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Ponga un ceutí en su yate

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Ponga un ceutí en su yate

Escrito por: La Galerna19 julio, 2016
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Buenos días a todos. Si a estas horas ya os habéis conmovido con la historia de interés humano que Mundo Deportivo trae a su portada, esperad a que os contemos el verdadero alcance de la misma. No es nuestra intención enmendar la plana a nuestros compañeros del eximio rotativo de Godó, grande de España. Es más, lo primero que tenemos que hacer es confirmar (con matices) lo publicado por el diario, en lo que a todas luces es un scoop de alcance planetario. Las cosas sucedieron tal como Mundo Deportivo las cuenta. Lo que sucede es que La Galerna ha podido conocer por otras fuentes la intrahistoria de esa historia, la intrafoto de esa foto. Hay detalles del asunto que han escapado a la intrépida perspicacia de nuestros compañeros catalanes, y a los cuales La Galerna ha tenido acceso. Primero os haremos partícipes de lo que Mundo Deportivo cuenta, y acto seguido os revelaremos la crucial información adicional que escapó al conocimiento de los reporteros y que, en primicia, pondremos a vuestra disposición.

Mundo Deportivo Portada Messi ceutí 19.07.16Sí, amigos. Suli, un muchacho de corta estatura (observad su foto junto a Messi), nadó un kilómetro para acceder al yate del argentino, que fondeaba a cierta distancia de la cala desde la cual el joven había iniciado sus brazadas. Alguien de la tripulación del astro alertó al crack de su llegada a nado. Leo, lejos de inquietarse por aquella intromisión en su vida privada, lanzó personalmente un cabo a Suli para facilitar su acceso a cubierta.

-Leo, no sabes cómo te lo agradezco- decía el joven, tratando de recuperar el resuello mientras dos bellas acompañantes trataban de aplacar con sendas toallas las primeras señales de hipotermia en la anatomía del minúsculo muchacho.- Me llamo Suli, soy de Ceuta y del Atleti. Por esto último, te quiero enormemente. He sabido que este era tu yate y, ni corto ni perezoso, me he echado a nadar para llegar a ti con la simple intención de hacerme una foto contigo. A tal efecto he traído conmigo este móvil que, ay, se ha mojado y ha sufrido daños irreparables. Pensé que metiéndolo en esta bolsita de plástico del Día y luego en el bolsillo del bañador estaría a salvo, mas ya ves que no.

-Y bueno, por eso no te preocupes- respondió solícito el astro argentino.- Ahora mismo nos hacemos la foto con el celular de mi señora, ¿viste?.

-Y a continuación se la mandamos a Mundo Deportivo- apuntó esta última, radiante como el sol ibicenco.

-Te quiero mucho, Leo- replicó Suli (¿pero era ese su verdadero nombre?).- Tu sencillez y bonhomía te honran. Ayer mismo vi a Cristiano en Pachá y no pude ni acercarme a él de tanta seguridad como llevaba.

-Eso también gustará a Mundo Deportivo- indicó un asesor de imagen que estaba en cubierta con un daikiri.- Ya veo el destacado: "Un chico al que CR7 ignoró explica cómo consiguió una foto junto a Messi".

-Vos no te preocupes- dijo el crack a Suli (?).- Chicas, denle un jugo al pibe, por favor.

Después charlaron amigablemente durante un rato. Leo hablaba con sencillez y humildad, como si fuese una persona normal. De la vida. De las calas de Ibiza. Y de fútbol, claro. Suli (?) trazó una semblanza muy elogiosa del Mono Burgos, la única persona de este mundo a la cual Suli (?) dijo admirar aún más que a Messi desde su infancia ceutí (?). De pronto, sin embargo, en medio de la conversación, la voz de Suli (?) se quebró.

-Leo, debo decirte la verdad- confesó entre llantos y jipidos bajo el sol Mediterráneo.- No me llamo Suli sino José Luis. No soy ceutí sino del barrio de Carabanchel. Y no soy del Atleti, es más, tengo el carnet de madridista. Y lo que es peor: soy espía de la Agencia Tributaria, miembro de una cédula especial que trabaja en connivencia con el Ministerio del Interior. Formo parte de una operación urdida por Florentino, el Ministro de Justicia y Mari Carmen Martínez Bordiu para ver si encuentran algo más que conduzca a una condena superior a los 21 meses que acabe con tus huesos en el trullo.

Se habían quedado solos durante unos instantes, de modo que ningún asesor o maciza en bikini escuchó esa parte del diálogo. Leo, lejos de montar en cólera, amagó un simple gesto de extrañeza y siguió escuchando, alarmado pero al mismo tiempo visiblemente conmovido por el sobrevenido acceso de honestidad de Suli, perdón, de José Luis, quien proseguía con su declaración.

-Sí, Leo, sí. Nadé un puto kilómetro para jugártela. Soy un peón del estado opresor. Sin embargo ahora, en parte porque se me ha jodido el móvil y no puedo hacer fotos de los documentos secretos que haya a bordo, en parte porque estoy abrumado por la generosidad de ese zumo que me has dado (aunque un bocata de Nocilla como complemento tampoco me habría venido mal), ya te digo que desisto de mis tenebrosos propósitos. Te ruego me perdones. Si no te parece mal, con las mismas me lanzo otra vez al agua, vuelvo nadando hasta la playa y no vuelves a verme más.

Contra todo pronóstico, Leo puso su mano diestra sobre el hombro de José Luis, y mirándolo a los ojos proclamó conmovido:

-Tu honestidad te honra. En el camarote tengo todos los documentos de Mossack & Fonseca, de Belice y de otros paraísos fiscales. Los papeles de mi papá, en definitiva. Si querés, ahora mismo te dejamos el celular de mi señora y discretamente bajás y hacés todas las fotos que necesites para subir en el escalafón. Me tocaste muy adentro, ché.

José Luis rehusó la enternecedora oferta de Leo.

-Eres un crack dentro y fuera del campo, Leo. Me conformo con que me dejes ir tranquilamente, como te solicitaba.

-¿Querés una moto acuática para llegar a la orilla? Te la regalo, ¿viste?

-No. Gracias de corazón. Hagámonos ya la foto para que se la podáis mandar a Mundo Deportivo y punto.

Y esta, queridos galernautas, es la auténtica verdad que se esconde detrás de esta histórica portada del diario de Godó, grande de España. Antes de que José Luis se zambullera de nuevo en las aguas ibicencas, y nadara otro kilómetro hasta alcanzar la cala de la que había partido, Leo trazó la señal de la cruz en su frente y  susurró en su oído:

-Ve y no peques más.