Las mejores firmas madridistas del planeta

Desde hace aproximadamente dos años el club parece estar dejando caer, sin decirlo demasiado alto, que necesita cambios en prácticamente todos los sectores. No es un mensaje oficial ni una declaración rotunda, pero se percibe en el ambiente, en las decisiones, en las explicaciones que se dan, y en las que se evitan. Algo dentro del Real Madrid da la sensación de estar pidiendo una revisión profunda. Y, si este curso termina como todo apunta a que terminará, con un fútbol pobre y con el contador de grandes títulos en cero, será difícil seguir mirando hacia otro lado.
Porque sí, es cierto que ha habido momentos buenos. Los recuerdo perfectamente, entre otras cosas porque después de cada uno de ellos yo mismo los escribía con ilusión. El fútbol tiene eso: pequeños estallidos de esperanza que hacen pensar que todo va a encajar. Pero también tiene memoria, y cuando uno se detiene a observar el conjunto, lo que queda no es precisamente un equipo que domine los partidos, que imponga su estilo, o que transmita la sensación de estar en control de lo que ocurre en el campo. Con excepciones, sí, pero no las suficientes como para que puedan esconder la tendencia general.

No comparto la idea, tan repetida últimamente, de que el problema sea que el club no fiche. Este mismo verano el Real Madrid ha invertido cerca de 200 millones de euros en incorporaciones. Decir que no se ficha sería simplemente falso. El problema, al menos desde mi punto de vista, es otro: se está fichando mal o, al menos, se está priorizando de una manera discutible. Cuando el club considera que tiene más sentido gastar 50 millones en Franco Mastantuono que invertir 25 en Rayan Cherki y otros 25 en Marc Guéhi, uno empieza a preguntarse si la balanza entre calidad, necesidad y precio está realmente bien calibrada. Para el que no los conozca, que no se preocupe, que los ve jugando en el Bernabéu en menos de una semana con la camiseta del City.

todos queremos lo mismo: lo mejor para el Real Madrid. Por eso esta carta se dirige al verano. Porque el verano es el momento de las decisiones, de las reflexiones profundas y de los cambios que durante la temporada parecen imposibles. Lo que pedimos es una revisión honesta, de arriba abajo, de todo aquello que pueda mejorarse

Que nadie se equivoque: no discuto el talento de Mastantuono ni su potencial. Puede convertirse en un jugador extraordinario, ojalá lo haga. Lo que discuto es el contexto de esa decisión, el momento en el que se toma, y las necesidades reales que tiene la plantilla. Porque mientras se apuesta por determinadas promesas, el equipo ha perdido a dos de los futbolistas que durante más de una década han sostenido su juego: Toni Kroos y Luka Modrić. Dos centrocampistas que no solo aportaban calidad técnica, sino también pausa, inteligencia táctica, y liderazgo competitivo. Decidir no sustituirlos, por el motivo que sea, es una decisión que inevitablemente tenía que pasar factura. No hacía falta ser un gurú del fútbol para verlo venir. Cualquier niño con un mínimo de uso de razón futbolística podía intuir que un centro del campo sin un perfil parecido iba a sufrir.

Algo parecido ocurre con la planificación defensiva. Confiar una temporada entera en tres centrales cuyas rodillas ya han demostrado que difícilmente pueden soportar cuatro partidos seguidos sin generar molestias es, como mínimo, una apuesta arriesgada. Seamos serios, roza la negligencia. Y no se trata de una crítica desde la arrogancia ni de una supuesta superioridad intelectual. Ese es, de hecho, uno de los grandes problemas del debate dentro del madridismo: que muchas veces se interpreta cualquier crítica como un ataque o como un intento de demostrar que uno sabe más que los demás. No es eso. Simplemente hay decisiones que resultan evidentes para cualquiera que tenga la libertad de decir lo que piensa.

En esta carta al verano también quiero incluir al apartado médico del club. Porque hay cifras que, por sí solas, deberían obligar a reflexionar. Diecisiete ligamentos cruzados rotos desde 2023 en la sección de fútbol del Real Madrid. Diecisiete. Es una cifra demasiado grande como para esconderla detrás de la palabra mala suerte. El relato de la casualidad puede servir una vez, dos, incluso tres. Pero cuando durante tres años eres el equipo élite en Europa con más lesiones, tanto graves como leves, insistir únicamente en la mala fortuna, empieza a sonar más a excusa que a explicación. Y sí, con médicos incluyo a nutricionistas. No se trata de señalar culpables sin conocer todos los detalles internos del club. Se trata, simplemente, de asumir que cuando un problema se repite tantas veces, quizá no sea solo un problema de azar. El Real Madrid, precisamente por lo que representa, no debería conformarse nunca con explicaciones cómodas.

También incluyo en esta carta al cuerpo técnico, aunque en este caso conviene matizar algo importante. No pido necesariamente un cambio de entrenador, que quizás también, pero no es en lo que me quiero centrar. Cambiar un cromo por otro en un álbum que ya no encaja no soluciona nada. De poco sirve sustituir un nombre por otro si las condiciones en las que trabaja ese entrenador siguen siendo las mismas. Lo que realmente necesita el club es algo mucho más simple y, al mismo tiempo, mucho más profundo: que el técnico que dirija al equipo tenga libertad real para tomar decisiones. Libertad para establecer horarios, imponer multas, decidir concentraciones, otorgar o retirar días libres, aplicar castigos, y hacer cambios sin condicionantes externos. Libertad para dirigir el vestuario como considere oportuno. Porque, si esa libertad existiera plenamente, entonces tendríamos que concluir que entrenadores como Carlo Ancelotti, Xabi Alonso o Álvaro Arbeloa, son unos incompetentes, y sinceramente no creo que lo sean. Prefiero pensar que muchas veces simplemente no han podido ser ellos mismos.

Los jugadores también forman parte de esta reflexión. Porque, más allá de cualquier planificación o estructura, el fútbol sigue dependiendo de lo que once futbolistas decidan hacer sobre el césped. Y hay partidos recientes que resultan difíciles de explicar desde la actitud competitiva. No tiene demasiado sentido que en el Santiago Bernabéu el equipo no sea capaz de marcar un solo gol al Celta o al Getafe, o que tampoco lo consiga en Pamplona. He visto plantillas del Real Madrid con mucho menos talento que la actual que, a base de orgullo, carácter y compromiso, eran capaces de levantar partidos imposibles. Equipos que quizá jugaban peor, pero que nunca daban la sensación de resignación. Que competían cada balón como si fuese el último. Que entendían perfectamente lo que significa ese escudo redondo con tantas Copas de Europa.

0-1: Impotencia lacerante del Madrid

La afición tampoco debería quedarse fuera de esta carta al verano. Tengo la suerte de acudir con frecuencia al Bernabéu y hay algo que se percibe cada vez con más claridad: una especie de pereza colectiva alrededor de los partidos. Salvo cuando llega un gran rival de Champions League, algo que comprobaré el próximo miércoles si noto o no cambiado respecto al año pasado, cada vez es más raro ver los aledaños llenos de gente horas antes del encuentro, los bares rebosando conversación futbolera, ese ambiente de tensión previa que durante décadas ha caracterizado al estadio. Incluso la grada de animación parece haber perdido parte de su energía. Hay tramos enteros de los partidos en los que el estadio se queda en silencio, como si todos estuvieran esperando a que algo ocurra por sí solo. Y el fútbol rara vez funciona así. El Bernabéu siempre ha sido un lugar donde el equipo y la grada se retroalimentaban, donde un rugido podía cambiar el rumbo de un encuentro. Cuando esa conexión se debilita, algo importante se pierde por el camino.

Pero tampoco sería justo cargar toda la responsabilidad sobre el club o sobre el equipo. Los aficionados también tienen que estar dispuestos a participar en cualquier cambio. Hay quienes han decidido que su relación con el Real Madrid depende exclusivamente de la presencia o ausencia de determinadas figuras: Florentino Pérez, Vinícius Jr, u otros nombres que se convierten en objeto de amor o de odio absoluto. Y así tampoco debería funcionar el madridismo. El club es mucho más grande que cualquiera de sus protagonistas, para bien y para mal. Subirse y bajarse del barco dependiendo de quién esté en cubierta no es precisamente la actitud que ha construido la historia del Real Madrid.

Por último, esta carta también quiere dirigirse al madridismo de las redes sociales. Ese universo paralelo en el que a veces parece olvidarse algo fundamental: todos animamos al mismo equipo. Resulta sorprendente, y a menudo bastante vergonzoso, ver cómo algunos referentes del madridismo dedican más tiempo a insultarse entre ellos que a hablar del propio Real Madrid. A su alrededor se forman pequeñas legiones de seguidores que se autodenominan soldados, como si el supuesto comandante tuviera algún tipo de afecto real por ellos. La recomendación es sencilla: lean a todos, escuchen a todos, y formen siempre su propia opinión. No existe una única forma correcta de ser madridista. Discrepar no convierte a nadie en enemigo. Quien cree que otro opina movido por intereses ocultos, debería recordar que probablemente desde el otro lado se piensa exactamente lo mismo.

Puedes amar o detestar a Florentino, admirar o criticar a Camavinga, tener una opinión u otra sobre cualquier jugador o directivo. Todo eso forma parte del debate natural del fútbol. Lo importante es no olvidar nunca que, en el fondo, todos queremos lo mismo: lo mejor para el Real Madrid. Por eso esta carta se dirige al verano. Porque el verano es el momento de las decisiones, de las reflexiones profundas y de los cambios que durante la temporada parecen imposibles. Después de dos años de fútbol irregular y de grandes títulos ausentes, lo que muchos pedimos no es un parche ni una explicación más. Lo que pedimos es una revisión honesta, de arriba abajo, de todo aquello que pueda mejorarse.

Las cosas en el fútbol no se arreglan solas. A veces basta con mirar alrededor para entenderlo. Pregunten en Milán o en Manchester cuánto tiempo puede durar una decadencia cuando un gran club empieza a convencerse de que todo es pasajero. También ellos pensaron en su momento que solo era un mal año, una mala racha, una pequeña desviación del camino. Y cuando quisieron darse cuenta, el tiempo ya había pasado demasiado deprisa.

 

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Buenos días. Hoy hay prensa, como todos los días. Prensa deportiva, incluso. ¿A quién le importa? Tenemos al Madrid en la enfermería, y la frase es válida lo mismo en sentido metafórico que en el literal.

El sentido metafórico, y si bien aún existen posibilidades teóricas de alzar tanto liga como Champions, nos habla de un equipo mortalmente alicaído, irreparablemente frustrado ante su propia incapacidad para encadenar tres victorias seguida (o eso parece), atenazado por los nervios o por la indolencia de algunos o por sus limitaciones técnicas o por una mezcla de todo ello. Un equipo infeliz, desconectado, romo y exasperado. En esa enfermería conceptual está nuestro equipo ahora mismo.

Por otro lado, está la enfermería real, la de cemento y ladrillo. El lugar donde se curan (?) los heridos o enfermos. El goteo de lesiones es constante. Arbeloa, como antes Ancelotti o Xavi, se ve maniatado a la hora de intentar operar con continuidad. ¿Cómo van a hacerlo, si cada dos por tres cae un nuevo hombre, y la lista de lesionados es más nutrida que la de los sanos? Eso no hay entrenador que lo saque adelante ni fichaje que lo arregle. Mañana podríamos (SPOILER: tampoco podemos) fichar a Vitinha, Haaland y Reijnders. Pasado mañana estarían lesionados. Es un drama que, en combinación con otros factores, pero también por sí solo, está conduciendo a la más absoluta depresión a técnicos, aficionados y a los propios futbolistas.

Así no se puede llegar a ninguna parte, sencillamente. Ganar al Celta mañana, con este panorama, se antoja una hazaña. Eliminar al todopoderoso City, poco menos que un imposible, uno que tal vez, esta vez, trascienda la capacidad legendaria del Madrid para obrarlos.

Este post de Ramón Álvarez de Mon lo resume todo. Este es un cuadro exclusivo de lesiones graves de rodilla, mayormente cruzados, la pesadilla teórica de cualquier futbolista que en el Madrid se plasma en la práctica con una frecuencia que hiela la sangre en las venas.

Parte de esa frecuencia puede deberse a la fatalidad. Todo, es imposible. Algo hacemos endiabladamente mal, bien en términos de preparación física, bien en estilo de vida de los jugadores, bien en los propios servicios médicos. O una combinación de todo ello. Es algo inaudito y de una gravedad colosal, una restricción paralizadora en el sistema de ecuaciones del Madrid.

Insistimos: eso son datos exclusivos de lesiones graves. Sí contamos todos los percances, también los de corto tiempo de recuperación (aunque estos tiempos luego siempre se alargan), la relación es inacabable en el último año y medio. Un futbolista joven como Huijsen, cuya propensión a las lesiones era casi inapreciable antes de unirse al club, lleva cinco en apenas unos meses. En los chicos más jóvenes, la exigencia del club puede llevarles a una presión psicológica que es un caldo de cultivo perfecto para la lesión. Pero también afecta a jugadores veteranos.

Este post de recuento que veis arriba está incompleto. Con los últimos de Mbappé y el gravísimo de Rodrygo, son 66 partes médicos en 18 meses. Si tenéis interés en conocer todos esos partes, podéis ir al post original en la red social X y seguir el hilo. Nosotros no lo vamos a reproducir aquí. Es demasiado exhaustivo, doloroso y abrumador.

Así es imposible que la afición se ilusione. Hay que investigar las causas y poner remedios. Urge más que el fichaje más urgente. No ya para esta temporada, que quizá no tenga arreglo, o quizá si. Urge para el medio y largo plazo. El mejor club de la historia no puede permitirse una situación así.

Por lo demás, las portadas del día nos cuentan que la Real es el otro finalista de Copa y que el equipo cliente de Negreira, pese a no poder presumir del mismo logro, tiene una cantera con la que están encantados.

Muy bien. A nosotros lo que nos duele es lo nuestro.

Pasad un buen día.

En la cruzada por reinventar el fútbol, o salvarlo, que para el caso resulta lo mismo, se nos dijo que era preciso colaborar codo con codo con el Fútbol Club Barcelona. Ante las imágenes de Laporta, el otro día en el palco del Camp Nou, saltando y cantando al grito unánime de «Madridista el que no bote», pensé en la famosa fábula de la rana y el escorpión.

De todos es sabido que la rana ayudó al escorpión a atravesar un río bajo la promesa de que el alacrán se abstuviera de picarle. Unos días antes, el bueno de Jan confesó ante su barcelonista audiencia que para que su club, un club imputado por cohecho y bajo investigación judicial por gravísimos indicios de adulteración de la competición y de corrupción del estamento arbitral español durante décadas, sobreviviera, había que acostarse con el enemigo. Lo dijo así: enemigo.

Cohecho viene del latín confectus, prima hermana de infectus y ambas parientes por facere, que significa hacer: hay cosas que no son posibles, como hacer un mundo nuevo con quienes pudrieron, contaminaron e  infectaro todo lo viejo. Y ese error de fondo es quizá la mayor falta de Florentino, un hombre que hizo siempre de la vista larga y el plazo largo su mejor virtud estratégica.

Durmiendo con su enemigo

Yo, que aquí en La Galerna escribí, hace unos cuantos veranos, que el regreso de Laporta podía ser estimulante en clave madridista, por suponer algo parecido a una oposición a la pax florentiniana, que la agitara y evitara el inevitable estancamiento de los laureles, no creía posible, desde luego, que gracias al mismo Florentino Pérez se alimentara la némesis hasta el punto de que, una vez alejado el fantasma de la quiebra técnica y aun con las tremendas sospechas de fraude que penden sobre ella, en lugar de mostrar agradecimiento el Barcelona escupiera en el rostro del que le tendió la mano.

El pago a las gestiones del que se especula heredero de Pérez, el visir Anas, para conseguir el oxígeno financiero que el Barcelona precisaba para no reblar, fue la última traición ante la UEFA a colación de la Superliga. Que, por lo que vimos el viernes en el sorteo de las eliminatorias de la Champions League, ha empezado por abrirle al equipo de Hansi y Lamine un cuadro, en la actual edición del torneo, propio de la Europa League.

Se suele decir que los enemigos que se tienen hablan de la calidad de uno mismo. Yo espero que eso no sea verdad pues, entonces, los enemigos del Madrid no podrían contar una historia peor sobre el Real

En la fábula, como es sabido, el escorpión no cumple su palabra y acabó dándole un puyazo mortal a la rana, pues esa era su naturaleza. Como madridista es fácil llegar a la conclusión, al menos para mí, que si para salvar el fútbol era imprescindible irse a la cama con una zahúrda semejante, habría sido mejor dejar el fútbol tal y como estaba. O que desapareciera.

Laporta brinca y debiera tener cuidado, visto lo que sabemos de su fragilidad cardiovascular. Mientras, en Madrid, el codicioso mercader que antaño fungió como defensa central, Piqué, camina por las huellas que dejó Jan en el marketing cubriendo la ciudad con lonas en las que pretende ridiculizar a Arbeloa. La única verdad es que en big 2026, como se dice en lenguaje tuitero, Arbeloa entrena al Real Madrid Club de Fútbol y Piqué, ¿qué es Piqué? Tan sólo un buen ejemplo del avida dollars daliniano pero, vive Dios, sin la gracia del genio de Cadaqués. Pues al fin y al cabo alguien también investigado judicialmente junto al ínclito ex-presidente de la Federación Española de Fútbol por corrupción en los negocios, administración desleal y blanqueo de capitales a cuenta de llevarse la Supercopa a Arabia Saudí mientras ejercía de capitán del Barcelona, y hacerla feminista, no tiene tiempo para cultivar el salero: todo su tiempo sólo puede dedicarlo a facturar.

 Laporta y Piqué son lo que son, exactamente el reflejo fiel de la cosmovisión llamada Fútbol Club Barcelona, de la cual son materia, hijos, sangre de la misma sangre y carne de la misma carne. Estos son los grandes molinos de viento con que se encuentra el Madrid en su interminable camino por el laberinto de La Mancha. Que, como en el poema de Borges, no tiene principio ni, parece, que final.

¿Por qué existe el Madrid? Se podría decir que para negar, con su misma existencia, la maldad de los contrarios.

Se suele decir que los enemigos que se tienen hablan de la calidad de uno mismo. Yo espero que eso no sea verdad pues, entonces, los enemigos del Madrid no podrían contar una historia peor sobre el Real. Y yo he crecido creyendo que el Madrid es una cosa mucho mejor que la envidia de los piojos nacidos del cadáver de la corrupción del mundo. El Madrid debe aspirar a serlo, desde luego, y quizá esa temporada sólo tenga como sentido el ejercer la justicia al modo del caballero errante ser Duncan el Alto en El caballero de los Siete Reinos: partirse el brazo y la cara por los inocentes con todos los laportas y piqués que hay bajo el sol.

 

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Si caer en casa frente al Getafe y encadenar dos derrotas consecutivas en La Liga no fueran suficientes, Rodrygo Goes se rompe el cruzado y se despide de la temporada. En nuestra situación, el sabio refranero español nos recordaría que las desgracias nunca vienen solas. Los conspiranoicos ya tratan de conjugar las oraciones de todas las religiones verdaderas para curar esta racha que nos trae por la calle de la Amargura.

En el plano deportivo me preocupan dos aspectos: la defensa y el estado físico. Si tengo que precisar, diré que la incertidumbre me lleva a afirmar que las mayores inversiones en los próximos mercados de fichaje deben hacerse en el eje defensivo. Esto se traduciría en dos centrales de nivel y dos laterales suplentes. Como aficionado, estoy abierto al debate de cromos, pero creo que como mínimo deben cerrarse dos hombres de experiencia contrastada y dos defensores dispuestos a ser suplentes de garantías.

Respecto al físico, la plaga de lesionados es tan abrumadora que necesitamos ser fríos para solucionar la sangría. Además de mejorar la intervención médica y la preparación física, algo estamos haciendo mal en el apartado del calendario. Más partidos, más riesgos. Es de perogrullo pero parece que no lo estamos sabiendo asumir. O vamos a una plantilla más amplia o este panorama será nuestro menú temporada tras temporada.

Yo, en mitad de un tiempo intempestivo, lo último que voy a hacer es entregar mi pasión. Jamás renunciaré al amor que le tengo al Madrid, por muy mal que esté de salud

La apatía emocional está instalada en nuestra sociedad. El mundo moderno no ayuda a que los hombres convivan en paz y cumplan con sus propósitos más íntimos. A todo esto se le puede sumar siempre un conflicto bélico o que tu equipo coseche una derrota tras otra. Nuestro Madrid luce ojeroso y no camina muy erguido. En los últimos meses pocas alegrías sostenidas en el tiempo hemos tenido. Esto empuja a la melancolía a buena parte del aficionado. Es lógico y es natural.

No obstante, recomiendo al más alicaído del pelotón que se olvide por un rato de los resultados y recuerde que es aficionado del club de fútbol más ganador de todos los tiempos. De hecho, asumo el papel de animador o consigliere. El lector que lo necesite puede verme como una especie de Tom Hagen. Alguien tiene que ponderar los sentimientos más nobles y me ofrezco voluntario.

Ahora que nos embarga la apatía emocional cuando el vecino del quinto nos habla del Madrid, ahora vengo a ofrecer mi corazón. El corazón, esa víscera más o menos noble, suele tener mala prensa porque sus propagandistas suelen ser cursis y tramposos. Por otro lado, el amor y otros asuntos del corazón fueron inventados por hábiles publicistas en Madison Avenue. Todos nosotros aprendimos mucho viendo Mad Men y fue el propio Don Draper
quien nos transmitió algunas enseñanzas incómodas pero necesarias.

Decía que ahora que vienen mal dadas y que cuando el vecino de arriba que es del Atleti nos increpa entre risas, ahora siento más blanco que nunca mi corazón. ¿Por qué? Muy fácil, porque el Real Madrid aporta calor y refugio en momentos de zozobra. El mundo atraviesa un momento muy delicado, a nadie le coge por sorpresa que me refiera a ello. Entonces, ¿es el Madrid un problema o una solución? Yo lo tengo claro.

La actual situación deportiva del equipo es bastante negativa. Dicho esto, el lunes me senté un rato junto a mi padre y vimos tranquilamente el fútbol mientras, fuera, el mundo que conocemos podía explotar en cualquier momento. Esto así expresado no es una exageración ni una forma de hablar. Así pues, ¿alguien en su sano juicio pretende que yo me envenene por una mala racha futbolística? No estoy tan loco ni fanatizado para hacer prisioneros entre los aficionados. Tampoco ejerceré de juez ni ofreceré mi alma para ningún acto vudú de algún iluminado con canal de YouTube.

En los últimos días he tenido momentos personales delicados. Como todos, muchas veces atravieso baches, y el fútbol es una de esas cosas que me distraen. Gracias a la tecnología, a golpe de clic podemos recordar grandes jugadas del pasado, o pasarnos entre los amigos mensajes con recuerdos de días mejores.

Esto es lo que yo hago a diario con dos buenos amigos: Fran y Andrés. Mientras el primero vive y trabaja en Austria, el segundo regenta un negocio de restauración de bastante éxito en Jerez de la Frontera. Por supuesto, los dos son madridistas.

Entre nosotros vuelan los privados con recuerdos imborrables de nuestro Madrid. ¿Acaso los tres vamos a hundirnos y negarnos nuestro contacto a través de los buenos recuerdos y los días de gloria? Pues no. A mis dos amigos los conozco desde los tres años. La vida une y la vida aleja porque todo es transitorio y funciona por ciclos. Pero el vínculo, el respeto y la admiración siempre quedarán intacos. Pues igual con el Madrid. Yo, en mitad de un tiempo intempestivo, lo último que voy a hacer es entregar mi pasión. Jamás renunciaré al amor que le tengo al Madrid, por muy mal que esté de salud. Porque, señoras y señores, el Real Madrid siempre resucita.

 

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Buenos días. Fuera del trauma que aún nos dura tras la bochornosa exhibición de nuestro equipo ante el Getafe, recibamos la jornada con un ¡UY! muy grande, porque el portanálisis de hace dos días por poco acierta en su pronóstico. Augurábamos una remontada culé en el partido de vuelta en la semifinal de Copa, a pesar de que el Atleti había ganado 4-0 en la ida, y nos quedamos (3-0) a un paso de dar en el clavo.

Las razones por las que creíamos firmemente en una remontada de los de Flick no eran atribuibles a los de Flick, dado que los conceptos de Barça y épica guardan aproximadamente la misma relación que los de Trump y mesura. No. Las razones por las que apostábamos por un 4-0 y pase en la prórroga para el equipo cliente de Negreira son atribuibles a su rival, es decir, al que se quedó a un paso de ser remontado. Eran razones impepinables.

Muy para nuestra sorpresa, el Barça se quedó a las puertas, lo cual tiene que ser sumamente frustrante. Tiene que ser como intentar mandar una transferencia a Negreira y que, por un fallo de los ignotos sistemas de banca electrónica, el dinero se quede a un solo apunte contable de concretarse en la cuenta del vicepresidente arbitral. Qué rabia tiene que dar.

No la suficiente como para impedir que las portadas cataculés del día se conviertan en un despliegue de orgullo blaugrana digno de mejor causa.

 

No se han clasificado, pero a Canaletas igualmente. Viene a ser, siguiendo con el símil anterior, como si le mandas la trasferencia a Negreira, el pago no llega porque se queda a un solo paso de hacerse efectivo en la cuenta del dueño de La Torrada y, pese a ello, los servicios financieros de la entidad catalana se felicitan en la prensa por su diligencia.

 

COMO CAMPEONES. Un sensacional Jefe de Tesorería del Barça roza el pago completo por neutralidad, aunque se atasca el último movimiento del swift”.

¡QUÉ ORGULLO DE TRAMPAS! El Barça rozó el milagro de la corrupción continuada con un desembolso por vía bancaria que mantuvo vivo el sueño del soborno. Excelente comunión entre el CTA y el departamento financiero, que queda a un paso de la hazaña”.

 

La prensa deportiva madrileña, de inequívoca e indisimulada inclinación colchonera, apenas puede recuperar el resuello después del susto. “¡Que salga Tomford!”, se desgañitaba Enrique Cerezo desde el palco (o desde el antepalco), cuando ya iban 3-0 y la amenaza de la prórroga se cernía sobre ellos (gracias, Jorgeneo). No olvidemos que Tomford es uno de los jugadores ficticios a los que un achispado Henry Cherry aludió ante los micrófonos en la antesala de la comida de las directivas.

En fin. El caso es que el Atleti está en la final de Copa (hoy sabremos su rival) mientras nuestro Madrid deambula de trauma en trauma por el campeonato nacional, con posibilidades aún de ganarlo, sí, pero con un recorrido que está sumiendo a la afición en el nihilismo, como titulábamos ayer esta sección.

La última pésima noticia es la gravísima lesión de Rodrygo. Otro cruzado. Se pierde la temporada y el Mundial.

Podemos pensar que nos ha mirado un tuerto, que algo está fundamentalmente mal en nuestros servicios médicos o una combinación de las dos cosas. El caso es que esta plaga insoportable de lesiones tiene a la afición tan desesperada y descreída como las malas actuaciones del equipo. Obviamente, ambas variables están relacionadas. Mal haría el club en no agarrar este exasperante toro por los cuernos, pase lo que pase y caiga quien caiga.

Pasad un buen día.

Buenos días, por decir algo. También “Buenos días, por decir algo” lo decimos por decir algo. Antes de que preguntéis, no tenemos ningún mensaje de optimismo que ofrecer. Lo de ayer fue nefasto, incalificable. ¿El peor partido del Real Madrid en lo que va de siglo? Si no lo es, podría presentar sin sonrojarse (o sea, sonrojándose muchísimo) su candidatura para ese reconocimiento de dudosísima apetencia.

Y el problema es que no es el único partido con derrota o empate que ha tenido un fétido aroma similar, ni tiene la pinta de que vaya a ser el último. Alguna vez nos hemos quejado, en esta misma sección, de que la temporada era una montaña rusa. Hoy la imagen de la montaña rusa nos resulta menos lacerante que ayer, porque en una montaña rusa los coches, al menos, avanzan por la vía. La imagen que hoy viene a la mente es la de un vagón varado en su carril.

No sabemos si es indolencia, agarrotamiento por la presión, mala forma física (el efecto Pintus parece diluirse)… Quizá ha llegado también el momento de plantearse si entre todos (incluida la directiva, con Florentino a la cabeza) no habremos sobrevalorado las posibilidades de esta plantilla desde el punto de vista estrictamente técnico. No sabemos. No solo no podemos daros optimismo: tampoco podemos daros respuestas. Nos confesamos inútiles.

Probablemente, la clave sea una combinación de todos los factores señalados, y de algunos otros que queden en el tintero, que se nos escapen. El hecho es que solo resta sumergirse en las portadas del día y tragar detritus a espuertas.

Aquí os las dejamos, para que hagáis con ellas lo que estiméis oportuno.

Pasad un buen día.

Courtois: aprobado. El gol fue imparable.

Trent: suspenso. Alternó su buen toque con imprecisiones y endeblez defensiva.

Rüdiger: aprobado. Pudo empatar de cabeza.

Alaba: suspenso. Se agachó en el gol del Getafe.

Carreras: aprobado. Al menos tuvo sangre en las venas.

Tchouaméni: aprobado. Lo amonestaron por robar el balón con limpieza.

Thiago Pitarch: bien. Lo único esperanzador del partido. El Madrid necesita un jugador como él.

Valverde: aprobado. De los menos desafinado.

Güler: aprobado. Firmó la mejor acción del encuentro. Pero en fútbol hay que marcar goles, no hacer jugadas estéticas.

Gonzalo: suspenso. Ni estuvo acertado ni jugó donde se esperaba.

Vini: aprobado. Nunca se rinde.

Carvajal: suspenso. Tiene mucho oficio, pero no es suficiente.

Huijsen: suspenso. Ahora mismo no está en condiciones para jugar.

Rodrygo: suspenso. Marró dos ocasiones claras.

Mastantuono: suspenso. Jugó mal, falló un gol y lo expulsaron.

Brahim: sin tiempo.

Arbeloa: suspenso. No es el problema, pero debe demostrar que es la solución.

 

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Arbitró Alejandro Muñiz Ruiz del colegio gallego. En el VAR estuvo Pizarro Gómez.

Qué castigo verle arbitrar. Nos debería pagar él 300.000€ por contemplar los descalzaperros que organiza. Un pusilánime, un flojo y un inútil. Nunca nadie cobró tanto dinero por tanta incompetencia.

Al final casi se marcha con más tarjetas el Madrid que el Getafe, que hizo numerosas faltas, perdió tiempo, simuló y todo con la connivencia del gallego.

Un total de cinco amarillas y una roja para los visitantes. En el Real Madrid, cuatro amarillas y un expulsado. Por los azulones: Femenía, Arambarri, Rico, Satriano y Liso a la calle por doble cartulina. En los blancos: Huijsen, Tchouaméni, Carreras, Vinícius y Mastantuono a la caseta por roja directa, presumiblemente por insultar al colegiado.

En la segunda parte, el Madrid pidió un penalti de Iglesias, pero era una acción de mano en apoyo. Esas que no se pitan en España pero sí en la Champions.

Además, Rüdiger pudo ser expulsado por un rodillazo a Rico. Aunque no fuese intencionado es una acción peligrosa y brusca.

Muñiz Ruiz, LAMENTABLE. Que pitase en 3a RFEF también sería injusto para los jugadores de esa categoría.

 

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No es habitual que el Madrid juegue un lunes ni que asalte la titularidad un Thiago Pitarch en el centro del campo. Ambas situaciones se dieron esta noche en el Santiago Bernabéu. Tras ilusionarnos en los minutos que había tenido, Arbeloa le dio la oportunidad —fue lo único destacable del encuentro—. Otro joven, Gonzalo, acompañó de inicio a Vini en la punta de ataque. Tras unos breves instantes no malos, el partido se convirtió en una pesadilla para el Madrid, dominado en todo momento por un Getafe que no necesitó apenas el balón para imponerse por 0-1.

Los blancos comenzaron con ímpetu efímero y, tras un robo, el siete efectuó el primer disparo de la noche. Fuera. Rodrygo asistía, ya desde el banquillo, con un nuevo look capilar que le confiere un aspecto un tanto chernobílico. Los azulones empezaron repartiendo estopa. Nada que no entrase dentro de lo previsto.

Rico gozó de una buena oportunidad a los diez minutos. Empalmó solo un balón llovido al área madridista. Por fortuna la cosa acabó en córner. Gonzalo respondió con un control orientado y disparo de nueve puro. A continuación, Thiago recuperó la pelota en campo getafense y dejó a Vini solo frente a Soria, mas el meta desvió los centímetros necesarios para que no entrara.

El Madrid se mostraba dinámico —fue un espejismo—. En construcción, Trent, Valverde, Güler se trenzaban las posiciones para fomentar la circulación del esférico. Fede continuaba en la buena tónica que luce tras el papel asignado por Arbeloa. Vinícius generaba, a pesar de que el Geta lo estaba friendo a patadas, muchas ni señaladas. Thiago se desenvolvía como si llevara varios trienios cotizando como oficial del primera en el centro del campo blanco. Los microbrotes verdosos de marchitaron nada más ver la luz.

Güler inventó una ocasión clarísima tras marcarse una ruleta en área azulona, pero ya sabemos que los porteros rivales hacen siempre el partido de su vida en el Bernabéu. Las oportunidades llegaban más por acciones aisladas que elaboradas, las buenas sensaciones iniciales se habían desventado rápidamente.

El Getafe siempre lo pone muy difícil, Bordalás mantenía sus líneas más prietas que el neopreno de un submarinista. Los blancos chocaban contra ellas como gametos masculinos contra el látex. Los azules seguían dando palos como si no hubiera mañana. Arambarri cazó abajo a Güler con tanto ímpeto que le pegó un ojazo con el brazo de Arda, acción que provocó dolor a ambos. Cada vez que un jugador visitante sufría un contacto —existente o inexistente— rodaba por el suelo de manera grotesca, puro Masía style.

Rico protagonizó dos acciones destacables, no en lo futbolístico, consecutivas. Primero fingió en campo propio y cayó abatido cuando Rüdiger pasó cerca. Después, Antonio cayó involuntariamente sobre él, impactando la rodilla en la mandíbula. Acción fortuita que alguna persona especial, como Mr. Chip, reclamó como roja.

Pero ese juego le dio fruto a los de Bordalás. Satriano voleó con el exterior un balón que le cayó tras una pugna aérea entre Aranbarri y Tchouaméni y lo coló por la escuadra. 0-1 con pocos minutos por delante para el final de la primera mitad. El fútbol es implacable, siempre premia a quien aprovecha sus oportunidades y castiga a quien no.

Las prestaciones del Madrid habían ido decreciendo con el paso de los minutos. La esperanza se había tornado en preocupación ante la falta de contundencia arriba y abajo. Los de Arbeloa se chocaban una y otra vez contra la barrera profiláctica del Getafe sin intentar siquiera variar el método de ataque. Es difícil obtener resultados diferentes si siempre se hace lo mismo.

Descanso. 0-1. Sensación preocupante.

Quirante, otro mamífero especial al igual que Mr. Chip, incidía en la misma idea que este sobre la jugada entre Rüdiger y Rico. El equipo de intoxicación sincronizada funciona como un reloj, como un Rolex.

El Madrid comenzó la segunda parte con ganas, pero seguía cometiendo imprecisiones que boicoteaban la creación y la defensa. El Getafe, cuando el Madrid dudaba atrás, se lanzaba como una víbora. Después, se replegaban como un autobús. Mientras tanto, seguían pegando a Vini. Un Vini que había perdido todo el gas y no ganaba un duelo.

En el 54', Carvajal, Huijsen y Rodrygo se preparaban en la banda para entrar. Lo hicieron por Trent, Alaba y Thiago. Pitos para el cambio de Pitarch, el eslabón más débil, y aplausos para el jugador, que había disputado un buen partido.

EL MADRID FIRMÓ UN ENCUENTRO TÉTRICO

Cerca del minuto 60, un exterior de Vini cayó a Rodrygo cerca de la meta. Quizá mediatizado por su peinado radioactivo, el brasileño no acertó a colarla y la bola acabó en córner.

El Madrid quería, pero hacía un juego de tacto torpe como un amante inexperto. Tenía más encerrado al Getafe, pero no lo ponía en serios aprietos, como un amante impotente.

Huijsen, bisoño y desmemoriado, se ganó una amarilla que le impedirá estar disponible en Vigo, dejando al equipo solo con Rüdiger y Alaba como centrales puros.

Cuando iba a cumplirse el 70', Mastantuono ocupó el lugar de Güler. Muñiz Ruiz se mostraba tan acertado como el Madrid, en apenas un instante se comió una tarjeta de Milla, un empujón obvio a Carreras y se inventó una amarilla a Tchouaméni. Psicodélico, si no supiéramos lo que hay detrás.

A esas alturas del encuentro todo era desesperante. Los blancos, el árbitro y los azulones, que fingían y perdían tiempo como es costumbre en ellos. También pegaban a Courtois e incluso los miembros del banquillo obstaculizaban a Vinícius.

Rüdiger pudo empatar de cabeza a la salida de un córner. El remate se marchó desviado por centímetros. Muchos incluso cantaron gol. Era un quiero y no puedo de manual. Es lo que hay.

Soria desbarató un cabezazo de Rodrygo tras un excelente servicio de Mastantuono y Carvajal se trabucó en su intento de introducir el rechace sin portero.

Dean seguía como un flan y sus errores eran constantes. La impotencia del Madrid era lacerante. Algunos espectadores se iban y Arbeloa quemaba su última baza con Brahim. Retiró a Tchouaméni.

En el 90', Mastantuono malgastó otra oportunidad clarísima del Madrid. Disparó desde cerca flojo y mal. El tiempo se acababa y el Madrid estaba entre desquiciado y anestesiado. No había atisbo de capacidad ni de peligro. El Getafe dominaba absolutamente el partido.

En el último minuto, roja directa a Mastantuono. Le dijo algo a Muñiz Ruiz, quien detuvo el partido y expulsó al argentino. Poco después, Liso vio la segunda amarilla por desplazar el balón.

El choque concluyó sin ninguna ocasión más para el Madrid y con la sensación de que era imposible siquiera que la creara. Partido tétrico de los de Arbeloa que se quedan a cuatro puntos del Barça.

 

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Al hilo de múltiples especulaciones recientes en canales de YouTube y cuentas de X, así como del viral artículo de Sergio Yebra en estas mismas páginas (https://www.lagalerna.com/el-barcelona-podria-ser-descendido-en-meses/), llevo unos días recabando información y resolviendo dudas sobre las posibles sanciones al Barça por el asunto Negreira, así como sobre la posible inminencia de las mismas.

Ahora mismo, como ya se ha detallado en varias fuentes, las esperanzas del Real Madrid para que se produzca una sanción están más depositadas en UEFA que en FIFA. Comenzaré, pues, por el organismo que preside Ceferin, aunque luego comentaré algo de FIFA también.

Fútbol y antifútbol

Cabe señalar, en primer lugar lugar y como consideración común, que el Real Madrid ultima una denuncia que presentará ante ambas entidades. Es un dossier muy exhaustivo, para la presentación del cual solo se espera a que terminen las declaraciones testificales del caso en la justicia ordinaria española. En él se incluyen no solo las evidencias respecto a los pagos del Barça a Negreira, sino una concienzuda exposición de anomalías estadísticas que apoyan la hipótesis de que los pagos surtieron efecto, beneficiando arbitralmente al Barcelona. En el propio club señalan que no debería siquiera hacer falta, dado que el realizar cualquier desembolso a un alto representante arbitral ya es un delito de mera actividad, con independencia de que el intento de corrupción fuese o no fructífero. No obstante, la denuncia es rica en esos datos para subrayar los efectos de una corruptela sostenida durante un mínimo de 17 años.

El Madrid, por lo demás, no solicita, ni en una ni en otra instancia, sanciones concretas para el Barcelona, por la sencilla razón de que las cosas no funcionan así en el ámbito del derecho deportivo. En la justicia ordinaria, sí. En la justicia ordinaria la acusación acompaña a su denuncia la petición de una pena concreta para el acusado, sea persona física o jurídica. En la deportiva, son los organismos los que valoran la gravedad de los hechos, y decretan discrecionalmente los castigos, con arreglo a esa gravedad. Dicho esto, y aunque no pueda hacerlo en el proceso, extraoficialmente el Madrid quiere las más duras sanciones y de todo tipo: prohibición de jugar Champions (hasta diez años), retirada de títulos y descenso de categoría.

UEFA

El expediente que UEFA abrió a resultas del conocimiento del caso, hace ya más de tres años, nunca fue cerrado, sino puesto en suspenso. Con la denuncia del Madrid, todo hace indicar que se reabrirá, si bien en el club consideran que la UEFA lo habría reabierto en cualquier caso, de oficio, coincidiendo con el fin de las testificales del caso ante la Audiencia Provincial de Barcelona. El inicio del procedimiento judicial habría motivado, entre otras cosas, la suspensión, y el cierre de esa parte del proceso causaría la reapertura.

¿Por qué? ¿Por qué se va a reabrir ahora? Muy sencillo. Porque todos y cada uno de los presidentes culés que han desfilado por allí han confesado los pagos. Los han tratado de revestir de justificaciones peregrinas (informes deportivos desmentidos por sus entrenadores, principalmente), pero ninguno ha negado la existencia de los desembolsos. Al contrario: los han ratificado. Poco más podían hacer existiendo las facturas y los comprobantes bancarios, en efecto, pero formalmente esa admisión de los pagos es considerada fundamental en derecho deportivo, precisamente por lo que decíamos antes: porque la gravísima irregularidad reside en el hecho mismo de haber transferido fondos a un alto dirigente arbitral. Los pagos se bastan y se sobran como demostración de un crimen, y la confesión de los mismos en sede judicial deviene evento esencial en el procedimiento UEFA.

Ceferin y Villar

La UEFA, por lo demás, ya se había declarado competente en el caso en cuanto la prensa se hizo eco del escándalo, y esa atribución de competencia también es fundamental en el derecho deportivo. Ello explica que, una vez se haya reabierto el expediente, la más inminente actuación que se espera de algún organismo contra el Barça sea la de UEFA. Podrían sancionar al club catalán sin jugar competiciones europeas durante un período que oscilaría entre dos y diez temporadas. Dependiendo de la horquilla temporal elegida, las consecuencias para los tramposos podrían variar desde lo durísimo hasta lo devastador.

al haberse declarado competente UEFA, Infantino declinaría en Ceferin toda misión sancionadora una vez UEFA reabra el expediente

La potencial dureza de este tipo de sanción no debe ser minimizada. Somos muchos los que defendemos la retirada de los títulos como única mínima aproximación a un intento de reparación moral, pero no conviene perder de vista que un horizonte de (digamos) cinco años sin jugar la Champions produciría un desplome de ingresos que probablemente abocaría a la desaparición al club cliente de Negreira.

FIFA

¿Y FIFA? ¿Qué pasaría con FIFA, de cuya posible actuación hablábamos hace pocos días en este mismo portal? Según fuentes del club, en primer lugar, y al haberse declarado competente UEFA, Infantino declinaría en Ceferin toda misión sancionadora una vez UEFA reabra el expediente. Los juristas del club blanco atribuyen a esa declaración de competencia gran importancia también. FIFA podría no inmiscuirse por este motivo.

Por otro lado, ¿hasta qué punto, caso de quererlo, podría la institución presidida por Infantino tomar cartas en el asunto? ¿Con qué poder sancionador?

En el club consideran, a priori, que FIFA no tiene potestad para la retirada de títulos, y tampoco para el descenso de categoría. En el Moggigate, por ejemplo, esas sanciones las impuso la propia Federación Italiana de Fútbol, limitándose la FIFA a sancionarlas. La diferencia esencial entre el caso que nos ocupa y el Moggigate es que, en el caso de la Juve, los delitos no habían prescrito. La prescripción, cuidadosamente buscada en el caso español con la puerta giratoria Barça-Gobierno de Soler (imputado por ello mismo en la causa de la Audiencia de Barcelona), es un obstáculo infranqueable  para el establecimiento de este tipo de sanción, siempre según fuentes del club. Tan infranqueable que ni siquiera FIFA podría sortearla tratando de imponer su código ético.

todos y cada uno de los presidentes culés que han desfilado por allí han confesado los pagos. esa admisión de los pagos es considerada fundamental en derecho deportivo

A pesar de que juraría (ahora no lo encuentro) haber leído en su momento precedentes de desposesión de títulos locales por parte de FIFA, insisten fuentes del club en que dicha entidad, en términos de desposesión de títulos, únicamente podría retirar al Barça los que le son propios, es decir, Copas Intercontinentales y Mundiales de Clubes. A mí (pero esto es pura intuición propia, no ajena a la implicación emocional de quien se siente damnificado por un fraude emocional que ha afectado durante décadas a millones de personas) me parece que nadie podría privar a FIFA de la emisión de un comunicado oficial que declarara con toda solemnidad que no reconoce los títulos conseguidos en los años de pagos probados a Negreira por parte del Barça. Ignoro qué efecto práctico tendría una declaración de ese tipo, pero sin duda abundaría en el señalamiento y la estigmatización, complementando el efecto de la prohibición de jugar la Champions por parte de UEFA.

La improbable hipótesis del torpedeo

En medio de las especulaciones recientes en diversas plataformas, se han colado también acusaciones en el sentido de que alguien dentro del club estaría boicoteando la presentación de las denuncias ante FIFA y UEFA. El contundente desmentido que he recibido yo no se refiere solo a la persona que lo hace: se insiste en que NADIE desde dentro está torpedeando la denuncia y el Madrid va a por todas y en bloque en la exigencia de naciones severísimas. Cabe destacar que la persona objeto de las mayores sospechas en redes sociales (Anas Laghari, que aun sin cargo oficial en el club gana influencia dentro del mismo) hace tiempo que se desvinculó de entidades financieras relacionadas con el Barça. La lógica desbarata, en principio, los posibles conflictos de intereses y teorías conspiranoicas.

Otra cosa es que a los aficionados nos arda el asunto en las manos, ansiosos de justicia como estamos. Ahí me incluyo, claro. Pero las cosas de palacio van despacio, estando la sede social del palacio situada en Nyon, donde parece que se aceleran.

 

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