Buenos días, y bienvenidos todos a vuestra sección favorita de La Galerna. Hoy la prensa deportiva del día se centra en las posibilidades que tiene la llamada Roja de remontar el vuelo tras un comienzo bastante decepcionante y ciertamente ridículo en el Mundial.
Empatar con Cabo Verde no es cosa de la que presumir, dicho sea con todo el respeto a ese bello archipiélago sito en el Océano Atlántico, a unos 600 kilómetros de las costas de Senegal, selección que a su vez perdió 3-1 frente a Francia pese a ser sustancialmente más fuerte que la de Cabo Verde. Comparada con la propia Francia, o con Inglaterra, por mencionar solo dos que a priori partían también como favoritas, la actuación de la llamada Roja hasta la fecha deja mucho que desear. De todos modos, los seguidores de la llamada Roja no tienen razón alguna para la alarma, dado que así se lo indica ni más ni menos que Gavi desde la portada de As.
Gavi nos tranquiliza desde dicha primera plana. Off the record les dijo a los de As que no descartaba liarse a hostias con quien hiciera falta, a fin de hacerle entrar en razón para que se calmara. La actitud que muestra en la foto armoniza de manera perfecta con esas palabras clandestinas a los redactores del diario madrileño.
—Con este, con este puño voy a fostiar yo a quien desconfíe de la selección.
Lo que sucedió (de nada por la intrahistoria de la entrevista) es que al final los compañeros del rotativo de Prisa optaron por un titular algo menos agresivo, si bien bastante inequívoco también: “Voy a muerte con De la Fuente”. No nos extraña que vaya con De la Fuente, a muerte o a vida. Cuando un tío te lleva al Mundial y te pone a jugar sin merecerlo, tú vas con él, en justa correspondencia. La vida es un quid pro quo constante. Ya lo cantaba Queen Latifah en Chicago: “When you’re good to Mamma, Mamma’s good to you”.
No solo el seleccionador ha llevado a Gavi al Mundial sin merecerlo. No solo le ha otorgado la titularidad, sin merecerlo tampoco. Además, Luis de la Cope le ha defendido en la cadena Fuente.
Perdón, queremos decir que Luis de la Fuente le ha defendido en la cadena Cope.
Ya sabéis, niños. Gavi estuvo “perfecto” contra Cabo Verde. No “más o menos bien” ni “pasable”. No, no, no. PERFECTO. “Hizo lo que tenía que hacer”, remata el seleccionador. Nosotros no vimos que ni siquiera repartiera mandobles como de él se espera pero, si D. Luis nos dice que Gavi hizo todo lo que tenía que hacer, ya solo nos falta saber qué es exactamente lo que tenía que hacer para saber si D. Luis está o no en lo cierto. Ahí, en todo caso, tiene el puño en ristre de Gavi quien se permita dudar de lo acertado de las palabras de su mentor. De igual forma que a lo mejor corresponde hacer entrar en razón a quien dude de la selección, tal vez corresponda seguir política parecida con quien se tome la libertad o el libertinaje de no apreciar en su justa medida la contribución de Gavi.
Lo que más nos ha gustado de la portada de As, en todo caso, es que nos ha permitido saber que la selección está concentrada en Chattanooga, precioso lugar de precioso nombre al que Glenn Miller dedicó su inmortal Chattanooga Choo Choo, única canción en la historia que lleva un tren dentro, con permiso del Breakthru de Queen.
Por si no nos habíamos quedado suavecitos después de ver el puño de Gavi a pocos centímetros de nuestro gepetto, otros ilustres componentes de la llamada Roja vienen a calmarnos. Ya no hacía falta. Si Gavi viene a decir que calma, y que quién nos hemos creído para dudar, todo esfuerzo extra es redundante. Nico Williams nos dice que somos un equipazo, Dani Olmo se señala en la muñeca un inexistente reloj para asegurarnos que es su hora (¿qué hora es?) y un siempre carismático Eric García desliza un sorprendente atisbo de autocrítica indicando que “tenemos que mejorar”.
¿Qué tenemos que mejorar? Eso que se lo diga a Gavi, si tiene lo que hay que tener.
Pasad un buen día.
Hace ya bastante tiempo —para un madridista, dos años son una eternidad— que todo lo que ocurre alrededor del Real Madrid está sometido a una crítica constante. Y, sinceramente, me parece normal. Cuando hablas del mejor club de la historia del fútbol, con una diferencia abismal respecto al segundo, no ganar títulos tiene consecuencias. La exigencia forma parte de su ADN y, de hecho, creo que es saludable que exista esa presión. Porque, cuando en el Real Madrid te acostumbras a justificarlo todo, cuando empiezas a conformarte con medias tintas y a buscar excusas para cada fracaso, corres el riesgo de entrar en una crisis que puede durar mucho más de lo que imaginas.
Durante estos dos años se han señalado muchas cosas. Algunas con razón, otras quizá de forma exagerada. Pero de todo lo criticable, lo que más me molestaba personalmente era la sensación de que el entrenador apenas tenía peso real dentro del vestuario. Hablo especialmente de la última etapa de Ancelotti, luego de Xabi y para acabar de Arbeloa. La impresión era siempre la misma: el entrenador parecía una figura secundaria dentro de una estructura en la que los futbolistas tenían demasiado poder. Y eso se veía en el campo. Siempre los mismos problemas, siempre los mismos errores, siempre la misma sensación de que nada cambiaba. También se percibía en las ruedas de prensa, donde las explicaciones parecían repetirse una y otra vez como si fueran un guion aprendido. Yo siempre digo que hay una cosa que no puedo soportar del Real Madrid: que me transmita aburrimiento. Puedo aceptar perder, porque el fútbol consiste precisamente en competir y no siempre se gana. Lo que no puedo aceptar es la resignación, la rutina o la sensación de que todo da igual porque nadie va a mover una sola pieza. Por eso creo que el primer paso para cambiar esa dinámica ya se ha dado. Son muchas las voces cercanas a la actualidad del club que coinciden en señalar que el Real Madrid ha tomado una decisión muy importante: entregar a Mourinho el control deportivo de este verano.
Evidentemente, después los jugadores podrán aceptar o no determinadas situaciones, pero la elaboración de la lista de entradas y salidas pasará por él. Y eso, para mí, es una gran noticia. Creo que el club ha entendido que ha llegado a un punto en el que los grises ya no sirven. No vale seguir sobreviviendo temporada tras temporada esperando que aparezca un milagro. Ahora mismo el escenario es muy sencillo: o el proyecto sale mal y el fracaso será evidente, o el Real Madrid vuelve a competir (y ganar) por todo en España y en Europa. No hay término medio. Y sinceramente, prefiero eso a continuar instalado en una especie de limbo donde nadie asume responsabilidades reales.
me alegra que Mourinho tenga las llaves del mercado. Me alegra que sea él quien decida qué perfiles necesita y qué jugadores considera prescindibles, incluso aunque algunas de esas decisiones no cuenten con el respaldo unánime de toda la estructura del club, ni de mis gustos personales
Porque esto tiene que ser un proyecto de entrenador, no un proyecto de jugadores. Los futbolistas han disfrutado durante demasiado tiempo de unos privilegios que muy pocos vestuarios han tenido en la élite. Y la realidad es que no han respondido como se esperaba de ellos. Cuando los resultados acompañan, determinadas concesiones pueden tolerarse. Cuando los títulos llegan y el equipo funciona, nadie se preocupa demasiado por ciertas dinámicas internas. El problema aparece cuando desaparecen los resultados y lo único que queda son las concesiones. Por eso creo que ha llegado el momento de poner fin a muchas cosas.
Se acabó preguntar a los jugadores cuándo quieren librar o cuándo prefieren entrenar. Se acabó convertir cada decisión cotidiana en una negociación permanente. Se acabó que la concentración previa a un partido dependa de gustos personales o que cada uno gestione su rutina como considere oportuno. Se acabó que el entrenador sea una figura decorativa cuya autoridad pueda discutirse constantemente. En definitiva, se acabó el Real Madrid de los jugadores para dar paso al Real Madrid del entrenador.
el jugador que quiera Mourinho lo querré yo. es la única forma de intentar cambiar algo de verdad
Y, si alguien piensa que esto es excesivo, basta con mirar lo ocurrido durante los últimos años. Si los futbolistas estuvieran respondiendo sobre el césped, probablemente nadie estaría planteando este debate. Pero, cuando los resultados desaparecen y la imagen del equipo se deteriora, es inevitable preguntarse quién tiene realmente el control de la situación. Y la sensación que muchos aficionados hemos tenido es que ese control estaba cada vez más lejos del banquillo.
Por eso me alegra que Mourinho tenga las llaves del mercado. Me alegra que sea él quien decida qué perfiles necesita y qué jugadores considera prescindibles, incluso aunque algunas de esas decisiones no cuenten con el respaldo unánime de toda la estructura del club, ni de mis gustos personales. Porque eso significa que, por primera vez en mucho tiempo, habrá una figura claramente identificable al frente del proyecto deportivo. Alguien que tomará decisiones y que responderá por ellas. Y precisamente por eso he decidido adoptar una postura muy sencilla durante este mercado. La expresé hace tiempo en una publicación y hoy la mantengo exactamente igual: el jugador que quiera Mourinho lo querré yo. Y el jugador que Mourinho considere que debe salir, también estaré de acuerdo con su salida. No porque crea que sea infalible ni porque piense que no puede equivocarse, evidentemente puede hacerlo. Simplemente considero que es la única forma de intentar cambiar algo de verdad.
Claro que existe el riesgo de fracasar. Claro que algunas operaciones pueden salir mal. Claro que dentro de unos años podríamos estar analizando errores importantes. Pero al menos volveremos a tener algo que habíamos perdido: la posibilidad real de construir un proyecto coherente. Porque lo peor de estos dos últimos años no ha sido equivocarse, sino la sensación de que nadie estaba intentando cambiar nada. Por eso, cuando alguien me pregunte cómo puedo estar de acuerdo con una determinada incorporación o con una salida dolorosa, mi respuesta será muy simple: si le parece bien a Mourinho, me parece bien a mí. Es una postura que nace del agotamiento absoluto hacia un vestuario que, a mi juicio, se ha perdido entre focos, campañas de imagen, redes sociales y una comodidad excesiva. Un vestuario que durante demasiado tiempo nos ha vendido una imagen mucho mejor de la que luego mostraba sobre el césped. Y, si mañana Mourinho decide prescindir de alguno de mis jugadores favoritos, pensaré exactamente lo mismo. Porque ahora mismo lo prioritario no es proteger nombres propios ni defender individualidades, lo prioritario es recuperar la idea de equipo. Volver a ser un grupo competitivo, comprometido y reconocible. Volver a ser un conjunto que hable a través de su fútbol y no mediante mensajes cuidadosamente preparados para redes sociales o ruedas de prensa.
El madridismo necesita volver a identificarse con un equipo y no con una colección de futbolistas. Necesita recuperar la sensación de que existe una autoridad clara, una dirección deportiva definida y una idea común. Después los resultados llegarán o no llegarán, porque eso forma parte del deporte, pero al menos sabremos que existe un camino. Yo, por mi parte, lo tengo claro. Soy madridista y, mientras dure esta etapa, también seré de Mourinho. Hasta el final de su proyecto. Ojalá sea un camino largo, exitoso y capaz de devolver al Real Madrid al lugar donde siempre ha pertenecido.
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Buenos días. El Mundial sigue su cauce, con algunos partidos disfrutables que hoy recogen las portadas de la prensa deportiva como si realmente fuesen lo más destacado de la jornada de ayer. O de anteayer, si nos podemos puristas, dado que el triplete de Messi ante Argelia tuvo lugar en la noche de hace dos días, lo que en lenguaje periodístico equivale al cuaternario. Pero todo sea por observar hasta el final la proverbial untuosidad con el rosarino.
Ya decimos que nada de esto define lo mollar de la actualidad futbolística, o no al menos como la entiende La Galerna. Tampoco lo hace la vibrante victoria de Inglaterra ni el triunfo en el minuto 95 de los Black Stars que tanto admira nuestro editor.
el Barça apela a “la honorabilidad y la imagen de LaLiga”, como si no hubieran sido ellos los que hubieran mancillado para siempre esa honorabilidad
No. Lo esencial de la actualidad de ayer fue el comunicado del Real Madrid, a través del cual anunciaba que por fin ha presentado ante UEFA el dossier sobre el tema Negreira. Es una iniciativa largamente esperada por el madridismo, a resultas de la cual se tienen fundadas esperanzas de que UEFA no pueda permanecer de perfil ni un minuto más y sancione al club cliente de Negreira por el mayor y más continuado fraude de la historia del balompié, y puede que de cualquier deporte.
El comunicado del club blanco dice lo siguiente:

Desde La Galerna solo podemos aplaudir este comunicado y desear que, como se viene prometiendo, el dossier sea lo suficientemente exhaustivo como para que UEFA pueda establecer las oportunas penalizaciones. Lo cierto, bien mirado, es que no debería ni hacer falta. Un club paga ¡por lo que sea! a un alto dirigente en activo, responsable de nombrar a los árbitros y disponer sus ascensos y descensos, durante 17 años. Tenemos las facturas y los comprobantes bancarios. Realmente ¿qué más se necesita para que quien quiera hacer justicia la haga?
Con todo, lo verdaderamente impactante tuvo lugar más tarde a lo largo del día, cuando tuvimos la repuesta del club cliente de Negreira al comunicado blanco.
Es una cosa de locos. Leed si tenéis valor.

Por lo que sea, parece que en ocasiones al ladrón no le agrada que le recuerden que lo es. De este forma, el FC Barcelona, ese club que tal vez algún día fue honrado, se revira y retuerce cuando le mencionan sus propios y gravísimos pecados como la niña de El Exorcista al contacto con el agua bendita. Y su forma de revolverse es girar la cabeza varias veces hasta dejarla enfocada en dirección a sus primos de Zumosol, es decir, a sus cómplices, es decir, en otras palabras, a los mismos que desde el principio les han ayudado a barrer debajo de la alfombra todo el detritus derivado de sus delictuosas y ominosas acciones: la Federación que mantiene en activo a los mismos árbitros que pitaban en medio del negreirismo, el CTA que por boca de su presidente ha manifestado que lo de Negreira debe olvidarse y la Liga, o sea, Javier Tebas, o sea, el factótum de todo esto. No acude de momento en busca del amparo del propio CSD y del gobierno de España, que es quien puso ahí al ex directivo culé Albert Soler para que dejara prescribir en lo deportivo el delito negreiresco. Pero todo se andará.
En una frase digna de figurar en los anales históricos de la infamia universal, el Barça apela a “la honorabilidad y la imagen de LaLiga”, como si no hubieran sido ellos los que hubieran mancillado para siempre esa honorabilidad, y con ella el crédito de la competición, sobornando durante 17 años (aunque cuidado: esto es solo el periodo del que conocemos las facturas) al segundo máximo dirigente arbitral del país.
Pasad un buen día, sobre todo si no os encontráis en ese maravilloso pero desventurado país que es España.
Si alguno de ustedes compra una botella de agua con gas, la mete en la nevera, y de vez en cuando la abre para ir consumiéndola, notará, por muy bien que la cierre en cada ocasión, que va perdiendo burbujas día a día. Al cabo de dos o tres días, ya no tiene gas y no deja de ser un agua bastante insulsa y mucho peor que la que sale del grifo.
Han pasado diez días de las elecciones presidenciales al Real Madrid y el efecto Riquelme ha quedado apenas en eso, una botella de agua con gas mal cerrada, sin presión, sin vida y tan solo apta para ser reciclada en un contenedor.
Riquelme apareció en escena a mediados del mes de mayo pasado. Apenas se le conocía. Todo el mundo se puso a navegar en Google para ver qué era eso del Grupo Cox, quién era este joven de 37 años que vagamente había sonado allá por 2021 como “candidatable” y posible rival de Florentino —finalmente ni en 2021 ni en 2025 nadie se presentó para aquellas elecciones—.
Y los medios, los dichosos medios, que a la vez detestan al Real Madrid, pero viven fervorosamente de todo lo que lo rodea, empezaron a hacer famoso a Enrique Riquelme. Primero, en un torneo benéfico de la Clínica Menorca en la Ciudad de la Raqueta. Poco después, durante un estrambótico desayuno en el Rincón de Toñín el Torero.
Y así sucesivamente. Apariciones por doquier, animadas por la megafonía de eso conocido como “Twitter Madrid”. Y Riquelme se fue haciendo muy conocido, como todo lo que atañe al Real Madrid. Ya ni les cuento desde el día en el que la junta electoral del club merengue dio por válidas la candidatura de Riquelme y su junta directiva, así como el famoso aval concedido por Andbank —nunca un banco fue más publicitado sin haber invertido ni un solo euro en publicidad—.
Y aquello se convirtió en un carrusel de entrevistas, por todas las radios de alcance nacional, por todos sus programas en “prime time”, por todas las cabeceras, algunas tan leídas —ejem— por socios madridistas como Mundo Deportivo, por ejemplo. Aparecieron nombres que sonaban mucho y que, supuestamente, apoyaban al empresario alicantino: Raúl, Hierro. Más tarde Casillas. Y hasta el mismísimo Vicente Del Bosque.
Lo cierto es que ni ninguno de estos cuatro personajes apareció jamás en ningún medio, ni para confirmar su apoyo ni para desmentirlo. Circunstancia curiosa, sobre todo cuando el primero de los nombrados iba a ir como cabeza de cartel en la parcela deportiva de la candidatura, y cuando el segundo iba a ser el amo absoluto de la cantera blanca, de la Fábrica de Valdebebas.
El Real Madrid es para muchas personas una parte primordial de sus vidas y no merece ser mancillado con falsas promesas
Sin querer entrar en la propia lista de la junta directiva de Riquelme, donde aparecían nombres asociados a la tenebrosa época de Ramón Calderón, lo cierto es que Riquelme, cual Quijote sin su Pancho Panza, siempre aparecía solo ante los medios. Su momento cumbre se produjo durante su aparición en El Hormiguero de Pablo Motos, con un medio anuncio —vendrá, sí, pero no al 100%— del fichaje de Rodrigo Hernández, y con la exhibición de la camiseta del Madrid con el 9 de Erling Haaland, a quien al parecer había visto días atrás en Marbella.
Todo parecía humo, más aún cuando apenas unos minutos después de anunciar el bombazo del noruego, empezaron a llegar desmentidos por parte de allegados, representante, padre y del propio club que tiene los derechos de Haaland hasta 2034, el Manchester City.
Aun así, impertérrito, y con la ayuda sobre todo de medios pertenecientes a Unidad Editorial (Marca se llevó la palma haciendo campaña anti-Florentino) y a la cadena COPE (quizás su Santidad León XIV, recientemente nombrado socio de honor del Real Madrid, debería llamarlos a confesión), Riquelme se “lució” los últimos días de campaña con un comunicado en el cual prometía que, al día siguiente de que el empresario de Cox fuera proclamado presidente, Raúl González llamaría nada menos que a Jürgen Klopp, para que tomase las riendas del primer equipo de fútbol del club.
Poco se ha hablado de la redacción de dicho comunicado y, sobre todo, de su flácido y falso contenido. Es más, hubo portadas al día siguiente, una de ellas del propio Marca, en la que se hacía eco poco menos del fichaje seguro de Klopp. En cuatro días, dos portadas de Marca, con noticias desmentidas al instante, habían visto la luz de forma penosa.
Yo sigo convencido de que muchos de los que votaron el domingo 7 de junio por Riquelme en realidad estaban ejerciendo un voto de castigo contra Florentino. Quiero pensar que pocos de esos votos fueron de socios convencidos de que en agosto iba a emprender la nueva temporada el Real Madrid con Klopp dirigiendo a un equipo adornado con los fichajes de Haaland y de Rodri. Pero todo es posible en esta vida, quizás esa camiseta de Haaland mostrada ante las hormigas de Motos pudo deslumbrar a más de uno de mis consocios y decantar su voto hacia la candidatura de Riquelme.
Lo indudable es que el triunfo de Florentino en las urnas fue inapelable. Y que esa misma noche, ya de madrugada, seguían sin aparecer, ni por la sede electoral del candidato retador ni por los medios, ni Raúl ni Hierro ni Del Bosque. No dijeron ni “mu”, como vulgarmente se dice. La excepción fue Casillas, que ya el lunes día 8 felicitó a Riquelme por su 35% de votos y aprovechó, no dejando de ser Casillas y “por si acaso”, también para felicitar a Florentino, no fuera a ser que en un futuro más o menos cercano pudiera caerle un nuevo nombramiento como embajador de la entidad merengue.
Han pasado 10 días y nadie recuerda apenas la campaña. Han pasado tantas cosas desde entonces, nuevos fichajes, nuevas incorporaciones, incluso una oferta por Julián Álvarez que sirvió a la vez para retratar a los dirigentes del club colchonero y también para torpedear las intenciones del rival negreiro-blaugrana.
Jürgen Klopp está estos días en Estados Unidos retransmitiendo partidos mientras disfruta de su confortable retiro pagado por Red Bull. Haaland, metiendo goles a Irak y tranquilo por los ocho años de contrato que tiene todavía en el City. Rodri, de titular en la selección española, todavía a velocidad de diésel, marcada por su maltrecha rodilla. Raúl nadie sabe dónde, aunque sabemos que al menos pudo ahorrarse una llamada internacional al móvil de Klopp. Hierro y Del Bosque, mudos, ni siquiera han atendido, que se sepa, alguna llamada de esas entrañables de Roberto Gómez.
Todo empezó un 12 de mayo con una rueda de prensa de Florentino. Riquelme se convirtió en una deseada y atractiva alternativa para todos los antiflorentinistas que habitan en nuestra península. Su sueño duró exactamente 26 días, hasta la noche del 7 al 8 de junio. No sabemos si su figura volverá a resurgir dentro de 4 años o antes, si el Real Madrid vuelve a tener una mala temporada como las dos anteriores. En cualquier caso, si vuelve a saltar a la palestra, espero que haya voces que recuerden a los madridistas —y sobre todo a los socios— que se puede engañar a mucha gente durante un tiempo, pero que no se puede engañar a todo el mundo durante todo el tiempo. El Real Madrid es para muchas personas una parte primordial de sus vidas y no merece ser mancillado con falsas promesas.
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Me gusta este Madrid de hombres que parece que se está creando. Hitchcock dijo aquello de que nunca trabajes ni con niños ni con animales. Y entiéndase lo de niños. Los niños del Madrid son hombres que todavía no han dado el paso para ser tenidos como tales.
Lo ocurrido la temporada pasada lo certifica: peleas, juerguecillas, ninguneo del entrenador y malas notas: lo propio de unos adolescentes por enderezarse. Algunos un poco granujas, otros petulantes, otros responsables sin estar preparados y en el ínterin inseguridades típicas de la edad.
Mourinho es el Hitchcock que ha venido a sustituir a los niños por hombres o a convertir, en su propia lengua, a los gatos en tigres. Se fueron los mayores (Toni, Luka) y apareció el jardín de infancia. A veces se imagina al entrenador portugués como Arnold Schwarzenegger en Poli de guardería: haciendo marchar a los jugadores por Valdebebas a golpe de pito.
Pero ya no va a ser un colegio de tiernos infantes porque, lo primero, está Arnold, y lo segundo, ya vienen hombres como Bernardo Silva (siempre me recuerda al cantante de Mi ovejita lucera) y Cucurella, quien además de experimentado es bienvenido marido de mujer madridista.
Además, llegan otros fichajes contrastados, no proyectos, como Konaté, que tiene nombre de helado de Frigo (siempre son ilusionantes los nombres que apuntan metáforas) y Dumfries, que bien puede ser una marca de cigarrillos ingleses o, mejor, el nombre de un mayordomo inglés, tipo Jeeves, como dijo Fred Gwynne.
Mourinho es el Hitchcock que ha venido a sustituir a los niños por hombres o a convertir, en su propia lengua, a los gatos en tigres
Mourinho ha venido a trabajar con hombres que ya suenan y que ya están anunciados. El mourinhismo es así y entre los hombres se tienen que abrir paso los niños para convertirse en hombres en medio de la sabana como los cachorros herbívoros amenazados por los carnívoros.
Si no se levantan, si no se ponen de pie, serios en medio de esta sabana, corren peligro de ser devorados por este Madrid que ya no espera porque no puede esperar más. Está a punto de comenzar un apasionante documental de naturaleza narrado con la inconfundible voz de The Special One como si fuera David Attenborough.
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Buenos días. El Mundial sigue su curso, y la mayor parte de las grandes estrellas del mismo ya han presentado sus credenciales a punta de golazos. Mbappé. Haaland. Incluso Messi, que fue capaz de facturar un hat trick a Argelia gracias a que el árbitro no hizo lo que debería haber hecho después del primero de los tres tantos, es decir, expulsar a Messi por una patada intempestiva en el gemelo de un rival, con los tacos por delante. Esa roja habría imposibilitado los otros dos goles, y quién sabe si no habría puesto en riesgo la victoria de la albiceleste.
No ha nacido el árbitro que le saque tarjeta roja a Messi en un Mundial. pic.twitter.com/IUnlxvrofI
— Pascal (@beltrandelrio) June 17, 2026
Tan cierto es que Messi es uno de los mejores jugadores de la historia de los Mundiales (y de la historia del fútbol) como que es también uno de los más sobreprotegidos arbitralmente. La práctica totalidad de sus títulos nacionales con el Barça estarán perpetuamente ensombrecidos por el soborno continuado de su club al vicepresidente de los árbitros españoles, y la Copa del Mundo que se adjudicó con su selección en Catar se fundamentó en decisiones más que discutibles de varios colegiados por el camino.
Estos factores son los que impiden afirmar con rotundidad que se trate, como se pretende desde muchos púlpitos, del mejor jugador de la historia del fútbol. Es imposible ignorar estas realidades, que ponen en entredicho todo lo demás. De hecho, fuera del campeonato español, en la Champions League (torneo que de verdad da la medida de un futbolista), Messi cosechó infinidad de eliminaciones denigrantes, con goleadas en contra y Messi desaparecido en combate.
Como decíamos, otro de los nombres propios de la jornada de ayer fue Mbappé, que descerrajó un doblete de goles soberbios ante Senegal y se convirtió, de esta forma, en el máximo goleador de Francia en la historia de los Mundiales. Los dos goles fueron sensacionales y marca de la casa. El primero, aprovechando un pase de ensueño de Olise con uno de sus característicos desmarques. El segundo, con un misil desde fuera del área, suerte que ha perfeccionado en los últimos tiempos.
Mourinho tiene por delante un desafío a la altura de su relevancia en la historia de los banquillos. Debe conseguir que la indudable brillantez personal de Mbappé se traduzca en títulos para el club que le paga. Es indiscutible que, tanto en el Madrid como en su selección, Kylian aporta goles en abundancia, pero posiblemente haya que pedirle más cosas, como sin duda hay que pedírselas a sus compañeros, muy lejos de él en el aspecto anotador. Hay verdad en eso de que el francés pocas veces deja de brillar a título individual, como también la hay cuando se arguye que su presencia sobre el césped redunda desfavorablemente en algunos aspectos del juego colectivo. Si Mou logra hacer inteligible este galimatías, conseguirá ganar su primera Copa de Europa con el Real Madrid… con permiso del PSG.
El resto de portadas del día tratan de insuflar algunos ánimos tras el ridículo estreno mundialista de la llamada Roja. Habida cuenta de que, como fue dicho en el portanálisis de ayer, toda la culpa de dicho ridículo es del Real Madrid y la contratación de Cucurella, que ha desestabilizado al equipo nacional, suponemos que bastará con que el club blanco deje de enredar, turbando el ambiente de la llamada Roja, para que los chicos de Luis de la Fuente remonten el vuelo y planten esa camiseta la ansiada segunda estrella.
Ahora en serio, no lo vemos fácil. Varios jugadores esenciales para este equipo (en particular Lamine Yamal, a pesar de que haya sido ungido como el Mesías que hará retomar las aguas a su cauce) han llegado a esta cita muy bajos de forma y/o salientes de lesiones.
Nuestra apuesta es que en Mundial lo ganará Francia.
¿Y la vuestra, galernautas?
Pasad un buen día.
PD: En el momento en que terminábamos de redactar estas líneas, se ha anunciado oficialmente el fichaje de Bernardo Silva por el Real Madrid. Lamentable Florentino desestabilizando a la selección lusa, ¿no?
Hay regresos que responden a la nostalgia. Otros, a la necesidad. Y luego están aquellos que nacen de una convicción compartida. La vuelta de José Mourinho al Real Madrid nace de estas últimas dos: de la convicción, pero también de la necesidad.
Durante años se habló de la posibilidad de un segundo encuentro entre Florentino Pérez y el técnico portugués. Parecía una de esas historias que el fútbol guarda en un cajón y que nunca llegan a materializarse. Sin embargo, el destino ha querido que ambos vuelvan a coincidir en un momento especialmente significativo para los dos.
Florentino Pérez acaba de renovar su liderazgo al frente del Real Madrid después de una etapa en la que el club, acostumbrado a vivir instalado en la victoria constante, ha atravesado dos temporadas muy alejadas de sus estándares habituales. La exigencia en el Santiago Bernabéu es tan elevada que no basta con competir; hay que ganar. Y cuando el Real Madrid deja de levantar grandes títulos durante demasiado tiempo, la sensación de urgencia se instala en cada rincón del club.
Mourinho, por su parte, también necesitaba este reencuentro.
Nadie puede borrar su trayectoria. Sus Champions con Oporto e Inter, sus títulos en Inglaterra, Italia y España, ni aquella capacidad única para transformar grupos competitivos en auténticas máquinas de ganar. Pero es igualmente cierto que durante los últimos años el portugués se había alejado de los grandes focos del fútbol europeo. Sus experiencias más recientes, lejos de los gigantes económicos y deportivos del continente, parecían situarlo en una dimensión distinta de aquella que lo convirtió en uno de los entrenadores más influyentes del siglo XXI.
Florentino devuelve a Mourinho a la élite. Y Mourinho devuelve a Florentino una ilusión que parecía parcialmente dormida
Por eso este regreso tiene algo de reivindicación mutua.
Florentino devuelve a Mourinho a la élite.
Y Mourinho devuelve a Florentino una ilusión que parecía parcialmente dormida.
Lo verdaderamente interesante de esta nueva etapa no es únicamente la llegada del entrenador portugués. Lo que llama la atención es la rapidez con la que el presidente ha comenzado a respaldar sus peticiones.
Históricamente, el Real Madrid de Florentino Pérez siempre ha mantenido una estructura muy presidencialista. Los entrenadores han tenido influencia, por supuesto, pero las grandes líneas estratégicas se decidían desde los despachos. En esta ocasión, sin embargo, la sensación es diferente.
Da la impresión de que Florentino ha decidido entregar a Mourinho una cuota de poder poco habitual. Solo una vez hizo algo parecido, y fue precisamente en la primera etapa de Mourinho en el Madrid. Sin duda, José Mourinho siempre ha tenido una ascendencia especial sobre Florentino Pérez.
Los primeros movimientos del mercado parecen confirmar esa percepción. La llegada de Ibrahima Konaté, la incorporación de Denzel Dumfries y el reciente fichaje de Marc Cucurella responden claramente a la voluntad de reforzar una defensa que había mostrado demasiadas grietas durante la última temporada.
Otra de las contrataciones estelares es la de Bernardo Silva, uno de los futbolistas más inteligentes y competitivos del panorama europeo actual.
No son fichajes improvisados.
Tampoco parecen operaciones diseñadas exclusivamente desde el departamento financiero.
Da la impresión de que Florentino ha decidido entregar a Mourinho una cuota de poder poco habitual. Solo una vez hizo algo parecido, y fue precisamente en la primera etapa de Mourinho en el Madrid
Son incorporaciones que encajan perfectamente con el perfil de jugador que históricamente ha buscado Mourinho: futbolistas experimentados, competitivos, tácticamente disciplinados y preparados para rendir desde el primer día.
De hecho, uno de los aspectos más llamativos de esta nueva etapa es precisamente el cambio de orientación que parece estar experimentando el club.
Durante los últimos años, el Real Madrid apostó con enorme éxito por captar talento joven antes que nadie. Vinícius, Rodrygo, Bellingham, Camavinga, Tchouaméni o Arda Güler representan esa filosofía. El club se convirtió en referencia mundial detectando futuras estrellas antes de que alcanzaran precios prohibitivos.
Ahora el mensaje parece distinto.
No se trata de abandonar esa estrategia, sino de complementarla con futbolistas hechos para competir inmediatamente.
Y ahí aparece la influencia de Mourinho.
Porque Mourinho nunca ha sido un entrenador paciente con los procesos largos. Respeta el talento joven, pero exige rendimiento inmediato. Quiere jugadores capaces de interpretar la presión del Bernabéu desde el primer minuto. Quiere experiencia. Quiere personalidad. Quiere carácter.
Y Florentino, al menos de momento, parece dispuesto a concedérselo. Quizá porque el presidente también entiende que el contexto ha cambiado. La afición necesitaba recuperar la ilusión.
Necesitaba volver a sentir que el club se mueve con ambición.
Necesitaba percibir que existe un plan.
Y pocas figuras generan más sensación de proyecto que José Mourinho.
Mourinho nunca ha sido un entrenador paciente con los procesos largos. Respeta el talento joven, pero exige rendimiento inmediato
Su primera etapa en Madrid dejó algunas polémicas, pero también algo que muchas veces se olvida: devolvió al club una mentalidad competitiva feroz. Aquel equipo fue el que puso fin al dominio absoluto de un Barcelona que jugaba muy bien, pero que también jugaba con red. Hoy sabemos que todos aquellos partidos polémicos que siempre caían del lado del Barça se deben a que el club azulgrana le estaba pagando al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros a través de sus empresas. ¡Un escándalo sin precedentes que, en mi opinión, constituye el mayor delito de la historia del deporte!
Sea como fuere, aquel Real Madrid de José Mourinho volvió a creer que podía ganar a cualquiera. Aquel equipo sembró parte de la mentalidad que años después terminaría desembocando en la extraordinaria colección de Copas de Europa conquistadas por el club.
Por eso Florentino vuelve a confiar en él. Porque sabe exactamente lo que contrata. No contrata únicamente a un entrenador.
Contrata liderazgo. Contrata exigencia.
Contrata una personalidad capaz de soportar la presión que acompaña al escudo más pesado del fútbol mundial.
Y Mourinho también sabe perfectamente lo que recibe. Recibe un presidente que siempre creyó en él.
Recibe una institución que conoce.
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Ha vuelto Mourinho. Creí que lo nuestro con él se había acabado. En realidad, Mourinho está inserto para siempre en la Historia del Real Madrid, pues fue con él con quien se concibió la etapa más brillante de la trayectoria del club más exitoso del fútbol mundial. Con Mourinho, el Madrid recuperó la juventud. En aquella tormenta eléctrica, que duró tres años, el madridismo se renovó como en una catarsis. La purificación tuvo un sentido órfico, fue un gran misterio de Eleusis: bajamos a los infiernos y nos comimos a nosotros mismos, pero del subsuelo de la realidad emergió un titán que acabó con todos los viejos miedos.
Y sin embargo ahora, incrédulo, un poco cínico, ahora contemplo su regreso al banquillo del Real como uno de los grognards de la Guardia Vieja de Napoleón esperaría a Bonaparte en una playa de la Costa Azul francesa al enterarse de que volvía del primer destierro en Elba. Es una mezcla de confusión, nostalgia y alegría. Hay grandes posibilidades de que todo salga mal y, no obstante, ¿de qué modo se podría renunciar a intentarlo de nuevo?
Ha pasado mucho tiempo, muchos años. Todo lo que soñamos con Mourinho se hizo realidad, después, sin él. Pero sin él nada habría sido posible. La grandeza de José es precisamente haber torcido el curso del destino como uno de esos ingenieros que desvían el cauce de un enorme río y evitan que una crecida destruya toda una región. Si el Madrid, parafraseando al ficticio Papa Pío XIII de Paolo Sorrentino, es cimiento, Mourinho lo rellenó de hormigón para que se volvieran a construir los grandes palacios de antaño.
Los tiempos son, naturalmente, otros. Si hace dieciséis años Mourinho fue fichado con una misión de redención casi hollywoodiense, hoy regresa, gastado por los años y por los fracasos, para completar el carácter circular de la obra de Florentino Pérez. Queda patente que los mejores entrenadores para el Madrid son los que ya se conocen. Con Mou se dio comienzo a un proceso que trajo dos veces a Ancelotti y a Zidane y que dejó seis nuevas Copas de Europa en el museo del Bernabéu. Aun con sus cosas, el presidente Pérez sólo se fía de quien sabe más que él y lo demuestra. Era inevitable que, ante los prospects fallidos tipo Xabi Alonso, el tardoflorentinismo confiara en quien resucitó al Madrid y lo trajo de vuelta del mundo de las sombras para reconducir una dirección deportiva que lleva dos años apuntando al colapso total.
Hay grandes posibilidades de que todo salga mal y, no obstante, ¿de qué modo se podría renunciar a intentarlo de nuevo?
Y de momento, Mourinho, a lo Spengler, cumple lo que esperábamos de él y vuelve con un pelotón de soldados para marcar la última línea de defensa de la civilización en peligro: Cucurella, Dumfries, Konaté, quizá Bernardo Silva, tipos que parecen sacados de un casting de la Warner de los años 40 para acompañar a Bogart en una película de guerra.
Mourinho vuelve con la tarea de enseñar a ganar a un equipo que sólo hace dos años era el mejor del mundo. Hace tres lustros, en cambio, su faena era bien distinta: devolver el orgullo al enfermo de Europa, una organización secuestrada por un increíble complejo de inferioridad y a la que acechaba un país entero dispuesto, política, cultural y deportivamente, a completar la obra de sustituir al Real Madrid por su caricatura.
Mou lo impidió. Entonces era The Special One. Una mezcla de Don Draper, John Wayne en The Searchers y Bukele en El Salvador. Era Prometeo y nos iba a traer el fuego a nosotros, los hombres, robándoselo a los dioses. En su formidable trabajo, los doce de Hércules en uno, se consumió, se agotó como una vela. Desde el Madrid, su carrera fue un largo y lento declinar hasta la parodia de sí mismo, al mismo tiempo que lo que él sembró en la tierra sagrada de Chamartín daba todos sus frutos. Fueron dos líneas de tiempo paralelas: la de Mourinho y la del Madrid de los Jerarcas, nutriéndose la segunda de la savia que iba terminándosele a la primera. Quizá no haya un momento mejor para su regreso al Madrid que este: acabado, al otro lado de su propia leyenda, viejo y por eso más sabio que el mismo demonio. Omnia fui, nihil expedit.
Quizá no haya un momento mejor para su regreso al Madrid que este: acabado, al otro lado de su propia leyenda, viejo y por eso más sabio que el mismo demonio
El banquillo del Madrid es una dimensión del espacio-tiempo ajena a las reglas del Universo. En ella aplica mejor lo de lo malo conocido que cualquier otra cosa: para entrenar al Madrid es preciso estar por encima del Bien y del Mal, pertenecer a una saga especial de hombres que no se asustan fácilmente, individuos perfectamente conscientes de que hay que esperar y no cansarse de la espera, de que, como cantaba Kipling, se debe caminar entre reyes y no cambiar por ello de identidad… gente en la que habiten multitudes, por eso, como decía antes, los hombres del presidente son, y la Historia ya lo sabe, Mourinho, Zidane y Ancelotti.
Con José fuimos capaces de soñar cuando nos hacíamos hombres y hoy tenemos de nuevo la oportunidad de que nuestros hijos sigan soñando. Quien fue un padre llega hoy casi como un abuelo. Crecimos con él y gracias a él descubrimos la tramoya del mundo. Y, sin embargo, larga vida al material del que están hechos los sueños.
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Buenos días. España empata en su estreno mundialista, y la culpa es del Madrid. Era previsible. No que empatara (ante la modestísima Cabo Verde), sino que, caso de suceder algo tan comprometido, la culpa sería del Real Madrid por presuntamente haber desestabilizado a la selección con el anuncio del fichaje de su lateral izquierdo Marc Cucurella.
En las portadas de hoy, se da buena cuenta del ridículo del equipo de De la Fuente, aunque en ellas no se entra en el argumento (?) antes perfilado. Hay que buscar un poco más por ahí para encontrarlo. Pero el argumento se ha usado, como (insistimos) era previsible.
Para encontrar la verdadera causa del denigrante empate fontal, hay que rascar en las redes sociales. Allí encontramos opiniones de periodistas tan sagaces que han dado con la verdadera razón de la decepción: Florentino Pérez volvió a dinamitar los cimientos de ese equipo que se supone que es de todos pero casi nadie se atreve a llamar España sino La Roja. Lo hizo fichando a Cucurella y anunciándolo a bombo y platillo. Resulta que Marc fue de lo poco salvable de una actuación paupérrima del equipo federativo, pero que la realidad no te estropee un buen titular, y mucho menos si es un buen titular antimadridista y antiflorentinista.
Algunos, como el inefable Roberto Gómez, protestaron por anticipado, o sea, preventivamente, responsabilizando de antemano al Madrid en caso de chasco. Diga usted que sí, Roberto, aka Gañote Man por su propensión a no pagar en los bares a trueque de dudosas publicidades (copyright Richard Dees). Hombre previsor vale por dos.
Otros, en cambio, esperaron a conocer el resultado final del partido para volcar su ira contra el recién reelegido máximo mandatario blanco. Entre ellos se contó el no menos inefable Víctor Lozano, periodista culé de inmaculada trayectoria en la especialidad de sandeces con infructuosa vocación de hacer daño. No olvidemos que Lozano es el autor de la incalificable expresión “ánforas manchadas de sangre” (¡de sangre!) para referirse a las Copas de Europa logradas por el club blanco en los años 50 y 60 del pasado siglo.
Lozano tiene clarísimo que el culpable de que la pelotita no quisiera entrar en el marco caboverdiano es de Florentino Pérez, y dejó constancia de su exabrupto el término del choque. Alguien vuela con alguna frecuencia sobre el nido del cuco, y no es Jack Nicholson.
Lo cierto es que no es la primera vez que un club anuncia un fichaje mundialista en medio del Mundial, pero la prensa nostra solo reacciona, colérica, cuando quien lo hace es el Madrid. No hace falta recordar cómo la canallesca presionó a Rubiales hasta la extenuación para que pusiera en la calle a Lopetegui, en vísperas de una Copa del Mundo, simplemente por haberse comprometido con el club de Concha Espina para después de ese Mundial. En cambio, cuando es, por ejemplo, el club cliente de Negreira el que lleva a cabo anuncios de fichajes de jugadores inmersos en la competición, a la prensa le parece chupi lerendi, como dice la suegra de este modesto portanalista.
Recordemos, por ejemplo, los casos de Villa y Jordi Alba.
En fin, queridos amigos. No podemos concluir este portanálisis sin emitir un sonoro lamento por los pecados blancos. Por nuestra culpa, por nuestra culpa, por nuestra grandísima culpa. Nos fustigaremos pormenorizada e inmisericordemente.
Pasad un buen día.
Se ha sabido que la mujer de Cucurella, flamante de momento solo verbal fichaje del Real Madrid, es madridista. La noticia me ha producido alegría, además de por hallar otra mujer madridista, hay muchas, muchísimas mocitas por todo el mundo, porque la señora de Cucurella, Claudia Rodríguez, es la inventora del acelerador de partículas de, vamos a decir Cucu.

El “acelerador de partículas de Cucu” suena del estilo del condensador de fluzo, un aparato casi mitológico que forma parte de la mayoría de nosotros desde nuestra infancia. Si bien el condensador sirve para poner en marcha el Delorean, el acelerador sirve para poner en marcha a Cucurella, quizá indirectamente amenazado por su madridista esposa con repercusiones familiares si no cumple. En el campo.
Siempre es bueno que la mujer de un jugador sea madridista. Incluso cabe decir que no importa que el mismo futbolista no lo sea. Porque, en cualquier caso, el madridismo conyugal es homologable al personal, siempre impregna, chamartiniza en pequeñas gotas que van empapando al más reacio.
A estas alturas, bajas todavía en el tema cucurellense, Claudia Rodríguez ya debe de haber puesto en marcha el acelerador de partículas de Cucu, de hecho, es comprobable al haber publicado una foto de niña con una camiseta del Madrid y la publicidad de Teka, palabras e imágenes mayores de las intenciones de tan bienvenida señora que ya deja constancia pública de su filiación en mensaje absolutamente directo para su cucurello.
Siempre es bueno que la mujer de un jugador sea madridista. Incluso cabe decir que no importa que el mismo futbolista no lo sea
Si el condensador de fluzo se alimentaba, al principio, con plutonio, el acelerador de partículas de Cucu se va a alimentar a buen seguro con indirectas muy directas. A veces públicas y a veces privadas, pero gracias a la fotografía de Claudia sabemos que la alimentación existirá. No le va a faltar madera, como no le falta pelo, a la locomotora de Cucurella. Plutonio del bueno para el lateral izquierdo y para que el Madrid regrese al futuro.
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