Buenos días. Ayer fue el Día de la Hispanidad y el club cliente de Negreira no tuvo mejor idea que intentar provocar al personal. Se creen que estamos en los años ochenta y pueden ejercer de Almodóvar con las conciencias pacatas, o algo así. Se pueden decir muchas cosas de ellos (muchísimas, de hecho, y la mayoría ciertamente denigrantes), pero la primera y principal de todas es que, institucionalmente hablando, son unos paletos y unos horteras de manual. Hay que tener muy poca, poquísima clase para descolgarse con este trino presuntamente reivindicativo en el día en que España celebra su fiesta nacional.
De la politización del club cliente de Negreira ya está casi todo dicho y no deberían quedar dudas al respecto. Es (este post en ese día preciso vuelve a probarlo) el principal elemento propagandístico de la causa independentista catalana. Son buenos en términos de marketing, lo que produce como efecto que ¿millones? de tipos en Argentina, Zimbabue o Tailandia creen ser seguidores de un club que representa a un país sojuzgado por otro, o algo así. La contrapropaganda que nadie hará nunca, pero que si a alguien le importara la verdad alguien debería hacer, debería empezar por lo más cercano: la estupefacción que produce la existencia a octubre de 2025 de señores respetables de Palencia o Cáceres que apasionadamente beben los vientos por un club antiespañol y corrupto hasta el tuétano produce estupefacción, pasmo, incredulidad. Aunque, puestos a poner ejemplos de señores quintaesencialmente españoles, ¿quién mejor que el propio Laporta?
No jodamos: Laporta es el epítome del españolazo. Bromista. Fanfarrón. Tocón. Amante del vino y las mujeres. Acérrimo del buen yantar, sin miedo a las consecuencias de peso y cardiovasculares que esa afición puede acarrear si se ejerce sin medida. Vividor, fatuo, exhibicionista, desacomplejado (“Me gusta ser presidente”, nos suelta desde la portada de Sport, abrazado a una hermosa joven que luce un modelo plateado, como si ambos estuvieran en Broadway o el West End aunque las casi seguras flatulencias del sujeto más bien sugieran topónimos donde la butifarra es componente esencial de la dieta local).
Laporta es un españolazo de pro, no podéis negarlo, no puede negarlo. Cínico, hipócrita hasta el tuétano, como los más conspicuos sepulcros blanqueados carpetovetónicos: es un experto en hacerse el ofendido cuando todo apunta a que el mundo debería ofenderse con él, un maestro en el arte de la picaresca, de la viveza tan puramente española. Es un personaje del Buscón o del Lazarillo de Tormes, paradigmas de clásicos de la literatura de la piel de toro. La honradez del hombre que cuadriplicó el sueldo de Negreira brilla por su ausencia, constituyendo un auténtico personaje del hampa, pero si se lo dices se rasga las vestiduras y se autoproclama depositario de la herencia de unos héroes inexistentes que por lo visto libraron una guerra desigual contra una potencia colonial, o similar. En definitiva, encarna uno a uno todos los defectos del ciudadano español medio, sin contar en cambio con ninguna de sus virtudes.
Os dejamos con el resto de portadas que, como corresponde al parón, son poco inspiradoras.
Pasad un buen día.
Un molesto tranzaco familiar me recluyó en casa casi todo este domingo. Una delicia pasar las horas leyendo, conversando, Verdi, siesta y tal. Lo que mejor hago es no hacer nada y disfruté mucho de eso en este día de España y las Pilares. Bien.
Bueno, se me ocurrió tuitear que había echado de menos a la Flotilla en el desfile de por la Castellana -un día deberá entrar alguna tropa en el Bernabéu, dar la vuelta y salir- y hubo división de opiniones: unos se acordaron de mis padres y otros, de mis hijos.
Hubo incluso quien lo hizo de todos a un tiempo, ¡qué arte!. Sí, sí. También apareció quien recibió bien mi lamento por tal ausencia en día tan señalado. Fue una pena no rendir homenaje a quienes entregaron tiempo, dinero y esfuerzos a aquella noble tarea. A mí me emocionó. Había que decirlo. En fin, que hay gente 'pá tó'.
Y están la tele y la radio, claro. Y en estas, ¡pataplam!, se nos fue Morante, así sin avisar: desde el adiós de Kroos no se ha visto nada igual en Madrid, en el mundo. No se por qué debemos vivir estas cosas, la verdad.
Tele y radio son grandes compañeras y hubo momentos futboleros magníficos como enterarme de que las Islas Feroe, las Islas de las Ovejas, 18 islas son, le ganaron a la República Checa quizá con consecuencias tremendas: tras esta experiencia pueden querer convertirse en Monarquía ídem, y me parecería poco.
Carolina Weir podría jugar un domingo con el equipo femenino y al siguiente con el masculino. ¡Qué tía!
La de Gibraltar fue la única selección ibérica que perdió esta jornada de la insuperable ronda europea de clasificación para el Mundial donde se produce algo extraordinario: si España acabara cuarta de su grupo de cuatro, tendría repesca. A Dios gracias no sucederá. Vamos, recibir a Turquía en noviembre y adiós. Pues eso, que Gibraltar palmó ante la Croacia de Luka pero sólo por 3-0, el último en el minuto 96. España y Portugal ganamos y Andorra empató. De los 12 puntos en liza, Iberia sumó 7. Magnífico.
Vi también un rato del debut del amigo Borja Jiménez en el Sporting con un final que a algunos les recordó aquel Valencia-Real Madrid (2-2) cuando el árbitro Gil Manzano pitó el final justo en el momento en que el cabezazo de Bellingham se estrellaba en la red. Lo recordó, pero no fue lo mismo. El árbitro de ayer estaba de espaldas a la portería sportinguista, ya había pitado cuando entró el posterior remate cántabro.
¿Pudo esperar? O alargar la cosa media hora. La cosa fue que el Racing sacó una falta, despejó un zaguero fuera del área y, al punto, el árbitro se dio la vuelta y pitó. Unos segundos después, segundos, se produjo el tiro-gol visitante. La diferencia con Mestalla es obvia: allí se pitó cuando Gil vio la pelota entrando, no antes. Parecido, sí; igual, no. Aquello es irrepetible e insuperable.
Me di también mi ración madridista. Un rato de las chicas, otro del Castilla y otro más del baloncesto. Esto último fue flipante. Tras meter 34 puntos en el primer cuarto (18-34), el Madrid perdió los tres siguientes y el partido. En el último hizo 19, pero no piquen: los ocho últimos los anotó con todo decidido y el Baskonia cachondeándose. 105-100.
Y así, igual que existe la hipoteca inversa, comprobamos que existe la remontada ídem, pues al Madrid le remontaron 20 puntos. No caigamos en el error de cargar la culpa entera al remontado, los tres cuartos vitorianos fueron excelsos y la mar de buenos para la Liga. Fíjense que horas antes el Lleida tomó el Palau. Los play off dirán y normalmente dirán lo que viene sucediendo, pero es bueno que la Liga Regular regale estos momentos. Y sí, OK: 'Scariolix' hace algunas cosas raras. Y varios de los muchachos, también.
Total, que el baloncesto blanco no quiere ser menos que el fútbol y en este su cambio de guardia hace cosas extrañas. En ambos casos procede darles cuerda, pero ciertas desapariciones pues la verdad... Me pasé por las chicas y vi su triunfo en San Mamés que les sitúa en la segunda posición, o sea líder de los equipos normales. Carolina Weir podría jugar un domingo con el equipo femenino y al siguiente con el masculino. ¡Qué tía!
Y el Castilla le ganó al Pontevedra. Yo le vi tomar el Camp Nou, 0-1 gol del gran Neme y me da no se qué verle ahora. La vida... Acostumbro a ver al filial y la vista se me va en Joan Martínez, el niño central que deslumbró a Ancelotti. Vista su proyección, y las lesiones de la pasada temporada, si no se llega a romper la rodilla -fue el primero- aquel fatídico verano de 2024 habría debutado en el primer equipo hace rato.
Va para jugadorazo y estas cosas las huelo. Ayer se cumplieron 70 años del primer partido de la Copa de Europa en el Bernabéu, 5-0 al Servette de Ginebra, 12 de octubre de 1955. Tenía servidor dos años y medio pero no se me escapó que el 9 de los blancos era tremendo. 'Afedo' le llamaba. Con Vinicius me pasó lo mismo y se me cachondearon incluso más que a él. Fódanse.
Ahora digo que en Joan hay central, la suerte le acompañe. Vamos, que el Martínez-Huijsen se adivina. Eso sí: desde ya les haría dormir entre fotos de Chendo, Pirri, Zoco, Camacho, Hierro, Ramos y el mismo Stielike a ver si se les pega algo. En el baño, justo en la mitad del espejo, una gigante de don Goyo Benito. He dicho.
Getty Images
El Real Madrid femenino derrotó al Athletic Club (1-4) en su visita al estadio de San Mamés para prolongar su buena dinámica enlazando victorias en Champions y Liga F. Un nuevo doblete de Carolina Weir y sendos tantos de Bella Andersson e Iris Ashley marcaron la diferencia ante unas locales que llegaron a rozar el empate tras un gol de Nerea Nevado.
Después de la borrachera de goles del último enfrentamiento de Liga de Campeones, y con el viaje a la capital de Francia para jugar ante el PSG en el horizonte, el duelo liguero del Real Madrid femenino ante el Athletic Club podría haberse convertido en el clásico partido trampa en el que pinchar. El escenario, San Mamés, era propicio a ello y el desenfado con el que ambos equipos desean actuar en el campo abría la puerta al entretenimiento. Sin embargo, aunque celebraciones hubo de sobra, las sensaciones encontradas de uno y otro equipo sólo pudieron fluir hacia una salida: la goleada del Real Madrid.
El Athletic ha empezado la liga sin conseguir romper la barrera de los empates y, aunque su valentía hace entretenida cada fase del juego, esa misma virtud se convierte en condena ante un equipo superior que puede presentar un once inicial con Sandie Toletti, Caroline Weir, Filippa Angeldahl y Sara Däbritz. Pronto, por medio de las dos primeras, la teoría se hizo práctica. Toletti tuvo tiempo para pensar en el centro del campo con un balón en los pies hasta encontrar el espacio y el momento preciso en el que pasarlo en profundidad a Eva Navarro, de nuevo lateral en funciones. La jugadora de banda, asistente de lujo, mandó el balón bien medido al área y allí apareció Weir para repetir la jugada magistral del otro día ante frente la Roma, pero esta vez con la pierna ‘mala’: control de primeras con la derecha para romper a la defensora y disparo cruzado a la red con la misma pierna.
Sin tiempo para recomponerse, cinco minutos después llegó el 0-2, que durante largo tiempo pareció sentenciar el reparto de los puntos. Sandie Toletti sirvió un córner a media altura al primer palo, donde Bella Andersson acudió decidida a cabecear, y entre los centímetros de la sueca y el cuerpo de Ane Campos el balón acabó en gol sin que Adriana Nanclares tuviese margen de reacción ya dentro de la portería. Desde entonces el Madrid, contento con el guante blanco del partido, apenas tuvo que lidiar con minisustos en forma de disparos a la madera.
Únicamente tras el descanso, y ya bien entrada la segunda parte, dio la sensación de que podían avivarse las llamas de la competitividad. Daniela Agote forzó a Sara Holmgaard en el lateral a empujarla cometiendo falta, hecho que aprovechó Nerea Nevado para ejecutar el clásico golpeo cargado de veneno, a medias entre centro y disparo al palo largo, que fue a parar directo a la meta de Merle Frohms. A un gol de distancia, el equipo bilbaíno encontró el optimismo perdido y se creció gracias a un par de errores en la posesión blanca… hasta que la clase dictó sentencia definitiva tras diez minutos de interés.
weir, La genial futbolista escocesa, después de un comienzo de curso en papel secundario para su estatus y clase, ha recuperado el gol y el liderazgo callado de los genios
Por entonces los cambios poblaban el césped y una fresca Athenea del Castillo aprovechó un buen pase filtrado de Caroline Weir para intentar regatear a Nanclares. No lo consiguió, pero descolocar a la portera fue suficiente para que Weir, esperando en segunda línea, volviese a recibir el balón para chutar muy ajustado hasta encontrar el hueco necesario. La genial futbolista escocesa, después de un comienzo de curso en papel secundario para su estatus y clase, ha recuperado el gol y el liderazgo callado de los genios, hasta el punto de que vuelven a caérsele los goles de los bolsillos como ocurriera en su primera temporada en Madrid, aquella en la que bien mereció cualquier título a mejor futbolista del año.
Sin fuelle, opciones ni esperanza, el Athletic aceptó la rendición y solo quedó tiempo para que la canterana madridista Iris Ashley viera recompensado su tesón con el gol del 1-4, que pudo firmar tras llegar antes que nadie a un balón sin dueño en la mitad de campo local. Una vez superado sin magulladuras el trámite liguero, el Real Madrid deberá recuperar la tensión competitiva que requiere Europa: en Francia espera Olga Carmona y su PSG en estado de caos.
Getty Images
Es mi deber confesaros antes de iniciar estas líneas que nunca me ha gustado demasiado el fútbol. O, para ser más precisos, nunca lo he entendido del todo. Simplemente veía a once o veintidós tíos corriendo detrás de una pelota, que es más o menos lo que hacía yo cuando lo practicaba. Mucho más divertido de jugar que de ver.
Por eso cuando mi mejor amigo me dijo que íbamos a ver un partido del Madrid aquella noche, alcé las cejas de pura incomprensión y no me quedó más remedio que dejarme convencer por las pizzas que iban a acompañar nuestra velada. Noté que debía de tratarse de un partido importante al percibir la tensión que acompañaba a mi mejor amigo desde el calentamiento de los jugadores. Cada gesto, uña mordida o tembleque de sus pies me indicaban que aquella noche se jugaba algo más que un mero partido de fútbol, aunque yo no lo entendiera muy bien y estuviera más pendiente de la pizza que de la televisión.
Una de las cosas más divertidas de ver un partido junto a él es la inventiva y el fondo de armario léxico del que es capaz de tirar para proferir variados improperios hacia los colegiados, cuidándose mucho de no caer en la repetición de los mismos. Resultaba desconcertante ver a una persona de carácter generalmente tan tranquilo y discreto perder las formas de semejante manera en cuanto se sentaba a ver un mero encuentro deportivo. En esas andaba mi mejor amigo cuando un golazo de Di María lo sacó de su ensañamiento particular, para celebrar conmigo el gol como correspondía. Me gustaba verle así de feliz porque, sin darse cuenta, me iba dejando más pizza de la que me correspondía. Yo, que cuando se trata de ese manjar italiano tiendo a contar rigurosamente los trozos, agradecía en silencio el gesto al equipo vikingo.
El partido avanzaba y el nerviosismo de mi compañero no hacía sino ir en aumento, pues el dominio y las ocasiones del equipo blanco no terminaban de materializarse en el segundo gol. De hecho, a mediados de la segunda parte, el Barcelona conseguía igualar el partido mediante un cabezazo aislado en un córner. Por el afecto que profeso a mi querido amigo, no reproduciré aquí los denuestos que clamó contra el Barcelona, contra Bartra, contra la diosa Fortuna y contra unos cuantos dioses más cuya existencia yo desconocía hasta ese momento.
El partido parecía abocado a la prórroga cuando, de repente, Coentrao sacó bajo presión y de manera magnífica el balón hacia delante, para encontrar a un Bale que tenía ganas de demostrar que aún tenía piernas a esas alturas de partido. El jugador galés se echó el balón largo y comenzó una cabalgada que se antojaba imparable. Algo similar debió pensar Bartra, que, impotente, empujó al jugador blanco fuera del campo. Mi amigo me empujó a mí, absolutamente fuera de sí, y empezó a insultar a Bartra como yo jamás había escuchado insultar a nadie. Sin embargo, a pesar del envite, Bale no se dejó amedrentar y no sólo continuó su carrera por fuera de la banda, sino que además le sacó una buena renta en forma de metros a un Bartra que apenas sí podía con sus piernas.
La ira de mi acompañante transmutó en ese silencio contenido que suele preceder a lo imposible, materializado en un joven galés empeñado en que no bastaba con sacarle del terreno de juego para impedirle hacer el gol que necesitara su equipo en un determinado momento. Encaró con resolución a Pinto y disparó sutilmente con la puntera para colarle el balón por debajo de sus piernas.
Y entonces el mundo se vino abajo por completo. Toda la habitación pareció estallar en un terremoto de júbilo cuando mi mejor amigo, al parecer a coro con el resto del vecindario, se desgañitó cantando aquel gol improbable del galés. Mi amigo casi me retuerce el cuello abrazándome, loco de alegría, mientras yo agitaba mi cola con furia desmedida y ladraba varias veces para demostrarle que yo también estaba tan contenta como él. Nunca he entendido muy bien el fútbol, ya lo saben, pero siempre he sido del Real Madrid. Si un equipo es capaz de despertar en una persona tan calmada y seria como mi mejor amigo tal grado de éxtasis y felicidad como lo hace este club, imaginen entonces no seguir a ese equipo hasta la muerte. Bendito sea ese Real Madrid.
PD: Dedicado a la memoria de mi fiel amiga Luna, compañera de infinitos partidos blancos y víctima de otros tantos abrazos en materia de celebraciones de gol. Gracias por tanto, querida, y hasta siempre.
Getty Images
Buenos días. La genial, la sublime Diane Keaton se ha muerto en medio de un parón de selecciones. Es como morir en agosto. Un velatorio desangelado y quinientos WhatsApps desde Denia. Honras fúnebres donde el sudor expropia a las lágrimas el monopolio de lo líquido y los desmayos nada tienen que ver con la consternación. Se nos ha ido Diane Keaton y España ganó a Georgia.
El parón es un paréntesis, pero ¿no lo es también la vida? Nos quejamos de ambos paréntesis, cuando lo único que los distingue es que en uno de los dos casos conocemos exactamente la duración del hiato. Que se nos muera Diane Keaton en medio del parón es, pues, como que se nos muera en medio de la vida, que es la única manera de morirse que se conoce. Todo y todos se nos muere en medio de la vida, y más nos vale tener constancia de ello, porque lo contrario supone que el parón finalizó también para nosotros y ya estamos en el Madrid, que es la gloria eterna. El Cielo, el Madrid, pueden esperar. Dejemos de rezongar y agarremos lo que nos viene.
Se nos ha muerto Diane Keaton en medio del parón, con la inevitable carga moral de la fugacidad de todo. Hay que vivir el parón al máximo, aprovechando cada minuto y apurando con avidez cada bocanada de aire. “No quiero ser inmortal a través de mi obra, quiero ser inmortal a través de no morirme”. Lo dijo Woody Allen, de quien Diane fue pareja y musa y a quien nunca dejó de adorar desde el terreno sagrado de la amistad, que es lo que con suerte viene después del parón del amor. Trataron de linchar a Woody y su inspiración luminosa salió públicamente a defenderle, es mi amigo y le creo. El parón son dos días, y hay que hacer brillar mientras dure el honor y la lealtad, no porque después venga el premio del Madrid (que con suerte también), sino precisamente porque son eso, dos días, aunque un engañoso hastío nos comunique a veces un nihilismo pesaroso. El parón es lo que te sucede cuando estás ocupado haciendo otros planes.
Se nos ha muerto Diane Keaton en medio del parón, con la inevitable carga moral de la fugacidad de todo. Hay que vivir el parón al máximo, aprovechando cada minuto y apurando con avidez cada bocanada de aire
A Diane Keaton le ha llegado el final de su parón, y solo nos queda ver Annie Hall una vez más, que si ya era remedio infalible para cualquier fecha FIFA cuánto más lo será para esta, o El Padrino, o Interiores, o Rojos. Diane nos comunicó la extraña posibilidad de que enamorarse fuera una cuestión edificante y alegre, que quizá debería ser el modo en que nos enamoráramos de nuestro equipo, el cual no por ser el mejor de todos los tiempos debería tenernos siempre de mala leche. Se ha muerto Diane Keaton en medio del parón, que es como decir que en medio de un terreno yermo han brotado para siempre la gracia, la clase y otras flores inusuales. La vida, el parón, nos quedan hoy especialmente holgadas, como sus trajes setenteros, corbata inmensa, chaleco andrógino, sonrisa despistada. Se ha muerto Diane Keaton y somos el joven de la fila veintidós, como cantaba Elton John a Marilyn, esperando que acabe este NoDo aciago y empiece el Madrid, por lo menos.
Pero el Madrid, sin Diane Keaton, no va a volver a empezar nunca del todo. El Madrid nunca empieza del todo porque nunca empieza con todos, siempre ha quedado alguien por el camino. Haríamos falta todos para que lo que vuelva fuese de verdad el Madrid. Envejecer (morir) es tal vez ver al Madrid con uno menos, ver al Madrid sin Julio, sin el Rubio, sin Antonio y sin Diane, que era por supuesto una di noi tuviera o no tuviera la menor idea de ello.
Se nos ha muerto Diane Keaton. Nos recogemos con una humildad imponente en nuestros cuarteles de otoño y rezamos a ese sombrero con una devoción desangelada, pronunciando a tal efecto nuestra alabanza más propia, la fórmula mágica en toda plegaria, el dialecto de los ángeles.
Hala Madrid, Diane Hall Keaton. Que Dios te bendiga.
¡Qué tiempos vivimos! Tiempos de igualdad, de paridad, de una simetría casi poética que define el pulso del fútbol español. Los medios, ¡ay los medios!, en su afán por mantenernos al borde del asiento (sobre todo durante los insoportables parones de selecciones), insisten con fervor en la escasísima diferencia, esa "décima" apenas perceptible, que separa a los dos colosos del deporte rey en España: el Real Madrid C.F. y el F.C. Barcelona.
Seamos honestos, no podemos negarlo, desde la más sincera humildad y con el señorío que nos caracteriza, que la afirmación tiene algún fundamento lógico. Si nos detenemos a observar el panorama general, la igualdad es innegable. Las audiencias televisivas, un tira y afloja constante por el liderazgo del share. Las asistencias medias a nuestros templos, el Santiago Bernabéu y el Camp Nou (cuando esté listo en el 2029), serán cifras que se miren de reojo. Los ingresos por marketing y patrocinios, una batalla comercial donde cada euro cuenta. ¡Hasta en la historia fundacional se parecen! Sus fechas de nacimiento, separadas por apenas unos años a finales del siglo XIX, nos recuerdan que, al fin y al cabo, somos dos clubes centenarios, dos hermanos siameses unidos por la misma pasión, por la gloria. Esta maravillosa y democrática paridad invita a la reflexión, a un tributo a la grandeza compartida.
¿O no?
En el Universo Real Madrid siempre hemos sido amantes de la precisión, de la rigurosidad en el detalle. Es parte de nuestra grandeza. Y es precisamente al acercar la lupa donde la dichosa "décima" de diferencia comienza a revelarse no como una unidad de medida, sino como un gran abismo.
Mientras nuestro club, liderado con la visión de un estratega de talla mundial como es Florentino Pérez (y en su momento Santiago Bernabéu) exhibe una estabilidad económica blindada, récord de ingresos y un nuevo estadio que es una joya de la ingeniería, referencia mundial; la otra orilla parece vivir en una montaña rusa de palancas, hipotecas, atrasos y una deuda que asusta al más pintado.
es precisamente al acercar la lupa donde la dichosa "décima" de diferencia comienza a revelarse no como una unidad de medida, sino como un gran abismo
Pero el contraste más hiriente es el que se centra en el liderazgo y el señorío, eso que forma parte de los “valors” y principios. De un lado, la figura de Florentino, el exitoso hombre de negocios, serio, elegante en su porte y comedido en sus declaraciones. Cuando habla Florentino —cada vez menos, eso sí—, todos callan. Su elocuencia es magistral.
Del otro lado, la imagen desdibujada de Jan Laporta, cuyo estilo ha sido calificado por muchos como vulgar, chaborro, con un pasado de peso y legal que lo persigue, y una gestión que lo ha inmiscuido hasta el cuello en asuntos tan graves como el infame caso Barça-Negreira, el mayor escándalo de corrupción deportiva en la historia, que apenas se está comenzando a calentar. Grandes diferencias pues.
En el palmarés meramente deportivo y directo, el único rincón donde el F.C. Barcelona logra una ligera (y dudosa, por demás) superioridad es en la Copa del Rey. Un torneo respetable, histórico, pero que resulta totalmente irónico que el equipo con mayor número de Copas intente opacar la grandeza de esa competición pitando el himno de España en presencia de S.M. el Rey en cada final que juega. Un acto recurrente de descortesía y falta de respeto que nos recuerda que el señorío no se gana solo en el campo, sino en la tribuna. Otra categoría que lidera el club del rinconcito es en el futbol femenino, pero esa historia es tan corta que todavía no entra en los análisis.
A partir de ahí, esa ínfima décima de la que nos quieren convencer se convierte en un verdadero océano de diferencia. En Ligas, el Real Madrid ostenta una ventaja sólida; que sería mucho más sólida si descontamos todas las ligas conseguidas por el Barçita en casi 30 años de corrupción deportiva. En la Copa de Europa/Champions League, el argumento ya pasa de la ironía a la crueldad. ¡Pobres criaturas!
Resulta que estos "condenados a muerte" (Barça dixit) están desde hace más de una década buscando desesperadamente apenas igualar a nuestro queridísimo canterano Nacho en Copas de Europa
Y es aquí donde la paridad se desploma y es cuando todo madridista debe comenzar a sentir el corazón henchido de orgullo y grandeza, es cuando la humildad inicial se hace añicos ante la magnitud de la diferencia. Resulta que esa "décima" de distancia que los medios nos quieren vender, esa paridad que nos obliga a reconocer la igualdad de fuerzas, se desvanece por completo cuando nos percatamos de la verdadera e inconmensurable diferencia que existe entre los dos clubes.
Resulta que estos "condenados a muerte" (Barça dixit) están desde hace más de una década buscando desesperadamente apenas igualar a nuestro queridísimo canterano Nacho en Copas de Europa (Nacho, ¡que sepas que te quiero!).
Concluyo entonces que sí, definitivamente la diferencia sí es una décima, pero no en el sentido que ellos creen. Porque mientras el F.C. Barcelona persigue con una obsesión enfermiza y frustrada conseguir su ansiada sexta Copa de Europa, el Real Madrid ya está compitiendo por alcanzar su “Décimo-sexta”.
Una diferencia de diez, y contando. Y eso, querido lector, es una décima que solo puede explicar la grandeza de la Casa Blanca.
Por eso, en estos tiempos de relatos y campañas de paridad, el madridismo debe estar tranquilo, sentirse siempre en el lado correcto de la historia, y repetir como un mantra que “ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!”.
Getty Images
El Real Madrid no tiene nada que ver, en cuanto a concepción del juego, con el que tenía Carlo. Hay fichajes nuevos, y una nueva forma de jugar bajo la batuta de Xabi Alonso.
Al margen de los problemas ficticios que la prensa se inventa cada semana para desequilibrar, me gustaría tratar los problemas a los que parece que se enfrenta el tolosarra para alcanzar su objetivo de juego. Obviamente nadie sabe lo que piensa realmente, y lo que a mí pueda parecerme un problema a él puede no parecérselo. No voy a pecar de lo mismo que peca el mejor periodismo deportivo del mundo y dar por sentadas cosas que no sé.
El equipo no parece haber encontrado al jugador que lleve la manija del juego, y el que más se aproxima a ello es Ceballos. Bajo mi punto de vista, el utrerano tiene un problema para ser quien lleve el peso del equipo siendo el creador de juego, y es que ralentiza en exceso las acciones. Lo veo como buen recambio para dar descansos, pero no como titular.
¿Qué otros jugadores tenemos? Pues, al margen de su desempeño hasta ahora, Jude Bellingham jugaba en esa posición en el Borussia siendo un niño, porque llegó al Real Madrid el verano que cumplió 20 años. El tema de la edad es importante en este puesto, porque la mayoría de grandes jugadores con ese rol han empezado a tener relevancia pasados los 25 años, y me refiero en cualquier equipo, no sólo en el Real Madrid. Aunque Kroos, por ejemplo, llegó con 24 años y encajó como un guante desde el primer momento. Lo que quiero decir es que los jugadores que tenemos pueden tardar un tiempo en asentarse en esa zona porque son jóvenes, y paciencia no es algo que le sobre al madridismo, que quiere las cosas para ayer.
El principal hándicap que tiene Jude para jugar ahí es que ha probado el veneno del gol y ahora siempre va para arriba y quiere estar cerca del área. Entonces, visto que no lo hace nada mal en esa demarcación del campo, podemos pensar en otro jugador y dejar a Jude de conector con la delantera. Y uno piensa en Güler por su calidad, pero vista la simbiosis mostrada con Mbappé, siendo esa la posición natural del turco, sumado a su juventud, me parece más difícil que juegue ahí. Aunque un Jude al 100% seguro que también se va a asociar a las mil maravillas con el francés.
Me gustaría añadir aquí algo que oí a Marcos López el otro día en una de esas clases magistrales que imparte en el canal de Ramón Álvarez de Mon, y es la importancia que tiene a nivel mental el peso que soportan los jugadores creativos. Este tipo de jugadores, que ven anticipadas las jugadas, como los grandes maestros de ajedrez, tienen un desgaste mental que otros jugadores no tienen, y decía Marcos que no es aconsejable que juegue cada 3 días, sino que es fundamental que a esta edad lo haga una vez por semana. El cansancio mental les hace no estar frescos, y la madurez que alcanzan con la edad les permite dosificar mejor para no acusar tanto la extenuación mental. No me parece un tema menor, y creo que debe tenerse en cuenta.
Entiendo que es necesario tener dos conectores, uno entre el mediocampo y la defensa, y otro entre el mediocampo y la delantera
¿Qué otros hándicaps hay para buscar el jugador idóneo? El principal es equilibrar el once que esté en el campo, para dar sentido al juego; y el segundo es que no hay que pensar sólo en el ataque y sacar a los mejores, como sugieren muchos, sino encontrar un buen balance defensivo, y eso es un aspecto importante en el juego de Xabi Alonso. Presionar arriba para tratar de buscar el error del rival y recuperar en campo contrario para tratar de meter goles aprovechando la pólvora del ataque.
Vamos a poner un ejemplo de lo que supone en el fútbol actual, y en la idea de nuestro míster, el no implicarse durante todo el partido, también sacado de Marcos López. La jugada más relevante contra el Villarreal en la última jornada de liga, en cuanto a táctica y orden del equipo, fue el gol recibido. Mikautadze anota desde la frontal totalmente libre de marca. ¿El motivo? Solo hay que tirar unos segundos hacia atrás antes del gol y observar que vuelven andando cuatro jugadores: Mbappé, Vinícius, Bellingham y Mastantuono. En el fútbol actual esto no puede pasar, porque entonces sucede lo que sucedió, que te meten un gol y se complica un partido que estaba completamente dominado.
Vimos con la entrada de Camavinga y Jude mucho movimiento y fluidez en ataque, pero el equipo se partía en el balance defensivo. Siguen siendo vicios que tiene el conjunto, y que se van puliendo poco a poco. Ojo, y estos cuatro futbolistas que volvieron andando hicieron mucha presión y defendieron bien durante la mayor parte del tiempo que estuvieron en el terreno de juego, pero justo en esa jugada se desconectaron a la vez. Le puede valer a Xabi para enseñar en las charlas la situación, y que no puedes descentrarte ni un minuto, y que cuando estén cansados hay compañeros para dar el relevo. Creo que Xabi esto lo va a trabajar bien.
Otro hándicap es la cantidad de jugadores que nos parecen indispensables como titulares, en los 6 puestos que quedan entre el mediocampo y el ataque. Para todos nosotros, visto su nivel en temporadas pasadas, nos parece que Tchouaméni, Valverde y Jude son intocables. Si juegas con un 4-3-3, ya tienes a los 3 titulares del medio, y aún tienes en el banquillo a Camavinga, Güler y Ceballos. De estos tres, a Güler lo vemos titular todos, por ser el socio perfecto de Mbappé. Venga, cambiamos a un 4-4-2, o un 4-3-1-2, y dejamos arriba a Kylian y Vinícius Jr. ¿Y Mastantuono? Creo que Franco es un jugador con una calidad impresionante, y a mí me encanta verlo en el campo, lo veo titular ya, aunque soy consciente de su edad.
De los delanteros ni hablo, pero deben mantener tensión competitiva para que puedan ayudar en cuanto salgan todos: Brahim, Rodrygo, Gonzalo y Endrick. De momento este último ni ha debutado, y ver su cara en el banquillo es un poema.
Por otro lado, Camavinga me parece que puede ser el 5 tan ansiado que buscamos. Pienso que es un jugador que necesita cierto reposo en algunos momentos, y creo que con Xabi de entrenador vamos a encontrar su mejor versión. Podemos tener a Tchouaméni, Camavinga y Jude. ¿Y Güler? ¿Y Valverde? En serio, no me gustaría estar en el pellejo de Xabi, porque no sabría qué hacer. Confío en que él, sí, porque sabe y yo solo soy un aficionado sin más.
Hay que sumarle que la mayoría de la gente dice que hay que fichar a alguien que lleve la manija, a un Vitinha. Es fácil suponer que si se contratara a alguien así, se daría de baja a Ceballos. Perfecto, entonces habría otro imprescindible más. Además, parece que se da por hecho que al año que viene recuperamos a Nico Paz. La pregunta es si vuelve Nico o se ficha a alguien para llevar la manija y además se trae de nuevo al argentino. A fin de cuentas, Nico sí juega ocupando un puesto en la creación.
Pero ¿nadie se ha planteado que si se ficha a un buen jugador, igual todo pasa por vender alguno de los que vemos indispensables?
Yo creo que con lo que hay ahora mismo, habría que convencer a Jude de que se le fichó para ser el sustituto de Kroos. Está clarísimo que no juega como Kroos, pero es que no hay nadie en el mundo que lo haga como el alemán, lo que sí sabemos es que él venía para jugar ahí, y Carlo se inventó el puesto en el que se desempeñó el inglés en su primera temporada para que convivieran juntos ambos, ya que Toni seguía teniendo calidad a raudales y era necesario. Y Carlo ahí lo bordó, sólo hay que ver la temporada que hicieron.
¿Nadie se ha planteado que si se ficha a un buen jugador, igual todo pasa por vender alguno de los que vemos indispensables?
No sé la idea de Xabi, igual él tiene claras las cosas, y cuando tenga a todos al 100% nos sorprende, no lo sé, pero yo entiendo que es necesario tener dos conectores, uno entre el mediocampo y la defensa, y otro entre el mediocampo y la delantera. Y tienen que implicarse defensivamente los once, y saber cuál es su puesto para que no se parta el equipo. Es fundamental también tener calidad en la defensa para sacar el balón, creo que eso con Huijsen, Carreras, Trent y Militao lo tenemos. Y Jude debería jugar cerca de ellos y asumirlo, como hacía Kroos, y subir el balón. Como centrocampista defensivo Tchouaméni, y el conector entre el centro y la delantera debe ser Güler. Arriba mi tridente es el habitual y más repetido este inicio de temporada: Vinícius por la izquierda, Mbappé por el centro y Mastantuono por la derecha.
Cuando tengan todos asumido que no se puede andar en ningún momento, y que la defensa es cosa de todos, seguramente podamos ver cómo los laterales doblan a los extremos al subir, dificultando la defensa del equipo rival y fijando la zaga para poder atacar mejor. Ahora no lo vemos, como es habitual en los equipos de Xabi, porque es un riesgo si no defienden todos con intensidad, y en este caso me refiero a los tres de arriba. Creo que lo que tiene en mente Xabi no lo veremos hasta enero o febrero, hay que tenerlo claro. Con la calidad que tienen todos, y metiendo la intensidad requerida, jugando a la velocidad que pueden hacerlo, y no me refiero sólo a lo que pueden correr los jugadores, sino la velocidad de pase de unos a otros, eso puede ser un escándalo.
Con este once que digo, ¿qué hacemos con Valverde y Camavinga? No tengo ni idea, pero tengo claro que al margen de las rotaciones necesarias y el hecho de que tener tantos jugadores de calidad siempre viene bien, en los días grandes es necesario contar con un once claro, y con lo visto hasta ahora y lo que conocemos de nuestros jugadores, perfectamente podemos tener el once titular que explico, pero también puede ser otro cambiando jugadores. No hay nada claro para los que estamos fuera viéndolos jugar.
Por lo que, vuelvo a repetir, no me gustaría estar en el pellejo de Xabi. Supongo que este tema lo tienen muy hablado su equipo técnico y él, y tendrán varias variantes para probar e irán ajustando hasta dar con la tecla.
Y tú, ¿cómo lo ves?
Getty Images
Aunque este tema ya viene de años atrás, las últimas horas han estado agitadas en las redes sociales con el anuncio oficial sobre el partido correspondiente a la jornada 17 que finalmente se disputará el 20 de diciembre de este mismo año en Miami. Casualmente, uno de los equipos implicados es el Barça, que actuaría de visitante. El otro, de local, el Villarreal.
Escucho y leo que no supone nada para los castellonenses perder esa condición de local, ya que han ofrecido a sus propios socios la posibilidad de viajar completamente gratis para ver el partido en tierras estadounidenses. Teniendo en cuenta que la capacidad del Estadio de la Cerámica es de unos 23.500 espectadores y no cuentan con una masa social amplia más allá de su entorno cercano, estimo que no pasarán de 3.000 las personas que acompañarán a su equipo en esta aventura.
Una más del Barça. Una más de La Liga
Uno de los argumentos que utilizan hace referencia a que la NFL, para expandir su producto y darle una mayor visibilidad, también disputa alguno de sus encuentros en otros países. Mismamente, hay programado uno en el estadio Santiago Bernabéu este 16 de noviembre entre los Miami Dolphins y los Washington Commanders. Para llegar a esto, acuerdan entre todos los clubes y antes de empezar la temporada, pidiendo incluso voluntarios para ello, los partidos que se disputarán en estas condiciones. Todo lo contrario que aquí, ya que La Liga únicamente ha contado con el visto bueno de Villarreal y Barça para tomar esta decisión.
También dan a entender que esta decisión no altera la competición de ninguna de las maneras. Dándole una vuelta, así a botepronto, vulnera el hecho de que cada equipo dispute diecinueve partidos como local y otros diecinueve partidos como visitante. Tebas ya nos ha dejado claro que “el Real Madrid no tiene nada que decir en esto”, dando a entender que el Club más potente de La Liga es el último mono dentro de esta organización.
También ha saltado en las últimas horas la noticia sobre el posible abandono por parte del Barça de una Superliga que va perdiendo su fuerza conforme pasa el tiempo. Laporta tiene las ideas claras y sabe con quién se tiene que abrazar para poder seguir adelante. Florentino Pérez, en nombre del Real Madrid y de su propio orgullo, debería dejarse de amiguismos e ir con todo a por ellos. Ya basta de poner la mejilla, ya basta de pasar por alto todos sus chanchullos. El madridismo quiere justicia. El madridismo quiere saber la verdad.
Una más del Barça. Una más de La Liga.
Getty Images
Buenos días. La podredumbre del fútbol español nos mantiene soliviantados desde que tenemos uso de razón, si partimos de la premisa de que alguna vez hemos gozado de tal cosa. Para más inri, nos hallamos en pleno parón de selecciones, algo que, como todos sabéis, nos toca los bemoles. Y decimos bemoles no por cursis, sino porque el censor Google nos empujaría al fondo del Hades si empleásemos el término adecuado para referirnos a los reservorios genéticos.
Vamos a echar un ojo, incluso los dos, como los bemoles, a la portada de Marca, diario capaz de afirmar que la Tierra es plana si Tebas se lo indica, que los finales de mes llegan cada vez antes. Y cuya utilidad actual se reduce a servir de emético.
La portada está dedicada al abrazo entre un señor que pelea muy bien y otro que aplaude aún mejor al superior de turno. Interesantísima. Es la primera plana que todo madridista desea. Arriba a la izquierda leemos que «Mbappé marca con Francia… pero se retira del campo “tocado”». Se les ha olvidado especificar que «tocado por un rival».
La verdad es que no entendemos qué pinta Mbappé —no le eximimos de su cuota de (ir)responsabilidad—, que ya iba tocado, como dice Marca, en un Francia-Azerbaiyán. Partido cuyo único sentido es excitar el onanismo seleccional de «expertos» en estadísticas que, casualmente, no han sido capaces de detectar ninguna de las anomalías imposibles de explicar sin recurrir a los millones de euros que el Barça pagó a Negreira, vicepresidente de los árbitros. Es probable que sí las detectasen, pero, al igual que sucede con Marca, hay que elegir entre vivir «pelao» con la conciencia tranquila y vivir de manera acomodada con la conciencia… ¿qué es eso de la conciencia y la moral?
La portada de As sigue el mismo patrón —en todos los sentidos— que la de Marca: Topuria saludando a miembros de la selección. En este caso, al personaje de Gomaespuma —ver portanálisis de ayer— conocido no como Carmelo Cotón, sino como Cubarsí. Y arriba a la derecha, lo mismo que en Marca, lo de Kylian. Otro frontispicio para el recuerdo.
Los efluvios de la pútrida realidad del miasmático fútbol han terminado por afectar a nuestro discernimiento, como era de esperar, y nos ha impelido a perpetrar un trasunto de soneto mediocre y errático, para no desentonar con la realidad.
«Los parones de selecciones nos tocan los bemoles»
En nombre de la pasta y de un amistoso,
rompen al crack que paga el club su renta;
Mbappé se retira, el tobillo revienta,
y el parte médico sustituye al gozo.
En Marca y As, discurso perezoso:
relleno y humo, nadería opulenta;
que el parón dé de comer les alimenta,
sin exigirles nada más gravoso.
Los clubes ven partir, sin ley ni trono,
a quien su sueldo cobra de su casa,
y pasa cojo un mes, por poco dolo.
El robo es viejo, la costumbre arrasa:
te quitan lo que es tuyo, y el patrono
te exigen que sonrías… y que pagues la farsa.
Os dejamos con las portadas de los diarios culés, sostenidos por los mismos que sostienen los madrileños. Manda bemoles.
Pasad un buen día.
En los últimos días he leído debates acerca de la posibilidad y/o necesidad de incluir en el XI titular del Real Madrid tanto a Jude Bellingham como a Arda Güler. Los motivos son tan evidentes que no requieren de una explicación. El estado de forma actual de Güler y su sociedad con Mbappé le proporcionan un merecido estatus de intocable por esas 3-4 ocasiones claras de gol que regala al francés cada partido, mientras que, en el caso de Jude, su capacidad de abarcar tan vasta área de influencia sin que se resientan sus números hacen del británico otro elemento imprescindible en cualquier equipo del mundo.
Sin embargo, las voces disidentes argumentan que su encaje no es sencillo por ocupar una zona de influencia similar, o por la imposibilidad de encontrar un sistema con dos mediapuntas que se acople con naturalidad a nuestra pareja de atacantes. En este punto, no puedo sino agarrarme a las palabras y acciones de nuestro entrenador, Xabi Alonso, que en rueda de prensa ha expresado varias veces, y sin necesidad de que le preguntaran por ello, que para él Jude es mediapunta. Partiendo de otras premisas como que el tolosarra está utilizando inicialmente un tradicional 4-2-3-1 y que quiere a Vinícius pegado a banda, donde el brasileño es más dañino para los rivales (aunque quizás menos letal que cuando juega más cerca del área), podríamos descartar un 4-1-2-1-2, que quizás sería la opción más lógica en la que seguir disponiendo de un Arda como interior derecho, cerca de la mediapunta que ocuparía Jude.
las voces disidentes argumentan que su encaje no es sencillo por ocupar una zona de influencia similar, o por la imposibilidad de encontrar un sistema con dos mediapuntas que se acople con naturalidad a nuestra pareja de atacantes
Sin embargo, y como siempre defiendo, más que de sistemas y posiciones deberíamos hablar de roles y áreas de influencia. Aunque Arda y Jude sean mediapuntas, cada uno tiende a naturalizar su juego desde el lado contrario: Jude desde el izquierdo y Arda desde el derecho, aunque Bellingham ya se ha acostumbrado a aparecer desde cualquier punto del campo para acabar atacando el área. Esto facilita que, desde el 4-2-3-1 que propone Xabi, Jude ocupe la zona de mediapunta y Arda, que partiría como extremo o banda derecha, se siga metiendo un poco hacia el centro para seguir encontrando su zona de influencia y, sobre todo, su pase diagonal al desmarque de Mbappé. Además, acercar al área a Arda va a facilitar que el turco siga manteniendo las buenas cifras numéricas que está obteniendo en este inicio de temporada, pues tendemos a olvidar el gran olfato goleador del joven otomano.
Aunque esto escrito parece muy simple, lo verdaderamente importante para que funcione es el posicionamiento del resto de piezas, especialmente el del lateral derecho, ahora mismo Fede Valverde, que deberá ocupar la banda derecha y dar amplitud y profundidad en favor de un Arda que podrá ganar libertad para acudir al centro cuando el uruguayo haya desempeñado su función. En esta situación de juego, y en función a la exigencia y cualidades del rival (sobre todo de sus delanteros), lo único que quedaría por determinar es si guardar la posición con 3 centrales, ocupando Tchouaméni ese rol junto a los otros dos, o cerrando con pivote y dos interiores, siendo Arda el del costado derecho.
Más allá de los diferentes posicionamientos defensivos de los que podría disponer Xabi con este sistema y jugadores (desde seguir con las posiciones naturales de 4-2-3-1 hasta un 4-4-2 dejando a Kylian y Vini arriba, y a Jude y Arda en los costados), me parece muy categórico afirmar que no se puede encajar a dos jugadores como Jude y Arda en el mismo XI. El tiempo será juez y determinará a quién dar la razón, independientemente de que puedan existir otros factores que influyan en el desempeño del equipo.
Pero lo que está claro es que existen opciones coherentes para juntar a estos dos jugadores en una misma alineación sin que la competitividad del equipo se resienta. Más bien lo contrario: juntar a los buenos suele acercar al equipo a los buenos resultados y, una vez que Jude recupere su mejor estado, no dudo que Xabi le encontrará el mejor acople a este equipo.
Getty Images