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Marcharse de casa

Marcharse de casa

Escrito por: Pepe Kollins19 febrero, 2019
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Sucedió el domingo tras el polémico final de la Copa del Rey de baloncesto. La indignación cundió como un fuego en las altas instancias del Real Madrid que no dudaron, por boca del máximo responsable de la sección, Juan Carlos Sánchez, en mostrar su indignación. El directivo exigió un comunicado de la organización reconociendo el error arbitral cometido en la última jugada, así como una explicación del porqué de tal decisión – una práctica habitual en competiciones avanzadas como la NBA - ante la evidencia de unas imágenes que no daban margen a la interpretación. El recuerdo de lo sucedido el año pasado, también en una última jugada, acentuaba el enfado. Pero cuando parecía que la tensión había alcanzado su cenit, comenzaron a llegar informaciones que señalaban que, esta vez, el incendio se había propagado sin control: el club valoraba abandonar las competiciones reguladas por la ACB.

Llegados a este punto hay que hacer una aclaración para todos aquellos aficionados que intentan, por costumbre o interés, mezclar esta queja con el resultado final. El Real Madrid en ningún momento ha impugnado el partido. El Barcelona hizo un partido formidable, mereció en la misma medida que el Real Madrid un triunfo que pudo caer para cualquier lado. Efectivamente, la jugada anterior de Randolph y Singleton debió ser sancionada con antideportiva del madridista y lo más probable es que, de haberse pitado, la final hubiera terminado ahí. Pero la queja del Real Madrid no va dirigida ni contra el Barça ni contra el título que ha ganado: se trata de que unos colegiados revisaron unas imágenes y luego sancionaron algo que no se correspondían con lo que, en las mismas, nítidamente, se veía. La gravedad de lo sucedido superaba con mucho el error de percepción o interpretación.

Si todavía queda un aficionado azulgrana que no comprende la reacción del Real Madrid que imagine que en la acción de la antideportiva de Randolph los árbitros hubieran detenido el partido, revisado las imágenes y, a continuación, hubieran decidido pitar falta en ataque de Singleton por el garrotazo que le propinó su compatriota. Eso mismo es lo que hicieron los colegiados en la última jugada. Por eso el club siente que ha perdido la confianza en dichos árbitros y en la propia competición.

imagine que en la acción de la antideportiva de Randolph los árbitros hubieran detenido el partido, revisado las imágenes y, a continuación, hubieran decidido pitar falta en ataque de Singleton

Y ahora retomemos lo que dejamos. Tras lo ocurrido, el Madrid valoraba – según se filtró – abandonar las competiciones organizadas por la ACB. Muchos han entendido esta reacción como una forma de presión a la organización. Y puede que algo haya en ese sentido. Pero sería alejarse de la realidad no comprender que tras este primer aviso hay algo mucho más consistente que un simple calentón.

Marcharse de casa es un estadio vital por el que discurre casi todo el mundo. Llega un momento en que tienes que abandonar a las personas que te criaron y con las que conviviste hasta ese momento. Es un paso inevitable para seguir creciendo y quién sabe si para formar una nueva familia. Esta circunstancia suele ocurrir cuando una persona siente que carece de espacio para desarrollarse de acuerdo con sus posibilidades y anhelos. Y eso es lo que le sucede al Real Madrid hace tiempo en la ACB. Y para ser exactos, no solo al Real Madrid y no solo en la ACB.

Hace poco más de un año los responsables de Real Madrid, Barcelona, Baskonia y Unicaja se reunieron para tantear su salida de la competición creando una liga paralela a la ya existente. Aunque al encuentro no asistió el Valencia Basket la intención de los inductores era contar con el equipo valenciano para el proyecto. El declive de la ACB era una evidencia que no se podía disimular.  Aquella competición que en el año 1996 llegó a tener una audiencia televisiva de más de un millón de espectadores de media (con puntas de hasta cuatro millones y medio), hoy apenas suma 100.000, el 55% de los cuales corresponden a partidos del Real Madrid. La práctica totalidad de equipos han subsistido artificialmente gracias a subvenciones de instituciones públicas o de equipos de fútbol que la mantienen con vida. Clubs que gastaban quince millones euros ingresando uno. Equipos excluidos por no poder pagar las nóminas, muchos en amenaza perpetua de desaparición ante la tensión de su tesorería. En esa dinámica – producto de una gestión nefasta continuada - la que fue la segunda mejor liga del mundo ha ido perdiendo interés para el aficionado, pero también para los propios clubs.

No es algo exclusivo de España. La creación y éxito de la Euroliga, fuera del ámbito de la FIBA, como un campeonato regular, constituido en base a una sociedad anónima formada por los propios clubs, ha sido determinante para que, poco a poco, las ligas nacionales fueran arrinconadas. Actualmente los mejores horarios son reservados para los partidos de la competición continental. Y la práctica totalidad de los equipos que la integran no disimulan su preferencia por dicha competición a la cual priorizan por encima de sus respectivas ligas locales.

La semana pasada, y tras el enésimo escándalo entre los dos grandes clubs griegos, Olympiakos anunciaba su decisión de abandonar la liga griega. Zeljko Obradovic, entrenador del Fenerbahce, manifestaba la conveniencia de solo jugar la Euroliga, al menos hasta los playoffs de la liga turca. El Maccabi Tel Aviv dispone de un equipo B, de menor nivel, para la liga israelí y otro para la competición europea. Una circunstancia, aunque no formalizada, a la que no escapa ya casi ningún club. El Real Madrid dispone de una plantilla de 16 jugadores para poder cubrir un calendario en el que tiene que afrontar dos ligas regulares. El año que viene la Euroliga se ampliará a dos equipos más, con lo cual el calendario seguirá aumentando.

Este es el contexto al cual se enfrentan los grandes clubs. Una liga europea en ascenso, deportiva y económicamente, por un lado y competiciones locales deficitarias y con un alto coste, en desgate y lesiones, por el otro. En esta encrucijada es normal que el Real Madrid no comprenda qué interés puede tener en prolongar esta relación si, como sucede, tiene que padecer situaciones como las vividas este fin de semana o en la Copa del Rey del año pasado. El Real Madrid de Pablo Laso ha sido una bendición para el baloncesto español, por su nivel competitivo, por su estilo de juego, por el impacto que ha tenido para volver a activar a muchos aficionados al baloncesto, por no decir por la cantidad de grandes jugadores que ha formado y que hoy en día son hasta estrellas en la NBA.

Ante esto la respuesta de muchos medios y de muchas aficiones son reproches al club madrileño por rechistar, aficiones de equipos que sin el Real Madrid (y el Barcelona) probablemente no podrían conservar su estructura profesional apenas unos años. ¿De verdad merece la pena sostener esta situación? ¿Tiene algún sentido continuar con aquellos a los que tan poco gustamos cuando realmente mantener esa relación supone una carga y no un beneficio?

¿Tiene algún sentido continuar con aquellos a los que tan poco gustamos cuando realmente mantener esa relación supone una carga y no un beneficio?

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