Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días. Imaginad que un buen día llegáis a una sucursal bancaria. Sin violencia, os hacéis con el control de la misma y con todo el dinero. Años después, alguien os denuncia y el juez sentencia que os habéis apropiado del banco, pero el delito ha prescrito, por tanto, todo sigue igual. Décadas más tarde, contactáis con un gran fondo de inversión y le vendéis, a precio de mercado, parte del banco que previamente habíais robado. Os embolsáis un suculento beneficio económico y además os mantienen en el puesto de director de la sucursal. El atraco perfecto, ¿verdad?

Lo sucedido con el Atlético de Madrid, salvando las distancias, guarda similitudes. En 1992, todos los clubes que presentaran pérdidas tuvieron que convertirse en SAD. Con el conjunto colchonero, el proceso exigía una ampliación de capital de 2.000 millones de pesetas. Jesús Gil, su hijo parrillero y Cerezo consiguieron que el CSD les adjudicara las acciones sin haber puesto, de facto, ni un duro, simplemente presentando como aval supuestas aportaciones anteriores al club, infladas y sin justificación documental válida. De ese modo se quedaron con el 95% de una entidad que apenas llevaban cinco años presidiendo. Algo así como si el administrador de una finca se apropia de ella alegando que ha cambiado una bajante y un par de bombillas del portal, y los propietarios se quedan con un palmo de narices y sus escrituras como posavasos.

La prensa hizo mutis por el foro. Y la mejor afición del mundo se conformaba con ganar al Madrid de higos a brevas o simplemente con que el equipo blanco perdiera algún partido que a ellos no les afectaba. Solo la asociación Señales de Humo denunció.

Compraron por cero, venden por miles de millones y siguen al mando. El atraco perfecto

En 2003 la Audiencia Nacional declaró nula la adjudicación de acciones, la conversión en SAD fue fraudulenta porque ni Gil ni Gil Marín ni Cerezo aportaron dinero, como exigía la ley. En 2004 el Supremo ratificó la nulidad y ordenó que las acciones fueran devueltas a los socios para repetir el proceso de conversión conforme a ley. El CSD no ejecutó la sentencia, argumentó «dificultades técnicas».

En 2010 La Audiencia dictó un auto ordenando cumplir el fallo del Supremo. El CSD siguió silbando. En 2013 el Supremo reiteró que debía ejecutarse la nulidad, pero no estableció mecanismos para ello.

En 2017 se archivó por prescripción.

En 2025, Gil Marín y Cerezo venden aproximadamente el 55% del club apropiado indebidamente por unos 2.500 millones de euros. El atraco perfecto.

Todo lo anterior son datos. En una sociedad no enferma, la portada del diario más leído denunciaría la estafa. Pero hay cosas que no cambian: el agua moja, todos los cominos llevan aroma y Marca ensalza a quienes se posicionan al margen de la ley y castiga a quienes denuncian los delitos. Normalmente porque quienes tienen querencia a la corrupción suelen manejar más dinero.

Los de Gallardo no solo no ponen pega alguna, sino que su frontispicio parece perpetrado por el propio Gil Marín —disculpadnos, pero a Cerezo no lo imaginamos haciendo otra cosa que no sea admirar pitones—. «El Atlético da el gran salto. Apollo Sports Capital, nuevo socio mayoritario del club. Gil Marín y Cerezo seguirán al frente de la gestión como accionistas minoritarios».

Compran por cero, venden algo más de la mitad por miles de millones de euros, se aseguran seguir mandando y aún se reservan acciones para seguir enriqueciéndose en el futuro.

Al igual que nuestro editor Jesús Bengoechea, nos preguntamos qué siente la afición del Atlético de Madrid.

Yo sé que los atléticos no me van a responder porque van a pensar que mi pregunta no es constructiva, pero ¿qué se siente cuando unos tipos se quedan con tu club sin pagar y, años después, lo re(¿?)venden con una plusvalía que es de Precio de Venta 💰💰💰💰💰💰💰- Precio de… https://t.co/Sx4sI8H2S2

— Jesús Bengoechea (@JesusBengoechea) November 10, 2025

La afición está centrada en insultar a Vinícius. Y la parte del Frente Atlético en hacer cosas de nazis.

Lo de Marca, como decíamos, es lo habitual. El año pasado, cuando al Madrid le birlaron la liga en aquellas tres jornadas consecutivas infernales y el club denunció los hechos, publicó aquella portada del puzle con todos los equipos de la liga menos el de Florentino, que se quedaba fuera por el atrevimiento mostrado al denunciar la corrupción del sistema (que me quedo sin comer).

Con el caso Barça-Negreira no hace falta repetir el nulo foco puesto por Marca. Quien es amoral, es capaz de convertir a la víctima en victimario a cambio de una ayudita y no tener remordimiento alguno mientras luego se va de barbacoa o a jugar al pádel.

La portada de As es prima hermana de la de Marca. Asegura que «El acuerdo pretende “reforzar la solidez financiera y la competitividad deportiva” de la entidad». Maravilloso.

¡Que se apropiaron del club indebidamente y ahora lo están vendiendo a trozos por un pastizal! ¡Que sois periodistas y no veis nada raro en ello! ¿Os suena la ética profesional?

Sin embargo, para la prensa el que tiene deberes es Xabi Alonso. No vamos a negar que tiene trabajo por delante —un entrenador del Madrid siempre lo tiene—, pero llama la atención el silencio sobre el elefante en la habitación en contraste con la mención al técnico vasco.

Parte del madridismo tampoco ayuda mucho, prefiere hacerle el caldo gordo al antimadridismo, como expresaba ayer Jesús en Exigencia y mesura.

Os dejamos por aquí las portadas culés, por si no habéis tenido bastante con las publicadas en Madrid. El protagonista es uno que también desvalijó, de otro modo, las arcas de su club.

Pasad un buen día.

El domingo por la noche, tras el indigesto empate a cero del Madrid en Vallecas, el eximio tuitero Pablo Sobrado posteó uno de esos trinos suyos tan brillantes: sin palabras, ilustraba con dos fotos el efecto demoledor que tiene el banquillo del Madrid sobre una persona, en este caso su actual inquilino, Xabi Alonso, quien hace una semana, tras el 4-0 al Valencia, parecía haber dado con la tecla. En la primera foto Alonso luce moreno y sonriente. Es de sus primeros días como entrenador del Real Madrid. Estaba, y a todas luces se sentía, en la cima del mundo, top of the Rock. En la segunda foto, tomada en la sala de prensa del Estadio de Vallecas, Alonso, demacrado, enfrenta las preguntas de los periodistas con un evidente gesto de cansancio y, quizá, de desasosiego. Tiene, casi, una mirada de las mil millas y peor cara que Pedro Sánchez en una entrevista.

pic.twitter.com/n5eQBjDAwB

— Pablo Sobrado (@PabloSobrado7) November 9, 2025

El banquillo del Madrid es una auténtica trituradora de almas. Dijo una vez Valdano que un año en el Madrid son siete en la vida de los demás. Entrenar al Madrid es una profesión de altísimo riesgo. Implica un desgaste emocional y psíquico que siempre acaba somatizándose y reflejándose en el gesto. Hasta los más grandes y fuertes, hasta los caporales de la disciplina en el fútbol moderno, han terminado claudicando. El Vestuario del Madrid es una bestia con identidad propia, un ogro atemporal, un fantasma que habita en la caseta y que, con independencia de los jugadores y de la época, ejerce una influencia corrosiva en el ambiente. Heynckes pidió la baja a una semana de viajar a Ámsterdam y jugar la final de la Séptima, Capello quiso prejubilarse en diciembre de la liga de los milagros y Mourinho, que llegó al Madrid que parecía Don Draper, cuando se fue, vestía de Quechua…

En La sustancia, el personaje que interpreta Demi Moore vende su alma al diablo por ser más joven. Por supuesto, el cambalache tiene sus consecuencias. Cada entrenador que firma por el Madrid hace el mismo pacto con Lucifer y muy pocos, por no decir ninguno, salvo Zidane, son capaces de sobrevivir a un viaje semejante. Alonso, que en junio era joven, lozano, tenía ideas frescas, iniciativa y estaba envuelto en aires de revolución, parece ya un hombre exhausto al que la ciénaga ha atrapado.

Alonso, que en junio era joven, lozano, tenía ideas frescas, iniciativa y estaba envuelto en aires de revolución, parece ya un hombre exhausto al que la ciénaga ha atrapado

La causa fundamental de este estado de cosas es el engreimiento de los futbolistas. Da igual la época de la que se trate. Los Galácticos liquidaron incluso a Florentino, al primer Florentino Pérez, que es lo más parecido a Júpiter que vamos a ver nunca. Pero no es, como digo, una particularidad del florentinato. Viene de antes. Los jugadores del Madrid son, desde los años 90, como la guardia pretoriana del Bajo Imperio romano, que ponía y deponía césares que daba gusto y en función de cómo soplara el viento. Los jugadores saben que tienen el poder por más que el propio presidente Pérez proclamase en 2009 «haber aprendido». Así las cosas, el entrenador de turno debe aprender a lidiar con esto como tarea fundamental de su labor en el Madrid o, sencillamente, asumir que será despedido en unos pocos meses. Según la personalidad del míster, así duran más o menos. Los que más duran son los más inteligentes, emocionalmente hablando: Del Bosque, Ancelotti y Zidane tenían mano izquierda pero, sobre todo, autoridad moral y ascendiente sobre el equipo. Otros, como Camacho, Benítez o Lopetegui, tardaron en picar el billete lo que dura un caramelo en la puerta de un colegio. Suele ocurrir que los que más fama de tacticistas y estudiosos tienen son los que, en realidad, más rápido se largan.

Benítez y Modric

En Xabi se daban varias circunstancias a priori positivas. Es un exfutbolista de talla internacional, con títulos, palmarés y carisma como mediocentro regista que dicen los italianos. Venía avalado, además, por un gran éxito como entrenador, nada menos que romper la hegemonía infinita del Bayern en la liga alemana y en su primera experiencia profesional. Se supone que Alonso conoce el paño porque él ha formado parte de un vestuario especialmente complejo, el de la transición del difícil comienzo del segundo florentinato al triunfo de la Décima; caseta con la que no pudo Pellegrini, que había hecho menos que él, y que drenó la proteica energía de Mourinho hasta consumirlo.

Tampoco es para tanto: el lamentable empate a cero en casa del Rayo Vallecano es una calcomanía del mismo partido que hemos visto tantas y tantas veces antes, en todo tipo de momentos y bajo todo tipo de sistemas

Pero el Madrid es el Madrid en todo. La picadora de carne parece formar parte de su cultura contemporánea, un esquizofrénico carrusel que del albañal lo mismo sube hasta la final de la Copa de Europa. Hubo un emperador bizantino que todavía llevaba los hierros del patíbulo clavados al tobillo cuando se sentó en el trono, no se me ocurre una mejor definición gráfica de lo que es entrenar al Madrid. Tampoco es para tanto: el lamentable empate a cero en casa del Rayo Vallecano es una calcomanía del mismo partido que hemos visto tantas y tantas veces antes, en todo tipo de momentos y bajo todo tipo de sistemas. Al ganar al Barcelona el Madrid parecía estar encarrilado hacia el buen camino y resulta que hoy, ni un mes después, todo es ruido de sables. ¿Alguien puede aclararse en este manicomio? Hay quien dice que a Alonso le están haciendo la cama y, la verdad, ¿quién podría decir que no? Tampoco es posible afirmarlo. Hasta ahora, el equipo va líder y ha mostrado claros síntomas de mejoras acompañados de inmediatos retrocesos que inducen a pensar que la liga se ganará, con mayor o menor dificultad, pero que en Europa el equipo está en agraz, como se decía antes de la uva.

Pero por su cara, Alonso parece ya consciente de que al fichar por el Madrid, no vino sólo a entrenar a un equipo de fútbol. La exposición, en un club universal, es tan abrasadora que sólo los locos, los cenobitas y los iluminados están preparados para soportarla.

 

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Entre el partido de Liverpool y el de Vallecas, sólo han pasado cuatro días, pero uno esperaba un cambio radical de los jugadores y a un Xabi que hubiera tomado nota de todo. El partido que han hecho en Vallecas los jugadores ha sido, si cabe, mucho peor que el que el del martes. Xabi ha estado peor todavía, y la sensación es de un equipo que se le va de las manos. Es preocupante. El Real Madrid ha hecho un partido nefasto.

A decir verdad, se han ido viendo cosas preocupantes desde septiembre, pero contra Barça y Valencia se apreció un juego más coral y preciso, más rápido, y dimos por hecho que se habían hecho los ajustes correspondientes. Por este motivo pensé que lo de Anfield se debía más a que no tenemos jugadores muy hechos en zonas claves, con poca experiencia e incluso miedo. Visto lo visto ayer en la Avenida de la Albufera, el problema es bastante más grave de lo que parecía.

El único jugador que ha estado a la altura de intensidad y actitud todo el partido ha sido Asencio, y quizás Güler que ha estado implicado. También Militao ,cuando ha salido, ha estado como es habitual en él. No puedo rescatar mucho más del resto del equipo.

Es cierto que no hubo problemas defensivos, pero a la hora de generar juego la cosa ha sido esperpéntica. Mirando como estaba plantado el equipo a la hora de sacar Courtois, había veces que no veías jugadores suficientes apoyando el saque, con Carreras demasiado arriba, Valverde desubicado, los dos centrales cerca del portero, y Güler que se acercaba a recibir. Era imposible sacar el balón jugado desde atrás, el equipo se veía muy partido en el campo, con las líneas muy separadas.

Se fallaban infinidad de pases, muchos de ellos muy fáciles. A veces ni se intentaban, y viendo la cara de los jugadores parecía que era por miedo a intentarlos. Camavinga ha perdido balones sin parar, y no ha tenido la actitud correcta en ningún momento. No se veía un mínimo de combinación en el medio campo, un juego enlazado y progresivo. Ceballos lo ha intentado cuando ha salido, pero creo que fallaban tantas piezas, y los cambios han sido tan malos, que no ha servido de mucho.

Kylian no se ha mostrado en ningún momento, no ha sido ninguna referencia. Vini empezó intentándolo pero ya está, de ahí no pasó. Brahim directamente no hizo nada, y es preocupante que a un jugador que no es habitual no se le vea el hambre.

Cuando fallan tantas cosas, y tantos jugadores, hay que mirar directamente al entrenador. Y lo más preocupante de Xabi es que la meritocracia, que parecía haber llegado al equipo en el Mundial de Clubes, parece haberse ido por el sumidero

En la presión la cosa ha sido peor porque, cuando iba a sacar Batalla, yo veía a Güler y Bellingham haciendo la presión que debían, y a Vini y a Mbappé como si con ellos no fuera la cosa. Si los de arriba no hacen bien la presión, por atrás van saltando fallos en cadena, porque muchos saltan a la presión y se adelantan, porque ven que el de arriba no lo hace. Al final el Rayo siempre tenía 1 ó 2 jugadores libres para sacar el balón desde abajo con bastante tranquilidad, y a medida que avanzaban había un autopista en ambas bandas. Y no sólo fallaba la presión: en el repliegue defensivo, Kylian y Vinicius parecía que ni estaban en el campo.

Cuando fallan tantas cosas, y tantos jugadores, hay que mirar directamente al entrenador. Y lo más preocupante de Xabi es que la meritocracia, que parecía haber llegado al equipo en el Mundial de Clubes, parece ahora haberse ido por el sumidero. El tener a todos implicados del principio se ha convertido en que juegan 12 ó 13 jugadores y el resto no cuentan, sin que esto tenga que ver con méritos.

A Rodrygo se le debería haber buscado una solución hace un año. Ceballos debería jugar de titular porque no hay fútbol. Valverde, que para mí es un jugador top y un referente, al que poco se le puede criticar, parece desligado del juego últimamente. Es completamente incomprensible que Mbappé no haya descansado nada, sobretodo teniendo a gente como Gonzalo y Endrick. ¿No puedes poner de titular hoy a Gonzalo? Mbappé parece estar fundido, porque lo juega todo, y si me dijeras que tenemos unos tuercebotas para sustituirlo lo podría entender, pero es que Gonzalo juega muy bien al fútbol: se asocia, presiona, está en el sitio indicado siempre, es buen cabeceador, fija la defensa rival y siempre tiene la actitud correcta. Endrick es un cohete: el los 9 minutos que hemos podido verle, se comía el césped, y tuvieron que pararlo en falta.

Endrick, un gol cada 80 minutos

Además, tanto en Anfield como en Vallecas, sacas a Trent que tiene un guante en el pie para que remate… ¿quién? Si sacas a Trent en los minutos finales para buscar un gol, es obligatorio sacar a Gonzalo para ver si engancha alguna, como contra la Juve en el Mundial.

Da la sensación que el equipo se le está yendo de las manos al tolosorra y es demasiado pronto para ello. Si ves que Kylian está haciendo un partido tan malo, lo tienes que sentar, porque me da la sensación de que aquí el tema de castigar a los jugadores por no desempeñarse como deben sólo se ha hecho con Vinicius, y ahora ni eso.

Creo que es todo reconducible, porque al equipo lo veo bien plantado para defender, y lo único que hay que hacer es dar un puñetazo en la mesa y mostrar quién manda a los jugadores para que se impliquen. Y, si hay que sentar a alguien importante, se le sienta

Xabi empezó siendo ese entrenador y enseñando que no tenía problemas en sentar a cualquiera, y ahora parece todo lo contrario. Creo que es todo reconducible, porque al equipo lo veo bien plantado para defender, y lo único que hay que hacer es dar un puñetazo en la mesa y mostrar quién manda a los jugadores para que se impliquen. Y, si hay que sentar a alguien importante, se le sienta. Y si hay que venderlo, se le vende, pero hay que coger al equipo por la pechera para que no se te vaya. No sé donde está el problema, y espero que no sean órdenes de arriba dejando a los jugadores acomodarse a sus anchas.

Así pitó Martínez Munuera

Por último, no quiero dejar pasar por alto otra parte del juego importante: el arbitraje de esta Mugrienta Liga Negreira. En el minuto 22 le hacen un penalty a Jude Bellingham de libro que puedo entender que no vea el árbitro, pero que es imposible que el del VAR no lo vea. Si lo pitan y lo transformas, el partido puede cambiar muchísimo con un 1-0.

Además, he visto infinidad de ligas en las que el Barça no jugaba absolutamente a nada y ganaba partidos por un penalti inventado o una expulsión, y así han ido encadenando victorias que han incidido en el juego, ya que terminaba por aparecer llevado de esa buena dinámica arbitral, mientras al Madrid se le hundía con decisiones en contra.

El Barça tuvo un partido complicado en Vallecas esta temporada y, ante un piscinazo de Lamine, tuvo su penalti regalado. A nosotros, en este mimso campo, nos han hecho el penalti de Jude, que es muy claro, y luego otros dos posibles penalties a Kylian que son jugadas más grises, pero que ni tan siquiera se revisan. Y en el fútbol muchísimas veces se gana jugando mal, y no es de recibo que por reclamar las jugadas te digan “hoy no es el día”, “con lo mal que se ha jugado no te refugies en el arbitraje”, etc. Creo que estamos tan acostumbrados, es tan habitual, que muchos madridistas han sacado esto de la ecuación. Yo hablaré siempre, y creo que he demostrado a lo largo de todo el artículo que me ha preocupado el juego del Madrid y la dirección de Xabi. Eso no quita para señalar que nos han tangado el partido una vez más. Por cierto, Huijsen se ha llevado una tarjeta en una jugada en la que ni toca al jugador, porque el Rayo ha estado dando patadas y haciendo teatro todo el partido, y el árbitro ha picado.

Hemos jugado de pena, la actitud de los jugadores y la falta de mando de Xabi es muy preocupante. Y si nos arbitraran como es debido es bastante probable que nos hubiéramos llevado los 3 puntos. El año pasado jugamos de pena, y con arbitrajes serios la liga deberíamos haberla ganado nosotros. Una cosa no quita la otra.

 

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Esto hay muchas maneras de mirarlo, eso lo primero. El Madrid llegó al Clásico con dos puntos de ventaja y se marcha al parón con tres. O sea, menos lobos.

Pero… Esto no acaba de funcionar.

Vamos a ver. Después de Liverpool afamados comentaristas y similares llegaron a la conclusión de que este Madrid no es aquel del 6/11: seis copas de Europa en once años. Han abierto con ello youtubes, chates, chatis, informativos, programas. Incluso de cocina.

Xabi vuelve a ser Xabi y el Madrid mejora

Me van a permitir: eso lo dejé escrito aquí allá por agosto. Cuando empezó la temporada y se decían cosas como que con Xabi volvería la locura y tal. Acabaré cobrando a este personal, sí. Bueno, servidor y al menos media docena de gentes galérnicas que alertaron parecido.

Empieza una nueva era y, como Zamora, no se toma en una hora. Ni en cien. Es más que probable que está transición se extienda en el tiempo hasta llegar a un Madrid-Madrid. Este es más débil porque lo que no puede ser -que sea igual o superior a aquel- no puede ser. Y además es imposible. Lo dijo el Torero.

Muy pocos futbolistas se salvaron. En lo individual, digo. En lo colectivo, ninguno. Me gustó Asencio, al que felicito. Courtois no cuenta, claro. Tampoco se salvó el entrenador

Este Madrid es pura transición, y convengamos que en materia de resultados no le va mal. Pero de la misma manera que Serena, Amancio, Grosso, Velázquez y Gento (la Sexta) no podían ser igual que Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y siempre Gento, las cinco primeras más o menos, esto no puede ser como lo último. Y Casemiro-Kroos-Modric no tienen nada que ver con cualquiera de los tercetos que el Madrid pueda alinear hoy en su sala de máquinas.

‘Quícir’: este no es un Madrid imbatible o casi como fue el último… despedido hace un año. Esto no es hacer churros. Con mil galones y uno muy especial: aquel ganó más títulos en Europa que aquí, machada que compartió en el tiempo con Cristiano y otras gentes. Más títulos por el mundo que en tu casa. Un caso único, como único fue el gran Negreira.

Entonces, si convenimos en que esto es nuevo y está haciéndose, lo primero, lo irrenunciable, es la obligación de estar en el partido más que el adversario: el que sea. Con los seis sentidos. Comértelo. Intentarlo hasta tus últimas fuerzas.

El asunto no acaba de resultar fiable, es cierto. No pido excelencias, sí lamentar  partidos de este Madrid como el de Vallecas. Su falta más absoluta de jerarquía. Que tiene que ver con estar. Querer estar. Y el Madrid no quiso.

Y, claro, no pudo. Es difícil ganar sólo con la camiseta y más si no es la blanca como en esta ocasión. La blanca acojona. Las otras, no tanto. Si estás, la calidad sale. Si estás no desperdicias el millón de jugadas de ayer por un mal pase, una mala colocación, una peor decisión. Si no estás, al rival le basta con mostrar atención para empatarte por lo menos.

Son tres meses de trabajo con Xabi. Desconozco el tiempo que necesita un equipo para ser una máquina seria, eficaz, todo eso. Quizá no lo sabe nadie.
Doy por supuesto que no es coser y cantar. Sí debe serlo eso que le llaman actitud, en otros tiempos echarle cojones. Lo que hizo el Rayo, vamos. En el estadio donde el mítico Lech Poznan hizo dos goles, el Madrid no se estrenó. Entre otras cosas porque apenas llegó a puerta. Porque no ganó los balones importantes. Porque miró más de la cuenta.
Antes de empezar rindieron homenaje a Laurie Cunningham, la estrella del Madrid de los García. Una de las plantillas más normalitas en la historia del club y ganó sus cosas y jugó una final de la Copa de Europa. Pero sobre todo se dejó el alma. Cada partido.

Esa carencia, ese ir y venir absurdo, es lo más tremendo y preocupante de este Madrid. Si sale en plan la mitad del día del Clásico gana y por dos de diferencia quizá. No lo hizo sabiendo todos, jugadores, técnicos, familiares, lo que es Vallecas y lo primero que necesita un visitante si quiere ganar.

No lo hizo. La primera parte, la segunda, casi 100 minutos, tampoco en el descanso: nunca. Estuvo irritante en todo, pues tampoco los cambios lo enderezaron.
Muy pocos futbolistas se salvaron. En lo individual, digo. En lo colectivo, ninguno. Me gustó Asencio, al que felicito. Courtois no cuenta, claro. Tampoco se salvó el entrenador. Fue realmente patético todo. Patético es algo que causa gran dolor o tristeza.

Eso fue el Madrid en Vallecas. Un dolor. Mucha tristeza. Hay que volver a Mou: ¿pog qué? Me gustaría recibir una respuesta, una pista. (Nota sin más: hubo dos penaltis en el área rayista, sí. No se pitaron, no. Lo único normal en la tardecita madridista).

 

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Buenos días, queridos amigos.

¡No podéis quejaros, insensatos! Aunque os abracen durante varios segundos en el área pequeña, aunque os tiren de la camiseta hasta poneros la sobaquera casi en el cuello, aunque os tiren con una especie de placaje, ¡no podéis quejaros, que sois el Real Madrid, coño!

Entendedlo ya: si antes de que lleguen esas jugadas decisivas, el equipo no ha hecho veinticinco pases medidos al pie, cuatro desmarques en profundidad, varios controles de artista en un campo difícil, nueve regates y, sobre todo, marcado varios goles por la escuadra, la norma no escrita dice que el equipo no puede quejarse. Y nada de eso sucedió, como pudisteis leer en la fenomenal crónica de Francisco Javier Sánchez Palomares de ayer. Los jugadores no estuvieron bien, y así lo reconoció Genaro Desailly en las puntuaciones otorgadas tras el encuentro.

Así que los aficionados tenemos que callarnos y asumir que, como no se ha hecho nada de lo anterior, los jugadores blancos, ayer azules, pueden ser agarrados, sujetados, atenazados con ambas manos en el área. Sucedió la semana pasada con el Valencia. Si no es porque se señaló mano, el agarrón de cuatro segundos a Mbappé habría quedado sin señalizar. Podéis leer aquí la valoración de Alberto Cosín sobre la actuación de Martínez Munuera.

El diario Marca abre con una sonrisa enorme de Vini, quién sabe si resultado de ver que los abrazos a Bellingham y Mbappé se sucedían como si de una nueva edición de Bailar Pegados se tratase:

“El VAR no revisa sendos agarrones a Bellingham y Mbappé”, indica por algún lado en chiquitito. Ayer el VAR sí funcionaba en Vallecas, que sepamos, no como el día que se señaló un penaltito a otro equipo, si bien es cierto que a sus mandos estaba ayer Figueroa Vázquez, que es como poner al Frank Drebin de Agárralo como puedas a dirigir la gala de los Óscar, el mismo desastre, recordad la tercera y riámonos de cosas que tengan más gracia que la MLN.

El diario As parece celebrar que la MLN se apriete, si bien incide algo más en los errores arbitrales y, al menos, se atreve a hablar de “polémica arbitral”:

El Barça no falló en su visita al Celta, como sí pinchó el Madrid en Rayo o el Oviedo en Athletic. Ya pasó la temporada pasada cuando el Real Madrid se escapó siete puntos sobre el cliente único de Negreira: había que recortar esa ventaja. Como fuera. Así el campeonato está más interesante, pensarán Tebas, los anunciantes, las televisiones y el espectador medio, antimadridista en un porcentaje relevante.

Comienza esta semana el parón, o bajón, de selecciones, y la NFL aterrizará por Madrid. Ayer llegó el wrestling a Vallecas. Para el de siempre, el opinador Pável, no hubo nada punible y tiene la jeta de concluir que Jude se deja caer:

Habría que preguntarle un día que significa que “Chavarría compra papeletas para pitarlo”. ¿Que casi le pone el número 5 en las costillas, por ejemplo? ¿Eso es una papeleta? Un árbitro nada sospechoso de madridismo, Iturralde González, dejó claro ayer que era penalti, y esta vez no se habló de eufemismos como “fuerza excesiva”, “intensidad”, “agarra, pero no sujeta” y todas esas estrambóticas explicaciones que hemos leído otras veces a los Andújar, Pérez Burrull y el propio Iturralde.

“Agarra, pero no sujeta”, decía en su día, en otra curiosa interpretación del Reglamento. “Agarra, pero su jeta”, habría que decir con el lacayo Pável y con tantos de estos opinadores. El criterio es variable, como todos sabemos, se puede aludir a la “intensidad” cuando un jugador impida rematar a otro:

Pero luego un leve roce en el hombro puede tener otra consideración para el mismo culegiado:

Ayer podría haberse pitado incluso por reiteración, porque siempre era el mismo tipo, el tal Abracitos Chavarría, el que placaba a los nuestros. En su momento también explicó Iturralde ese extraño protocolo que se aplica en estos casos:

Nos llevan mareando desde hace décadas, con los agarrones, las manos, las líneas del VAR, pero con lo que no fallan es con el color de las camisetas, eso sí suele marcar el desenlace de las jugadas. Los diarios cataculés están de celebración:

El hat-trick de Lewandowski acerca a los de Flick, pero es que nos importa entre poco y nada lo que haga es equipo del que usted me habla.

La prensa barcelonesa destaca en portada la destitución de Joan Peñarroya del equipo de baloncesto. Una mala noticia para los nuestros, pues el entrenador no dejaba de acumular una derrota tras otra desde su llegada. Se habla de la llegada de Xavi Pascual, un gran entrenador, un buen tipo que, no sabemos por qué, parece que aceptará volver al redil culé.

No me agarre usted, señoro, que ya termino con los periódicos, que no quiero ni agarrarlos, ni sujetarlos, ni con fuerza excesiva, ni con ánimos retentivos, todo suyo.

Que paséis un gran día.

El madridismo es muchas cosas pero, por encima de todas, ahora mismo, es un acelerador del caos que el antimadridismo quiere sembrar en el Real Madrid.

Podría cerrar aquí el texto porque, básicamente, ya he dicho todo lo que quería decir. Reléase la frase, váyase el lector a desayunar o merendar (dependiendo de la hora en que se la encuentre) y reflexione si el tema le atañe, o no.

Ya no es el periodismo, aunque también. También pero el periodismo ya no importa, como todo el mundo sabe menos ellos. El periodismo ha muerto aunque no lo sepa, como los fiambres de El Sexto Sentido. Ahora el tema son las redes sociales, pero no las de los culés o los pobres atléticos. Esos tampoco importan en la materia que tratamos. La cuestión son las redes sociales madridistas.

Parecía que ganando al club cliente de Negreira se calmarían las aguas y se le daría algo de crédito a un equipo y un entrenador que, por lo demás, había ganado trece de los catorce partidos jugados hasta el momento (trece de catorce, repito). Se ganó brillantemente a los de Flick y pareció que podíamos respirar, pero no, no podemos. Primero, porque parece ser que era un Barça muy menor y por tanto no cabe la alegría ante la victoria, y luego porque a renglón seguido caímos en Anfield y empatamos en Vallecas, jugando mal en ambos casos.

El madridismo es muchas cosas pero, por encima de todas, ahora mismo, es un acelerador del caos que el antimadridismo quiere sembrar en el Real Madrid

Como jugamos mal en Vallecas, no cabe tampoco quejarse por los dos penaltis mastodónticos hurtados a los hombres de Xabi. Es una de las cosas abracadabrantes en la presunta exigencia (en realidad, histerismo) que domina la masa social blanca, o al menos la que se manifiesta en X y esos sitios: solo cuando juega bien tiene derecho el Madrid a quejarse si le han expoliado, como si la víctima de un allanamiento de morada con robo solo pudiera denunciar si los cuadros sustraídos fueran bonitos. El madridismo ha dictado sentencia: los cuadros eran feísimos y, por tanto, Martínez Munuera o Munuera Montero (tanto roban, roban tanto) estaban en su perfecto derecho de arramblar con ellos.

Tras el empate ante el Rayo, el tiovivo de la angustia se ha puesto a girar cada vez más rápido, como el de la secuencia final de Extraños en un Tren. A las 18:35, los jugadores habían dejado de creer en Xabi. A las 18:47, no solo habían dejado de creer en él, sino que le estaban haciendo la cama (o sea, jugando mal adrede para que le echen). A las 19:09, ya lo habían conseguido, o sea, Xabi está ya defenestrado, sin posibilidad alguna de redención ante el crimen incalificable de tener al equipo primero en la liga con 3 puntos de ventaja sobre el segundo y situado en el Top8 de la liga de Champions que permite, de concretarse, eludir la ronda previa de repesca antes de octavos.

El antimadridismo nos tiene exactamente donde nos quiere, y no se puede decir que se lo hayamos puesto difícil. Somos los niñatos consentidos que nos acusan de ser. Somos el vivo triunfo de su relato

La velocidad a la que los rumores se convierten en certezas en una tarde de derrota (o de empate) madridista en X arreglaría el mundo esa misma jornada si se tornara en corriente de hermandad y solidaridad entre los seres humanos. Ojalá aplicáramos a causas mejores semejante precipitación. Y los impulsores del supersónico avance de la hecatombe ya no son los viejos periodistas descatalogados a los que antaño las redes descalificaban por hacer eso. No. Ahora son las redes mismas, perfectas sustitutas de aquellos agentes artificiales de devastación a los que antes se opusieron.

Los nuevos instauradores de agonía juegan con los números para incrementar la sensación de angustia y desolación. Hablan de “dos años” de fracaso como si, de hecho, ya se hubieran cumplido dos temporadas en blanco. Como si el año 2024, que no es precisamente la prehistoria, no hubiera sido el mejor (insisto: el mejor) en la cosecha de títulos del club en 123 temporadas. Se descuenta el fracaso para que el fracaso se produzca. El madridismo está poseído por el vértigo, y en ese proceso se convierte en un factor de devastación tan efectivo como cualquier otro.

Neomourinhismo

La gente está deseando abonarse al padecimiento. Quieren al Madrid para que arregle sus vidas pero, cuando no lo hace, o cuando no lo hace en el preciso minuto en que necesitan que lo haga, lo quieren para algo más reparador aún que la felicidad: el nihilismo, el vacío. Si el Madrid no me hace feliz cuando yo digo, como el niño caprichoso que soy, entonces le exijo que sea una mierda lo suficientemente rotunda  para que pueda desahogarme con él, descargar a insultos la rabia y la adrenalina. Y, si no es esa mierda, me acojo a la hipérbole para que lo sea, brutalmente, ciclotímicamente. Al Madrid solo lo quiero para que me eleve a los cielos o para que me reduzca al detritus, y así poder maldecirlo. Si mi abuelo, o el abuelo de quien sea, lo hacía desde su tribuna de Castellana, no veo por qué no puedo yo hacerlo desde mi nick. (Joder, si mi jefe o mis hijos supieran que ese soy yo…) Nuestros abuelos o bisabuelos llamaban “defensa de alpargata” a tipos como Santamaría o Pachín, que se hinchaban a ganar Copas de Europa. Enhorabuena: somos sus dignísimos sucesores en la era de la IA.

Real Madrid

El futuro apocalíptico se acelera por minutos mientras, paralelamente, el pasado se reinterpreta para que podamos sufrir más todavía. Una vez hemos defenestrado presente y futuro, solo resta arrebatarnos la certidumbre cálida del pasado para poder enfurruñarnos de verdad, que en el fondo es lo que queremos: anticiparnos al enfurruñe del futuro, inscribirnos también en una rara desilusión retrospectiva. Sí, se ganaron 6 Champions en 10 años, pero es que tuvimos mucha suerte. Sí, fue algo irrepetible, pero se consiguió de aquella manera. Sí, fui feliz con las remontadas, pero estas son patrimonio exclusivo de la emoción, no del fútbol. Sí, Vinicius ha ganado dos Champions, pero protesta demasiado. Sí, Camavinga ganó también dos Champions para mí, pero ¿de qué juega ese chico? Sí, fui feliz pero ¿fui feliz legítimamente? Es más: ¿fui realmente feliz? ¿Tengo mi felicidad pretérita compulsada por Pep Guardiola?

Rivales íntimos

El antimadridismo nos tiene exactamente donde nos quiere, y no se puede decir que se lo hayamos puesto difícil. Somos los niñatos consentidos que nos acusan de ser. Somos el vivo triunfo de su relato, la demostración  palpable de su narrativa. Nos han acusado siempre de guiarnos solo por el éxito y de dar la espalda a nuestro equipo al primer revés (¡y hasta en el triunfo cuando no nos gustan las formas!), y no se puede negar que se lo ponemos a huevo en la profecía autocumplida.

Somos una legión de niños cada día más niños y cada día más caprichosos. Quiero pensar que nos ceñimos al fútbol como único terreno donde nos permitimos comportarnos como unos mimados cagaprisas. Quiero pensar que la pataleta pueril la circunscribimos al momento en que me siento ante el teclado para maldecir al viejo mundo que no me quiere conceder lo que sin duda merezco, o sea, que la pelotita entre. Me lo merezco, hijos de puta, dádmelo.

Xabi Alonso, que probablemente estuvo mal en el banquillo, estuvo en cambio muy bien en la rueda de prensa. O, pensándolo bien, quizá estuvo peor todavía, por iluso. Reivindicó que se trate al equipo “con exigencia, pero también con mesura”.

Este no sabe lo que nos pide.

 

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-Courtois: APROBADO. Solventó bien las escasas ocasiones en que fue exigido por el Rayo (que tuvo oportunidades en el segundo tiempo pero las lanzó fuera).

-Valverde: APROBADO. Bien en algún chut lejano pero bastante desdibujado.

-Carreras: APROBADO. Discreto.

-Huijsen: APROBADO. También discreto hasta su sustitución, propiciada por una tarjeta injusta.

-Asencio: NOTABLE. El mejor en la defensa, y exhibiendo además pundonor y las ganas de vencer que demanda el himno.

-Camavinga: SUSPENSO. Como medio centro, no tomó bien el mando. Desterrado a la derecha por Xabi, menos aún.

-Güler: APROBADO. Muy normalito como organizador, mucho mejor cuando se fue arriba, al final, tras la entrada de Ceballos. Lo cual es mala noticia, porque el Madrid no le necesita en esa línea.

-Bellingham: APROBADO. Mejoró algo en el segundo tiempo, pero hay que exigirle mucho más.

-Brahim: SUSPENSO. Siempre bullicioso, pero desacertado.

-Mbappé: SUSPENSO. Desaparecido en combate, excepto a pocos minutos del final, como en Anfield.

-Vinícius: APROBADO ALTO. El más amenazante en el primer tiempo, se diluyó en el segundo.

-Ceballos: APROBADO. Brindó algo de sentido al juego.

-Rodrygo: SUSPENSO. No aportó nada. No parece estar ni para titular ni para revulsivo.

-Trent: sin calificar.

-Xabi Alonso: SUSPENSO. Salvo por un paréntesis en el primer tiempo, el equipo nunca se encontró del todo. Esta vez no hubo acierto en los cambios.

 

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Arbitró Juan Martínez Munuera del comité valenciano. En el VAR estuvo Figueroa Vázquez.

Partido intenso y de pierna dura en el que las tarjetas se vieron en la primera mitad. No quiso que se le fuese el partido al de Benidorm en los compases iniciales del choque. En las áreas hubo dos agarrones de Chavarría a Mbappé que en otros tiempos se hubieran señalado como penalti. Ahora, al CTA le parece poco estas acciones y en esas seguimos. En otra acción de Bellingham con Chavarría hubo alguna ligera protesta, los dos estaban en pugna y sujetando al rival de la camiseta pero con más fuerza por parte del rayista. También agua. Una jugada de árbitro de campo y en la que no entra el VAR que lo deja a interpretación del principal.

Hubo amarillas en el 14’ a Ratiu, que derribó a Vinícius; en el 32', a Álvaro por no dejar sacar de banda a Arda; en el 35', a Huijsen por llegar tarde ante Álvaro; en el 47', a Brahim por pisar a Chavarría y en el 47', a De Frutos por un agarrón a Huijsen.

Martínez Munuera, DISCRETO.

 

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Los de Xabi se enfrentaban al Rayo Vallecano en el centésimo quincuagésimo quinto aniversario del nacimiento de Carlos Padrós, cofundador del Real Madrid. Era una fecha propicia para haber dado un nuevo paso adelante en liga, pero los de Xabi firmaron un encuentro mediocre y no fueron capaces de superar el planteamiento, la entrega y el juego del rival.

El Madrid presentaba un once con dos novedades principales: la inclusión de Brahim en la zona derecha del ataque y de Asencio en lugar de Militao, cuya ausencia y la de Tchouaméni esperábamos no tener que lamentar. Acabamos echando de menos a Aurélien.

Supimos la alineación aproximadamente a la misma hora que la cuenta oficial del Barça tuiteaba «Día nublado en Celta». En Rayo, sin embargo, no amenazaba tormenta, aunque a los blancos se les fundieron los plomos.

El primer intento fue de Güler desde lejos. Batalla despejó el chut raso del turco.

A los 11 minutos, Isi Palazón le pegó una pagada a Arda. La tarjeta ni estaba ni se la esperaba. Por cierto, al comienzo pudimos ver a un par de Martínez Munueras juntos. ¿No querías caldo?, pues toma dos tazas.

Uno de los Munuera, sin embargo, sí mostró amarilla a Ratiu tras derribar por detrás a Vini interrumpiendo un contragolpe. Fue tan clara que ni siquiera los de la tele dijeron nada.

El primer cuarto de hora de partido fue de una calidad acorde a las toallas de los vestuarios del Rayo.

A los 20 minutos, primera buena intervención de Courtois. Algo tan habitual como la arena en el Sáhara. La respuesta, parada milagrosa de Batalla a un remate de Vini al borde del área chica. Acto seguido, Asencio cabeceó fuera desde cerca. Dos ocasiones que debieron ser gol.

Pedro Díaz tuvo que retirarse tras troncharse la rodilla. Ojalá la lesión del futbolista del Rayo sea lo más leve posible.

A la media hora, Carreras intentó otro carrerazo, pero esta vez con la derecha. La bola acabó en la M-30. La cosa no mejoraba. Habría que prepararles un café a los blancos, o tal vez que Butragueño bajase en el descanso a encenderlos con una de sus vibrantes charlas. El peligro creado por Vini, la clase de Güler y algún destello de Bellingham, lo más potable hasta el momento.

Descanso, 0-0. Lo mejor de la primera parte fue que el Madrid no durmió al 100% de su afición, solo al 75%. Había mucho que mejorar en actitud —lo más preocupante— y juego si se quería vencer en Vallecas, uno de los campos donde se ganan y se pierden las Ligas. Espóiler: no se consiguió.

La segunda mitad comenzó con la sustitución de Huijsen —con amarilla— por Militao y sin cambios en la predisposición de los jugadores del Madrid.

En el 51', uno de los que puede desequilibrar, Güler, enroscó un balón que se marchó lamiendo el palo derecho de Augusto Batalla. Daba la impresión de que si el Madrid no comenzaba a jugar el partido en serio, solo podría marcar en un fogonazo aislado. El encuentro blanco estaba siendo tan mejorable que Paco Jémez acertaba en (algunos) comentarios.

El siguiente destello lo firmó Kylian, que seguía sobre el campo. Disparó desde la derecha fuera. ¿Nuevo chispazo o reacción? Nada, un espejismo. Asencio, de los pocos que estaban dando la talla, salvó los muebles in extremis tras un error no pequeño de Carreras.

Poco después, Álvaro García marró una oportunidad excelente casi bajo el larguero de Courtois. Si seguía así, el Madrid no solo no ganaría, sino que podría perder. La cosa parecía empeorar, como suele suceder con todo en la vida. Si la primera parte había aburrido a las ovejas, en la segunda, las ovejas se estaban lanzando al vacío para ahorrarse el sufrimiento.

Antes del 70', Valverde tuvo una ocasión que desbarató Batalla. Al disparar, Fede se tocó el muslo y miró al banquillo. Mal asunto. Pero quien abandonó el terreno de juego fue Brahim. Entró en su lugar Ceballos, por lo que Eduardo se desplazó a la derecha.

Quedaban doce minutos, el Rayo tenía otra ocasión y Rodrygo se disponía a salir. Hubo madridistas que estaban viendo el encuentro en el bar que pidieron un chupito de cicuta para redondear la tarde. La absenta era demasiado suave para aguantar esto. El 11 salió finalmente por Camavinga, que había jugado en la derecha unos cuantos segundos.

El siguiente en salir sería Trent, Fede seguía con molestias. Que quede solo en eso.

En el 86', agarraron a Mbappé en el área, pero se sabe que cuando se hace sobre un jugador del Madrid nunca es suficiente para pitar penalti. Además, si los blancos están jugando mal no merecen que se les arbitre con equidad.

Los últimos minutos, los de Xabi le pusieron un poco de ganas, en una o dos jugadas aisladas, eso sí. Incluso gozó de alguna ocasión el Rayo, cuyo planteamiento y partido habían sido notablemente superiores a los del Madrid, si tenemos en cuenta la magnitud de ambas plantillas.

Güler casi marcó al final, y a Mbappé lo volvieron a agarrar en el área sin que ya nadie se quejara. El choque acabó con 0-0. Los blancos habían firmado un partido mediocre en Vallecas. Este Madrid ya no parece que pueda ganar en cualquier momento.

 

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Sábado 8 de noviembre, casi «como siempre sin tarjeta», Hospitalet de Llobregat, Peña Madridista de Bellvitge. Buena gente. 17 pm aprox. Llegamos a sus aposentos Rafa Gómez de Parada —autor de Anatomía de un Negreirato—, Tomás Guasch, Javier Alberdi (Kollins), Athos Dumas y servidora. Los tres primeros presentarán el libro. Los dos últimos pondremos sonrisitas retorcidas.

El libro es una pieza novelada de cómo sería el juicio —¿que veremos o no veremos?— por el caso Barça-Negreira bajo la óptica de Rafa y con una ambientación de película de Hollywood.

Falta media hora para comienzo y nos reciben Olga, presidenta de la Peña de Bellvitge, y Álex, de la Peña Madridista 1902 de Hospitalet, coorganizadora del acto. Va a sonar un poco Roberto Gómez, pero, en nombre de La Galerna, quiero mandarles un saludo y agradecerles el excepcional trato y la acogida.

En la pared derecha, al final, hay colocado un televisor a inglete junto a una bandera de la peña y otra de España. En la pared, numerosos trofeos, fotografías de Bernabéu, Florentino, Lorenzo Sanz y su esposa Mari Luz. A la derecha, un objeto no identificado con bandera nacional, el escudo del Madrid y, debajo, ¡seis enchufes! ¡Chúpate esa, nuevo Camp Nou!

Tomás captura el instante Lorenzo y señora para compartirlo con su hijo.

La firma de libros está prevista para el final de la presentación, pero desde antes del comienzo Rafa no para de dedicar ejemplares. Con Guasch quiere fotografiarse todo el mundo, también que les firme. Y con Kollins tres cuartas partes de lo mismo. Incluso, durante unos momentos, Javi se transforma en Jesús Bengoechea, quien, muy a su pesar, no pudo acudir. Athos charla jovialmente con los asistentes. A mí, afortunadamente, no me conoce ni Píter.

Todo son atenciones por parte de Olga. Un licor de manzana sin alcohol para Tomás, un cortado para Athos, un café solo para mí, agua para el autor cuando se termina la botella supersónica que se ha traído de casa…

Cinco y media de la tarde, aprox. Álex da comienzo a la presentación en sí. Rafa Gómez de Parada toma la palabra. Además de haber escrito Anatomía de un Negreirato, ha publicado más libros que los que atestan la biblioteca de un político moderno, trabaja mucho, escribe en La Galerna, colabora en el canal —entre otros— de YouTube de Kollins, juega al fútbol, al baloncesto, corre maratones por todo el mundo, incluso por Valencia con mensajes por la paz en la camiseta y, además, cuando tiene un rato se va por el mundo a ayudar a quien le hace falta (también lo hace con los de aquí). De hecho, los dineros recaudados por este libro van destinados a una gran labor social, de las de verdad.

Rafa comienza agradeciendo a Álex, a la Peña 1902, a Olga, a la peña Bellvitge la organización del evento. Me agradece la confección del prólogo, sin duda lo mejor del libro. Pondera la labor de La Galerna, donde se comenzaron a publicar los primeros capítulos de la obra. Y recuerda que en la edición yo le suprimía los insultos, los improperios y los tacos. Si compráis el libro, podréis leerlo sin censura alguna. También tiene buenas palabras para Athos Dumas, para Kollins y para Tomás Guasch, quien toma la palabra después.

Tomás lee de la portada del libro: «Negreira, Laporta, Rubiales, Cantalejo, Tebas e Iturralde, parece una delantera. Esto me recuerda a Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento». Con una aparente broma, Guasch resume todo: el Madrid es recordado por sus estrellas y el Barça por las suyas. El humor siempre es el arma más afilada. Como escribe Rafa antes del primer capítulo: «… prefiero el humor al cóctel molotov para reventar de una vez todo lo “reventable” en las estructuras futbolísticas de este país». ¿Solo futbolísticas?, añado yo.

Javi pone el contrapunto al humor exponiendo la cruda realidad. Quizá sea la persona que mejor define los hechos, la situación, el contexto, el escenario deportivo, económico, político y social del Barça, su entorno y Cataluña.

Anatomía de un Negreirato es imprescindible porque, aunque sea de forma novelada, da visibilidad al mayor caso de corrupción en la historia del deporte que, sin embargo, ha sido silenciado por el sistema, que piensa que es tan grave que pone en riesgo la supervivencia del propio sistema.

Los dirigentes de RFEF, Liga, Barça y Gobierno urdieron todas las argucias que estaban en su mano para prescribir deportivamente el tema. Los perjudicados, a excepción del Madrid, callaron porque les tienen económicamente agarrados por las gónadas y, aunque piensen que es un atropello, tragan. Y los medios, ¿qué van a hacer los medios si se mantienen gracias a quienes no quieren que hablen del tema?

El libro, además, está bien escrito. Algo que debería darse por hecho, pero no es así. Tampoco está escrito con IA, es auténtico. Todas las «burradas» que perpetran los protagonistas del caso Barça-Negreira tienen su correspondiente referencia al artículo donde las dijeron literalmente.

Dibuja unos personajes torrentianos, pero es que son así. Al leernos utiliza el lenguaje de cada uno, se mete en ellos para darles voz. No quiero imaginar lo que tuvo que sentir al meterse dentro de Iturralde González (insertad aquí gif de Mary Santpere santiguándose).

Y el final… ay el final. No os lo puedo desvelar, pero se nota que Rafa conoce perfectamente el país donde vive.

La presentación pasa volando como un canapé arrojado por Laporta. Varios asistentes intervienen para aportar interesantes puntos de vista. Cuando Guasch se marcha por compromisos laborales, sube al estrado Juan Luis Martín de Pozuelo, abogado que junto a César Lage y Ricardo Ramos Neira, entre otros, están trabajando sin descanso para aportar pruebas al caso Barça-Negreira. Algunas de ellas presentadas después por el propio Real Madrid.

Todo tiene su fin, como cantaban los Módulos. Y al final se montan los habituales corrillos de charlas. Están presentes ilustres seguidores de La Galerna, del canal de Kollins, tuiteros, tuiteras como María y Olga, un placer haberlas conocido.

Athos y yo volvemos en un rato en tren a Madrid y tenemos que irnos cuando sacan el jamón. Ya es mala pata. Nos vamos con la sensación de haber conocido a una gente estupenda que no tiene nada sencillo vivir su madridismo allí. En realidad el antimadridismo ha crecido tanto debido a los éxitos del club, que ya no es fácil en ningún sitio. En la puerta de salida de la peña hay un señor muy simpático que nos felicita y nos despide.

Cuando nos marchamos, siento necesidad de ir al baño. Lo busco. Lo encuentro. La puerta está cerrada. Vuelvo a la peña. Le comento el contratiempo al señor simpático que nos acaba de despedir. Sin dejar de sonreír me da una llave colgada de una bellota de madera enorme. Enorme como el corazón de estos madridistas de Cataluña.

 

Fotografías: Athos Dumas y Fco. Javier Sánchez Palomares

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