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Mayoral y yo

Mayoral y yo

Escrito por: Mario De Las Heras18 septiembre, 2017
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Mi compañero de pupitre en COU se llamaba, se llama, Mayoral. Durante aquel año, Mayoral y yo fuimos como hermanos. Había varios pequeños detalles curiosos que nos unieron desde el principio, como que ambos éramos del Madrid (en Zaragoza) y teníamos las mismas zapatillas de deporte; y unos pantalones de pana beige idénticos y sendos jerséis de cuello de pico de color verde botella.

Él hizo que me gustaran un poco los Héroes del Silencio y yo intenté que le gustara U2. Lo que conseguí que le gustara mucho fue el Bono/Mr. McPhisto que empalmaba Lemon con With or without you, pero yo creo que era más bien por el maquillaje que le recordaba a los Kiss. Mayoral sacaba la lengua (era un gesto muy suyo) como el cantante de los Kiss. La sacó incluso el primer día que fui a su casa y le pregunté por la foto de un niño que se parecía mucho a él. Me dijo que era su hermano mayor que había muerto hacía algunos años, y sacó la lengua como si fuera un refrigerio, un refrigerio del corazón.

Mayoral y yo nos sentábamos en la última fila. Allí fue donde nos unimos de verdad, en aquel gueto, durmiendo al únísono y plácidamente todo un año durante la primera hora de clase con los abrigos doblados como almohadas sobre las mesas. Se estaba a gusto allí, sobre todo en invierno, con la calefacción. Todos los días a primera hora teníamos Inglés. La profesora nos había derrotado académicamente y había decidido también humillarnos hasta límites desconocidos, así que no encontramos mejor respuesta que el sueño, que además era una cosa que se prestaba de forma natural a esas horas.

Aquella profesora ponía un examen todas las semanas, y todas las semanas le gustaba (en realidad se regodeaba en ello con placer lascivo) leer las notas en alto para que las oyera todo el mundo. Era un gran momento semanal porque dichas calificaciones eran dignas de ser escuchadas. Incluso solemnemente. Y no sólo las nuestras. Los decimales eran su sello. Yo no solía pasar del uno coma ocho, y cuando Mayoral pasaba del cero coma cinco todos aplaudíamos con honda emoción y él se ponía en pie y se inclinaba para saludar.

Recuerdo especialmente el día que la profesora anunció que Mayoral había sacado un cero coma siete. Ese día (los días que se decían las notas), Mayoral y yo permanecíamos despiertos. Era el día grande de la semana en Inglés y había que pasarlo en vela como si fueran las fiestas patronales. El día del cero coma siete de Mayoral yo obtuve un uno coma uno, un récord personal que sin embargo lograría superar más adelante gracias a un cero coma seis por el que fui largamente ovacionado.

Mayoral y yo nos convertimos en dos leyendas casi británicas, del tipo de Beckham o Bale, y eso que mi inglés por entonces era bastante aceptable y de Mayoral se podía decir que era prácticamente bilingüe. Eran cosas del sistema. Un sistema rígido, obtuso, pipero al que no quisimos (no pudimos) adaptarnos. Éramos como artistas del inglés y aquella profesora el doctor J. Evans Prytchard de la asignatura. Luego los dos aprobamos el curso a pesar de todo. La junta de profesores lo decidió porque habíamos aprobado el resto de asignaturas.

En Selectividad yo saqué un siete coma tres en Inglés y Mayoral un ocho coma cinco, lo cual fue como ganar la Liga habiendo decidido alinearnos en contra de la opinión de la mayoría y nosotros hubiéramos respondido con goles. Golazos como el de Bale (que sacó la lengua a todos sus admiradores) a pase de Isco. O como los de Mayoral, que venía casi inédito, sin pasar del cero coma siete, para darle la razón una vez más a Zidane que ayer le puso de titular. A Mayoral y, por supuesto, a mí.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

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