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A lo mejor nos hemos equivocado

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

A lo mejor nos hemos equivocado

Escrito por: La Galerna29 enero, 2026
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Buenos días. A lo mejor nos hemos equivocado pensando que teníamos los ingredientes apropiados para remontar el vuelo. A lo mejor resulta que no hay carácter en estos jugadores, que tienen razón los agoreros y que solo juegan cuando quieren, que al final el fútbol es “menos millones y más cojones” y la razón asiste al cuñadismo y a quienes no quieren ver grises, tan solo negruras condenatorias. A lo mejor tienen razón. A lo mejor los cuñados no son tan cuñados, y somos nosotros quienes estamos errados tratando de esquivar la simplicidad de las cosas.

A lo mejor fuimos ingenuos pensando que los futbolistas del Real Madrid (del Real Madrid, del putísimo Real Madrid) calibraban la importancia del partido de ayer como merecía, y que ponían su orgullo (¿su orgullo?) al servicio de ese entendimiento. A lo mejor nos hemos confundido pensando que merecían una defensa frente a quienes les pitaban durante noventa minutos. Seguimos pensando que pitar durante noventa minutos es contraproducente para tu equipo, pero ya hemos entendido, primero, que a los que pitan no les importa la suerte de ese partido concreto sino tan solo desahogarse, probablemente con razón, y, segundo, que no es descabellado pensar que con arreglo a su manifiesta desidia, con arreglo a su jugar solo cuando quieren, merecen una reprimenda semejante. A lo mejor resulta que no merecen que La Galerna, o quien sea, abogue por la moderación en esa pitada, o pretenda acotarla en tiempo y/o decibelios. El sábado se prepara una buena en el Bernabéu, se prepara otra buena, mejor dicho, y la verdad: nos hemos quedado sin argumentos para aconsejar lo contrario.

En un choque pésimamente jugado por los de Arbeloa, sin actitud, sin intensidad, sin acierto táctico ni técnico, el Benfica propinó un buen repaso a los nuestros, coronado por un gol del portero ucraniano del equipo lisboeta que, de manera épica, les permito a ellos su objetivo de clasificarse in extremis. Nuestro equipo, en cambio, desperdició de forma intolerable la ocasión de evitar una ronda más de Champions, quedando fuera del Top8 cuando un simple empate ante un equipo netamente inferior (ayer no lo pareció) habría bastado para entrar directamente en octavos.

Tan cierto es que la competición no está perdida aún como que es imposible escapar a la frustración de la ocasión perdida y de la indignación ante el ridículo cosechado en términos de juego y autoestima. Tras una mala temporada el año pasado, transitamos en esta por un durísimo viacrucis en forma de montaña rusa: cuando parece que remontan el vuelo, se cascan un Albacete o un Benfica. Esto es insufrible, y a lo mejor nos equivocamos pensando que hay sentimiento en estos jugadores, que hay profesionalidad y decencia hasta el punto en que pensábamos que las había. Porque estas vertiginosas subidas y bajadas, esta concistencia en la inconsistencia, ya solo se puede explicar en términos de falta de fuste, de ausencia de enjundia, de la más completa falta de carácter. Son jugadores que han participado, pese a la juventud de la mayoría, en muchas glorias del club, pero acerca de los cuales es legítimo preguntarse, ahora mismo, si merecen lucir el escudo del mejor equipo del mundo. Un equipo que descerraja exhibiciones como la del Mónaco o la del Villarreal, y después hace esto, solo permite acceder a la conclusión de que juegan cuando quieren. A la conclusión, en otras palabras, de que no merecen llevar esa camiseta, porque llevarla significa querer dar lo mejor de uno mismo siempre. Absolutamente siempre.

A lo mejor nos hemos equivocado también pensando que nuestra gerencia acierta en su esfuerzo por tener la mejor plantilla posible. Va a pasar otro mercado de invierno sin que dicha gerencia se inmute, cuando parece evidente el bien que le haría a la escuadra el fichaje (o la cesión, que no acarrearía coste alguno como tal) de algún centrocampista y/o defensa central. Sí las lesiones nos respetan y la plantilla recupera valores como la entrega y al sacrifico (y a día de hoy parecen dos condicionales muy condicionales), todo podría salir finalmente bien, o más o menos bien. Sí falla cualquiera de esos dos supuestos (y ambos tienen pinta de fallar), harán falta refuerzos. Las gerencias deportivas deberían ser como los defensas. Es decir, pesimistas.

A lo mejor nos habíamos equivocado también pensando que los arbitrajes UEFA no eran como los de la Mugrienta Liga Negreira. La prensa no habla de esto, claro, porque cómo van a emitir nada que pueda servir de atenuante a la culpa blanca, pero el penalti que señalan a Tchouaméni no nos habría extrañado lo más mínimo en el silbato de un Hdez Hdez o de un Soto Grado. Inenarrable. Parece que la nueva amistad entre Ceferin y Laporta está surtiendo efecto, a la manera en que los tejemanejes con UNICEF por medio rindieron fruto en el pasado. En cualquier caso, como decía Arbeloa al final del encuentro, la actuación de nuestros hombres resultó tan penosa que el cuerpo no pide hablar de arbitrajes. Al menos no hoy.

Cerramos, precisamente, con el equipo de Laporta, y con la euforia que sus huestes mediáticas muestran ante la clasificación en el Top8 de su club. Lograron lo que nosotros no fuimos capaces de conseguir forzando cuando menos un pírrico empate, lo cual nos habría bastado de no haber especulado melindrosamente, al abrigo del resto de resultados. Al final, los otros  resultados se torcieron también, y nos lo tenemos bien merecido, como reconocía Mbappé al término del choque.

Los diarios cataculés celebran con idéntico júbilo su clasificación entre los 8 primeros y nuestra no clasificación en dicho grupo. Ellos son así y, como pasa con el arbitraje, lo menos que hoy pide el cuerpo es meterse con el culerío. Bastante tenemos con los nuestro.

Pasad, dentro de lo que cabe, un buen día.

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