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El INEM de los afectos blancos

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

El INEM de los afectos blancos

Escrito por: La Galerna15 agosto, 2019
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Buenos días. Tras un partido vibrante, prórroga incluida, el Liverpool se proclamó ayer campeón de la Supercopa de Europa al derrotar al Chelsea en una tanda de penaltis que tuvo por protagonista decisivo al portero español Adrián San Miguel. El sevillano, que suple la ausencia por lesión de Allison, fue protagonista de un giro venturoso del destino que tiene a todo el mundo justificadamente fascinado, dado que hace días se encontraba sin equipo. Ha pasado de estar en el paro a protagonizar la gesta veraniega del vigente campeón de Europa.

Algunos jugadores del Real Madrid han experimentado en los últimos meses (o años) el proceso contrario al de Adrián: han pasado de ser protagonistas a estar en el paro.

No hablamos de un desempleo literal, claro está, son gente que está bajo contrato. Sin embargo, lo que caracteriza una situación de desempleo es que uno no cotiza. Puede estar incluso ganando dinero (para eso se inventó la economía sumergida, bueno, para eso y para que el Barça pueda pagar sus fichajes), pero no cotiza. Los jugadores del Real Madrid ganan dinero, pero algunos de ellos (muchos de ellos) hace tiempo que no cotizan en el ánimo de algunos madridistas. En el ánimo de muchos madridistas.

Ellos probablemente no lo saben. Creen que todo está bien, pero si existiera una oficina de los afectos de la afición, de igual modo que existen las oficinas del INEM, podrían consultar y se encontrarían fuera del sistema.

-Comprendo que es duro de aceptar, señor jugador del Real Madrid, pero hace meses y meses que los aficionados dejaron de abonar, en esta ni en ninguna otra sucursal del INEM de los afectos, las simbólicas cuotas de cariño y esperanza que antaño le mantenían a usted como miembro del cuerpo místico del madridismo. Ahora mismo no está usted protegido ante la menor inclemencia sentimental.

-Pero ¿qué me dice usted? ¿Que el aficionado ya no me protege?

-Ha perdido usted el favor de su afición.

-¿Y eso es grave?

-No es ni grave ni leve. Es inevitable si uno se comporta como un funcionario.

-Mire quién fue a hablar: un funcionario del INEM de los afectos.

-No se equivoque. Yo nací funcionario, por así decirlo. El ser funcionario me provee del derecho a dejar crecer un buen pandero sobre esta butaca con ruedecitas, y a contemplar mis trienios con autoindulgencia. Usted en cambio nació para ilusionar, pero el aficionado ha dejado de pagar sus cuotas de devoción. Está usted fuera del sistema.

-Pero eso cómo es posible. Usted no sabe con quién está hablando.

-Lo sé perfectamente, y no sólo porque le delate su acento andaluz o balcánico o centroeuropeo, sino porque se me antoja inconfundible su modo de apoltronarse en su silla, que en cambio no tiene ni ruedas. Ha optado usted por apalancarse. Es legítimo. No hay procedimientos legales para echarle. Pero en el sistema de los mitos ya no cotiza. Está usted desmitado.

-¿Cómo?

-Desmitado. Desprovisto de su condición de mito. Su pasado sigue siendo mítico, no me entienda usted mal. Es la cara de mito la que ahora falla. Usted es quién es, pero tiene cara de oficinista. Culo de oficinista incluso.

-¿Y qué hago ahora?

-Déjeme que consulte. (Breve pausa del funcionario, mirando en el ordenador). Mire, aquí puede haber una buena oportunidad. Los aficionados están pagando sus cuotas de esperanza en usted en el INEM milanés.

-Comprendo. Los aficionados milaneses me quieren allí.

-No me ha entendido. Son los aficionados madridistas quienes le quieren en Milán. De ahí que estén pagando ya las cuotas sentimentales en el sistema italiano, las cuotas de usted.

-Pero eso es muy triste.

-En el mundo funcionarial no hay nada triste ni alegre, señor futbolista del Real Madrid. Tantos meses después de su entrada en la administración pública, ya debería conocer al dedillo esta frialdad. La gente en Madrid ya no espera nada de usted. Vaya a Milán. Alternativamente, recupere la fe del aficionado en su persona. Es tarde, pero tal vez no demasiado tarde. Haga que el aficionado vuelva a cotizar por usted. Vuelva al sistema. Al fin y al cabo, está bloqueando la llegada de caras nuevas que podrían ilusionar. Lo menos que puede pedírsele es que dé cuanto esté en su mano por recuperar alguna cuota de ilusión.

-¿Pero la ilusión ahora no la tiene que poner Neymar?

-Neymar no va a venir al Madrid, alma de cántaro. (El funcionario mete la mano en un cajón de su escritorio, del que extrae un ejemplar de Sport y otro de Mundo Deportivo de la jornada de hoy). Lo más probable es que acabe en el Numancia, dado que el Madrid recela y el Barça no tiene un euro para pagar el fichaje. Estos panfletos se limitan a marear a perdiz.

-Entonces, depende de mí.

-Ya le digo, tal vez sea demasiado tarde. Pero mire al portero Adrián: hace quince días no cotizaba tampoco, y hoy está de nuevo en el mapa. ¿Quiere usted volver a hacer su propia figura distinguible en el mismo?

-Sí, quiero.

-En ese caso, tenga esta foto de usted mismo hace dos años y medio. Llévesela, le ayudará a seguir su propio rastro. Y ahora rápido. Levante su culo del asiento. Le ha aumentado en trescientos gramos mientras hablábamos.