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Eden Hazard y la báscula

Eden Hazard y la báscula

Escrito por: Mario De Las Heras15 julio, 2019
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A mí me gustaría que Hazard saliese igual de gordo que Babe Ruth, leyenda de los Yankees, el Madrid del béisbol. No creo que quienes hacen alusión con tanto interés al supuesto sobrepeso del belga estén pensando precisamente en Ruth, quien protagonizó el traspaso más sonado de la época dejando los Red Sox de Boston para recalar en Nueva York. Los Red Sox, cinco veces campeones de las Series Mundiales, las tres últimas con Ruth en el equipo, no volvieron a ganar hasta ochenta y seis años después, tiempo al que llamaron “La maldición del Bambino”, como también se le conocía a Ruth.

Podríamos empezar a llamar a Hazard el Bambino. Más que nada por joder sólo un poco de lo mucho que tratan de joder por ahí afuera. Hazard, el Bambino, no está nada mal, aunque de bambinos, precisamente, el Madrid está sobrado. El último es Takefusa Kubo, descarte del Barça (bien ahí la dirigencia culé) y prodigio del país del sol naciente. Pero no venía yo a hablar de prodigios sino de gorduras. En estos días habrán oído hablar hasta la saciedad de la gordura de Hazard, pero seguro que no han reparado en la gordura de Griezmann, el flambeante fichaje del Barcelona.

No habrán reparado en ello porque nadie se lo ha mostrado ni se lo mostrará. Así que ya voy a hablarles yo con medida profusión del asunto. Si bien la supuesta gordura de Eden se sostiene sobre un tronco grueso, robusto como un atracadero de defensas, el notable ensanchamiento abdominal de Antoine se bambolea como un crepe al depositarse sobre el platillo. El crepe es un poco la antesala del flan, que es lo que podría haber llegado a ser Antoine, quién sabe, si la pretemporada en vez de en julio empieza en agosto: Antoine, le flan.

Yo lo he visto con su nueva y curiosa camiseta, y el pliegue que se formaba al levantar la pierna en su cintura, violentaba como una falla curvilínea ese tablero azul y grana. El peinado de campista de los Pirineos en el Tour, junto al detalle abdominal, me han conformado mentalmente una estampa de feliz conductor veraniego de roulotte, de ahí el depósito. Claro que no todo está en esa tripita abandonada. La papada se resiente también por la gravedad, al igual que los hombros caídos, los brazos flojos y la tetilla suelta. Todo por ciento veinte blandos (y oscuros) millones.

Hubiera sido divertido como un sketch de Benny Hill que hubiesen coincidido el mismo día en la clínica de la ciudad condal Antoine y Luisito Suárez con todas esas graciosas ventositas pegadas en sus vacacionales torsos. Hubiese sido la foto del verano, pero seguro que nos habrían privado de ella igual que Barzini se deshacía de sus fotos en la boda de Connie Corleone. Por suerte, he podido acceder a las imágenes de Griezmann llegando a Barcelona hecho un principito fondón y he querido dejar constancia de ello, no por inquina a Antoine, tan entrañable, sino por contrapeso.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

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