Anoche volvimos de Manchester con el pase a cuartos de final bajo el zurrón. El Real Madrid se adelantó con un gol de penalti de Vinícius Júnior. Esta vez el brasileño no erró ante Donnarumma. Al City se le pusieron las cosas cuesta arriba y parecía todavía más imposible darle la vuelta al marcador con la expulsión justa de Bernardo Silva que acompañó a la señalización del penalti.
Sin embargo, Erling Haaland supo aprovechar la oportunidad y lograr el empate en el minuto 41. Sin más posibles amenazas que las incursiones propias de un equipo que va por debajo en el marcador y sabe que tiene un porcentaje altísimo de no pasar de ronda, el Madrid aguantó el tirón ante un City sin pena ni gloria. El partido se cerró con un auténtico golazo de Vini en el último minuto. El toque sutil para sumergir la pelota en la red del City es poesía en movimiento.
A pesar de nuestras bajas y de la teórica amenaza del todopoderoso City, el madridista más juicioso sabía que con el marcador a favor que llevábamos de la ida, esto difícilmente se podía torcer ya. Si bien es cierto que nuestros efectivos van cortos de gasolina, no es menos cierto que la eliminatoria parecía controlada tras la hazaña del pasado día 11. Fecha que desde ahora y para siempre estará ligada a Federico Valverde, nuestro mariscal en el campo. A veces, las personas cuando son cuestionadas y puestas en duda, suelen dar lo mejor de sí mismas cuando la presión es más fuerte y las papas queman en el fuego.
Y, para más inri, anoche el partido transcurrió en pleno Día de San Patricio. El patrón de Irlanda no iba a fallar al Real Madrid. El trébol siempre se pone verde o gana verdor cuando el madridismo más alegre necesita de un golpe de suerte. Cuando la España hortera más anhela nuestra derrota, los duendecillos de la fortuna se conjuran para insuflarles fuerza a nuestra menguada expedición. Porque innegablemente los leprechauns son madridistas.
El patrón de Irlanda no iba a fallar al Real Madrid. Cuando la España hortera más anhela nuestra derrota, los duendecillos de la fortuna se conjuran para insuflarles fuerza a nuestra menguada expedición
La semana pasada recuerdo que os hablaba de que el Real Madrid en Europa necesitaba un golpe de suerte. Traje a colación el término en latín ‘vento secundo’ para referirme al fenómeno marítimo del viento favorable en mitad de la tormenta. Es decir, cuando todo está perdido y parece que el fin se acerca, la embarcación recobra el rumbo. Tal es así en el caso del Madrid, que desde el pasado miércoles encadenamos resultados positivos, sin ir más lejos la victoria solvente frente al Elche de Eder Sarabia.
Encuentro al equipo bastante bien. Dentro de lo que cabe, y con los jugadores sanos que tenemos por línea, es digno de elogio la capacidad resolutiva de estos chicos. Y todavía más elogiable la capacidad gestora del entrenador. El señor Álvaro Arbeloa y su cuerpo técnico, con Pintus a la cabeza, han sabido encauzar una situación que se tornaba dramática el pasado 12 de enero de 2026. Con sus aciertos y fallos, nadie es perfecto pues todos somos humanos, Arbeloa ha contribuido a conseguir apiñar un grupo humano alrededor de un proyecto que necesitaba ser insuflado de energía.
Todos tenemos un amigo que ha atravesado un bache y, de la noche a la mañana, vuelve a aparecer en tu vida y el tipo vuelve a ser un fenómeno. Lo ves sano, afilado, concentrado y positivo: en definitiva, enfocado en su propósito vital. El tipo que durante un tramo del camino de la vida estaba sorprendentemente borrado, reaparece energético y con las mismas ganas con las que lo conociste en vuestra plenitud.
Realmente no es magia, simplemente tu amigo el desaparecido inició un proceso costoso de reintegración total. Esto es así y no hace falta ser un psicólogo argentino para explicarlo. Sin ir más lejos, en la excelente El hijo de la novia, del maravilloso Juan José Campanella, existe un personaje así llamado Juan Carlos y que interpreta magistralmente Eduardo Blanco. Recomiendo a los lectores más jóvenes que la vean porque es lindísima, tiene un mensaje vital hermoso y la protagoniza un Ricardo Darín tocado por los dioses de la interpretación. Y, además, aparece Natalia Verbeke en su apogeo. ¿Necesitan algo más?
me gustaría que por lo menos no se abandonaran al olvido selectivo con unos jugadores que se lo han dado todo en el pasado y que ahora se están esforzando al máximo
Sin querer destripar el argumento de la misma, sí que me gustaría usar una enfermedad como metáfora. El alzhéimer es un mal que todos nosotros conocemos de una forma u otra. En todas las familias existe mínimo un caso. Pues bien, con distancia y respeto digo lo siguiente: una parte importante del madridismo ha padecido el mal del alzhéimer con su propio club.
De esto he hablado abiertamente en el pasado y no tengo el ánimo de volver al tema, máxime cuando nuestro Real Madrid atraviesa un momento elogiable. No obstante, me gustaría que por lo menos no se abandonaran al olvido selectivo con unos jugadores que se lo han dado todo en el pasado y que ahora se están esforzando al máximo. Ellos también son personas de carne y hueso como usted y como yo. Respetemos y seremos respetados.
Getty Images














La Galerna trabaja por la higiene del foro de comentarios, pero no se hace responsable de los mismos