En la víspera de los Reyes Magos, al Madrid se le apareció un delantero centro. Sus Majestades de Oriente, que son muy listas, ofrecieron a Alonso, al Bernabéu y al madridismo universal, el espectáculo más viejo y maravilloso del mundo: el de un 9 puro haciendo cosas de 9 puro. Old but gold como dicen los ingleses, que aunque hayan olvidado jugar al fútbol por lo menos lo inventaron, y a la clase de jugador que es Gonzalo le pusieron el nombre de striker.
Gonzalo se cascó un hat-trick perfecto: de cabeza, con la diestra y con la siniestra, y no empujándola de cualquier manera sino exhibiendo un estupendo repertorio de habilidades tanto dentro como fuera del área.
El primer gol es un deleite: culebrea en el área chica y le gana la espalda a su marcador para rematar la pelota con la frente. Esta clase de desmarques, más antiguos que el hilo negro, apenas se los hemos visto a Mbappé, por ejemplo. El segundo gol es totalmente mbapesiano, de crack, y el tercero revela al delantero fino, ese que a veces parece escondido tras las formas toscas de un mal remate.
Más que nada, el regalo fue que con Gonzalo regresó al equipo una cierta impresión de orden. Jugar con un delantero canónico ayuda a que las demás piezas encuentren mejor su sitio y a que el Madrid distribuya esfuerzos y espacios con criterio. Cuando están juntos Mbappé, Vinicius y Bellingham todo parece atropellado y caótico, lo cual tiene mérito porque los tres son virgueros de categoría. Pero tienden a habitar en las mismas praderas y la asimetría hunde al equipo, lo parte por la mitad, suma desconcierto.
Gonzalo tiene la audacia del primer Raúl y la percusión letal de Van Nistelrooy. No siendo alto salta como si tuviera muelles en los tobillos. Es impresionante verlo rematar de cabeza
Como casi no hemos visto nada de Endrick, nos agarramos a Gonzalo como a una reliquia del mundo que conocimos y que está en extinción. En el fútbol contemporáneo los goleadores así son ya rara avis. Es un juego, el de hoy, tan dinámico, móvil y físico que ha dado lugar a grandes depredadores, tipos eléctricos que meten chorrocientos goles cayendo desde una banda. El 9, cuya mera evocación hace pensar en la referencia fija, en alguien clavado como una astilla en el corazón del área contraria, aparece así como el mediapunta, una posición que se ha quedado sin sitio.
Gonzalo tiene la audacia del primer Raúl y la percusión letal de Van Nistelrooy. No siendo alto salta como si tuviera muelles en los tobillos. Es impresionante verlo rematar de cabeza, parece capaz de dirigir cualquier cosa con cualquier parte de la testa, que es una palabra preciosa que sin embargo sólo existe en el lenguaje del periodismo deportivo.
Puede que en efecto, en Arabia, vuelva Mbappé y todo lo que vimos el domingo se quede, sin más, en un bello recuerdo. Contra el Betis, Gonzalo le demostró a Alonso que hay un camino. No fue la primera vez: contra el City, los mejores momentos del Madrid fueron en torno al 9. Ese día Gonzalo fue una suerte de plan general de ordenación urbanística. Todo se desbarata cuando tienen que jugar juntas las superestrellas, pero si Alonso se atreve a contrariar los altos designios del califa sentando a uno (como Zidane en su día prescindiendo de Bale por Isco) entonces puede que caiga igualmente, pero lo hará a su manera.
Gonzalo tiene algo además que conecta con lo que va quedando, que cada vez es menos, de la vieja tradición madridista: es canterano. La cantera del Madrid, la verdad, no destaca últimamente por dar grandes frutos o por su utilidad para el primer equipo. Entre Carvajal y Gonzalo apenas han trascendido algunos cuantos nombres. Gonzalo es uno de esos niños españoles con la exaltación en los ojos y la ingravidez del blanco real del poema de Manuel Vilas. Se reconoce en él a uno de los nuestros, a cualquiera de los niños que aún juegan a la pelota en las plazas y calles de España. En el estado de ánimo y marco simbólico que es el fútbol, esto todavía tiene una importancia capital. Viendo marcar a Gonzalo siento que hay algo aún en el Madrid que me pertenece o a lo que pertenezco y eso, como el efecto del rayo de sol en el alma de un hombre que escribió Dostoyevski, nadie sabe lo bueno que es.
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Fueron muy buenos los tres goles, pero es de destacar también, y lo menciona el artículo, los movimientos que hace Gonzalo antes de marcar, que le deja completamente solo para marcar.
Qué dos grandes movimientos hizo Gonzalo en el primer y tercer gol, para liberarse de marca, hacerse hueco para recibir, y rematar. Fueron movimientos de oficio, muy alfonsinos o raulescos. En el tercero es más patente aún, creo que es Antony el que se queda buscándolo como sin creerse que su marca ha desaparecido, y al ver el remate y la bola caminando hacia puerta, solo le queda resoplar. El segundo gol tiene ese punto tan de golazo impresionante que te sale uno de muchos que intentas, que me quedo con el curro de los otros dos. Qué bonito sonaría una dupla atacante del futuro Endrick-Gonzalo. Se complementan totalmente. Para los Reyes de dentro de un par de años? Hala Madrid.
Gonzalo de delantero centro y la banda izquierda para que compitan Mbappé y Vinicius ahora mismo, no hay otra. Hombres y no nombres para el Madrid, atrévete, Alonso.