blanca.
Laporta acusa al Madrid de tener barcelonitis cuando él sufre madriditis mórbida.
Jan se pasó, otra vez, de la raya y, con esa voz que se enronquece según disfruta de la vida, volvió a mentir como un bellaco. Con el rostro de hormigón que lo caracteriza, afirmó que al Barça no le favorecen los árbitros porque estos han beneficiado toda la vida al Madrid. Ole sus narices.
Sacó de nuevo a colación el bulo de la historia madridista del CTA, desmentido por la realidad y por el trabajo de Alberto Cosín y Pepe Kollins aquí, e inventado por un fatuo de cuyo nombre no queremos acordarnos.
En Mundo Deportivo han optado por el universo Star Wars para confeccionar su portada. El titular: «Laporta contraataca», escrito sobre una imagen de la figura mastodóntica del ecosistema blaugrana. Siguiendo el paralelismo con el macrocosmos de Lucas, Jan nos recuerda a Jabba the Hutt. Y no por ninguna similitud física, ese es un terreno de mal gusto en el cual no queremos entrar. Sino por su forma de proceder: ambos se mueven con una comodidad sorprendente en un mundo de intermediarios, agentes y comisiones traslúcidas o directamente opacas.
Son centros gravitacionales de personajes pintorescos movidos por el interés (te quiero, Andrés).
Laporta aspira siempre a vender mercancía averiada, a imponer un relato falso solo consumible por acéfalos sin criterio. Podría pensarse que la única verdad que dijo fue que el Barça nunca había comprado un árbitro, porque de facto se compró el sistema, pero ni siquiera.
Como bien recuerda Fútbolgate, Núñez, además de comenzar los pagos a Negreira, saldó la deuda por un piso a un árbitro en activo, alquiló un local a otro trencilla en ejercicio y futuro designador arbitral, otro colegiado denunció un intento de soborno… Y, de aquellos polvos, estos lodos, Laporta.
“Núñez: la sombra de la influencia arbitral“
- Inició los pagos a Negreira.
- Alquiló un local a un árbitro en activo y futuro designador arbitral.
- Pagó la deuda de un piso a un árbitro en activo.
- Otro árbitro denuncio un intento de soborno.
- … https://t.co/FijAZVM9IM— Fútbolgate.com (@futbolgate_ES) November 28, 2025
Alguien que preside el Barça, club que pagó millones de euros a la cúpula arbitral durante décadas, monta un pollo y afirma que al Madrid siempre le han favorecido los árbitros porque en el último partido de liga, según su criterio, marcó dos tantos que no debieron subir al marcador.
Pero es Laporta, un tipo acostumbrado a traspasar todas las líneas para meterse con todo aquello que huela a blanco. Y luego acusa al Madrid de barcelonitis mientras él obvia su propia autofarsitis, su excusitis y su victimitis hipertrofiada.
Por desgracia para él, el 12 de diciembre tendrá que declarar en sede judicial y, salvo que tenga comprado al número dos del Consejo General del Poder Judicial, no le valdrán esta sarta de mentiras (si no interviene —de nuevo— el Gobierno).
Pasad un buen día.