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El alien de Odegaard

El alien de Odegaard

Escrito por: Soprano352 julio, 2019
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” Martin Ødegaard en 2 años será uno de los mejores jugadores del Real Madrid”, dijo Florentino Pérez hace unas semanas. Unas declaraciones que no deberían sorprender a nadie tratándose de un jugador que se disputó la élite del fútbol cuando irrumpió en el profesionalismo y que esta temporada, en la que cumplió 20 años -edad a la que Marco Asensio empezaría su periplo en el Espanyol y a la que Isco haría lo propio con su segunda temporada en el Málaga-, ha tenido su primera gran explosión, haciendo arder en llamas la Eredivisie. La apuesta del club es fuerte, pese a que en estos momentos se considere que su carrera pida una continuidad que la reconstrucción del Real Madrid no pueda asegurarle. Por eso se ha decido cederle, probablemente a la Real Sociedad, destino que, esta vez sí, se le atisba ideal por muchos motivos: proyecto con talento afín junto al que crecer y hacer crecer, competición en la Liga, adaptación al país, etc.

Pero… ¿Qué es realmente hoy en día Martin Ødegaard y por qué se trata de uno de los mejores jugadores del mundo de su generación?

Lo primero que llama la atención de él es cómo se mueve y lo bien que sabe, en cada momento, cómo está ocupado el campo. Esto lo favorece lo muchísimo que mira a su espalda y a los lados, incluso en el transcurso de una misma jugada. En base a ello, es capaz de adoptar un posicionamiento con el que favorece la circulación.

Entiende su influencia en la generación de espacios por la atracción de atenciones que suscita, lo que le convierte en un buen creador de líneas de pase, ya sea para salir desde atrás con pelota controlada, progresar a campo rival, asentar a su equipo en el mismo o buscando crear situaciones de gol, pidiéndola al pie o al espacio; en horizontal, diagonal o vertical. Sabe escalonarse. Se siente cómodo jugando por detrás de la línea de balón o entre líneas. A esto último ayuda mucho que su orientación, para facilitar acciones posteriores a la recepción, sea destacable.

Se le ve de primeras que es un futbolista que no solo tiene el fútbol en las piernas, también en la cabeza. Sabe cuándo hacer un desmarque de apoyo buscando pase de seguridad, ir a buscarla entre líneas o pedirla al espacio. En general modifica correctamente sus acciones según las limitaciones y virtudes del compañero e incluso en función de las del rival cercano. Dispone también de una gran lectura de las zonas vacías, presentes y futuras, que sabe anticipar durante el devenir del juego, que explota con cada uno de sus movimientos pensados para generar una reacción concreta. Para lograrlo se vale de una extraordinaria coordinación corporal que le permite ahorrar tiempo y ganar espacio cuando tiene que conectar acciones distintas (control, arrancada, conducción, pase, disparo, etc.), además de hacerlo de manera sumamente estética, con el valor emocional que esto representa para compañeros y rivales. Hecho que era especialmente visible, por ejemplo, cuando Iniesta cambiaba el momentum de muchos Clásicos con un control orientado con el que salía de una buena presión en bloque; eran acciones que tenían impacto directo en el devenir del encuentro más por lo que representaban que por la acción (control, conducción, etc.) en sí misma. Lo condicionaban.

Así, cuando Ødegaard encara una secuencia de movimientos que implica ejecutar varias acciones, logra dotarle de continuidad total a la jugada evitando tener que pararla y reiniciarla, sorteando la consiguiente pérdida de tiempo y oportunidades. Lo alcanza porque consigue que el balón no se frene del todo con toda clase de gestos, salvo cuando necesita hacerlo para fijar al rival.

Como primer contacto con el balón, demuestra un extenso abanico de controles que le posibilitan salir en cualquier dirección tras recepción sin necesidad de dar toques de acomodamiento posteriores para girar tras ellos o, si va a fijarse en el mismo punto, alejarla-acercarla del rival, según qué necesite, dependiendo de cuál sea su intención posterior y de dónde venga y hacia donde parezca ir el contrario. Situaciones que no resuelve exclusivamente desde parado, puesto que también recibiendo en movimiento saca ventaja a partir del control como si hacerlo así no le implicase la dificultad extra que debería suponer. Eso sí, demuestra problemas cuando va en carrera y el balón le viene desde atrás y, en la necesidad de no frenar la jugada, intenta salir por la derecha. Tiene que pulir esa dinámica de movimientos.

Una vez tiene el balón en su poder y decide continuar con la acción, su munición es amplia y devastadora. Presenta un desborde en vuelo potente. Cuando ya inicia la carrera hace que sea muy complicado para el rival tocar el balón, por mucho que le deje que se acerque a él, que es algo que hace para aprovechar los espacios liberados por los movimientos y vigilancias de los rivales como reacción a ella; por ejemplo, cuando inicia desde derecha la diagonal y se tira contra el rival en vertical, para eliminarlo de la jugada con el quiebro, cuando en realidad quiere acabar en la medialuna del área para chutar o colar el pase definitorio, evitando así el apelotonamiento de contrarios en la zona donde quiere finalizar. Pocas veces elige mal qué y cómo hacer lo que debe. En concreto, donde se viste de maestro es en la absorción de la presión que se da con su retención de balón, generando así espacios a su alrededor, y posterior descarga.

Por otro lado, si tiene que regatear, también puede hacerlo. Engaña. Gambetea. Tiene distintos recursos, aunque suele optar por acercarla al defensa para luego fintar, tentándole así a que le meta el pie y poder cambiar de dirección con un golpe de cadera antes de que este llegue al balón, más por un movimiento previo al engaño que forma parte de una maniobra de evasión. Es más reactivo que proactivo en este sentido, sobre todo cuando el 1vs1 no se da estando quieto. Aunque, insistimos, también dispone de capacidad de inventiva y de una depurada técnica para ejecutarla. Cuando opta por esta segunda vía, se le ven destellos de genialidad, que no se basan en la repetición de patrones de movimientos, sino que son pura improvisación. Una demostración de una creatividad inmensa moviendo la bola con arrastres y pisadas o haciendo fintas, recortes, caños o elásticas combinadas en secuencias de acciones que va modificando según la reacción del contrario a cada movimiento suyo, hasta provocar un desequilibrio por haberle incitado a intentar robar en lugar de guardar el espacio que ocupa.

Como consecuencia de ello, obliga a que a su adversario reciba coberturas, para impedir su avance o taponar la siguiente maniobra, moviendo así al equipo rival hacia su ubicación. El noruego sabe cómo manejar los arrastres que generan sus acciones. Inclina el campo sobre su posición, obligando a mantenerse activados tanto a los rivales cercanos como a los lejanos, dada su capacidad para encontrar a sus compañeros tanto a larga como o media distancia.

No es un atacante velocista. La velocidad y profundidad deberán aportarla otros. Pero que no haga rápida, por sí mismo, a una línea ofensiva no significa que la haga lenta. En general, no obtiene excesivas ventajas desde lo atlético, pero sí las alcanza de otra forma, tiene el físico suficiente como para no perderlas por la falta de él. Es en el pase a partir de donde crece su superioridad e influencia en los partidos. Sus envíos no pierden excesiva precisión cuando los da en carrera, siendo ésta una situación que exige más que desde parado. Sus recursos como pasador son inagotables. Suma a cualquier altura, desde cualquier carril y en cualquier fase del juego. Denota una capacidad interpretativa del mismo digna de un centrocampista dominante en edad de madurez, que es un atributo que se suele obtener con el tiempo -por eso los jerarcas de la posición suelen explotar más tarde-. Asimismo, tiene una habilidad natural para dirigir el juego. Sabe cuándo, cómo y por dónde frenar y acelerarlo. Encuentra fácil a los próximos y a los alejados. Por fuera y entre líneas. Con línea de pase abierta o teniendo que crearla él antes incluso de realizar el desmarque el compañero. Destaca su fantástico cambio de orientación, que en función de la situación del equipo rival -basculando, en repliegue…-, irá más o menos tocado y al sitio en el que esté el receptor o al que deba llegar -su pase le puede indicar adónde ir y a qué velocidad hacerlo-.

Seguramente su pase creador de ocasiones más característico sea el que envía por encima de la defensa, de cuchara, a la ruptura del compañero. Lo da tan bien tocado y dirigido que parece dado con la mano. Impacta. Pero no es el único. Posee una amplia gama de pases definitivos. Dada la variedad que tiene y la calidad que les imprime, hace que la dificultad de

defenderlos sea altísima. Calibra bien la tensión, intención y dirección que requieren. Y posee una visión especial para detectar trayectorias, Dando lugar a que muchos de esos pases “no existen”. No se ven ni por televisión en el momento previo al mismo.

Lo mejor no es que pueda efectuarlos, sino que puede ponerlo en valor muchas veces, puesto que hace gala de un destacable uso del cuerpo para mover y engañar a los rivales. Coloca el cuerpo de forma que enseña pases que luego no ejecuta para despistar y mover al rival, abriendo de este modo nuevas líneas o evitando que se cierren las que ya había.

Especialmente decisivo se muestra asistiendo desde el pico del área. Tiene una lectura de los movimientos de compañeros y rivales bastante agudizada y un toque que permite ponerla para que el remate sea sencillo y que, al mismo tiempo, no le da opciones de intercepción al portero.

Su primer toque es maravilloso. Se escucha el ‘tac’ que diferenciaba a los buenos - según Carlo Ancelotti- cada vez que lo efectúa, ya sea para continuar la jugada con una simple descarga o para cambiarle el sentido a la misma. Este hecho es posible por su buena ubicación -explicada al inicio- y porque posee un repertorio de golpeos que - aunque todavía sigue puliendo - ya es bastante extenso. No obstante, en los pases con el exterior, pese a que lee bien la trayectoria en relación con el compañero, rival y espacio libre, le cuesta precisar la potencia que debe imprimirle.

Debe mejorarlo.

Igualmente,