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Bale, al PSG

Bale, al PSG

Escrito por: Fred Gwynne1 noviembre, 2019
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Consiguieron colarse en la urbanización varias horas antes del anochecer. Era una de las más lujosas y protegidas de Madrid. A pesar de que sabían que saltarse el perímetro de seguridad y la garita de control podría acarrearles consecuencias muy graves, decidieron correr el riesgo con la esperanza de tener el Pulitzer al alcance de sus manos.

Iban completamente vestidos de negro. El sol de la tarde y el sudor producido por el nerviosismo habían hecho que el betún, con el que se habían embadurnado la cara concienzudamente, fuese resbalando poco a poco hasta convertir sus rostros en el lomo de una cebra.

Se ocultaron detrás de unos árboles, a pocos metros de su objetivo: los contáiners de basura.

Los elegidos fueron dos, aquellos que en el consejo de redacción, después de una acalorada discusión, habían considerado los más cualificados para cumplir una misión tan delicada. Uno de ellos abrió su mochila y sacó una cámara de fotos.

Esperaron.

Una hora más tarde una luz iluminó el jardín de la villa situada a la izquierda de los contenedores. Se abrió la puerta de la casa, se oyeron unos pasos por la gravilla, y a continuación, después de abrirse la puerta metálica del jardín, apareció una mujer con varias bolsas de basura.

-¿Es la mujer de Bale? -susurró uno de ellos mientras enfocaba la figura con el objetivo de la cámara.

-No, lástima, es una de las empleadas domésticas. Creo que la del turno de tarde. En cuanto se vaya hay que hacerlo rápido. Prepárate.

La mujer llegó a los contenedores y depositó cuatro bolsas: una en el orgánico, otra en el de papel y las dos últimas en el de envases.

Se dio la vuelta, anduvo los escasos veinte metros que la separaban de la puerta del jardín y después de recorrer el pasillo que llevaba entre macizos de flores a la imponente casa de Bale, cruzó el umbral y desapareció de su vista. Un segundo después la luz del jardín se apagó.

-Listo, dame los guantes.

-¡Mierda!

-Joder, Manolo, no me digas que te los has olvidado. Mira que no te dije otra cosa: “coge los guantes, Manolo, coge los guantes”, pareces tonto.

-Los nervios, Juanma, que me tienen loco.

-Venga, va, ¿por cuál empezamos?

-Por el orgánico, es el más asqueroso, cuanto antes nos lo quitemos de encima, mejor.

Manolo abrió el contenedor, echó un vistazo al interior y metió la mano dentro a la vez que giraba la cabeza para evitar el mal olor.

-Mierda, el contenedor está a medias, no llego a coger la bolsa. Va, te ayudo a meterte dentro.

-Ni hablar, tú te has olvidado los guantes, te lo dije: “coge los guantes, Manolo, coge los guantes”. Yo no meto la mano ahí ni loco.

-Se acabó, o subimos los dos o no subimos ninguno. Hasta los huevos me tienes con tus recaditos.

Cinco minutos más tarde la luna iluminaba las cabezas de Manolo y Juanma sobresaliendo del contenedor.

-Abre más la tapa, Manolo, no veo una mierda.

-No puedo, está a tope.

-Pues así es imposible.

-Date prisa, hostias, me estoy hundiendo y se me están calando los pies. Mira que te lo dije: “vamos a llevar botas de agua, Manolo, botas de agua”.

-Te quieres callar de una puta vez.

-Enciende la linterna del móvil, idiota.

-Buena idea, voy…

…joder, NO, MIERDA, se me ha resbalado.

-“Vamos a llevar linterna, Manolo, vamos a llevar linterna”, ¿Te lo dije o no te lo dije? A ver, inútil, sujeta tú la tapa. Ya saco yo mi móvil.

¡Qué asco, Dios mío!…no lo veo…a ver, espera un poco…voy a arrodillarme…sí, sí, por fin, aquí está, ten, sujétalo con cuidado no se te vuelva a caer, tiene algo pringoso pegado, parece puré.

Quince minutos más tarde la luna iluminaba las figuras de Manolo y Juanma fuera del contenedor. A su lado, en el suelo, una bolsa de basura orgánica.

-¿Estás seguro de que es esta?

-Sí, segurísimo, era la que estaba más arriba. ¡Dios mío, qué mal hueles, Juanma!

-No me toques más las pelotas y abre la bolsa de una vez. Yo tomaré las notas y sacaré fotos. Date prisa, nos van a pillar.

Manolo abrió la bolsa y metió la mano dentro. Sacó una cáscara de plátano y varios fideos pegados a los dedos.

-Plátano. ¿Te dice algo?

-Plátano…déjame que piense…sí, sí, conque plátano…uyuyuy, voy a apuntarlo, puede que haya viajado a Canarias sin permiso, busca, busca algo que lo confirme. Hay que cazarlo.

-¿Los fideos pueden valer?

-¿Son chinos?

-Creo que sí.

-Entonces no, sigue buscando, mira a ver si hay algo de mojo picón.

Media hora más tarde la luna iluminaba a Juanma, Manolo,  una bolsa de basura vacía, una piel de plátano, varias cáscaras de huevos, mondaduras de patatas, medio limón reseco, fideos chinos (sin confirmar), 11 bolsas de té, cinco raspas de pescado, un filete comido a medias, macarrones con tomate, huesos de pollo y un montón de cabezas de cigalas.

-Nada, de aquí no vamos a sacar nada en claro. Lo de Canarias y para de contar. ¿Sabes si hay cigalas en Gales?

-Ni idea.

-Apunta por si acaso. Puede que haya aprovechado y para ir a Gales haya hecho escala en Canarias, estos tipos por jugar al golf con buen tiempo son capaces de todo, son yonquis del Green.

-Oye, Manolo, una preguntita, ¿los palos de golf a qué contenedor se tiran?

 

A veinte kilómetros de distancia el consejo de redacción de la radio echaba humo. Literalmente. La competencia había adelantado que Bale se iba a China en el mercado de invierno, así que ellos, en un alarde mitad temeridad, mitad arrojo, habían mandado a sus dos mejores reporteros a conseguir pruebas. Paralelamente a este peligroso trabajo de campo, los miembros del consejo de redacción investigaban exhaustivamente para confirmar el equipo que iba a fichar a Bale. Querían la exclusiva. Habían decidido buscar en periódicos deportivos galeses o chinos cualquier indicio de la contratación y plagiar la noticia en su radio. Si lo que publicaba el Marca iba a misa, lo que decía el XIN KUAI BAO iba a la pagoda. El nuevo director abrió la puerta del despacho en el que estaban reunidos y gritó:

-¿Alguien sabe chino?

¿Que si alguien sabe chino?

-Me cago en todo, pero qué clase de periódico dirijo. ¿E Inglés? ¿Alguien sabe inglés?

Nada, que no hay manera. Esto es un desastre -dijo el director dando un portazo.

-¿Y si usamos el traductor de google? -dijo el redactor jefe. Buscamos las noticias que tengan alguna foto de Bale y las traducimos del chino o del inglés.

-Roberto, un genio, eres un genio. Excelente idea. Seguro que eso no se le ha ocurrido ni al mejor AIC del mundo.

-Yo creo que va al Chongqing Dangdai Lifan -dijo media hora después uno de los redactores. Mira aquí se ve su foto. Voy a traducirlo…dame un minutito…a veeeeeer…no, nada, falsa alarma, es un anuncio de Nivea for men.

Al mismo tiempo que Bale se acicalaba la cara con “lo mejor para el hombre”, la luna de Madrid iluminaba a Manolo, Juanma, un montón de basura orgánica esparcida por el suelo y dos bolsas llenas recién rescatadas del contenedor amarillo.

-Te toca meter la mano, Manolo.

-¿Otra vez yo?

-Claro, te lo dije, Manolo, te lo dije, coge los guantes. ¿Te lo dije o no?

-Vete a la mierda.

Manolo abrió la bolsa y metió la mano con decisión. Su dedo gordo se escurrió dentro de un viscoso envase.

-Yogur, esto es yogur. De ciruela -añadió oliendo sus dedos. ¿Te sugiere algo?

-Déjame que piense…¿No será Danone?

-Sí, bífidus activo.

-¡Lo tengo! ¡PSG!

-Coño, es verdad, apunta joder, apunta. Se va al PSG, lo de china es una pista falsa. Llama inmediatamente a la redacción.

-Espera, espera, busquemos más, necesitamos dos fuentes por lo menos.

-Tienes razón, voy, a ver qué más encontramos…¡AY! ¡JODER! ¡ME HE CORTADO! Mierda, es una lata de espárragos.

-Te lo dije, Manolo, te lo dije, coge los guantes. Si me hubieses hecho caso.

-¡PLAF! ¡PLAf! ¡PLaf! ¡Plaf! ¡plaf! ¡af! ¡af!

El eco de la bofetada rebotó de villa en villa por toda la urbanización.

 

En el consejo de redacción, ajenos al crucial descubrimiento del Bifidus activo, habían decidido abandonar los periódicos digitales chinos para centrarse en los galeses. Alguno de ellos chapurreaba inglés y pensaron que eso les iba a facilitar la búsqueda. Seguro que en Cardiff se publicaba antes que en ningún otro sitio la noticia de la venta de Bale. Lo único que tenían que hacer era estar atentos y copiarla. Si el Marca iba a Misa, el BBC Cymru Fyw iba a Westminster .

-Aquí está, lo tengo, mirad esta foto de Bale, corred, seguro que hablan de su contratación…¿Alguien sabe lo que significa “Y gorau i ddyn”? Tengo el inglés un poco oxidado.

-Ni idea, ¿gorau i ddyn? Igual es extremo izquierdo. Yo tengo inglés medio, el del insti. ¿Bale juega por la derecha o por la izquierda?

-Vete al traductor de google, deprisa, no pierdas tiempo.

-Nada, no lo traduce. ¿Seguro que esto es inglés? ¿No será galés?

-No me jodas, prueba, YA, galés-español, corre.

-¡MIERDA!

 

Mientras Bale se seguía acicalando en Gales, la luna de Madrid iluminaba el dedo cortado de Manolo, la cara enrojecida de Juanma y un montón de basura que ocupaba media acera.

-Venga, hay que terminar, busquemos en el contenedor de papel…nada, nada, Manolo, no te empeñes, ya lo hago yo, tú con ese dedo sangrando lo pringarías todo…se te va a infectar…y mira que te lo dije, coge el desinfectante, Manolo, coge el desinfectante, en fin…

…aquí está la bolsa…

…rollos de papel higiénico, facturas, publicidad, el AS…

…mira, Manolo, un informe sobre lesiones…esto parece valioso…déjame que lo lea…dice que Dembelé costó 145 millones y ha estado lesionado 256 días frente a los 134 de Bale, en las tres últimas temporadas.

-¡Bah! Ni caso, tíralo, eso no nos sirve para nada. Tú a lo importante, no te despistes.

Unas horas más tarde, cuando clareaba el día, Manolo y Juanma desayunaban agotados un chocolate con churros. Estaban escuchando su emisora en la radio del móvil y la primera notica del informativo de la mañana anunció la exclusiva mundial: Bale iba a ser vendido al PSG en el mercado de invierno.

Sonrieron.

-¿Desean alguna cosa más? -dijo la camarera cuando recogió las tazas y platos de la mesa.

-¿No tendrás yogur Danone?

-No, lo siento.

Al llegar a la cocina, la camarera dejó los platos y tazas al lado de la fregadera y pensó que ojalá aquellos dos tipos se fuesen cuanto antes.

Aquel hedor iba a espantar a todos sus clientes.