Courtois: sin calificar. El Valencia no tiró ni una sola vez a puerta.
David Jiménez: Notable. Rápido y contundente ante un inquietante Danjuma.
Asencio: Notable. Muy seguro defendiendo, Hugo Duro ni la olió.
Huijsen: Aprobado. Mucho mejor en la segunda parte, sacando algún balón peligroso en centros laterales.
Carreras: Notable. Abrió la lata marcando con su pierna derecha. Infatigable.
Tchouaméni: Aprobado. Lento en el manejo de balón. Mejor de pivote que con el doble pivote del inicio.
Valverde: Aprobado. Todavía no es el Valverde de otras temporadas, pese a que jugó donde más le gusta.
Camavinga: Aprobado alto. De menos a más, completó una buena segunda parte, sin despistes.
Güler: Notable. Fue el faro del equipo en la primera parte, al que todos buscaban. Gran esfuerzo hasta su sustitución.
Gonzalo: Aprobado. No paró de pelear todo el partido, aunque tocó pocos balones. Sin ocasiones de gol.
Mbappé: Aprobado. Muy impreciso todo el partido, aunque acabó marcando, como casi siempre.
Brahim: Aprobado alto. Buenos minutos por la izquierda. Suya fue la asistencia a Mbappé en el segundo gol.
Trent: Aprobado. Volvió tras dos meses en el dique seco. Aseguró muy bien los pases en los últimos minutos.
Mastantuono: Sin calificar.
Cestero: Sin calificar.
Arbeloa: Notable. Está logrando que los rivales apenas creen oportunidades. Bien en los cambios.
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El Madrid volvía a Mestalla, que es como regresar a un pleito con Hacienda. Arbeloa puso en liza a once —lo normal— y el Valencia hizo lo propio. Lo más destacado de la alineación del Madrid, la presencia de Jiménez en el lateral derecho. David, no Andrés, que jugaba al baloncesto hace décadas en aquel equipo de cuyo nombre no quiero acordarme.
Después de muchas cabezadas, el Madrid ganó un partido tan soporífero como importante. Su táctica: matar al Valencia de aburrimiento (gracias, Falstaff).
El encuentro comenzó en el segundo cero y con mis gafas de repuesto no conseguía ver la imagen con nitidez, mas ponía mucho empeño. Ambos equipos intentaban ganar, pero de lejos. Qué cosas.
La primera ocasión clara fue para Mbappé, pero el guardameta naranja despejó el chut con los pies. Minutos después, Quirante se lamentaba de que a Kylian no le señalaran fuera de juego en otro acercamiento blanco.
Por cierto, con el pito en la boca estaba Alberola Rojas, del equipo médico habitual del Sistema.
A los 27', cerca estuvo de marcar el conjunto blanco. Repelió Dimitrievski.
Los valencianistas aprovechaban cualquier acción para fingir. Dentro de lo que pueden hacer, es lo menos grave, la verdad. Gayá simuló daño cobardemente en una acción con Gonzalo. Quizá esta actitud sea una de las explicaciones de la posición en la tabla del Valencia.
El realizador, en la línea de DAZN. Mostraba imágenes de Espinete cuando el encuentro se encontraba en sus —escasísimos— momentos álgidos.
La primera mitad acabó ofreciéndonos el mismo entretenimiento que asistir a la formación del granito en directo a partir del cuarzo, el feldespato y la mica.
La segunda parte comenzó con la misma tónica, que ni siquiera era Schweppes, sino una de marca gris, no llegaba ni a blanca.
Durante los primeros quince minutos de la segunda mitad cambié de canal y, por consejo de Athos Dumas, comencé a ver un partido de curling, grabado en VHS, de 1994. Mucho más entretenido que el choque.
Como comentaba mi amigo Nanook mientras asistía a la grabación, hasta la propia afición che parecía desconcertada cuando no tenía acciones que protestar al árbitro, pues la ausencia de Vinícius les había privado de un foco para sus improperios y frustraciones.
Sin embargo, sí se acordaban de Mbappé, concretamente de su madre. Pero luego hay que asistir al discurso de antimadridistas y madridistas de que al único que insultan es a Vinícus y que será por algo.
Después del curling, volví al encuentro. Justo para asistir a una jugada individual de Carreras que concluyó con el 0-1. Regateó a diestro, siniestro y a Ernesto, y acabó metiéndola al palo corto del portero con nombre raro.
El Madrid era estimulante como una sobredosis de diazepam, pero al menos iba ganando. Dada la situación, parece coherente crecer a partir de asegurar los resultados. El Valencia, directamente inenarrable.
El partido era tan monótono que los de Getty Images ni siquiera se preocupaban de subir más allá de cuatro o cinco fotos del choque. De las cuales apenas un par contaban con un cierto interés. Andaba escribiendo esta apreciación absurda cuando Beltrán chutó al palo.
Mbappé estaba acertado como Rappel descendiendo un risco con una cuerda y los ojos vendados. Quizá no fuese realmente Kylian y estuviese jugando su liberado sindical. Afortunadamente, acabó desdiciéndome.
Ante tal dechado de virtudes, Arbeloa retiró a los canteranos Jiménez y Gonzalo y puso en liza a Trent y Brahim. El internacional marroquí disparó con intención a los pocos minutos de salir. Mientras tanto, el público valenciano pedía la oreja con los pañuelos blancos. Partidazo.
Mbappé pudo anotar el segundo en el 82, pero ni siquiera invocando a Naranjito pudo marcar en ese momento.
No obstante, dado el desempeño del Valencia cuando se juega la vida contra el Madrid, estaban superando, para mal, el juego del Madrid. Y eso tiene su mérito.
De repente, Mastantuono se encontraba sobre el césped. Por Güler. Para variar. Aunque esta vez abrazó a Arbeloa, no se quejó.
En el 85', Omar Sharif cometió una falta en ataque sobre Asencio. El partido era tan peculiar que aparecían actores de ultratumba.
Poco después, Mastantuono sufrió un bocadillo de choripán. A la par que doloroso, provoca ardor de estómago por el mismo precio.
Antes de llegar al último minuto, varios jugadores desistieron de seguir compitiendo y sacaron sus móviles para consultar la cotización del oro. El Madrid aprovechó la coyuntura para anotar el segundo gol por medio de Mbappé. La jugada nació con un balón espléndido de Huijsen a Brahim, quien sirvió a Kylian para que marcase su golito. Una media brutal la del francés. La jugada más destacada del encuentro. El listón tampoco estaba muy alto. Le viene bien a Dean, quizá demasiado exigido para su juventud.
Por suerte para todos, el partido concluyó. El Madrid cosechó una victoria tan soporífera como importante. Cuando no se atraviesa el mejor momento, lo principal es asegurar los resultados, no arriesgar, hacer lo básico bien y dejar las florituras para ocasiones mejores. Lo demás vendrá con el tiempo, aunque sea en otra temporada. Es probable que a final de campaña valoremos más estos tres puntos.
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El madridismo está de los nervios. La última victoria en Liga ha reconciliado a parte de la afición con el equipo; al menos, de momento. Aunque hay aún un amplísimo margen de mejora, ante el Villarreal pudimos ver un Madrid bastante mejor de lo que dice la prensa “tradicional”, con la práctica totalidad de jugadores recuperados para la causa en lo que a actitud se refiere. Frente al Rayo, sin embargo, volvieron las desconexiones y una exasperante falta de juego, lo que hizo que el público del Bernabéu cargase nuevamente las tintas contra la primera plantilla. Vini entre ellos.
Aún resuena la pitada en el Bernabéu tras la derrota en la Supercopa y la posterior dimisión/despido/marcha de Xabi Alonso. Llevo más de 30 años de socio y nunca había visto algo igual. Sí, se ha protestado a lo largo de la historia, pero nunca como el otro día. Muchos de los mejores jugadores del mundo han sido pitados vistiendo nuestra camiseta. Recuerdo a Zidane, Cristiano Ronaldo o Benzema, por poner sólo unos pocos. Pero nunca con la intensidad y, sobre todo, con la duración de la del otro día. El Bernabéu abroncó masivamente al equipo desde el comienzo, cebándose con Vinícius —y con Jude, todo sea dicho—. En honor a la verdad, hay que recordar que Asencio sí fue ovacionado cuando se retiró, señal de que el enfado del público admitía matices. Y este pasado domingo se dio una circunstancia inédita hasta la fecha: que metiera gol un jugador que estaba siendo silbado —Vini—.
Cada vez que ha tenido un micrófono delante, Arbeloa ha elogiado a Vinícius de forma explícita. Pone en valor su aportación al equipo y ensalza su calidad. Es de justicia. Vinícius es un jugador buenísimo; de los mejores del mundo. Tanto que a punto estuvo de hacerse con un Balón de Oro, que no ganó —aunque para muchos, entre los que me cuento, sí que mereció— porque la UEFA de Ceferin así lo decidió. Esa cacicada marcó un antes y un después en su carrera, y no ha vuelto a ser el mismo.
ojalá me equivoque, pero no hay muchos visos de que Vinícius sea nuevamente tan determinante como lo fue hace un par de años
Vini ha estado siempre en el foco; algo que suele pasar con quien realmente vale. Y vaya si vale. Tiene gol, se asocia, hace jugar y el haber entrenado junto a Modric le ha enseñado a dar pases magistrales. Está, además, su palmarés con el primer equipo y su aportación en los últimos títulos conseguidos. Sobre el papel, nadie en semejante tesitura estaría cuestionado, pero no es el caso. Vini anda siempre en el centro de la polémica, y eso no es bueno ni para él ni para el club. En su descargo cabe señalar que muy pocos personajes públicos han sido sometidos al acoso y escarnio que sufre el brasileño desde su llegada a España. Los ataques de prensa y compañeros de profesión han sido furibundos y, en numerosas ocasiones, injustificados. El problema es que a veces tienen razón.
Responder a un incendio con gasolina no parece un remedio acertado. Es lo que tiene, sin ir más lejos, azuzar el fantasma del racismo en un equipo donde juegan Jude, Mendy, Militao, Alaba, Tchouaméni, Rodrygo o Camavinga. ¿Por qué ellos no afrontan comportamientos racistas y sí Vini, si su color es el mismo? Dar a entender al mundo que España es un país racista es tan injusto como contraproducente para su imagen. ¿Que hay imbéciles que profieren insultos racistas? Como en todas partes. Pero ni es generalizado ni hay un plan preconcebido. Lo que hay, simplemente, son ganas de encender a un jugador explosivo y con la mecha muy corta. Y eso no puede ser.
Además, Vini se las ha tenido tiesas con media Liga, con mil cámaras de por medio. ¿Le buscan? Claro, porque saben que le encuentran. También buscan a Mbappé, sin éxito. E igual pasó en su momento con Benzema y Cristiano. Entiendo que no sea plato de gusto, pero jugar en la élite —y más en el Madrid— tiene estas cosas. Un Vini centrado contagia al equipo. Un Vini desquiciado también. Y, desgraciadamente, cada vez se ve más lo segundo que lo primero. Y ojalá me equivoque, pero no hay muchos visos de que sea nuevamente tan determinante como lo fue hace un par de años. Se ha desnortado; creo que irreversiblemente. Sus enormes condiciones harán que el equipo vuelva a ganar gracias a él, pero sin la constancia y fiabilidad exigibles al Real Madrid. Quizá una buena oferta repescando a Endrick y dando más cancha a Gonzalo haga enfurecer a muchos, pero a mí a día de hoy me parecería una decisión acertada.
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Manolín Bueno fue uno de los eslabones entre el glorioso Real Madrid de finales de los años 50 y el de los ye-yé. Pasó más de una década en el conjunto blanco sin jugar asiduamente porque por delante tenía a Gento, uno de los mejores extremos izquierdos de la historia. Tuvo opciones de marcharse a otros grandes equipos, y ser suplente jamás fue fácil, pero siempre se mantuvo firme en su decisión de permanecer en el conjunto blanco.
Nacido el 5 de febrero de 1940, en Sevilla, de casta le venía al galgo, porque su padre había sido futbolista. Concretamente portero en distintos equipos como el Sevilla, Nacional de Madrid, Cádiz y Betis, entre otros. Se crio en Cádiz, donde su abuelo vivió en el estadio cadista y su padre fue conserje del Ramón de Carranza. Desde pequeño le entró el gusto por el fútbol. Manolín Bueno se desempeñaba como extremo izquierdo y fue un exponente de la finura de la escuela andaluza, por su gran calidad, técnica, habilidad en el regate y zurda de seda para centrar y enviar pases medidos a los delanteros.
Comenzó a jugar en el colegio de los Salesianos y luego en el Balón, en primera regional. De allí pasó al Cádiz, aunque estuvo cerca de hacerlo al Sevilla tras despuntar en una gira, pero una lesión de tobillo aguó los planes. Con el conjunto amarillo se estableció en el primer equipo al principio de la temporada 1958-59. Los gaditanos militaban en Segunda División y con apenas 18 años su nombre empezó a sonar fuerte en el fútbol nacional. Luis Molowny y Miguel Muñoz lo vieron jugar y recomendaron su fichaje al club madridista.
En el mes de abril salieron publicadas las primeras noticias del interés blanco. En la portada de Marca se podía leer que el cuadro blanco ya se había movido y el gerente Antonio Calderón había realizado más de una llamada a Cádiz. Unas semanas después se produjo el acuerdo pagando el Real Madrid por su traspaso 1.250.000 pesetas.
El extremo, en sus primeras manifestaciones en Marca, dijo que “sé lo difícil que es tener sitio en el equipo. Ni que decir tiene que he dado un gran paso, pero he de hacer méritos para conseguir la titularidad, y a ello iré dispuesto. Después, la verdad, me gustaría mucho intervenir en los encuentros del Trofeo Ramón de Carranza y conseguir la internacionalidad. Como verá, mis metas son bastante altas”.
En un principio, iba a ser cedido, pero debutó con los blancos en la gira por Sudamérica en el verano de 1959. Según el andaluz, Di Stéfano dijo “a este nos lo tenemos que llevar a los partidos para verlo mejor”. Tras un par de encuentros en los que vio el partido desde la grada, saltó al campo unos minutos contra la selección de Pichincha en Ecuador. Unos días después, también marcaría su primer tanto en Nueva York, en el amistoso contra el combinado Hungarians/Graz.
Así sería la mayor parte de la carrera de Bueno en el Real Madrid: muchos amistosos y un habitual del partidillo de los jueves. En uno de esos amistosos hizo, seguramente, su mejor y más recordada actuación en el equipo merengue. El 11 de noviembre se midieron al Manchester United en un partido benéfico por el accidente aéreo de los red devils en Múnich. El choque fue muy vistoso y espectacular, tanto en juego como en goles, y los blancos doblegaron a los ingleses por 6-5. El extremo sevillano disputó todo el encuentro, marcó cuatro de los seis tantos y fue el mejor del enfrentamiento. El mítico entrenador Sir Matt Busby, preguntado sobre Bueno, declaró que “apunta a excelentes condiciones y en un futuro inmediato será un gran jugador”.
Llegaba para ser el reemplazo de Gento y desde el club le dijeron “aprende de Paco” y como él mismo relataba se tiró “diez años aprendiendo”. Para encontrar su estreno oficial hay que ir a la jornada 9 de Liga contra el Sevilla en el Santiago Bernabéu. Gento estaba lesionado y Fleitas Solich le puso en un once compartiendo delantera con Herrera, Didí, Di Stéfano y Puskas. Los madridistas ganaron por la mínima con un tanto del brasileño y, según le vio la Galerna del Cantábrico, el extremo aprobó y “hace honor a su apellido”. Mientras que el sevillano fue más crítico y “tuve una floja actuación. Los nervios…”. El resto del curso jugaría un par de partidos más de Liga, anotando el tanto del triunfo en la visita a la UD Las Palmas, y varias eliminatorias coperas. Bueno vio al equipo ganar la ‘Quinta’ Copa de Europa en Glasgow desde la grada, pero sin jugar ningún encuentro de la competición.
Las siguientes campañas su status fue similar. Eterno suplente de Gento, muchos amistosos y no conseguía superar la decena de presencias en choques oficiales. Se hizo muy popular e idolatrado entre la chavalería por los partidos de los jueves que presenciaban los chicos que por la tarde ese día no tenían colegio. En alguna ocasión, como él rememoró, llegó a conformar una delantera en esos partidos junto a Herrera, Mateos, Pepillo y Héctor Rial. El mundo del fútbol sabía de su calidad y le llegaron ofertas del extranjero, el Valencia, el Sevilla y también se rumoreó que el Barça se planteó su contratación. En algún momento, Miguel Muñoz decidió juntar a Gento y Bueno en el mismo once situando al sevillano en la banda derecha. Tuvo alguna buena actuación pese a ser zurdo cerrado, pero el técnico madrileño no dio demasiada continuidad a la idea.
Uno de los partidos más importantes que jugó en sus primeros años fue la ida de la final de la Copa Intercontinental de 1960. El Real Madrid se midió a Peñarol en el estadio Centenario de Montevideo en julio y Paco Gento se encontraba de baja por una rotura de fibras. Los uruguayos tenían un gran equipo con Borges, Spencer, Cubilla, William Martínez y Gonçalves y se sentían capaces de derrotar a los blancos. Fue un encuentro marcado por el estado del terreno de juego pesado y embarrado que no dejó hacer un buen juego a ninguno de los dos contendientes. Bueno se compenetró con Puskas por el costado izquierdo y, según Nemesio Fernández Cuesta en Marca, fue de los “jugadores más eficientes, se multiplicó y coordinó buenos avances”. La vuelta, al igual que casi el resto del curso, no jugó, pero pudo añadir la Copa Intercontinental a su magnífico palmarés.
En los años 60, el cuadro blanco ganaba Ligas sin parar y el sevillano solo ponía su granito de arena en media docena de partidos. Cuando jugaba, dejaba constancia de su gran clase en la banda, pero Gento apenas se lesionaba. En la campaña 1962-63, pasó por primera vez de diez partidos oficiales en toda la temporada y actuó en once logrando dos tantos, ambos en Copa.
El curso 1964-65 hizo cuatro apariciones, aunque una de ellas fue decisiva. En la penúltima jornada, madridistas y colchoneros se jugaban la Liga con una distancia de dos puntos a favor de los blancos. Visitaba Chamartín el Atlético de Bilbao y el Real Madrid necesitaba ganar. Gento era baja por una lesión a falta de diagnóstico y Bueno entró directamente en el once. Su actuación fue decisiva, provocando un penalti de Orue en un centro y, con el tanto de Puskas desde los once metros, el alirón quedó visto para sentencia en Sevilla.
Con ese título los blancos volvieron a participar en la Copa de Europa 1965-66. Manolín Bueno no era un ye-yé, pero como hizo Gento en su día con él (“¡Así, Manolillo! ¡Muy bien! ¡Tuya!”), ayudó y dio consejos a muchos de los jóvenes que auparon de nuevo al equipo merengue a la gloria europea. El extremo sevillano sumó una nueva Copa de Europa a su palmarés, aunque al igual que en 1960 no participó en toda la competición.
En distintas entrevistas manifestaba que “el Madrid es el paraíso del jugador de fútbol”, que “en el Real Madrid se está bien siempre sea capitán o ranchero, el caso es jugar en este gran club” o que “a pesar de estar de suplente y de haber tenido interesantes ofertas para irme a otro club, yo estoy contento en el Madrid y en él seguiré, aunque sea de suplente, mientras el Madrid necesite de mí. Me encuentro muy a gusto en el club y no pienso irme”.
Todo ello no era óbice para querer jugar y luchar por el puesto. En una entrevista en Pueblo, por ejemplo, confesó que “preferiría ser titular del Madrid a que me tocara la lotería”. Años después también recordaba en Telemadrid que había “sufrido mucho porque a mí lo que siempre me ha gustado es jugar al fútbol y tener que ir todos los domingos a ver jugar al fútbol es muy duro. Lo pasaba muy mal”.
La longevidad y el buen estado de forma de Paco Gento continuaba, y a finales de la década de los 60 la situación de Bueno era la misma. Nunca desentonaba e incluso marcaba goles que daban puntos, como en la Liga 1966-67 ante Elche y Sevilla. En el curso 1967-68, por primera vez desde su llegada, consiguió jugar más de una decena de duelos oficiales. En concreto aquel curso sumó 12. Una lesión de Gento al comienzo de la campaña le otorgó minutos que se difuminaron cuando el cántabro se recuperó. Bueno cumplió a gran nivel y como premio le llegó ser convocado por primera vez para la selección española. El equipo nacional, con Domingo Balmanya, como técnico tenía que viajar a Praga para un partido de clasificación de la Euro’68. El andaluz finalmente fue suplente del españolista José María, pero vio recompensada su calidad y su actitud tantos años con aquella convocatoria.
Otro dato definitorio tuvo lugar en la temporada 1968-69. Por primera vez el extremo pudo disputar un Real Madrid-Barcelona oficial. Gento se lo perdió por un problema en la ingle y Manolín Bueno integró la delantera con Amancio, Pirri, Grosso y Velázquez. Su actuación fue completísima, dando dos asistencias (los blancos vencieron 2-1) y amargando el día con sus quiebros al lateral Torres. Aquella campaña Bueno sumó el último de sus ocho trofeos de Liga de su palmarés.
El curso 1969-70, el cuadro blanco, después de una década dominadora en el panorama nacional, ganó la Copa con una importante participación del extremo hasta semifinales. En ese torneo volvió a medirse al Barça, con un papel relevante en cuartos. La final, ante el Valencia, la vio desde la grada del Camp Nou. Su última campaña de blanco fue, curiosamente, la que más jugó. Un total de 25 encuentros, debido, en parte, a que a Gento, a sus 37 años, le costaba físicamente y sufrió una lesión en la ingle en octubre que lo tuvo varios meses de baja.
Fue un curso en el que la delantera frecuentemente la formaban Miguel Pérez, Amancio, Grosso, Velázquez y Bueno. Sumó ocho tantos, sus mejores números en un solo curso, y dejó buenos momentos ante el Atlético de Madrid, Celta o el Wacker en la Recopa. En esta competición los blancos alcanzaron la final ante el Chelsea. Gento fue titular, pero como el duelo terminó en tablas se debió de jugar un desempate. El extremo cántabro, lejos de su mejor estado físico, fue suplente y Muñoz dio entrada al sevillano en el once. Los blue vencieron gracias a los tantos de Dempsey y Osgood y Bueno no pudo despedirse con un buen sabor de boca. Si la plantilla conquistaba un título se renovaban los contratos y ese año la sequía fue total, así que el de Atenas fue su último encuentro oficial como madridista. Curiosamente, a la vez que él, también se marchó Gento, que en su caso colgó las botas. Terminaba su periplo madridista tras 12 temporadas, 119 partidos oficiales y 27 goles. En cuanto a títulos, su cosecha fue de ocho Ligas, dos Copas de Europa, dos Copas y una Copa Intercontinental.
Bueno continuó su vida deportiva un par de temporadas más en el Sevilla, club en el que su padre ganó una Copa en 1939. Con 32 años y tras un curso en Segunda División, dijo adiós al cuadro sevillista en 1973. Dos años más tarde, jugando en el Balón de Cádiz, dijo adiós definitivamente al fútbol. Después se sacó el carnet de entrenador y fue ayudante de su antiguo compañero madridista Enrique Mateos en el Cádiz. Su mayor triunfo fue el ascenso del cuadro amarillo por primera vez en su historia a Primera División en 1977.
Manolín Bueno falleció en Cádiz dos días después de cumplir 86 años, el día 7 de febrero.
Fotografías: archivo Alberto Cosín
Antes de analizar las declaraciones, señalar mentiras y las consecuencias que dichas declaraciones tienen en el devenir del caso, voy a proceder en este artículo a desgranar dos informaciones relevantes que se han conocido en los últimos días.
Se ha filtrado recientemente, y no se conocía este hecho, que se ha llamado a declarar a árbitros de la década de los 90 al juzgado, y alguno de ellos varias veces.
Aunque los posibles delitos de dicha época estarían prescritos y no tipificados, la jueza instructora, Dª. Alejandra Gil, está buscando confirmar si el mecanismo de manipulación de las carreras arbitrales estaba instaurado desde que llegó a la vicepresidencia del CTA José María Enríquez Negreira (JMEN).
Recordemos que la corrupción deportiva en este caso vendría determinada por pagar al vicepresidente del CTA para así obtener ventaja el Barça, al tener el club influencia sobre el arbitraje. La jueza busca recabar información sobre ese tipo de influencia y recurre al origen de todo para cotejar datos.
Basta con acreditar los pagos y la influencia de JMEN sobre los árbitros para probar que sí hubo corrupción deportiva.
Ya aparecen recogidos en el informe de la UCO testimonios de exárbitros que han revelado la existencia del denominado “índice corrector”, conocido en el argot arbitral como el “índice corruptor”, que no era otra cosa que el mecanismo que permitía a Victoriano Sánchez Arminio (VSA), presidente del CTA —y al propio JMEN—, modificar subjetivamente la clasificación final de los árbitros de Primera y Segunda, que se hacía en virtud a las notas que los delegados-informadores ponían a los mismos por sus actuaciones en cada partido, para de esta forma decidir quiénes ascendían y descendían de categoría cada año.
Conocer lo que opinan al respecto árbitros que estaban en activo al comienzo de su vicepresidencia permite a la jueza determinar si esta práctica de manipulación y control fue sistémica desde el principio.
Todos hemos visto, a estas alturas, el vídeo de un programa de los 90 en Antena 3, en el que Jesús Gil explica ante la cúpula arbitral el funcionamiento exacto de lo que ha sido el Negreirato. Ya entonces lo sabía el presidente del Atlético:
Por tal motivo llama la atención que su hijo mantenga un silencio cómplice con el F.C. Barcelona al respecto de este caso. Le puede más el antimadridismo que la verdad.
La investigación ha detectado que José Martínez Alfonso (JMA), que era amigo personal de JMEN, y había sido linier suyo, ejercía funciones oficiales de informador arbitral (evaluador de árbitros) y, al mismo tiempo, se encargaba de retirar cheques de empresas de Negreira y su entorno, hecho que la propia UCO señaló como incongruente y extraño.
La Guardia Civil ha documentado que JMA comenzó sus funciones como informador arbitral en 1996.
La jueza necesita esclarecer cómo se designaba a estos informadores en esa época y si, como sugieren algunos testimonios, se nombraba a personas afines ("que te deben una") para que puntuaran a los trencillas según las directrices de la cúpula.
Frente a la defensa de que JMEN era una figura decorativa sin poder, la instrucción busca probar que ejercía un control férreo sobre la carrera de los colegiados desde el inicio.
Árbitros de aquella época han testificado que JMEN era quien comunicaba personalmente los ascensos y descensos y notificaba en qué grupo de clasificación (1, 2 o 3) se encontraba cada árbitro, lo que generaba "tensión" y miedo a represalias.
Si los árbitros de los 90 confirman que su carrera dependía de estar "a bien" con JMEN, se refuerza la tesis de la corrupción sistémica y se desmiente que su cargo fuera meramente representativo.
Se sabe, además, que desde que llegó en el 93 al cargo hasta el 2001 participaba directamente en las designaciones arbitrales, y sabemos que los nombramientos para que un árbitro fuera internacional dependían de VSA y JMEN.
Los madridistas no olvidamos uno de los arbitrajes más bochornosos recibidos en los primeros meses de vicepresidencia de JMEN, y las consecuencias que tuvo.
Celino Gracia Redondo, árbitro sin apenas experiencia en primera, fue nombrado para arbitrar el partido Tenerife-Real Madrid, en lo que supondría la 2ª liga consecutiva perdida en la última jornada por los merengues en la isla canaria. Dicho árbitro se comió tres claros penaltis a favor del Madrid y expulsó a Zamorano de forma más que rigurosa. Como premio, 15 días después fue nombrado árbitro internacional, por la baja que causaba Urío Velázquez. Aquí está bastante bien explicado por Futbolgate.
Desde el comienzo se fueron marcando las líneas de actuación que llevarían a cabo.
Aunque la investigación se centra en los pagos no prescritos, se ha acreditado que la relación económica con el FC Barcelona se remonta, al menos, al año 2001 (presidencia de Joan Gaspart), e incluso existen indicios de relaciones anteriores (declaraciones de Laporta).
Entender el ecosistema arbitral de los 90 ayuda a explicar por qué el F.C. Barcelona habría comenzado a pagar a una figura que, según el exvicepresidente Albert Perrín (prueba documental aportada), se percibía como parte de una estructura o "mafia" ante la que era mejor "callar y pagar" para no ser perjudicado:
En resumen, la jueza busca probar que la “corrupción sistémica” que explicó el juez Aguirre en su auto no fue un hecho aislado de los últimos años, sino una estructura de poder consolidada durante décadas que permitía a JMEN vender su influencia al F.C. Barcelona.
En la documentación remitida a la jueza por parte de siete bancos (Sabadell, Santander, Bankinter, BBVA, Ibercaja, ING y La Caixa) aparecen un total de 24 cheques del Barça con periodicidad mensual a la empresa Nilsad SA, propiedad de Enríquez Negreira, movimientos de cuentas, pagarés y cheques de hasta 190.000 euros entre cuentas.
El informe de la UCO ya recogía estos pagos de 8’4 millones de euros realizados por el Barça a JMEN, pero ahora se ha remitido dicha información bancaria a la instructora por parte de todos los bancos.
Puede verse detalladamente aquí.
No quiero saturaros con más información sobre el caso por hoy, así que el próximo día empezaré a contaros asuntos relacionados con las declaraciones que hemos visto en las anteriores entregas.
Para que luego el entorno mediático culé trate de venderos que no hay nada de este caso, que es un invención del “madridismo sociológico”. Lo único que puedo deciros es que cuando te pones a recopilar todo lo que hay ya, empiezas a perderte y te das cuenta de la cantidad de información que existe, y cómo va engordando todo el expediente en el juzgado. En un principio pensé en hacer un artículo, y cuando vi lo largo que iba a ser pensé en partirlo en dos. En estos momentos soy incapaz de saber cuántas entregas haré, porque esto es interminable.
Quiero aprovechar, antes de olvidarme, para agradecer personalmente a Juan Luis Martín de Pozuelo, abogado de Figueres, que ha aportado pruebas videográficas a la causa (trabajando con Ricardo Ramos Neira y César Lage, y el equipo sigue creciendo) para que puedan utilizarse por Fiscalía y las acusaciones, ya que me ha ayudado siempre que le he pedido asesoramiento. También aprovecho sus publicaciones de X explicando cosas al respecto, para poder ir escribiendo mis “fascículos” sobre este caso, ya que sus explicaciones totalmente claras son oro molido.
Pero ya sabéis, no hay pruebas, es todo mentira, y fue administración desleal nada más. Negreira son los padres, el Madrid era quien robaba, aunque no haya facturas ni nada mínimamente parecido a lo que vamos sabiendo que hizo el Barça durante todos estos años.
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Entregas anteriores:
Actualización Caso Barcelona-Negreira. Parte I
Actualización Caso Barcelona-Negreira. Parte II
Actualización Caso Barcelona-Negreira. Parte III
A finales del año 1970, el Real Madrid tuvo una crisis en su portería con lesiones y problemas físicos en sus guardametas. En una medida desesperada, el club buscó un recambio urgente y fichó al arquero del Valencia José Manuel Pesudo. Entrenó con los blancos, pero finalmente no pasó el reconocimiento médico y su viaje a la capital fue exprés.
Pesudo había nacido el 11 de junio de 1936 en Almazora (Castellón). Sus comienzos bajo el marco fueron en su localidad natal, pero en una portería de balonmano. A los 16 años cambió de deporte y un año después pasó a la cantera del Valencia. Fue ascendiendo hasta el Mestalla, filial che, y también tuvo una cesión al Alicante. En 1958, con Quincoces de técnico, le llegaron sus primeras oportunidades en el primer equipo. Su primera etapa valencianista duró tres temporadas y fichó por el Barça. Con los azulgranas actuó cinco temporadas, conquistando una Copa, una Copa de Ferias y un Trofeo Zamora. En 1966 retornó al Valencia para cubrir la retirada de Ricardo Zamora de Grassa.
El arquero almassorino tenía envergadura (1,80 m), seguridad en sus blocajes, contundencia saliendo de puños, buena colocación, gran sobriedad y dotes de mando para la defensa. La experiencia adquirida en el equipo valencianista y culé animaron al Real Madrid a lanzarse a por su fichaje para cubrir la portería dados los contratiempos físicos de sus cancerberos Betancort, Junquera, Borja y Miguel Ángel.
La situación a principios del mes de diciembre se volvió más complicada en la casa blanca por los problemas de Betancort y Junquera. En ese momento ya estaban de baja Borja por artritis en un hombro y el joven Miguel Ángel, que tenía escayolado un dedo de la mano izquierda por una fractura. El guardameta canario jugó en la jornada 10 contra el Real Zaragoza y sufrió un tirón, mientras que Junquera arrastraba dolores en un hombro.
El médico de la primera plantilla madridista, el doctor Neira, veía a Betancort y Junquera con opciones de recuperarse en pocos días, pero Miguel Muñoz, el entrenador merengue, no los consideraba del todo aptos ni competitivos para jugar. Por ello, el club, por solicitud de Muñoz, buscó rápidamente un guardameta de urgencia para solucionar el problema y tener un arquero de garantías para los siguientes encuentros de Liga.
El diario AS, en su portada del día 11 de diciembre de 1970, anunciaba que en una operación relámpago Pesudo, de 34 años, fichaba por el Real Madrid. El gerente madridista Antonio Calderón, tras hablar con Muñoz, se puso en contacto con el Valencia y su presidente Antonio de Miguel.
Según declaró Calderón, el club che “se ha portado generosamente con nosotros. No ha habido inconvenientes y Pesudo llegará mañana (por hoy) en el exprés”. No se quiso hablar de coste de traspaso y el gerente confirmó que podría “jugar el domingo frente al Elche”.
Desde el lado che, Vicente Peris confirmó que “el Real Madrid se dirigió a nosotros solicitándonos a Pesudo ante la situación en que se encuentra por lesiones de sus porteros. Nuestro presidente, Julio de Miguel, accedió inmediatamente a la petición madridista; se avisó a Pesudo y tomará el tren para presentarse mañana, por la mañana, en Madrid”. El gerente valencianista añadió que “no ha habido condiciones económicas por parte del Valencia y no se han fijado cláusulas prohibitivas. Se trata de ayudar a un club, a un camarada de deporte, y hemos accedido inmediatamente”.
Pesudo había perdido la titularidad en Valencia en favor de Abelardo por decisión del entrenador Alfredo di Stéfano. Por ello, Miguel Muñoz quiso verle en acción en un entrenamiento para comprobar su estado de forma. Nada más llegar a la capital tras el tedioso viaje en tren, se dirigió al estadio Santiago Bernabéu para conocer a sus nuevos compañeros, a los que saludó en el vestuario. Sus primeras palabras en Atocha fueron: “estoy como un flan. No podía creérmelo. Fue una gran alegría para mí venir al Madrid. Para mi señora creo que aún más. Una sorpresa, una gran sorpresa; algo así como un regalo de Reyes anticipado. Podré decir que he jugado en los tres mejores equipos de España”.
Respecto a su estado de forma afirmó que “me he cuidado muy bien. Creo que me quedan dos años en plenitud. Me faltan partidos; pero el entrenamiento no lo descuidé en ningún momento. Estoy listo para debutar”. También le preguntaron por un mito del cuadro blanco como Di Stéfano que era su técnico en Valencia: “No me llevaba mal, pero se olvidó de mí”. El guardameta estaba cansado ante tanto ajetreo y lo mejor era descansar, pero se dirigió raudo al coliseo blanco.
Miguel Muñoz y su ayudante Moleiro le hicieron sudar en el entrenamiento y Pesudo respondió muy bien tanto en el plano técnico como físico. Primero en un ejercicio individual a modo de ‘aperitivo’, más tarde en el típico partidillo de basket que se juega habitualmente los viernes en el campo anexo al estadio y, por último, en una sesión especial ya en el césped del Santiago Bernabéu. Incluso el entrenador merengue declaró que “no ha dejado de entrenar. Sus condiciones físicas son excelentes. Si pasa el reconocimiento médico, jugará el domingo contra el Elche”.
Sin embargo, ese reconocimiento médico no fue tan bien como se esperaba. Lo exploraron el doctor Neira y el doctor López Quiles, que descubrieron “una antigua lesión de hombro, por lo que se ha desistido de su incorporación. No obstante, el Real Madrid desea reiterar su gratitud al Valencia y a su presidente por las facilidades que concedieron para el traspaso de este jugador”, rezaba una nota oficial del club blanco.
Agustín Domínguez confirmó el resultado del examen: “No ha podido superar la prueba por una antigua lesión en el hombro izquierdo, pero el Madrid quiere que ratifique su agradecimiento al Valencia por todo han sido facilidades para nosotros”. Por su parte, Muñoz habló en Pueblo para José María García tras enterarse: “Terrible. Esta profesión es terrible. ¡Cómo habrá quedado el chico! En el entrenamiento no le noté nada. Pero ya se sabe que los viernes se trabaja poco. Además, había viajado por la noche. Le vi bien entrenado, eso sí”.
La prensa, inmediatamente después de conocer el ‘no’ del Madrid, se puso en contacto con el portero que manifestó que “de lesión, nada. Lo juro. Es algún pequeño problema, pero no estoy lesionado. He jugado muchísimos partidos y nunca he tenido esta lesión. Ni cuando jugué en el Barcelona ni después en el Valencia. Por ello me ha sorprendido mucho este aspecto que ha tomado el frustrado fichaje por el Real Madrid. La noticia me ha caído como un rayo. Ha sido un puntillazo mortal de necesidad. Solo puedo decirte que, en estos momentos, la desilusión y la amargura son las notas más predominantes en mi ánimo”. Continuaba con la esperanza de que no se cancelase su fichaje: “Ya veremos si todo se arregla la semana que viene; el lunes o el martes”. Pero Pesudo retornó a Valencia de forma muy rápida, en avión, y en el cuadro che causó mucho estupor todo lo acontecido.
El gerente Peris calificó el hecho de “insólito”. Afirmó no saber nada de una posible lesión de hombro: “¡Cómo vamos a creer eso de un jugador que está actuando, y que después de aquella lesión ha participado en 55 partidos oficiales y en 280 entrenamientos! En efecto, Pesudo sufrió una lesión (contusión) contra el Real Madrid el 9 de febrero de 1969, pero se recuperó, y un mes más tarde, el 9 de marzo del mismo año reapareció jugando en Córdoba. Un jugador con una lesión en un hombro no puede mostrar tal vitalidad, como fácilmente comprenderá. Le cedimos un jugador en perfectas condiciones y se nos va a volver a un jugador destruido moralmente y como dando la impresión de que el Valencia había facilitado un hombre que no estaba en condiciones. Estoy realmente asombrado. Ahora vamos a justificar la postura de nuestro servicio médico, para que quede bien claro que no obramos de mala fe”.
El Valencia publicó una nota oficial que decía, entre otras cosas, lo siguiente: “Reincorporado al Valencia C.F. el jugador José Manuel Pesudo ha sido examinado inmediatamente por los prestigiosos médicos, doctor D. José Ribes Bigne y el doctor D. Vicente Rodríguez Cortés, afectos a su servicio médico quienes por escrito a continuación han rendido informe que copiado literalmente dice que D. José Manuel Pesudo está afecto de una anomalía congénita de clavícula izquierda consistente en una agenesia de la extremidad distal de la misma, anomalía que se traduce en un acortamiento de dicha clavícula y en un ensanchamiento de la articulación, acromio-clavicular correspondiente. Dicha anomalía que presenta desde el nacimiento y que fue correctamente diagnosticada en la fecha que causó alta en este club (año 1955), no se ha traducido jamás en una sintomatología clínica y con ella ha jugado desde principios deportivos, alcanzando incluso la internacionalidad, habiendo actuado con los siguientes equipos: Mestalla, Alicante, Mestalla, Valencia, Barcelona y Valencia. No existe, pues, lesión traumática alguna, ni actual, ni pasada, que le impida la práctica de su profesión en la que ha rendido y puede seguir rindiendo con plena normalidad”.
El Real Madrid, tras el varapalo de Pesudo, activó otras operaciones como la de fichar al guardameta del Mirandés José Antonio Aramayo. También se pensó en romper la cesión de García Remón en el Real Oviedo o firmar al cancerbero Gómez, que se encontraba sin club. Al final no cristalizó ninguna de ellas y Betancort se ofreció a jugar contra los ilicitanos pese a no estar en plenas facultades. El conjunto de Muñoz empató a uno y a partir de la siguiente jornada el portero el resto de la campaña fue Borja, que se recuperó totalmente de sus problemas en el hombro. Mientras que Pesudo volvió a la capital del Turia y su estatus no cambió. Fue suplente de Abelardo y no jugó ningún partido más aquella temporada en la que el Valencia ganó el título de Liga. Al finalizar el curso dejó el cuadro che y se marchó al Real Betis. Tras dos cursos en el equipo verdiblanco compitiendo por el puesto con Manuel Campos firmó por el Gimnástico de Tarragona, que militaba en Segunda división, y allí colgó los guantes en 1974 a los 37 años.
Fotografías: archivo de Alberto Cosín
Buenos días. Esta noche, a las 21:00, se disputa en Mestalla otro Valencia-Real Madrid. En los últimos años se han producido varios escándalos de mucha importancia en estos enfrentamientos. Desde la prevaricación del VAR ocultándole imágenes al colegiado hasta el comportamiento racista de parte de la afición que utilizó a Vinícius como válvula de escape para despresurizar sus frustraciones, complejos y, probablemente, el odio que sienten contra ellos mismos por la vida que tienen. Ni siquiera el comportamiento ejemplar del Real Madrid tras la catástrofe de la última riada aplacó, repetimos, a una parte de la afición che.
Sin embargo, todos sabemos que las tropelías cometidas en Mestalla no suponen un escándalo de entidad suficiente como para considerarlo el más grande del fútbol español. Ese «honor» corresponde al caso Barça-Negreira, como bien recordó Arbeloa ayer en rueda de prensa. Y sobre todo incidió en que aún no se ha resuelto después de casi tres años.
La sentencia definitiva de Arbeloa sobre el caso Negreira… 🤯💥 pic.twitter.com/rZ0joZ0WBP
— MARCA (@marca) February 7, 2026
Los medios de comunicación deben informar sobre los grandes escándalos. Si los ocultan, no son medios de información, sino de propaganda. De comunicación, grandes, en España, ¿hay alguno?
Ayer silenciaron la declaración de Gaspart en la instrucción del caso Barça-Negreira. Es entendible, era perentorio hacerse eco de la inauguración de los juegos de invierno. Además, en la historia del Barça hay casos reconocidos de relación entre la nieve y figuras del club, por lo que pueden aducir que informaban de modo tangencial.
Hoy, As y Marca no pueden recoger las palabras de Arbeloa en portada porque España ha ganado la Eurocopa de fútbol sala.
Cualquier lector habitual de la prensa deportiva madrileña sabe que el fútbol sala es un habitual en las primeras planas de ambos diarios. No hablan todos los días de él, no seamos demagogos, pero al menos una vez a la semana le dedican un espacio en la carátula. ¡Incluso hay semanas que se han referido a este deporte dos veces!
Al menos eso pensábamos. No obstante, vamos a consultar con un «experto».
—Hola, experto. Búscame todas las veces que ha aparecido alguna información relacionada con el fútbol sala en la portada de As y Marca en los últimos diez años.
—Siete veces en Marca y seis en As.
—Y de ellas, ¿cuántas veces han sido noticia principal?
—Tres en total contado ambas cabeceras. Más las dos de hoy. En diez años.
No os toméis al pie de la letra los datos del «experto» pues, por lo que sea, en este país los «expertos» suelen errar más que las personas con sentido común. Pero los datos sí sirven para hacerse una idea general.
Del mismo modo que sabemos que los grandes medios son cómplices de la omertà —¿de qué van a subsistir si no?—, estábamos convencidos de que, tras los «factos» de Arbeloa, aparecería la clá de los corruptos para descalificarlo.
La mentira ha aprendido a nadar en aguas culturalmente cada vez menos profundas; los cerebros son cada vez más reacios al esfuerzo y la inmediatez ha terminado por asesinar cualquier resquicio de crítica. Así, estos burdos embustes funcionan. A la gente ya «no le renta» la verdad.
Nótese el esfuerzo por intentar «modernizar» nuestro lenguaje con los vocablos vigentes en la juventud. Para no ser unos carcas, «bro».
Toni Freixa es siempre de los primeros.
Deberías cono-cer que tu club está ejerciendo la acusación particular. Así que tranquilo, seguro que os va bien, como todo lo que hacéis. Podríais hacer un vídeo de la juez y sacarlo en vuestro bodrio de TV como hacéis con los árbitros https://t.co/6vXNepSbzx
— Toni Freixa (@tonifreixa) February 7, 2026
El cinismo de este mamífero es inabarcable, como el universo.
Otra figura freak es la gorra que aparece con un adulto peculiar debajo. Esta gorra es una de las más inteligentes que existen, pues goza de la capacidad del habla. Aunque no del raciocinio, pero reconozcamos que para ser una gorra con un sidecar humano no está mal. Además, se trata de una gorra relevante: un altavoz extraoficial del laportismo, movimiento presidido por quien cuadruplicó el sueldo a Negreira, está acusado de estafa y utilizó fondos del club para saldar deudas personales. Apenas con estos trazos es suficiente para entender por qué este presidente es tan querido por la afición culé. La gorra parlanchina también tiene acceso a los audios del VAR. Nos estamos dispersando, seguimos.
‼️🗣️ @gerardromero responde a Arbeloa sobre el caso Negreira: “No se puede permitir que suelte estas tonterías por la boca”.
“Somos los primeros que queremos saber qué pasó con esa pasta y quién se llenó los bolsillos”
🔗 https://t.co/9evLtRHK6L pic.twitter.com/8utGeRq3E0
— Jijantes FC (@JijantesFC) February 7, 2026
La gorra no tiene una voz especialmente agradable, pero se expresa en castellano más o menos bien para lo habitual. Esgrime que los aficionados del Barça son los primeros que quieren saber quién se llenó los bolsillos con los pagos del FC Barcelona a Negreira. Insulta al entrenador del Real Madrid, le llama «enchufado» y «chuparrifles». Dice que Arbeloa suelta «mierdas y tonterías por la boca».
La gorra con persona debajo termina repitiendo la consigna habitual del sistema: no está demostrado que ningún árbitro recibiera directamente la pasta del Barça. Sabemos que lo hacen para desviar la atención aprovechándose del contexto intelectual actual. Porque, por muy gorra que sea, le basta para saber que las facturas de los pagos existen y que se trata de un delito de mera actividad, y que a los árbitros se les tiene agarrados por las gónadas con sus sueldos de escándalo que pueden perder si descienden o dejan de ser internacionales. Hasta tal punto lo saben, que su propio espacio se dijo:
#GerardRomeroTwitch Santi Ovalle: “¿Una teoría de porque ese comunicado tan flojo del Barça sobre Rubiales? Hay muchas cosas que te unen a la RFEF, entre ellas esta el caso Negreira… Rubiales tiene información…” pic.twitter.com/TmqEi8qxpd
— Fútbolgate.com (@futbolgate_ES) August 28, 2023
Ellos mismos reconocen que hay muchas cosas que unen a su club con la Federación, entre ellas el caso Barça-Negreira: «Rubiales tiene información del caso Negreira y es mejor no ir contra él por si tira de la manta». Blanco y en bandeja, como decían los asistentes a las fiestas de Queen y demás aficionados a la nieve.
Los corruptos y sus cómplices, quienes han robado años de ilusión a millones de aficionados que pensaban que el fútbol era un deporte mínimamente limpio, se ofenden al recordárseles que los delitos cometidos no han conllevado consecuencia deportiva o legal alguna.
Pero la sociedad es así. Un ejemplo a modo de píldora: la hipocresía y la amoralidad de Iturralde González —él mismo ha reconocido sus filias— al recriminar a Ponseti que justifique la tenencia de armas en Estados Unidos.
Aquí el enganchón entero.
Todo venía por un comentario de Iturralde hablando del mensaje de Bad Bunny en la Super Bowl y muertes y detenciones provocadas de agentes de ICE latinoamericanos.
No recuerdo nada igual en la radio en muchos años. https://t.co/xQei1QIEfU pic.twitter.com/CgxyMBBLqT
— Marc Morote (@MarcMorote) February 7, 2026
Estas cosas nos vuelven a retrotraer al tema de la nieve que tanto gustaba ayer a Marca y As.
Antes de despedirnos, enviamos nuestras condolencias y un gran abrazo a familiares y seres queridos de Manolín Bueno, brillante exfutbolista del Real Madrid recién fallecido que tuvo la mala suerte de ser coetáneo de un titán como Paco Gento. Descanse en paz.
Acabamos con la prensa culé. Curiosamente Sport es la única cabecera que menciona mínimamente que Arbeloa dijo algo sobre el caso Barça-Negreira.
Pasad un buen día.
Sin tener forma de comprobarlo ni demostrarlo, estoy casi seguro de que la primera vez que escuché mencionar el nombre del Benfica debió de ser en el coche. La palabra tuvo que llegar a mí en una casete de esas que se oían hasta la saciedad en los inacabables viajes a la playa, haciéndose carne en la garganta de Joaquín Sabina cuando aún tenía voz:
Pronto en cada ventana hubo un marido
a la hora en que montaba el show mi chica,
aunque la tele diera en diferido
el Real Madrid-Benfica.
Eva tomaba el sol en pelotas en su balcón y el club lisboeta era, como el Madrid de aquellos años, un vestigio del mundo en blanco y negro que se resistía a morir en la memoria de esos maridos, hombres ya cuarentones o más que eso. Un duelo que remitía a la gloria gris de las primeras Copas de Europa. Los dos primeros campeones, nada menos. 5 títulos seguidos uno, 2 el otro. Lo que en la NBA llaman, con acierto, dinastías, pues de una temporada a otra los rostros cambian, pero permanece sobre ellas la corona.
Era aquel el mítico equipo de Eusebio y del entrenador húngaro Béla Guttman que, como es bien sabido, fue tanto el artífice del éxito como el padre de la maldición: En cien años, desde hoy, el Benfica sin mí no ganará una copa europea, dijo al ser despedido. Y ahí siguen, anclados en sus 8 finales perdidas desde entonces, seis largas décadas después. Así las cosas, el malditismo de los portugueses y la travesía del desierto de los blancos deparó la circunstancia increíble de que hayan pasado 64 años sin enfrentarse... hasta hace unos días. La canción de Sabina de los 80 pertenece, por tanto, al momento central de ese vacío y refleja bien sus coordenadas: equipos del pasado, pero con nombres capaces de clavar ante el televisor a Don Fulano de Tal, salvo que una Eva al desnudo ofrezca por los balcones algo mejor que llevarse a los ojos.

Conviene recordar que ese fue el mundo en el que nos criamos: el Madrid estuvo tres décadas sin oler el metal de la Copa de Europa que es, a fin de cuentas, el que lo ha definido como club. De la senda del Benfica nos salvó la Séptima en Ámsterdam y todo lo que vino después que, como el propio siglo, ya fue otra historia. Tanto es así, que en los últimos tiempos la diferencia de entidad entre uno y otro se ha hecho tan notable que la bola del Benfica como rival en una eliminatoria siempre se hubiese observado como un sorteo favorable. Y si no llegó a tomarse sólo fue porque el azar quiso que en más de medio siglo no sucediese nunca... hasta el bombo interruptus de la Champions de 2022, la 14, la más inolvidable de todas.
Ya saben: la mano inocente de turno nos había emparejado con un rival fácil (los lectores habituales de prensa deportiva también saben esto: al Madrid siempre le tocan rivales fáciles antes de jugar y en horas bajas después de haberlos eliminado), pero el destino se guardaba un as perverso en la manga. La queja del Atlético de Madrid por la irregularidad a la hora de sacar su emparejamiento hizo repetir todo el sorteo, que hasta ahora sólo había deparado el cruce que nos ocupa y que quedó, una vez más, pospuesto (podemos considerar esta acción colchonera como su tercera mejor aportación del siglo en lo que al palmarés del Madrid se refiere). Y menos mal que fue así, porque en su lugar hubo que subir la Escalera de Jacob, el delirio y la gloria, el escenario insólito en que de pronto el Madrid era inferior a todos los rivales que le iban tocando (todos los jeques del nuevo orden mundial del planeta fútbol puestos en fila y en orden de revista) y no le quedó otro más remedio que remontarles a todos.
Este recuerdo tan próximo —y a la vez tan lejano a nuestras sensaciones cotidianas de esta temporada— resulta hoy más pertinente que nunca, porque fue la demostración empírica de una realidad del alma madridista, que es la encarnación del espíritu mismo del fútbol: es en la dificultad cuando uno debe probar que es capaz de rebasarse a sí mismo. Nuestra reciente visita a Lisboa se saldó con un chaparrón donde la épica siempre estuvo en el lado contrario: el gol de portero Trubin en el último minuto del descuento forma parte ya de los momentos más memorables de la competición, sin descargo de la jaimitada defensiva, la falta que no fue y todo lo demás. El Madrid se fue del Estádio da Luz, de tan grato recuerdo hasta esa noche, vapuleado y humillado. Y ahora nos encontramos con que, después de 64 años de vacío, el destino ha querido citarnos por triplicado con un José Mourinho en horas bajas (un Béla Guttman moderno, capaz de invocar maldiciones con sólo abrir la boca), en un incierto paseo por el purgatorio. Aquí vamos a saber si de verdad queda sangre en las venas de la plantilla, si aún sienten la necesidad de imponerse a las limitaciones allá donde se ha naufragado antes, donde ya no se puede esperar nada más que agua.
La primera eliminatoria entre ambos equipos en más de seis décadas llega muy tarde para vengar la derrota en la final de la Copa de Europa de 1962, pero muy pronto para dejar que se apacigüe la lacerante herida de hace unos días. Y aunque se trate de un play-off humillante para las expectativas continentales del club, sólo saldrá bien si en el vestuario logran vivirlo como el partido del siglo, pues a fin de cuentas lo es. Del siglo pasado, claro, porque si algo supimos los de mi generación es que el Madrid-Benfica, cuando llegase, tendría que ser un partido en diferido.
Si sale mal, siempre nos quedará cotillear los balcones ajenos hasta el otoño que viene para ver si —después de haber perdido el paraíso una vez más— aún nos queda algo que mirar. Por ahí debe de haber todavía, siquiera en la imaginación, alguna Eva tomando el sol.
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Hay victorias que no hacen ruido hasta que lo hacen todo. No llegan envueltas en marketing, ni en discursos motivacionales, ni en la fanfarria hueca de los tiempos modernos. Llegan tarde, cansadas, con ojeras. Llegan después de muchas noches en las que lo razonable habría sido rendirse. Y cuando llegan, nadie puede discutirlas.
La victoria de Rosa Rodríguez en Pasapalabra pertenece a esa estirpe. No es un golpe de suerte, es una obra de resistencia, una conquista por agotamiento del destino.
Más de trescientos programas. Días, semanas, meses de tensión sostenida. De saber mucho y aun así perder. De acertar casi todo y aun así quedarse a una palabra. De convivir con la injusticia estadística, con la tiranía del detalle, con esa crueldad matemática que convierte el mérito en espera.
Y, sin embargo, seguir.
Vivimos en una época que se confunde el éxito con la viralidad y el talento con la prisa. Todo tiene que ser inmediato, brillante y breve. El relato dominante odia la perseverancia porque no cotiza bien en redes. No se puede resumir en un click.
Por eso cuesta tanto entender gestas como la de Rosa Rodríguez. Porque no encajan en el algoritmo emocional del presente. Porque no hay un momento concreto al que agarrarse: hay un proceso largo, áspero, repetitivo, donde el fracaso no te expulsa… pero te cansa.
Eso, precisamente eso, es lo que la emparenta con el Real Madrid.
Durante décadas, el Real Madrid ha sido descrito —con mala fe o con envidia— como un club “afortunado”. Como si la historia se construyera por azar. Como si las remontadas fueran casualidades y no consecuencia de una cultura.
Pero el madridismo sabe algo que los demás no quieren aceptar: no gana el que juega mejor durante 70 minutos, sino el que no se rompe en 120.
El Real Madrid no es el equipo de la genialidad continua, sino el de la tenacidad estructural, el que acepta el sufrimiento como parte del camino, el que entiende que la gloria no se negocia, se trabaja.
Rosa Rodríguez ha hecho exactamente eso.
No hay nada más falso que la épica de cartón piedra. La verdadera épica es silenciosa, repetitiva y poco fotogénica. Consiste en sentarte otra vez, en respirar hondo, en volver a jugar sabiendo que puedes perder otra vez por una sílaba.
Eso es sacrificio. No el que se proclama, sino el que se ejecuta.
Rosa no ganó Pasapalabra el día del bote. Lo ganó cada tarde en la que volvió al plató con la mochila emocional cargada. Lo ganó cuando aceptó que saber mucho no garantiza nada. Lo ganó cuando decidió no cambiar, no impostar, no desesperarse.
Como el Real Madrid cuando aguanta, cuando no se descompone, cuando no se traiciona para agradar.
La resiliencia no vende camisetas, no llena titulares, no se puede corear en un estadio. Pero es el cemento de las grandes historias.
El Real Madrid ha sobrevivido a derrotas europeas humillantes, a ciclos cerrados, a la burla organizada del relato oficial. Ha vuelto siempre no por revancha, sino por continuidad moral. Porque no sabe vivir de otra manera.
Rosa Rodríguez ha hecho lo mismo en un formato donde cada día puede ser el último. Donde la derrota no es una tragedia, pero sí una erosión constante. Donde la mente se desgasta antes que el conocimiento.
Y, aun así, siguió.
El bote —histórico— es la consecuencia, no el sentido. Como las Copas de Europa del Real Madrid. El trofeo no explica el camino; apenas lo certifica.
La verdadera victoria de Rosa Rodríguez no es la cifra, sino la autoridad moral con la que se marcha. Nadie puede decir que no merecía ganar. Nadie puede hablar de suerte. Nadie puede reducirlo a un momento. Eso, en tiempos de sospecha permanente, es un lujo. Como el Real Madrid cuando gana Europa después de que le expliquen durante meses que no juega a nada.
Hay una última similitud esencial: ni Rosa ni el Real Madrid piden perdón por ganar. No se justifican. No rebajan la gesta para tranquilizar a los resentidos.
Simplemente, ganan.
Y eso molesta. Porque obliga a aceptar que el mérito existe, que la constancia importa y que el éxito verdadero no es instantáneo ni democrático.
Es selectivo, exigente, incómodo. Como debe ser la gloria.
Y mientras celebramos a quienes ganan por resistencia y no por atajo, Jacinto sigue ahí, recordándonos que la vida también se juega a largo plazo y que perder muchas veces no te quita razón si al final entiendes por qué. Si te quieres asomar al crowdfounding y ayudar a que la novela vea la luz: https://vkm.is/jacintoelgilipollas
Ya sabes, ser del Real Madrid (y como Rosa) es lo mejor que se puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!
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Buenos días. A la prensa deportiva que padecemos, empeñada en barrer debajo de la alfombra todo el detritus del caso Negreira, que en estos días celebra sus testificales, le ha venido de perlas la inauguración de los juegos de invierno, porque así no tienen que hablar de lo otro.
Lo podríamos llamar así: lo otro. Quizá sea ese el eufemismo que ellos utilizan, cuando tienen que decidir los argumentos centrales, alrededor de la mesa del consejo de redacción.
—A ver. ¿Cómo titulamos mañana?
—Están los juegos de invierno. La ceremonia inaugural y eso.
—Perfecto. Para qué pensarlo más.
—Bueno. También está lo otro.
—(…) Nah, olvídate. Nosotros estamos aquí para contribuir a que lo otro se olvide y la rueda siga girando.
—Ya, pero es que ayer declaró ante la jueza Joan Gaspart. Y declaró sobre lo otro.
—Como si declaró Zsa Zsa Gabor o el arzobispo de Mondoñedo. Lo otro no le interesa a nadie. Y además: ¿acaso no sabes que, de toda la vida de Dios, en esta redacción es verdadera devoción lo que sentimos por los juegos de invierno? Anda, anda, déjate de lo otro.
—Pero ¿ponemos algo sobre ello, algo pequeñito? Aunque sea un faldoncillo…
—Que no, hombre, que no. Ni una palabra. Que el lector busque lo otro en la portada, lupa en mano, y al final abandone exasperado, comprendiendo que lo otro no interesa. No nos interesa y no le interesa a él tampoco, aunque crea que sí. Qué sabrá el lector de lo que a él le importa.
—Entonces, ¿a tope con los juegos?
—A tope con los juegos.
Por contra, el consejo de redacción de La Galerna, con el debido respeto por los juegos de invierno, no tiene el menor deseo de enterrar lo otro, o sea, el juicio del escándalo Negreira. El consejo de redacción de La Galerna no le tiene ningún miedo a la verdad, ni tiene la menor intención de ocultar la ciénaga de corrupción en que consiste el fútbol español.
Al consejo de redacción de La Galerna sí que le interesa lo otro, y la máxima novedad en torno a lo otro consiste en la declaración ayer de Joan Gaspart en el juicio del caso Barça-Negreira.
Joan Gaspart era presidente del putrefacto club catalán en las fechas de las que datan las primeras facturas de José María Enríquez Negreira. A pesar de eso, no declaró como imputado sino como testigo. Cosas del vodevil de prescripciones en que consiste el balompié patrio (y la política).
No solo sucede que Joan Gaspart fue el primer presidente de la cadena de ellos que pagaron a Negreira durante un mínimo de 17 años. Tenemos además los testimonios en diferentes medios y momentos de exdirectivos culés como Perrín y Freixa, quienes han admitido públicamente que los pagos de su club al estamento arbitral datan de los 90, allá por el siglo pasado, bajo la presidencia de Josep Lluís Núñez, mandatario que fue condenado por sobornar a inspectores de Hacienda y cuyo vicepresidente no era otro que… Joan Gaspart.
Joan, contigo empezó todo.
Conviene recordar que Gaspart ejerció también durante muchos años el cargo de vicepresidente de la Real Federación Española de Fútbol, institución de la que emana el Comité Técnico de Árbitros. No olvidemos jamás que Gaspart juró públicamente, en diferentes ocasiones, que haría siempre todo cuanto estuviera en su mano para perjudicar al Real Madrid, declaraciones que jamás hicieron a nadie arquear una ceja respecto a la posible inconveniencia de que quien hace semejante juramento tenga un cargo directamente relacionado con la gestión de la cosa arbitral.
Agarras estas evidencias, las metes en la misma coctelera que las facturas de Negreira, lo aderezas con los testimonios de Freixa y Perrín, y el único resultado posible es una condena por corrupción deportiva al FC Barcelona. Los indicios son demasiado abrumadores para que el veredicto sea otro.
No sabemos qué declaró Gaspart ante la jueza. Quizá lo sepamos, como ha sucedido con otros testimonios, a través del canal de YouTube de Ramón Álvarez de Mon. Si ha incurrido en alguna inconsistencia (en otras palabras: si se le ha descubierto alguna mentira, lo que no es difícil en alguien de su calaña), puede pasar de cumplir el papel de mero testigo al de imputado formal. Esto último no es fácil, pero podría pasar. De ser así, el sujeto acabaría sus días malhadados entre rejas, y confesamos que la posibilidad no nos traumatiza por muchos años que cargue encima su negra figura.
Décimos que no sabemos lo que le dijo a la jueza. Por contra, conocemos lo que declaró ante la prensa a la salida. Más que declarar, balbució. Mas que balbucir, farfulló. Regando de perdigones de saliva a los reporteros, sobre quienes exhaló su insoportable halitosis (real y/o metafórica), se permitió encima arremeter contra el Real Madrid y Florentino Pérez. Lo peor de esta gentuza no es que sean criminales, que lo son. Lo peor es que aún tienen los arrestos de criminalizarse y sacar pecho. Son el paradigma mismo del cinismo.
Y esto es lo que, de momento, os podemos contar sobre el personaje. Os dejamos con la prensa cataculé, que sustituye los juegos de invierno por la renovación de Fermín y tira pa’alante. En esto, la verdad, no es peor que la prensa madrileña.
Pasad un buen día.