Buenos días, queridos. Tras la tempestad llega la calma, el día sucede a la noche y la MLN regresa tras el terrible parón de selecciones.
Parafraseando a John Lennon, la vida es eso que pasa mientras estás haciendo otros planes para esquivar los partidos de los chicos de De la Font. Mas, como queremos ser optimistas (nos cuesta serlo en este putrefacto mundo del fútbol patrio), vamos a centrarnos en lo positivo, en lo que nos alegra el día: hoy vuelve el Real Madrid a los terrenos de juego. Vuelve a la manera tebana, esas cosas tan propias de la MLN, es decir, a la hora de la siesta cuando aún es verano. Quizás, en la retorcida mentalidad del presidente de LaLiga, para “compensar” cuando se juegue en pleno invierno en la última hora del día. No suele fallar: los partidos de verano, siempre a las 16 horas. Los de invierno, irremediablemente a las 21 horas, ya sean en Valladolid, Vitoria y, si por el señor Tebas fuera, en Groenlandia.
Hoy es día de retornos: Xabi retorna a Anoeta, Relaño regresa al Marca, Cerezo a mear fuera del tiesto y el Barça vuelve a saltarse las normas. Podríamos haber titulado El retorno del Rey en clara alusión a la vuelta del Real Madrid a la competición, pero es un titular que preferimos reservar para la Champions, pues encaja mal en esta MLN. El retorno del Xabi puede parecer una manera forzada de incorporarlo al mundo Jedi, pero es que hemos observado que esa filosofía segura, estoica, de dominio de sí mismo y de no perturbación ante el lado oscuro de las preguntas de la prensa, encaja a la perfección con el técnico tolosarra. Xabi Alonso Kenobi, por ejemplo. Mejor que Manolo Lama Quenovi el caso Negreira cuando lo tenía ante mí.
Los diarios madrileños destacan la misma frase de la rueda de prensa del entrenador del Real Madrid: “Jugará el que lo merezca”.
Todos sabemos que es una frase que destacan para elogiar supuestamente la personalidad del técnico, que regresa a la que fue su casa durante muchos años. Sin embargo, los que conocemos el percal sabemos bien que han destacado estas palabras para llenar horas de programas y montar sus típicos debates cuando vengan curvas o se acumulen dos o tres resultados desfavorables: “¿Por qué mantiene a Vinícius en el once cuando no lo está mereciendo? ¿No dijo que jugarían los que más lo merezcan, por qué no cuenta entonces con…?”. Pongan el nombre que quieran: Brahim, Rodrygo, Ceballos, Carvajal, Fran García… Utilizarán esta frase para reprochar que, al final, cuente con un once de gala. Como todos los equipos del planeta fútbol, por cierto. Cuando rote dirán que “castiga” a tal o cual, y cuando no rote, que los tiene reventados.
Por desgracia, el que está reventado es el bueno de Antonio Rüdiger, cuya baja se prolongará entre dos y tres meses, posiblemente más cerca de este último pronóstico. Los servicios médicos del Real Madrid llevaban meses cuidando la salud del que fuera casi único defensa sano de la temporada pasada, alternando sus actuaciones con las de compañeros como Huijsen, Asencio o Militao, otro que necesita un retorno paulatino, no abusivo, y llega el seleccionador alemán y nos lo casca en 180 minutos en cuatro días. Lo de los parones UEFA, FIFA o filfa es indecente. Un atraco a los clubes de fútbol.
Las portadas vienen cargadas de noticias de actualidad: la final Alemania-Turquía del Eurobasket, Marc Márquez a lo suyo, ganar, y la previsible resolución de la Vuelta a España en la Bola del Mundo. Pero preferimos destacar para los lectores otras dos noticias: Relaño vuelve al Marca, habrá que ver si se lleva también su línea editorial (¿será por eso que se han copiado las portadas?) y el Atleti retorna a la competición. Ni una sola crítica a su pésimo arranque, por cierto. Ni al entrenador mejor pagado del mismo. Ayer mismo leíamos las perlas de Henry Cherry en El Larguero, quién sabe si con cuatro o cinco carajillos ya en el cuerpo:
Sobre el Cholo Simeone: “Nosotros creemos que sí seguirá, ¿por qué no iba a estar? ¿Acaso ha pasado algo?”. ¡Noooo, queremos que continúe muchos años más!
"Creo que estamos al nivel de Madrid o Barça". Aunque nos conformaremos con quitarle algún punto al Madrid y ser terceros, le faltó decir.
“Hemos hecho una plantilla para ganar algo". Siempre serán invencibles en la competición de los aplausos bajo la lluvia y los aspavientos desde el banquillo. No lo podemos entender.
De regalo, la bromita habitual en la comparación con el Madrid para ganarse a su afición. “Habrá Oasis en junio, con agua o sin ella”. “Nuestro estadio se ha demostrado que es un gran estadio para conciertos, que la calidad de la música es buenísima y está bien preparado. Y no tenemos ruidos por ningún sitio... Los decibelios prácticamente no llegan a los vecinos de los alrededores, y es importante para tener muy en cuenta”. Los vecinos del Metropolitano no existen, amigos. La plataforma de vecinos contra el ruido de los conciertos es un invento, existió en nuestra imaginación. Los vídeos que vimos y escuchamos estaban preparados con Inteligencia Artificial. La Natural no destila mucho por los estudios de radio que frecuenta Cerezo.
Las portadas de los diarios cataculés provocan el sonrojo habitual.
Continúa el engrosamiento del ego de Lamine Yamal, que se nos muestra en un diván ante un diploma de ¿¿doctor??, y delante de una librería con tomos de atrezo. Los pensamientos intelectualmente profundos que tanto sorprendieron a Lluís De La Font ya fueron convenientemente glosados en el Portanálisis de ayer. Esta portada solo lo confirma, incrédulos.
La portada de Sport menciona tocamientos y a un jugador de la Masía, esperemos que eso no signifique otro retorno: el de Benaiges.
En fin, amics, vuelve el Real Madrid, por suerte. Regresa la MLN, por desgracia. Gil Manzano y Figueroa Vázquez a la hora de la siesta. Pereza infinita. Vamos allá. Que paséis un gran día.
El Real Madrid femenino derrotó (1-2) al Eintracht de Frankfurt en el partido de ida de la eliminatoria de acceso a la Liga de Campeones femenina. Aunque Filippa Angeldahl y Signe Bruun adelantaron a la blancas en la primera mitad, el equipo acabó sufriendo para defender una ventaja mínima tras el gol local de Nicole Anyomi.
Un año más, tras toda una temporada previa de liga luchando y asegurando el billete de acceso a la competición europea, el Real Madrid llega al inicio de curso obligado a confirmar su presencia en la Champions en un duelo a vida o muerte ante un rival de nivel. La situación, si bien ya habitual por culpa del suicida sistema de clasificación de UEFA, no deja de conducir al drama y a la tensión propias de saber que está en juego la disputa o no de los pocos partidos interesantes durante los próximos nueve meses. Para colmo, el desempeño gris en Liga F hacía temer lo indecible.
El Madrid saltó al césped con una línea de tres centrocampistas formada por Filippa Angeldahl, Sandie Toletti y Sara Däbritz, que sorprendentemente dejó en el banquillo a Caroline Weir, y con la referencia de Signe Bruun en punta de ataque. El plan funcionó todo lo bien que podía hacerlo a 11 de septiembre: como el alumno que vuelve a clase habiendo olvidado cómo era aquello de pensar y razonar. Se jugó sin alardes, muy agrupado el bloque en defensa, pero el equipo supo tender la red de pesca en la zona central para ganar un buen número de balones que permitían al Real internarse en campo rival.
El marcador, además, se puso de cara muy pronto, cuando Linda Caicedo aprovechó un regalo impropio de Amanda Ilestedt que le sirvió con lazo el balón en la frontal. La colombiana disparó con dureza para hacer vibrar el larguero y, por fortuna, el rechace fue a parar a donde llegaba Angeldahl, que conectó una muy meritoria volea a media altura de primeras y sin que el cuero bajara para superar la estirada de la portera Lina Altenburg. El Eintracht aún tardaría media hora en entender que el camino a la portería de Merle Frohms no estaba por dentro, donde el Madrid supo cerrar la puerta, sino en el costado.
Hasta entonces, el equipo de Pau Quesada proporcionó algún atisbo de optimismo, suficiente para pensar en que el viaje Alemania no acabaría en tragedia. A ello contribuyó en gran medida Caicedo con sus aceleraciones, pases alegres y optimismo en busca de la portería. En el 34 fue ella quien forzó un córner tras combinar con Athenea del Castillo y plantarse en el área que, a continuación, supuso el cero a dos. Centró Sara Däbritz al área pequeña, no despejó la zaga local y, una vez hizo hueco María Méndez, Signe Bruun armó el disparo sin preguntar para adelantarse a defensas y portera. Un día más en la oficina para la cazagoles.
Aunque Filippa Angeldahl y Signe Bruun adelantaron a la blancas en la primera mitad, el equipo acabó sufriendo para defender una ventaja mínima tras el gol local de Nicole Anyomi
La perspectiva era idílica llegados al minuto 40: dos goles de ventaja, un rival obligado a arriesgar para no perder la bala del partido en casa y tiempo por delante para aprovechar las oportunidades que se abrirían. ¿Cómo es posible entonces que el resto de la noche se tornara en un calvario? Sí, el Eintracht no dejó de intentarlo y no perdió las ganas de presionar la salida del balón del Madrid, pero las blancas pusieron mucho de su parte para acabar arrinconadas en la boca del lobo.
Quedaban cinco para el descanso y, de repente, la actitud en el campo era la de querer volver sin dilación a vestuarios. Don fútbol, siempre atento, hizo pagar la soberbia madridista y, como estaba cantado, las locales recortaron distancias. La lateral Nina Lührssen sirvió un gran centro que Nicole Anyomi remató con comodidad de cabeza al dejar de ser perseguida en su carrera por Angeldahl. Menos de dos minutos después se repitió la escena, aunque esta vez el balón fue a parar milagrosamente al palo tras dos toques involuntarios de Maëlle Lakrar y Sandie Toletti.
Podría pensarse que la perspectiva de estar a punto de tirar a la basura la valiosa ventaja despertaría al equipo tras la pausa, pero nada más lejos de la realidad. El Real se limitó a dejar correr el tiempo agazapado cerca del área propia y la gestualidad de las futbolistas, arrastrando piernas pesadas de cansancio, hizo ver que el equipo firmaba volver al avión con la raquítica ventaja de un gol. Aunque es cierto que Signe Bruun pudo firmar el 1-3 con otro cabezazo a centro de Sara Holmgaard que dio en el poste, también lo es que poco antes fue también la madera la única barrera entre Amanda Ilestedt y el gol del empate del Eintracht.
Así, sin que la sangre llegase al río, la tragedia quedó restringida a la mente de los aficionados madridistas, obligados a torturarse en septiembre con la tensión reservada para abril y mayo. Mucha tela en todo caso… y queda el partido de vuelta dentro de una semana.
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Después de finiquitar la ‘pretemporada oficial’ de los tres primeros encuentros de Liga con pleno de victorias, el Madrid de Xabi Alonso afronta su segundo tirón competitivo (siete partidos en 23 días) con una visita doblemente especial, la de San Sebastián.
Lo será para el técnico, que regresa a casa vestido de blanco por segunda vez, ahora desde el banquillo. Como jugador madridista no le fue nada mal: siete, partidos, siete victorias. Encuentros todos a flor de piel (cuatro amarillas para el tolosarra), singularmente el disputado el día de Reyes de 2013, cuando la Real de Griezmann, Xabi Prieto y Carlos Vela se resistió a la derrota frente al Madrid de Mourinho con uñas, dientes y goles: 4-3.
Pero también será especial por la memoria y la relación entre ambos equipos. Verán: cuando los vascos abandonaron su vieja ratonera de Atocha para mudarse al coqueto estadio de Anoeta, allá por el verano de 1993, escogieron al Real Madrid como rival para inaugurar el nuevo estadio.
Y para allá que se fue el equipo de Benito Floro el 13 de agosto, con la segunda ignominia de Tenerife todavía sangrando aunque hubiera rematado la temporada anterior conquistando la Copa. Enfrente, una Real con muy buena pinta (Kodro, Oceano, Carlos Xabier, Alkiza, Imanol) entrenada por un viejo conocido en la casa blanca, Benjamin Toshack.
Los últimos precedentes entre ambos en territorio txuri urdin apuntaban a fuegos artificiales y diversión. Si en la Liga el Madrid había arrasado a los blanquiazules (1-5 con goles de Butragueño, Zamorano —dos—, Hierro y Luis Enrique), en la Copa los locales casi remontan un 4-0 logrado por el Madrid en el Bernabéu: 4-1 (Esnáider evitó la humillación). Así que el partido no defraudó. Por dos veces se adelantaron los realistas, por medio de Loren y Oceano, pero El Buitre neutralizó la ventaja y finalmente el estreno de Anoeta se saldó con la paz: 2-2. Pocos meses después, en diciembre, el Madrid caería en aquel famoso partido en el que Hierro le dedica alguna carantoña verbal al linier (ya me entienden) después de su expulsión. Pero aquella es otra historia…
Este sábado, en un estadio ya sin pista de atletismo y rebautizado como Reale Arena, los blancos buscarán continuar la racha triunfadora en un enclave con buenos antecedentes: tres victorias, un empate y sólo una derrota en las últimas cinco visitas. El Madrid está en construcción, la Real reajustándose (todavía no ha ganado en Liga), pero no se confíen, tienen un arma secreta, bautizada como Barrenetxea, con especial predilección por la portería blanca: cuatro de sus 14 goles en la competición doméstica se los ha metido al Madrid. Tocará remar.
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Buenos días. Ya es viernes, lo cual es una magnífica y una terrible noticia. Es magnífica porque significa que estamos a poco más de 48 horas para ver de nuevo en acción a nuestro Madrid. Es terrible porque significa que estamos a poco más de 48 horas de que vuelva la Mugrienta Liga Negreira, aka MLN (copyright de Jesús Alcaide).
Mientras llega ese instante, de éxtasis y espanto combinados, nos entretenemos ojeando las primeras planas de la prensa deportiva del día, en parte porque no tenemos nada mejor que hacer, en parte porque es lo que llevamos haciendo todas las mañanas, para vuestro uso y disfrute (es un decir), desde hace más de diez años.
Comenzamos por Sport, en cuya portada aparece un chico del que no sabemos si habréis oído hablar, por cuanto su nombre apenas ha salido en la prensa un par de veces. Es un delantero hispanomarroquí llamado Lamine Yamal. El muchacho nos impresiona con una frase para los anales de la historia: “No me importa lo que digan de mí”, frase de una hondura que nos deja asustados.
Caramba, qué coincidencia. Eso (quedarse asustado) es exactamente lo que le sucede al seleccionador nacional, Luis de la Fuente, (aka Lluís de la Fuente por su propensión a acatar como un solo hombre toda instrucción procedente del país de la esquinita, constituyéndose en un eslabón más de la cadena propagandística del club cliente de Negreira) cada vez que trina la imberbe estrella.
Ya lo veis. D. Lluís se queda “asustado” con “las reflexiones que te hace” Lamine. ¿Le habrá provocado susto esta última reflexión, es decir, la de que no le importa lo que digan de él, que recoge Sport? Normalmente, el eximio pensador que es Lamine bebe en las fuentes de los presocráticos, si bien en este caso parece brindar tributo intelectual a Alaska. “A quién le importa lo que yo haga / A quién le importa lo que yo diga / Yo soy así, y así seguiré / Nunca cambiaré”.
A nosotros nos pasa como a D. Lluís. Cada vez que Lamine abre la boca, nos asustamos ante el fuste intelectual de sus asertos. Están Descartes, Wittgenstein y Lamine, no necesariamente en este orden.
Antes, cuando uno no sabía a quién atribuir una cita impactante, se recurría al cajón de sastre de Sir Winston Churchill o Bernard Shaw. Ahora está también Lamine, en cuyo privilegiado cerebro bullen hitos epistemológicos de padre y muy señor mío. Hasta la fecha, nos hemos tragado alguna que otra portada loando las dotes balompédicas del muchacho. Alguna que otra, sin abusar. Demos las gracias, dado que por el mismo precio nos podían haber iluminado con sus pareceres metafísicos o gnoseológicos. Lo que pasa que no han querido hacerlo por mor de la humildat del interesado y sobre todo de la de su padre, otro ilustre pensador de la escuela heggeliana que sin embargo se ha ocupado de hacer prevalecer la discreción en cuanto a los méritos intelectuales de padre e hijo, pues de casta le viene al galgo. Están Schopenhauer, Heideger y Hustle Hard.
Estamos en condiciones de asegurar que Hustle Hard llama a la prensa cada vez que él o su hijo salen del retrete con un nuevo desarrollo en papel higiénico del noúmeno kantiano, pero solo, precisamente, para evitar que la publiquen. Por modestia. No se trata de que la gente se asuste como le pasa a D. Lluís.
-¿Hola? ¿Es el director de Marca? Qué tal, soy Hustle Hard, como del Barça. Vista Barça. Nada, que hoy mi hijo se ha descolgado con una variante del imperativo categórico de agárrate y no te menees. Sin embargo, por favor, si llega a vuestros oídos, hacerme el favor de no publicarla para ahorrarle soponcios a D. Lluís, y al personal así en general, también. Como del Barça. Visca el Barça y visca Aristóteles.
Y eso, que si no sabéis más cosas de la faceta filosófica de Lamine y de su pase es por la proverbial humildat de la familia.
Os dejamos con el resto de portadas del día. Pasad un buen viernes.
El otro día Arturo Pérez Reverte situaba al futbol como uno de los tres elementos vertebradores que se encargaban de unir a este país. Suelo escuchar, y leer, atentamente a Perez Reverte. Me parece que siempre opina con mucha libertad y buen tino. Si embargo, me consta que Don Arturo no es futbolero. Si lo fuera, sabría que el fútbol, gracias al mal hacer de los que lo dirigen, cada vez importa menos a un sector importante de la afición.
Yo me encuentro en ese sector. Empecé a notarlo con la Selección. Probablemente esté viviendo una de las mejores épocas en cuanto a resultados y solvencia en el juego. Ganó la última Eurocopa y la veo como seria candidata para el próximo Mundial. Hace años, simplemente la posibilidad de ser campeones del mundo significaría algo emocionante y digno de orgullo. Hoy, ni fu ni fa. Es una pena. Algo que era tan nuestro como la selección, no sé muy bien por qué (o sí), lo siento como ajeno. Me da mucha pereza el ambiente que se ha generado en torno a ella. Luis Enrique le dio el toque de gracia cuando dijo abiertamente que el Real Madrid no era necesario. Hoy lo rematan con ese constante elogio a Lamine Yamal o cualquier jugador del Barcelona para los que piden sin cesar todos los reconocimientos. Me recuerda a aquel meme que se hizo popular en el que aparecían dos niñas y una de ellas “encañonaba” a otra en la cara con una tuba o trombón (que me perdonen la imprecisión los lectores músicos).
Me da pena, pero no me duele. Lo que de verdad me duele es lo que empiezo a sentir cuando se acercan los partidos del Real Madrid en la liga. Antes estos parones de selección que hemos vivido se hacían insufribles y el partido del siguiente fin de semana del Madrid era como encontrar un oasis. Ya no. Llevamos tres partidos ganados y dos puntos sobre el Barcelona, pero la sensación es la de haber perdido.
Sí. Haber sido derrotados por un sistema corrupto y mafioso que utiliza el chantaje de los árbitros para manejar una competición a su antojo. Ya sucedió lo mismo el año pasado. El atraco consecutivo en tres jornadas terminó con el desquicie generalizado de toda la plantilla, especialmente de Bellingham y de Vinicius y con el Barcelona, con vendajes de por medio, recortando una renta de siete puntos. Tebas y compañía sólo buscan optimizar sus beneficios económicos. Les da igual que la gallina de los huevos de oro se muera dentro de unos años. Si por ellos fuera, la echarían a la cazuela si eso sirviese para saciarles ese hambre de enriquecerse a costa del futbol en el menor tiempo posible. Y lo peor es que en Europa los dirigentes de la UEFA apuntan a ser de la misma calaña.
Dicen que la mitad de España es del Madrid y la otra mitad es “anti”. He visto a Pérez Reverte cambiar de opinión con respecto a ciertos temas trascendentales a lo largo de los años. Probablemente dentro de poco se dará cuenta de que el futbol ha dejado de interesar a media España. No será porque no lo avisamos. Mientras tanto, ¿alguien sabe si es posible que Alcaraz juegue una final todos los domingos hasta que termine la liga?
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Buenos días, galernautas. Queremos comenzar este portanálisis manifestando el enorme orgullo que nos causáis. Sois unos titanes, unos gigantes, unos megaterios incluso. Habéis logrado pasar sin demasiado menoscabo de vuestra integridad física y psicológica este erial, este páramo llamado parón de selecciones. Habrá más, sin duda, pero ya habéis (hemos) conseguido superar este primero de la temporada. No sólo habéis transitado con dignidad ese camino arduo y tedioso, sino que, además, mantenéis la curiosidad y el hambre suficientes para formaros e informaros de lo que ocurre en las cabeceras de los principales diarios deportivos (risas enlatadas) españoles. Esa firmeza ante la adversidad y ese afán de conocimiento y crecimiento interior son puro madridismo.
Nada más lejos del ánimo de estas líneas que generar material de relleno ante la ausencia de contenido de interés en las portadas de los diarios, por favor. El mero hecho de que a algún distinguido lector se le pudiera pasar tal cosa por la cabeza es un bofetón al amor propio de este portanalista. Es más, vamos a ello, que no se diga.
El diario Marca, mascarón de la presunta central lechera de acuerdo con la manera en que la motejó el Gandhi de Santpedor, pese a estar dirigido por un presunto aficionado del campeón moral de las champions de 2014 y 2016, nos muestra a Aurélien de nuestras entretelas. Manifiesta el jugador, en su gesto habitual de celebración, que está encantado con Xabi Alonso. Nosotros también con ambos. Poca gente podrá entender la posición del jugador en particular, y el madridismo en general, como el nuevo entrenador de nuestro equipo. Tchouaméni lo pasó mal, sí, porque no terminaba de encontrar su sitio ni su juego. Tampoco ayudaron las actitudes de los de siempre, es decir, la prensa presuntamente madridista y sus opinadores, así como el sector más lanar de la afición de nuestro club. Estos últimos individuos siguen convencidos que sus pitadas al jugador tuvieron un efecto taumatúrgico, como una especie de desfibrilador para su rendimiento. Lo que no parecen tener en cuenta es que muy pocos de esos creadores de opinión son aficionados de nuestro club, sino que se solazan con sus derrotas y problemas.
El diario prisaico por excelencia, As, habla de una defensa de oro. La imagen es la de nuestro nuevo ferrolano favorito, Álvaro Carreras, realizando el colosal despeje con el que evitó el gol del Mallorca en el último partido. Es eso o que Álvaro une a sus virtudes deportivas la habilidad de la danza, pues muy bien podría estar ejecutando un kazachok cosaco, baile tradicional ucraniano y ruso que incluye complejísimas acrobacias. El caso es que la imagen incluye a un Huijsen atónito contemplando el despliegue de facultades de Carreras. Triple mérito por haber sido capaz de hacer que Dean abra tanto los ojos.
Dado que no todo podía ser positivo, el Diario Anteriormente Dirigido por Relaño mete el desagradable elemento del precio pagado por los fichajes de estos defensas. Obvia de manera involuntaria que los traspasos e inscripciones realizados correctamente merced a una tesorería saneada no son sino el tráfico habitual en cualquier club de fútbol. Perdón, en cualquiera menos uno. Además, hablar de dinero es una ordinariez.
Saltamos a las portadas cataculés comenzando por el diario del Conde de Godó, Grande de España. El periódico en cuestión nos muestra a Max Verstappen, fantástico piloto de Fórmula 1 y tetracampeón del mundo de la disciplina. El titular es que dice que le gusta el Barça de Flick. El hecho de que acote tanto su preferencia por este equipo específico podría muy bien implicar que no le gustan tanto las anteriores iteraciones de la escuadra culé, incluyendo aquellas correspondientes a las, que se sepa, 17 temporadas en las que el club pagó casi 8 millones de euros al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros. Todo podría ser. Hay espacio en la parte superior para actualizar al curioso lector sobre el punto de situación de las obras del estadio barcelonista. 28-S dicen, así, sin especificar el año. Todos sabemos que por hache o por be hay que acabar saneando y que vaya chapuza que les han hecho con el sintasol. Además, parece que la bajante de fecales y los botes sinfónicos están para tirar, y eso no es cosa de cinco minutos.
El diario Sport nos da la noticia del día, posiblemente de la semana y, por qué no, del decenio. Joan García, excelente portero fichado del club vecino de la ciudad con dinero de procedencia desconocida, cambió de casa durante el verano como consecuencia de su traspaso y, atención, tiene un perro nuevo, de nombre Otto. Las elucubraciones se disparan, pues no se sabe si es un homenaje al conductor heavy del autobús escolar de los Simpson, al canciller alemán Otto Von Bismarck, figura capital en la Europa del siglo XIX, o un guiño cinéfilo a la parodia de ET, el Extraterrestre perpetrada por los hermanos Calatrava, el ETE y el Oto, de 1983.
Pasad un excelente día, evitad bailar el kazachok sin tener un médico y un cura cerca y no os metáis en obras que no podáis pagar.
Los emisarios de France Football llegaron a Valdebebas con la misma cara que el alumno que se copia en el examen, le pillan y aún así pretende que le suban nota por “esfuerzo”. Venían a “limar asperezas”, como si lo del año pasado hubiera sido una simple rencilla de bar, un malentendido de sobremesa. Pero no: aquello fue un escándalo universal, una chapuza global retransmitida en prime time.
El Real Madrid decidió no acudir a la gala del Balón de Oro porque ya se olía la encerrona, la pantomima, el teatrillo de Ceferin y sus mariachis. Cuando medio planeta daba por hecho que Vinicius iba a levantar el trofeo, los conspiradores del establishment futbolero filtraron a última hora que no, que aquello estaba amañado. Y el club, con una dignidad que ya quisieran los viejos emperadores romanos, dijo: “si la farsa está servida, nosotros no ponemos los cubiertos”.
Por eso ahora llegan los franceses, trajeados, repeinados y oliendo a colonia barata, a pedir que el Real Madrid vuelva a la gala. Porque, claro, el Balón de Oro sin el Real Madrid es un karaoke sin micrófono, una boda sin suegra, una paella sin arroz. Existe, sí, pero no tiene sentido.
De hecho, esa gala sin la presencia blanca tuvo menos glamour que un cumpleaños en el Telepizza. Fotos de jugadores que sonreían sin saber por qué, discursos vacíos, un trofeo que parecía comprado en AliExpress. El Balón de Oro sin el Real Madrid es, sencillamente, un pisapapeles de lujo.
Y ahí está la verdad incómoda que muchos no quieren escuchar: el fútbol entero vive del Real Madrid. Sí, del Real Madrid, de sus victorias, de sus remontadas, de sus leyendas, de sus tragedias gloriosas. El fútbol presume de ser universal, pero sin el Real Madrid no pasaría de ser un pasatiempo regional con más polvo que una vitrina del museo de Ceferin en Liubliana.
Cuando el Real Madrid gana, la audiencia sube. Cuando pierde, también, porque medio planeta quiere verlo ganar y muchos, también, quieren verlo perder. Cuando juega, el mundo se detiene; cuando descansa, el fútbol bosteza. El Real Madrid es el villano perfecto y el héroe inevitable. Sin él, la Copa de Europa sería la Copa de Ferias, esa que ganaba en sus tiempos ese equipo del que usted me habla y, el Balón de Oro una tómbola de barrio.
Aleksander Ceferin lo sabe. Lo sabe y le duele. El abogado esloveno con alma de burócrata rencoroso se levanta cada mañana preguntándose qué hacer para ponerle piedras en el camino al club blanco. Si por él fuera, en la gala del Balón de Oro se premiaría al utillero del Maribor antes que a un jugador del Real Madrid.
Pero el problema de Ceferin es que su cruzada es inútil. Puedes intentar marginar al Real Madrid, pero sin el Real Madrid no existes. Tu sorteo de Copa de Europa se convierte en programa de la teletienda, tu gala es un banquete vacío, tu discurso un PowerPoint sin público.
Y lo han entendido, aunque tarde, los de France Football. Han comprobado que sin el Real Madrid el Balón de Oro es una quincalla dorada, un trofeo con más polvo que prestigio. Por eso peregrinan ahora a Valdebebas: necesitan a Florentino, necesitan a Vinicius, necesitan a ese halo blanco que convierte lo ordinario en extraordinario.
Porque el fútbol, queridos lectores, no se sostiene en discursos, ni en reglamentos, ni en presidentes de UEFA. Se sostiene en la épica, en la grandeza, en la leyenda. Y esa leyenda viste de blanco.
Imaginemos por un momento un mundo sin el Real Madrid. Imaginemos Copas de Europa sin Di Stéfano, sin Puskas, sin Cristiano, sin Modric, sin Gento, sin Zidane. Imaginemos una Champions donde la mayor hazaña sea un empate a cero en un campo de provincias. Imaginemos un Balón de Oro en el que jamás sonara el nombre de Cristiano, Modric, Benzema o Vinicius.
Eso, amigos, no sería fútbol. Sería una pachanga dominical retransmitida por megafonía de supermercado. Sería un deporte irrelevante, como el curling, pero con menos gracia.
Por eso, y sin miedo a exagerar, lo digo alto y claro: el fútbol, en general, no es nada sin el Real Madrid.
Que lo repitan los señores de la UEFA al afeitarse, que lo escriban en la pizarra los periodistas del antimadridismo, que lo memoricen los directivos de France Football antes de acostarse. Sin el Real Madrid no hay relato, no hay mito, no hay grandeza.
El fútbol sin el Real Madrid es un solar vacío con cuatro gatos dando patadas a una lata.
Así que, sí: los franceses pueden traer flores, pueden pedir perdón con cara de circunstancias, pueden incluso inventarse nuevas categorías (“Balón de Oro para jugadores que no se llaman Vinicius”). Todo inútil. Mientras no entiendan que el Real Madrid es el corazón que bombea la sangre del fútbol mundial, seguirán dando palos de ciego.
Porque lo saben ellos, lo sabemos nosotros y lo sabe el planeta entero: el fútbol, en general, no es nada sin el Real Madrid.
Y el Balón de Oro, sin el Real Madrid, no pasa de ser un chiste de mal gusto contado en un cabaré barato.
Con el último escándalo del club cliente de Negreira, del que hablé en mi último artículo calentito, con el último amaño de Tebas, que se ha convertido en un Ceferin de tres al cuarto, me despido, no sin antes repetirles como mantra la frase de mi hermano Javi: Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!
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Por suerte, este primer parón de selecciones ha concluido y felizmente todos nuestros internacionales están bien. Usted y yo también hemos sobrevivido. Todos los parones suponen un disgusto para los aficionados que no mantenemos una relación muy fluida con el fútbol se selecciones. O, al menos, con la parte tosca donde nos programan fases de clasificación o torneos de nuevo cuño para disimular su verdadera naturaleza: amistosos con publicidad.
Si bien es cierto que en estas mismas páginas he invitado al desapego futbolístico a muchos de los lectores que tienen la infinita amabilidad de leerme todas las semanas, tomarnos un descanso de nuestra afición también es saludable. Por ejemplo, tenemos más tiempo para leer aquella novela que dejamos colgada en vacaciones, o para acudir al cine. A su vez, siempre funciona como remedio al mono el sustitutivo de ver documentales deportivos, especialmente si son de otros deportes.
Sin embargo, todos vivimos conectados y bajo un mismo sol. Las noticias sobre la Selección de fútbol de España nos llegan por mar, tierra y aire lo queramos o no. Para muchos es el equipo de todos, el de su corazón. Para otros, simplemente el equipo de la RFEF. Ciertamente, a pesar de sus éxitos recientes, el equipo nacional no suscita un consenso general y afectivo. Tampoco es algo sorprendente si lo piensas bien. Pero lo que sí me molesta especialmente es la apología de algunos miembros de su expedición.
Realmente es estomagante que me bombardeen con la vida y milagros de Lamine Yamal. Toda esta operación de mercadotecnia la venimos padeciendo en los últimos meses, pero no estamos preparados para la turra que los periodistas deportivos incrementan concretamente cada vez que el extremo derecho del Fútbol Club Barcelona se pone la camiseta de La Roja. Llegan a ser delirantes las declaraciones de Luis de la Fuente sobre si el muchacho celebra sus goles con una corona o una chistera. Las explicaciones del seleccionador rozan la ofensa intelectual.
Por no entrar en la campaña de la prensa pidiendo el Balón de Oro para su futura canonización. Como toda operación de manipulación de masas, algo queda y surte efecto. Todos conocemos amigos y familiares que ya en la Eurocopa de 20224 decían que era mejor que Messi a su edad. Por educación y honestidad, uno no debe entrar a discutir, pues con ignorantes no se conversa. Pero el dislate es tal que sería conveniente decir más a menudo que Lamine es lo que es, y que lo que suceda en un futuro ni Dios lo sabe.
Realmente es estomagante que me bombardeen con la vida y milagros de Lamine Yamal, Toda esta operación de mercadotecnia
Todos recordamos las apariciones fulgurantes de tipos llamados a comerse el mundo y que luego acabaron reducidos a un bello recuerdo de lo que pudo haber sido y jamás fue. Podríamos estar una semana citando nombres tipo Mario Balotelli o Alexandre Pato, y nos faltaría otra semana más con sus días y sus noches. Y en el mejor de los casos, te pasa lo de Adriano. Por una razón u otra, la estrella del Inter de Milán que estaba llamada a ser lo más parecido que hemos visto a Ronaldo Nazario se quedó en tierra de nadie. Nadie sabe qué puede pasar, pero lo que aconseja la razón es no lanzar campanas al vuelo. Por ahora estoy seguro que Lamine firmaría gustoso quedarse en una especie de Neymar con mejor márketing. Acabar así no es mala opción, ¿no creen?
Dejando de lado los mundos de Yupi, nos golpeamos con el muro de La Liga. Como al Barcelona todo se le permite, su partido en casa frente al Valencia Club de Fútbol tendrá lugar en el estadio Johan Cruyff. En otra de esas excepciones con las que se complace al Barça, La Liga permitirá jugar en un estadio que no reúne los requisitos mínimos para disputarse un partido de fútbol en Primera División. El reglamento es claro: un estadio de la máxima categoría debe contar con un mínimo de 15.000 localidade,s mientras el Johan Cruyff solamente cuenta con 6.000.
¿Y cómo es esto posible? La Liga desliza que estamos frente a una “situación excepcional de fuerza mayor”. Con el Nou Camp en obras y el Olímpic de Montjuïc ocupado con un concierto de Post Malone, al parecer el Johan Cruyff es la única opción viable. En las últimas semanas estaba sobre la mesa la alternativa de Montilivi. De hecho se comenta que Girona sería el destino del Barça en la primera fase de la Champions.
El reglamento es claro: un estadio de la máxima categoría debe contar con un mínimo de 15.000 localidade,s mientras el Johan Cruyff solamente cuenta con 6.000
Todo este verano el circo del tema del estadio fue una de las comidillas deportivas. Ya saben de la obsesión de la entidad por tratar de presentar al fin aquel ingreso de los supuestos 100 millones de euros por los famosos palcos VIP vendidos que a día de hoy aún no estaban activos. En mitad de este movimiento, el Barça presentó la campaña “Tornem a casa, vibrem”. Dicha campaña anuncia por fin el regreso del Barça al Camp Nou el 10 de agosto, fecha icónica para el barcelonismo pues se disputaba el trofeo Joan Gamper. Todos sabemos cómo acabó todo esto y las actuales dificultades legales para volver al estadio, pues no cumple los requisitos mínimos de seguridad.
Llegados a este punto, ¿es normal que con el Barça se haga la vista gorda una vez más? Es más, ¿nadie en la prensa se pregunta si hay aficionados del Valencia que quisieran acudir al encuentro? Doy por hecho que muchos valencianos en su día gestionaron el desplazamiento a la Ciudad Condal y reservaron sus respectivos hoteles. Pues nada, que el Barça siga haciendo de su capa un sayo.
Pero el esperpento no queda aquí. En la mañana del martes me enteré que la Real Federación pone al Castilla dos partidos en 48 horas. A día de hoy el filial debe jugar frente al Racing de Ferrol el miércoles 17 de septiembre y frente a Osasuna Promesas el viernes 19. Supongo que a los hombres de Álvaro Arbeloa no les debe hacer mucha gracia. ¿Cómo se puede justificar esta cacicada? La excusa del calendario apretado no cuela, pues en la categoría de Primera Federación hay huecos suficientes para encajar los partidos.
Todo parte de la reprogramación del partido del pasado domingo día 7. El filial no estaba en condiciones de disputar la jornada 2 en Ferrol. En su momento todas las partes entienden que el Castilla no podía jugar pues no disponía de suficientes efectivos. Por el parón de selecciones, tenía 12 bajas obligatorias y, además, el equipo arrastraba otras tres por lesión. Lo que cualquier hijo de vecino comprende, aquí es un nuevo lío.
El Juez Único de Competiciones No Profesionales ordena de manera unilateral que el partido aplazado entre el Castilla y el Racing de Ferrol se dispute el próximo miércoles 17 de septiembre a las 17:00 horas. Y entonces va la Federación y anuncia los horarios para la jornada 4. El viernes 19, con apenas 48 horas entre la jornada 3 y 4, el Castilla debe enfrentarse al Osasuna Promesas.
¿Por qué se tiene que llegar a este punto? ¿Quién gana actuando así? Con esta medida se pone en peligro la integridad física de unos chicos que todavía no tienen la madurez física para afrontar estas exigencias. Un equipo que simplemente puso sobre la mesa la lógica aplastante de una situación evidentemente complicada. Espero que el club actúe con determinación y logre resolver este enredo.
Y como ésta, cientos. El Real Madrid está permanentemente sojuzgado en los medios. Y para más inri, maltratado por los organismos oficiales del fútbol español. Un fútbol español que debiera besar el suelo que pisa el club más laureado de la historia del fútbol y que, por un azar del destino, vino a crearse en Madrid. Son tan ingratos todos y cada uno de los miembros del fútbol español que, en lugar de dar gracias al Madrid, tratan de denigrar cada vez que pueden. Y no deja de ser algo sorprendente, porque todos los que viven del fútbol español realmente viven de lo que produce el Real Madrid. ¿Es entonces de recibo este trato vejatorio? ¿Qué hemos hecho nosotros para merecer esto?
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Buenos días, amigos. En un nuevo giro inesperado de los acontecimientos, el club cliente de Negreira (en nuestro titular lo hemos designado por su antiguo nombre porque no nos cabía así) va a jugar su partido ante el Valencia donde quiera.
-Entonces, ya que vuestro estadio sigue cerrado por obras, ¿dónde vais a jugar vuestro partido contra el Valencia?
-Donde nos salga de los cojones.
-Está bien, ¡pero ni un centímetro más lejos!
El Estadio Johan Cruyff no reúne las condiciones mínimas para disputar un partido de Primera División, de acuerdo, pero vamos a ver, ¿quién manda aquí? No nos habéis chistado porque hayamos pagado a la cúpula arbitral durante un mínimo de 17 años y ¿ahora os vais a poner tiquismiquis por el estadio donde nos da la realísima (con perdón) gana de disputar el encuentro?
Parte de la prensa cataculé no solo no le da importancia a este nuevo abuso, sino que se vanagloria de la maravillosa (?) coincidencia de que se vaya a jugar el día 14, coincidiendo con el número de Cruyff. Con todo el respeto para Cruyff, que en paz descanse, acudid muy despacio a tomar por vientos.
Acudid muy despacio, muy tranquilamente, a tomar por vientos por razones que quedan perfectamente enumeradas en este gran texto de Jacinto Fernández, en el cual constan todos los agravios comparativos con clubes que han tenido que asumir graves inconvenientes porque sus estadios no eran homologables. Flipad, como diría un castizo.
El club cliente de Negreira juega donde quiere y el Madrid cuando le dejan. Lo decimos porque el mismo sujeto que permite esta tropelía, o sea, Javier Tebas Medrano, anunció ayer que la fecha de la disputa de su encuentro ante el Villarreal será el sábado 3 de octubre, cuando perfectamente podría haberse jugado el domingo 4 teniendo en cuenta que los hombres de Xabi Alonso acabarán de volver de un viaje a Kazajistán, en la mismísima frontera con la República Popular China.
Lo dicho: mientras el club cliente de Negreira juega donde quiere, el Madrid juega cuando le dejan, que casi invariablemente es cuando no le conviene. Tebas se ocupa de que así sea, de igual manera que ha dispuesto que el Castilla, nuevo filial, juegue dos partidos ¡en 48 horas!
¿Es demencial todo? Sí, es demencial todo.
Como anécdota del día cabe señalar que lo del Johan Cruyff le parece un canteo, incluso, a algún sector del barcelonismo que hoy representa el diario Sport.
Parece que hay un sector de la masa de socis que está hasta el tuétano de no tener estadio, a pesar de promesas incumplidas que hoy el mismísimo Sport le reprocha a Laporta. Como para abundar en la crítica, en su faldón da cuenta Sport de la labor opositora del colectivo “Suma Barça” (perdón, “Suma Cliente de Negreira”), que está harto de Laporta, o eso nos cuenta el rotativo catalán.
A nosotros eso de que existen culés que están en contra de Laporta nos lo tendrán que demostrar. Si nos atenemos a lo que día a día sale a la luz, tot el camp és un clam y las filas están prietas en torno al líder omnímodo, contra el Madrid y contra Franco, que es lo importante.
En una nota de rechifla de este tardoverano delirante, os contaremos que el Cholo Simeone pasó ayer por los micrófonos de la COPE. Dijo cosas llenas de coraje. Ni William Wallace, oigan.
En efecto. El Cholo Simeone va por ahí presumiendo de haberse levantado de una reunión con la UEFA y haberse marchado. Qué tío. Qué hombre. Podría pedirle a su jefe que se le levante de la mesa de la UEFA en la que se sienta junto a Ceferin, autor del supuesto agravio por el sempiterno doble toque de Julián, pero tan valiente no es.
En cualquier caso, qué gesto eso de levantarse e irse. Bravo, bravo y bravo. No huele un titulo desde hace un lustro y su equipo, que se ha gastado 400 millones en fichajes en dos veranos, hace el ridículo sistemáticamente, pero es el entrenador mejor pagado del mundo. Entendemos que es por cosas como esta. No seáis malos y no le llaméis la cheerleader mejor remunerada del planeta. No es eso, no es eso. Se trata de plantar cara a los malos con la gallardía que nos contó en los micrófonos de Cope.
Lo que hay que hacer es subirle el sueldo, hombre, por Dios. Merece cada euro. Le queremos. Amamos esa bolsa escrotal que con tanto afán se ciñe mirando a las gradas. Es el hombre. Es Jacques. Queremos un hijo suyo, pero sobre todo queremos que cobre más. Los titanes que se levantan de reuniones con los poderes fácticos (incluso si ese poder fáctico se da el pico con su propio club) merecen una remuneración acorde.
Os dejamos con las otras dos portadas de la jornada.
Pasad un buen día.
“Si por eternidad se entiende no una duración temporal infinita, sino la intemporalidad, entonces vive eternamente quien vive en el presente”.
Wittgenstein.
Tras uno de los ciclos más gloriosos del balompié, aquella etapa memorable se cierra, y el Madrid que vendrá ya es el que está. Tras la gesta de tres Champions consecutivas y cinco en diez años, el club ha consumado una transición radical: las leyendas se retiran y ceden el paso a talentos emergentes y a un técnico debutante que ya imprime su sello a pesar de tener apenas un puñado de partidos en su haber.
Para los románticos, no hace tanto el estandarte ofensivo era Cristiano Ronaldo, secundado por Benzema. El medio campo se regía por la trinidad Modric-Kroos-Casemiro, y aquel escenario presenció los primeros vuelos del entonces “Pajarito” Valverde. La izquierda quedó en manos de un brasileño inagotable que pasó del meme a la excelencia, y Benzema, liberado de la sombra de Cristiano, alcanzó el Balón de Oro. Fue una maravilla que, vista con distancia, solo crece en grandeza.
Entre medias, Zinedine Zidane, leyenda como jugador y como técnico, se despidió de Chamartín dejando tres Copas de Europa consecutivas, algo jamás visto. Dio paso a una segunda etapa victoriosa de Carlo Ancelotti, el caballero que supo devolver la calma al caudal y se marchó como el entrenador más laureado de la historia blanca. Tras ellos, el banquillo lo ocupa hoy Xabi Alonso, campeón del mundo, referente en cada club donde jugó y tótem indiscutible del madridismo. De su etapa en Alemania, coronada con el Bayer Leverkusen, llega con un crédito que pocos entrenadores debutantes poseen. Se le adivina madera de arquitecto, la tiza dispuesta para levantar nuevos cimientos.
En el césped fueron llegando talentos de perfil atlético y técnico, porque el fútbol apuntaba a un estilo más físico, de mayor todocampismo. Así desembarcaron Tchouaméni y Camavinga, y poco a poco se transformaron todas las líneas: de Marcelo a Mendy; de Ramos, Pepe y Varane a Militao, acompañado por dos centrales curtidos como Rüdiger y Alaba, y más recientemente por un defensor de nueva escuela, Dean Huijsen, central moderno con alma de centrocampista. Huijsen acaba de aterrizar, pero transmite la sensación de haber pertenecido ya a la década gloriosa, cuando apenas era un niño que soñaba con esas gestas. Y cómo olvidar a Jude Bellingham, que en su primer curso justificó de sobra la apuesta del club y afronta ahora su tercer año como líder natural.
El futuro del Madrid ya está aquí, y lo verdaderamente asombroso es que la gloria jamás se marchó. Porque, retomando a Wittgenstein, “vive eternamente quien vive en el presente”. Y en el Madrid el futuro ya es presente
Luka Modric, gigante eterno de los Balcanes y del madridismo, se despidió al acabar la pasada temporada. De aquella camada de héroes —los del pundonor y las tres Champions consecutivas— solo sobrevive un canterano de Leganés, encanecido ya, que puso la primera piedra de la Ciudad Real Madrid junto a don Alfredo Di Stéfano: Dani Carvajal. Ese niño de la cantera es hoy primer capitán con 33 años, y ha regresado de una lesión que hubiera puesto fin a la carrera de casi cualquiera. Es el último de una estirpe: el último de “los Jerarcas”. Y qué fortuna la nuestra: nos queda don Daniel Carvajal.
Entre Carvajal y el segundo capitán —aquel que pasó de “Pajarito” a “Halcón”— media una brecha de más de seis años. Esa diferencia marca el final de una era: la década gloriosa va quedando en la memoria, aunque el honor y el orgullo por vestir de blanco permanecen intactos.
Hoy el equipo se sostiene sobre varias superestrellas, con Mbappé a la cabeza. El de Bondy, largamente anhelado por Florentino Pérez, afronta ya su segunda temporada, heredero del 10 de Modric y en plenitud física, evocando su versión de 2018, cuando se proclamó campeón del mundo en Rusia. A su lado, Vinícius Júnior, paradigma de que el esfuerzo siempre da fruto; Bellingham, Rodrygo y hasta la irrupción de un consagrado como Trent Alexander-Arnold completan una nómina que garantiza presente y futuro. Y como broche de promesa, el argentino Franco Mastantuono, zurdo al que se le adivina una calidad espléndida, y un regresado Carreras, dispuesto a devolver vuelo y brillo a la banda izquierda de la defensa.
Echando la vista atrás, solo cabe la gratitud. Florentino Pérez ha sabido prolongar el ciclo y lograr que el equipo apenas percibiera cómo, uno tras otro, sus mitos se despedían. Ha resistido la embestida de los petrodólares, el vértigo del nuevo fútbol e incluso la sombra de la corrupción sistémica.
En definitiva, el futuro del Madrid ya está aquí, y lo verdaderamente asombroso es que la gloria jamás se marchó. Porque, retomando a Wittgenstein, “vive eternamente quien vive en el presente”. Y en el Madrid el futuro ya es presente.
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