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El Retorno del Rey

El Retorno del Rey

Escrito por: Athos Dumas11 marzo, 2019
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Valladolid. 10 de marzo de 2019. 21:15 horas. Una depresión de proporciones siderales se cernía sobre el palco del estadio José Zorrilla. Una vez más, esta temporada, el equipo rival estaba aniquilando ante límites desconocidos al aún Campeón de Europa y del Mundo. Y ese mundo se tambaleaba, sin que nadie pudiera divisar un mínimo haz de luz ante las tinieblas más sombrías. Se vislumbraba algo peor que el Apocalipsis, capítulo 16, versículo 16.

Finalmente, a las 22:30, el Real Madrid lograba una victoria por 1-4 – en un partido que podía haber terminado con una goleada del equipo pucelano - , pero los nubarrones no se habían despejado. Tras unos instantes de alivio, los pensamientos depresivos de todos los madridistas con los que me topé en el estadio vallisoletano se dirigían al “día después”: ¿qué pasaría el lunes día 11 de marzo?

Ejércitos de orcos feroces parecían dispuestos a asaltar en una batalla final, sin cuartel, es decir sin prisioneros ni armisticios posibles, el feudo del glorioso club de la capital de España. Las informaciones – la mayoría de ellas, como siempre, con profunda carga de malas intenciones – apuntaban a una escabechina sin precedentes, un baño de sangre sin igual en las inmediaciones de la calle de Padre Damián y también en los cuarteles de Valdebebas. Los refuerzos no llegaban. Las noticias eran confusas y nada halagüeñas. El madridismo una vez más estaba dividido entre los oficialistas, los hatters y los piperos, que proponían montones de soluciones, la mayoría sin criterio, mientras que el enemigo iba avanzando y arrasando todo tras su paso. Todo parecía perdido. Los orcos antimadridistas de todas las especies y tamaños conocidos se relamían ante el muy próximo despedazamiento del mejor club del siglo XX (y de lo que llevamos de siglo XXI), lo supondría en definitiva dejarlo fuera de combate o, simple y llanamente, arrasarlo de la faz de la Tierra.

En los foros madridistas había debates profundamente absurdos. Extraños nombres aparecían cuales bálsamos de Fierabrás para poder parar los pies a las hordas enemigas, sedientas de sangre y de fuego. Karanka. Míchel. Laudrup. Guti. Quique Flores. Víctor Sánchez del Amo. Camacho. Seedorf. Algunos de ellos, antiguos oficiales de cierto prestigio entre las tropas pero sin concitar verdadero liderazgo para ser revulsivos necesarios. Otros, apenas suboficiales respetables pero sin una adecuada hoja de servicios en los campos de batalla.

Sin lugar a dudas el nombre que más se repetía, no solo a las orillas del río Pisuerga, sino también en los doctos – y supuestamente bien informados – foros balompédicos, era el de un antiguo general, otrora un mago capaz de parar a las huestes guardiolescas, ganando las célebres batallas de Mestalla en 2011 o la no menos recordada “Campaña de los récords” en 2012. Dicho mago, originario del puerto occidental de Setúbal, no lograba reverdecer laureles de victoria desde que decidió exiliarse y probar a dirigir ejércitos extranjeros en la vieja Britannia. Llevaba demasiado tiempo cosechando derrota tras derrota, fracaso tras fracaso, y lo que es peor, sin saber jamás asumir sus propios errores ni hacer una mínima autocrítica. Sus claudicaciones y sometimientos eran siempre debidos, según él, a errores de sus oficiales, a cobardías de sus tropas, a avatares del sino o a catástrofes naturales. El mago-guerrero lusitano jamás se equivocaba, el mundo estaba contra él. Sus métodos, antiguamente los más avanzados e innovadores, habían quedado obsoletos hacía tiempo. Y sus comentarios y análisis, lejos de asustar al enemigo orco, le hacía resurgir y doblegar sus odios contra él y su entorno. Generaba mucho más odio y rechazo que temor en los adversarios. Se trataba de un antiguo servidor del bien, un Sarumán con recursos que ya había pasado al lado oscuro y proporcionaba debilidad a su ejército, en lugar de motivación y espíritu de superación.

El panorama era deprimente. “Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate”, se podía leer en los rostros de la mayoría de los madridistas, tal y como rezaba en la entrada del Averno según el bardo Dante Alighieri. “Vas a morir: elige tú mismo tu forma de morir.” Mientras tanto, los menestreles y juglares del momento, más afines a los orcos que a la pureza de intenciones del madridismo, se frotaban las manos ante el previsible caos y la más que segura aniquilación de cualquier forma de civilización tras la caída del Imperio Blanco.

El veterano Emperador parecía tan abatido como el que más, dispuesto a darlo todo hasta el final, pero viendo muy próximo un abismo de Helm ante sus pies, y sin poder de reacción. Todo estaba perdido. Sus consejeros más cercanos y sus tropas iban a darlo todo pero echaban de menos un líder bélico presto a reorganizar las defensas y aprestar a combatir de igual a igual. Como cuando el mítico Roldán (Roland) en Roscevalles, empuñando su espada Durandal, se aprestaba a hacer sonar por última vez su cuerno para pedir auxilio, apareció inesperadamente el hombre por el que todos los madridistas llevabámos tiempo suspirando: Zinedine Zidane, el Rey de las Champions.

ZZ, unos meses atrás, había pedido a su emperador un periodo de licencia, tras haber combatido durante años como Capitán General a todas las tribus de orcos del continente, habiendo culminado unas gestas imperecederas como Milán, Cardiff y Kiev, gestas jamás realizadas hasta entonces y que las futuras generaciones recordarán, con loas de trovadores por doquier. En esos oscuros meses para el madridismo, posiblemente ZZ se había adentrado en mundos subterráneos o etéreos o extraplanetarios, ya que apenas se habían vuelto a tener noticias de él. Algunos apuntaban haberlo visto como Senescal de las tropas libres de París, otros como el Dux de los ejércitos piamonteses de Turín. Y otros, como califa organizando campeonatos y justas en la oriental Qatar.

¿Por qué se fue tras la batalla de Kiev? Solo él y el emperador blanco lo saben a ciencia cierta. El desgaste de las batallas, algún recelo con sus más cercanos colaboradores, el tener que prescindir de algunos de sus más valerosos camaradas ya en declive. Quizás también algo de falta de seguridad en sí mismo, es difícil salir siempre victorioso en cada lance sin sufrir ningún revés importante. Pero aquí está de nuevo. Zinedine Zidane. La mejor noticia para el pueblo madridista, un pueblo muy numeroso a lo largo de todo el planeta pero que a menudo es el peor enemigo de sí mismo, ya que suele perder la fe a raíz de cualquier noticia que sale a la luz y, lo que es peor, prefiere escuchar las lenguas viperinas de sus enemigos que los silencios de estatuas sabias de sus dirigentes.

En esta ocasión, una vez más, el Emperador Blanco se aprovechó de la falta de fe de los suyos, e hizo creer a todos, por medio de heraldos y mensajeros, que su elección era el mago lusitano, desviando hacia él la atención de todos, mientras negociaba tranquilamente, quien sabe si bajo la tormenta de tinieblas de la vieja Pucela, el regreso del Rey de la Champions.

La moral ha vuelto entre la población madridista del mundo entero. Se ha pasado en un minuto de tener esperanza cero a creerse de nuevo los más poderosos del universo. Los orcos de tres metros de altura y 400 kilos de peso, que se comían a los niños crudos, parecen ahora mismo jilguerillos asustados en busca de refugio. Nada nos puede faltar ya. Queda recomponer el ejército de élite, la guardia pretoriana del Rey de la Copa de Europa, esos 25 guerreros de élite. Algunos deberán ser convenientemente reemplazados, ya que se detectaron  faltas de disciplina o de profesionalidad en ciertos momentos, que hicieron mucha mella en la valerosa y sufrida parroquia madridista.

Habrá que efectuar inversiones nuevas, por supuesto. Quizás haya que negociar con los monarcas y príncipes de otros países para atraer a sus mejores guerreros para este nuevo proyecto. Mejorar nuestras defensas y tener nuevas armas de ataque, más contundentes que estos últimos meses, en los que no se afilaron correctamente los estiletes. Preparar mucho mejor, en lo físico, pero sobre todo en lo mental, para afrontar cada enfrentamiento como si fuese el más importante, en lugar de estar pensando en octubre en las hipotéticas batallas del mes de marzo siguiente.

Pero para estos nuevos retos, el Rey de Europa está sobradamente preparado para volver a hacer frente a los muchos enemigos que acampan en montañas, valles y mesetas, como ha sido costumbre innumerables veces. Lo decíamos algunos, apenas hace unos días, tras la debacle ante los imberbes talentosos del AC Ajax: el Madrid se levantará y volverá. Tiemblen nuestros rivales y contrincantes. Tiemblen los orcos sedientos de odio, envidia, ira y venganza.

Madrid: 11 de marzo de 2019. 18:20 horas. La peor noticia para ellos. La mejor para nosotros. La esperanza que vuelve a nuestras cabezas y a nuestras vidas. Zinedine Zidane vuelve al Real Madrid. Ya está aquí. Ha regresado para quedarse. El Retorno del Rey. Las tornas han cambiado. Que nuestros adversarios tomen nota:

“Lasciate ogni speranza”, “Olvidad cualquier esperanza”.

Athos Dumas