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Vivir el Real Madrid en silencio

Vivir el Real Madrid en silencio

Escrito por: Mario De Las Heras18 noviembre, 2019
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Se habla mucho de la falta de respuesta del Madrid ante ciertas zorrerías oficiales y mediáticas. Yo mismo he pedido respuesta en público y venganza en la intimidad. Pero esta tarde de domingo me ha enseñado alguna cosa como la virtud olvidada del silencio. Pensé en el silencio del Real Madrid. Pensé en ese silencio (tan difícil de comprender) en medio del inesperado silencio hogareño dominical, por el que me acordé del Silencio de Shusaku Endo y de Martin Scorsese, y del misterio del amor de Dios del que están llenos los silencios del padre Rodrigues.

Llámenlo el amor de Dios o el amor de quien quieran, pero en ese silencio yo también encontré amor, acaso señorío, una tarde de domingo y así quise verlo en el silencio, tantas veces incomprendido, del Madrid. Porque, además, lo contrario de ese silencio es la cháchara a la que nos tienen acostumbrados. Prueben a ver un partido en silencio. Prueben a seguir la actualidad del Real Madrid en la lectura. El madridismo en silencio. Todo parece más sencillo y bello, a pesar de que algunas lecturas también resultan ruidosas. Es el palique ensordecedor.

Un partido del Madrid en silencio puede ser lo que sea y un partido del Madrid (o de fútbol, en general) con sonido es el culebrón más irritante que hayan escuchado sus oídos, independientemente de lo que suceda en el mismo. Y ni hablar de lo que son la mayoría de los programas de antes y de después, televisivos y radiofónicos: culebrones superpuestos unos a otros, como esas decenas de partidos que jugábamos en todas direcciones en el patio del colegio, pero en ruidoso, porque esos partidos también se jugaban en silencio.

Antiguamente esto no pasaba. Yo me acuerdo de José Ángel de la Casa, sobre todo. Y luego de José María del Toro, por ejemplo, y uno no echaba en falta el silencio porque narraban en magnífico silencio. El único programa de fútbol era Estudio Estadio, el original, y aquello era una maravilla de detalles, resúmenes, imágenes y reseñas. Y de silencio.

Ahora no se oyen más que frases estridentes como estas: “¡Lionel Andrés Messi me pertenece a mí...!”; “¡Debes decirle a Luis Alberto Suárez que tú eres su verdadero padre!”; “¡Dígame que Lionel Andrés estará bien, doctor!”; “¡Ese hombre, James David Rodríguez, no te conviene, María Fernanda!”; “¡Fabio Alexandre Silva Coentrao no está muerto, Fabio Alexandre Silva Coentrao está vivo, ¡Fabio Alexandre Silva Coentrao soy yo!” (esta en realidad me encanta); “Francisco Román Alarcón, ¡mientes!, yo nunca te engañé...”; “Gareth Frank, ¡gran sinvergüenza! ¡Lo dejaré sin la herencia!”, y casi todo así.

Hasta las entradillas y comentarios hablan de quién es ese hombre y vienen con trompetas de mariachis de fondo. Hay que practicar más el silencio. Le pone a uno en el lugar del que le mueven sin que se dé cuenta los culebrones. A mí me ha ayudado a disfrutar de mi Madrid y a entender un poco más ese silencio suyo tan polémico entre los fieles. El complicado silencio cristiano del madridismo frente a su constante semi apostasía, y frente al feroz antimadridismo y sus ruidosas promesas de salvación.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

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