Me ha costado horrores ponerme a escribir algo sensato hoy. Me puede la rabia, la impotencia y mi naturaleza pesimista no ayuda. He visto nueve finales de Champions y salvo las dos primeras, en las que tenía una confianza ciega totalmente irracional, tal vez por la edad, siempre he llegado cagado de miedo al día D. Incluso frente al Dortmund. Las finales contra el Atlético las pasé como pude, paralizado por el terror, barruntando cómo arrastrar para el resto de la vida una final perdida contra ellos. No porque no merezcan el premio, que a estas alturas deberían ya tener en sus vitrinas en lugar de alguno de los inmerecidos de ese club del que usted me habla, sino por la turra que nos habría caído sistemática, plomiza, para zanjar cualquier discusión con un colchonero. Así son.
He necesitado 24 horas para recuperar el pulso después del aquelarre vivido en Palma. La rabia y la impotencia son por los nuestros, obviamente. Vi un equipo incapaz siquiera de empatarle a un rival muy inferior, como Osasuna, como Getafe. Unos jugadores sin ganas, sin tensión competitiva, sin alma. Facturando como élite y jugando como medianías. He visto malas rachas del equipo muchas veces, mal juego, derrotas. Lo que nunca he visto es un Real Madrid al que no le importe perder. Carente de amor propio, de orgullo por la camiseta. Esa carrerita de Camavinga detrás de Morlanes renunciando a intentar llegar, o la de Trent, indolente, simplemente observando a Mateo Joseph asistir a Muriqi en el punto de penalti... Nunca antes había visto algo así. Deprime. Hay jugadores que no han entendido nada.
El entrenador asumió la responsabilidad por la derrota. La tuvo. Los cambios no mejoraron al equipo. Lo empeoraron. Pensó demasiado en el martes y permitió al binomio corrupto CTA-Barcelona sentenciar la liga la noche del sábado. Sentar a Güler, el único jugador que tiene filo en mediocampo y que puede poner balones de calidad, nos condenó a buscar a Vini la última media hora como único recurso. Por cierto, estrategia previsible para la cual DeMichelis, naturalmente, tenía un plan. Mal Arbeloa. Bellingham no aportó nada. La puesta en escena desesperada de un Mastantuono sin confianza terminó en fiasco. Mbappé tuvo cuatro goles en sus botas en la primera parte y desapareció en la segunda. Es fácil acertar la quiniela el lunes, pero no me digan que no echaron de menos a Gonzalo después del gol de Militao, sabiendo que el Mallorca era más vulnerable en balones aéreos que por las bandas, superpobladas de futbolistas bermellones en ayudas constantes.
He visto malas rachas del equipo muchas veces, mal juego, derrotas. Lo que nunca he visto es un Real Madrid al que no le importe perder. Carente de amor propio, de orgullo por la camiseta
Repetimos mucho que el CTA es una presunta organización criminal. La constatación la tenemos cada semana, pero en momentos determinantes, como en un Atlético-Barcelona donde el título está en juego, podríamos pensar: "no se atreverán aquí…", "sería demasiado obvio...". Pues sí se atrevieron, delante de millones de espectadores entre los cuales espero que hubiera también evaluadores de la UEFA, para que sepan de primera mano cómo se las gastan Louzán y la alegre pandilla del CTA.
El reparto de tarjetas fue desigual desde el inicio: siete faltas el Atlético en la primera parte: tres amarillas y una roja. Seis faltas el Barcelona: una amarilla. Eric García cometió tres faltas de tarjeta en 45 minutos sin sanción disciplinaria. Todo OK, José Luis. En un alarde de protagonismo, dejando claro quién mandaba en el partido, Melero López, a los mandos prevaricadores del VAR, avisó en el descuento de la primera parte con una innecesaria y discutible corrección de amarilla a roja para Nico González. La falta sobre Yamal es clara de tarjeta, pero no hay situación manifiesta de gol en una jugada lateral en la que el delantero va solo, el portero espera bajo palos y dos defensas están llegando a la frontal.
Nos cansamos de insistir en que la golfada de cada fin de semana es insuperable. No lo es. La total ausencia de escrúpulos, la interpretación torticera del reglamento y las posteriores explicaciones ad hoc, normalmente contradictorias, consiguen lo que buscan: primero, arbitrar los partidos con discrecionalidad, tomando decisiones injustas con conocimiento e intención manipuladora. Después, explicarlas a conveniencia con una desvergüenza intolerable que, sin embargo, los aficionados toleran, anestesiados por el discurso de personajes siniestros de los medios de comunicación o por gurús de mercadillo de las redes sociales.
No cargaré las tintas sobre Busquets Ferrer. Al fin y al cabo, si quiere los trescientos mil tiene que tragar. Acertó en las decisiones sobre el césped, pero protegió su cuantioso salario doblando la cerviz ante las llamadas VAR, que son como la cabeza de caballo en la cama, una advertencia: "Ya sabes lo que tienes que hacer". Este árbitro no es ninguno de los Munuera, Hernández Hernández o De Burgos Bengoetxea; ni siquiera Manolete, que se tragó un penalti catedralicio por mano en el área del Mallorca en el minuto 3 de partido que Mediapro nos ocultó (lo que no se ve en la tele no existe) y sus sicarios en la cabina ni mencionaron (de lo que no habla Carlos Martínez, no existe).
En momentos determinantes, como en un Atlético-Barcelona donde el título está en juego, podríamos pensar: "no se atreverán aquí…", "sería demasiado obvio...". Pues sí se atrevieron, delante de millones de espectadores
Salvo las dosis homeopáticas de criterio sancionador con las tarjetas, trademark CTA, Busquets no cometió errores de bulto hasta que llegó la roja para Nico. Tampoco él o el línea vieron el fuera de juego previo de Yamal en esa jugada. Tuvimos que esperar diez minutos, durante el descanso, para ver los muñecos que mueven en el VAR a conveniencia, como nos explicó en su día Clos Gómez. Ahí terminó el evento deportivo y empezó la adjudicación de la liga 2026 al club más corrupto de la historia del fútbol.
La roja de Gerard Martín no es para discutir en la barra de bar o en el escalón más bajo del cuñadismo que es X. Es indiscutible. Es reglamentaria. Es inobjetable. El árbitro la vio en tiempo real y la valoró instantáneamente. En el monitor VAR y en las repeticiones desde cualquier ángulo quedan menos dudas aún. Se aprecia cómo la plantilla del defensa impacta y tuerce el tobillo de Almada. Existe la circunstancia de "riesgo evidente de lesión" como prevé el reglamento. La llamada del VAR al árbitro es un acto prevaricador en sí misma. Una decisión consciente para "acomodar" el resultado de un partido en el que estaba en juego la liga. Hubo un método Negreira y es este, precisamente. Melero López advirtió a Busquets Ferrer: "En mi opinión, es una acción en la que el jugador del Barcelona juega el balón de forma natural, una dinámica normal del juego".
El Barcelona debió quedarse con diez toda la segunda parte. No lo digo yo. Lo dice Marta Frías, portavoz del CTA que nos adormece semanalmente con sus explicaciones leídas de los textos que Negreira, Sánchez Arminio o el más reciente Medina Cantalejo habrían firmado. No sabemos quién los firma ahora, pero no sería raro que fuera Fernández Borbalán, otra estrella del Método que ejerce de director técnico del CTA, a la sazón, el que garantiza la discrecionalidad del arbitraje y es capaz de explicarte lo contrario sin pestañear. Hace apenas un mes, Marta explicó la jugada de Gerard Martín en el Betis-Rayo, con otros protagonistas y con resolución de roja, reconociendo el error de Martínez Munuera, que sólo mostró amarilla.
Resumen histórico: El Barcelona ha jugado 69 partidos más contra diez que con diez contra once, desde el año 2000. El Real Madrid, uno. No hay más preguntas, señor juez.
Al madridismo no le ha importado perder ligas cuando ha tenido la sensación de no merecerlas. Pero esta la dejamos ir con rabia y con tristeza, por no haberla competido. Habría sido un premio inmerecido por la irregularidad y por la imagen desesperante que hemos dado en algunos partidos, pero no por esto vamos a dejar de señalar que el CTA nos ha hecho daño siempre que ha podido.
El negreirato no terminó en 2018. Desde la llegada de Tebas a la RFEF percibimos un resurgimiento del Método Negreira. Tebas ha colocado en el CTA unos cuantos jarrones chinos de atrezo, pero los arbitrajes del "Grupo Salvaje" ascendido y amamantado por Negreira y promocionado por los sucesivos presidentes corruptos del CTA han condicionado una vez más la competición.
Con Negreira "pagaban para todo fuera neutral", con Tebas la motivación es su guerra personal contra Florentino en el único frente en el que puede hacerle daño. El Método, el mismo
El VAR se ha convertido en una herramienta perfecta para manipular partidos con la coartada de la neutralidad tecnológica. Ayer mismo lo vimos, en Palma y en el Metropolitano con Iglesias Villanueva y Melero López en la prevaricación. Con Negreira "pagaban para todo fuera neutral", con Tebas la motivación es su guerra personal contra Florentino en el único frente en el que puede hacerle daño. El Método, el mismo.
El madridismo está deprimido. Por el juego del equipo, que es impredecible. Por la falta de pasión, competitividad y ambición de los jugadores y por el ambiente putrefacto del fútbol español, que sí es angustiosamente predecible. Por suerte, Europa es otra cosa. Mañana nos llega el Bayern. Ave María Purísima. Queda dicho que soy pesimista. Todos los rivales europeos me producen pavor, juegue o no juegue Kane y aunque Neuer tenga 40 años.
Con rivales que juegan a ganar y que nos vienen a buscar suelen salirnos mejores partidos, pero también nos podemos llevar una estocada mortal si salimos a verlas venir. La pájara de Palma nos dejó señales inquietantes otra vez. A ver qué nos depara esta edición de la Champions. Ilusión no me queda, pero me queda fe. Hala Madrid.
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Soy el primero que critica el juego del equipo, sin embargo las actuaciones arbitrales lo mediatizan todo. El Madrid tiene que hacer mucho más. Es algo tan innegable como la falta de fútbol y la displicencia que tenemos.
No pues sentirme más identificado con este magnífico artículo. Me describe a mi mismo. Creo que debemos, debo, aprender a disfrutar más del futbol, sobre todo siendo del equipo más maravilloso del mundo.
Qué hartura tengo. Creo que los jugadores se conocen el percal y prefieren reservarse para lo "neutral", por decir algo. Si a nosotros se nos quitan las ganas de ver los partidos de la MLN, a ellos se les quitan las ganas de pelearlos, total ¿para qué? Si al final siempre aparece el CTA y su Método para arreglar lo que sea necesario ¿Es una postura legítima? Yo los comprendo.
Hasta que no se limpie el putrefacto fútbol
español, sinceramente, la MLN me da lo mismo. Que de plaza para la Champions y se acabó. Podemos criticar al entrenador, jugadores, presidente, médicos y hasta el utillero, pero lo imprescindible es eso. Castigo y limpieza.
Quien defiende al Real Madrid como defienden sus dirigentes al Barcelona? Todos callados como p. Porqué son unos maricomplejines