Las mejores firmas madridistas del planeta

Apocalypse now

Escrito por: José María Faerna8 marzo, 2019

El madridismo está mal pertrechado para la desgracia, aunque tenga que lidiar con ella regularmente como todo hijo de vecino. Yo he oído mil veces eso de que si eres de Atleti y te deja la novia qué vas a esperar, pero si eres del Madrid se te viene el mundo encima. Una mentira más de esas que nos arrojan por encima de la tapia para ensuciarnos el patio. Me acuerdo, recién aterrizados en Rancho Boyeros, del mosqueo de un cubano que nos hablaba del calor en La Habana al que otro español le dijo aquello de bueno, pero ustedes estarán acostumbrados: Y un carajo, compañero, pa’mí hace el mismo calor que pa’ti. Desengáñense, amigos, y dense con un canto en los dientes porque ser madridista es solo que las desgracias vengan juntas más raramente, pero si nos pinchan sangramos.

Hay películas concebidas para hacer historia del cine y películas que ni siquiera aspiran a ser el estreno del año, solo a que todo encaje, a contar su historia de la mejor manera posible, a que a los espectadores les guste, a cumplir en taquilla. Su horizonte está en la hora y media que pasan con el espectador en la sala o donde sea. Las primeras son obras maestras o un fiasco, no hay más. Las segundas a veces también son obras maestras, pero con tal de que desees volver a verlas cuando las ponen en televisión no habrán fracasado. Si El acorazado Potemkin hubiera salido rana ahora no sería más que un documento curioso, como aquellas películas mudas de mujiks para las que Jardiel inventaba desopilantes diálogos alternativos en sus celuloides rancios; pero La Casa Rusia, de Fred Schepisi sobre la novela de Le Carré, no necesita trepar a ningún ranking para que yo no deje pasar cada vez que se me presenta la ocasión de meterme en la trenca de Sean Connery paseando por el Moscú nevado de la perestroika su amor arrebatado por una Michelle Pfeiffer con acento ruso que ríanse ustedes de Meryl Streep. “Me reconocerá, no tengo pérdida. Soy como una cama sin hacer amarrada a una bolsa de la compra”, le dice 007 a Michelle por teléfono para acordar su primer encuentro.

El fútbol es un juego menestral, un invento de la clase obrera. Hay en él un fatum por desafiar que lo sitúa en el registro trágico y, por tanto, heroico. Esa imagen de copas levantadas que no nos estaban destinadas y que de tanto alzarlas hemos generado en los demás y en nosotros mismos la fiera sensación de que nos pertenecían, que solo nos amaban a nosotros. Pero la Orejona è mobile como la mujer proverbial de Rigoletto y se acaba yendo con quien le hace el mejor requiebro y además se lo hace el último. Nos fue esquiva treinta y dos años seguidos,