En la víspera de los Reyes Magos, al Madrid se le apareció un delantero centro. Sus Majestades de Oriente, que son muy listas, ofrecieron a Alonso, al Bernabéu y al madridismo universal, el espectáculo más viejo y maravilloso del mundo: el de un 9 puro haciendo cosas de 9 puro. Old but gold como dicen los ingleses, que aunque hayan olvidado jugar al fútbol por lo menos lo inventaron, y a la clase de jugador que es Gonzalo le pusieron el nombre de striker.
Gonzalo se cascó un hat-trick perfecto: de cabeza, con la diestra y con la siniestra, y no empujándola de cualquier manera sino exhibiendo un estupendo repertorio de habilidades tanto dentro como fuera del área.
El primer gol es un deleite: culebrea en el área chica y le gana la espalda a su marcador para rematar la pelota con la frente. Esta clase de desmarques, más antiguos que el hilo negro, apenas se los hemos visto a Mbappé, por ejemplo. El segundo gol es totalmente mbapesiano, de crack, y el tercero revela al delantero fino, ese que a veces parece escondido tras las formas toscas de un mal remate.
Más que nada, el regalo fue que con Gonzalo regresó al equipo una cierta impresión de orden. Jugar con un delantero canónico ayuda a que las demás piezas encuentren mejor su sitio y a que el Madrid distribuya esfuerzos y espacios con criterio. Cuando están juntos Mbappé, Vinicius y Bellingham todo parece atropellado y caótico, lo cual tiene mérito porque los tres son virgueros de categoría. Pero tienden a habitar en las mismas praderas y la asimetría hunde al equipo, lo parte por la mitad, suma desconcierto.
Gonzalo tiene la audacia del primer Raúl y la percusión letal de Van Nistelrooy. No siendo alto salta como si tuviera muelles en los tobillos. Es impresionante verlo rematar de cabeza
Como casi no hemos visto nada de Endrick, nos agarramos a Gonzalo como a una reliquia del mundo que conocimos y que está en extinción. En el fútbol contemporáneo los goleadores así son ya rara avis. Es un juego, el de hoy, tan dinámico, móvil y físico que ha dado lugar a grandes depredadores, tipos eléctricos que meten chorrocientos goles cayendo desde una banda. El 9, cuya mera evocación hace pensar en la referencia fija, en alguien clavado como una astilla en el corazón del área contraria, aparece así como el mediapunta, una posición que se ha quedado sin sitio.
Gonzalo tiene la audacia del primer Raúl y la percusión letal de Van Nistelrooy. No siendo alto salta como si tuviera muelles en los tobillos. Es impresionante verlo rematar de cabeza, parece capaz de dirigir cualquier cosa con cualquier parte de la testa, que es una palabra preciosa que sin embargo sólo existe en el lenguaje del periodismo deportivo.
Puede que en efecto, en Arabia, vuelva Mbappé y todo lo que vimos el domingo se quede, sin más, en un bello recuerdo. Contra el Betis, Gonzalo le demostró a Alonso que hay un camino. No fue la primera vez: contra el City, los mejores momentos del Madrid fueron en torno al 9. Ese día Gonzalo fue una suerte de plan general de ordenación urbanística. Todo se desbarata cuando tienen que jugar juntas las superestrellas, pero si Alonso se atreve a contrariar los altos designios del califa sentando a uno (como Zidane en su día prescindiendo de Bale por Isco) entonces puede que caiga igualmente, pero lo hará a su manera.
Gonzalo tiene algo además que conecta con lo que va quedando, que cada vez es menos, de la vieja tradición madridista: es canterano. La cantera del Madrid, la verdad, no destaca últimamente por dar grandes frutos o por su utilidad para el primer equipo. Entre Carvajal y Gonzalo apenas han trascendido algunos cuantos nombres. Gonzalo es uno de esos niños españoles con la exaltación en los ojos y la ingravidez del blanco real del poema de Manuel Vilas. Se reconoce en él a uno de los nuestros, a cualquiera de los niños que aún juegan a la pelota en las plazas y calles de España. En el estado de ánimo y marco simbólico que es el fútbol, esto todavía tiene una importancia capital. Viendo marcar a Gonzalo siento que hay algo aún en el Madrid que me pertenece o a lo que pertenezco y eso, como el efecto del rayo de sol en el alma de un hombre que escribió Dostoyevski, nadie sabe lo bueno que es.
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Bueno, pues ahí, al fondo, Arabia. Aquel invento de Rubiales, Piqué y tal. Asunto de monises en el que no intervino Koldo y/o su peña. Raro porque tontería el asunto no era. Les interesa el fútbol y lo de Negreira estaba casi resuelto. La pasta estaba en un ‘pendraif’ entre el Princesa Sofía y Pamplona. En fin.
También está lo de las primeras veces, y en eso el Barça es campeón. En el podio de las primeras veces arriba están Sánchez y el Barça, ex aequo. El Barça fue el primer club que le pagó al número 2 de los árbitros, por primera vez y por segunda y así hasta 17 años, y uno de sus jugadores, por primera vez también, intervino en la organización de un torneo oficial.
¿Torneo en el que juega su club? Ya. Ni Corea del Norte. Pero fíjense que ese torneo lo juegan muchos futbolistas y sólo uno, él, Piqué, se percató de que la cosa tenía una vuelta que darle. Acertó. Lo de Supercopa en verano, un partido, campeón de Liga vs campeón de Copa, no tenía mucha gracia.
Y sí vendérsela a los árabes bien empaquetadita, una cosa la mar de mona y original. Se trató de montarles a los del turbante un Madrid-Barcelona en el mes de enero. Cada enero y mientras el mundo dure, que esa es otra.
llegó el domingo, apareció Gonzalo y tengo al madridismo más cercano decididamente cachondo. ¿Y si lo del chico es un mensaje de la Providencia?
Un Clásico con Rubiales, semifinal y todo, dos días formidables con dos invitados que van rotando y se suman a la juerga por 300 mil pelas y la propina. Es una Liga de gilis y completita. De vez en cuando parece el tremendismo, cosa que la organización no buscó ni buscaba y de la que es del todo ajena.
Ellos montaron una gran verbena que iba a hacer felices sobre todo a las mujeres árabes, pero ya saben que el hombre es muy bruto y hay veces que la lía. Ahora el asunto está mirando a Xabi, a su cabeza por concretar. A Ernesto Valverde se la cortó el Barça por perder una semifinal: otra primera vez culé. El tremendismo.
¿Y? Pues no sé. Amigos madridistas pensaban que lo mejor era renunciar o caer dignamente ante el Atleti, por penaltis decían los más cachondos, y que Florentino hiciera después lo que su leal saber y entender le aconsejara. Esa opción evitaba la probable final con el Barcelona. Huyamos por la izquierda. Pero…
Pero pasó que el pueblo vio el derbi de Cornellá y se puso algo nervioso. Si el Espanyol acierta en una de la media docena de remates-gol que se fabricó gana sin remisión posible de las fuerzas culés. Y claro, el madridismo se puso a cavilar: ¿no podríamos nosotros hacer lo que el Espanyol? ¿Parecido y meter una? ¿Se pondría Manolo al fijo si le llama un 91?
Con eso llegó el domingo, apareció Gonzalo y tengo al madridismo más cercano decididamente cachondo. ¿Y si lo del chico es un mensaje de la Providencia? ¿Y si probamos? ¿Y sí? Me parece comprensible. Gonzalo. Cinco al Betis. Courtois te asegura que encaja uno de cada cinco… Lo malo es que le tiran cuarenta veces. Pero entiendo el cambio popular, el giro, el no huyamos: presentémonos. Todo eso.
Lo que no entendería, y eso sí me parecería descalificante, es que el Madrid pusiera a Mbappé aquejado como está de un problema en la rodilla y sentara al del hat trick. Rodrygo es ya titular y Vinicius, por supuestísimo. La rodilla, ¿eh? En la Supercopa.
Alinear un lesionado sería intolerable. Gonzalo, el de los tres goles. Y sano. Ya saben, eso tan mío de los once sanos. Gonzalo y que sea lo que Dios quiera. Que tampoco es pecado decir que mucho deberá querer Dios para que veamos al Madrid campeón ahora.
Por probar… No, el equipo sigue sin estar lo que se dice pétreo, fiable y demás. Pero tampoco le veo huyendo de la batalla. A Arabia se va con lo que puedes y después, si eso, hablamos. Y váyase usted a saber si entre risas.
En una manifestación de oficialismo repugnante, y que sin duda alguna daña al club del que soy socio desde hace 35 años, voy a abrazar la absoluta incorrección de manifestar mi agrado por el juego del Madrid ayer.
Hubo un rato en el cual se perdió el control, en torno al gol del Betis, antes y después, y de hecho no sería desatinado afirmar que el resultado final penalizó en exceso al equipo de Pellegrini, que incluso tuvo dos postes. Pero ese rato fue la excepción más que la regla. La mejor noticia del partido, en mi opción, fue precisamente el modo en que se controló la situación en el centro del campo, el aplomo, la pausa, que a mi juicio es (ojalá pudiera escribir seguro “era”) la asignatura pendiente este año.
Hasta el momento, habíamos visto un equipo a ratos brillante en fases de zafarrancho, pero capaz de descomponerse fácilmente en partidos ya encarrilados. Ante el Betis hubo un amago de eso, pero no se consumó. Antes de ello, hubo control casi total, y volvió a haberlo después gracias a la intervención de Xabi, que sustituyó verticalidad (Rodrygo y Vini) por algo más de paciencia y toque (Güler y Mastantuono). Salió bien.
En esta recuperación del control, que no fue total pero sí significativa, es vital Camavinga. Digo es y no fue porque Eduardo no hizo ningún partido excepcional, pero confirmó que, si está junto a Tchouaméni, entre ambos pueden embridar los partidos que hasta el momento se desmandaban. El 433 en ataque, que se convierte en 442 en defensa gracias al gran trabajo defensivo de Rodrygo, muy bien podría evolucionar en algunos partidos a un 4231 en el cual ambos lleven la brújula. Ninguno de los dos tiene tal vez todas las condiciones del cerebro que se reclama al mercado, pero entre ambos suman mayor capacidad de dominar con solvencia la zona ancha.
La mejor noticia del partido fue el modo en que se controló la situación en el centro del campo, el aplomo, la pausa, que a mi juicio es (ojalá pudiera escribir seguro “era”) la asignatura pendiente este año
Ese 4231 permitirá a Bellingham mantener una posición de media punta que explote convenientemente su llegada, sin perjuicio de que muestre también el brío defensivo y el empeño en la construcción de las jugadas del que hizo gala ante los béticos. Los otros 3 jugadores deben dirimirse (sin perjuicio de contribuciones como las de Güler o Mastantuono) entre el propio Rodrygo, Vini, Mbappé y Gonzalo, dependiendo de la forma de cada uno y necesidades de cada partido.
En la Supercopa, de momento, todo hace indicar que son Gonzalo y otros diez. Citando a Valdano, no puedes negar el permiso a comerse el mundo a quien lo reclama a punta de tripletes. El encuentro de ayer es un punto de inflexión en la carrera de un delantero que demostró, por si hacía falta, que el pichichi del Mundial de Clubes no fue una casualidad. Tres golazos de variada textura y tipología lo acreditan como una novedad con marchamo de sensación.
Y una mala noticia para Valverde: volvió a jugar muy bien como lateral derecho. Se le acumulan las veces en que ha tenido que asumir esa mala noticia. Unamuno propugnaba la omnipotencia humana a través de la resignación (“Quien quiere lo que sucede, logra que suceda que lo quiere”). Solo le falta rendirse para triunfar.
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Buenos días, amigos. El Real Madrid se hinchó ayer los pulmones de aire goleando al Betis, en un resultado que permite al equipo no perder la estela liguera del club cliente de Negreira y le viene de maravilla para cargarse de moral de cara a la Supercopa de España que se disputará en Arabia a partir del próximo día 8, sin que por el momento se sepa cuándo se disputará en España la Supercopa de Arabia.
En una victoria fraguada íntegramente gracias a cinco goles de canteranos, cosa que no sucedía desde 1989 con la Quinta del Buitre y jugadores como Losada o Aldana, el equipo de Xabi Alonso consolidó su juego y, salvo por veinte minutos de confusión en torno al gol bético, que pudieron costar caros, convenció en su dominio del centro del campo, gran asignatura pendiente en muchos encuentros previos. La dupla Tchouaméni-Camavinga, con el apoyo inestimable de Bellingham y Rodrygo, resultó decisiva, aunque el protagonista esencial del partido fuese otro.
Nos referimos, evidentemente, a Gonzalo García.
El delantero madrileño reverdeció los laureles de su pichichi en el Mundial de Clubes y recordó, de paso, una máxima ciertamente básica en el mundo del fútbol: con un nueve puro se vive mejor. Gonzalo es un nueve joven, pero no ajeno a los movimientos específicos de la posición y las calidades que el puesto requiere. Es una figura que con frecuencia se echa de menos en el equipo, al menos en su versión más prototípica. Fue su gran tarde, y puede ser un punto de inflexión en su carrera. La portada marquista lo convierte en rey mago (oh, qué derroche de ingenio, ¿será por ventura porque esta noche es la gran noche de Sus Majestades de Oriente?) y torna también en oro, incienso y mirra metafóricos sus tres golazos, fruto cada uno de una suerte distinta del fútbol.
El primero, un cabezazo canónico en el segundo palo. El segundo, un control con el pecho seguido de un voleón sin mirar a portería, propio de quien por instinto la tiene entre ceja y ceja. El tercero, embocando de tacón un centro de Güler, en acción plena de sabiduría, habilidad y eficacia técnica.
Pero Marca no habría sido Marca si le hubiera importado primordialmente lo positivo. Por eso, absolutamente sin venir a cuento, tiene que enfangar con la media verdad de que “Vinícius, otra vez sustituido, volvió a oír pitos del Bernabéu”.
La agenda de la vergonzosa prensa deportiva que padecemos es independiente de qué tal juega el Madrid y de sus resultados. Una manita no sirve para aplacar su ansia de sangre. De hecho, con una manita de los de Xabi, ellos son muy capaces de estrangularte. Ellos están ahí para meter mierda, básicamente, como sabe cualquiera que no haya estado metido en una cueva los últimos 40 años, y más específicamente para meter mierda contra Vinícius, como sabe cualquiera que lleve un lustro prestando un mínimo de atención. Ved si no de qué hablaba la Cope, la insufrible Cope, al término de la goleada blanca.
A cuenta de unos silbidos a Vinícius, que fueron minoría como atestiguó cualquiera que estuviera en el estadio, pues predominaron los aplausos cuando fue sustituido, la Cope (pero podríamos elegir el ejemplo de la SER o casi cualquier otra emisora) organiza el enésimo aquelarre contra el brasileño. No se merece el madridista el menor respiro, ni siquiera después de facturar una goleada que, salvo por un rato de descontrol con 3-0 en el marcador, fue resultado de un juego convincente y solvente. Pero no: todo es vitriolo y sensacionalismo, patrón al que no es ajeno As, publicación que, pese a ser últimamente la más digna de las cuatro cabeceras deportivas del país, es presa también de esta fobia antiVini, inaguantable y prácticamente ilegal a punta de obsesiva.
Sí, algo de jabón a Gonzalo, para enseguida insistir con lo de Vini. “Nuevos pitos para Vinícius”. Y aplausos también (más, de hecho), pero esos los ignoramos, ¿verdad? Refleja también As, en un faldoncillo, el nuevo tropiezo del Atleti, que dos veranos y 350 millones de euros después sigue contemplando al Madrid y el club cliente de Negreira desde una distancia que, definitivamente, no podemos entender.
Una pregunta pertinente, queridos amigos, es si el madridismo no tendrá la prensa que se merece. Al término de la holgada y brillante victoria, un somero repaso por las redes sociales volvía a depararnos la imagen de un madridismo amargo, cenizo y refractario al menor disfrute con el equipo. Y no hace falta ir a las redes sociales. Ved qué tipo de comentarios nos encontrábamos bajo la propia (y espléndida) crónica de Paco Sánchez Palomares en la propia Galerna.
“Muy poco fútbol, por no decir nada”. Después de cinco goles. El que no quiere ver nada no encuentra nada, eso es meridiano. Si estás sumido en la negatividad más totalizadora, nada podrá extraerte de ella. Tan innegable es que el equipo ha dado últimamente muy pocas razones para el entusiasmo como que hay un madridismo al que ya le da completamente igual si las da o no, porque es impenetrable a las mismas, inmune a goleadas, insobornable en su vinagrismo.
En fin. Para La Galerna, disculpadnos, la de ayer fue una gran tarde que nos permite mirar a la clasificación y a la Supercopa con esperanza, y nos alegramos infinitamente por Gonzalo, como lo hacía también Zaca, el genial caricaturista vikingo de X. Esta sí que es una bella forma de convocar a los Reyes Magos, con Gonzalo como excusa.
Y qué más deciros, amigos. Ah, sí. Hoy se cumple una década del nombramiento de Zinedine Zidane como entrenador del Real Madrid y, por tanto, de esta antológica portada, tras la cual Zidane se descolgó con la quizá irrepetible hazaña de ganar 3 Champions seguidas con el Madrid.
En fin. El recuerdo de esta homérica cagada en forma de portada cataculé nos parece una buena excusa para dejaros con las primeras planas representantes de dicho cataculerío en el día de hoy. El Madrid de los canastos perdió contra el Barcelona. Scariolo no está, de momento, sacando todo el jugo posible a la gran plantilla que se le ha encomendado.
Que se porten bien los Reyes.
Courtois: notable. Comenzó con menos trabajo que un expolítico en el consejo de administración de una eléctrica y acabó teniendo que intervenir más de lo deseado.
Valverde: bien. Mejor en defensa que en ataque, aunque probó desde lejos en alguna ocasión al principio y más de cerca al final.
Asencio: notable. Hizo su trabajo y además marcó un golazo.
Rüdiger: aprobado. No es su mejor año.
Carreras: notable. En ocasiones no juega bien, como todo el mundo. No fue el caso de hoy. Gran fichaje.
Tchouaméni: notable. Sostuvo al equipo. Es un pilar. Se retiró tocado. Recemos.
Camavinga: bien. Alternó buenas acciones con imprecisiones. De menos a más. Cuando el partido se aloca, se encuentra más cómodo.
Bellingham: notable alto. Entrega, fuerza y clase. Mandó con el balón y mordió sin él.
Vinícius: bien. Con ganas y a veces acertado. Si bien no aprovechó los minutos que Ortiz se mantuvo amonestado en el campo.
Gonzalo: sobresaliente. Hat trick. Marcó gol de cabeza y a balón parado. Casi un milagro en este Madrid. Dato: es delantero centro. Además, anotó un segundo gol espectacular. Y, por si fuera poco, firmó el tercero de tacón. No solo goleó, ejerció bien muchas funciones del juego.
Rodrygo: sobresaliente. Incisivo, fino, con toque y actitud. Dos asistencias. Pudo anotar el cuarto en un mano a mano con Valles.
Mastantuono: aprobado. Ni chicha ni limoná.
Güler: bien. Tuvo presencia los pocos minutos que jugó. Dio una asistencia.
Ceballos: sin tiempo.
Fran García: sin tiempo.
Mendy: sin tiempo.
Xabi Alonso: bien. Acertó alineando a Gonzalo. ¿Y si el tolosarra ha tomado la decisión correcta colocando a Gonzalo por delante de Endrick?
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Arbitró Alejandro Hernández Hernández del colegio canario. En el VAR estuvo Pulido Santana.
En un partido bastante limpio y sencillo, falló de forma importante en la jugada más polémica del partido: la del penalti sobre Vinícius.
Fue en el minuto 6, cuando el brasileño se marchó de Ortiz y el jugador verdiblanco le trabó por detrás con la rodilla. Ni el canario, muy cerca, lo señaló, ni el del VAR le avisó.
En el resto del choque hubo dos caídas más en el área sin que ninguna fuese punible. La primera, en el 37', cuando Bartra se fue al suelo entre Bellingham y Valverde. La segunda, con Vinícius y Bartra como protagonistas en un lance nada más allá de fútbol.
En el apartado disciplinario hubo dos tarjetas. Ortiz derribó a Vinicius en el 19' y el brasileño en el 65' entró fuerte por detrás a Fornals. Las dos fueron justas.
El error del penalti penaliza la nota final del canario, porque fue una acción que le cogió a pocos metros y no acertó.
Hernández Hernández, DEFICIENTE.
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Ya los etruscos comentaban que el año realmente no empezaba hasta que jugaba el Madrid. Este ejercicio no ha sido diferente. Vaya manera de comenzar, con un resultado —más que juego— abrumador: 5-1. Los cinco goles manufacturados en la Fábrica. Uno de Asencio, uno de Fran García y tres de Gonzalo. Triple ge. Gracias a Ángel Faerna por su brillante titular: «Gonzalo, golazo, gózalo».
Xabi apostó por dejar a Güler en el banquillo y colocar a Gonzalo de delantero centro ante la ausencia de Mbappé. La sobrecarga del recto de Huijsen propició que los centrales fueran Asencio y Rüdiger. En los laterales, Fede y Carreras. La sala de mandos correría a cargo de Tchouaméni, Camavinga y Bellingham. Acompañando a Gonzalo, Vini y Rodrygo.
Para enriquecer la crónica, decidí segregarme. Un 25% de mí presenciaría el encuentro en el Bernabéu; y un 75%, en la televisión. Desde el templo blanco aprecié cómo el respetable se vino arriba con Enter Sandman.
El partido comenzó, como casi siempre, por el principio. Ambos equipos se robaban el balón uno a otro, como si coincidieran Laporta y el Solitario en un banco. El primer acercamiento reseñable fue un cañonazo de Valverde que se marchó desviado.
Vini comenzó con ganas, presionando y corriendo, pese a algunos pitos. Habría que ver si a las ganas les acompañaba el acierto. En el minuto 5, Ortiz derribó a Vini en el área. Ambos yos, el del campo y el de la tele, apreciaron penalti. Hernández Hernández y Pulido Santana, no. Lo normal. Al defensor bético solo le faltó cubrir a Vinícius, como cantaba el Fary en el torito guapo. Además, otro zaguero andaba metiendo la gamba por ahí.
Curiosamente, a Guti le pareció penalti. Al otro mamífero que comentaba, no. Es DAZN.
Jude se mostraba activo. Una recuperación suya concluyó en un disparo tocadito de Goes desviado a córner por Valles.
Minutos después, Ángel Ortiz se volvió a llevar puesto a Vini, pero como se produjo fuera del área, el CTA señaló la falta. Incluso mostró amarilla. Y lo era. Intolerable.
La falta la botó, de manera deliciosa, Rodrygo al segundo palo, donde Gonzalo la enchufó de cabeza, casi sin ángulo, a la red. Lo del canterano fue arrive and kiss the saint. 20 minutos. 1-0. El Madrid lo estaba mereciendo, si es que el verbo merecer tiene sentido en fútbol.
Mi yo del campo lo celebró con ganas y pensó: cuando hay un delantero centro en el terreno de juego es más fácil marcar un gol de cabeza tras un centro al palo largo. Requisito —obvio— alinear un delantero centro.
El gol le sentó bien al Madrid —pero solo durante breves instantes— y se animó todavía un poco más. Vini estaba más acertado y Bellingham haciendo de todo en todas partes y a la vez. Antes de la media hora, los blancos trenzaron una jugada estupenda, mas Camavinga no acertó a darle la puntilla.
Goes estaba fino, incluso llegó a un balón tribuneramente y mi 25% apreció cómo el público rompió en aplausos. Hace no mucho, habrían sido complicadas ambas cosas.
Mientras tanto, el Betis se iba creciendo según los blancos menguaban. Probó desde lejos. Semirraso. Fue córner, pero Hernández pitó mal de nuevo y señaló saque de puerta para el Madrid. El pasado de Bartra salió a relucir cuando se tiró cual Busquets o Jordi Alba. Fue tan grotesco que no pudo pitar nada el CTA.
Después, dos golpes dolorosos: uno lo sufrió Tchouaméni en la rodilla; el otro, Carreras en las zonas externas de su aparato reproductor.
Antes del descanso, Fede desbarató una ocasión nítida de gol de los verdiblancos. La primera mitad concluyó con un descenso notable de intensidad del Madrid y lo contrario por parte del Betis.
EL MADRID COMIENZA EL AÑO ANOTANDO CINCO AL bETIS CON HAT TRICK DE GONZALO
La segunda parte comenzó con un gonzalazo. Recibió con el pecho al borde del área, dejó caer el balón mientras armaba la derecha y voleó la pelota al hueco que hay entre el palo derecho, el césped y el guante de Valles. 2-0 y Gonzalo de delantero.
No tardó mucho tiempo el Madrid en ampliar distancias. Otro gran gol de un canterano a pase de Rodrygo a balón parado. Testarazo a la red de Asencio. Su primer gol de blanco —y de cualquier otro color— con el primer equipo del Real Madrid.
En el 61', un saque de falta de Lo Celso nacido como pase murió contra el palo derecho de Courtois sin mediar remate. Susto. En el campo pensé que el belga desvió el balón gracias a lo aprendido de Anthony Blake. Poco después, Thibaut sacó una mano de hierro que detuvo el disparo lejano rival. Al Betis no le quedaba otra que, al menos, intentarlo.
Y tanto fue el cántaro a la fuente que el Cucho Hernández acortó distancias. Asencio se tragó el pase en profundidad, el bético recortó a Courtois y batió a Rüdiger, que se encontraba bajo palos. Uno no puede relajarse nunca. El Madrid, menos.
Acto seguido, el portero del Madrid evitó el segundo. Pitos en el Bernabéu. Minuto 70 y sin cambios. Xabi carletteaba mientras el Betis llegaba cada vez más. Preocupante. Este Madrid se viene abajo —en cuerpo y alma— con mucha facilidad.
Rodrygo volvió a servir un balón de gol en el minuto 72. Tchouaméni no pudo aprovecharlo de cabeza y remató mansamente a las manos del meta verdiblanco. Justo después, Riquelme a la madera. Más pitos.
Ancelotti mandó un WhatsApp a Xabi para avisarle de que ya podía hacer algún cambio. El tolosarra introdujo a Güler y Mastantuono y retiró a Vinícius y a Rodrygo, uno de los más destacados del partido. ¿Descanso para la Supercopa o Xabiada? Es difícil descifrar a Alonso. Quizá porque aún no se ha descifrado él mismo.
Desde la grada, observé cómo la afición no despidió a Vini con mucho cariño. Desde la tele, también.
Cuando el Madrid estaba en su punto más bajo del partido, Arda asistió a Gonzalo y el delantero marcó el cuarto —su tercero— de tacón. Sobresaliente y decisivo el canterano, que fue ovacionado al ser sustituido en el 88. Mi 25% le aplaudió a rabiar en la grada. El 75% restante no pudo por estar escribiendo esta crónica.
Fran García anotó el quinto a pase de Fede. Victoria con goles 100% Fábrica. El Madrid tiene una cantera que es una mina de oro.
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Buenos días. Año nuevo, vida vieja. Como era de esperar, un simple cambio de guarismo en el calendario no soluciona ningún problema. Por mucho que uno se afane en diseñar propósitos magníficos, si no se actúa para resolver y modificar lo mejorable nada va a cambiar. Es lo que ocurre con esta pútrida liga, cuyo título tiene el Barça maduro. La prensa «madridista» no ahorra elogios.
La genuflexión del diario de PRISA es propia de otros tiempos, concretamente de los del NO-DO. La portada de As y la de Sport relatan el suceso de anoche con idéntica devoción, pero desde tradiciones iconográficas distintas.
As canoniza a Joan García y Sport lo eleva a los altares del pop, revistiéndolo de licra cual héroe de cómic. Teología frente a mitología de garrafón actual.
El diario de afinidad equina loa todo lo loable y omite todo aquello de lo que no debe hablarse. La prensa deportiva española es como las familias sin comunicación: todos saben que el padre es alcohólico, la madre ludópata, el hijo farlopero y los tres actúan como si no ocurriera nada mientras comentan lo de Trump y Venezuela con los ojos puestos en la Ruleta de la Fortuna.
Sí, Joan García completó un auténtico partidazo, de esos que suelen marcarse los guardametas rivales cuando visitan el Bernabéu. Sí, el Barça aprovechó sus ocasiones y el Espanyol perdonó lo imperdonable. Como reconoció el propio Manolo González, el fútbol va de aciertos, y si haces todo bien pero no marcas no sirve de nada.
Sin embargo, As respeta la omertà del fútbol español, porque quien se mueve no sale en la foto, y obvia la discutible actuación de Verdura, que perdió las tarjetas amarillas. Pero solo perdió las que reservaba para futbolistas del club cliente de Negreira.
También se olvida de recordar que el héroe del partido fue inscrito como fue inscrito. Al igual que los dos goleadores del encuentro: uno gracias a palancas fraudulentas y el otro por imperativo del Gobierno.
Por competitivo que se sea y por bien que se juegue, si el éxito proviene de múltiples infracciones de las normas, reglas y leyes, el resultado carece de mérito alguno. A la ilegalidad se suma el trato preferente frente al resto de clubes de la competición.
No obstante, parece una guerra perdida que solo defendemos cuatro «chalados». Si bien es cierto que ahora con el apoyo del Real Madrid que, al igual que el amanecer, no es poco.
La corrupción del fútbol patrio es comparable a la de países regidos por dictaduras mejor o peor disfrazadas de pseudodemocracias. El sátrapa, el FC Barcelona, lleva décadas ejerciendo la tiranía sobre las competiciones nacionales —y en ocasiones sobre las europeas— a través de diversos presidentes y ministros: Villar, Sánchez Arminio, Negreira, Cantalejo, Soto, Rubiales, el gañán que lo sucedió brevemente, Louzán o el todopoderoso Tebas.
En ocasiones, la única solución para derrocar un sistema corrupto es intervenir y desalojar a los tiranos que lo manejan. El fútbol español está maduro para esa intervención, que debe realizarse de manera limpia y transparente, sin trumpa sin cartón. Aun llevándose a cabo la desinfección de una manera ordenada, siempre habría quienes pondrían objeciones. Esos serían los que habrían estado en el ajo.
A todo esto, los de Xabi juegan en un rato. A la hora de la siesta, concretamente. El Madrid siempre vuelve, lo que hace falta saber es cuándo. La verdad es que este año no se ha ido del todo, pero las sensaciones son mejorables y las decepciones, no pocas.
El rival, el Betis, desgranado con la maestría habitual por Alberto Cosín en esta previa. Los de Pellegrini, pese a las bajas, son una escuadra peligrosa. Y el Madrid que nos encontraremos no lo sabemos, ya que los gustos del tolosarra parecen haber virado del rock and roll a ritmos que tienden al reguetón, y el desempeño de los futbolistas y la imagen que transmiten fuera del campo tampoco ilusionan en exceso.
Además, los blancos siguen padeciendo lesiones como si no hubiera mañana. En este aspecto, van como el orto. La última, una sobrecarga de Huijsen en el recto.
Cabe destacar que, además de contra el Betis y contra sí mismo, el Madrid librará su habitual batalla contra el CTA, habida cuenta de que es el único club que quiere limpiar de corrupción el organismo y, como es lógico, quienes lo integran se resisten a ver mermada su poder adquisitivo.
Hoy arbitra Hernández², cuyas gestas en favor de sus amos son de sobra conocidas. En el VAR se sentará Pulido Santana, que no es ningún tenista brillante, sino el mismo colegiado que ejerció anoche igual papel en el derbi catalán. A Pulido lo recordarán de «éxitos» como el del penalti escamoteado a Rodrygo contra el Girona y el obviado a Mbappé en la jugada que originó el gol gerundense. O de aquella anulación de un gol de Kylian en Mallorca sirviéndose de unas líneas que ni Pocholo. Hay más, solo hay que poner su nombre en cualquier sitio y pulsar enter.
Para despedirnos con un buen sabor de boca, vamos a reírnos de —no con— Isaac Fouto. Hoy se cumplen diez años de este maravilloso tuit. Esperemos que el Madrid al menos le obsequiase con una caja de Miguelitos de La Roda después de la tercera Champions seguida de Zidane.
Benítez destituido. Le sustituye un entrenador que ayer no le ganó a La Roda
— Isaac Fouto (@isaacfouto) January 4, 2016
Ojalá el mamporrero del sistema escriba otro similar. Da suerte.
Pasad buen día. Y no abuséis de la trompeta, que molesta a los vecinos.
Última jornada de la primera vuelta para el Real Madrid, que se medirá en el Santiago Bernabéu al Real Betis. Los béticos visitan la capital como sextos clasificados de la tabla y en buena dinámica, ya que en los últimos trece encuentros solo han sido derrotados por el Barcelona en la competición doméstica. La lista de bajas de Pellegrini es amplia: Isco, Llorente y Junior Firpo por lesión, mientras que Abde, Amrabat y Bakambú están disputando la Copa África.
El chileno sigue pilotando la nave bética que con un sistema de 4-2-3-1 en fase ofensiva (y 4-4-2 en la defensiva) y podría formar con el siguiente once: Valles en portería; Bellerín y Valentín Gómez en los laterales diestro y zurdo respectivamente; Bartra y Natan centrales; Deossa y Roca como doble pivote; Antony, Fornals y Ruibal por delante; Cucho en punta.
Pellegrini es bastante versátil en cuanto a cómo utiliza la presión, también apuntando como clave el rival que tiene enfrente. En el Manchester City era una presión muy alta y asfixiante y en otros clubes como el Málaga o el West Ham era más conservador. A domicilio seguramente veremos un equipo menos atrevido e intenso que si se jugase en su feudo. Cuando presionan se muestran activos tras pérdida para achicar espacios, evitar las contras y para que el adversario no tenga facilidad ni tiempo para armar rápido sus ataques. En este aspecto es el doble pivote el que marca el camino para sostener al resto del equipo, y mientras uno de ellos avanza para juntarse con la línea de tres que tiene por delante, la función del segundo es más posicional.
Los laterales se suelen colocar bastante arriba, casi en mediocampo, y eso ofrece una opción para buscar su espalda o el desborde con espacios. La opción de que el Madrid consiga alguna contra con espacios es altamente probable porque el equipo andaluz acumula muchos efectivos por delante del cuero.
Un aspecto que trabaja mucho Pellegrini y al que le da una importancia vital para el funcionamiento del conjunto. Si el Real Betis logra sacar el cuero de forma clara, rápida y aseada, las posibilidades de crear peligro al rival aumentan. Sus equipos priorizan jugar de dentro hacia fuera en los primeros pasos para, en el último tercio de campo, finalizar por dentro. Los dos centrales titulares, Bartra y Natan, son aseados en esta faceta, aunque utilizan menos el balón largo que en otras campañas al jugar Cucho, que tiene velocidad, pero no talla y altura. Es otro tipo de delantero que busca rupturas y desmarques en velocidad y menos choque, y porfía con los centrales para bajar balones y descargarlos a los compañeros.
Una defensa que se conoce y solo puede haber novedad en el lateral con el joven Gómez. Por tanto, tienen buena compenetración como están demostrando estos meses de temporada y es un equipo que está cumpliendo bien en Liga con 19 tantos encajados en 17 partidos. La idea de Pellegrini desde que está en el conjunto verdiblanco es conjuntar un cuadro defensivo fuerte y contundente.
Los dos laterales van algo mejor al ataque que en defensa y sufren al replegar o en posicionamiento. El doble pivote garantiza trabajo y recorrido en el aspecto defensivo y de ayudas, y también contrastada calidad para organizar y llevar el ritmo del juego. El Real Madrid deberá realizar una circulación buena del cuero, precisa y rápida para mover de lado a lado a la defensa bética. Por último, se debe apuntar que los centrales del equipo bético tienen altura y se desenvuelven bien por arriba, tanto Bartra como Natan.
El Real Betis tiene una nómina de jugadores de un nivel alto, una enorme calidad individual y una magnífica técnica. Por suerte para el Madrid, varios de ellos son baja, como Isco y Abde, además de un Lo Celso que se rumorea se puede ir pronto al Inter Miami. La nómina de jugadores se queda en Fornals, Antony, Riquelme, Roca, Ruibal y Pablo García. Es un plantel que mueve el balón con precisión y puede generar peligro a través de la posesión y las combinaciones rápidas en corto.
Los laterales abren mucho el campo y tratan de encontrar profundidad desde las bandas gracias a sus llegadas en velocidad o a través de centros y desbordes. La solución para sujetarles de manera firme es ahogarlos con una presión alta y firme que les nubla las ideas para generar ocasiones de peligro. Sin el malagueño, el motor verdiblanco está recayendo en las espaldas del internacional español Fornals, que está cumpliendo. No se descarta que Pellegrini pueda incluir en el medio un jugador de más corte defensivo, como Altimira, en lugar del colombiano Deossa, que es más pulcro con la pelota.
En el librillo táctico de Pellegrini se apuesta por un ataque de posesión y combinación alternándolo con un juego profundo. La posesión es importante para el chileno, sobre todo haciendo daño a partir de tres cuartos, metiendo una marcha más en los últimos metros y dando un cambio de ritmo al juego con más verticalidad. Sus equipos acumulan muchos hombres en ataque y todos ellos se incrustan en el campo rival a la hora de la fase ofensiva. Un fútbol sencillo y eficaz es algo que recalca habitualmente el sudamericano, que trabaja tácticamente muy bien todos sus equipos. A nivel físico estarán bien y frescos tras el parón navideño. En general, no es un conjunto demasiado agresivo en el corte ni en cuanto a faltas realizadas.
Con la baja de Isco, su jugador franquicia es el brasileño Antony. Un futbolista de gran calidad técnica, habilidad, dominio del balón, regate y velocidad. Es un puñal por la banda derecha, en la que juega a pie cambiado, ya que es zurdo. Si tiene el día es un futbolista capaz de volver loco a su par. Peca de irregularidad y de mucho nervio no controlado, lo que le ha supuesto alguna que otra expulsión absurda. El Betis volcará mucho de su juego por su banda y será el encargado de conectar con Cucho en ataque y de combinar con Fornals, Deossa y Roca por el medio, y con Bellerín por su banda.
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El año ha empezado y este domingo termina la breve tregua navideña en esta sobredosis de fútbol en la que vivimos atrapados de agosto a junio. Este curso, además, la FIFA decidió añadir un nuevo invento al calendario: un Mundial de Clubes disputado en junio y julio que no ha hecho sino agravar el desgaste. Ese fue, precisamente, el primer obstáculo (ese “sí, pero no”, ese pellizco de monja) en el nacimiento del proyecto de Xabi Alonso.
La temporada anterior fue mediocre. No tanto por los resultados (segundos en Liga, finalistas de Copa y cuartos de final en la Champions) como por la imagen ofrecida: triste, agotada, sin pulso. La necesidad de infundir ilusión, unida a la extraña situación creada por el nuevo torneo de la FIFA y a la presión creciente sobre Ancelotti, con su anunciadísima llegada a la Canarinha, precipitó la llegada del nuevo entrenador.
Lo lógico, lo deseable, habría sido empezar en julio, como mandan los cánones. Hacer una pretemporada medio normal (si es que hoy eso todavía existe entre giras y compromisos comerciales) y disponer al menos de un par de semanas para trabajar sin la urgencia inmediata de competir por un título oficial, por nuevo y carente de prestigio que fuera. Pero no fue así. Y, por más que se intente disfrazar, esta no es la mejor forma de empezar un proyecto.
Han pasado ya seis meses. Y aquella ilusión inicial se ha diluido hasta desaparecer. En su lugar queda un ambiente tóxico: miradas de soslayo, desconfianza, ruido y, lo peor de todo, esa sensación tan conocida en el madridismo de sentencia firmada. Da igual que sea ahora, en febrero, o al final de la temporada. Salvo giro absolutamente inverosímil del fútbol, Xabi Alonso parece un cadáver deportivo en diferido. Y cada día huele un poco más. Y ante eso no puedo hacer otra cosa que rebelarme. Enfadarme. Indignarme. Esta historia ya la he visto. Y no sólo una vez.
Me parece inconcebible que un club con el poder, la historia y la fortaleza reciente del Real Madrid no sea capaz de marcar el paso, de proteger a su entrenador y de asumir una mala coyuntura deportiva sin esperar, una vez más, a la próxima ilusión. A ese nuevo nombre que lo arregle todo cuando ya sí se hagan los deberes que no se han hecho hasta ahora. Porque responsabilidades hay muchas y repartidas. Pero la dirección deportiva ha incurrido en una mala praxis evidente, pese a todas las luces rojas encendidas la temporada pasada. Construir sobre arena y no sobre roca tiene estas consecuencias: cuando llega la tempestad, todo se viene abajo.
Empecemos por Xabi Alonso. Nadie puede negar que el consenso ante su fichaje era mayoritario entre afición y prensa. Leyenda total como jugador, con una personalidad y trayectoria fuera de toda duda. Las cosas podrían salir mal, pero nunca por falta de personalidad y pusilanimidad en un vestuario siempre complicado como el blanco. Su trabajo como primer entrenador en la élite se ceñía a sus extraordinarias dos temporadas y media en el Bayer Leverkusen. Entrenador joven, moderno, del tipo que tanto se estila entre los grandes de Europa como PSG, Arsenal o Bayern, de los que envidiamos sobre todo la intensidad y la claridad de ideas sobre el terreno de juego.
A mí, personalmente, lo que me generaba duda no es Xabi Alonso, sino la confección de la plantilla. Desde la marcha de Kroos es evidente, palmario, de cajón, obvio, que se necesita un centrocampista organizador, que sepa controlar el ritmo del juego. Los nombres, muchos; uno por encima de todos, Zubimendi (rompiéndola en el Arsenal). Este ya lo tenía hecho con el Arsenal y entiendo que, para afrontar su fichaje, el precio se habría disparado escandalosamente por la probable cláusula de penalización a favor del Arsenal si se rompía el acuerdo que ya tendrían. Esto lo entiende hasta un ornitorrinco almizclado.
Lo que no tiene perdón es qué se hizo desde el final de la 2023/24 hasta el trato entre el vasco y el Arsenal. ¿Dónde tenía la cabeza la dirección deportiva? ¿Qué dudas tenían? ¿Pensaban que alguno de los centrocampistas que tenemos en plantilla tiene las cualidades que debe tener el tipo de jugador que se necesita? ¿ Beckham de mediocentro haciendo Makelele?
Algunos sacan a colación el tiro al aire que supuso Illarramendi hace más de una década para justificar el no lanzarse a por Zubimendi después de la Euro 2024, pero ¿y? Si el fichaje sale rana, eso ya es algo que no se puede predecir, pero lo que sí sabíamos todos es que el chaval demostró poso, calidad y claridad en la Real. Y, para rematarlo, el día de la final ante Inglaterra tuvo que salir en sustitución del pilar de la selección, Rodri, un marrón de considerables dimensiones ante el que quien no tiene carácter se diluye como un azucarillo. Y pasó la prueba.
Una vez que se confirmó que el fichaje no podía acometerse, no se entiende la cerrazón del club a fichar otro mediocentro, ni se entiende que Xabi Alonso dijese que no era necesario. Más plausible es que, tras los fichajes de Huijsen y Carreras, el club transmitiese al entrenador que esto es lo que había y que se apañe con lo que ya se tenía en plantilla. Viendo el modo de jugar del Leverkusen de Xabi y los sistemas que aplicó en la Real B, cuesta creer que él tomase la decisión. Probablemente pensaría que ya conseguiría, de algún modo, adaptarse (como debe ser) a lo que tenía, pero para empezar ya se empezaba mal. Y aquí el debe es de la dirección deportiva, del club. Ver a Modric rompiéndola en el Milan (jugador de campo con más partidos) es muy doloroso. Que grandioso habría sido verle esta temporada retirándose del Madrid y jugando con su selección el Mundial, habría sido una retirada legendariamente épica. Algunos pensaban que renovarle para jugar muy poco no tenía sentido pero no estoy de acuerdo. Jugando poco o mucho su presencia en el Mundial está fuera de toda duda. Otros que su presencia podía opacar a Guler. Pues esto es el Madrid y si quieres triunfar tienes que arremangarte de verdad. Si un compañero de cuarenta años te gana la partida en el once hay que aceptarlo. Cómo se le echa de menos ,y más viendo la situación actual...
Durante el Mundial de Clubes y el comienzo de la temporada sí se vio la presión alta que todos esperábamos: intensidad, transiciones rápidas y todos arrimando el hombro. Quizás no era el juego ideal o el que la mayoría querríamos y, desde luego, tampoco el que Xabi querría si de él dependiese, pero con esos ingredientes y tanta calidad y dinamita sí se podía pensar en grandes cotas.
Estas sensaciones se vieron refrendadas las primeras semanas de la temporada oficial. Pero aquí entra en juego algo que conviene ponderar. La presión que ejercía el equipo era muy fuerte, y sostenerla todo el partido es impensable: acabas reventado, necesitas tener el balón durante algunos ratos, aunque sea para descansar y recuperar, y para eso es necesario tener la pelota con criterio. De ahí el intento de hacer de Güler un Pirlo II, cuando este fue reconvertido a centrocampista organizador por Carletto en el Milan allá por el año 2002.
La idea no era mala, pero para eso el compromiso en la defensa, en mantener las posiciones, debía ser máximo. Y es aquí donde, por el motivo que sea, Xabi Alonso no ha conseguido convencer a los jugadores o mantenerlo en el tiempo. Pareciera que cuando llegó la primera prueba con fuego pesado, como fue la visita al Wanda y la inapelable derrota, algo se rompió. Una sensación, un pulso invisible que hasta entonces el equipo sí había mantenido, pero contra equipos menores; esto es así. Aquel día hubo cambios discutibles: la entrada de Bellingham en el once apenas recuperado de su lesión, los cambios y su orden durante el partido... Aún así lo bueno que se había visto hasta entonces no podía borrarse de un plumazo. Sea por lo que sea, pienso que un entrenador con el apoyo absoluto del club lo habría tenido más fácil que Alonso en esos momentos. A las primeras de cambio, volvieron las sensaciones de la pasada temporada. De hecho, un Liverpool en horas muy bajas nos atropelló en Anfield. La sensación de lánguida melancolía del equipo volvía a golpearnos en la cara.
Y es aquí donde insisto: el apoyo del club es clave. Fichas a un técnico que hace unos meses te parecía el idóneo, representante de ese entrenador joven, moderno, a lo Arteta o Kompany, o de un Luis Enrique ya no tan joven, pero máximo exponente del fútbol que se estila en estos días, pero el apoyo que ellos siempre tuvieron no se lo das. Solo hay que revisar cómo fueron sus primeras temporadas en los equipos donde ahora triunfan. Y esto un vestuario lo detecta. Da igual que Xabi Alonso sea campeón del mundo, de Eurocopa dos veces, de Europa, leyenda, megacrack con más calidad en una pierna que todo el medio campo del Madrid actual: los jugadores se acaban subiendo a la chepa. Es lamentable.
El colmo, la guinda, el petardazo final fue la pataleta de diva que protagonizó Vinícius el día del Barcelona. Aquel día el club ese que pagó veinte años al que decidía ascensos y descensos de los árbitros no se encontraba en un buen momento. No hay que olvidarlo. Y sí, entonces el equipo sí apretó desde el pitido inicial y no bajaron la intensidad. Aun así, si hacemos memoria, aquel día un Barcelona que estaba para reventarlo pudo empatar. Apretamos y presionamos como debe ser, pero no hubo un solo momento en que hubiese una pausa en nuestro juego, convirtiendo aquello en un correcalles en el que bien podrían haber empatado un partido que era para meterles cinco.
Y fue en esos momentos en los que, a pesar de que sin duda estaba siendo el mejor en el ataque, Xabi tomó la decisión de sentar a Vinícius. Este no seguía a Balde nunca y dejaba a Camavinga dos contra uno cada vez que llegaban por su zona. Aquí podemos debatir si fue acertado o no; a mí me parece que, tal y como estaba el partido, era más probable el tercer gol blanco que el empate, así que no lo habría quitado, pero si el entrenador decide hacerlo es intolerable que Vinícius haga lo que hizo. De una forma tan escandalosa, pueril, ridícula, con esa actitud de llorica que tan nervioso pone al personal. ¿Y qué hizo el club? ¿No decide el club los fichajes y no ficha a Zubimendi por no sé qué motivo? Entonces, ¿cómo es posible que no interviniese inmediatamente, el mismo domingo tras el partido, en esta situación?
El club dejó vendido al entrenador dentro del vestuario. Dirán que ellos no dijeron nada a Xabi, que él tenía manos libres para actuar, pero esto es de una hipocresía tan tóxica y deleznable que me rebelo contra ello. No. Se llama al entrenador y se le comunica que Vinícius va a ser castigado con una multa y que no será convocado para uno, dos o los partidos que ahí sí considere el entrenador. Y se le comunica al jugador con toda la contundencia y se explica a la afición y prensa con total naturalidad y normalidad. “Vinícius ha sido sancionado por su comportamiento fuera de lugar durante el partido contra el FC Barcelona cuando fue sustituido. Su reacción es una falta de respeto al club, afición, a su entrenador y compañeros. Por supuesto, sigue siendo un jugador importantísimo y queridísimo para nosotros, pero tanto él como el resto de jugadores deben entender que comportamientos así no caben en el Real Madrid”. Algo así, como les diera la gana hacerlo, pero no se hizo. El comunicado de Vinícius dos días después, pidiendo perdón pero sin nombrar al entrenador, es indignante.
Y es aquí que Xabi Alonso me decepcionó. Aun sin el apoyo del club, no le convoques, castígalo, qué más da, muere con tus ideas. ¿Qué no habría hecho Camacho en esta situación? Ponerle de titular el día del Valencia, primer partido después del incidente, fue un mensaje horrible a jugadores como Brahim. Como aficionado me sentí frustrado. El club debe respaldar al entrenador y, si no cree en él, también. Hay muchos antecedentes. En la temporada 99/00 el club no dudó en vender a Clarence Seedorf al Inter durante el mercado de invierno. Del Bosque detectó que su presencia intoxicaba el vestuario. Por entonces era un jugador de apenas 21 años; la madurez que demostró en toda su espectacular carrera estuvo ausente desde que ganamos la Séptima hasta que se marchó a Italia. Aquella victoria hizo perder el norte a varios jugadores, dando lugar a una vergonzosa temporada 98/99, marcando la salida de varios de los héroes de Ámsterdam (Mijatovic, Panucci, Suker). El Madrid no se casa con nadie. Seedorf, por edad y potencial (en conjunto creo que está entre los diez mejores jugadores que yo he visto en mi vida), continuó, pero su comportamiento dejó mucho que desear. No quería jugar de interior derecho y lo manifestaba creando mal ambiente. Lamentablemente, no se pudo reconducir y Del Bosque, con el apoyo del club, decidió cortar por lo sano. Por cierto, por increíble que parezca, Clarence terminó jugando de interior derecho en el Inter.
El caso de Anelka aquella misma temporada también fue clave. Además de estar realizando una temporada nefasta tras pagar cinco mil millones de las antiguas pesetas, al menda no se le ocurrió otra cosa que ir a Del Bosque con un vídeo del Mundial de Clubes, jugado en Brasil en diciembre, en el que al menos jugó decentemente, con la intención de enseñarle a don Vicente cómo debía jugar el equipo. Resultado: apartado del equipo y sanción económica del copón. Aquella temporada se ganó la Octava.
Otro caso fue el de Beckham el año de la Liga de las remontadas 06/07, con Fabio Capello a los mandos. Cuando el inglés anunció su marcha a Los Ángeles Galaxy a final de temporada, el italiano no dudó en apartarlo. En este caso, la conveniencia de la decisión era discutible, dado el siempre total y absoluto compromiso en el campo del 23. En todas estas ocasiones, el club apoyó al míster cien por cien, en público y en privado, con o sin confianza en su labor (Capello se llevaba ya a matar con Calderón cuando el incidente). En aquellas ocasiones, la dirección del club era otra. Conviene recordarlo.
Vinícius era merecedor de algún tipo de acción, por su bien, por el del vestuario y por el del entrenador. Un chaval que vino al Madrid con dieciocho años, que ha demostrado tesón, carácter ganador, capacidad de pasar por encima de las críticas, madridismo, clave en la consecución de las dos últimas Champions… Claro que merece aún tener la oportunidad de redimirse, pero nunca de la forma en que lo está manejando el club. Pasó la línea hace mucho.
Como indicaba al comienzo, la historia de esta temporada me trae a la memoria mucho a otros momentos ya vividos. Toda esta atmósfera alrededor de Xabi Alonso recuerda a la vivida hace ya quince años con Manuel Pellegrini. La vuelta de Florentino Pérez a la presidencia, junto con los fichajes de Cristiano, Kaká, Benzema, Xabi Alonso, Granero y De la Red, fue el marco en el que el chileno arribó con el mayoritario consenso del madridismo, avalado por su extraordinario desempeño en el Villarreal. Claramente, la recomendación de su fichaje fue de Jorge Valdano más que del presidente. El desembolso fue tremendo, casi trescientos millones de euros del año 2009, una locura. Pero algo empezaba torcido. Kaká, un jugador maravilloso, de época, pero con unas características que no eran indispensables. Recordemos que Pellegrini aconsejó que no se vendiese a Sneijder y Robben. Tampoco insistió y se adaptó a lo que el club decidió, pero estaba claro que, si por él hubiera sido, Kaká se habría quedado en Milán y los dos holandeses se habrían quedado en Madrid. Aquello no gustó en el club. El tiempo repartió razones. Tanto Sneijder como Robben se presentaron diez meses después liderando a Bayern e Inter en la final de la Champions 2010 en el Bernabéu (primera que se jugó en sábado). La campaña mediática sufrida por Pellegrini fue infame, incluso antes del desastre de Alcorcón, especialmente desde uno de los medios deportivos más importantes de este país, en el que, rozando el absurdo, usaban el término “ingeniero” como algo despectivo. Lamentable.
El equipo ganaba, pero no daba sensación de seguridad y empaque. Xabi Alonso era (ironías del destino, es el tipo de jugador que necesitamos ahora) formidable, pero el acompañamiento no estaba a la altura para competir contra aquel Barcelona y para dar forma a un nuevo conjunto. Gago, un Guti en el ocaso, Diarra y Granero. Lamentablemente, De la Red sufrió el percance de Mendizorroza y nunca sabremos hasta dónde habría llegado un jugador de la casa con pinta de larga carrera en el centro del campo blanco.
Pellegrini se adaptó y pasó la temporada. El día de Lyon, la mala suerte en el remate y el cambio de posición de Toulalan al medio del campo, junto a un excelso Pjanic, dieron combustible a la Inquisición que perseguía al entrenador sin piedad. Lo de Alcorcón es algo de lo que Pellegrini tuvo mucha responsabilidad, sobre todo en la vuelta, pero estaba sentenciado desde antes.
En todo ese tiempo, al igual que Xabi ahora, ni una mala palabra, ni una salida del tiesto, la entereza, educación y señorío que se espera de un entrenador del Real Madrid. Recordar la lesión de Cristiano durante dos meses y la de Pepe toda la temporada; otros habrían estado llorando desde el minuto cero. Lo que sucedió después ya lo sabemos. Se decidió fichar al artista de moda y a este sí se le dio todo el poder, absoluto, pasando por encima de la imagen del club si era necesario y agregando a la plantilla, ahora sí, a jugadores de un perfil que quizás habrían cambiado algo las tornas: Di María, Özil, Khedira, Pedro León, Canales. ¿Qué habría pasado si a Pellegrini se le hubiese tratado igual? Su trayectoria desde su salida del Madrid habla por sí sola.
Podríamos también hablar de lo que se vivió al comienzo de la 04/05 con Camacho. Otra situación, sí, pero el necesario apoyo sin miramientos por parte del club al entrenador brillaron por su ausencia. La leyenda madridista no se lo pensó dos veces y dimitió.
Y ahora, con Xabi Alonso, hay elementos muy similares, y esto a mí me subleva, me indigna. El club, tras seis Champions en diez años y con una estabilidad social y económica amplísimas, ¿no puede apostar por un proyecto aunque el resultado deportivo diste mucho de lo esperado? Me resulta inconcebible la situación actual.
Todavía se está a tiempo de cambiar la dinámica y, aunque esto es fútbol y no se puede asegurar lo que va a ocurrir, sería deseable que se intentase. Pensar en que el entrenador termine la temporada capeando el temporal, a trancas y barrancas, y que un “Klopp” empiece a sonar por aquí y por allá y venga con todo el poder y con fichajes de relumbrón en el centro del campo me parece terrible.
En fin, esta película ya la hemos visto. Ojalá el final sea diferente y el club decida no huir del conflicto, sino afrontarlo. Ahí es donde siempre fue invencible.
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