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Las penas del joven Isco

Las penas del joven Isco

Escrito por: Emil Sorel24 febrero, 2017
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(…) “Comedia rota del que quiere arañar a la luna y se araña su corazón”.

 

El maleficio de la mariposa, 1919.

Federico García Lorca

 

A Francisco Román Alarcón sólo le faltaba ese flequillazo que se ha dejado, como de héroe salido de un romance de Lorca, para terminar de construir su leyenda. Prototipo de jugador de culto, el malagueño despierta pasiones encontradas que sólo suscitan los futbolistas especiales. Él sabe que no es uno más y lleva esa condición con orgullo y cierto tormento también.

La filigrana construida por sus poderosos cuartos traseros convierte a Isco en una especie de Beyoncé malaguita reencarnada en centrocampista de clase. Le gusta gustar y eso está bien: los que ya estamos seducidos volvemos a caer una vez más en su danza de los siete velos y queremos que marque todos los goles, haga todos los regates y dé todos los pases del partido. Lo que en Modric es magia natural, como si los sortilegios fueran ciencia, y en Kroos, precisión germánica, en nuestro héroe con el número 22 es arte de zapateado andalusí. A veces le aflora el duende. Otras, no. Los genios flamencos son así: si el duende se aparece siempre deja de ser divertido. La rutina aburre y se nos gastaría el amor de tanto usarlo.

Pero ocurre también que Isco es un futbolista normal. Un chaval de 24 años con un juego todavía imperfecto que está a un paso de resultar verdaderamente dominante. Como la inmensa mayoría de centrocampistas, por otra parte. A su edad, el genio croata de melena rubia todavía no había aparecido en (casi) ningún radar. Xavi estaba peleado con el mundo y Pirlo era un guaperas que lo mismo te jugaba de mediapunta que se tomaba un café en una terraza.

Con menos de un cuarto de siglo, al de Arroyo de la Miel -imposible que naciera en un sitio con nombre normal- le ha dado tiempo a jugar dos finales de Champions, teniendo un peso casi decisivo en ambas. Prácticamente cada partido grande que ha disputado se ha saldado con puerta grande: se le recuerda dominar en el Calderón, en el Camp Nou, en Mestalla en una final de Copa, en el Bernabéu en semifinales de Champions... Algo casi irreal con su edad.

¿Entonces qué pasa?

Dos cosas: en primer lugar, que los jugadores con los que se disputa el puesto son mejores que él. Compite contra los dos mejores centrocampistas de nuestro tiempo. Al margen, se enfrenta a un colombiano cuya versión al 100% (que ya casi ni recordamos) es más efectiva que la suya. Y hasta contra profesionales del Real Madrid como Lucas V. No siempre hay sitio para todos.

También sucede que a Román Alarcón le pica el niki del estrellato. Él sospecha que puede ser cabeza de cartel en otro sitio y, de vez en cuando, le entran las dudas. Es normal. ¿Cómo gestionar ese talento? ¿Cómo tocar en el escenario secundario del festival cuando sabes que ya has triunfado en el grande en ediciones anteriores? No es fácil, no. Menos si posees el secreto de ese sortilegio que inflama al público y a la prensa. “Yo en otro lugar sería el ídolo”.

Bueno, pues sí. O no, vete tú a saber. Otros sitios no son el Real Madrid, eso por delante. Cuando has disfrutado de lo que es ganar en este club no resulta sencillo reeducar tus coordenadas para disfrutar de una F.A. Cup con el Manchester City, con todos los respetos a la mítica competición británica y al club mancuniano. Todo bien, pero no es el Madrid. Que se lo digan a nuestro querido amigo Mesut.

<<Yo en otro lugar sería el ídolo>>. Bueno, pues sí. O no.

El fútbol no es matemática, además. No vale lo de “vendo a uno y me compro a cuatro”. Hay jugadores que destacan en un lugar y después en otros se les agota la magia. Para muestra, Martín Vázquez, otro genio lorquiano que pensó que podría petarlo fuera y no. Lejos del Madrid hace frío y ya da más pereza salir a jugar. Decía Paul Newman que para qué iba a buscar una hamburguesa por ahí si en casa tenía un solomillo, refiriéndose a su esposa Joanne Woodward.

Es un momento delicado, casi crucial. No está siendo la temporada en la que Isco está gozando de más minutos. Ha dado exhibiciones y la continuidad no llega del todo. Se atisba un final de contrato en el horizonte y la tentación aparece. ¿Será mejor ser cabeza de ratón que cola de león? Es como cuando empiezas a ver pisos en Internet y todos parecen mejor que el tuyo. Falso: en otras casas también hay goteras y el vecino de arriba gusta de mover muebles a las dos de la mañana.

Estar en el club adecuado, gozar del respeto y el cariño del público, poder crecer como futbolista y como persona... El Madrid te da la oportunidad de disfrutarlo. Sólo pide paciencia, trabajo y silencio. Humildad para pensar qué puedes hacer por el club en lugar de soñar con mundos que no existen (ni siquiera sabemos si el Trappist-1 alberga vida). Hoja de ruta: seguir la receta a rajatabla y tener el talento para ello. Si eso existe, el club siempre te respaldará. Isco está en ese camino, sería una idiotez romperlo. Su marcha sería una mala noticia para él y para el club.

¿Por qué tratar de arreglar algo que no está roto?