El clima que se está generando alrededor del Real Madrid de cara al clásico es preocupante. Va a ser una encerrona, un linchamiento. Además del fútbol que se pueda ver sobre el césped, temo por los jugadores.
Estoy seguro de que va a haber mucho más que fútbol en este partido. Los culés más desnortados han aparecido recurrente e impúdicamente en medios como la COPE, clamando venganza. Por haberles llamado corruptos. Por decir la verdad. Por lo mismo que Tebas acusa de nazi a RMTV. La emisora de la Iglesia ha perdido el rumbo en su huida hacia la irrelevancia confiando en su equipo de deportes. De escandalizar a la audiencia en la SER a acosar a futbolistas en COPE, darle voz a exaltados o insultar al club al que más horas de radio y anunciantes le deben.
Bien por los que cancelen su suscripción al diario decano de la prensa de Madrid, ABC. Bien por los que dejen de escuchar a la banda antimadridista de COPE.
Tebas ha desafiado al Gobierno con su negativa a disculparse, desoyendo los tres requerimientos consecutivos del presidente del CSD. Uribes ha dado curso al TAD del expediente por las impresentables palabras de Tebas sobre el club. La cosa terminará en una amonestación más y en todo caso en multa económica. Tebas es intocable. Por alguna razón se siente legitimado para enfrentarse al Real Madrid. Es un caso inédito en la historia. Por ponerlo en perspectiva, ¿se imaginan al presidente de la CEOE llamando nazi a la presidenta de El Corte Inglés o a Amancio Ortega? Las empresas que más empleo generan en España, ante la ira de quien debería proteger sus intereses con su propia vida. Esto es lo que hace Tebas, alentado por el antimadridismo, ese cáncer metastásico que ha invadido el fútbol español.
Miren, yo no me presentaría en el Scam Nou. Son sólo tres puntos. Los cambio por la repercusión mundial de la ausencia. Por mantener sana para Europa a la plantilla. Podría precipitar el final de la batalla que estamos librando contra la corrupción impune del pasado; contra el abuso, la injusticia, el ensañamiento del presente. Contra la estulticia, la mediocridad, el fanatismo paleto del antimadridismo y la golfería interesada de los que se han atornillado al sillón de las ominosas instituciones deportivas.
Al culé se le nota nervioso. Están agitando fantasmas. Acuden a los medios para colocar sus soflamas poseídos por el odio. Les molestan las pancartas. Les molesta la verdad. Les molesta la difusión. Ellos viven felices en la oscuridad. En el silencio del 3 percent. El mayor enemigo de la corrupción no es el castigo ni la condena, es la publicidad. Si fueran inteligentes o un poco menos golfos (en el fondo siguen creyendo que saldrán impunes) desearían que el caso se cerrase con celeridad. La sentencia tiene un efecto catártico sobre el culpable. Permite pasar página. Este limbo en que vivimos es horrible para nosotros, pero es mucho peor para ellos. El dedo índice de la UEFA sigue en el mismo renglón, en el mismo párrafo. Atónitos por la montaña de inmundicia que ya pesa sobre los culpables.
yo no me presentaría en el Scam Nou. Son sólo tres puntos. Los cambio por la repercusión mundial de la ausencia
Todo está listo para las nueve de la noche. Laporta lucirá su impermeable amarillo en el palco acuático. Florentino no irá. Se confirma la asistencia de Riquelme sin que nadie sepa qué pinta allí. ¿Se imaginan que lo sientan entre Tebas y Laporta? La imagen de los enemigos del madridismo en una sola foto. Sólo faltaría Louzán, flanqueando a Tebas. Siempre atento por si le falta un canapé o una servilleta. Está todo claro: Tebas quiere presenciar la magnitud de su obra, la intensidad de su poder. La coreografía de los sicarios, del VAR, la retransmisión torticera de TV está ensayada ya con desgana, de tantas veces repetida. Carlos Martínez listo para dar instrucciones al VAR y para poner y quitar hierro a cualquier lance en función del color de la camiseta.
Me gustaría que fuera sólo un partido. Pero ya nunca volverá a serlo. Todo ha cambiado para siempre, tanto si los corruptos son castigados como si no. Ya será siempre una batalla extradeportiva. Han ganado. Ya siempre será el centralismo contra la Cataluña imaginaria, perseguida, indefensa. Del otro lado siempre veremos la lucha del bien contra el mal. Del deporte contra la corrupción. Hay cero posibilidades de que el Barcelona recupere el sentido o su propia historia. Son una aberración del deporte, un cadáver en descomposición. Núñez convirtió el club en un reflejo de sus negocios, comprando árbitros en medio de un ensimismamienthttps://www.lagalerna.com/estamos-en-guerra/?utm_source=chatgpt.como victimista en el que la corrupción es normalidad y quien la señala es el enemigo.
En lo social no habrá ni un madridista en kilómetros a la redonda del estadio. Normal en 2026, inédito hasta que Florentino nos trajo a Figo, harto de mentiras y de promesas incumplidas. Aquello convirtió para siempre la rivalidad en odio. No hay marcha atrás. La flecha del tiempo siempre señala el futuro.
En lo arbitral ya estamos viendo que se ha seleccionado meticulosamente al árbitro más gris de los posibles. No es prepotente. Es de los que apuñala pidiendo perdón. Actuará como si no le importara ver un nuevo día. El delincuente jamás piensa en qué momento será abatido por la policía. Cuando más acorralado esté, mayor será su determinación para tirar hacia adelante. Abrirá fuego el primero y ni siquiera pensará que puede caer. Eso hará el sicario. Lo hemos visto demasiadas veces.
El barcelonismo está en su mundo. Se siente tan protegido por Tebas, por los medios, por los árbitros, por el Gobierno, que en la esquizofrenia colectiva de ignorar la corrupción, las pruebas, el auto del juez, el acuerdo de liberalidad con Hacienda y su correspondiente multa, el saldo arbitral comprado con millones de euros, se permite la tremenda caradura de exigir silencio al que pide justicia.
El mayor enemigo de la corrupción no es el castigo ni la condena, es la publicidad
En lo deportivo mandamos a nuestros jugadores al cadalso. Alguno no regresará sano. El sistema se va a ensañar y el rival, desquiciado por una grada enfurecida, no solo jugará al fútbol. Jugará a rompernos. Güler, Diomande, Mbappé o Bellingham estarán expuestos a la cacería. No habrá castigo. No habrá justicia. El sicario del silbato no dudará en hacer el trabajo por el que cobra los trescientos mil.
“Sabe lo que tiene que hacer, va sobrado, sabe que la victoria es vital para el Barcelona”. Negreira Jr. dixit. No quieren una victoria más sino un aplastamiento. Saldrán a meter dos goles en los cinco primeros minutos… habrá una falta sin sanción cada vez que nuestros jugadores reciban la pelota. Güler caerá. El que pueda patearle, lo hará. Uno cada vez para evitar tarjetas. En cada recuperación y salida rápida, hombre al suelo. Método Guardiola, nunca castigado. No piensen que tenemos alguna opción de salir a tres o a seis puntos del rival terminando el partido. No sucederá.
No quiero ver el partido en directo. Tengo previsto encender la tele sólo si sucede lo que más deseo, que no es ganar, sino dejar en evidencia la corrupción integral del fútbol español. Merecería la pena saltar al campo sólo si por una vez aprovechásemos la retransmisión planetaria para plantarnos en el círculo central tras el primer acto prevaricador. Señalar al sicario, señalar al palco del deshonor y largarnos de allí con la amenaza de no regresar hasta que las instituciones puedan garantizar que la competición está limpia. Atentos a tu señal, Florentino.
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