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Ser florentinista

Ser florentinista

Escrito por: Jesús Bengoechea20 julio, 2017
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Con lo florentinista que se supone que es La Galerna, hay que ver lo poco que hablamos aquí de Florentino. Hay mucha gente que da por hecho que Florentino financia esta casa, y si fuese cierto sería muy de admirar la discreción con que nos dictaría sus consignas. Cuando yo sea uno de los hombres más influyentes del mundo, marcaré entre mis supuestos periodistas a sueldo unas directrices de culto y loa a mi persona que nada tendrán que ver con la parquedad en la mención al presidente del Madrid que caracteriza a este portal. Cuando yo mande mucho, querré desde luego que mis escribidores de cámara me hagan la pelota mucho más de lo que La Galerna pelotea al Presidente del Madrid. Hablemos hoy, para variar, de Florentino y del florentinismo.

Yo me considero florentinista, pero no se lo digáis a mi madre porque ella piensa que, en lugar de eso, profeso una sangrienta confesión de culto satánico. Nada confiere menos prestigio en España que ser de Florentino. Si eres florentinista, solo puede ser porque Florentino te paga para que lo seas. Nadie es florentinista porque sus ideas le muevan a ello de un modo espontáneo, desinteresado. Es dogma de fe que Florentino no tiene adeptos ni partidarios sino esbirros y lacayos. Parece ser que un estómago agradecido es la única razón por la que alguien puede sostener que el máximo mandatario blanco haga en líneas generales una buena labor.

En cambio, el antiflorentinismo es por definición altruista, filántropo, progresista. Nada hay más cool que el antiflorentinismo. Quienes opinan que el líder blanco es un desastre lo hacen en aras de la justicia social y la fraternidad entre los hombres, sin recibir jamás recompensa alguna por ello. Al fin y al cabo, ¿de quién la recibirían? ¿Acaso existen entidades físicas o jurídicas con intereses contrarios a los de Florentino y dispuestos a pagar a otros por opinar en contra del dirigente? Ni una. No hay ni una. Mientras el florentinismo responde por antonomasia a una sucia ambición de lucro, en connivencia con los poderes fácticos más reaccionarios, su némesis solo es atribuible a la imbatible dignidad del ser humano. El antiflorentinismo le pertenece al viento y a las flores, las mismas que en el alumbramiento de la era del amor libre lucían en el pelo los viandantes de San Francisco.

Solo en su segunda etapa, Pérez ha conquistado 3 Champions Leagues, 2 Ligas, 2 Copas del Rey, 2 Supercopas de Europa, 1 Supercopa de España y 2 Mundiales de clubes, pero decir que lo hace razonablemente bien te sitúa bajo sospecha. Tiene sistemáticamente al club en lo más alto de la clasificación de entidades deportivas por resultados financieros y valor de marca, pero afirmar que su gestión es bastante atinada en lo empresarial te sitúa de inmediato bajo la asunción de que te unta para que lo afirmes. En materia social, ha sumido el riesgo de desterrar del Bernabéu la violencia y los cánticos políticos, pero (mientras reconocerles a otros que lo hicieron es un acto de justicia) darle ese mérito es interpretado como un acto de sumisión a su poder omnímodo.

Florentino Pérez es probablemente el único español con altas responsabilidades (dirigir la marca más universal de España lo es) que lo hace bien pero acerca del cual no es permisible decir que lo hace bien. Todo aquello que sale bien sale bien a pesar de su torpeza. Todos los jugadores del Madrid que resultan decisivos en algún logro deportivo estaban a un paso de ser traspasados por Florentino un minuto y medio antes de convertirse en decisivos, todas las decisiones que resultan acertadas fueron tomadas por otro a pesar de que aparentemente allí no hay nadie más que tome decisiones, y las rectificaciones que ensaya sobre sus propios errores (Benítez-Zidane) no cuentan como aciertos porque son rectificaciones y sólo computa el hecho de que inicialmente la cagó.

Cuando había éxito empresarial se le achacó el que faltara éxito deportivo. Ahora que el éxito deportivo acompaña (y de qué manera) al empresarial se afirma que no hay "coherencia", como de modo risible apuntaba un eximio gurú hace bien poco. Cuando haya éxito empresarial, éxito deportivo y coherencia se echarán en falta la templanza, la fotosíntesis o la sopa minestrone.

Soy demasiado viejo como para ser groupie de Florentino. Bastante dignidad se me escapa cuando (como forofo que soy) pierdo los papeles viendo correr tras un balón a once tíos de blanco como para tomar por icono la figura de un gestor y arañarme la cara llorando de gozo ante sus logros. La gestión es una cosa fría ante la que, en la eventualidad de un trabajo bien hecho, solo cabe ensayar un somero reconocimiento más o menos desapasionado. Tal es mi actitud hacia Florentino.

No todo lo hace bien, por supuesto. En su ya larga trayectoria se han dado decisiones deportivas discutibles o directamente fallidas, así como otras no menos opinables en lo tocante a comunicación o posicionamiento institucional. Mi principal pega es tan intuitiva como a mi juicio innegable, y me refiero a un pecado de omisión vago y totalizador. El Madrid, en consonancia con la universalidad que representa, tendría que hacer muchas más cosas en todos los ámbitos, y para ello debería emplear a los mejores profesionales del mundo en cada campo (no digo que los que hay no sean de primer nivel, digo que hacen falta más). Sucede que Florentino Pérez dirige también los destinos de una de las mayores constructoras del planeta, y no tiene suficiente tiempo para el club por más que lo intente. Muchos más grandes ejecutivos deberían nutrir el organigrama para que muchas menos decisiones tengan que pasar por él, aunque comprendo la dificultad del sistema para propiciar la delegación cuando quien manda es quien es, y esa sería mi primera pregunta en una hipotética entrevista: "¿Usted no siente a veces, por raro que suene, que es un hombre demasiado importante para dirigir al Real Madrid?"

Acaba de iniciar un nuevo mandato y yo le deseo lo mejor en el cargo, no sólo porque ello implicará mi felicidad como seguidor del Madrid, sino porque muy probablemente lo merece. Sólo puedo terminar, me temo, con la formulación de un requerimiento de madridista malacostumbrado que es casi una amistosa amenaza: espero mucho de él.