Las mejores firmas madridistas del planeta

Pitada en el Bernabéu durante la alineación del Madrid. Minuto de silencio antes del comienzo en homenaje a Lucien Muller y Brad Branson antes del encuentro. Partido tétrico de los blancos, indefendible, contra un Rayo que acabó con nueve. Al final, un penalti tan claro como agónico enjugó el sindiós. Desolador.

El encuentro comenzó con bronca a Vinícius la primera vez que la tocó, el brasileño realizó una buena jugada y forzó un córner. Arbeloa había puesto en liza un once con Mastantuono por la derecha y Camavinga como lateral izquierdo de amplio espectro.

A los cinco minutos, el marroquí Ilyas se coló hasta la cocina blanca y no marcó el primer tanto visitante no se sabe muy bien por qué, pues chutó fuera cuando era más fácil meterla. Pitos.

Instantes después, Bellingham se rompió. En plena carrera, se echó la mano a la parte posterior del muslo izquierdo. Gestos de fuerte dolor. Nueva lesión. Le sustituyó Brahim. Cuando el inglés se retiraba, unos le aplaudieron y otros le silbaron. Es probable que haya quien le culpe de la lesión o entienda que la había fingido; el mal momento que atraviesa el Madrid está destapando algunos hinchas peculiares que abroncan a los jugadores propios lesionados.

Entonces Gumbau decidió darle un codazo en la mandíbula a Güler. Díaz de Mera estaba viéndolo a escasa distancia. No entendió que la acción era merecedora de tarjeta, quizá porque no hubo fractura maxilofacial. En la siguiente jugada, Gumbau agarró a Mastantuono cuando se marchaba al ataque y el árbitro tampoco entendió que fuese amarilla. En la línea del CTA.

Vini, mientras le seguían abucheando, realizó un jugadón y clavó un golazo. Se besó el escudo y animó a los aficionados.

No tardó mucho Güler en crear otra ocasión. Batalla evitó lo que habría sido otro tanto espectacular.

El Rayo contraatacó con gran peligro, pero Fede Valverde corrió más que los dos atacantes rivales y salvó lo que parecía insalvable.

El Madrid estaba más alto. Si bien no era constante, había momentos en que sí y momentos en que no. El equipo tan pronto ilusionaba como preocupaba. Poco después, ya solo preocupaba.

Los de Arbeloa no se colocaron dos arriba porque Brahim creyó que era mejor intentar regalarle el gol a Mbappé que marcarlo él. Nunca es aconsejable no aprovechar las ocasiones nítidas. Contra ningún equipo.

Arda sirvió un pase gutiesco a Dean que lo dejaba mano a mano con Batalla, pero Huijsen se trabucó. La primera parte acabó con un par de ocasiones para el Rayo y el Madrid quemando tiempo jugando con Courtois. De nuevo, pitos.

Por otro lado, no sería raro que durante la primera mitad, en parte por el horario, en parte por las prestaciones del Madrid, más de un aficionado —quizá algún jugador— se hubiese echado una siestecita. De hecho, parte de esta crónica está escrita mientras estaba tan dormido como el espíritu y el talento de este equipo.

Encuentro tétrico de los blancos, indefendible, contra un Rayo que acabó con nueve

El encuentro se reanudó con la mayoría de los futbolistas despiertos, aunque no lo pareciese,  y con Ceballos en el campo. No prosiguió Asencio, probablemente debido a sus problemas en la tibia. Tres centrocampistas y un defensa en bajísima forma con alma de medio conformaban la zaga blanca.

El Rayo comenzó disparando desde lejos. Courtois intervino para alejar el peligro. La respuesta del Madrid, dos jugadas que concluyeron con derribos a Vini, fuera del área, y a Kylian, dentro. Este último, más claro. Penalti no señalado.

La respuesta: gol del Rayo. De Frutos, canterano del Madrid. Horrenda defensa. Más pitos.

Tchouaméni marró una ocasión para adelantar al equipo, su disparo desde el interior del área se marchó muy arriba.

En el 53', Gumbau segó a Ceballos. Se quedó en amarilla. Era la tercera acción de tarjeta de este futbolista. Un minuto más tarde, Vini y Mbappé acabaron en el suelo en la misma jugada. El árbitro y después el VAR dijeron que nanay.

Cerca anduvo Vini de marcar el segundo, pero el preciso centro de Güler lo remató con el hombro en lugar de con la cabeza.

El Madrid estaba aún más desdibujado después del gol del Rayo. Arbeloa volvió a mover el banquillo y además realizó otro cambio: Gonzalo por Mastantuono. El Bernabéu abucheó a Franco y ovacionó al madrileño.

Courtois salvó el segundo ante Ratiu a lo Casillas frente a Robben. El desempeño del Madrid estaba siendo dramático, ni siquiera Mbappé pudo anotar a puerta vacía tras driblar a Batalla. Chutó al larguero.

El Rayo estaba haciendo lo que correspondía: aprovecharse de la debilidad de este Madrid y perder tiempo cuando podía. El Madrid, sin embargo, no estaba realizando nada de lo necesario para ganar el partido, salvo estar sobre el campo. Daba la sensación de que seguían jugando once, aunque no lo pareciese. Hay tostadoras que han disputado mejor un partido de fútbol que hoy este equipo.

Arbeloa retiró a Güler, el futbolista más lúcido, y a Huijsen, horroroso de nuevo, para dar entrada a Rodrygo y Alaba. Es lo que hay, es difícil buscar explicación a lo inexplicable.

A falta de diez minutos, Ciss entró de manera criminal a Ceballos. Le descoyuntó el tobillo con los tacos. Una acción que puede retirar a un futbolista de la profesión. Afortunadamente, Dani se recuperó y no marcó en la siguiente acción de milagro. Su disparo lejano se marchó ligeramente desviado. Batalla, tras perder tiempo de manera obscena, vio tarjeta.

No había ningún tipo de orden ni esquema en el Madrid. Jugaban todos mal a la vez al mismo tiempo. Tiene mérito tanto desastre. Entre tanto, otro palo, esta vez Camavinga de cabeza. Ni contra un Rayo con diez se imponía el Madrid en el Bernabéu.

El equipo estaba desquiciado. Los jugadores o bien se tiraban al llegar al área o bien remataban sobre los rivales, incluso sobre los propios compañeros. El desbarajuste era total.

Tiempo había, añadieron nueve minutos. Daba la sensación de que el Madrid no marcaría aunque el partido no se acabase nunca. Y no era descartable el segundo del Rayo.

Los blancos asediaban con cañones de papel. Rodrygo disparó al muñeco frente a Batalla.

En el 97, penalti a Brahim como un castillo. Lo anotó Mbappé casi en el 100. Era la única forma, que el rival la cagase (con perdón).

Las notas del Real Madrid - Rayo Vallecano

El Rayo no lo llevó bien y Chavarría tiró a Rodrygo contra la valla publicitaria. Segunda amarilla y a la calle. Otro gesto feo de los vallecanos.

Se ganó al filo del abismo en un partido deficiente, desordenado, indigno, inaceptable, siniestro, bochornoso, ominoso y lúgubre. Nada que no haya repetido cíclicamente el Madrid antes de recuperarse y volver a lograr títulos. Hay muchísimo trabajo por delante en todos los ámbitos.

 

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El entrenador del Real Madrid, que —él sí— es muy madridista, ha afirmado en rueda de prensa que “habrá gente que no sea del Madrid, que no quiera que estén en el campo”, en referencia a la presencia constante entre los once, caiga quien caiga y caiga lo que caiga, de Mbappé, Vinicius, Bellingham y Valverde. Y así, de buena mañana de sábado, es como yo, muchos años después, en una frase construida en futuro hipotético, me he dado cuenta de que lo hipotéticamente construido no era sino mi pasado; que no fui, he sido ni mucho menos soy madridista. Por todo ello, te escribo estas líneas arrepentidas solo con objeto de darte las gracias, Arbeloa, por abrirme en canal los ojos y el alma.

Y no lo soy a pesar de vivir hace muchos años a miles de kilómetros de mi amada ciudad y de mi amado estadio y no perderme un solo partido, sea la franja horaria que sea; a pesar de los cientos, seguramente miles, de euros gastados en entradas cada vez que vuelvo, paquetes televisivos de cualquier país en el que resida, merchandising para mí o para los míos o VPNs para poder seguir manteniendo los canales y por ende los partidos viaje donde viaje y esté donde esté. No lo soy a pesar de desempolvar la viejísima bufanda que me regaló mi padre —madridista ya en el otro mundo, que quizá se fuera de él sin saber que tampoco era madridista— siempre que jugamos una semifinal, un clásico o cualquier otro partido en el que tenga que abrazarme a algo para calmar los nervios, las euforias o, a veces, los miedos. A pesar también de las llamadas por Zoom con mi hermano antes o después de los partidos para, con el pretexto de comentar el pre o el post, aliviar la soledad del partido en casa, en país extraño, con mi no-madridista (tampoco él) de cabecera.

Hinchas Real Madrid

En definitiva, que te agradezco, Arbeloa, que me hayas borrado de mi propio pasado, que me apostates, que me digas que no soy, sino que estoy, y que todo lo que yo creía verdadero resulta que era falso, especialmente yo mismo. Gracias por haberme hecho comprender cuán errado andaba por pretender que ser el mejor jugador del mundo no era una oposición que se aprobaba en 2024 y se mantenía ad infinitum; que adorar a tu club no equivalía a adorar a sus jugadores; que sentir lástima por aquellos que, cualesquiera que fueran los méritos contraídos, siempre eran los elegidos para el banquillo antes o durante los partidos suponía una muestra minúscula (porque el fútbol no puede ser otra cosa) de sentido de la justicia; y por tantas otras cosas que yo creía compatibles con ser del Real Madrid y tú hoy me has demostrado que no.

Así que, Arbeloa, como dicen los clásicos —no los de CGI, sino los otros—, gracias por tanto y perdón por tan poco.

 

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Buenos días. Para establecer una opinión en el imaginario colectivo es más efectivo el relato que la realidad. Es un hecho. La Historia no es un conjunto de sucesos narrados, sino una legitimación ad hoc de quien en cada momento ostenta el poder. Sucede porque el personal prefiere leer confirmaciones de sus prejuicios —normalmente producidos por frustraciones personales— antes que la verdad (o lo más parecido a ella posible).

En el fútbol, fenómeno pasional donde los haya, esta situación ocurre en magnitud extrema. Además, si entra la pelotita da igual que esta haya sido guiada por control remoto por un corrupto (con pito o sin él). Y si no entra, absolutamente todo está mal. El individuo puede tener criterio. La masa, complicado.

Por este motivo, para muchos es lícito que una institución que ha cometido delitos gravísimos (hay facturas) sea digna de admirar y merezca —deba—, no ya competir, que no debería, sino ganar. Y al único club que planta cara a la corrupción se le atribuyen las fechorías del infractor.

Concurre otro «motivo» para lapidar a la institución que aboga por una competición limpia: como ha cometido errores de gestión, el recientísimo periodo más brillante en la historia de ningún club carece en absoluto de mérito y hay que desmontar hasta los cimientos de la entidad.

Dentro de este último colectivo se encuentran violentos grupos nazis narcotraficantes profanadores de tumbas, al parecer muy del gusto de un sector —entendemos que pequeño, aunque tenga voceros grandes— de su propia afición.

Este escenario deprimente propicia que los medios se ceben en el «juicio» al que será sometido hoy Arbeloa (abajo a la izquierda en la portada de Sport) y celebren otro triunfo del club de sus amores y vendas sin mentar, siquiera de pasada, ninguna de las ayudas —probablemente innecesarias, pero ayudas— recibidas del sistema.

Que uno de los goles viene precedido de un córner en contra y de un más que posible fuera de banda, minucias, estos chicos son fantásticos y deben ganar al maligno Madrid siempre.

Que Cubarsí es poseído, al unísono, por los espíritus de Jordi Alba y Busquets y convierte una acción lejana «por wifi» en una dolorosísima patada, la cantera del Barça es la envidia del mundo. Viva la Masía. Además, hacen un aceite estupendo, según los anuncios.

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— @lavozgalactica Video (@lvg_video) January 31, 2026

Además, se recrean en ello —«Con tres bastan»— porque se saben impunes. Quienes tienen que velar por la integridad de la competición son indistinguibles de ellos mismos. Y quienes deben indagar, denunciar y dar a conocer las tropelías son regados para no hacerlo. Así se pueden cumplir 120 años y los que sean menester.

Marca no se edita en Barcelona, pero sigue las instrucciones al dedillo. Es la principal cabeza, sin ella sería más difícil todo.

As, hoy, rompe la tónica —afortunadamente el envase no era de vidrio— y se descuelga, de manera intolerable, destacando un mensaje positivo de Arbeloa: «Pido el apoyo del Bernabéu». Habrá de todo y así debe ser dentro de la libertad de cada uno y siempre que no se crucen los límites del respeto y/o el delito, esos que no tienen muy claros los semejantes del Frente Atlético. Este tipo de afición prefiere un presidente populista con gestión oscurantista. Seguro que estarían más a gusto con un Laporta en el Madrid.

Precisamente esa suerte de Astraco con ínfulas acusado de estafa se ha descorchado con perlas como «ya sabemos que todo está hecho para intentar desestabilizar al Barça y perjudicar nuestra reputación». Entendemos que también el acta de conformidad con el fisco en la que el propio club reconoció, bajo el mandato de Laporta, el carácter de liberalidad de las facturas a Negreira.

Cabe destacar también esta joya: «El Madrid va siempre por la puerta de atrás, lo que tiene que hacer es intentar ser mejores que nosotros». Eso no es posible, Jan, el Madrid es y será siempre mejor que vosotros.

En un rato, Real Madrid-Rayo. Nosotros queremos siempre que gane nuestro equipo.

Pasad un buen día.

Alguien, me dicen que Ultras Sur, grupo de ultraderecha que fue expulsado del Bernabéu hace ya casi doce años, y que al calor de la crisis de resultados del Madrid emerge ahora de entre las sombras, ha hecho circular unos pasquines (no sé si físicos o meros PDFs) incentivando al público del estadio blanco a abuchear a Florentino Pérez, reclamando su dimisión, en el curso del partido de esta tarde ante el Rayo Vallecano. Están en su derecho, como lo estoy yo de llevarles la contraria.

En dichos pasquines, los ultras ofrecen sus razones. Algunas me parecen altamente matizables, y desde luego no suficientes para exigir el fin del mandato del mejor presidente de la historia del club, junto a Santiago Bernabéu; el resto me parecen directamente falsas.

Vamos con ellas, con arreglo al pasquín. Empezaremos desde abajo, e iremos ascendiendo. Es un orden como cualquier otro. Quien considere que mis contrarrazones no son válidas porque colaboro con la televisión del club puede abandonar la lectura de este texto ahora mismo, si lo desea. Yo sé que creo en lo que escribo, y con eso me basta. Supongo que habrá quien esté dispuesto a analizar las ideas en lugar de descartarlas en función de qué persona las emita, que es justo lo que voy a hacer yo ahora, es decir, las voy a analizar a pesar de que parece que provienen de un grupo de sujetos protagonistas de múltiples acciones que a lo largo de muchos años deshonraron la imagen del club, entre ellas cánticos racistas, exhibición de signos nazis, exhibición reciente de pancartas con textos incalificables, agresiones múltiples y profanación de tumbas, entre otras lindezas.

Pues sí. A esa gente voy a responder.

Pasquín Ultras Sur

-“Por la VERGONZOSA Grada Fans” (la mayúscula es de ellos). A los Ultras Sur no les gusta la Grada Fans, o sea, el grupo de animación oficial al que ellos mismos habrían podido pertenecer de haber aceptado, en su momento, firmar un contrato en el que se comprometían a no emitir cánticos racistas ni exhibir símbolos nazis ni protagonizar agresiones ni… Pero prefirieron mantenerse fieles a su esencia, que es la descrita, con algunas excepciones que sí se unieron a la Grada a título individual. Por supuesto que es legítimo que no te guste qué tal lo hace la Grada Fans. Lo que sucede es que es imposible esquivar la certeza de que a Ultras Sur no les gusta la Grada Fans precisamente porque no son como ellos, lo que se antoja una razón bastante buena para que el mayor detractor de la Grada Fans empiece a verla con mejores ojos.

-“Por MALTRATAR al socio y peñista español”. Aquí entran en juego sensibilidades individuales. Hay socios que se sienten maltratados porque el club no pone una piscina o un club social a su disposición. Es una aspiración respetable, como pueden serlo otras. Personalmente, prefiero que el club me haga campeón de Europa, cosa que ha sucedido 6 veces en los últimos 12 años. ¿Que podrían ser las dos cosas, piscina y Champions? Pues no lo sé, la verdad. Sí es posible que el club no haya puesto en juego la suficiente pedagogía para explicar al socio que el fútbol actual y sus pilares de financiación señalan prioridades diferentes a las del pasado.

-“Por AYUDAR al Barcelona”. Hay verdad en esta acusación, si bien no está demasiado actualizada. Ahora mismo, la batalla jurídica y mediática del club contra la entidad que sobornó a la cúpula del estamento arbitral durante un mínimo de 17 años es más encarnizada que nunca. ¿Es legítimo arremeter ahora contra Florentino por un error pretérito? Posiblemente, pero no resulta lo más justo, por cuanto ahora mismo el Madrid va a por todas contra el Barça. Por lo demás, las sutilezas de la alta política del club, a las que somos ajenos los madridistas de a pie, deberían servir como atenuante, ya que no eximente, para cuestiones del pasado.

-“Por borrar el nombre de D. Santiago”. Esto es mentira, sencillamente. Tanto el nombre como el primer apellido del gran jerarca blanco siguen en lo más alto del estadio. Solo en la jerga del marketing, por la inmediatez que este demanda, y que además se basa en el habla común del madrileño (ningún amigo le pregunta a otro si este fin de semana va a ir al “Estadio Santiago Bernabéu”), se le nombra circunscribiéndose al apellido. Hay otra cosa, además: cualquier persona que estudie un poco la figura de Santiago Bernabéu concluirá que este pormenor le habría dado bastante igual.

-“Por la NEGLIGENTE obra del estadio”. La obra ha resultado deficiente en lo concerniente al tema acústico para la realización de conciertos, lo que es un error de peso en cuya solución se trabaja. De ahí a calificar de “negligente” una obra cuyo resultado es el estadio que ha maravillado a la mismísima NFL, y que en actividades distintas a los conciertos prosigue generando grandes beneficios, media el universo que separa lo serio de lo ridículo. El club lleva dos ejercicios seguidos batiendo su propio récord de ingresos, el más alto de ninguna entidad deportiva a nivel mundial, y el nuevo estadio es clave en la generación de los mismos.

-“Por BORRAR nuestro himno”. Nadie ha “borrado” ningún himno. Si se refieren a que el himno clásico ya no suena al comienzo de los partidos, creo que existe un consenso en que la canción con la letra de Jabois sirve en mucha mayor medida para soliviantar a las masas con el debido ardor guerrero. Creo que hay un problema de derechos con el himno de las mocitas, aunque admito no estar muy al tanto. La nostalgia es libre y a mí me gusta mucho también el himno clásico, pero hombre, de ahí a esgrimir esta como una razón para pedir nada menos que la dimisión de Florentino…

-“Por los PRECIOS de las entradas”. El precio de las entradas es el resultado exacto del encuentro entre la oferta y la demanda, ni más ni menos. El club de fútbol más importante del planeta pone a la venta sus entradas, y el precio resultante es altísimo porque millones y millones de personas querrían estar allí, en el estadio, viendo ese partido. Como resultado, ir a un encuentro aleatorio se ha convertido en afán casi utópico para una economía modesta. ¿Triste? Sin duda. Pero lo que sería negligente es que una entidad privada con ánimo de lucro renunciara voluntariamente al mayor ingreso de taquilla posible en aras de conceptos filantrópicos. Para ayudar a la gente, el Real Madrid ya tiene su Fundación, que a lo largo de su historia ha beneficiado a un millón de personas en todo el mundo. Entran aquí en juego cuestiones ideológicas. A los comunistas (enemigos del comercio, en palabras de Antonio Escohotado) no les gusta lo más mínimo la ley de la oferta y la demanda. No me parece que los Ultras Sur sean exactamente comunistas, pero es bien sabido que los extremos, a veces, se tocan.

-“Por la MALA gestión deportiva”. El Madrid fue campeón de Europa por decimoquinta vez hace año y medio. Florentino, el hombre cuya dimisión exigen los ultras, ha alzado en su mandato esa última Champions y otras seis, además de una larga cosecha de otros títulos en fútbol y baloncesto. La marcha deportiva del primer equipo de un tiempo a esta parte no es satisfactoria y, aunque muchos ya anticipan un cataclismo allá por mayo, lo cierto es que la temporada aún está en juego. Todo es discutible (la renuencia crónica a acudir al mercado de invierno, la negativa a fichar determinados perfiles que la plantilla parece necesitar…), pero demandar el adiós del principal protagonista de tantos logros por el mal rendimiento de año y medio parece hiperbólico, cuando no teñido de buenas dosis de histerismo.

Si quieren abuchear a Florentino, háganlo ustedes, señores abonados (o señores a quienes los señores abonados hayan vendido su abono para que abucheen y pidan su dimisión). Tan solo les pediría que no lo hagan por estas razones en su mayoría absurdas o discutibles. Y, desde luego, que si lo hacen sepan que lo hacen en obediencia nada menos que a Ultras Sur, quienes, por lo demás, imaginamos que tendrán un candidato mejor para la presidencia del club. De otro modo, supongo que no propondrían el escalofriante salto al vacío que la dimisión de Florentino supondría.

 

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Soy nuevo en esto. El madridismo de las redes me viene haciendo compañía desde hace sólo un par de años, tres a lo sumo. Antes de eso, yo era feliz en mi analógica ignorancia, viendo a Florentino Pérez como el ángel protector del legado histórico del madridismo y como el visionario que nos ha conducido hasta donde estamos ahora. No olvidemos que tenemos un  club que ha seguido facturando títulos continentales, que se ha convertido en una fábrica de multiplicación de panes y peces y que quiere ser protagonista del futuro, vía Superliga o higienizando las competiciones que resulten de la limpieza de la corrupción insoportable del fútbol.

Ya he opinado aquí sobre medios y personajes que me ayudan a formarme una opinión diaria sobre las noticias del mundo del fútbol, pero hay fenómenos nuevos en este pintoresco y bizarro colectivo y hallazgos quiero compartir con los galernautas.

Florentino y Ceferin

Vivimos en una realidad distópica para el club, incomprensible. Necesitamos referencias, opiniones, información, para hacernos una idea de por qué este Real Madrid, acosado por la prensa, acosado por Tebas, acosado por Ceferin, acosado por el CTA, acosado por los vecinos del Bernabéu, rodeado de enemigos, permanece silente mientras el equipo se desmorona. Una colección de jugadores en busca de autor (Bengoechea dixit). Ancelotti, Alonso y Arbeloa no pueden estar tan equivocados. No tanto. No todos. Uno de ellos cosechó dos Champions con una plantilla de talento menguante, pero desde finales de 2024 el colectivo está en una espiral descendente hacia un abismo de mediocridad.

Hemos llegado a jugar bien (Barcelona, Villarreal), luego el problema no es de capacidad ni de fichajes, se diga lo que se diga de la (mejorable) planificación deportiva. Con Courtois a su nivel y Mbappé con la efectividad de un francotirador (un disparo, un muerto), sólo deberíamos saber amontonar a los otros ocho en medio, moviéndose juntitos para arriba y para abajo. Sin embargo, hemos tenido días catastróficos (Atlético, Albacete, Benfica). ¿Desconexión, motivación, apatía? ¿Qué le pasa a Vini esos días que no se va de un anónimo lateral Bosnio? ¿Por qué Carreras desaparece en su banda? ¿Qué le pasa a Huijsen? ¿Porqué Güler o Mastantuono observan pasivamente a atacantes rivales desde el minuto 60? ¿Dónde está el Bellingham que fichamos?

4-2: Mourinho empuja al Madrid fuera del top 8

Mbappé no da crédito. Da síntomas de estupefacción tanto en la zona mixta, en caliente, como en sala de prensa. Me fijé en Tchouameni. Me dio inmensa pena la media docena de veces que pivotó sobre el balón para los dos lados sin atreverse a poner una diagonal a la banda derecha contra el Benfica, teniendo a Mastantuono absolutamente solo. Seguro que ustedes se habrán fijado en anomalías similares durante el lamentable partido de Lisboa.

Si tienes amigos te pitan como al Barça. Si tienes enemigos, te pitan como al Madrid, que, además, no está necesitando mucha ayuda: sabemos irnos a la mierda nosotros solos. Eso sí, con ayuda llegas antes

Casi todos los medios han sentenciado ya al Madrid y sobre todo a Arbeloa, por tratar de mantener a sus jugadores con la moral alta. Las viudas de Alonso y los haters de Florentino hace tiempo que han cruzado la línea del insulto, la falta de respeto y la burla intolerable, porque vende y porque tiene adeptos entre el neomadridismo.

Es cierto, sí, que no jugamos a nada y estamos en medio de un problemón que no podremos resolver hasta el verano, con salidas y llegadas. Ya no queda otra solución. Pero no se olviden de que seguimos nadando en un océano de corrupción. No se olviden de los los arbitrajes a Marruecos en la Copa de África, ni de las ganas de pitar penaltis de Davide Massa y su asistente VAR en Lisboa o la falta inexistente de Bellingham que estuvo en el origen del 4-2. No se olviden de las tarjetas que nos incapacitan jugadores para dieciseisavos. No se olviden de Ceferin, del Balón de Oro de 2024, ni de la demanda millonaria que prepara el Real Madrid contra la UEFA. No se olviden del expediente FIFA por el negreirato y sus secuelas. Si fue buena idea o no empezar esta cruzada lo contará el ganador. Lástima que se haya juntado en el tiempo con un grupo de jugadores tan decepcionante, sin un solo jerarca que pueda manejar el vestuario y el equipo.

Pero hay un tipo que sigue mirando cara a cara a la corrupción, ignorando el ruido ambiental: El @TelecoCalvo. Las formas del Teleco, ese deje andaluz tan familiar para mí... esa velocidad mental para el cachondeo y esa memoria para desenterrar detalles olvidados por la furia diaria, me han enganchado. Un madridista cabreado pero no amargado con el que te puedes reír… no tiene precio. Teleco tiene frases para grabar en mármol, además de las gracietas que ya son virales, como los "valors" o la "neutralidad coacheada" (acompáñese con el gesto de repetir el golpe del puño sobre una hipotética mesa).

A semejanza de mi abuela, obviamente (como todas las abuelas) una mujer sabia, nuestro Teleco llegó hace unos días  a una conclusión lógica: uno no es corrupto para unas cosas y santo para otras. Uno es corrupto 24x7. Es inevitable, hasta imprescindible. Uno no puede estafar a inversores por la mañana y dar una dádiva por la tarde para que las Clarisas sigan haciendo rosquillas.

En un alarde, uno puede, embriagado con el paroxismo propiciado por años de impunidad, simular ser el más puro de corazón, pagando (!) a Unicef por un extraño patrocinio, en lugar de cobrar por él. Detrás, Senes Erzik, feliz por la donación como jefe de proyectos de Unicef y simultáneamente como autoridad negreiril del CTA de la UEFA. Ahí el Barcelona se pasó el juego, hay que reconocerlo.

La UEFA ha salido en tromba en esta Champions de 2026, esta vez no se le escapará un detalle como en 2022 y 2024. Esta vez caeremos con el Benfica. El riesgo de dejar llegar más lejos a un Real Madrid moribundo es tentador, pero no lo veremos. Imagínense que tenemos un par de noches como aquellas…

Así pito el italiano D.M. en el Benfica - Real Madrid

El corrupto estafa a quien puede, miente por costumbre, trinca de donde le dejen, mientras disfruta de un partido desde la dorada butaca Luis XV en un palco africano o árabe. Laporta por ejemplo, aprovecha los viajes "de empresa" para pegarse homenajes de toda índole a costa de los pagafantas que le idolatran y está siempre dispuesto a dar un abrazo a quien convenga, por ejemplo, a otro corrupto. Si tienes amigos te pitan como al Barça. Si tienes enemigos, te pitan como al Madrid, que, además, no está necesitando mucha ayuda: sabemos irnos a la mierda nosotros solos. Eso sí, con ayuda llegas antes.

No me critiquen por no comentar el infausto partido y silben el domingo todo lo que quieran. A mí no me sale. Yo me quedo con Courtois y con Mbappé. Ni siquiera por su rendimiento estratosférico o por su madridismo, que ya sería bastante, sino por su inteligencia, realmente escasa en ese vestuario. Es imposible ocultar algo que vemos todos. Puedes ser una estrella, tener un talento descomunal para el fútbol y ser una ameba, incapaz de darte cuenta de que todo el mundo ve que un día no te apetece trabajar.

Ya lo decía mi abuela con su sabiduría de pueblo, de años y de buen juicio, sobre un perro de la vecindad: "el que tiene un vicio, o se mea en la puerta o se mea en el quicio". Y aquí ya hay mucho vicio. Demasiado. El de los corruptos por un lado, el de los apáticos por otro. A los de fuera no podemos hacerles casi nada, a los de casa no hace falta silbarles más, basta con ponerles el cartel de transferibles en verano. Y que sea lo que Dios quiera.

 

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Buenos días, queridos. No es habitual encontrar unanimidad en las portadas de la prensa deportiva patria. Cuando la prensa madrileña se centra en alguna noticia o supuesto fichaje del Real Madrid, la cataculé te regala un elogio del penúltimo rizo de Lamine o una portada sobre la improbable llegada a Barcelona de un crack mundial que nunca llegará bajo el titular “Interesa”. Ni siquiera hubo unanimidad cuando el Real Madrid obtuvo alguna de sus Champions recientes. Unanimidad no, una-nimiedad fue aquel mítico y ridículo “Valverde da el OK a Bellerín” para negar todo el protagonismo a la Duodécima. También se salió del tiesto la prensa cataculé cuando estalló el caso Negreira y se dedicó a publicar portadas sobre los partidos de su cliente como si tal cosa no hubiera pasado nunca.

Pues bien, la victoria de Carlos Alcaraz frente al alemán Zverev en las semifinales del Open de Australia de ayer fue tan brutal que acapara hoy todas las portadas. Mostrando el puño, tirado en el suelo, celebrando con los brazos en alto o haciendo el gesto de escuchar los aplausos de un público entregado. Todo el día de ayer fue una oda al tenis. Cinco sets y cinco horas y media en el Alcaraz-Zverev del primer turno y otros cinco sets en algo más de cuatro horas en el no menos épico Djokovic-Sinner de la segunda semifinal. Gigante, épico, bestial… Diferentes adjetivos para definir la hazaña del murciano sobre la pista de cemento de Melbourne.

Se nos podría ocurrir otro adjetivo que encaja, además, con los gustos de nuestro Carlitos Alcaraz: madridista. Fue una victoria épica, gigante, bestial… y madridista. Pero lo ponemos entre interrogantes en el título por cuanto los actuales no parecen tiempos en los que las virtudes madridistas se muestren a diario en la plantilla. O en los partidos de este último año y medio que nos ha tocado vivir. La victoria de Alcaraz fue madridista, sí, pero de otra época, parece.

Cuando lo vimos acalambrado y cojeando durante el cuarto set, pero entregado, decidido en un objetivo que parecía imposible, nos recordó al cojo Bale durante la prórroga y los penaltis de la Undécima. Cuando remontó el 5-3 que parecía insalvable del último set, vimos el espíritu de las remontadas de la Decimocuarta, los dos goles en los últimos minutos frente al Manchester City. Cuando las dolencias físicas de Carlitos mermaban su rendimiento, pero mantenía la misma determinación en la mirada, algunos pensamos en aquella defensa formada por Lucas Vázquez, Alaba, Carvajal como segundo central y Marcelo para enfrentar y ganar una prórroga entera a los gigantones del Chelsea. Ese es el espíritu madridista que mostró ayer Carlitos Alcaraz para sobreponerse cuando todo parecía perdido. Sus gritos fueron los de Cristiano, sus piernas se transmutaron en las de Fede Valverde, su calidad fue la de Karim Benzema y hasta el jugo de pepinos que lo reanimó pareció un batido de Pintus. El mismo espíritu de épica del veteranísimo Modric zafándose de los rivales se adueñó de Novak Djokovic para machacar al joven Sinner en la cancha. “Sí, estoy aquí, estoy mayor, tocado, pero no vas a poder conmigo”.

Lo sabemos, es un recurso fácil aludir al madridismo de Alcaraz, como en su día nos apropiamos y “expropiamos” los títulos de Nadal cuando nos convino, pero ha sido el tío del propio Rafa el que nos ha hecho entrar en el juego de la comparación entre el tenis y el fútbol. Toni Nadal dejó ayer unas declaraciones que nos dan pie a recordar los que sin duda fueron tiempos mejores:

“Yo soy del Barça y mi sobrino, que no sabe de fútbol, es del Madrid”. Toni nos cae demasiado bien como para criticarlo, y ayer, sin duda, solo quiso hacer una broma. Lo cierto es que resultó algo desafortunada, así que lo que no podemos hacer es no entrar en su juego. Amigo Toni, precisamente porque tu sobrino Rafa conoce los valores del deporte como nadie, precisamente por su manera de bregar y enfrentar las dificultades, por su afán de mejora constante, de lucha sin cuartel, por todo ello es del Real Madrid. Si fuera del Barça, a lo mejor habría pagado millones de euros al juez de silla para garantizar la neutralidad de la competición y que no se tomaran decisiones en su contra. O habría movido los hilos convenientes para poner a alguien de su cuerda bajo los mandos del Ojo de Halcón y mover los centímetros que marcan el error o el acierto siempre en su favor. O se habría hecho amiguito de los organizadores de los sorteos para tener siempre un cuadro más favorable en los torneos.

Rafa Nadal es madridista, igual que Carlos Alcaraz, y nos enorgullecemos de ambos, Toni.

Y, ya que mencionamos los sorteos de los cuadros del tenis, la otra noticia que ocupa las portadas es la de los rivales de dieciseisavos de final de la Champions para los equipos madrileños en liza. El Real Madrid tendrá la oportunidad de resarcirse de la derrota frente al Benfica de Mourinho, mientras que los vecinos del Riyadh Air jugarán contra el Brujas. Sinceramente, nos alegramos de que Mou, uno di noi, vuelva al Santiago Bernabéu, pero no solo por el cariño que le profesa buena parte de la afición, sin porque será una buena oportunidad para que los nuestros demuestren que lo del miércoles fue un error que no se repetirá. Para que Arbeloa devuelva al equipo a la senda correcta, para que entre todos los jugadores nos hagan recordar algo del madridismo de otros tiempos.

O de Alcaraz en el presente.

Pasad un buen día.

Treinta y dos años. Ese es el tiempo que pasó el Real Madrid sin ganar una copa de Europa. Treinta y dos años son muchos años, te dan para construir la catedral de Chartres o para leerte casi entero el diario de David Uclés de cuando se fue a un campamento de verano en 4º de la ESO.

No sé si el madridista actual está preparado para tantos años sin palpar una Copa de Europa. Según lo que se percibe en redes sociales, no parece probable. Quizá me equivoco, pero creo que al madridista del siglo XXI le faltaría temple para soportar esa travesía: acostumbrado al triunfo regular, ya no sabe lo que es vagar por el desierto, lo que es pasar sed, lo que es tener los pies reventados de ampollas de caminar hacia un oasis que se convierte en espejismo en treinta y dos ocasiones.

Sartre decía que no le gustaba sentarse en sillones mullidos porque era una abdicación de su libertad. Mucho me temo que gran parte del madridismo posee, a día de hoy, un culo esclavizado por la suavidad de los cojines del triunfo. Culos indispuestos para soportar la silla de plástico del vagón de tercera, en un viaje cuyo fin es incierto. Más de uno, sospecho, se bajará en la primera estación.

Es fácil ser hincha en la victoria y muy duro serlo en la derrota. Es en esos momentos cuando cabría preguntarse: ¿por qué somos madridistas? La respuesta es importante porque es lo que nos dará fuerzas para resistir hasta que regresen las vacas gordas, mugiendo satisfechas y con Copas de Europa por cencerros.

Gol de Bale a Pinto frente a Bartra.

Yo me hice madridista cuando vi cabalgar a Gareth Bale en Mestalla. A veces me atormenta la idea de que si Bale hubiera jugado en el Barça yo hoy podría ser culé; pero luego me doy cuenta de que eso habría sido del todo imposible. En primer lugar, porque el hijo de doña Debbie jamás habría firmado por el club de Negreira; de haber tenido esa tentación, doña Debbie lo habría llevado a gorrazos desde Merthyr Tydfil hasta Llanfairpwllgwyngyll, condado de Gwyned, y luego le habría mandado a la cama sin cenar. Por otro lado, estoy casi seguro de que, con Gareth o sin él, mi raciocinio habría acabado llevándome hacia el madridismo. Y lo estoy por lo que le ocurrió hace tiempo a un príncipe de la Rus de Kiev.

¿somos madridistas porque siempre ganamos? No. En realidad, lo somos porque siempre creemos que vamos a ganar: eso es lo que nos hace únicos. Las derrotas no nos duelen: nos sorprenden

A finales del siglo X, el príncipe Vladimir de Kiev decidió abandonar el paganismo y abrazar una religión monoteísta al creer que así sería tomado en serio por los demás reinos. Como quiera que no tenía claro cuál profesar (catolicismo, cristianismo ortodoxo o islam) optó por una medida bastante razonable: hizo una encuesta a los candidatos. De modo que el buen príncipe Vladimir envió una serie de preguntas al papa de Roma, al patriarca de Constantinopla y al califa de Bagdad para, en base a sus respuestas, decidir qué religión era más aceptable para el pueblo ruso.

Yo podría haber tomado el ejemplo del príncipe Vladimir para escoger mis amores futbolísticos y, estoy seguro, habría sido madridista. Habría descartado seguramente al Barcelona dadas mis escasas intenciones de hacerme hincha de una organización más cercana al Cartel de Sinaloa que a un club deportivo. Llámenme raro, pero encuentro escaso atractivo en celebrar los triunfos de mi equipo si sé que han pagado a los árbitros para facilitarlos. Le quita mucha gracia al asunto.

Negreira ya sale sin calentar

La alternativa de ser del Atlético de Madrid tampoco me habría entusiasmado. Ser aficionado el Atleti carece de emoción porque nadie en ese club tiene serias intenciones de aspirar a la grandeza, empezando por su directiva y terminando en su afición, para la que la victoria o la derrota es indiferente. En el caso de los primeros, porque su atención está centrada, sobre todo, en el aumento de sus cuentas corrientes; y, en el caso de los segundos, porque parece que el siemple hecho de ser rojiblancos durante los 90 minutos que dura un partido ya colma de sobra sus ambiciones. No es que me parezca mal, pero resulta poco emocionante. El hincha del atleti casi nunca cree en serio que su equipo vaya a hacer algo importante, parece, de hecho, como si hubiera interiorizado que no lo necesita porque se vive muy cómodo en la épica de la derrota. Es la suya una extraña mezcla entre hooliganismo e indiferencia, casi lovecraftiana por lo que tiene de inconcebible, que me resultaría imposible de alcanzar.

El príncipe Vladimir rehusó convertirse al islam cuando se enteró de que el Corán prohibía el alcohol. ¿Adiós al vodka? ¿En Rusia? La respuesta fue un “niet” del tamaño del Kremlin. Desechada la fe de Mahoma, a Vladimir le quedó decidir entre el catolicismo y el cristianismo ortodoxo. Para él fue sencillo; primero, porque el papa no se tomó la molestia de responder a su cuestionario y, segundo, porque los emisarios que Vladimir envió a Constantinopla quedaron hipnotizados por el esplendor, la maravilla y la magnificencia de las misas de la catedral Santa Sofía. Aquella, tovarich, tenía que ser sin duda la religión verdadera: una fe triunfal, dorada y magnífica; digna de quien cree que en esta vida se puede intuir la grandeza. Y, desde entonces, los rusos se hicieron ortodoxos.

El Real Madrid es como una misa en Santa Sofía. El devoto que asiste a ella (o, al menos, el que lo hacía en tiempos del príncipe Vladimir) tiene la certeza de que existe un Paraíso, aunque no lo haya visto nunca.

¿Por qué somos madridistas? “Porque ganamos siempre”. Respuesta incorrecta. Si lo somos por eso, nuestro madridismo es débil y falsario, porque el Madrid no gana siempre; de hecho, suele perder bastante. A veces durante treinta y dos años. Por lo tanto, sería conveniente reformular la cuestión: ¿somos madridistas porque siempre ganamos? No. En realidad, lo somos porque siempre creemos que vamos a ganar: eso es lo que nos hace únicos. Las derrotas no nos duelen: nos sorprenden. No importa cuántas goleadas encajemos en un partido, no importa lo mal que juguemos, siempre creemos que la victoria llegará en el próximo encuentro, en la próxima jornada. Creemos en la victoria más allá de toda racionalidad, más allá de todo pesimismo.

Acudimos a cada partido con la fervorosa convicción de que no vamos a perder, aunque juguemos sin defensas, aunque juguemos sin portero, aunque todas las fuerzas de la naturaleza se unan en nuestra contra, se abran las nubes y la mano de Dios nos señale y diga: “os va a golear hasta el utillero”; nosotros no, nosotros pensamos que el triunfo es más posible cuando menos sentido tiene. Y eso es bueno. Es lo que nos hace únicos, es, de hecho, lo que hace que obtengamos la victoria de vez en cuando: la certeza de que está a nuestro alcance. No es la autoexigencia lo que nos convierte en madridistas, es la fe.

Solo cuando se abandona esa certeza nos convertimos en otra cosa. ¿En cuál? No lo sé. Quizá en hinchas del Atleti, que nunca creen en serio que su equipo vaya a hacer algo memorable… O tal vez en extraños entes pseudomadridistas que dan más pábulo a una cuenta anónima de redes sociales, de esas que juran que Jude Bellingham se baña en ron-cola todas las noches, que al hecho de que, contra todo pronóstico, el equipo puede obtener victorias insospechadas; a pesar de que ninguno de nosotros hemos visto a Jude cerrando piano bares, más escurrido que la aceituna de un Martini, pero sí hemos visto hacer cosas extraordinarias al Real Madrid cuando todos lo daban por muerto.

Se avecinan días complicados para nuestro devenir deportivo. Serán mucho más fáciles de soportar si no olvidamos esta sencilla cuestión: somos madridistas porque creemos (no: porque sabemos) que, siempre, el próximo partido será el más memorable de nuestras vidas.

 

 

Estuve en RMTV comentando el sorteo, y es comprobable que profeticé que nos tocaba el Benfica. No tuvo mucho mérito, primero porque tenía un 50% de posibilidades de acertar, y segundo porque la suerte se ha limitado a deparar lo que estaba escrito en las estrellas. Los guiones del Madrid en la Champions están trufados de intrahistorias como esta. Jugar contra el mismo equipo que te acaba de desalojar del Top8, vértelas contra él tres veces en un mes después de estar 61 años sin hacerlo y hacerlo además cuando está dirigido por un ex sumamente ilustre y controvertido forma parte de esas subtramas con las que el Madrid (ojalá) ilustra la trama suprema de la victoria final en su Copa de Europa.

Ahora mismo, sería tan propio del Madrid el caer eliminado por quien fuera su líder supremo como dejarlo en la cuneta e iniciar un camino exitoso hasta Budapest. Asi, sin términos medios. Lo consustancial al club blanco es escribir páginas memorables, tanto en el triunfo como en la eliminación. Sí sucede lo segundo, si el Madrid se ventila al equipo de Mourinho, habrá cerrado una página de su historia, como quien recupera y a la vez clausura el ardor de una antigua pareja valiéndose de un encuentro episódico con ella. Si es Mou quien se carga al Madrid… Ay, amigos. Si es Mou quien se carga al Madrid, habrá que parafrasear a Bernabéu tras ver a su equipo eliminado por el Manchester en el 68. “Si alguien tenía que ganarnos, está bien que haya sido usted”.

sería gratificante el doblete causa-efecto, es decir, que el Madrid siguiera adelante, entre otras cosas, como consecuencia de un recital táctico del salmantino

Pero no va a eliminarnos. Esto también lo vaticino, bien es cierto que con menos seguridad que el cruce de play off que nos acaba de tocar, en plan castigo después del lamentable partido en Lisboa. La sensación es que los nuestros se presentaron en Da Luz poseídos por un exceso de confianza difícilmente explicable y tolerable. Ya no cabe ese exceso, en tanto en cuanto acaban de pintarte la cara de todos los colores y arrastrado tu dignidad por medio Barrio Alto, que también, de tener que suceder tal cosa, es un sitio inmejorable para que suceda. Pero no va a volver a suceder. Arbeloa ha debido tomar nota de lo que tiene que hacer para que la superioridad técnica de sus jugadores no vuelva a quedar ahogada en los entramados tácticos y anímicos del viejo zorro portugués.

El clásico duelo pupilo-maestro (la literatura también se nutre del estereotipo) es otra de las subtramas del choque. Ya decíamos que este emparejamiento no puede ser más Madrid-Champions, conjunción que solo depara lo inolvidable. Bien mirado, quizá no sea estrictamente necesario que el alumno venza al profesor en la pizarra para que el Madrid se imponga, dada la diferencia de calidad sobre el papel, que ojalá esta vez se vea sobre el césped también. Mou puede volver a imponerse en el planteamiento sin que eso conlleve la clasificación de su equipo. No obstante, sería gratificante el doblete causa-efecto, es decir, que el Madrid siguiera adelante, entre otras cosas, como consecuencia de un recital táctico del salmantino. Los hijos mandando a los padres al asilo, por mucho que les quieran, por mucho que les queramos. Dejemos para otro día gestas de western crepuscular. Hay una oscura belleza en el modo en que, generación tras generación, se perpetúa la eterna comedia humana, en evolución que suele observar dos constantes: unos hombres sustituyen a otros y el Madrid pasa de ronda.

Para qué cambiar.

Buenos días, galernautas. Casi treinta y seis horas han pasado desde el bochorno lisboeta y seguimos percibiendo el amargo sabor de la hiel y el desconsuelo. El equipo de José Mourinho, ese al que tantos calificaban de caduco y trasnochado, dio toda una lección a uno de sus más identificados epígonos. Mou supo inculcar en sus jugadores un espíritu que no se ha visto en nuestro club desde hace ya demasiado tiempo. Quizá nuestros jerarcas contaban con un nivel de compromiso, autoexigencia o gen competitivo que la actual generación no es capaz —salvo excepciones— de siquiera soñar. O quizá aquellos eran futbolistas y los actuales son solo tipos que juegan al fútbol: no lo viven ni lo respiran 24/7. De hecho, bien pudiera parecer que, para la mayoría de los integrantes de la plantilla madridista, el fútbol es un mal necesario: un peaje a pagar a cambio de su estatus de superestrellas de vaya usted a saber qué.

El día de ayer fue propicio para reflexiones, mofas, befas, rumores y dimes y diretes de ralea diversa, pero de idéntica mala intención. Circularon listados en los que, junto al nombre de cada jugador, se indicaba el número de decibelios que alcanzaría la pitada a dedicarle el próximo domingo en el Santiago Bernabéu. No faltaron, por supuesto, los rumores que colocan a Unai Emery muy arriba en las preferencias de la directiva madridista para intentar virar una nave abocada al naufragio. Unai Emery. ¿Y por qué no David Vidal? ¿O Casuco?

Por si la actual coyuntura fuera poco, tenemos que ver las portadas de los medios presuntamente deportivos. Marca se despacha con un verdadero cilicio para la vista. Cabecera fea como sandalias Crocs, en la que los gallárdicos se refocilan en el sorteo del que el Madrid forma parte merced a su lamentable actuación del miércoles. El redactor que pergeñó la portada quiso ser vanguardista con una composición mixta en la que, junto al titular referido, nos muestran el nuevo Aston Martin de Fernando Alonso, y se quedó en hortera. Y mira que lo intentó. Insuperable el chistiño supermánico pegado a última hora. Qué nivel, amigos. Avancemos rápido, que el feísmo, a diferencia de Faulkner, no es algo por lo que haya devoción en La Galerna.

As titula en una línea parecida: “Bombo de castigo”. Eso sí, la portada es sobria, casi elegante. No parece haber sido elaborada por alguien que quiso ser avezado y fracasó en el intento, ni que paladea con delectación la inmundicia que vierte sobre las bestias negras de su jefe.

Saltamos, pues, a la prensa cataculé. No, si cuando el día viene de nalgas…

En Sport nos atiende Joan García con apariencia y actitud de ir a vendernos un seguro de decesos. Demuestra un verbo fácil e incontenido, pues deja unas declaraciones no por sorprendentes menos reseñables. Quiere ganar muchos títulos. Cosas veredes, galernautas. Cómo debe haber sido la charla para que el titular sea ése. No descartamos que haya pivotado en torno a los referidos seguros de decesos y se hayan mencionado las aspiraciones futbolísticas del guardameta de manera tangencial.

El diario del Conde de Godó, Grande de España, se solaza con la capacidad goleadora del club culé, ilustrando su portada con un salto felino de Raphinha, mientras Fermín, al que imploramos tiento, corre riesgo de pisar la cabeza de un Joan Laporta vestido de domador de circo. Cuidado con estas cosas, que son de las que luego acaban torciendo una renovación.

Pasad un excelente día; id al Bernabéu mañana y pitad, si os apetece, a los jugadores, a la directiva, a los vendedores de bufandas o al catering que tanto desprecia Relaño. O no pitéis y animad, si ello es lo que os brota: no sabemos qué deciros. Estamos tan confundidos e indignados como vosotros. Y echad un ojo a lo de los seguros.

En la televisión portuguesa, un presentador y un sacerdote hablan sobre algún asunto de actualidad mientras se juega el Benfica - Real Madrid. De repente, mientras el cura responde a una pregunta, los micrófonos recogen unos gritos, un jaleo impropio del rigor y la solemnidad de un plató de televisión en el que se emite un programa en directo. Da un respingo el entrevistado, asustado. Da la impresión de que se le mueve el alzacuellos, incluso. Por un momento debe de pensar que han entrado los militares, que hay un golpe de estado en marcha. Otra vez metralletas y claveles. Se le van los ojos buscando respuestas. Por fin, tras unos segundos de confusión, le dicen al periodista, por el pinganillo, que estén tranquilos: alguien en la redacción está viendo la Champions League. Entonces comunica a la audiencia y a su invitado, con parsimonia: «Tan sólo ha sido un gol del Benfica».


El equipo portugués acababa de clasificarse para la siguiente ronda de la Champions League en el último suspiro con un gol de su portero. Abandonados a casi toda esperanza, únicamente podían confiar su supervivencia al milagro. Lo habían intentado de muchas maneras, pero Courtois es el mejor del mundo por mérito propio y no por ser cariñoso con la prensa. No hubo manera de impartir justicia ante el belga: Thibaut aplicó la suya. El Benfica había sido mejor, merecía un resultado favorable amplio, pero se llegó al final con 3-2 y necesitaba marcar el cuarto para entrar en la siguiente ronda. Así que en el añadido, con una sola bala por disparar, Mourinho mandó a su portero a rematar una falta lateral. El resto ya lo sabes. Estoy seguro de que fue una de esas epifanías en las que aficionados perdidos vuelven a creer en el Misterio y su crueldad. Temerosos de su furia, impresionados por la revelación, seducidos por el caos, serán vivo ejemplo de la fe del converso por culpa de ese 4-2.

Recuerdo mi epifanía. Estaba en Alemania, descreído de todo, engordado por múltiples experiencias, habiendo visto centenares de partidos y sabedor de que todo ya me había sido mostrado. Esa noche jugaba el Real Madrid en Londres ante el Chelsea. Semanas atrás, había eliminado contra pronóstico al todopoderoso Paris Saint-Germain de Mbappé, Neymar y Messi. Creo que ni vi esa eliminatoria. Pero esa noche alemana, cerveza en mano, viendo el partido en un portátil en la cafetería de un hotel y habiendo sido contagiado de Covid-19 sin saberlo (otra vez), sentí la primavera. Sé que hubo un instante en el que encontré una felicidad perdida.


Corría el Madrid al galope por la izquierda. Vini, todavía con el 20, puso un centro al primer palo en el que floreció un Benzema lleno de colores, matices y aromas para marcar el 0-1. Fue un impacto: los ingleses lo tenían todo a favor y parecían más grandes, altos y fuertes. Eran temibles y sin embargo les fue aplicada la receta del fútbol. Aquí vale el que la mete, amigos. Tres minutos después volvió a marcar el francés. Pero recortó distancias el Chelsea antes del descanso. Ahí parecía todo por perderse: se podía intuir que nos empataban, que nos remontaban, que nos echaban, que nos mataban. Entonces también llovía. Pero Karim abrió las nubes en una demostración de madridismo: no hay rendición antes del final. Presionó por él, por mí y por ti, robó un balón al portero y a puerta vacía sentenció la ida. 1-3.

...tan sólo de un camino que se torció, tan sólo de un amor abandonado, tan sólo de Butragueño, Suker y Raúl, tan sólo de una noche de Copa del Rey en La Condomina, tan sólo de la Séptima

Los pájaros cantaban en Berlín y del suelo salía un pasto verde, se oía un riachuelo recién nacido. Me iluminaba un haz, creía de nuevo. Aquella epifanía debió de ser evidente. Yo no armé jaleo ni grité como esos periodistas portugueses que interrumpieron la entrevista al sacerdote. No hizo falta. Debían de brillarme los ojos, seguramente sonreía demasiado. Si alguien me hubiera preguntado qué me pasaba, si me encontraba bien, si había bebido demasiado o si me había sentado mal la cena, habría tenido ganas de hablarle tan sólo de mi infancia, tan sólo de un sueño que tuve, tan sólo de un camino que se torció, tan sólo de un amor abandonado, tan sólo de Butragueño, Suker y Raúl, tan sólo de una noche de Copa del Rey en La Condomina, tan sólo de la Séptima, tan sólo de un Murcia - Muleño que acabó 6-0, tan sólo del abrazo con un desconocido tras un gol de Acciari, tan sólo de un puñado de amigos con los que viajé muchos kilómetros, tan sólo de mis primos, tan sólo de mi padre.

Pero no hacía falta. Qué afortunados somos de que nunca sea «tan sólo» un gol.

 

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