Buenos días, amigos. Permitidnos reformular el paradigma de partida de esta sección de la Galerna. Si originalmente estaba concebida para analizar e ironizar sobre los titulares de la prensa presuntamente deportiva de España, el de hoy podría muy bien ser el portanálisis de Schrödinger, porque versará sobre aquello que apenas reflejan las cabeceras de los diarios habitualmente escrutados.
Esto ya nos ha pasado bastantes más veces, pero nunca tan claramente como hoy. Sufrimos una prensa deportiva que es cómplice del caso Barça-Negreira. Hace tiempo que habíamos llegado a esta dura conclusión, pero la casi absoluta ausencia de referencias en las portadas del día a las declaraciones de ayer, en particular a la muy relevante del hijo de Negreira, refleja mejor que nunca hasta qué punto la inacción de la prensa ha sido (y sigue siendo) clave para el triunfo de la corrupción deportiva en el fútbol español.
Ni Marca ni Sport hacen mención alguna a las declaraciones ante el juez, que se produjeron ayer. Ya saben, ese enojoso asunto consistente en que el Fútbol Club Barcelona pagó durante dos décadas al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros mas de 8 millones de euros. La consecuencia más visible fue la mejor racha de resultados de la historia del club pagador, a lomos de una plétora de actuaciones arbitrales que se sitúan a medio camino entre lo grotesco y lo nauseabundo. Derivadas de ellas, aparecen una serie de aberraciones estadísticas que siguen intentando desde casi todos los ámbitos achacarse a la excelencia del juego culé en esos momentos. Pero hay cosas que no se justifican en modo alguno.
Ayer, aunque a la prensa deportiva que sufrimos le resulte indiferente, se produjo una declaración muy relevante en el caso, como lo fue la del hijo de Negreira, quien reconoció que los pagos a su padre no fueron por informe alguno, correspondiendo más bien a cuestiones “poco éticas”.
Se trata de una declaración muy sustancial que, sin embargo, la prensa deportiva del día te escamotea. Paul Tenorio ponía en X el dedo en la llaga.
Tiene toda la razón Tenorio, pero la prensa como si nada.
Durante el día de ayer declaró también Sandro Rosell, el mismo al que Ángel María Villar interpelaba con aquel inmortal “¿Qué más quieres que te dé, Sandro?”. El mismo que ha convertido su comparecencia en un sainete de referencias al Real Madrid y a demostrar su excelente memoria, recitando alineaciones culés de su época dorada, eso sí, nada más respondiendo a las preguntas de su abogado.
De sobra sabe Rosell que lo presuntamente "absurdo" de los pagos no elimina la existencia de los mismos, corroborados en forma de facturas que obran en manos de la jueza sin que se haya demostrado ninguna razón honorable para dichos pagos, como ha atestiguado el propio hijo de Negreira.
Bartomeu ha salido del juzgado sosteniendo que su declaración desmontaba las teorías de corrupción y adulteración de la competición. Si su declaración han sido tan ridícula como la formulada ante la prensa a la salida del juzgado, el caso va para adelante viento en popa a toda vela.
Si la línea de defensa de Bartomeu va a ser la que ya ha desmontado Negreira Jr., es decir, que no se pagó para influir en los arbitrajes sino por informes (informes que ya se han revelado inexistentes), Bartomeu puede decir misa en latín con subtítulos en catalán, que la teoría de la confabulación judeomasónica contra "el mejor Barcelona de la historia" le va a servir para bien poco.
Nada, absolutamente nada de lo anterior, que constituye, posiblemente, el mayor caso de corrupción de la historia del deporte, se hace acreedor de figurar en las portadas de esos diarios presuntamente deportivos. Al parecer, esa central lechera, como la motejó San Pep de Santpedor, parece cegada por la actuación del equipo catalán anoche ante el Newcastle, con dos grandes goles de Marcus Rashford.
Ya lo veis. El diario presuntamente madridista se entrega a los brazos del delantero inglés e ignora deliberadamente todo lo que sucedió en el juzgado en la mañana de ayer. Le faltan escobas a Marca, cómplice directo de la corrupción federativa, para barrer la mierda debajo de la alfombra tan rápido como quisieran.
As sí contiene una referencia a la declaración de Negreira Jr. (que siembra "dudas", dice), pero también queda lejos de dar al asunto la importancia que tiene.
El diario del Conde de Godó, Grande de España, dedica cierto espacio en su cabecera a la declaración de los dos expresidentes barcelonistas, si bien para referir que, según ellos, se desmontan todas las teorías. El cuerpo principal de la portada enuncia “Killer Rashford”. Desconocemos si se refiere a la actuación del bigoleador o si el Barcelona puede añadir otro delito más a su nutridísmo repertorio de quebrantos legales.
Hay que tenerlos no ya cuadrados, sino octogonales, para hacer tuya la declaración de Bartoméu. "Todas las teorías, desmontadas". Bueno, la de los informes, de momento, lo está.
De la primera plana de Sport, sinceramente, poco o nada hay que decir, lo mismo que ellos del, insistimos, mayor caso de corrupción deportiva de la historia.
Pasad un excelente día y desmontad las teorías que os dé la gana, desde la de la relatividad, la gravitación universal o el electromagnetismo. Visto lo visto, lo mismo da.
Hace muchos años, en un país muy lejano (lejano hacia la parte de Oriente, según se mira el mapa de frente), había un famoso dojo de Kárate que organizaba cada año el campeonato de artes marciales del país. Los mejores luchadores nacionales se batían en duelo, semana tras semana, para alcanzar la gloria nacional y, como colofón, enfrentarse a los campeones de todo el continente.
En este legendario campeonato nacional dos luchadores destacaban sobre el resto: Conch Aspín, famoso por su impoluto kimono blanco, y Blaug Ran, que prefería lucir colores oscuros en su indumentaria. Ambos llegaban a menudo a las finales y se disputaban la mayoría de títulos, pero el resultado más habitual era la victoria de Aspín. Los niños pedían como regalo su kimono para lucirlo en el colegio, y su presencia causaba admiración allá por dónde iba a disputar torneos o exhibiciones.
Ran no era un mal rival, y tenía muchos seguidores, pero el ver cómo la leyenda de su rival (y la diferencia en el palmarés) aumentaba año tras año le producía una angustia profunda que acabó por ennegrecer su alma y por generarle un odio malsano hacia su rival.
En un momento dado, Blaug Ran, junto con sus entrenadores, tomó una decisión. Tenía que conseguir darle la vuelta a la situación, y ganar a su rival por lo civil o, literalmente, por lo criminal. Aprovechando que en todos los estamentos de todos los países hay gente con la falta de escrúpulos adecuada, se acercó a algunos de los responsables del dojo, y se ganó el favor del jefe de los Shushin, los jueces que debían velar por la limpieza de la competición. Unas botellas de Sake por aquí, unos masajes por allá y unos millones de yenes por acullá le granjearon el favor de los responsables de la competición, que se comprometieron a que nunca se tomarían decisiones que perjudicaran a Blaug Ran. O, lo que venía a ser lo mismo, que se tomarían muchas decisiones que perjudicaran a Conch Aspín.
Así fue como, de la noche a la mañana, Aspín empezó a sufrir todo tipo de situaciones en contra de lo más inexplicables. Sus golpes certeros eran anulados argumentando movimientos ilegales, por mucho que los hubiera repetido miles de veces en su carrera. Era obligado a cumplir normas absurdas como pelear con un brazo atado a la espalda, con los ojos vendados o de rodillas, según le apeteciera al juez de cada combate. Sus rivales disponían de barra libre, y le podían pegar de cualquier manera sin que nunca les amonestaran. Y si protestaba por algún contacto ilegal recibido, el propio Aspín era incluso expulsado. Como cualquier lector puede imaginar, ser expulsado en un deporte individual supone un contratiempo bastante insalvable para ganar un combate, por lo que sus resultados deportivos se vieron muy perjudicados.
Blaug Ran, junto con sus entrenadores, tomó una decisión. Tenía que conseguir darle la vuelta a la situación, y ganar a conch aspín por lo civil o, literalmente, por lo criminal
Los abusos no se ceñían sólo a los combates. El luchador de blanco encontraba todas las trabas del mundo para cualquier gestión administrativa que quisiera hacer. Le ponían pegas para alquilar pabellones de entrenamiento, le adjudicaban los peores horarios dejándole apenas sin descanso. Algún juez incluso llegó a amenazar a Conch Aspín el día antes de uno de sus combates más importantes, dejando serias y lógicas dudas acerca de su supuesta imparcialidad. Además, algunas botellas más de Sake cambiaron de manos, y los periodistas que cubrían el campeonato no perdían oportunidad de criticar todo lo que hacía, vendiendole a la opinión pública siempre de la peor manera posible.
En el otro lado del Tatami, su rival Blaug Ran disfrutaba de todas las comodidades que el comprar al establishment le había otorgado. Jueces que miraban para otro lado cuando sus golpes ilegales dañaban a los contrarios, y que amonestaban a estos con las excusas más peregrinas en cuanto sentían que el resultado de su protegido peligraba. Con los años, los rivales de Blaug aprendieron que eran combates en los que no podían pegar ni defenderse. En la mayoría de ocasiones, ni siquiera preparaban a conciencia la pelea ni utilizaban sus mejores golpes, porque sabían que eran combates que no podían ganar. Los resultados deportivos empezaron a llegar, y los periodistas de barriga agradecida no perdían oportunidad de glosar las maravillas del nuevo chico de oro. Todo lo que ganaba, según se podía leer, era por sus excelentes métodos. Si había algo extraño en un combate se olvidaba rápido, y se seguía hablando de cómo este luchador había reinventado el kárate en particular y las artes marciales en general.
El plan iba tan sobre ruedas que la cosa se alargó durante dos décadas. Dos décadas de trabas, complicaciones y sufrimiento para uno y alfombra roja institucional para otro. Todo iba a pedir de boca.
Sí, pero no. He aquí, amigos, el giro de tuerca que da esta lejana y absolutamente imaginaria historia. Porque a veces, nuestros actos tienen consecuencias inesperadas para nosotros y para los que nos rodean, y las cosas no siempre salen como las planeamos.
Sí, es cierto, Conch Aspín perdió muchos campeonatos nacionales, que cayeron en manos de su rival, y la diferencia en la sala de trofeos se redujo. Pero, a la vez, aprendió a sufrir y a luchar siempre contra los elementos. Endureció su piel, que cicatrizó en la de un guerrero. Aprendió a luchar con un brazo a la espalda, de rodillas, a ciegas y contra tres. No siempre eran vistosas sus peleas, es cierto, pero la garra con la que se aferraba a sus opciones de victoria empezaron a dejar dentelladas en la confianza de sus rivales. Y ocurrió algo inesperado para los conspiradores: convirtió el sufrimiento en un aprendizaje, y más adelante, en una virtud.
A la vez que perdía más campeonatos nacionales que antes, agrandó su fama al enfrentarse y vencer a los mejores del resto de países. Los callos de sus manos soportaban cualquier pelea, por dura e injusta que fuera. Luchaba hasta la extenuación en cualquier circunstancia, y consiguió aumentar su palmarés en campeonatos internacionales como ningún otro luchador en la historia, convirtiéndose en la mayor leyenda de la historia.
He aquí, amigos, el giro de tuerca que da esta lejana y absolutamente imaginaria historia. Porque a veces, nuestros actos tienen consecuencias inesperadas para nosotros y para los que nos rodean, y las cosas no siempre salen como las planeamos
“¿Y su rival qué?”, me preguntaréis. Estoy seguro de que muchos ya habréis imaginado la otra cara de la historia. Es muy bonito luchar siempre con red de seguridad, en casa, calentito y con todas las ayudas del mundo. A quién no le gusta que le pongan una alfombra roja antes de (y durante) cada pelea, ¿verdad? Pero claro, los enemigos de verdad, cuando uno sale de las faldas de papá, no suelen tener tanta consideración. Cuando tus golpes ilegales dejan de contar, y nadie te regala ventajas mientras advierte a tu rival que te dé “sólo pataditas”, las cosas se complican un poco.
Los lujos y el champagne de casa se convirtieron en eliminaciones, a cual más humillante, a manos de rivales con más oficio que arte. Las sábanas de seda, las loas y los favores acabaron convirtiendo a Blaug Ran en un rival débil.
La injusticia, los ataques constantes y la arena del desierto convirtieron a Conch Aspín en indestructible.
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El destino, siempre tan caprichoso cuando se calza las botas, ha unido los estrenos de Xabi Alonso como entrenador y jugador del Real Madrid. Y es que los blancos no lograban un pleno de victorias en los cuatro primeros partidos ligueros desde la campaña 09/10, la primera del tolosarra en Chamartín. Y también, dicho sea de paso, la del regreso de Arbeloa (ahora a los mandos del Castilla).
Fue la temporada de Pellegrini y el aterrizaje de la segunda oleada galáctica: Cristiano, Benzemá y Kaká. Un año en el que todo comenzó como la seda hasta que las costuras se rasgaron de forma abrupta en Alcorcón. Si ahora los de Alonso se han impuesto a Osasuna, Oviedo, Mallorca y Real Sociedad, en 2009 se ganó al Deportivo de la Coruña en casa (3-2), al Espanyol de Pochettino (0-2), al recién ascendido Xerez (5-0) y al Villarreal de Cazorla (0-2). Un impecable inicio con 13 goles a favor y dos en contra —ahora son ocho y dos— que, sin embargo y quizá como premonición, no valió el liderazgo, ostentado por el Barcelona al finalizar la cuarta jornada por sumar un tanto más.
Una de las curiosidades de esa campaña fue la llamativa costumbre del ayudante del chileno cuando los rivales atacaban al Madrid. Entonces, Rubén Cousillas murmuraba o incluso llegaba a pronunciar de forma clara y elevada —según la intensidad del ataque— la palabra kiricocho, una especie de ritual para espantar el mal fario, en este caso encajar un gol.
Vistas las actuaciones arbitrales en lo que va de Liga, con el club decidido a elevar la situación ante la FIFA, el madridista podría llegar a plantearse recuperar aquella superstición, pero alterando su objetivo. Cuando Mbappé marque tras un desmarqu,e o un jugador cometa una falta siendo el penúltimo defensor, quizá no esté de más invocar al kiricocho. A ver si así cambian las tornas, porque hasta la fecha no hay manera.
La publicación del parte de expulsiones en la Liga y la Champions de lo que va de siglo XXI es aplastante. Si el dato se come al relato, en este caso lo devora. Ya saben, el saldo en Liga del Barcelona es de +65, mientras el del Madrid se sitúa en un llamativo -2, al tiempo que en la máxima competición europea la estadística se iguala: +12 tras la roja a Carvajal contra el Marsella. Un cante sin música ni gracia, vamos.
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El ruido empieza a ser insoportable. Que si ya no es intocable. Que si su sitio en el once es discutible. Que si el Madrid juega mejor sin él. Es ensordecedor. Y lo peor: algunos en el madridismo parecen dispuestos a comprarlo.
Es verdad. Vinicius lleva todo el 2025 tratando de recuperar la chispa con la que brillaba en 2024. No es el extremo que partía defensas en dos. No es el mismo goleador de las noches grandes. Lo sabemos. Él también lo sabe. Pero convertir un bache en sentencia definitiva es tan injusto como dañino.
Un jugador intocable no es aquel que jamás baja el nivel. Es aquel al que se le mantiene la confianza porque ya ha demostrado que gana partidos, títulos y finales. Vinicius lo ha hecho. Señalarlo ahora como un estorbo es amputar la memoria reciente del madridismo. Quiero pensar que su suplencia ante el Marsella fue producto de una simple rotación. Si algo quería evaluar Xabi, ya vio cómo en 25 minutos hizo más que Rodrygo en 60.
Ni siquiera se trata de una competencia, o de que el madridismo se divida por quién esta mejor. Se trata de que Vinicius ha demostrado ser la estrella de este equipo cuando tiene continuidad y confianza. Ademas, creo que ha estado a la altura entendiendo su rol con Mbappe. Vemos constantemente cómo se alegra dentro del campo y se piropean en redes.
Señalar ahora a vini como un estorbo es amputar la memoria reciente del madridismo. Quiero pensar que su suplencia ante el Marsella fue producto de una simple rotación
Lo que sí preocupa es su situación contractual. Si no renueva, el próximo verano el club tendría que venderlo. Ahí está la bomba. Por eso, más que nunca, Vinicius necesita respaldo. Porque un Real Madrid que duda de su estrella es un Real Madrid que yo desconozco. Florentino le ha arropado siempre en las malas, y creo que Vinícius es irreemplazable.
¨Si hay conversaciones privadas con Vinicius, se quedan en Valdebebas. Va a haber momento para todos; nadie va a jugar todos los partidos. Necesitamos a todos y todos van a jugar. Vinícius y Brahim han entrado muy bien y los cambios están teniendo un impacto muy bueno. En Anoeta también pasó. No es sólo una cuestión de que los que inician son importantes, el fútbol no va en esa dirección¨, dijo Xabi Alonso al finalizar el encuentro ante el Marsella.
Tambien es cierto que Vinicius era el pupilo de Ancelotti. Su marcha ha supuesto quizás un motivo mas en su bajón anímico y futbolístico. Pero si alguien sabe lo que es estar en la adversidad dentro del Real Madrid, ese es el 7. No tengo dudas de que tiene que dejar que su futbol hable por sí solo.
Vinícius tiene que levantarse. El madridismo tiene que acompañar. Porque, si lo damos por perdido, perdemos más que un jugador: perdemos identidad. Vinícius no se toca.
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Buenos días. Alguien debe hablar con el Cholo. El Cholo debe centrarse en entrenar, y no caer en provocaciones de la grada. Es verdad que ayer, en la azarosa derrota de su equipo en Anfield, respondió a la continua provocación de un seguidor scouse situado tras su banquillo, y se fue a por él no precisamente para comentar sus temas preferidos del Abbey Road. Si bien lo que hizo dicho seguidor no es defendible, no es menos cierto que al Cholo le pagan por mantenerse frío y no encararse con la grada.
Además, si solo le cantan cosas feas desde la grada a él, será por algo. A otros entrenadores no les cantan nada. Por tanto, alguna responsabilidad tiene.
Imaginamos que todos estos argumentos, que con frecuencia se utilizan desde los medios para atacar el que Vinícius (por ejemplo) mande a Segunda a un aficionado que lleva más de una hora llamándole mono, servirán también para afear su conducta a Simeone, que se fue a por el mentado fan de los de Slot con el mismo afán macarra con el que se fue a por Varane al término de la final de Lisboa que se saldó con la Décima.
Si todos esos argumentos sirven para Vinícius, no vemos por qué no deberían valer para el entrenador mejor pagado del mundo.
Agradecemos la inspiración para el arranque de este portanálisis a nuestro amigo Miguel Serrano y al CM del CD Zamora, que nos han puesto sobre la pista de lo relevante.
Como ya habréis adivinado o hasta constatado, en los medios, ayer y hoy, nadie regaña a Simeone, ni en esos ni en parecidos términos. Para hacer algo semejante, hace falta tener de eso que el Cholo se agarra mirando a la grada, atributos que escasean en una comunidad periodística bien afín al Atleti, bien controlada por el dúo prescrito Gil/Cerezo, bien acojonada ante (digamos) el manejo de la calle que tiene esta institución.
No. Hoy todo son disculpas y presuntos atenuantes (cuando no eximentes) para el comportamiento del técnico argentino, los mismos atenuantes o eximentes que brillan por su ausencia cuando hablan de los gestos a la grada o a sus rivales de un chico (Vini) que vive un acoso social y mediático, teñido muchas veces de xenofobia, que no se ha visto jamás.
Y el Cholo, ¿qué dice de esto? Se habrá disculpado, ¿no? Habrá expresado un claro propósito de la enmienda, ¿verdad?
Lo habéis adivinado: no. Y tampoco nadie le reprocha que no lo haga.
No parece, ¿verdad? No parece muy arrepentido. Ni falta que hace, pensará, con la patente de corso de la cual gozo. Lo que más nos divierte de estas declaraciones cholistas es esa exigencia al Liverpool de que identifique al insultador de detrás del banquillo. “Un club como el Liverpool” debería poder hacerlo, ¿verdad? Sobre el hecho de que su propio club, es decir, el Atlético de Madrid, auspicie a un grupo neonazi cuyo poder en la entidad les permite incluso reunirse con los jugadores, y que lleva sembrando el pánico lustros allá donde va, profiriendo los cánticos más deplorables en la mismísima grada del Metropolitano desde hace décadas, sobre eso en cambio el Cholo no tiene nada que decir, ni se atreve a exigir públicamente a su propio club la misma intransigencia ante los impresentables que le exige a los ingleses.
Hay que reírse muy fuerte, amigos. Por no llorar, como siempre.
Ah, perdón, todavía no os hemos dicho el resultado del partido. El resultado fue Liverpool 3-2 Proctólogo (gracias, Fred Gwynne).
Las portadas de la prensa deportiva capitalina pasan muy por encima del incidente, lamentando más bien la mala suerte colchonera. Los pupilos de Milhombres Simeone habían llegado a igualar un 2-0, pero un gran cabezazo de Van Dijk sobre la bocina reventó de golpe todo su esfuerzo. El karma se cobró por adelantado el exceso pugilístico del Cholo.
Si las portadas apenas se ocupan del intento del buen Diego Pablo de practicar artes marciales con un señor de orillas del Mersey, imaginad hasta qué punto les dará igual la gran cafrada del día de ayer, a saber: que el CTA reconoce que la expulsión de Huijsen en Anoeta fue injusta pero, aun así, le mantiene la sanción de un partido. Hay que tener un cinismo a prueba de bombas. No, si yo reconozco que hice mal, pero para abundar en lo mal que lo hice te voy a sancionar sin motivo. Reconocemos que no es roja pero no te quitamos la roja. Es de agárrate y no te menees. Solo nos resta acogernos al sentido del humor del enorme Zaca.
Y poco más, amigos. Os dejamos con las portadas de la prensa cataculé.
Pasad un gran día.
El Real Madrid ya ha debutado en la Champions, la competición fetiche del club y su escenario predilecto. El estreno fue una sofocante montaña rusa para quienes asistimos al espectáculo en el Bernabéu: en los primeros minutos, ocasiones múltiples, ninguna concretada. Con un Olympique de Marsella aturdido por la presión alta y con sentido, el arranque hacía presagiar una goleada blanca. Sin embargo, el encuentro terminó con el Madrid resistiendo el asedio de un Marsella hasta entonces timorato, envalentonado tras una polémica acción de Carvajal sobre el meta argentino, que acabó costando la expulsión y obligó a terminar el partido en inferioridad, con VAR de por medio.
Vamos por partes. Un comentario común entre los aficionados a mi alrededor durante los primeros compases del juego fue la impresión de que el equipo estaba jugando muy bien. Eso que prometió Xabi Alonso durante el ya lejano Mundial de Clubes de julio se está cumpliendo: el Madrid gusta. “¿Hace cuánto no veías un partido del Madrid con tantas ocasiones en los primeros diez minutos?”, se escuchaba. “Qué diferencia con lo del año pasado, ¿eh? Míralos cómo presionan”, añadían. Y tenían razón: no en vano, Gerónimo Rulli terminó siendo la figura del encuentro para los franceses, pese a sus dudas iniciales. En total firmó 13 paradas, 10 de ellas en la primera parte.
Todos los jugadores del Madrid salieron enchufadísimos. En la banda, un Xabi Alonso muy activo instaba en cada envite a la línea defensiva a adelantarse. Militao, recién regresado tras superar la doble rotura de cruzados, estuvo imperial. Huijsen, a lo suyo: seguro en el pase, atrevido en la conducción y oteando el horizonte lejano en busca de filtrar balones. Por la derecha, la nota negativa fue la temprana lesión de Trent, que dio paso a Carvajal —del que hablaremos más adelante. En la izquierda, un Carreras que ha caído de pie y que habría sido el mejor del partido si Kylian no hubiera transformado esos dos penales, o si Tchouaméni no siguiera justificando los 80 millones de euros que costó en su día.
Ya en el medio campo, Valverde atraviesa un pequeño bache, pero se le perdona porque sigue entregándose con esfuerzo y pundonor. La nota más baja fue para Arda, no solo por perder el balón que derivó en el gol francés, sino porque se mostró menos mandón de lo habitual. No preocupa: la suya es una inversión de largo plazo y la confianza en él debe ser irrenunciable, especialmente en las noches adversas. Aun así, tuvo tiempo de filtrar varios buenos balones y se percibió un entendimiento prometedor con Mbappé.
Arriba, el ya mencionado Kylian sigue a lo suyo: en un nivel altísimo y con arrancadas que recuerdan a aquel menudo adolescente que enamoró al mundo del fútbol —y muy en particular a Florentino. Líder y figura, asumió la responsabilidad de lanzar los dos penaltis que significaron la victoria. Ejecutados con la fuerza justa, Mbappé logró batir a un Rulli que adivinó el lado en ambos, pero no alcanzó a detener ninguno. El meta argentino estaba inspirado, pero el francés se impuso en sendos duelos.
La nota más baja fue para Arda, no solo por perder el balón que derivó en el gol francés, sino porque se mostró menos mandón de lo habitual. No preocupa: la suya es una inversión de largo plazo
Completando el tridente, vimos a un Rodrygo que, partiendo desde la izquierda, luce mucho más que en su taciturna versión por la otra banda. Y aporta más. Tres pases clave, una ocasión clara generada, dos de tres regates completados y un penalti provocado figuran en su haber. Por la derecha, gozamos un Mastantuono que, joven y debutante en Champions, no se amilanó: tiró caños en el área y se mostró combinativo, aunque en el debe quedó ese remate a bocajarro que le sirvió el propio Kylian y que no terminó en las redes. Igual entusiasma. Se le ven maneras.
Este once tuvo tres grandes figuras: Mbappé, por los goles; Carreras, por la seguridad con la que contuvo a los atacantes rivales y, sobre todo, por su entendimiento con Rodrygo primero y con Vinicius después, transmitiendo siempre la sensación de estar concentrado, leyendo el juego y anticipando riesgos u oportunidades para el equipo. Pero, visto el partido, un nombre propio que quizá no acaparó suficientes focos fue el de Aurélien Tchouaméni. Cuando se le permite jugar en su posición natural y con instrucciones claras, se le ve cómodo, imponente. Roba, anticipa, corrige, corre. Y cómo corre. Más que nadie. En total, el francés recorrió 10,7 km según las estadísticas de la competición, con una precisión en el pase superior al 90 %, la más alta del medio campo. “Este sí es mi Aurélien”, podría haber dicho Florentino.
Pero este es solo el relato del primer tiempo. El calor sofocante, las piernas pesadas de septiembre y —digámoslo claro— la dificultad propia de la competición hicieron que el Madrid sufriera. El panorama empeoró de manera decisiva cuando Carvajal perdió los papeles y propinó un leve cabezazo a Rulli, quien se desplomó como si la afrenta hubiese sido mortal. Eso, sumado a la intervención del VAR, dejó al Madrid con diez. Un capitán del Real Madrid no puede permitirse este tipo de lapsus, no solo por condenar al equipo a la inferioridad, sino por lo que representa el brazalete blanco.
Militao, recién regresado tras superar la doble rotura de cruzados, estuvo imperial. Huijsen, a lo suyo: seguro en el pase, atrevido en la conducción y oteando el horizonte lejano en busca de filtrar balones
Ya habían ingresado un laborioso Brahim por la derecha, en lugar de Mastantuono, y un todavía errático Vinicius. El brasileño continúa incómodo en su nuevo rol de segunda espada, aunque su insistencia por la banda, hundiendo al lateral, provocó el segundo penal a favor del Madrid: el que Kylian transformó en la primera victoria europea de la temporada. Será clave, para que la campaña sea tan redonda como se adivina, que vuelva la mejor versión de Vinícius. Xabi, que le dio un buen espaldarazo antes de su ingreso, parece el mejor candidato para conducir esa recuperación.
Por lo demás, el Madrid gustó, presionó y supo resistir cuando no se dieron las circunstancias. Es un equipo renovado, dando sus primeros pasos en un proyecto que se adivina prometedor, cimentado en tres premisas esenciales: presión alta, control del balón y, sobre todo, el esfuerzo colectivo por defender el escudo y los colores del club más laureado de la Copa de Europa.
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Anoche el Real Madrid volvió a su hábitat natural, la UEFA Champions League. Es decir, anoche volvió el fútbol de verdad. La vieja Copa de Europa únicamente se entiende con la participación del Real Madrid y viceversa. Ver un partido de Champions es volver a vivir los años del esplendor en la hierba. Lejos de los semovientes que padecemos todas las jornadas ligueras, en Europa todo huele mejor. Mientras ir a jugar La Liga es pasar un calvario, afrontar una cita europea invita a ponernos nuestras mejores galas y sonreír al respetable con la clase de Robert Redford.
Ha vuelto la Champions, ha vuelto la felicidad. Si bien el Madrid anoche no estuvo brillante, el Santiago Bernabéu pudo saborear su competición favorita como hacemos esas noches de verano paladeando el jugo del melocotón. Nuestra Copa de Europa es esa fruta jugosa y que se deshace en la boca. Frente a los sinsabores de esta España decadente, una vez Europa es nuestra escapatoria. Y siempre somos Robert Redford. En cualquier película, somos él. Ya sea ese teniente general sentenciado a una cruel corte marcial en La última Fortaleza, o ese jovencísimo recién casado que pasea por Washington Square Park con una bellísima Jane Fonda. Eso es el Madrid.
¿Qué decir del partido frente al Olympique de Marsella? Pues lo mejor fue el resultado. El primer cuarto de hora pudimos ver a un Madrid volcado al ataque. A pesar de las constantes embestidas de un eléctrico Franco Mastantuono o un Kylian Mbappé tan incisivo como siempre, nuestros jugadores se daban contra el muro marsellés una y otra vez. Y, cuando menos lo esperábamos, el encuentro se complicó tras un fallo grosero de un cándido Arda Güler. El Madrid fue remontando un río tumultuoso desde el minuto 22. Aunque Kylian Mbappé empató rápidamente de penalti, el equipo nunca dio muestras de manejar el partido con solvencia.
El francés es hoy por hoy el jugador más en forma de la plantilla. Y creo que no me equivoco si añado que es el mejor jugador del mundo de largo. Tenemos suerte de tener en nuestras filas un jugador de su nivel
La segunda parte transcurrió por un terreno pedregoso que se tornó en color de hormiga cuando el colegiado expulsó a Dani Carvajal. Por suerte los cambios que Xabi Alonso introdujo dieron sus frutos: Brahim y Vinícius ensancharon el campo ofreciendo más alternativas de ataque a sus compañeros. De hecho fue el brasileño cuando en una de sus habituales incursiones al área consiguió un penalti a favor. Una mano del central del Marsella fue suficiente. Mbappé lanzó el penalti con autoridad y cerró el partido.

El francés es hoy por hoy el jugador más en forma de la plantilla. Y creo que no me equivoco si añado que es el mejor jugador del mundo de largo. Tenemos suerte de tener en nuestras filas un jugador de su nivel. Igual de afortunados somos de contar con Vinícius. El brasileño salió desde el banquillo y, a pesar de que su equipo llegó a jugar con diez, supo provocar un penalti que valió su peso en oro. Conviene recordar el jugador que es ante tantos desmemoriados. Sin ir más lejos, basta con su participación en este partido que tanto se complicó.
El Real Madrid conseguía así los primeros tres puntos en esta liguilla previa a la que todavía tratamos de amoldarnos los aficionados. Esta Champions actual no es perfecta: el formato me parece injusto y disparatado, Ceferin no me inspira la mayor de las confianzas y muchos aspectos internos de la UEFA creo que están desfasados. Dicho esto, comparar esta competición con la infamia local es un insulto al buen gusto.
De pequeño en el colegio me enseñaron a rezar el Padre Nuestro. Era lo primero que hacíamos cada mañana. La oración, enseñada por Jesucristo a sus discípulos, establece algunas peticiones dirigidas a Dios y otras relacionadas con la condición humana y tribulaciones. La oración del cristianismo por excelencia tiene algunas variaciones y según la haya aprendido, te sale de natural una u otra opción. Por ejemplo, antes de concluir la oración se expresa la siguiente petición: «Líbranos del mal». San Mateo va más allá y se refiere al Maligno.
Uno de los aspectos que conoce también el cambio, pero en el fondo expresa la condición cristiana en su más evidente piedad, en la oración nos consigna a pedir a Dios cierta clemencia para “nuestras deudas,/ así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Los más jóvenes podemos recordar la palabra “ofensa” en lugar de “deuda”. Seguramente porque así se expresa de forma más general, abarca mejor nuestros errores del día a día.
Como decía, en los colegios concertados nos enseñaban esto y todos los que hemos pasado por su enseñanza podemos recitar de corrido la oración. Tengo entendido que hoy ya no es costumbre en los colegios concertados pero entonces sí, ya sabemos que en nuestra sociedad todo está manga por hombro. Seguramente una de las partes más conocidas es aquella que se refiere al “pan nuestro de cada día”.
Sinceramente, se me hace cuesta arriba perdonar a los que nos ofenden jornada tras jornada. Y además, nuestro pan de cada día cada vez está más duro por culpa de nuestros deudores. Los semovientes que nos rodean en esa charca llamada fútbol español no merecen un ápice de compasión. Es imposible poner la otra mejilla. Dios nos dijo que fuésemos hermanos, no primos.
Mejor que yo lo expresó el editorialista del portanálisis de La Galerna del lunes:
«La competición española ha dejado de ser un torneo deportivo para convertirse en una comedia bufa, un vodevil de tercera, un carnaval de cloacas en el que el árbitro no aplica el reglamento, sino el catecismo del antimadridismo militante».
La prensa deportiva, en su mayoría más mediática, son los divulgadores necesarios de ese catecismo. Algunos por convicción y otros por prevaricación, cuando opinan desinforman y oscurecen explicando teóricas jugadas que contempla el reglamento. Pero el desastre es manifiesto y no hay cómo escurrir el bulto. Tal es el cante que Roberto De Zerbi, entrenador del Marsella, preguntado por la polémica dijo lo siguiente: "¿La tarjeta roja a Dean Huijsen? No era el último. Tenía a un jugador en la misma línea. No sé por qué el árbitro tomó esa decisión".
Llegados a este punto, susto o muerte, muchas veces me planteo tomar el ejemplo de Jeremiah Johnson y apartarme de todo. Sin embargo, noches europeas como la de ayer me recuerdan que siempre hay tiempo para el retiro y que ahora todavía podemos vestir un bonito traje y ser Robert Redford en El Gran Gatsby. Mientras tanto, seguiremos en la lucha como Sundance Kid, y aspiramos a que algún día se haga justicia con la corrupción como nos enseñó Bob Woodward. El deporte siempre nos invita a refugiarnos en su épica. Vale la pena vivir porque ha vuelto la Champions, ha vuelto la felicidad y nosotros somos el Robert Redford del fútbol.
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El Real Madrid ganó 2-1 al Marsella en un partido que debería haber terminado en goleada de verbena. Pero no: apareció Gerónimo Rulli, un portero argentino que lleva toda la vida coleccionando goles como cromos, y de pronto decidió hacerse Yashin, o Yashin, resentido por perder aquella final de Eurocopa en el Bernabéu, decidió reencarnarse en Rulli, que esa es otra. Resulta que se convirtió en el guardameta visitante que más paradas ha hecho jamás en el Bernabéu en Champions League. Lo mismo mañana vuelve a ser el Rulli de Villarreal, ese que veía pasar las pelotas como quien contempla gaviotas en la playa. Pero claro, los porteros se doctoran siempre en el Bernabéu: lo sabe Dida, lo sabe Oblak y ahora lo sabe hasta el Gerónimo éste.
El equipo salió como un Boeing en despegue: presión alta, ocasiones en cascada, mordiente en cada metro. El Marsella no salía de su campo ni para comprar tabaco. ¿El resultado? Rulli en trance y un gol en contra porque Güler decidió homenajear al Iniesta de Stamford Bridge… pero en versión turca y suicida. Luego dirán que el Madrid no juega a nada: jugó a todo, y bien.
Aquí conviene explicar por qué el equipo bajó revoluciones tras el descanso: el sábado en Anoeta dos sinvergüenzas con silbato y uniforme decidieron expulsar a Huijsen y castigar al Real Madrid con una hora de inferioridad en Anoeta y, claro, el cuerpo no es de piedra. Los jugadores no pueden presionar 180 minutos seguidos en cuatro días, sobre todo cuando otra de las patas de The Tinglao, el ínclito Tebas, dejó al equipo con sólo dos semanas de pretemporada después de llegar a las semifinales del Mundial de Clubes, pero es el Real Madrid y el Real Madrid compite siempre: y eso es lo que hicieron los jugadores.
Me detengo aquí. El chico Mastantuono tiene 18 años y parece que lleva diez temporadas en el Bernabéu. ¿Adaptación? ¡Pamplinas! Los buenos no se adaptan: juegan. Lo supo Di Stéfano, que bajó del avión y ya era el mejor del mundo; lo supo Rial, que entendió al Madrid sin necesidad de Google Translate; hasta Maradona incendió la Liga desde el primer control (y eso que luego se incendió él). El cuento de la adaptación es el refugio del mediocre: si necesitas tres años para dar dos pases seguidos, no es adaptación, es que eres malo. Mastantuono, en cambio, ha entendido Chamartín en dos entrenamientos. El resto, excusas de oficina.
Y llegamos al momento surrealista de la noche: Dani Carvajal, capitán, veterano, con el partido encarrilado… le suelta un cabezazo a Rulli. ¿Qué esperaba? ¿Que el árbitro le aplaudiera la valentía? Roja, a la calle, y la banda derecha del Madrid queda más huérfana que la infancia de Dickens. Para más inri, se ha lesionado Trent Alexander-Arnold y ahora la sanción nos deja el lateral tiritando. En un juvenil se entiende, en Carvajal es inadmisible de toda inadmisibilidad.
Sorpresa: el colegiado pitó dos penaltis claros. Sí, sí, penaltis al Real Madrid en Copa de Europa. En España, el segundo jamás se hubiera señalado. Hubiera aparecido el espectro de Negreira con toga y mazo para decir que eso “no es suficiente”. Pero aquí no hay mafia arbitral, aquí no manda el clan de las designaciones, aquí no se le pagan millones a un vicepresidente del CTA. Aquí, simplemente, se pita lo que se ve. Qué exotismo.
Mbappé, que alcanza los 50 goles oficiales en el Real Madrid (ánimo, Kyli, que sólo te quedan 401) ejecutó los penaltis como quien firma un acta notarial: con frialdad, con la certeza de que el gol está escrito antes de golpear. A este ritmo, no le da tiempo ni a hacer el trámite de las “noches mágicas” porque todas las convierte en rutina.
aquí no hay mafia arbitral, aquí no manda el clan de las designaciones, aquí no se le pagan millones a un vicepresidente del CTA. Aquí, simplemente, se pita lo que se ve. Qué exotismo
A todo esto, Hiujsen, Trent Aleznader-Arnold, Álvaro Carreras y Mastantuono han debutado en el Real Madrid en Copa de Europa, convirtiéndose en los jugadores nº 344, 345, 346 y 347 en hacerlo en la historia blanca.
El Real Madrid ganó con diez después de haber sufrido al portero más inspirado del milenio y a una roja estúpida. ¿Resultado? Tres puntos y la confirmación de siempre: el Madrid nunca se rinde. Hay jugadores que se esconden detrás de la adaptación, hay equipos que lo hacen detrás de la prensa amiga y otros detrás de los árbitros comprados. El Real Madrid no se esconde detrás de nada: compite, presiona, se equivoca, se levanta y gana. Así de simple.
El Bernabéu flipó con Rulli, pero celebró al equipo, porque los milagros de portero duran una noche; la ley del Madrid dura 15 Copas de Europa… y sumando.
Me despido con la frase de nuestro Javi, que muy pronto volverá a estas páginas: ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!
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Buenos días, amigos. El Real Madrid se estrenó en Champions con una sufrida victoria ante un buen Olympique de Marsella, que se adelantó en el marcador pese al fulgurante comienzo de los blancos.
La remontada requirió buenas dosis de amor propio, y no se completó, curiosamente, hasta que el equipo ya daba señales de desgaste físico muy evidentes. En ese momento, el hombre que cambió el partido saliendo desde el banquillo fue Vini Jr., aunque no sin justicia el destacado por las portadas hoy es Kylian Mbappé, autor de ambos goles desde el punto de penalti y MVP del partido.
Partido que fue extraño a mas no poder. Los de Xabi facturaron una primera parte tan plena de agresividad ofensiva y creación de ocasiones como atropellada e ingenua. Sin perjuicio de que leáis la crónica de Paco Sánchez Palomares y las notas de Genaro Desailly, en nuestra opinión las ocasiones generadas a través del buen juego se marraron con excesiva inocencia, y la misma ingenuidad se observó en la parte de atrás, donde se regaló el gol francés. Este Madrid vive soliviantado por un zafarrancho de ataque que resulta arrebatador, pero que también demanda a gritos mayor pausa, compostura y eficacia en las áreas. La Champions tiene sus propias reglas y no perdona al bisoño, por muy bien que juegue. No siempre aparecerá Mbappé para arreglar el panorama.
Lo de la bisoñez va para largo, nos tememos. Tenemos una colección de teenagers o asimilados que son fundamentales en el equipo, y cuya indudable calidad no les exime de los fallos de la inexperiencia. La apuesta por ellos es clara (frases de Xabi: “hay que invertir en Güler”, “Mastantuono tiene que jugar”) y, en consecuencia, no hay más remedio que tener paciencia y contar con que este elemento jugará en nuestra contra en el futuro próximo. Ojalá el talento compense de otros modos. Pensamos que lo hará.
El segundo tiempo fue otra historia, y vimos a un Madrid agotado en lo físico, fundido en el tardío calor del septiembre madrileño. También los franceses acusaron el bochorno y lo intenso de la primera mitad. En este sentido, el tolosarra viene demostrando cintura, y en torno a la hora de juego ya suele haber introducido hombres de refresco que permiten la vigencia de la presión alta marca de la casa. Esta vez la frescura la pusieron Vini, Brahim y más tarde Asencio, que tuvo que entrar para recomponer el equipo tras la expulsión de Carvajal, expulsión a todas luces exageradísima por parte del árbitro y bastante bochornosa en lo tocante al teatro de medio pelo de Rulli. Sin embargo, extraña también que un hombre de la experiencia de Carvajal caiga en esa trampa. Si los veteranos actúan también con bisoñez, ahí ya sí que estaremos irremisiblemente perdidos.
Hablábamos del árbitro. Las huestes negreirosas se han aprestado a criticar la victoria blanca, o más concretamente el segundo penalti. Incluso las portadas cataculés del día hablan de “penalti polémico”.
Con toda franqueza, la punibilidad de la mano nos resulta dudosa, pero mucho más dudosa nos parece la expulsión de Carvajal, y mucho más claro el penalti por plantillazo al propio Mbappé minutos antes. Vaya, en el peor de los casos, una cosa por la otra. Os invitamos en todo caso a leer la crónica arbitral de Alberto Cosín.
Lo cierto es que, con sus debilidades y virtudes, con su brillantez y sus torpezas púberes, este nuevo Madrid de Xabi Alonso lleva cinco partidos ganados de cinco jugados, y ha debutado con buen pie en la competición estrella de cada temporada. No se puede empezar mejor, y hay múltiples razones para soñar.
Pasad un buen día.
Arbitró el bosnio Irfan Peljto. En el VAR estuvo el neerlandés Dennis Higler.
"Está en perfecta disposición para arbitrar en La Liga", dijo mi amigo Rafael Moreno. Una sentencia atinada al encuentro del trencilla bosnio. Esperábamos un suspiro de aire fresco y fue un error tras otro.
En la primera mitad tuvo dos fallos claros. Una amarilla que no sacó a Aubameyang por una entrada tardía a Huijsen y una cesión clara de Medina a Rulli.
No hubo penalti sobre Mastantuono de Emerson, ni de Militao por mano, pero sí catedralicio de Kondogbia a Rodrygo en el 27'. El único amonestado en el primer acto fue Tchouaméni, por una entrada abajo con la planta a Hojberg en el 34'.
En la segunda, el bosnio coronó su penosa actuación. El penalti de Balerdi a Mbappé fue cristalino. Le pega con la plancha antes que al balón. Luego expulsó a Carvajal por una agresión a Rulli. Muy mal su colega neerlandés en el VAR. El lateral se la juega, pero no hay fuerza excesiva como indica el reglamento para mostrar la roja. Por último, el penalti de Medina por mano fue una broma. Una mano abajo cerca del suelo que no es punible.
El resto de amonestados fueron Pavard y Medina en las filas visitantes. por llegar a destiempo el primero ante Carreras y por un agarrón el segundo a Brahim. Y en el cuadro madridista Militao y Carreras. El brasileño por sujetar a Auba cuando se marchaba y el gallego por un pisotón a Riley.
Peljto, ESPANTOSO. Muy mal, como Higler en el VAR.
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