Buenos días, amigos. Vinícius —el Madrid entero— es como un detector de metales, pero en lugar de identificar estos elementos bajo tierra, desvela acomplejados y traumatizados allá donde se encuentren.
Ayer, Atlético de Madrid y Levante disputaron un encuentro en el Metropolitano. El equipo de Gil Marín, quien se apropió indebidamente del mismo junto a Henry Cherry, ganó 3-1 y Marca, cuyo director casualmente celebra barbacoas con Gil hijo —conocido por algunos como el tío Gilito—, le dedica esta portada laudatoria al equipo, a su entrenador Simeone y al hijo de este.
Durante el encuentro, y tras una amonestación a un jugador colchonero, al Cholo se le fundió otro fusible, cortocircuitó, hizo aspavientos —como dice Garabatxs— y le gritó a Hill Apple Tree: «¡Una amarilla por eso! ¡A Vinícius no se la sacas!». Otro ejemplo de Vini como detector de personas con problemas, porque por mucho dinero que se tenga, en numerosas ocasiones es necesaria la ayuda de un profesional.
No cuesta imaginar a Simeone en la cena de Nochebuena, con la familia reunida, entre villancicos y belenes, probando la comida, haciendo aspavientos y gritándole al servicio: «¡El cordero está frío, seco por dentro, poco crujiente por fuera! ¡Este no se lo sacas a Vinícius!».
Tampoco es difícil imaginar a un Cholo del futuro con una camisa de fuerza, la mirada vacía, meciéndose hacia adelante —alante, diría él— y hacia atrás, repitiendo: «Teníamos las dos ganadas, no fue doble toque, a Vinícius no se la sacas», mientras la enfermera Ratched le acerca unas píldoras y un vasito de cartón con agua.
No le ocurre solo al Cholo, a los atléticos en general se les funden los plomos cada vez que recuerdan a Vinícius y al Madrid. Sufren una sobrecarga emocional de corriente que alterna el odio con el complejo y les salta el diferencial. Es más sangrante el asunto porque en el club hay una corriente, no mayoritaria pero sí continua, de energúmenos de ideología neonazi con dos asesinatos a sus espaldas que, auspiciados por el club y aplaudidos por los jugadores, se dedican a proferir cánticos racistas, lanzar objetos al campo, colgar muñecos de Vini y un largo etcétera de actos de esos que la Fiscalía archiva porque solo duran unos segundos y se producen en un contexto de máxima rivalidad.
No viene mal recordarle al entrenador rojiblanco esto de Kollins: «A Vinícius le han sacado 53 amarillas y 4 rojas en España en poco más de 5 temporadas».
A Vinicius le han sacado 53 amarillas y 4 rojas en España en poco más de 5 temporadas, acomplejado https://t.co/OgB9eoI3ru
— Kollins (@PepeKollins) November 8, 2025
Un Kollins, por cierto, que ayer presentó junto a Tomás Guasch y el propio autor el libro Anatomía de un Negreirato, de Rafael Gómez de Parada. Al acto, celebrado en la Peña Madridista Bellvitge de Hospitalet, también acudieron los galernautas Athos Dumas y Paco Sánchez Palomares.
Tras este interludio, continuamos.
En Marca hablan del Madrid: «Máxima tensión en Vallecas». Y muestran la patita otra vez: «La derrota en Liverpool pone a Xabi Alonso en el foco». También están traumados, aunque por otros motivos, y recurren a ese «en el foco» cada dos por tres. Este portanalista tiene curiosidad por ver a quién pelotearán y a quién atacarán cuando cambie el jardinero que les riega.
Los de Gallardo utilizan «máxima tensión» para referirse al partido del Madrid —cuya previa, escrita por Alberto Cosín, podéis leer aquí—, cuando en realidad podrían haber utilizado esas palabras para el estado de Simeone o para el novísimo Camp Nou. Si bien es cierto que decir nuevo Camp Nou es un pleonasmo como subir para arriba, cita previa, puño cerrado o el Madrid ganó otra Champions.
✍️ La zona de los periodistas y también de los analistas de Flick en el Spotify Camp Nou
📽️ @joanlfdez nos enseña otra de las partes del nuevo estadio azulgrana pic.twitter.com/lLFq1juRej
— Diario SPORT (@sport) November 7, 2025
Según nos descubre Joan León en Sport, en el nuevo Camp Nou hay hasta cuatro filas para los periodistas y, ojo, ¡ojo!, arriba, en cada puesto, ¡pone el número del pupitre! Quizá sea la primera vez que sucede en un estadio de fútbol.
Pero lo mejor no es que los periodistas tengan un puesto para trabajar y además numerado para distinguir uno de otro, sino, ojo, ¡ojo!: ¡cada periodista tiene hasta cuatro enchufes para poder cargar el ordenador, el teléfono y etcétera!
Puff, ¡madre del amor hermoso! ¡¿Cuándo se ha visto algo igual?! Ni el Coche Fantástico contaba con tanta tecnología avanzada.
Lástima que el vídeo sea tan corto, nos hemos quedado con ganas de más. Conminamos a Sport a que nos enseñen más zonas del nuevo Camp Nou. Podrían enviar —si no se encuentra acosando a familiares de árbitros— a Iván San Antonio.
Documental propio de la BBC. San Antonio grabando, tipo Callejeros, en los vestuarios: «Podéis observar que cada jugador tiene un pequeño banco para sentarse, una percha, una toalla de Cobi y unas chanclas. El vestuario cuenta con ¡un enchufe! comunitario para que los futbolistas puedan cargar sus móviles y enchufar el secador para apañarse el pelete tras la ducha. Porque, esa es otra, el nuevo Camp Nou tiene duchas con agua caliente, que puede ser templada si se abre un poquito el grifo del agua fría. Los chicos también disfrutan de baños con pestillo para preservar su intimidad. Voy a mostraros uno, mirad, abro la puerta y… ¡¿pero qué haces ahí, Jan?!».
Sin embargo, de manera inexplicable, que haya cuatro enchufes en el Camp Nou no es portada ni de Mundo Deportivo ni de Sport.
Confesamos que al leer el frontispicio de Sport hemos dado un pequeño respingo: «No se puede fallar». Estábamos sin gafas y hemos confundido una a con una o. Pero no, lo que no se puede es fallar, lo otro sigue siendo legal, de momento, aunque se realice fuera del matrimonio y no sea sábado sabadete.
Gabinete cantaba que había cuatro rosas en tu honor: dos por gemir y dos por sonreír. El nuevo Camp Nou tiene cuatro enchufes: uno por la liga, otro por la RFEF, otro por el CTA y otro por el Gobierno.
Pasad un buen día.
Decimosegunda jornada de Liga y el Real Madrid visita Vallecas, un escenario en el que le cuesta ganar en los últimos años. Los rayistas llegan tras remontar al Lech Poznan en la Conference League, pero con el ambiente un poco enrarecido a nivel interno en el vestuario. El técnico Iñigo Pérez tiene las bajas confirmadas de Mumin, Luiz Felipe, Nteka y Méndez, y la duda de Isi, que tuvo una indisposición sobre el propio césped de Vallecas en el partido ante los polacos. Se espera una alineación en formación de 1-4-2-3-1 aunque con varias dudas en un par de puestos. Un once probable sería el formado por Batalla en portería; en la línea defensiva los centrales serían Lejeune y Mendy; en el lateral derecho jugaría Ratiu y en el izquierdo el Chavarría; en el centro del campo como doble pivote Unai López y Ciss; en la línea de tres Álvaro García o Fran Pérez por la izquierda, De Frutos por la derecha e Isi o Pedro Díaz en el medio; arriba Alemao.
En casa, y en unas dimensiones del terreno de juego más estrechas que el resto de campos de Primera, el Rayo presiona más arriba e intenta dificultar la salida del cuero del adversario. Siempre que presionen y vayan al poseedor del balón lo harán con agresividad, decisión en los duelos y gran intensidad. Un equipo con físico y músculo en el medio por lo que se da por un hecho un conjunto de gran despliegue, recorrido y eficacia para ahogar al centro del campo merengue. En la punta Alemao, y también el reemplazo Camello, garantizan trabajo para el robo y la presión desde la primera línea.
A Iñigo Pérez le gusta tener el control desde la base de la jugada con un Lejeune vital en este apartado. Dispone de un fantástico desplazamiento en largo y es el encargado de enlazar con el medio Unai López. La baja de Mumin les perjudica porque tampoco es malo con balón y tiene mejor pie que Mendy. La clave vallecana es que los medios consigan conectar con Isi (o, en caso de que no juegue, con Pedro Díaz), que es lanzador de los jugadores de banda y el creador de fútbol en ataque. Por último, apuntar que Alemao también pone su granito de arena en este apartado bajando y protegiendo balones que le lleguen en largo. Se zafa bien con los centrales para descargar a los medios o la línea de tres mediaspuntas.
El Rayo ha encajado en 14 goles en 11 partidos, lo que da una media de más de un tanto por choque. Otros años había cifras bastante parejas, pero este curso está sacando más puntos lejos de Vallecas. En su feudo le está costando que sea un fortín, y solo ha conseguido un triunfo ante el Alavés. Prácticamente la defensa y el medio son los mismos que el curso pasado, y el rendimiento está siendo similar. En casa, con menos espacios, no están dando la misma muestra de solidez y contundencia que cuando viajan lejos del barrio madrileño, como en las visitas a Girona, Donosti y Levante. Ciss será clave para apoyar a los centrales e intentar fortificar la zona central por la que se moverán Bellingham y Arda. Un apartado donde los centrales son eficaces en Vallecas o en cualquier estadio son los balones aéreos. Por tanto, ante futbolistas de talla, envergadura y poderío por arriba, lo mejor para el Madrid es jugar por abajo y no meter demasiados centros.
La zona de ataque del Rayo ha sufrido las principales variaciones de Alemao y Fran Pérez respecto a la temporada pasada. El resto lleva ya varios años por Vallecas, y se entienden a las mil maravillas. Iñigo Pérez dispone de velocidad y despliegue en las bandas, calidad técnica en el medio y una delantera eficaz y con gran olfato de gol. El Rayo es un conjunto fuerte arriba, peligroso y que hace daño, como puede dar testimonio el Barça recientemente. Las bandas tienen mucha importancia con futbolistas veloces y atrevidos como Álvaro y De Frutos, que atacan en el espacio o pueden desbordar. Por la zona central Isi pone el control, el regate en corto, la visión de juego y el disparo. En punta, Alemao es un jugador que ya conoce el fútbol español, y es simple pero eficaz en sus movimientos y atributos en el área. Acumulan 11 dianas en 10 partidos, por lo que ven puerta de media una vez por encuentro. Ojo también en las jugadas a balón parado porque cuentan con un batería importante de efectivos que tienen destreza en los remates de cabeza: Lejeune, Mendy, Alemao, Ciss… y grandes lanzadores como Isi Palazón y Unai López.
Iñigo Pérez tiene muchas similitudes con lo que planteaba en su día Iraola. Por ello era su segundo y tenían una forma parecida de ver el fútbol. Un equipo con vértigo, atrevimiento, ofensivo y menos práctico y pragmático que con otros técnicos anteriores. Por las bandas son vertiginosos y verticales, con pocos toques se plantan arriba y todo lo realizan a una gran velocidad de ejecución. En cuanto a las estadísticas, este curso hay que destacar que es el quinto con más posesión de la competición, con un 53%, que es el conjunto que mejor juega en pases largos de la Liga y el segundo que más intercepciones completa, solo por detrás del Elche.
El canterano de La Fábrica De Frutos es el máximo goleador de la Liga para los vallecanos, con cuatro dianas. Además, suma otras dos en competición europea. El internacional español vive el mejor momento de su carrera y ha dejado de ser un revulsivo como en temporadas anteriores. Se ha ganado un puesto en el once y convocatorias al equipo nacional que dirige Luis de la Fuente. Un extremo, el segoviano, que también puede jugar de nueve y garantiza velocidad, desborde, calidad en el centro, desparpajo y vértigo desde la banda. Luego, en el área, posee un buen disparo con la diestra para finalizar las jugadas. Es probable, por rotaciones de Xabi Alonso, que tenga un bonito duelo con Fran García, que regresa a Vallecas, el estadio que tantas carreras subido en moto le vio por la banda izquierda.
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Dejaba caer el otro día Daniel Vila la cuestión sobre si Vinicius puede considerarse el nuevo Juanito. Debate interesante, aunque la comparación de jugadores, y más cuando corresponden a épocas que parecen mundos diferentes, sea un juego con truco. Porque, por cambiar, ha cambiado hasta el himno. Si Juanito hacía suyo aquello de “todo nervio y corazón”, Vinicius parece impelido con el “nadie resiste tus ganas de vencer”. Pero juguemos, comparemos, porque si contribuye a despejar la neblina de la memoria a algún despistado sobre la relevancia del eterno siete blanco, ya habremos ganado la partida.
Primero, saquemos las fichas al tablero. Juanito ficha por el Madrid en 1977, con 23 años, tras completar un trienio fulgurante en el Burgos, ascenso a Primera incluido. Llega como figura —Supersónico, le decían—, directo a encender la chispa que le faltaba a un equipo en el que convivían baluartes del escudo como Pirri, Camacho o Santillana. Casi nada. Vinicius, con 18, fue enviado a la mili del Castilla, donde en la primera maniobra recibió un bocado en la cabeza por parte de un jugador del filial del equipo que primero se fijó en Juanito, el Atlético de Madrid. Y de ahí, a ganarse por méritos propios, contra todo y contra todos, el ascenso de meme a estrella.
En su década en Chamartín, el malagueño vistió su palmarés con cinco Ligas, dos Copas de la UEFA, dos Copas del Rey y una Copa de la Liga. Desde su llegada a Madrid, Vini ha tocado más metal: tres Ligas, dos Champions, tres Mundiales de Clubes, una Copa, dos Supercopa de Europa y tres Supercopas de España.
Ambos fueron dirigidos por entrenadores de lo más variopinto. Desde Miljanic hasta Beenhakker el español, pasando por Boskov, Di Stéfano, Amancio y Molowny. Mientras, Lopetegui, Solari, Zidane, Ancelotti y Xabi Alonso completan la lista del brasileño hasta la fecha.
el volcánico carácter que definía a Juanito también caracteriza a su heredero de dorsal. Jugadores que abren la boca y dejan con la boca abierta. El pack completo. Lo tomas o lo dejas
Y aquí comenzamos con las similitudes. De partida, ambos se salieron del método y el guion de un técnico madridista. El caso de Juanito, con Amancio, resultó más acusado. Fue en la campaña 84/85, cuando el mito gallego llegó al banquillo en sustitución del mito universal, Alfredo Di Stéfano. Jamás se entendieron, ni dentro ni fuera del campo. Respecto al brasileño, no es ningún secreto que las ideas de Xabi Alonso, cuya base es la presión solidaria, le han obligado a reconvertir su modus operandi para no verse fuera del once. Lo de Amancio terminó de la peor manera, con escándalos y despido; al tolosarra le avalan los resultados y las formas, siempre impecables, y Vini se ha ganado su perdón tras la peladura de claves del Clásico.
La filosofía y funciones sobre el césped también son moneda común de ambos jugadores, creyentes practicantes del fútbol antiguo e improvisado que pregona Panzeri. La misión, hacer de la osadía un hábito; la obligación, ser la llave maestra que abra los partidos y desquicie a los defensas. En definitiva, y parafraseando a Valdano, poseedores de “todas las armas que necesita un crack: velocidad física, técnica y mental; atrevimiento para inventar; y valentía para desafiar rivales, aficiones, críticas”.
Otro aspecto (posiblemente el que motiva el texto) es el volcánico carácter que definía a Juanito y también caracteriza a su heredero de dorsal. Jugadores que abren la boca y dejan con la boca abierta. El pack completo. Lo tomas o lo dejas. Con una personalidad guiada por la máxima natural de no ser como los demás, al tener su centro de gravedad en el corazón. De ahí las reacciones, en ocasiones extemporáneas o fuera de tono. Pero, ojo, como le sucedía al de Fuengirola, el principal perjudicado de los errores de Vinicius es el propio Vinicius. No hay espacio para la maldad, tan sólo un discurrir por los márgenes que a veces provoca una salida del carril impropia de a quien se le exige no sólo buen juego, sino ejemplo constante.
Esta pasión fronteriza, como imaginan, era aprovechada por los rivales de entonces contra Juanito de la misma forma que lo hacen ahora contra Vini, al que ven como la mecha por la que todo puede estallar. Anularlos, convenían y convienen, es robarle peligrosos argumentos al Madrid. Y por ello tampoco escatiman en la provocación. Aunque no siempre consiguen su objetivo. Como cuando Koke le dijo al brasileño que Mbappé le estaba “comiendo la tostada” y se llevó un “Ya, pero juega en mi equipo”. O como cuando Ferran intentó ponerlo nervioso antes de un penalti preguntándole con sorna si lo iba a tirar él, a lo que el madridista respondió enalteciendo una vez más al compañero: “No, lo tira Kylian, que los mete siempre”.
Con todo, los francotiradores no se agazapan únicamente en territorio enemigo, también viven en casa. Desde su mismo fichaje, a Juanito le resultó imposible conciliar el apoyo unánime de su propia afición, aunque por suerte para él y para la historia, su trayectoria le hizo justicia y hoy es un símbolo innegociable del ADN madridista. Del mismo modo, a buen seguro intoxicados por una prensa en la que hasta el último mediopensionista encuentra su espacio para atizarle, Vinícius también tiene su porcentaje de incrédulos o detractores en Chamartín. Vinagres ilustrados todos: amargados, sí, pero madridistas.
Respecto a la distancia entre ambos futbolistas, no se puede considerar menor. Juanito tenía una concepción del Madrid y del fútbol inimitable e inigualable. Por algo es el custodio del minuto siete del Bernabéu. En la previa del partido definitivo en la Copa de Europa de 1981, Julio César Fernández, de RTVE, le preguntó al de Fuengirola por la que era su primera final, y este le mostró su la transparente e irrenunciable ambición que lo definía: “La primera y espero que no sea la última”. Cuesta imaginar a Vinicius —y a cualquiera, seamos justos— brincando, fuera de sí, en plena simbiosis eufórica con el estadio, al ser sustituido después de una gesta histórica como fue la del Borussia. O dejar para el patrimonio del fútbol mundial una frase (90 minuti…) tras una debacle europea.
Por mucha leyenda negra y clichés compartidos, la calidad y el valor diferencial sobre el campo de Juanito y Vinicius son su principal argumento. Nadie llega y triunfa en el Real Madrid sólo con genio o actuaciones brillantes fugaces. Pero convendremos en que, por mucho que Vini lograra hitos como anotar un gol que valió una Champions (anhelo que al malagueño le quedó por conseguir), jamás rayará a la altura de la estela eterna de Juanito, imagen no sólo de una época, sino de un carácter al que el Madrid no puede renunciar sin perder su esencia. Porque el Madrid, así lo ha querido su devenir histórico, no se entiende sin la visión de Bernabéu, el salto a las alturas de Don Alfredo y el corazón de Juanito.
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El proyecto de Scariolo mostró su mejor cara frente a un notable e impotente Barcelona. Rara vez los clásicos son rutinarios y, en esta ocasión, se dirimía un puesto en la clasificación de la Euroliga junto a una medición de fuerzas que proyecta lo que puede ser la temporada.
El Madrid estuvo sublime por momentos, muy regular durante treinta y cinco minutos y con las piezas muy ajustadas salvo el comienzo del último cuarto. Por ello, a pesar de los embates culés, que mostraron la clase de alguno de sus jugadores, los blancos desplegaron un repertorio soberbio, un encuentro dominador, una avalancha anotadora.
Así que, frente al argumento que uno también sostiene, por su racionalidad, de que las plantillas con tantas novedades necesitan un tiempo de rodaje, este humilde cronista está por abdicar de esta posición y pedir a los responsables madridistas que el equipo se quede como está. Virgencita, virgencita…
Porque, a excepción de la laguna citada, pocos peros se pueden poner al asunto. Por rebuscar, la cifra de pérdidas de los directores de juego fue excesiva, nueve balones al limbo entre los tres, si bien es cierto que Campazzo y Maledon bordaron el resto de su juego. También el equipo tuvo algún problema defensivo en el bloqueo directo con las continuaciones de Veseley y en situaciones similares con la segunda ayuda a Tavares. Pero casi resulta como señalar una espinilla en la cara de Anya Taylor-Joy, la mujer más guapa del mundo según la ciencia.
La tropa madridista ajustó sus prestaciones conforme la demanda del rival y del partido, y, aunque algunos lucieron más, como los susodichos, quienes tienen encomendadas funciones de menos lucimiento, como Deck y Abalde, contribuyeron a la solidez del equipo. Mario no estuvo súper, aunque sí muy productivo, y el distinguido Lyles mostró la eficacia que ya venía anunciando. Además, lo hizo con la elegancia propia de quienes no aparentan esfuerzo mientras lo llevan a cabo, algo tan admirable para la parroquia como odioso por quienes alguna vez intentamos algo parecido torciendo el gesto y sudando la gota gorda.
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Buenos días, amigos. Hoy la cosa va de estadios, de dinero y de baloncesto. "Nada más lleno de ausencia que un estadio vacío”, proclamó Gómez de la Serna. En otra greguería, llamó al estadio “esqueleto de multitudes”. Ojalá D. Ramón hubiera estado entre nosotros para ser invitado ayer a la reinauguracion (¿o cómo habría que llamarlo?) del nuevo Spotify Camp Nou, que en terminología de nuestro amigo Paul Tenorio se llama más bien Pay To Win Camp Nou, en alusión a las tendencias negreiristas del club propietario del inmueble.
El caso es que el estado reabrió sus puertas después de más de dos años de obras caóticas, obreros en situación de semiesclavitud (casi nadie ha hablado de esto), casos de tuberculosis y otras lindezas. La prensa afín no cabe en sí de gozo, pese a que se trató de un mero ensayo y los negreiros, de momento, seguirán jugando en Montjuic, el Johan Cruyff o cualquier otro recinto que les venga bien, reúna o no reúna los requisitos indicados para acoger fútbol de Primera División.
Ya veis. “Espectacular”. “Vibrante entrenamiento”. Y lo mejor, las lágrimas de Laporta, quien confiesa haber dejado “escapar” algunas. No nos extraña. Jan es un hombre emotivo. También lloraban con harta frecuencia Joan Gaspart y sobre todo Josep Lluís Núñez. Varios presidentes blaugranas han tenido en común su propensión a llorar. Firmaríamos que ese hubiese sido la única coincidencia y no hubieran tenido en común también el pagar al colectivo arbitral desde 1990, según testimonios de sus propios directivos en diferentes épocas, Freixa y Perrín fundamentalmente.
El caso es que la prensa negreiresca coincide en ponderar hasta el arrobo la pseudorreinauguración. Mundo Deportivo tiene al menos el valor de hacerlo bajo un frontispicio que habla con honestidad de la dolorosa derrota culé frente a los nuestros ayer por la tarde, en los canastos. Qué partidazo, amigos. Qué bien estuvo el nuevo Madrid de Sergio Scariolo, y en particular un estelar Trey Lyles que ojalá la NBA nos permita disfrutar durante un tiempo. Ya casi nadie recuerda cuándo fue el último clásico que nos ganaron ellos.
Así que el Palau “se harta” y el Pay To Win Camp Nou (gracias, Paul) se reabre, o similar. Las crónicas menos afines al club más tramposo de la historia del deporte parecen en cambio discrepar de la supuesta grandeza de la jornada de reapertura de puertas, e incluso de la belleza y adecuación del resultado de las obras, por lo demás inconclusas.
Ved.
Asientos desvencijados, estética franquista (¡franquista!), cutrez generalizada, y, por lo demás, escasísimos cambios con respecto al estadio de hace 800 y pico días. ¿Y para esto tanto tiempo de espera?, se preguntaban los culés. Chicos, preguntad a los constructores turcos, que Laporta está llorando. Y no os comparéis con el nuevo Bernabéu, por una cuestión de simple salud mental. Ninguno de los dos estadios es mejor ni peor que el otro, niños, no hay que sufrir con eso. Simplemente son estadios distintos, nada más.
Marca abre hoy con una foto, precisamente, del nuevo Bernabéu. Cualquier parecido entre ambos recintos es mera coincidencia, pero de verdad que no queremos comparar, que no, que no. Estaría feo. Sería centralista, imperialista y desafortunado. Cada estadio es como es, y hay que respetar las diferencias. No sería inclusivo definir uno de los dos estadios como superior al otro, incluso aunque uno de ellos colabore de manera decisiva a la generación de ingresos récord.
Porque lo dice Marca también, como veis. 1.248 millones de ingresos presentará el Madrid en sus cuentas. La brutal cifra supone la superación de su propio récord, que es récord histórico en el fútbol europeo. Ningún otro club ha generado jamás tantos ingresos, y el nuevo Bernabéu, por mucho que duela, es clave en ese hito a pesar del considerable contratiempo de la anulación de conciertos. Otros eventos, sin embargo, están dejando un margen altísimo, acogidos entre las cuatro fachadas modernistas del ultraeficiente y futurista centro neurálgico madridista y madrileño.
Pero de verdad que no queremos comparar, no, no, no. Dios nos libre. Las comparaciones son odiosas. Nos enfurruñaremos muchísimo con quien ose afirmar que el Bernabéu es mejor estadio que el Camp Nou o que genera más ingresos. Palabras de esa índole supondrían una falta de respeto manifiesta al hecho diferencial catalán. Sí ellos quieren reabrir el estadio dos años después con todo igual que antes, salvo que más hortera y con los asientos jodidos, quiénes somos nosotros para inmiscuirnos en la autonomía de sus decisiones. Basta ya de sojuzgar al sometido pueblo catalán y su más preciado instrumento de propaganda.
Son sus costumbres (estadios cochambrosos, remuneraciones arbitrales, inscripciones truchas, compra de órganos, recontratación de constatados pederastas para sus filiales) y hay que respetarlas. Se nos han olvidado muchas cosas dentro del paréntesis, rogamos se nos disculpe, no damos abasto. El caso es que nos enojaremos una barbaridad, y apuntaremos severamente con el dedo, a quien se atreva a aventurar que el resultado de las obras del Bernabéu supera al resultado de las obras del Camp Nou. Son obras de naturaleza distinta, simplemente. Cada uno de nosotros debe aprender a quererse a sí mismo tal como es. Así, el culé debe amar al Barça (y su estadio) con todas sus peculiaridades dentro, porque son solo eso, peculiaridades que apenas deben mover a la ternura a sus fans, como ese gracioso arrugamiento de nariz cuando se produce la risa de la persona amada.
Viva la diferencia, amigos. Os dejamos con la portada de As y con Jacobo Ramón, a quien deseamos que le sigan igual de bien las cosas a orillas del lago Como.
Pasad un feliz sábado.
En los 18 partidos de Champions que han jugado juntos, Vinícius y Mbappé han marcado 10 goles combinados (7+3) y repartido 6 asistencias (1+5). Números que, en cualquier otro club, serían para enmarcar. En el Madrid, son un aviso. Porque además, en los duelos directos contra Atlético (5) y Barça (5), la dupla apenas suma 7 goles (todos de Mbappé) y cero asistencias registradas. Cero. Ni un solo pase de gol entre ellos en derbis y clásicos.
En 2022, Vinícius y Benzema jugaron 19 partidos de Champions. Marcando 26 goles (15+11) y dando 14 asistencias (8+6). En los 4 duelos contra Atlético y Barça, sumaron 9 goles y 5 asistencias. El francés no solo definía: arrastraba, combinaba, liberaba. El brasileño no solo desbordaba: asistía, aparecía por dentro, decidía.
Y antes, el trío BBC (Bale, Benzema, Cristiano). En la temporada 2016/17, 22 partidos de Champions: 47 goles (20+12+15) y 25 asistencias. En los 6 duelos contra Atlético y Barça, 14 goles y 9 asistencias. Cristiano remataba, Benzema asistía, Bale aparecía cuando nadie lo esperaba. Tres monstruos que entendían su rol.
en los partidos clave de esta temporada 2025/26 —como los derbis contra Atlético y Barça, o las fases de grupos de Champions—, la sinergia mbappé-vini no termina de cuajar
En el esquema táctico de Xabi Alonso, que mantiene un 4-3-3 con énfasis en la presión alta y transiciones rápidas, Vinicius y Mbappé deberían complementarse a la perfección: el brasileño desbordando por banda izquierda con su velocidad y regates, y el francés explotando el espacio central como killer letal. Sin embargo, en los partidos clave de esta temporada 2025/26 —como los derbis contra Atlético y Barça, o las fases de grupos de Champions—, esta sinergia no termina de cuajar. En los cinco encuentros contra rivales directos, han compartido solo dos pases clave entre ellos, frente a los 12 que generaron Vinicius y Benzema en duelos similares de 2022. Vinicius promedia 4,2 regates exitosos por partido en LaLiga, pero solo 1,8 de esos terminan en un pase a Mbappé, lo que indica que prefiere finalizar él mismo (3,26 disparos por 90 minutos) en lugar de filtrar balones al área, donde el francés podría rematar con su 1,22 goles por 90.
Ambos jugadores gravitan hacia la izquierda, colapsando el espacio y dejando al equipo predecible y sin referencia en el medio. Mbappé ha recibido apenas 0,18 pases clave de Vinicius por encuentro, según Opta. Esto contrasta con las 29 ocasiones creadas por Vinicius en liga —más del doble que las 13 de Mbappé—, pero sin un timing sincronizado: el brasileño retiene el balón 2,5 segundos más de media en el último tercio, lo que frena las carreras verticales del francés. En Champions, donde han jugado 18 partidos juntos, sus asistencias combinadas no superan las 6, y ninguna en fases eliminatorias, evidenciando una falta de lectura mutua que Xabi intenta corregir con rotaciones.
Vinicius recibe en banda izquierda con 2,8 defensas cerrando (el lateral + interior + central), lo que le obliga a regatear en espacios reducidos y retiene el balón 2,4 segundos más que en 2022 antes de soltar. Mbappé, mientras tanto, se desmarca al espacio central pero sin referencia en el segundo palo, lo que reduce sus recepciones en ventaja a 0,9 por 90 minutos. La presión rival en bloque medio fuerza al Madrid a atacar por fuera, donde solo el 14 % de los centros encuentran rematador (Opta), y la falta de rotación interior-exterior entre Vini y Mbappé hace que se estorben, ya que ambos gravitan al mismo pasillo izquierdo, colapsando el ataque y dejando al equipo mal parado.
Mbappé debe ser un 9 que fije, Vini un extremo que desmarque y Güler o Bellingham cumplir esa función de interior que rompa líneas. Así, la dupla más popular del mundo será decisiva en las grandes citas.
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En algunas ocasiones, cuando la soledad pasa de confortable blindaje a condición asfixiante e incómoda, servidor comete la imprudencia de dejarse caer por un bar para ver algún partido de Copa de Europa. A menudo recurro al mismo establecimiento, uno de esos con barra de chapa en los que la oficialidad de las sentencias, en su mayoría condenatorias, depende del palillo en la boca antes que del martillazo del juez. Hay algo de masoquista en esta costumbre, puesto que el local constituye el hábitat natural de una pareja de antimadridistas que gustan de compartir su inclinación con todos los parroquianos. El otro día, en la derrota frente al Liverpool, uno de ellos, que siempre porta la camiseta con los colores del equipo rival -sin importar la procedencia: ciertamente tiene su mérito-, alentaba a su club circunstancial -“¡tiraos al suelo! ¡Hasta el minuto 85 no saques!”- mientras el otro, gafas de pasta y pelo ensortijado, aullaba encadenando chupitos con cada ocasión de los reds.
Los indocumentados suelen asumir, con esa ligereza ridícula del que nunca ha sentido vértigo real, que ser del Madrid es lo fácil. Como si uno se apuntase a un club de vacaciones. Según esta gente, la vida del hincha merengue consiste en cabalgar a lomos del caballo ganador, vivir en la abundancia sin esfuerzo, disfrutar sin riesgo… En fin, todos los clichés del sempiterno estribillo. Pensaba en ello tras el pitido final, al observar a los madridistas saliendo del bar en silencio, con las manos en los bolsillos, rumiando su amargura y perdiéndose en el frío de noviembre. De todas las mentiras que acompañan a nuestro club, creo sinceramente que la más persistente, la más perezosa y, en definitiva, la peor, es la que presenta el madridismo como una existencia plácida. Cuando la realidad se corresponde, por el contrario, con un perpetuo filo de la navaja.
Que las victorias del madrid funcionen como una especie de absolución privada, de reparación íntima. Que nos deje a salvo de los lunes, de las facturas, de las horas muertas, de la enfermedad
Lo hemos dicho mil veces, así que no vendrá de una más. Aquí no hay relato que amortigüe la caída, no hay épica del perdedor, no hay refugio literario en el “casi”, no hay belleza en el fracaso: solo hay ruido, furia, y un silencio, incómodo y paradójico, en mitad del griterío que forman los oportunistas. Los enteraos y los del marketing nos repiten -con ese paternalismo tan de tertulia- que el equipo del pueblo es otro. Por ejemplo, ese que ha hecho de la derrota un manifiesto y del infortunio una identidad. En absoluto. Los pobres -los de verdad- no pueden ser del Aleti. Ser del Aleti es un lujo sentimental, una excentricidad de quien puede convertir una goleada en poema, un capricho bohemio, una tournée du Grand Duc, una forma de diletantismo urbano: el arte de perder con encanto. Hace falta tener el alquiler pagado para convertir la impotencia en filosofía. El Madrid, en cambio, es el equipo de quien, a menudo por las desdichas que le acosan en su rutina, en el fútbol no puede permitirse perder también. Sin margen para el error, sin red bajo el alambre. Proletario de la victoria, obrero del resultado. C.C. Baxter y su apartamento ( https://www.lagalerna.com/comedia-dramatica-en-tres-colores/ ).
Esta innegable circunstancia a veces tiene consecuencias indeseables: esas oleadas, mezcla de azufre, salfumán y vinagre, que se desbordan tras cada resultado decepcionante. Hay una desproporción innegable entre lo corrosivo de la crítica y la relevancia real de las derrotas puntuales. Resulta inconcebible que el madridista medio, atado a unas desmesuradas expectativas y a una exigencia fuera de control, se haya habituado a vivir de esa forma. Y, sin embargo, así es. Aunque haya quien se resista y quiera poner algo de cordura: dice mi estimado Jesús Bengoechea que no se le puede pedir al Madrid que solucione los fracasos de tu vida. Racionalmente, tiene toda la razón. Pero es que es justo eso lo que tantísimos madridistas le pedimos a la institución. Le pedimos que nos redima cada tres días, que nos mantenga a flote, que ponga orden donde todo es incertidumbre. Que sus victorias funcionen como una especie de absolución privada, de reparación íntima. Que nos deje a salvo de los lunes, de las facturas, de las horas muertas, de la enfermedad. Y, cuando no lo hace, algo dentro del mundo -y de uno- parece venirse un poco abajo.
Desde luego, convendría matizar todos esos anhelos con una pátina de madurez. Solo desde la templanza, y no desde el puro arrebato o la ensoñación, se pueden hacer planificaciones coherentes, enderezar rumbos, corregir errores. Al fin y al cabo, no podemos pretender huir del romanticismo indulgente de la derrota para acabar cayendo en otro romanticismo, el de un perfeccionismo impostado y autodestructivo. El Madrid es también, y ante todo, una voluntad de mejora y de reconstrucción a prueba de todo tipo de coartadas y de frustraciones. Cuando Baxter se quedaba solo recogiendo los vasos sucios, tratando de reparar su maltrecha dignidad, se obligaba a sonreír para no parecer roto.
Me temo que ser del Madrid no es nada fácil. Requiere establecer un complicado equilibrio entre el pudor, la fascinación y la resistencia, entre la ilusión contenida, la sensatez y el cansancio orgulloso. Y, pese a todos los antis, aquí seguimos: esperando, reclamando, creyendo. No, no se le debe pedir al Madrid que arregle tu vida. Pero al final uno se acaba encogiendo de hombros al salir del bar, levanta la vista hacia el próximo partido y piensa que, si no es al Madrid, entonces a quién coño se lo vas a pedir.
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Buenos días, queridos galernautas. Vuelve a ser viernes y nos aproximamos peligrosamente a otra jornada de la MLN (Mugrienta Liga Negreira). A fuer de sinceros, hemos de confesar que la derrota contra el Liverpool en nuestra competición favorita nos causó un bajón considerable. La mente humana, siempre prodigiosa, desarrolla mecanismos de defensa para situaciones complicadas, en este caso, buscar de manera casi automática un nuevo afán o ilusión tras un disgusto. Como diría mi abuelo, no deja de tener material colgante que, al menos en esta ocasión, nuestro bálsamo de Fierabrás sea la referida MLN.
El diario Marca nos muestra a nuestro titán de ébano, don Antonio Rüdiger, en un primerísimo plano, y se nos informa de que ya hay conversaciones para prorrogar su vínculo con el Real Madrid, pues el actual concluye a finales de esta temporada. Ha habido casos sobrados de jugadores legendarios a los que se ha echado de más, sobrando en sus trayectorias, por lo menos un par de temporadas en nuestro club. La política actual del club es no ofrecer la extensión de los contratos por periodos superiores a una temporada a los jugadores cuya edad rebase la treintena. Sentido común en extracto. No por coincidir con ese criterio de prudencia en la administración de nuestro club dejamos de querer un ápice a Rüdiger, cuyo rendimiento, carácter, acierto en los lanzamientos de penalti y capacidad de elevar las rodillas hasta los lóbulos inferiores de las orejas otorgan un lugar preponderante en el santoral madridista más reciente.
Hablando de santos, venerables y beatos, el Diario Anteriormente Dirigido por Relaño, y ahora por José Félix Díaz, pone en portada a San Teobaldo de Bree, es decir, nuestro Tibu Courtois con gesto victorioso y de rabia, como diciendo “aquí estoy yo en el lado bueno de la historia”. Enuncia el redactor “Courtois, apuesta feliz”. Si fichar a Courtois es una apuesta, tiene menos emoción que pescar en un barril o bailar con la hermana propia, pero allá cada uno con su nivel de autoexigencia al diseñar sus portadas.
No llevamos una semana como para ditirambos léxicos, así que, sin solución de continuidad, saltamos a la prensa cataculé. Salta la alarma en las oficinas del Mundo Deportivo, diario de Conde de Godó, Grande de España. No tenemos pruebas, aunque tampoco dudas, de que alguien muy madridista se ha infiltrado en la redacción y ha sido quien ha escogido, con simpar tino, la imagen de Lamine Yamal que ilustra la portada del día de hoy. Ese y no otro ha de ser el motivo para la elección de semejante fotografía, en la que, más que el fenomenal e inmaduro extremo culé, pareciera tratarse de un individuo disfrazado de flash de naranja y, a la vez, cliente recurrente de Ortopedias Domínguez.
Sport nos muestra en su cabecera algo que debe estar generado por ordenador, pues nos consta que su estadio oficial no está en esas condiciones actualmente. Adicionalmente, se sobreimpresiona una letra de una canción que bien pudiera ser de Sau, Serrat o una creación de Cañita Brava en uno de los múltiples idiomas en que se desenvuelve en su incomparable carrera musical. Lo enternecedor está en la esquina superior derecha, en la que parece que hay conjura en el equipo barcelonista de baloncesto para “acabar con la dictadura blanca”, que en román paladino significa que hay un Negreira de canastos y lo han contratado. Que se tienten la ropa Scariolo y nuestros chicos.
Pasad un excelente día y, si vais a ver a los nuestros de baloncesto, cuidado con las carteras, cerrad los cajones y coged piedras.
El Real Madrid perdió en Anfield, y sólo fue por un gol gracias a que Courtois salvó los muebles con paradas prodigiosas. Nadie va a esconder esto: el partido fue decepcionante, y nos mostró que, hoy por hoy, aún no estamos al nivel necesario para poder competir en Europa. Queda mucho trabajo por hacer.
¿Quiere esto decir que el equipo no valga para nada? ¿Renunciamos ya a toda la temporada? ¿Xabi es muy mal entrenador? ¿Este equipo es exactamente el mismo desastre que vimos la temporada pasada? La verdad es que, viendo la reacción de la afición, incluidos comentarios en la propia Galerna, la respuesta a todo lo que pregunto parece ser afirmativa, el proyecto ya ha fracasado y hay muchísimos jugadores que hay que vender porque no tienen nivel para jugar en el Real Madrid.
Vayamos por partes. Para empezar, en Anfield la primera parte no fue un desastre completo, como ahora se quiere vender. Es cierto que ya apareció Courtois en ese periodo, pero sólo hubo una ocasión dentro del área, siendo el resto tiros desde fuera. En el descanso no teníamos una sensación de hecatombe. Vi al equipo plantado de forma correcta, ejecutando el plan colectivo, y mal a nivel individual.
Decir que al Liverpool le va mal en la Premier, y que por tanto somos una banda al no haberles ganado, no me parece serio. En este tipo de partidos, con dos equipos de élite a nivel europeo, de poco vale el momento en el que llegan
La segunda parte ya sí fue un desastre. Salvaría, aparte del citado Thibaut, a Carreras,Tchouameni y Militao. No me pareció que Vinicius Jr lo hiciera mal, sobretodo en los primeros 45 minutos, pero lo estuvo intentando sin parar, aunque no le saliera, y a nivel defensivo hasta se ganó una tarjeta. Horrores totales me parecieron Huijsen, Güler, Mbappé (aunque a partir del 74 empezó a aparecer) y Bellingham (aunque hizo la única jugada buena de la primera parte). Camavinga tampoco hizo un buen partido, pero hay que decir en su descargo que cambio hasta tres veces de
posición, y eso no ayuda. Valverde muy bien a nivel físico, pero sin aportar nada en ataque.
Decir que al Liverpool le va mal en la Premier, y que por tanto somos una banda al no haberles ganado, no me parece serio. En este tipo de partidos, con dos equipos de élite a nivel europeo, de poco vale el momento en el que llegan. El Liverpool ejecutó un partido con una presión asfixiante durante los noventa minutos, a un nivel físico brutal, como no lo habían hecho en toda la temporada. Por favor, que era el Liverpool y era Anfield.
No creo que Xabi Alonso fallara en el planteamiento. Tampoco estoy para nada de acuerdo
en la opinión casi generalizada de que el equipo muestra lo mismo que el año pasado. Yo veo un equipo que se
posiciona mucho mejor en la presión, en el que hay más ayudas de los de arriba. Una escuadra en la que se
defiende a todo el campo, y con una idea ajustada de cómo hacerlo. Son 13 victorias de 15 partidos, con 7 porterías a cero.
Creo que la defensa a nivel colectivo no está siendo un problema, si bien el juego aéreo, sobretodo a balón parado, es una condena y hay que trabajarlo. Este año hemos cambiado la forma de defender esas jugadas: en lugar de ver emparejamientos hombre a hombre, parece que se defiende por zonas. De hecho vimos a Vini charlando con Van Dijk en el córner en el que casi nos marca, y mucha gente dio por hecho que estaba emparejado con él, lo que en sus cabezas era inexplicable. No es así, Vini estaba allí para incordiar su inicio de carrera, y las defensas se están haciendo zonalmente. Creo que no está funcionando. Seguramente el cuerpo técnico está más preocupado que nosotros, y no tengo dudas de que se trabajará en ello.
Luego están las barbaridades que se han dicho de Mbappé: que no vale para los días grandes, que es el cáncer de este equipo, que ha estropeado todo, que antes el Madrid funcionaba como grupo y desde que llegó él ya no... Por supuesto, que tampoco funcionaba el PSG con él y fue irse él y ganar la Champions los de Luis Enrique. Me parecen argumentos infantiles de gente que no analiza el fútbol.
El PSG jugó una final con Kylian, sobretodo gracias a él, y la perdió por la mínima contra un Bayern que era un portento físico, con Flick al mando. En su último año en París, con Luis Enrique de míster, perdieron las semifinales contra el Borussia sin que aún nadie sea capaz de explicarlo: hicieron seis postes y fueron un vendaval en ataque. Lo normal hubiera sido que se metieran en la final, y estoy seguro que habrían sido un rival mucho más complicado para el Real Madrid de lo que lo fue el Dortmund.
Xabi está trabajando en la dirección correcta, y no puede hacerse a estas alturas una enmienda a la totalidad. Ni el día del Barcelona éramos campeones y el mejor equipo del mundo, ni ahora somos el peor
Respecto a los partidos grandes, el año pasado salió en la final de Copa contra el Barça y casi la gana él solito (recordemos que no fue titular porque venía de lesión y no estaba fino), al City le hizo 3 goles, y en liga contra el Barça le anulan en el Bernabeu dos goles por el famoso frame, y en Montjuic marcó otros dos que sí valieron. Este año contra el Atleti hizo gol y asistencia, y contra el Barça estuvo sublime. También hay que recordar que es el delantero y que, si no le llegan balones porque no hay juego, no podemos exigirle que baje a generar él todo, cuando el equipo contrario defiende en bloque bajo. Nuevamente, seamos serios. Ayer jugó muy mal y se dice. Creo que todos tienen derecho a hacer un partido nefasto. Aunque del 74 al 90 cogió el balón e hizo alguna diablura, no estuvo, ni de lejos, a su nivel, pero no es como para denostar lo conseguido hasta el momento por el francés, ni muchísimo menos.
Decíamos, y se vio en Anfield, que nos falta fútbol, y está por ver si los jóvenes que tenemos, como Güler, conseguirán darnos lo que necesitamos también en partidos de alta exigencia física y con presión asfixiante, o si tenemos que acudir al mercado. Tchouameni está a gran nivel y parece insustituible pero en el Parque de los Príncipes el Bayern, que está siendo el mejor equipo de estos momentos en la Champions junto al Arsenal, jugó con un 4-2-3-1, siendo la línea de 3 Luis Díaz, Gnabry y Olise, y Kane como punta, y por detrás en el centrocampo, en esa línea de 2, Pavlovic y
Kimmic. Ganaron por 1-2, pero en la primera parte iban 0-2 y barrieron del campo al PSG. ¿Puede alguien buscar al equivalente a Tchouameni en dicha alineación? No lo hay, porque hay muchos equipos que hoy en día no juegan con mediocentros defensivos. El PSG tampoco tiene un medio estrictamente defensivo. A lo mejor si jugamos con Nico Paz, Jude Bellingham y Vitinha no necesitamos ni a Tchouamenis, Camavingas, ni nadie defensivo. A lo mejor podríamos reconvertir para siempre a Aurélien en central. No lo sé, pero creo que el problema en Anfield ha sido a nivel individual, que hay un problema de mentalidad y que se vienen abajo ante presión muy alta y adversidades, sobretodo fuera de casa en campos que aprietan mucho. No sé si terminaremos resolviendo con los jugadores que tenemos o harán falta otros, pero creo que Xabi está trabajando en la dirección correcta, y no puede hacerse a estas alturas una enmienda a la totalidad. Ni el día del Barcelona éramos campeones y el mejor equipo del mundo, ni ahora somos el peor. No puede ser que un día Huijsen sea el mejor central del momento, y al día siguiente un piernas. Y claro que Xabi se equivoca, el martes por ejemplo no encontró soluciones, pero se merece la misma paciencia que sus futbolistas. A mí pueden chocarme algunas de sus decisiones, pero supongo que todo tiene un motivo.
Tengo claro que en este club lo peor de todo es la afición, que atiza al equipo haga lo que haga, y cuando sale mal un partido es la debacle del siglo. No hay paciencia. Miles de aficionados dicen saber más que el entrenador, al que ponen pegas a la primera de cambio y llaman de todo por no saber hacer lo que ellos tienen todos muy claro.
Terminaré dando algunos datos: el Madrid de Mourinho perdió el 29 de noviembre de 2010 (es decir, casi un mes más tarde que ahora) por 5-0 en el Nou Camp. Seguramente no os acordáis de todo lo que se dijo por parte de los aficionados respecto al portugués, pero nada bonito. La segunda parte de la temporada consiguió mejorar y ganamos la final de Copa, pero la temporada realmente buena fue la segunda, con el Madrid de los récords. Ese 29 de noviembre citado, nadie veía nada positivo en el equipo. El PSG, en la primera temporada de Luis Enrique, aunque mereció llegar a la final de la Champions no hizo un gran fútbol en muchos momentos, y se le criticó que volvía loco al equipo. Parecía que lo echaban. Veamos la segunda temporada, que fue la pasada: hasta el mes de enero, el PSG estaba bastante mal, coqueteando incluso con no clasificarse más allña de la fase de grupo de la Champions. A partir de enero, fue una máquina perfectamente engrasada. Kompany no parecía el entrenador adecuado para el Bayern el año pasado, y hasta este momento está siendo el mejor equipo de Europa junto al Arsenal, como dijimos antes.
A ver si aprendemos a tener calma y a no montar incendios al primer contratiempo. Es increíble la poca paciencia que tenemos, así como la cantidad de entrenadores tremendos que se ha perdido el mundo del fútbol, genios que se han quedado en el sillón con una cerveza en la mano haciendo el cuñado en lugar de ir al Bernabéu a hacer lo que mejor saben.
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Buenos días, amigos. Hasta hace poco, distinguíamos entre árbitros españoles y árbitros europeos. Los primeros eran (son) los herederos naturales de Negreira, hijos nefandos de un sistema corrupto tras décadas de pagos del FC Barcelona a su cúpula, pagos que quién sabe si no se seguirán produciendo de un modo u otro a pesar de que Negreira ya no anda por ahí.
Los segundos, los árbitros europeos, nos parecían esencialmente libres de sospecha, en cambio. Pocas cosas más corruptas que la UEFA, sin que Ceferin haya permitido al menos que esa putrefacción se filtre al estamento, nos decíamos. Los colegiados UEFA se equivocan, como todos, pero no se observa una tendencia, un patrón sospechoso.
A lo mejor hay que revisar esta percepción de las cosas a la luz de los últimos arbitrajes que viene gozando el club cliente de Negreira, y muy en particular del que ayer le brindó la victoria de la manera más descarada, escamoteándosela a un Brujas cuya afición, indignada, prorrumpió en gritos de “¡Mafia! ¡Mafia! ¡Mafia!” al término del partido. Puesto en el contexto de la nueva relación de amor Laporta-Ceferin, este nuevo escándalo dispara las sospechas hasta lo más alto del apestómetro.
Corría el tiempo de descuento del Brujas-Barcelona, con 3-3 en el marcador, cuando Szczęsny se hizo en un lío en un saque de puerta, posibilitando el que un delantero del equipo belga le robara impiamente el balón y marcara gol. No hay falta al portero polaco del club cliente de Negreira por ninguna parte, y sin embargo el VAR, de manera estupefaciente, llamó al colegiado inglés Taylor para que acudiese al monitor, cosa que hizo con presteza para anular el tanto.
Inconcebible. O quizá demasiado concebible conociendo los precedentes.
El atacante ni siquiera toca a Szczęsny, que se desparrama sobre el suelo en el más puro estilo Masía pese a ser natural de Varsovia, en el desesperado intento de lograr que el tanto se anule por falta. Le sale bien el ardid para bien de Ceferin, de quien se cuenta que tiene en Eslovenia ambiciones políticas que se ven en riesgo por ciertas informaciones que Laporta tiene sobre él. Los personajes del hampa es lo que tienen: a mucha gente cogida por los cataplines. O quizá es simplemente que hay un Euronegreira en la sombra, maniobrando en favor de los intereses blaugranas.
Para la prensa cataculé, como veis, nada de eso sucedió. Omiten la información al más puro estilo Pravda o televisión norcoreana. Todo es Lamine Yamal, que volvió de su sequía goleadora (que es una sequía eterna, por cuanto entre los indudables méritos técnicos del jugador no se cuenta el aspecto realizador) marcando el gol del empate. De la cosa arbitral, chitón. Por cierto, ya nos han llegado imágenes de estraperlo del geniecillo de los brakets burlándose del público belga, pero como no es brasileño ni viste de blanco se trata de imágenes que no verán la luz en medios de comunicación masivos. Vivimos en una omertà permanente. Ni siquiera en el caso (imposible, por supuesto) de que un club hubiese sobornado a la cúpula arbitral durante varias décadas, hablaría la prensa de este particular.
Marca, cada día más conocida como Marça por el pueblo soberano, que suele tener argumentos de peso para decir las cosas que dice e inventar los sobrenombres que inventa, se rinde también a los pies de Lamine, que para eso el diario dirigido por Gallardo es el máximo representante de la Central Lechera (?) en la piel de toro. “El brujo es Lamine”, titulan, en agudísimo juego de palabras con el nombre de la ciudad donde se obró el atraco. Marca sí menciona el gol anulado a los locales, pero tilda la jugada de “acción al límite” de Szczesny. Suponemos que se refieren al límite entre el teatro amateur y profesional sobre el que tanto escribieron Nicholson, Holdsworrh y Milling.
Y finalizamos con As, que por lo menos tiene la deferencia de indicar, bien es cierto que de manera harto descomprometida, que hubo una “polémica por un gol anulado a Vermant en el descuento”.
En realidad, amigos de As, polémica no hubo ninguna. Para que haya una polémica, ha de haber una discrepancia de pareceres, y todo el mundo sin excepción coincide en que la anulación de ese gol representa un espolio de primera magnitud. La diferencia estriba en cómo enfrentarse a esa verdad incontrovertible de cara a los propios lectores. Así, por ejemplo, Sport y Mundo Deportivo la ignoran, en el entendido de que aquello de lo que no se habla no existe; Marca lo tilda de “jugada al límite”, prodigioso eufemismo; As habla con algún cinismo de “polémica”; y luego está La Galerna, que te cuenta las cosas como son, se sienta en la grada vacía del estadio del Brujas y entona el eco retrospectivo de sus seguidores ayer.
Pasad un buen día.