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Benzema y los incomprendidos

Benzema y los incomprendidos

Escrito por: Sergio Arellano28 septiembre, 2019
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“Todos los días pienso de dónde vengo y sigo orgulloso de ser quién soy”, aseguraba Zinedine Zidane en una entrevista durante su etapa como jugador del Real Madrid. Esta célebre frase, rotunda y esclarecedora, ejemplifica la gran influencia que poseen los antepasados y orígenes de un futbolista para forjar un determinado carácter. Esta máxima goza de una mayor legitimidad si se valoran las circunstancias de Karim Benzema, protagonista del presente artículo.

Este joven lionés, de ascendencia magrebí, desarrolló su infancia en un barrio difícil en donde las patrullas de policía y la delincuencia están a la orden del día. Concretamente en Bron, uno de los tantos suburbios marginales de Francia. De ellos han salido grandes estrellas reconocidas a nivel mundial; jugadores banlieu, en su mayoría descendientes de habitantes pobres o e inmigrantes. Y a este respecto, Karim, criado entre ocho hermanos y formando parte de los estratos sociales más bajos de Francia, logró escapar de un ambiente marginal dominado por el hampa para convertirse en uno de los futbolistas más prominentes de la historia del Real Madrid. Una laudable y bonita historia forjada a base de superación y esfuerzo encabezada por un individuo que, a diferencia de otros muchos, jamás renegó de sus raíces de la Cabilia argelina.

Como todos sabéis, Benzema aterrizó en Madrid en aquel verano de 2009, con Florentino Pérez como principal avalista, -es digno de apuntar que fue el propio presidente el que acudió a su casa para ficharle- y junto a otras estrellas que eclipsaron su impacto mediático. Pronto tuvo que lidiar con una grada tan obtusa como confusa, incapaz de apreciar el talento y la valía de un chico que, a decir verdad, desde el minuto uno tuvo que arrastrar con una serie de clichés ventajistas que le condenaron durante su primer año a ojos de la opinión pública. Y es que ser el delantero de un equipo con la dimensión global del Real Madrid supone estar continuamente observado con lupa; un foco que apuntaba de manera ardiente y puntillosa al artista: un futbolista con clase, fino, elegante y vanguardista como lo es Karim. Quizá algo despistado al principio, con ciertas ínfulas de incomprendido y antihéroe que lastraron su proceso de integración en la capital. Y es que dicho foco se alimentaba continuamente con incesantes paralelismos odiosos y viscerales con arietes de otra época. Incluso se fundía en cánticos de mal gusto; además de ser ornamentado con el famoso cascabel de gato que le acuñó vilmente José Mourinho en una rueda de prensa. A fin de cuentas, todo cristalizaba en un agravio comparativo, en donde la calidad técnica descollante del francés se veía subyugada por la tribuna, esclava a sí misma de sus propias limitaciones y vanidades.

Karim, que en árabe significa generosidad, ha enarbolado un ejercicio de constancia y resiliencia apabullante a lo largo de estas diez temporadas. Y es que basta decir que, sin esas dos facultades, un jugador ordinario no habría sabido digerir con tanta entereza todo el compendio de mofas arbitrarias y burlas indiscriminadas que se han volcado sobre su figura, provenientes tanto de la sociedad de la información como de, lamentablemente, muchos sectores de la afición madridista. De hecho, y haciendo hincapié en este segundo punto, tal es el recelo que causa su fútbol que, de manera irreversible, tanto el dictamen oportunista que ha ido modulando la grada, como el prejuicio del forofo impaciente, han hecho que se nuble y ensombrezca la calidad excelsa de un futbolista reconocido por las más altas esferas del fútbol mundial. Claro que los buenos jugadores, por otra parte, no necesitan de blindajes de ninguna naturaleza.  Había épocas, incluso, en donde lucir su camiseta era motivo de distinción y extrañeza a partes iguales, lo que no hace más que contextualizar la dicotomía irracional sobre este jugador. A propósito, pocos éramos los que creíamos en este joven cuando consiguió levantar a Florentino con su gol inolvidable en Gerland en febrero de 2011. Imposible olvidarlo.

Y es que Karim, a pesar de todo, y lejos de proyectar una imagen rencorosa, siempre se ha mantenido recto y noble con el respetable; un comportamiento modélico; sin alardes superfluos; sin gestos zafios o muecas vehementes de rabia. Siempre tranquilo, tocado por la varita como todos los genios. Mientras unos dedican momios, él regala besos. Y es que las reclamaciones o mejoras contractuales tampoco son sus señas de identidad. Un hombre agradecido, caballeroso, de club; tal y como demostró el pasado mes de enero cuando decidió anteponer el interés general del equipo a su rotura del dedo meñique, haciendo gala de un ejercicio de amor por unos colores sin precedentes.

En síntesis, Benzema es acreedor de una técnica individual endiablada, altruista en la elaboración y fino en la definición. Un mago del balón capaz de moverse sobre la frontal del área con la sutileza de un danzarín soviético. Un fuera de serie auténtico cuyo único pecado ha sido ser él mismo desde que aterrizó en Valdebebas hace más de 10 años. Lectura de juego, capacidad asociativa, sentido táctico, clarividencia en el circuito combinativo y gol son los principales avales de un deportista que ya es patrimonio del Real Madrid al figurar como el sexto máximo goleador del conjunto blanco con 226 tantos, además de constituirse como el tercer máximo anotador en activo de la UCL (solo superado por dos colosos como son Messi y Cristiano) y acumular 518 partidos en su haber con la zamarra blanca, con un palmarés repleto de títulos y distinciones individuales. Se dice pronto. Y todo ello, claro está, habiendo coexistido durante nueve temporadas con un titán goleador que aglutinaba casi todas las acciones de ataque como lo era Cristiano Ronaldo durante su estancia en Chamartín. Y sin ejecutar los penaltis; hechos que engrandecen y magnifican la figura del francés.

Después de haber toreado por todas las plazas imaginables, Karim Benzema es actualmente el líder pleno y absoluto del Real Madrid. Y no precisamente por intangibles, pues en términos cuantitativos es el máximo anotador de cabeza de las grandes ligas europeas (12 en lo que va de año) y el tercer máximo goleador de las Cinco Grandes en lo que va de 2019, solo superado por un gol por sus competidores que, a diferencia suya, sí que ejecutan las penas máximas.

Contribuyendo enormemente a la integración de los más jóvenes, ejerciendo de líder tanto fuera como dentro del terreno de juego, partiéndose la cara por el equipo y dignificando el escudo como el que más en una de sus etapas más sombrías de la última década, Karim ha terminado conquistando el corazón de muchos escépticos que hasta hace no mucho cosificaban su imagen hasta límites mefistofélicos. Nunca es tarde cuando la dicha es buena, o eso dicen. Pero igual que hay jugadores tribuneros que malgastan su talento en balones a los que saben con certeza, -al igual que la grada que los jalea-, que nunca llegarán; hay otro perfil de futbolistas, -egregios e ilustres en su mayoría-, que serán más valorados en la memoria que en el presente. Jugadores únicos y excelsos, originales, irrepetibles en fondo y forma. Incomprendidos y postergados, como el destino de los genios. Y Benzema, como todos sabéis, forma parte del selecto segundo grupo. Y os aseguro que me llena de orgullo y satisfacción haberlo preservado desde el principio. Y a ti espero que también.